¡Hola! Seguro que no esperabais actualización de este fic hasta el año que viene. No iba a actualizar (no quiero mentiros xD), pero me ha venido un poquito de inspiración y he decidido escribir el capítulo y publicarlo hoy. ¡Feliz Año Nuevo!
Este va para MeriAnne Black, que el fin de año te trate bien y te inspire para escribirme ese precioso review que has prometido dejarme. Te quiero (aunque todo el bullying que te hago diga lo contrario).
¡A leer!
PRESCINDIBLE
«Es imposible ir hacia adelante y mirar hacia atrás; quien vive en el pasado no puede avanzar».
Ludwig Mies van der Rohe
Capítulo 16: Reuniones
El Callejón Diagon estaba más vacío que de costumbre; ya no se oía el familiar barullo de gente que iba de aquí para allá. Casi podría decirse que se había convertido en una calle fantasma. Y la poca gente que había acudido al lugar iba con el propósito de husmear o averiguar lo que fuera referente al ataque en Sortilegios Weasley.
Hermione se apareció delante de Gringotts y empezó a andar. Un escalofrío la recorrió; no sabía si era por el fresco aire matutino o por el ambiente que se respiraba. O tal vez era ella, que estaba tensa y no había podido dormir bien, y se imaginaba cosas.
Eran las ocho de la mañana, pero por el ajetreo que había delante de Sortilegios Weasley, los Inefables habían llegado mucho antes que ella. Y Harry también, porque la esperaba con dos cafés en las manos.
—Buenos días —saludó Hermione—. ¿Habéis empezado? —preguntó.
Harry negó con la cabeza mientras le ofrecía uno de los vasos. Hermione dio un sorbo y torció el gesto: a su amigo se le había olvidado añadir azúcar.
—Estábamos esperándote. Órdenes expresas de Shacklebolt. —Bostezó—. ¿Crees que si terminamos pronto me dejarán irme a dormir?
Hermione saludó con la cabeza a Dean Thomas, que también estaba allí, y sonrió para sus adentros. Harry no había cambiado en todos esos años.
—Tengo entendido que el Jefe de los Aurores es quien tiene que levantar acta y hacer un informe que debe entregar mañana al jefe del Departamento. O sea, a mí —añadió con una sonrisilla.
—¿Y una prórroga? —Hermione ladeó la cabeza y puso los ojos en blanco, a lo que Harry suspiró—. Tenía que intentarlo.
—Señorita Granger —llamó la je de los Inefables, Alma Gómez—, ¿empezamos?
Un asentimiento de cabeza bastó para que tres Inefables se colocaran en posición. El resto de funcionarios retrocedieron, dejándoles espacio. Hermione siempre había sentido fascinación por los Inefables: se ocupaban de desentrañar hilos mágicos a los que solo ellos tenían acceso. Desde la batalla en el Departamento de los Misterios, la mente curiosa de Hermione había deseado poder echar otro vistazo a todo lo que allí guardaban. Por desgracia, hacía falta un motivo de peso y un permiso especial, algo que no iban a darle por amor a la ciencia.
El Inefable situado a la derecha de la tienda levantó su varita y, sin pronunciar palabra, empezó a moverla en el aire. Un hilo azul salió de la punta, y fue tejiendo una tela que se extendió por su zona. Ahora era el turno de la Inefable de la izquierda, quien hizo lo mismo. Cuando el Inefable del centro completó su hechizo, la parte delantera y el interior de Sortilegios Weasley parecían el nido azul de una araña. Con un movimiento perfectamente sincronizado, los tres Inefables trazaron de forma muy rápida una línea trasversal con la varita. Cuando sus manos llegaron al extremo inferior izquierdo, las cuerdas azules empezaron a volverse transparentes hasta que no quedó rastro de ellas. Su único legado fue una figura encapuchada vestida de negro de los pies a la cabeza que aparecía congelada en el aire, a unos metros de la tienda.
Con una mirada interrogativa, Hermione obtuvo permiso para acercarse más. La reconstrucción de los hechos se había realizado a partir de todas las personas que presenciaron el ataque, pero, curiosamente, nadie había sido capaz de vislumbrar su cara, pues el hueco que esta ocuparía dentro de la capucha estaba completamente teñido de negro.
Hermione pudo apreciar que el o la atacante medía apenas media cabeza más que ella. Su primer pensamiento fue que seguramente era mujer, pero también podría ser un hombre no muy alto. Y la capa negra tampoco dejaba muchas pistas sobre la anatomía. En ese aspecto, iban a ciegas.
Suspiró e indicó que podían hacer avanzar la acción. Se apartó unos pasos y siguió a la figura hacia el interior de Sortilegios Weasley. Se fijó en que, cuando la puerta se abrió, la campanilla no había hecho ningún ruido avisando de la llegada del atacante. Hermione observó brevemente a Ron y Verity, pero ellos no tenían ningún interés para ella en ese momento. El encapuchado levantó la mano de la varita.
—Que pare.
La escena se congeló.
Los Inefables y Aurores que había allí estaban expectantes, observando a Hermione con el ceño fruncido, pero esta estaba demasiado metida en la escena como para darse cuenta.
Hermione se plantó delante del atacante y observó el interior oscuro de la capucha. «Vamos, ¿qué te costaba mostrarte un poco?». Lo único que se veía de su cabeza, como Verity ya había anticipado, era un mechón rubio que sobresalía por la parte derecha de su cuello. Al menos así sabían que esa persona tenía el pelo largo hasta los hombros. También era posible que fuera una mujer y llevara el pelo recogido y se le hubiera soltado ese mechón. O tal vez fuera simplemente una peluca y Hermione estaba encajar una pieza inexistente en el puzle.
Dejó de lado ese rasgo y se fijó en otra cosa muy importante: la varita. Era, cómo no, también negra. «Qué cliché». Se agachó hasta que sus ojos quedaron a la altura del objeto y se acercó tanto que casi se pone bizca. Parecía que había algo grabado por toda la varita, una línea de ¿runas? que iba desde la base en espiral hasta la punta.
Hermione se apartó y con una mano, indicó que prosiguiera el ataque. De la figura no salió ni una palabra, que la espiral de la varita se iluminó de morado brevemente antes de que la tienda estallara en pedazos.
Hubo un parpadeo y la figura desapareció de la tienda y reapareció en el exterior, uniendo los recuerdos dispersos de quienes habían vivido el ataque y quienes habían presenciado la huida del atacante.
Una vez terminó todo, Harry y la jefa de los Inefables se acercaron a Hermione.
—¿Y bien? —preguntó el primero.
Su amiga se quedó pensando con expresión grave antes de hablar.
—Que investiguen la varita. Creo que es lo único a lo que podemos aferrarnos por ahora.
· · ·
Cuando Hermione salió al mundo muggle, varias horas después su móvil empezó a vibrar, señal de que había recibido varios mensajes. Todos de Ginny.
Tengo la peor dama de honor del siglo XXI.
Por cierto, ¿quedamos esta tarde? En mi casa a las seis.
Tengo una sorpresa para ti, así que no intentes escaquearte.
Hermione sonrió para sus adentros mientras esquivaba a varios viandantes que la miraron mal por ir andando distraída con el móvil.
No seré tan mala cuando no sepas cómo distribuir a los invitados y necesites mi ayuda. Nos vemos en unas horas.
Se quedó parada, con el móvil en la mano, pensando. «Por favor, universo, no seas hijo de puta».
¿Skype hoy? ¿A mis cuatro?
Mandó el mensaje y sonrió. Poco le quedaba que hacer respecto al caso de Sortilegios Weasley, ahora el trabajo era de los Aurores e Inefables, así que tenía toda la tarde para ella. En esos momentos no envidiaba para nada a los que tenían trabajo de calle, como Harry, porque rellenar un informe con información que no sabía… Horrible.
Antes tenía sueño, pero ahora estaba completamente despejada. Volvería a casa, comería algo, se daría una ducha y esperaría a las cuatro. Mientras comía, decidió leer un poco el periódico. Normalmente nunca leía la sección del corazón, pero aquella vez hizo una excepción. Y menuda sorpresa. En la octava página, se encontró con su exsuegra con nada más y nada menos que Camille. Las mujeres estaban en el Callejón Diagon comiendo algo en una terraza. Los ojos de Hermione recorrieron el titular.
¿Está Narcissa Malfoy comiendo con su futura nuera?
Una fuente fiable nos ha informado de que Malfoy Company tiene a una nueva empleada. Una muy interesante. Lo único que sabemos de ella es que se llama Camille Bellamy, es francesa y su padrastro es uno de los socios de Lucius Malfoy. Al parecer, papá ha mandado a su hija a trabajar con los Malfoy, ¿tal vez con esperanzas de que vuelva con algo más que experiencia laboral? De momento, parece que la señorita Bellamy está siendo muy bien tratada por la familia. Tanto que creemos que, en un futuro, podría formar parte de ella. ¿No hace esta encantadora mujer una pareja perfecta con Draco Malfoy?
Hermione puso los ojos en blanco mientras cerraba el periódico. ¿Cómo era aquella frase de Orgullo y prejuicio sobre saltar de la admiración al amor, y de ahí al matrimonio?No importaba. Lo único que podía concederle a quien había escrito aquel artículo era que Camille y Draco sí que hacían buena pareja. Pero si lo que Draco le había dicho era cierto (y quería pensar que había dejado de ser un mentiroso de mierda), Camille tenía pocas posibilidades con él. Aunque a Hermione le gustaría que fuera así, porque así Draco dejaría de intentar imposibles.
Cuando terminó de comer, tiró el periódico y las sobras de comida a la basura y se encaminó hacia el baño. Una ducha caliente era lo que necesitaba para mantener a raya su mente inquieta. O volvería a pensar en el ataque a los Weasley, volvería a preocuparse, a frustrarse por no haber averiguado nada y ya no podría pasar la tarde tranquila.
Cuando salió de la ducha, vio entre el vapor del agua caliente la lucecita de su móvil que indicaba que tenía un mensaje. Normalmente no estaba tan pegada a ese cachivache, pero estaba esperando a que Will le respondiera.
Se envolvió en una toalla, se secó las manos y desbloqueó el móvil.
A tus cuatro no puedo, tengo que ir a la ciudad. ¿Ahora estás disponible?
Hermione se apresuró a responder. Tenía muchas ganas de verlo.
Dame dos minutos para que me vista, acabo de salir de la ducha.
Acepto fotos del proceso, respondió Will.
Hermione le sacó la lengua al teléfono, como si su novio pudiera verla, y fue a vestirse. Con un movimiento de varita, se secó el pelo y se lo recogió con una coleta. Después de ponerse unos vaqueros y una camiseta básica de color beige, cogió su ordenador y se tiró encima de la cama.
Le dio al botón de «Vídeollamada» y esperó.
Will tenía el pelo ligeramente más largo, e incluso se había dejado crecer una barba de tres días. Estaba guapo.
—¡Hermione! —Su novio le dedicó una de sus encantadoras sonrisas—. ¿Cómo estás?
—Muy bien ahora que te veo —respondió ella. No le gustaba ser tan empalagosa, pero era cierto que lo había echado mucho de menos.
—No será porque no lo he intentado —replicó él, entrecerrando los ojos en broma—. ¿Qué pasó ayer? —quiso saber. Hermione se mordió el labio—. Entendido, vale, no puedes hablar.
—¡No, no! Es solo que… es complicado. Está habiendo unos ataques muy extraños, y no sé por qué ni quién ni ¡nada! —exclamó, dejando entrever su frustración.
Will rio.
—Y odias no saber cosas, ¿verdad?
Hermione se cruzó de brazos y bufó, apartándose de la cara un mechón de pelo que se le había quedado suelto.
—Es que esta vez han atacado a Ron y a su hermano —terminó explicando—. Están bien, tranquilo —agregó rápidamente al ver la expresión preocupada de él—. Pero nos hemos llevado todos un buen susto.
—Mándales recuerdos de mi parte cuando los veas. Y a la señora Weasley también. Me encanta esa mujer.
Hermione sonrió de lado.
—¿Tengo que preocuparme? —preguntó, fingiendo celos.
Will se llevó la mano al pecho.
—¿Y hacerle eso al señor Weasley? ¡Nunca! Es el único con el que no me siento como un completo inútil por no ser un mago —bromeó.
Un repiqueteo en el cristal de la ventana hizo que Hermione mirara hacia allí.
—¿Qué pasa? —preguntó Will, que no alcanzaba a ver qué había pasado.
—Una lechuza. Del Ministerio —dijo Hermione. Se levantó para abrirle y coger la nota que traía el animal consigo.
—Déjame adivinar: tienes que irte —suspiró Will.
Hermione volvió a sentarse delante del ordenador y negó con la cabeza.
—Si hubiéramos apostado, habrías perdido. Solo se me informa de que mañana por la mañana hay una reunión extraordinaria del Wizengamot.
Will la miró con la expresión en blanco.
—¿Y eso es…?
—El tribunal mágico. —Hermione frunció el ceño—. No hacen reuniones extraordinarias desde… —Se vio a sí misma testificando delante del Wizengamot, unos años atrás— desde la guerra. Siempre se convoca una reunión cuando hay un tema urgente o controvertido encima de la mesa. Kingsley es listo y prefiere delegar las decisiones en ellos.
—Wow. Es cierto que lo tenéis todo montado y bien atado.
Hermione sonrió con orgullo.
—Somos pocos, pero seguimos perteneciendo a una sociedad civilizada.
—Excepto porque seguís usando palos para hacer brujería y no sabéis lo que son los bolis BIC —pinchó Will.
—Muy gracioso —replicó Hermione.
En ese momento, llamaron al timbre.
—¿Y ahora? —preguntó su novio—. Parece que sepan cuando estamos hablando.
Hermione se levantó mientras soltaba un suspiro hastiado.
—Ahora vuelvo.
Era cierto lo que Will había dicho: parecía que el universo se confabulaba para separarlos. Como si todo un océano no fuera bastante.
El universo, ya que estaba tan pendiente de su vida sentimental, podría haberla avisado de que al otro lado de la puerta estaba su ex, Draco.
Hermione se quedó parada, con la mano en el pomo y la puerta medio abierta.
—Draco.
El hombre había abandonado sus habituales trajes negros y llevaba uno de un azul marino muy favorecedor. Tenía las manos en los bolsillos. Las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba levemente; solo haberlo conocido durante tantos años podía darle la información a Hermione de que Draco estaba sonriendo al verla.
—Hola. ¿Tienes un minuto? —preguntó.
Hermione cambió el peso de un pie a otro. No podía ponerse a charlar en el salón de su casa con su ex novio como si nada, no mientras hacía Skype con su novio, a quien veía cada mil años aproximadamente.
—¿Tiene que ser justo ahora? —respondió.
—Tranquila, no vengo a repetir nada que no haya dicho ya. Tenemos que hablar de otra cosa.
—Es que ahora estoy un poquito ocupada.
En ese momento, como para corroborar su coartada, se oyó la voz amortiguada de Will desde su habitación.
—¿Hermione?
Los ojos de Draco se adentraron en su apartamento, y tardo un par de segundos en reconocer al dueño de la voz.
—Estoy haciendo Skype —explicó Hermione.
Draco pareció aliviado al oír esa información. «Por supuesto», pensó Hermione. Sabía que en la mente del hombre, su novio era su rival.
—Bien, en ese caso no te distraeré por más tiempo —dijo, carraspeando —. La boda de Blaise y Ginevra está a solo unos meses, y todavía no tenemos nada planeado.
Hermione se cruzó de brazos, apoyada contra el umbral.
—¿Qué tenemos que planear exactamente?
—Bueno, somos el padrino y la dama de honor. Se espera de nosotros que nos encarguemos de ciertas cosas.
Hermione volvió a cambiar el peso de sus pies.
—Bien, podemos hablar, pero no ahora.
—¿Y mañana? A las cuatro en el café que hay en la esquina —propuso Draco.
Hermione lo miró durante unos segundos eternos, valorando si era posible que ellos dos quedaran para charlar como dos personas civilizadas. No, charlar no, eso era para los amigos. Planear la boda de sus mejores amigos era el término más preciso.
—Vale. Nos vemos mañana —dijo, y empezó a cerrar la puerta.
Draco se quedó allí plantado, mirándola mientras el contacto visual entre ellos se reducía cada vez más. Cuando solo quedaba un resquicio de puerta, musitó:
—Adiós, Hermione.
Ella se quedó al otro lado de la puerta, escuchando. Al final, los pasos de Draco indicaron que ya se estaba marchando.
Soltó el aire que no se había dado cuenta que había estado reteniendo.
Corriendo, volvió a su habitación. Vio que Will estaba tirado en el sofá, presumiblemente con el portátil sobre el estómago, y miraba hacia arriba.
—He vuelto —anunció Hermione.
Su novio se incorporó rápidamente y la miró, expectante.
—¿Algo importante? —preguntó.
Hermione negó con la cabeza. Rectificó rápidamente.
—Bueno, más o menos. Era Draco. Quiere que hablemos de la boda de Ginny.
—Oh. —Will enarcó ambas cejas, sin saber bien qué decir.
—Hemos quedado mañana —agregó la bruja.
—No tienes que darme explicaciones, Hermione. No es como si fuera a ponerme celoso precisamente de él —dijo entre risas—. Además, cuanto antes lo habléis y quede todo claro, antes nos ahorraremos tu futura crisis sobre «Qué poco tiempo y cuántas cosas tengo que hacer. Soy una persona horrible» —dijo, imitando pobremente su tono de voz.
—Sí, mejor así —convino Hermione, mordiéndose una uña.
· · ·
Hermione llamó al timbre de casa de Ginny y, tras unos segundos, la puerta principal se abrió. Subió las escaleras lentamente, sumida en sus pensamientos. Estaba enfadada consigo misma porque un simple intercambio de palabras con Draco la hubiera dejado así de descolocada. Además, estaba frustrada porque cada vez que veía a Will le recordaba lo lejos que estaban y las pocas perspectivas que tenían de verse pronto.
Finalmente, llegó al piso de Ginny y se encaminó hacia su puerta.
Cerrada.
«Qué raro. Esta Ginny…». Llamó al timbre y esperó, pero nadie abría. Frunció el ceño, porque se oían voces dentro del piso. ¿Estaría también Blaise?
Volvió a llamar, y cuando su dedo todavía estaba sobre el timbre, la puerta se abrió.
—¡Por fin, ya pensaba que no…! —Sus palabras se quedaron ahogadas en su garganta.
Al otro lado no estaba Ginny ni Blaise, sino una chica con el pelo rubio largo y unos enormes y ligeramente saltones ojos azules.
—Hola, Hermione —saludó Luna.
Hermione se llevó las manos a la boca, sorprendida, antes de abrazar a su amiga.
—¡Luna! ¿Cuándo has vuelto?
Luna le devolvió el abrazo mientras reía con su voz cantarina.
—Hoy mismo. No puedo perderme la boda de Ginny, ¿verdad?
¿Qué os ha parecido? Tengo poco que decir, porque tengo que arreglarme, etc. y no tengo tiempo para mucho, pero ojalá os haya gustado. ¡Que paséis un feliz fin de año!
Recordad que hasta marzo no volveré a actualizar, me voy de hiatus todos estos meses. Sorry. Or not.
¿Reviews?
MrsDarfoy
