¡Hola! Capítulo 22, wow. Ni yo misma hace un año hubiera creído que este fic duraría tanto. Yo calculo que tendrá entre 30 y 35 capítulos, dependiendo de mi inspiración y cómo adapte los hechos a la longitud de los capítulos (ya habréis podido comprobar que soy una obsesa de las 3k). ¿Os alegra esta noticia?

Que sepáis que me encantan vuestros reviews, sobre todo los sentimientos tan contrarios que leo en cada uno xD Menuda guerra Pro y Anti Draco he montado, ¿eh? jaja Pero bueno, aunque lo neguéis, ese salseo es entretenido. Hoy toca un poquito más, ya leeréis. Me ha gustado mucho escribir la primera mitad de este cap porque me lo he pasado muy bien haciendo research para ciertas cosas y porque no hay nada como una buena conversación para abrirle los ojos a alguien. En fin, estoy divagando, como siempre. ¡Nos leemos abajo!


PRESCINDIBLE


«Nosotros recordamos, naturalmente, lo que nos interesa y porque nos interesa».

John Dewey

Capítulo 22: Descubrimientos

Trudeau. Solo alguien con un gran concepto de sí mismo pondría a su empresa de moda su apellido sin más. Pero la marca era tan conocida que no le hacía falta nada más.

Ginny le había mandado un mensaje el día anterior: Nos vemos en Trudeau a las siete. He conseguido que Pansy nos cierre la tienda para nosotras. Tranquila, paga Blaise.

Al principio se había mostrado reticente e incluso apática, pero se había obligado a poner buena cara y mostrarse entusiasmada por ir a buscar vestidos para la boda de Ginny. Esta le había dicho que la dama de honor era la tarjeta de presentación de la novia y que debían encontrar el vestido perfecto para ella. Su amiga no tenía la culpa de que no hubieran avanzado en la investigación de Austin (demasiados recuerdos que debían de ser analizados antes de descartarse, demasiados detalles en los que fijarse) ni en la investigación sobre la varita del atacante de Sortilegios Weasley. La Hermione que trabajaba en el Ministerio se tiraba de los pelos por su impotencia, pero la Hermione civil intentaba mantener a la otra a raya por el sentimiento de culpa debido al abandono a Ginny.

A través del escaparate, percibió a dos figuras hablando junto a un perchero lleno de vestidos, así que abrió la puerta de la tienda y entró.

—¡Por fin! —exclamó Pansy, acercándose a ella. Con un movimiento de varita, echó la llave por dentro y puso el cartel de «Cerrado».

—He sido puntual, sois vosotras las que habéis llegado antes de tiempo —se defendió.

—Uuh, alguien está de mal humor… —Las otras dos brujas intercambiaron una sonrisa y una ceja enarcada—. ¿Qué te pasa hoy: el trabajo no va bien, tienes problemas con tu novio o… Draco y tú os habéis peleado otra vez? —preguntó Pansy.

Hermione la fulminó con la mirada. No iba a responder a eso, porque tendría que hacer un trabajo más largo que algunos que les mandaba Snape. «Punto Uno: odio mi trabajo y desearía que hubiera otro ataque si con eso obtenemos más información. Punto Dos: no sé cómo convencer a mi novio de que no vuelva, porque le he insinuado que estamos en peligro y eso solo lo ha convencido todavía más de que quiere estar a mi lado. Punto Tres: Draco es gilipollas».

—¿Empezamos? —preguntó—. Volverán a crecerme los pelos de las piernas como sigamos así.

—Por Merlín, Ginevra, necesitas más amigas. O que las que tienes sean más simpáticas. Bueno —Pansy movió el perchero con los vestidos hasta el probador—, dime qué colores no te gustan.

Hermione se quedó pensando.

—¿Para una boda? Negro, naranja, amarillo.

—Ni rosa —añadió Ginny, tocándose el pelo—. No combinan.

—Pues que sepáis que el negro es muy elegante, lo que pasa es que no todas saben llevarlos —dijo Pansy con coquetería, contoneándose. Aquel día llevaba pantalones pitillos negros y blusa y tacones del mismo color.

—¿Es porque combina con tu alma? —preguntó Ginny, mordaz.

Pansy esbozó una sonrisa gatuna.

—Exacto. Aunque hoy combinaría mejor con su humor —señaló a Hermione.

Esta puso los ojos en blanco y sonrió de forma exagerada.

—¿Prefieres esto?

—Ug, no. Venga, coge esto, entra ahí y pruébatelo —ordenó la experta en moda.

El primer vestido era palabra de honor, con una falda corta y color violeta pardusco. Hermione se desvistió y se puso el vestido. Se subió la cremallera del vestido y se miró al espejo: no estaba mal.

—No sé si me convence el color —dijo cuando descorrió la cortina.

Pansy y Ginny, que se habían sentado en el sofá de enfrente de los probadores, se irguieron y se quedaron mirándola tanto tiempo que Hermione empezó a cansarse.

—¿Y bien? —dijo. Se llevó las manos a la parte superior del vestido y tiró de él para colocárselo bien.

Pansy observó el gesto con los ojos entrecerrados.

—El color puede arreglarse: el amatista combinaría mejor con tu tono de piel. ¿Pero crees que serás capaz de evitar hacer eso?

—¿El qué? —preguntó ella, sin tener una idea de qué era lo que tanto había escandalizado a la otra chica.

—Subirte el vestido de esa forma tan poco elegante —explicó, haciendo un mohín con los labios.

—Bueno… —Hermione dudó—. No lo he hecho queriendo.

Pansy puso los ojos en blanco y se levantó.

—Eso es un no. Quítatelo: descartamos los vestidos palabra de honor.

—Y los cortos. Prefiero que lo lleve largo —pidió Ginny, mirando la colección de vestidos que la otra había seleccionado.

—¡Hola! —Hermione movió las manos—. Estoy aquí. ¿No tengo voz ni voto?

Pansy y Ginny se miraron y luego estallaron en carcajadas.

—Querida, tú eres como el novio: vas a la boda para acompañar a la novia y que se vea hermosa.

—Del voto olvídate, pero te dejo tener voz si nos cuentas qué te pasa —ofreció Ginny, mirándola con malicia.

Hermione le dedicó una mirada ofendida antes de coger el vestido que le ofrecía Pansy y entrar al probador. Cerró la cortina con rabia y apenas miró la nueva prenda mientras se la ponía. Solo cuando terminó y la cremallera se subió mágicamente a su espalda, se tomó un momento de calma y admiró lo que llevaba puesto. Era un vestido largo, de color verde bosque y un tirante ancho que subía por su hombro izquierdo.

—Vaya —musitó Ginny con admiración cuando ella les mostró cómo le quedaba—. Esto ya empieza a gustarme.

Hermione dio una vuelta sobre sí misma, levantando el bajo del vestido para no pisarlo.

—Lo dejamos en la lista de «Probables», entonces —anunció Pansy con expresión satisfecha.

—¿Probables? ¿Es que esto es una preselección?

—Claro, querida. No querrás comprarte el primero que te quede bien.

—Ella hizo precisamente eso con su vestido —Hermione apuntó con el dedo a la novia.

—Y no se lo perdonaremos nunca. Pero contigo se pueden hacer bien las cosas —dijo Pansy antes de levantarse y empujarla de nuevo hacia el probador con otro vestido en las manos—. Y ve soltando prenda, a ver si crees que hemos olvidado que tienes que contarnos algo.

Hermione resopló mientras se quitaba el vestido verde con toda la delicadeza de la que era capaz. Una parte de ella se resistía, porque lo que no se pronunciaba en voz alta era menos corpóreo, pero otra necesitaba compartir sus preocupaciones con alguien.

Al final, ganó la segunda parte.

—Draco le ha dado a Will de forma anónima el dinero que necesitaba para pagar su hipoteca y préstamos —soltó mientras se pasaba el siguiente vestido por la cabeza.

Este era de color rojo vino e iba desde un poco más abajo del cuello hasta los pies. El único detalle era el fino cinturón de pedrería que adornaba su cintura y la que cubría sus hombros en forma de hoja. Era precioso.

—¿Y qué esperabas? —preguntó Pansy, mirándola con una ceja enarcada cuando salió del probador. Luego se giró hacia Ginny—. Creo que ese puede ir a «Muy probables».

—Estoy de acuerdo con las dos cosas —convino la pelirroja.

—¿Me ilumináis? —pidió Hermione, cruzándose de brazos. Volvió a su posición original en cuanto la asaltó el temor a arrugar la tela.

Pansy se llevó dos dedos al puente de la nariz y meneó la cabeza.

—Para ser tan lista, qué fácilmente te ofuscas con cosas simples. —Se levantó, se acercó a Hermione y le colocó bien el vestido en los hombros—. Mira qué fácil es relacionar los sucesos: tú estás enfadada con Draco, tú sales con alguien —la chica rodeó a Hermione y se quedó mirándola desde atrás—, tu novio se marcha por motivos económicos, Draco es rico, Draco decide que pagará las deudas de tu novio para que tú lo mires con mejores ojos. —Pansy volvió delante y la miró de frente—. Creo que es el avance natural de los acontecimientos.

—Concuerdo —secundó Ginny.

—Pero ¿por qué?

—¡Porque Draco es así! Merlín, ¿y tú estuviste saliendo con él durante cuatro años? —exclamó Pansy, perdiendo los nervios—. Para ti no tiene sentido lo que para él es lo más normal hacer. ¿Crees que nos metieron en Slytherin porque toda nuestra familia es sangre pura?

—Sí —respondió Ginny.

—Bueno, vale, puede ser. Pero se nos da bien buscar modos de conseguir lo que queremos. Y a nuestros ojos, es lo más acertado. A veces, incluso lo correcto. No hay dos personas que vean un color del mismo tono. Con la perspectiva pasa lo mismo.

Ginny se levantó y escogió otro vestido del perchero, uno con escote en forma de pico y tela de gasa de color azul maya. Se lo tendió a Hermione junto con una mirada sentenciadora.

—Deja de empeñarte en otorgarle la personalidad que tú le has dado para poder criticarlo a gusto y empieza a aceptar que no es como tú quieres que sea. —Rio—. Merlín, pasaste de verlo a través del prisma de una chica enamorada a sentir un odio visceral. —Levantó las manos—. No digo que no tuvieras todo el derecho del mundo, pero ambos habéis cambiado.

—Ya sabes: adaptarse o morir —sentenció Pansy.

—¿Os habéis aliado para darme lecciones sobre la vida? —masculló mientras corría la cortina del probador para probarse el vestido anterior al que precedería al antepenúltimo.

· · ·

A medida que se aproximaba el sábado del cumpleaños de Blaise, Hermione se ponía más nerviosa. Había momentos en que la ansiedad la obligaba a dejar lo que estaba haciendo, respirar hondo varias veces y cerrar los ojos hasta que se le pasaba.

Tenía que hacer algo con Will. También tenía que avanzar en la investigación del Ministerio. Y tenía que aclarar su situación con Draco de una vez por todas.

Empezó por lo más sencillo. Sabía que por mucho que discutieran, Draco nunca le negaría una conversación, así que fue de nuevo a la empresa familiar de los Malfoy. La secretaria la miró con recelo antes de anunciarle que podía pasar.

Draco estaba, como siempre, sentado en la mesa, navegando entre papeles.

—¿Tu padre se ha retirado? —preguntó nada más entrar al verlo de nuevo en el despacho cuya puerta tenía un cartelito con el nombre de Lucius Malfoy.

—Temporalmente, hasta que terminen sus vacaciones en Francia. Él no quería, pero mi madre lo obligó —respondió él con perfecta amabilidad.

Hermione ocupó una silla sin esperar invitación y dejó su bolso sobre la mesa. No sabía por dónde empezar, porque ni siquiera sabía con qué palabras expresar las emociones contradictorias que él le hacía sentir. Así que decidió empezar por algo menos peligroso.

—Rojo vino. —Al observar la expresión confundida de Draco, añadió—: Ese será el color de mi vestido. Te he traído una muestra, por si lo necesitas para algo.

Sacó el trocito de tela y lo dejó sobre la mesa, a medio camino entre los dos. Él no hizo amago de cogerla, pero se quedó mirándola.

—Te quedará bien seguro —sentenció.

—¿Por qué súbitamente todo el mundo entiende de moda menos yo? —exclamó Hermione.

Las comisuras de los labios de Draco se curvaron hacia arriba.

—Porque tenemos ojos y nos fijamos en los detalles.

—¿Cómo cuáles? —preguntó ella.

—No te gustaría saberlo y no me apetece discutir hoy —respondió el hombre—; se me acumularían demasiadas disculpas.

—Respecto a eso… —Hermione se enganchó un mechón de pelo detrás de la oreja antes de continuar.

Pero no hizo falta.

—Lamento que te moleste que me haya inmiscuido en un asunto que no tenía nada que ver conmigo. —Hermione lo miró con sorpresa—. Pero no me disculparé por haberlo hecho, porque no me arrepiento. Sé que no me entiendes…

—No —cortó ella—, sí que lo entiendo. Lo que pasa es que no apruebo tus decisiones. Sin embargo —añadió—, no puedo controlar las acciones de la gente que me rodea. Pero me han dicho que debo intentar comprenderte mejor si quiero descubrir qué te mueve. Y por favor, di algo ya, no me obligues a seguir, porque solo me he preparado el discurso hasta aquí.

Draco sonrió.

—Tendré que pagarle a Pansy por actuar como mediadora. Ha logrado más ella en un día que yo en todo este tiempo.

Hermione no pudo más que asentir, dándole la razón.

—Creo que a partir de ahora debería estar en todos nuestros encuentros. Te conoce mucho mejor que yo, por lo que se ve.

Él suspiró.

—A veces más que yo mismo. —Sus ojos grises se clavaron con intensidad en ella—. ¿Entonces podemos dar el tema del dinero por zanjado?

—Sí.

—¿Él lo sabe? —preguntó Draco tras unos segundos de silencio—. Que he sido yo su benefactor anónimo.

Hermione se fijó en que había omitido el nombre de Will de forma deliberada.

—No. ¿Para qué? Ahora ya lo tiene todo saldado; solo serviría para amargarle. Además, dudo mucho que lo entendiera, y no pienso discutir con mi novio por tu culpa.

Draco juntó las manos y se inclinó ligeramente hacia delante. Sonrió de forma calculadora.

—Tengo que preguntarlo: ¿nunca habéis hablado de mí?

Hermione soltó una risotada contra su voluntad.

—En el fondo quieres saber si hemos discutido por ti, ¿verdad? Pues no. Will no es celoso. Es como yo cuando estaba contigo: confiado —explicó. No terminaba de gustarle hablar de ese tema con su ex, pero al menos era otro avance—. Tampoco tiene motivos para tenerte celos, así que…

—Vaya.

—No intentes disimular tan bien tu decepción, por favor —le dijo Hermione en tono mordaz. Draco nunca cambiaría, pero ¿qué iba a hacerle?

—Es tan perfecto que casi parece irreal.

—Mira, en eso estamos de acuerdo.

Se quedaron en silencio, mirándose, hasta que él entreabrió los labios. «No puedes dejarlo estar, ¿verdad?».

—¿Cuándo vuelve?

—En un par de semanas —explicó Hermione.

—No suenas contenta —señaló Draco con suspicacia. «Si tu supieras…», pensó Hermione, lúgubre.

—¿Cuándo sueno yo contenta cuando hablo contigo? —replicó.

Touché. ¿Vendrás a la fiesta de Blaise, no? —inquirió.

—Por supuesto. Ginny ha amenazado con arrastrarme de los pelos si me atrevo a quedarme en casa. Dice que es culpa mía que se celebre, así que tengo que apechugar. —Ante la expresión en blanco de él, explicó por qué—: Vinieron a mi casa y yo les aconsejé que, ya que iban a montar la fiesta de todas maneras, fueran precavidos. Ginny no se fue muy contenta con mi respuesta.

Draco rio entre dientes.

—Tu amiga es de armas tomar. ¿Empezamos de nuevo en la fiesta? —sugirió.

Hermione enarcó ambas cejas.

—A ver cuánto duramos.

—Creo que solo nos llevamos bien desde el momento en que empezamos a salir. Ni antes de eso nos soportábamos ni ahora nos va muy bien —dijo él.

Hermione entornó los ojos.

—Lástima que alguien lo arruinara. En fin —se levantó—, tengo cosas que hacer. Nos vemos, Draco.

—Por cierto… —Hermione estaba segura de que la había detenido justo cuando salía solo para darle un efecto dramático—. Si querías saber mis motivos, solo tenías que preguntar —dijo—. Tú.

Ella puso los ojos en blanco.

—¿No te cansas?

Draco negó con la cabeza mientras sonreía.

Cuando Hermione llegaba al ascensor, una figura esbelta se aproximó a ella.

—¡Hermione! —Camille, con su perfecto cabello rubio recogido en una coleta, le sonrió y le plantó tres besos en las mejillas—. ¡Qué sorpresa verte otra vez por aquí! —Hermione frunció el ceño—. Bueno, no es que el otro día te viera, pero media planta oyó a Draco dar un portazo, así que… No hace falta ser muy lista para adivinar el motivo, ¿verdad? Siempre sueles ser tú.

Vaya, al parecer ahora tendría que responsabilizarse activamente de los actos de Draco. Qué genial.

Las puertas del ascensor se abrieron y se metió dentro, seguida por la otra mujer.

—Voy abajo a recoger unos informes —informó sin que Hermione se lo pidiera.

Pasaron tres segundos hasta que recordó una cosa. Se giró hacia Camille, quien le dedicó una sonrisa inquisitiva.

—El otro día estaba hablando con una compañera del colegio y me dijo que le sonabas de algo. Se llama Padma —informó. Camille frunció el ceño y negó con la cabeza—. Padma Patil.

—¡Ah! —exclamó la francesa—. ¿Morena, pelo negro lacio? —preguntó. Hermione asintió con la cabeza—. ¡Claro, ya sé quién es! Pero espera —volvió a fruncir el ceño—, la chica que yo recuerdo no se llamaba así. Era un nombre parecido, pero no ese.

—Tiene una hermana gemela, Parvati.

La mujer rubia abrió mucho los ojos.

—Conozco a su hermana. La conocí hace muchos años. Todavía debíais de estar en Hogwarts. Una amiga suya, Lavender, me presentó a Parvati una vez, pero apenas intercambiamos dos frases. ¡Ya ni me acordaba! —exclamó.

—¿Conocías a Lavender? —Esta vez era Hermione la confundida.

—Su casa y la mía de veraneo estaban cerca. Pasé algunos veranos aquí, en Inglaterra, cuando era una adolescente. Lavender y yo coincidimos un par de veranos y a veces salíamos juntas por ahí. Una chica muy simpática, aunque un poco parlanchina —explicó, con la mirada perdida en el pasado.

—Sí que lo era. —Hermione se quedó mirándola. Qué pequeño era el mundo.

—Bueno, asunto resuelto, ¿no? Dile a Padma si la vuelves a ver que le dé recuerdos a su hermana de mi parte. No creo que se acuerde de mí, pero por probar… —le pidió Camille.

Cuando se abrieron las puertas, le guiñó un ojo a Hermione y salió del ascensor contoneándose. Hermione se quedó mirándola hasta que la vio desaparecer por un pasillo. En aquella ocasión, tal vez la única de su vida, deseaba haber escuchado más a Lavender cuando hablaba, porque seguro que la descripción de alguien como Camille Bellamy no hubiera escapado a su atención.

Sin embargo, no valía la pena darle muchas vueltas. No cuando tenía otras cosas de las que ocuparse. Decidió que su siguiente movimiento había de ser cómo convencer a Will de no volver a Inglaterra.

Debía hacerlo, por el bien de él y porque no se perdonaría que le pasara algo por su culpa. Tenía que hacer lo que fuera.


¿Qué tal? ¿Estáis hartas ya de mí por tantos altibajos y tantos "ahora te odio" "ahora quiero que nos llevemos bien"? ¿No? Pues deberíais xD No, en serio, sé que este fic os saca de vuestras casillas (a mí también), pero es mi forma de salirme de la rutina de "Se odian - se aman - viven felices para siempre". Quiero demostrar que las relaciones humanas son complicadas y que los sentimientos y la razón viven en una lucha constante. Puede que a algunas os parezca una tontería, pero es lo que me pide este fic.

¡Nos vemos el próximo sábado!

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MrsDarfoy