¡Hola! Actualizo un poquito antes porque mañana por la mañana me voy a Londres y no vuelvo hasta el lunes. ¡Si no vuelvo, es que he encontrado el Andén 9 y 3/4!
Muchas gracias por todos los reviews que he recibido en el capítulo anterior, como se nota que había lemon, ¿eh? xD A lo largo de la semana que viene intentaré responder tanto a esos como a los que me dejéis en este capítulo. Nos leemos al final. Tenemos muchas cosas de las que hablar. ¡Leed la nota de autora cuando terminéis!
Este capítulo va dedicado a lunatica23, quien el 25 de enero a las 20:59pm, hora española, dijo (y cito textualmente): «Queremos que Will sufra». No, no olvido.
PRESCINDIBLE
«La vida es la hipoteca del alma: aunque uno salga con buenas intenciones, ir avanzando implica cometer traiciones, con los demás o con uno».
Carlos Ruíz Zafón
Capítulo 25: El peor escenario posible
Diez segundos. Eso fue lo que Hermione tardó, cuando despertó, en asimilar dónde estaba. Y con quién.
Tragó saliva con dificultad: tenía la boca amarga, sin duda por el alcohol que había mezclado la noche anterior. Al menos no había bebido tanto para que le doliera la cabeza, aunque hubiera preferido diez resacas juntas a tener que empezar a pensar cómo solucionar el lío en el que se había metido.
Se giró con cuidado, quedando boca arriba, y ladeó la cabeza. Draco seguía dormido, por suerte, o al menos eso indicaba su respiración lenta. Estaba girado hacia el otro lado, por lo que solo podía verle la espalda desnuda. Hermione no pudo evitar torcer el gesto; había sido una completa imbécil: ¿en qué momento se le había ocurrido pensar que tirárselo sería una buena idea? Y ni siquiera tenía la excusa de ir borracha.
Y Will. ¿Qué le diría ahora?
Soltó un quejido en voz baja. Había intentado cortar con él, de verdad que lo había intentado, pero entre que no se había sentido con fuerzas para hacerlo y que él había interrumpido la conversación… Ahora estaba jodida.
Su cuerpo estaba completamente estático, pero su mente trabajaba a la velocidad de la luz. El primer paso era salir de allí cuanto antes, a ser posible sin despertar a Draco. Ya se enfrentaría a él más adelante. Lo siguiente que debía hacer era decidir si se lo contaría a Will o se guardaría el secreto. Miró otra vez a Draco; ¿sería él capaz de callárselo o decidiría que sería divertido arruinar su relación?
«No, Hermione, eres tú quien ha arruinado tu propia relación», le dijo una vocecilla en su cerebro con mordacidad. Apretó los labios con fuerza, reprimiendo las ganas que tenía de soltar las lágrimas de frustración y vergüenza que se acumulaban en sus ojos. En vez de llorar, apartó la colcha con sumo cuidado y salió de la cama.
Buscó su ropa en la penumbra de la habitación. Se puso primero la ropa interior y luego los pantalones y la blusa, sin preocuparse demasiado por su aspecto. Cogió los zapatos con una mano; ya se los pondría cuando saliera de la habitación y no hubiera riesgo de despertar a su acompañante con el sonido de los tacones. Miró a su alrededor, pero entonces recordó que había dejado su bolso en la entrada.
Antes de salir de la habitación, se giró para revisar si Draco se había dado cuenta de que se había levantado, pero él seguía profundamente dormido. Torció el gesto al pensar en que no sabía qué odiaba más: haber tenido ese momento de debilidad o saber que Draco ya no la dejaría en paz y ahora sería culpa suya.
Cerró la puerta con cuidado y recorrió el pasillo con rapidez. Su bolso estaba, efectivamente, en la entrada, así que lo cogió y fue al salón para poder sentarse y ponerse los zapatos. Mientras lo hacía, su móvil vibró. Hermione se olvidó de sus pies durante un momento y metió la mano en el bolso para sacar el dispositivo.
Su expresión se quedó congelada en una mezcla entre pavor e incredulidad cuando vio que era un mensaje de Will.
Hermione, por favor. Es la última vez que te lo pido: responde.
El corazón empezó a palpitarle con fuerza. La lógica le decía que quizá quería hablar sobre la discusión que tuvieron la noche anterior, pero ¿y si lo sabía? ¿Y si se había enterado de lo que había hecho? Su pulgar se acercó con lentitud al botón de Desbloquear pantalla, y cuando finalmente lo hizo, vio que tenía muchos mensajes y llamadas perdidas. Para ser exactos, quince mensajes y seis llamadas. Tenía miedo de leer lo que Will le había dicho, pero, para bien o para mal, no pudo hacerlo, porque en ese momento apareció en la pantalla una llamada entrante de su novio.
Se mordió el labio inferior, indecisa sobre si era capaz de responder o no, pero finalmente lo hizo. Se llevó el móvil a la oreja y contuvo el aliento.
—¿Sí?
—¿Has dormido bien? —La voz de Will sonaba más gélida que el mismísimo Ártico —. Esa cama parece muy cómoda.
El corazón de Hermione se detuvo.
—¿Qué? —preguntó. Le temblaba la voz, pero intentó sonar normal para intentar aparentar que no era como los músicos del Titanic, que sabían que iban a morir pero seguían tocando.
—¡Vamos, Hermione, no me hagas parecer más gilipollas de lo que ya soy! —gritó Will, haciendo que ella diera un salto, asustada por el cambio de tono—. ¿¡No te parecía suficiente con un simple «Me he tirado a mi ex» que tenías que mandarme también una foto como prueba!? ¡No sé quién os habrá sacado la foto, pero seguro que os lo habéis pasado muy bien los tres riéndoos de mí, verdad?
Hermione frunció el ceño mientras se mordía el labio inferior. Su mente embotada había empezado a unir algunos hilos, pero se obligó a revisar el móvil para comprobar que lo que Will decía tenía sentido. Salió de la llamada y entró en los mensajes. Si ignoraba todos los que él le había mandado pidiéndole explicaciones, había una imagen mandada por ella. Era incapaz de creer lo que veían sus ojos cuando la abrió: Draco y ella en la cama, profundamente dormidos. No hacía falta ser un genio para adivinar lo que había pasado.
—¿Qué pasa, te has quedado sin palabras? —oyó que le preguntaba la voz amortiguada de Will—. ¿O estás pensando en una excusa plausible? —sonaba frío, distante, como si hubiera dejado atrás la ira hacía varias horas y ahora simplemente intentara constatar un hecho.
Hermione se llevó el móvil de nuevo a la oreja mientras se pasaba una mano por el pelo. Los enredos no la dejaban avanzar, pero ella siguió tirando hasta que consiguió liberar la mano. Era su forma de soltar tensión.
—Will, yo… —empezó.
Aquella foto le quitaba cualquier opción de negar los hechos; había hecho lo que había hecho, y ahora no podía hacer más que admitirlo. Aunque pensarlo era más fácil que pronunciar en voz alta su peor miedo: era una mierda de persona.
—Ahórratelo, Hermione —solo había una cosa peor que sentir que su novio estaba enfadado con ella: saber que le había decepcionado—, no quiero tus disculpas.
—Intenté decírtelo anoche… —susurró ella. Ya no era capaz de contener las lágrimas por más tiempo.
—No —cortó Will—. Me dijiste que tenías dudas, que estabas confundida. Pensé que era porque habías bebido y te sentías nostálgica. —Soltó una risotada amarga—. Fui tan tonto que hasta pensé que era porque me echabas de menos. Pero veo que me has encontrado sustituto rápidamente —añadió con rencor—. Aunque ahora que lo pienso, creo que yo he sido el sustituto durante todo este tiempo.
—Lo siento. —Sabía que esas palabras, más que un consuelo, supondrían un insulto para Will, pero era lo único que Hermione era capaz de decir en aquellos momentos.
—Nunca pensé que tu vida se volvería una cadena donde infliges el mismo daño que te hicieron a ti, pero veo que me equivocaba contigo. Sois tal para cual. —Esa afirmación atravesó el corazón de Hermione como una lanza y se lo partió en dos; casi podía escuchar cómo las dos mitades caían al suelo—. En fin, que te vaya bien, Hermione. Por mí no tendrás que preocuparte más, no pienso volver.
Ella estuvo a punto de detenerlo con lo que fuera para que no colgara y poder explicar… bueno, no sabía el qué, pero no podía dejar que se fuera así. Sin embargo, sus últimas palabras pusieron en marcha el engranaje que había montado unos días atrás, cuando decidió que debía buscar una manera de protegerlo de la amenaza.
—Adiós —susurró, aunque ya no había nadie al otro lado de la línea que pudiera escucharla.
Se había quedado sola con sus actos.
~ · · · ~
Cuando Draco despertó, el otro lado de la cama ya se había enfriado. Durante unos breves instantes, tuvo la sensación de que los últimos dos años de su vida no habían existido. Lástima que no fuera verdad. Aunque, ahora que lo pensaba (y sonreía al hacerlo), recordar la noche anterior no estaba tan mal.
Se incorporó sobre los codos y miró a su alrededor. La ropa de Hermione, que había quedado abandonada al azar en el suelo la noche anterior, no estaba, así que debía de haber huido, perseguida seguramente por la vergüenza de haberse acostado con él. Suspiró con resignación al contemplar esa posibilidad, pero volvió a sonreír con un ligero triunfo pintado en la comisura de los labios al pensar en que al menos había querido acostarse con él.
Apartó el edredón a un lado, súbitamente animado y lleno de energía, y se levantó. Ahora solo tenía que planear una estrategia que lo llevara cada vez más cerca de Hermione. Tal vez darle un poco de tiempo para reflexionar sobre la maravillosa sesión de sexo que habían tenido le hiciera ver que ya habían dado el primer paso en la buena dirección. Debía buscar una forma efectiva de mostrarle que el Draco mujeriego del pasado había desaparecido.
Mientras se ponía los pantalones, alcanzó a oír una voz que le hizo levantar la cabeza. Frunció el ceño, aunque luego relajó la expresión. ¿Sería posible que Hermione no se hubiera marchado todavía? Puede que hasta estuviera preparando el desayuno. Meneó la cabeza con escepticismo; «Draco, por favor, no seas iluso» le dijo su mente con mordacidad.
Salió de su habitación y se paseó por la casa hasta llegar a la puerta del salón. Cuando se asomó, lo recibió una imagen que, desde luego, no esperaba ver: Hermione estaba sentada en el sofá, medio descalza y con la cabeza enterrada entre las manos; en una de ellas sujetaba su móvil. En cuanto percibió que él estaba allí, levantó la cabeza para mirarlo y Draco pudo apreciar que estaba llorando profusamente.
—¿Qué pasa? —preguntó Draco, dando varios pasos en su dirección. Presentía que, de alguna manera, sus lágrimas estaban relacionadas con él (como siempre, al parecer), por lo que prefería mantener las distancias.
Hermione inspiró hondo, cerrando los ojos un segundo, y empezó a abrocharse el zapato que le faltaba, todo sin responder. Cuando se levantó, su rostro parecía esculpido en piedra. Y sus ojos… Sus ojos estaban vacíos, como si algo hubiera dejado de importarle. Era una expresión que solo había visto una vez, y aquella noche fue el principio del fin.
—Sé sincero conmigo y respóndeme a esto: ¿has tenido tú algo que ver con la foto?
Draco frunció el ceño. Que le lanzaran un Cruciatus si sabía a qué se refería.
—¿Qué foto?
Hermione buscó algo en su móvil y luego lo giró de manera que la pantalla mirara hacia Draco. Este observó la fotografía que ocupaba todo el espacio: eran ellos dos dormidos en su cama. Probablemente había sido sacada hacía apenas un par de horas. Cuando miró el destinatario de ese mensaje, no pudo hacer más que tragar saliva.
—Te juro por mi madre que yo no he sido, Hermione.
Ella entrecerró los ojos mientras se guardaba el móvil en el bolso.
—Pues qué conveniente para ti. Te han facilitado el trabajo: ahora ya no tendrás que eliminar a la competencia tú mismo.
Draco apretó la mandíbula con fuerza.
—Puedes creerme o no hacerlo, pero yo no le he mandado eso a tu novio.
—Exnovio —corrigió ella. En una situación normal, Draco habría sonreído, pero no en ese momento. Si lo hacía, algo malo podía pasar.
—Yo no he tenido nada que ver. —Una posibilidad hizo que un ligero escalofrío recorriera su espina dorsal—. Obviamente, alguien ha entrado aquí mientras dormíamos . Además —empezaba a cabrearse de que le echaran la culpa de algo que no había hecho—, sabes muy bien que yo no te obligué a nada, así que deja de intentar echarme la culpa.
La verdad debió de dar justo en el blanco, puesto que el rostro de Hermione se contrajo en una mueca de dolor y culpa, pero se repuso con rapidez.
—Solo quería estar segura de que no has utilizado uno de tus trucos habituales —repuso—. No eres precisamente conocido por tu honestidad.
Draco soltó una risa escéptica y negó con la cabeza.
—Y tú puede que dejes de ser conocida por tu capacidad para ver las cosas con claridad. —Ella levantó el mentón y lo miró con aire desafiante, esperando una explicación—. Siempre haces que todo lo que nos rodea, hasta lo que acaba de pasar con Will, vuelva a lo que hice hace dos años. ¿No deberías replantearte tus prioridades?
Hermione bajó los brazos que había cruzado antes y, por un momento, pareció dolida y algo más que Draco no alcanzó a descifrar. Pero volvió a la carga en seguida.
—¿Cómo puedes ser tan egocéntrico, Draco? —Meneó la cabeza; parecía que había decidido que aquella conversación ya no tenía valor—. Si me disculpas, tengo que irme —dijo, intentando pasar por el lado de Draco.
Este la detuvo cogiéndola por un brazo.
—¿En serio vas a marcharte así?
Ella lo miró a los ojos, esos ojos que se habían quedado vacíos, y dijo:
—Tengo que darme una ducha antes de seguir con mi vida.
Draco se quedó plantado en el salón, escuchando con incredulidad cómo se cerraba la puerta principal. Acababa de probar en primera persona lo que era sentirse defraudado y engañado, y no le gustaba nada.
~ · · · ~
Hermione escuchaba desde su habitación a sus padres hablar en la cocina, pero afortunadamente no podía distinguir sus palabras. La última vez que acudió a ellos así de destrozada fue la fatídica noche del casi compromiso con Draco, y los señores Granger temían que le hubiera pasado algo parecido a su hija otra vez, pero Hermione no se atrevía a confesarles cuánto parecido guardaba aquella situación con la original. Aunque no por los motivos que ellos creían.
Se tumbó en la cama boca arriba e inspiró hondo, aunque seguía necesitando aire. Sentía que se ahogaba y, por mucho que quisiera que su pulso volviera a la normalidad, su corazón tampoco colaboraba. Era como si cada célula de su ser supiera lo mal que se sentía y hubiera decidido que debía castigarla por lo que había hecho.
Intentaba darle vueltas una y otra vez a cualquier posible respuesta lógica que sirviera para la pregunta ¿Por qué me he tirado a Draco?, pero lo único que encontraba eran excusas débiles. Cuando había sido ella la engañada, lo había maldecido una y otra vez por lo que había hecho, pero era perfectamente consciente de que era él quien tenía toda la culpa. Ni una sola vez se le ocurrió culpar a las chicas a las que Draco se follaba; nunca caería tan bajo como para culpar a otra mujer de lo que había hecho la persona que sí tenía una relación con ella.
Así pues, era injusto e hipócrita echarle la culpa a Draco. Ninguno de los dos había estado borracho cuando habían decidido irse juntos a casa de él; Hermione había sido consciente en todo momento de que podía parar cuando quisiera. Un solo movimiento y podría haber recogido sus cosas y salir de allí para no volver. La cuestión era que no había querido irse. Aunque en el fondo sabía las consecuencias de aquel acto, había decidido seguir adelante.
Había sido egoísta y, lo peor de todo, había herido a alguien que le importaba muchísimo.
Will tenía razón: ella y Draco eran muy parecidos.
Y ahora lo había perdido para siempre.
El único consuelo que tenía era que había cumplido con lo que se le había exigido: mantenerlo alejado de Inglaterra. Era una mierda de consuelo, pero al menos no tendría que preocuparse por su bienestar. Cómo estuviera su corazón era otra cosa.
Antes de pensárselo dos veces, cogió su móvil y abrió un chat con Will. Lo más probable era que la hubiera bloqueado, pero si no lo había hecho, tenía que disculparse de verdad.
Seguramente lo que menos quieras en estos momentos es que te hable, pero tranquilo, no pienso molestarte. Sé que nada de lo que diga te hará sentir mejor y mis palabras te sonarán frívolas, pero no pretendía hacerte daño. Sé que nada excusará mi comportamiento, así que solo me queda decirte que lo lamento en el alma y espero que la vida te trate mejor de lo que yo lo hecho.
Lo mandó y dejó el móvil en el suelo, al lado de la cama, sabiendo que no obtendría respuesta. Ahora lo único que le quedaba era intentar afrontar al mundo con aplomo. ¿Pero a quién pretendía engañar? Lo peor era tener que enfrentarse a sí misma. No sabía qué vería cuando se mirara al espejo del baño, y eso le daba mucho miedo.
La última expresión de Draco antes de que ella se marchara de su ático cruzó por su cabeza. Aunque siguiera teniendo la misma opinión de él, sabía que le había hecho daño y que, por una vez, no había sido más que una víctima de su guerra contra unos desconocidos. Tal vez tendría que ir a disculparse con él. Aunque eso suponía volver a los motivos que la llevaron a querer acostarse con él la noche anterior.
Cerró los ojos y suspiró. No podía negar lo evidente: lo odiaba y no sabía si algún día podría perdonar completamente lo que le hizo, pero era ese alguien a quien nunca podría superar. Habían bastado un par de horas de buena relación entre ellos y el recuerdo de lo que una vez tuvieron para que se lanzara a sus brazos y a sus labios. Y debía admitir, por mucho que le diera rabia, que nadie conocía su cuerpo como Draco. No era excusa, pero por una noche había querido simplemente dejarse llevar.
El corazón no olvidaba, pero la piel tampoco.
Pues ya está. Sé que muchas estarán contentas de que haya cerrado por fin el capítulo de Will en esta historia. Y sinceramente, yo también. No porque no le tenga cariño al personaje (es a quien más amo de este fic), sino porque hay cosas más importantes en las que centrarnos (no, no hablo del dramione, aunque sé que eso es lo que más os importa a muchas; yo tengo otras cosas en las que pensar). Sé que sueno como la desalmada que soy, pero desde el mismo instante en que Will Darcy fue creado, yo ya sabía que su destino sería el sufrimiento. De hecho, para eso lo inventé. Me duele hacerle eso a mis personajes, pero son peones en mi juego y sacrificaré a quien haga falta para lograr el objetivo del fic.
Gracias por todo el apoyo que me dais en esta historia, os amo.
¿Reviews?
MrsDarfoy
P.D: Lamentablemente, este es el último capítulo que tengo escrito, así que puede que el fic se vaya a hiatus durante un mes o dos. Tengo el 26 empezado, pero debo ponerme con mi trabajo de fin de grado (estoy en último curso) y ya sabéis que los estudios son más importantes. De todos modos, intentaré ir avanzando poco a poco y en cuanto tenga el capítulo lo publicaré. De todas formas, no prometo nada. El único consuelo que puedo daros es que al menos ha habido una especie de avance entre Draco y Hermione, aunque aviso que todavía tienen que solucionar muchas cosas.
