¡Hola! Llega el que creo que es uno de los capítulos cruciales del fic. ¿Qué hará Hermione con Will? Supongo que lo sabréis en unos minutos. Disfrutad (si podéis).

Este capítulo está dedicado a MeriAnne Black. Me debes un review.


PRESCINDIBLE


«Todo lo dora un buen fin, aunque lo desmientan los desaciertos de los medios».

Baltasar Gracián

Capítulo 24: Tu resiliencia será tu perdición

De nuevo, Hermione pidió, gritó internamente que no lo cogiera, pero sus súplicas no fueron escuchadas.

—¡Hola! No esperaba que me llamaras. ¿No tenías cumpleaños hoy? —preguntó Will.

Hermione suspiró e intentó que su voz no sonara afectara por las lágrimas contenidas.

—Sí… de hecho, seguimos de fiesta. Pero he salido a tomar el aire.

—¿Has visto la foto que te he mandado? —preguntó Will, muy alegre. A ella, en cambio, esa alegría le sabía a ceniza—. Llegaré a las seis de la mañana. Sé que es muy temprano, pero ¿podrías venir a por mí?

Hermione miró hacia arriba. La contaminación lumínica no permitía observar el cielo estrellado sobre Londres; de hecho, Hermione no recordaba haber vuelto a ver estrellas desde Hogwarts. Al menos el color del cielo combinaba con su estado de ánimo.

—No —respondió, casi en un susurro.

Se hizo el silencio en la línea.

—¿Por qué? Bueno, si no quieres madrugar, puedo llamar a un taxi —dijo Will en tono ligero. Nunca perdía el buen humor. Hermione lo maldijo por nunca pensar mal.

Decidió, a pesar de que su corazón se rompiera poco a poco, que debía ser más tajante. Cruel si hacía falta.

—No quiero que vengas. —La mentira le pesó en la lengua, haciendo que casi no pudiera pronunciar las palabras.

Varias personas que salían de la discoteca a fumar se quedaron mirándola, pero volvieron a sus cosas. Hermione se giró hacia la pared. Así debía ser, dura como el hormigón.

—¿Por qué? —preguntó él; ahora sí que había tenido el sentido común de sonar preocupado.

Hermione aspiró aire como si estuviera asfixiándose.

—Es que… He estado pensando mucho en nosotros en las últimas semanas y entre que estás al otro lado del océano, que estoy preocupada por cosas de mi trabajo… No sé, Will, es todo muy complicado. Necesito pensar.

—¿En qué? —preguntó él. Ahora sonaba serio.

—En nuestra relación.

Hubo otro silencio tan largo que Hermione pensó que la línea se había cortado. No pudo volver a respirar hasta que Will habló.

—¿Quieres cortar conmigo? —preguntó. Sonaba dolido, como era normal.

«No».

—No lo sé.

—¿Es… —ella cerró los ojos y negó con la cabeza. «Por favor, eso no»— es por él? ¿Porque Draco ha vuelto? Te pediré perdón si estoy metiendo la pata, pero tengo que saberlo.

No podía culparlo. De hecho, si estuvieran en la situación contraria, ella sí estaría, como mínimo, ligeramente preocupada. Y la desconfianza, al final, tenía que aparecer.

—No… —Estaba a punto de negarlo todo, pero cambió de idea en el último momento—. No lo sé. Coincidió que tú te fuiste, él volvió… Últimamente lo veo mucho. —Se pasó una mano por el pelo, queriendo arrancárselo de pura rabia—. Estoy confundida.

Recordó la frase de Nietzsche: «Todo lo que se hace por amor está más allá del bien y del mal». Ojalá Friedrich no se equivocara, porque aquella conversación era como andar sobre un lago helado con fracturas en el hielo. Un paso en falso y se hundiría en la oscuridad y ya no podría salir.

—¿Y qué quieres que hagamos ahora? —preguntó él.

Hermione se abrazó el cuerpo con la mano que tenía libre; de repente le había entrado frío, pese a que no soplaba ni una pizca de viento. Sopesó sus palabras con cuidado antes de decirlas.

—Necesito un tiempo. Y no puedo pensar si estás tú aquí.

Oyó a Will suspirar al otro lado de la línea.

—Mira, se nota que has bebido y el alcohol siempre lo distorsiona todo. Hablaremos mañana cuando te despiertes. Buenas noches.

—¡No! —gritó Hermione, pero la llamada se cortó justo en ese momento. Estuvo tentada de arrojar el móvil contra la pared y gritarle a su novio que era un imbécil.

¿Por qué era tan difícil querer proteger a alguien? ¿Por qué las cosas se complicaban cada vez más?

Volvió a apoyarse en la pared y bajó la cabeza mientras dejaba que sus lágrimas corrieran libres. Con un poco de suerte, su pelo ocultaría parte de su patética preocupación.

~ · · · ~

Draco rechazó el trozo de tarta que acababan de ofrecerle. Presentía que el dulce del chocolate y la cerveza que se estaba bebiendo (la cuarta) no combinarían bien. Además, llevaba mucho tiempo sin consumir tanto alcohol y sentía que su cuerpo empezaba a pedirle que parara ya. Haberse vuelto abstemio casi habitual durante el último año no le permitía beber igual que antes.

Cuando terminaron las felicitaciones y la gente empezó a bailar de nuevo, Draco miró a su alrededor disimuladamente. Tenía a Hermione ubicada a su izquierda cuando habían sacado la tarta, pero hacía un rato que no estaba a la vista. «Tal vez ha ido al baño, no seas acosador», pensó, obligándose a dejar de buscar.

Una mano se posó en su brazo. Cuando ladeó la cabeza, tuvo que mirar hacia abajo para ver que quien lo había tocado era Lunática Lovegood. La chica le hizo una seña con la mano para que inclinara la cabeza y le dijo al oído:

—Hermione ha salido hace un rato, pero todavía no ha vuelto. He visto que la estás buscando con la mirada y creí que te gustaría saberlo. —Draco tuvo que concentrarse para poder escuchar aquella vocecita de ruiseñor, pero parecía que Lovegood había estado mucho más atenta que él.

—Gracias —le vocalizó.

Empezó a abrirse paso entre la gente, pero otro brazo lo detuvo. Esta vez era una mano más grande, y al final de la extremidad estaba Theo.

—Tío, déjalo estar —le dijo su amigo.

Por la mirada que le dedicó, supo que él ya había intuido adónde iba. Draco se limitó a sacudirse el brazo de encima y a seguir su camino hasta la salida. Los dos de seguridad lo observaron salir, pero siguieron charlando de lo suyo.

Draco miró a la derecha, pero captó una figura con algo verde por el rabillo del ojo. Hermione estaba en la acera de enfrente, apoyada en la pared, con la cabeza gacha y algo fuertemente apretado contra su pecho.

Cuando se acercó, vio que estaba sollozando.

—¿Hermione? —llamó, preocupado.

Ella ladeó la cabeza mientras se secaba las lágrimas con el dorso de la mano. Draco percibió que lo que sujetaba con tanta fuerza era su móvil.

—¿Pasa algo? —preguntó él, deteniéndose a poca distancia de Hermione.

La bruja negó con la cabeza y sonrió, pero era un gesto amargo.

—Nada especial. Simplemente es que no se me dan bien las relaciones.

Draco entrecerró los ojos. ¿Qué le había dicho su novio para ponerla así? Apretó los labios inconscientemente; a pesar de que él la había hecho llorar en incontables ocasiones, no soportaba que alguien estuviera haciéndola sufrir ahora. Era la irónica hipocresía de su comportamiento con ella.

—¿Qué te ha hecho? —inquirió en tono grave.

Hermione clavó en él sus ojos empañados en lágrimas, y tuvo que resistir el impulso de acercar una mano y secarle una que caía ahora por su mejilla.

—Nada. He sido yo. —Draco enarcó las cejas, sorprendido. ¿Problemas en el paraíso? Quería que ella fuera feliz, pero no podía evitar regodearse con la idea de que pudieran terminar su relación en un futuro cercano—. Dime, ¿por qué me salen mal las relaciones? ¿Por qué conspira el universo contra mí?

Draco hizo algo que deseaba hacer desde el día que le pidió matrimonio y ella lo dejó: se acercó a Hermione, vacilante, y rodeó su cuerpo con sus brazos. Al ver que ella no lo rechazaba, la estrechó contra su pecho. Soltó el aire lentamente y se permitió apoyar la mejilla en su cabeza. Cerró los ojos y relajó la expresión cuando las manos de Hermione se apoyaron en su espalda y sus dedos se agarraron a su camisa con fuerza. La cabeza de la bruja descansaba en su pecho, y podía notar cada respiración y cada sollozo que soltaba.

—Tú no tienes la culpa —susurró—. Somos los demás los gilipollas. Pero tienes un gusto pésimo para los hombres.

Hermione rio contra su pecho.

—Sí, claro, ahora intenta responsabilizarme a mí de lo que tú hiciste. —Inspiró hondo y se separó de él—. Siento este espectáculo.

Intentó dar un paso atrás, pero una mano de Draco seguía en su cintura. Alzó la cabeza hacia él, y en ese momento, ambos supieron lo que estaba a punto de pasar. Draco había mantenido la distancia durante demasiado tiempo, porque sabía que no sería bien recibido, pero si podía aprovechar aquel instante de debilidad para poder probar los labios de Hermione una vez más, lo haría. Ya asumiría las consecuencias después, cuando ella lo odiara por besarla sin su permiso.

Tenía razón cuando había dicho que era gilipollas. Y un cabrón también. Pero no pensaba cambiar justo en ese momento.

Llevó la otra mano al rostro de Hermione y acarició suavemente su mejilla; seguía húmeda por las lágrimas. Sus frentes se tocaron y sus alientos se entremezclaron, pues ambos tenían los labios entreabiertos. Draco se tomó esto como una invitación, así que no perdió ni un segundo más en besarla. Estuvo a punto de soltar un gemido de placer por el mero tacto: la había echado de menos más que a respirar tras haber estado sumergido largo tiempo.

No era nada romántico. Se estaban besando delante de una discoteca llena de gente borracha y a saber qué más, en una acera como cualquier otra, y hacía frío. Además, sabía que ella no le permitía tocarla porque hubiera decidido repentinamente que lo había perdonado o que sus sentimientos por él habían vuelto. Pero no iba a detenerse para preguntar.

Sus lenguas entraron en contacto, profundizando así el beso. Draco apretó la mano que tenía en su cintura y la pegó a él, necesitado de su contacto. Hermione, por su parte, había subido una mano hasta su cuello y acariciaba su nuca. Besarla era como volver a una época mejor; de hecho, casi se sentía como la primera vez que se besaron, en sexto. No estaba bien, pero ¿a quién le importaba? ¿Quién podía detenerlos, si no eran ellos mismos?

· · ·

Llegaron al ático de Draco con total tranquilidad; nada de ir arrancándose la ropa ni besarse con pasión. De hecho, habían vuelto a entrar en la discoteca como si nada hubiera pasado. Esperaron quince minutos, hasta que se marcharon, primero él, luego ella, aprovechando que la gente estaba demasiado borracha. La única persona a quien Draco había avisado era Camille, pero su amiga estaba demasiado ocupada flirteando con una de las compañeras de equipo de Ginevra como para darle muchas vueltas.

Draco cerró la puerta principal y observó a Hermione dejar el bolso en el suelo de cualquier modo y recorrer el pasillo hasta su habitación. Su instinto la guiaba, pues ninguno había encendido la luz. Él prefería no hacerlo, por miedo a que Hermione viera lo que estaba a punto de hacer y se echara atrás.

Pero por cómo se había girado hacia él cuando estuvieron los dos en su habitación y se había quitado la blusa, no parecía que fuera a arrepentirse en los próximos minutos. De hecho, Draco pensaba encargarse de que no se arrepintiera.

Empezó a desabrocharse los botones de la camisa con rapidez, sin que sus ojos abandonaran la piel al descubierto de Hermione. Llevaba un sujetado de encaje negro, pero por él como si fuera la prenda más fea del mundo, porque no le importaba. Lo único que quería ver era lo que había debajo. Se quitó la camisa y la dejó caer en el suelo. Ahora ambos estaban solo en pantalones.

Hermione se sentó en la cama, mirándolo con intensidad. Él se aproximó a grandes zancadas y la besó con fuerza al tiempo que buscaba el enganche de su sujetador; con una mano, lo desabrochó. Hermione se quitó primero un tirante y luego el otro, como si supiera que su lentitud lo hacía sufrir. Finalmente, sus pechos quedaron libres, y Draco se deleitó con la visión de esos pezones erectos antes de cogerla en volandas y sentarla sobre él, intercambiando así posiciones.

Su boca empezó a besar, lamer y chupar la piel de su cuello en un camino descendente que tenía como destino su pecho izquierdo. Se metió el pezón en la boca y succionó, arrancándole a Hermione un gemido de éxtasis. Las manos de ella vagaban por la parte superior de su espalda y por su pelo. Cuando se cansó de tantos juegos sutiles, la bruja llevó una mano a la entrepierna de él, bastante abultada a aquellas alturas, y la estrujó levemente.

Draco siseó con una sonrisa ladeada. Joder, cuánto la había echado de menos.

La levantó hasta ponerla en pie y él hizo lo mismo. Era la única manera de desabrocharse los pantalones y quitárselos a patadas. Hermione, mientras tanto, besaba y mordía su cuello con tanta fuerza que posiblemente dejaría marcas. Como si quería escribir su nombre en la piel de él con los dientes. Los mordiscos terminaron cuando Draco la empujó a la cama para quitarle los pantalones. Hermione subió el culo para facilitarle la misión.

Cuando solo quedó la ropa interior, se puso encima de ella y volvió a la labor de besarla. Pretendía encenderla tanto que provocaran un incendio aquella noche. Hermione tomó la iniciativa y, con un impulso, se colocó encima de él y empezó a restregarse, intimidad contra intimidad. Draco gruñó; si seguía así, se correría sin siquiera quitarse los calzoncillos. La cogió por la cintura y volvieron a intercambiar posiciones, pero antes se quitó los bóxers negros. Le estorbaba todo lo que no fuera la piel y Hermione.

Se ocupó también del tanga morado de ella. Lo arrojó al suelo y observó sus partes íntimas. Estaban sumidos en la penumbra, con la única luz que les permitía ver procedente de la calle, pero eso no les impedía saber dónde estaba el otro. Hermione se abrió de piernas para él, invitándolo a que la tocara, y Draco no se hizo de rogar. Primero, pasó un dedo por sus labios, y notó que ya estaba mojada. Se inclinó hacia abajo para poder besarla con ansia mientras seguía acariciándola, esta vez con dos dedos. No le hacía falta más para saber lo lista que estaba, y su pene pedía a gritos hundirse en aquella cálida cavidad.

Ninguno de los dos pronunciaba palabra más allá de los gemidos, gruñidos, suspiros y respiraciones agitadas que soltaban, pero no les hacía falta más comunicación.

Draco apoyó la mano en un muslo de Hermione, instándola a abrirse más, y cuando ella lo hizo, no perdió ni un segundo en enterrarse en ella. Hermione arqueó la espalda ante el contacto. Aquella visión, tenerla en su cama con los labios entreabiertos y una mirada ardiente que le pedía más, fue más de lo que podía soportar, y empezó a moverse.

Ninguno de los dos se contuvo: sus gemidos acompasados eran música celestial. Que les jodieran a los vecinos si se enteraban; que supiera el mundo entero que Hermione Granger y Draco Malfoy volvían a estar juntos, aunque fuera de la forma más primitiva y carnal.

Después de tanto tiempo sin estar con nadie, él sentía que no podría contenerse por mucho tiempo, pero apretó los dientes: no pensaba correrse sin que lo hiciera ella. Empezó a besar la tierna carne que había debajo de la oreja de Hermione, justo donde sabía que tan loca la volvía, mientras apretaba y estimulaba un pecho.

Las manos de Hermione recorrían su espalda, se enterraban y tiraban de su pelo, apretaban sus nalgas. Era como si estuviera descubriéndolo de nuevo. Por él, que investigara todo lo que quisiera: era enteramente suyo.

Siguió con las embestidas a un ritmo constante, aunque cuando ella arqueó la espalda y entrelazó los tobillos alrededor de su cintura, Draco supo interpretar la señal y aceleró el movimiento de su pelvis. Estaban cerca del orgasmo, podía sentirlo. Las paredes interiores de Hermione eran el cielo, un hogar: cálidas, que lo abrazaban y se adaptaban a él perfectamente. El cuerpo nunca olvidaba.

El sudor de ambos se mezclaba cada vez que su piel se tocaba. Tenían los labios sensibles de tanto besarse y posiblemente el día siguiente amanecerían con varias marcas por todo el cuerpo, pero qué coño le importaba a Draco.

En ese momento, lo único importante era escuchar los gemidos cada vez más frecuentes de ella y sentir que su cuerpo se estrechaba y convulsionaba bajo su contacto. El cuerpo de Hermione estaba en pleno éxtasis, así que Draco dejó de controlarse y embistió con ansia, como si aquel orgasmo fuera a salvarlo de la muerte. Con una última embestida errática, se corrió dentro de ella. Se dejó caer sobre su cuerpo, pero con cuidado de no aplastarla, y esperó hasta que las respiraciones de ambos volvieron a la normalidad para salir de su interior y tumbarse al lado.

A pesar de lo que había pasado, ninguno de los dos habló. El único movimiento que hizo Draco fue para taparlos con las sábanas cuando empezó a sentir que el calor del sexo los abandonaba. Observó a Hermione, pero ella estaba con la mirada fija en el techo y una mano sobre la frente. Quería preguntarle qué le había parecido, si se arrepentía, pero estaba cada vez más cansado.

Al final, se durmió.

~ · · · ~

La puerta del ático de Draco se abrió sin ninguna dificultad después de ser forzada durante un par de minutos. La persona que entró tuvo mucho cuidado de cerrarla de nuevo sin hacer ruido. Sus pasos no resonaban en el pasillo, pero se dijo que poco importaba, porque, si su información era cierta, los únicos ocupantes del piso llevaban varias horas profundamente dormidos.

Se acercó a la habitación principal y asomó la cabeza dentro; la precaución nunca estaba de más. Al ver que sus sospechas se confirmaban, sonrió y entró. Observó la ropa por el suelo con una mezcla de satisfacción e incredulidad. Se plantó a los pies de la cama, a una distancia exacta de ambos extremos, y pensó que aquel ángulo era perfecto.

Levantó el móvil y tomó una foto a la pareja desnuda que dormía tranquilamente.


Bueno, bueno, bueno... ¿No estáis de repente todas muy enamoradas de mí? Vale, quizás todas no, pero la mayoría. Queríais dramione, y dramione os he dado; ya hablaremos de lo que viene después. No pienso explicar el porqué de lo que habéis leído más arriba: prefiero que me contéis cuál es vuestra opinión en un review y daros la oportunidad de ver si habéis acertado con vuestras suposiciones cuando leáis los próximos capítulos. Por eso, esperaré hasta haber publicado el capítulo 25 para responder a los reviews que me dejéis, así evito hacer spoilers o condicionaros de alguna manera.

Solo daré una advertencia: no me gusta basarme en absolutos.

¿Reviews?

MrsDarfoy

P.D: +500 reviews, OMG. ¡Sois geniales!