¡Hola! Sé que ha pasado mucho tiempo (tres meses exactos), pero por fin me he animado a seguir escribiendo y traigo el capítulo clave para el avance del fic. Puede que vosotras imaginéis un motivo, pero os aseguro que no tiene nada que ver con Draco y Hermione. Aunque, en cierto modo, sí será decisivo para el desarrollo de su (no)relación.

¡A leer!


PRESCINDIBLE


«Hay instintos más profundos que la razón».

Arthur Conan Doyle

Capítulo 27: El partido

Hermione salió del Ministerio satisfecha por una vez. Después de una hora de charla con Kingsley, por fin habían llegado a un acuerdo sobre la protección que pondrían al partido de Quidditch contra el equipo irlandés. La bruja había conseguido diez aurores menos de los que quería, pero aun así le había raspado al ministro diez más de los que él había propuesto en un principio. Además, Shacklebolt hablaría con la Taoiseach irlandesa, la Primera Ministra, para que aportara también algunos agentes de seguridad.

En la entrada principal, vio una cabellera pelirroja recogida en una coleta alta.

—¿Qué haces aquí? —le preguntó a Ginny en cuanto su amiga se acercó a ella con paso decidido.

—Sé que hoy tenías la reunión con Shacklebolt sobre el partido del sábado, así que desembucha.

Hermione puso los ojos en blanco y siguió avanzando.

—Tranquila, no hemos cancelado el partido si es lo que te preocupa. Aunque ya sabes lo que pienso —añadió, mirándola con severidad.

—Eres mi dama de honor: deberías querer hacerme feliz, no hundirme en la miseria. Además, el partido es benéfico: la mitad de la recaudación irá destinada a orfanatos, mejora de infraestructuras y ayudas a personas en situaciones precarias.

Contra eso Hermione no podía discutir y su amiga lo sabía por la sonrisita de triunfo que esbozó.

—Habrá mucha seguridad, eso sí. Y como intentes protestar, te pongo a un auror hasta en el campo.

Ginny rio.

—Seguro que se llevaría una bludger en toda la cara, pobre. —Hermione no pudo reprimir una carcajada—. ¿Tienes algo que hacer ahora? —preguntó—. Te invito a un café.

Acto seguido, entrelazó un brazo con el de Hermione, haciendo que esta la mirara perpleja. En su vida Ginny había hecho algo así, lo que significaba que era su método para conseguir que le revelara qué le pasaba.

Fueron a una cafetería muggle, porque a Ginny le encantaba probar sitios nuevos, y se sentaron en una mesa apartada mientras esperaban a que les sirvieran las bebidas.

—La noche de la fiesta de Blaise me acosté con Draco —Hermione lo dijo del tirón, sin respirar, porque así se ahorraba minutos de tira y afloja con Ginny para ver qué le pasaba y también porque necesitaba compartir el peso con alguien.

Su amiga la miró sin parpadear durante medio buen minuto antes de suspirar y encogerse de hombros.

—Bueno, no es que no me lo esperara. Quiero decir que —al ver la expresión de Hermione, añadió—: por mucho que tú te resistas, Malfoy y tú siempre habéis tenido un rollo raro, ¿sabes? —Una pausa—. ¿Y Will? Supongo que no te hará gracia que te lo pregunte, pero…

Les trajeron las bebidas; Hermione se quedó mirando la espuma de su café, donde habían espolvoreado canela para dibujar una carita sonriente, y removió la bebida rápidamente con la cuchara para borrarla.

—Juro que tenía pensado contárselo —dijo. Sabía lo que era que le ocultaran un secreto doloroso y no quería ser así—, pero alguien llegó primero.

Ginny enarcó una ceja.

—¿Draco?

Hermione negó con la cabeza.

—Fue un mensaje anónimo con una foto. Alguien entró en casa de Draco mientras estábamos dormidos y nos la sacó —explicó, sonrojándose ligeramente al recordar aquello.

—¡Pero eso es muy grave! ¿No has hecho que nadie lo investigue? —exclamó Ginny, frunciendo el ceño.

—Para eso tendría que contar primero qué hacía allí y no puedo. —Sabía que era una imprudencia no buscar quién había sido, pero era incapaz. Miró a su amiga con vergüenza en los ojos—. No sabes cuánto me arrepiento.

Ginevra suspiró de nuevo mientras cogía un poco de café con la cucharilla y lo dejaba caer lentamente dentro de la taza.

—Ya me lo imagino. Pero bueno, salir con alguien que en cualquier momento puede marcharse tiene sus problemas. Las relaciones a distancia son complicadas.

Hermione estuvo a punto de contarle que en la fiesta la habían amenazado con hacerle daño a Will, pero se mordió la lengua en el último momento. Miró a su alrededor: las pocas personas que había en la cafetería parecían gente normal y corriente, pero nunca se sabía quién podría ser algo totalmente distinto. Ya no se fiaba de nada ni de nadie.

—Ahora ya no tendré que preocuparme por eso —masculló con amargura.

—¿Quieres que te diga lo que opino? —Ginny acercó una mano a ella y le dio un suave apretón en el brazo. Hermione asintió—. Creo que Will te hizo mucho bien, te ayudó a sanar en un momento en que estabas mal, pero no sé si era el hombre más indicado para ti. ¿Cuál es tu flor favorita?

—La flor de los Alpes —respondió Hermione con una sonrisa extrañada.

—Porque crece en sitios complicados, ¿verdad? Pues Will era como una rosa de jardín. ¿Entiendes lo que quiero decir? —Se echó hacia atrás en la silla—. Aunque eso no significa que Draco sea lo mejor para ti —sentenció.

Hermione se miró las manos. Sabía lo que Ginny intentaba expresar: el amor de Will había sido bueno, puro, pero a veces se necesitaba algo de fuego para que la llama siguiera brillando. Sin embargo, el problema con Draco era que habían terminado quemándose. Él la había consumido.

—En estos momentos lo mejor para mí sería irme de vacaciones a Hawái —suspiró.

Ginny soltó una carcajada.

—Primero tengo que casarme, irme de luna de miel y ganar una Liga, pero cuando termine todo eso, tú y yo nos iremos a pasar un fin de semana donde tú quieras. Lo digo muy en serio —añadió ante la mirada incrédula de Hermione—. Invita Blaise.

Esta vez le tocó a Hermione soltar una carcajada.

—Ginevra Weasley aprovechándose de la fortuna de su marido. —Negó con la cabeza en broma—. Quién me iba a decir que mi mejor amiga sería una cazafortunas.

Ginny se llevó una mano al corazón, fingiendo estar ofendida.

—¡Perdona, no estoy con él solo por su dinero! Tiene también otros talentos —dijo, guiñando un ojo en plan juguetón. Cuando terminaron de reír, miró a Hermione con el semblante serio—. No, pero ahora en serio: tienes que hablar con él y dejarle las cosas claras. ¿Tú quieres volver con él? —preguntó.

—No puedo. A veces me digo que sí, que no sería tan difícil, pero entonces recuerdo el dolor que me hizo sentir y me aterroriza volver a pasar por lo mismo.

—Me parece increíble que esté a punto de pronunciar estas palabras, pero… Quizás no. Quizás esta vez salga bien.

—¿Y la confianza? ¿Cómo recupero algo que murió?

Ginny torció el gesto.

—Ya.

—Pero de todas formas, tienes razón: tengo que hablar con él y zanjar este asunto de una vez por todas —sentenció Hermione, pensativa.

Era algo que le debía a él y a sí misma.

· · ·

Luna y ella habían acordado en verse en casa de Hermione y desde ahí acudir al estadio en traslador. La rubia se presentó puntual en su casa. Cuando la bruja le abrió, vio que llevaba media cara pintada de verde oscuro y una garra dorada en la otra mejilla; sonrió: Luna siempre lo daba todo cuando se trataba de un partido de Quidditch.

—Hola —saludó con una sonrisa—. Te he traído esto. —Pasó una bufanda con los colores de las Arpías por el cuello de Hermione.

—Vaya, gracias.

—Sé que no te hace mucha gracia este partido, pero seguro que a Ginny le hace ilusión verte animando.

Esas palabras hicieron que Hermione se sintiera mal: se había esforzado tanto por cancelar el partido debido a su preocupación que no se había parado a pensar en cómo podía afectar eso a Ginny. Sabía que la vida de Ginevra era el Quidditch. Se colocó bien la bufanda y se dijo que por unas horas podía reprimir la sensación de que algo saldría mal y disfrutar del talento de su amiga. Se dijo que le pediría perdón cuando terminara de jugar.

—¿Nos vamos?

Luna asintió. El Ministerio se había encargado de deshabilitar los trasladores existentes no aprobados por el gobierno, que eran gorros de lana con los colores del equipo, de manera que solo podrían acceder al estadio aquellos que habían comprado entrada de forma legal. No es que aquello previniera mucho, porque si alguien quería entrar en el estadio solo tenía que hacerse con una entrada y el Ministerio le mandaría a casa un traslador, pero al menos servía para aplacar la preocupación de Hermione.

Las dos chicas se miraron y, con un asentimiento de cabeza, tocaron el gorro de lana a la vez. La habitación empezó a dar vueltas y pronto se encontraron en una espiral que las dejó en la otra punta del país. Hermione siempre se sentía mareada cuando usaba ese medio de transporte, así que cayó sobre una rodilla; siseó ante el dolor sordo que se instaló rápidamente en su articulación, pero pronto vio que una mano se apresuraba a ayudarla a levantarse.

—Cuidado, no queremos que te lesiones tú en vez de los jugadores —bromeó Blaise, que era quien la había cogido por el codo. Pareció meditar sus palabras, porque añadió—: Bueno, tampoco queremos que se lesionen los jugadores. Aunque si son del equipo contrario…

—No queremos que nadie se haga daño, Blaise —intervino Draco, que estaba de pie tranquilamente junto a su amigo.

Las miradas de Draco y Hermione se encontraron, pero ninguno dijo nada. Ella sabía que el reencuentro sería incómodo —culpa suya, ya lo sabía—, pero no esperaba el nudo que se le formaría en la boca del estómago al verle.

—¿Vamos? —preguntó Luna con voz cantarina.

Se dirigieron a uno de los puntos de entrada y esperaron pacientemente en la cola para mostrar su entrada y ser registrados. Draco iba delante y empezó a hablar con Luna, quien le dijo que había conocido en Ucrania a un tipo que era exactamente igual que él y le preguntó si no tendría familia en el país.

Blaise aprovechó ese momento para colocarse delante de Hermione de forma que daba la espalda a los otros dos. Ella lo miró intrigada.

—Tienes que hablar con Draco —susurró el otro, agachando la cabeza hacia ella para hacerse oír mejor.

Hermione suspiró.

—¿Te lo ha contado, verdad? Ya lo sé, es que…

Blaise negó con la cabeza.

—No he venido a juzgarte, tú sabrás por qué os acostasteis, pero si no vas a querer nada más con él, díselo directamente, Insúltalo si hace falta, pero pasad página ya. —La miró con expresión afable—. No es justo para nadie que sigáis dándole vueltas a esto como si estuvierais en una noria.

Hermione sabía que Blaise tenía razón y probablemente tenía que hacerle caso. Asintió.

—Después del partido —prometió.

—¿De qué habláis? —intervino Luna en esos momentos, mirándolos con expresión inocente. Draco, en cambio, miraba a su amigo con los ojos entornados.

—Le decía a Hermione que después del partido Ginny nos ha invitado a ir a los vestuarios a celebrar la victoria con el equipo —explicó Blaise con una sonrisa; se le daba muy bien salir del paso. Hasta en Hogwarts, donde Slytherin era la casa menos querida, el hombre había sabido camelarse a los profesores.

Draco les dedicó una última mirada sospechosa antes de acercarse a la persona que recogía las entradas. No parecía haberse tragado la excusa, pero no dijo nada al respecto, así que Hermione podía respirar tranquila durante un tiempo al menos.

Cuando se sentaron, Hermione se dio cuenta de que se había colocado entre Blaise y Draco y se lamentó de su suerte. El partido todavía no había empezado y el primero ya estaba buscando a su novia con la mirada por el campo como un poseso, así que a Hermione no le quedaba otra opción que no hablar en todo lo que durara aquel encuentro o intentar entablar conversación con Draco, quien, sinceramente, no parecía tener muchas ganas de charlar. Y no podía culparlo.

Los jugadores de Irlanda fueron los primeros en salir, y la mitad del campo ocupado por sus hinchas se levantó y empezó a vitorear. Blaise los abucheó hasta que Hermione le dio un codazo.

—¿Qué? —se justificó él—. Si Irlanda gana, pierdo una apuesta muy importante contra Ginevra.

Hermione lo miró, poco impresionada.

—¿Tiene que ver con el sexo? —Al ver cómo el hombre se relamía, añadió—: No sé ni para qué pregunto.

Acto seguido, salieron las jugadoras de las Arpías de Holyhead y Hermione se levantó junto con los demás para aplaudir. Se sentía como si estuviera de nuevo en Hogwarts. Nunca le gustó el Quidditch, pero si había que animar a Gryffindor, no se negaba a ver un partido. Especialmente si era contra Slytherin, aunque el último año había tenido conflicto de intereses…

El partido empezó, y Hermione intentó concentrarse en seguir los movimientos de los jugadores y la voz de los comentaristas, pero la primera hora fue bastante tranquila. Lo único emocionante que pasó es que noquearon con una bludger a una bateadora irlandesa, pero recuperó la consciencia antes de tocar el suelo y volvió a su posición. La verdad era que el equipo de fuera era bastante bueno. Ginny y el buscador irlandés permanecían suspendidos en lo más alto, en busca de la Snitch.

Luna y Blaise habían empezado a conversar animadamente sobre los sucesos del partido, olvidando completamente a los otros dos. Hermione miró a Draco de reojo y vio que él tenía los ojos en el campo, pero su semblante era serio. Sabía que Ginny tenía razón y que debería de decirle algo, pero no sabía el qué.

—No hace falta que te mortifiques así, Hermione —dijo Draco, todavía sin mirarla.

—¿Qué? —preguntó ella, perpleja.

Entonces él si se giró.

—Conozco esa expresión: te preocupa algo —se señaló a sí mismo con un dedo— y no sabes cómo solucionar el problema. Ahórratelo, no quiero tus disculpas. No me las debes.

Hermione estaba sorprendida y confundida: había supuesto que, después de lo que pasó entre ellos y cómo se portó con él, estaría enfadado. Y no le faltaba razón.

—Aun así…

—Cuando termine el partido, si no te has cambiado de opinión todavía, hablaremos.

Ella estuvo de acuerdo y se lo hizo saber asintiendo con la cabeza. Debían zanjar aquel asunto de una vez por todas.

Siguieron mirando el partido en silencio, pero sus pensamientos ya no la dejaban en paz. ¿Qué podía hacer ahora? ¿Qué diría? Se levantó de repente. Necesitaba moverse, hacer algo, porque permanecer allí como si nada durante más tiempo le estaba causando ansiedad.

—Voy al baño —anunció. Blaise estaba tan concentrado que ni la oyó, pero Luna y Draco asintieron con la cabeza. Este último posó la mirada en ella unos segundos antes de volver a centrar su atención en el partido.

En realidad, Hermione iba a darse una vuelta por los distintos puntos donde habían apostado aurores para vigilar el estadio, así dejaba de lado su ansiedad por Draco y la reemplazaba con la preocupación y el mal presentimiento por el partido. Se hizo paso entre la gente exaltada que contemplaba con emoción al equipo británico ir ganando hasta que finalmente pudo salir a las escaleras. Aquella era una noche helada, pero la cantidad de espectadores que había (el estadio estaba lleno) impedía que cualquiera pudiera tener frío. Y el griterío también impedía que se escucharan con claridad los truenos que anunciaban tormenta.

A pesar del ambiente festivo, Hermione se mantenía alerta: desde que Ginny le confesó que se celebraría el partido, había algo que no le daba buena espina. Aunque quizá era su naturaleza desconfiada, porque lo único que veía a su alrededor eran familias con niños, parejas y grupos de amigos.

Llegó a la Auror que tenía más cerca, una que estaba apostada en la salida inferior a las gradas. Hermione no la conocía personalmente, pero era su trabajo saber que era una de las últimas incorporaciones al cuerpo. Se saludaron con un asentimiento de cabeza.

—¿Cómo va la tarde? —preguntó.

La chica, llamada Stephanie Müller, se encogió de hombros.

—Lo más emocionante que ha pasado ha sido una casi pelea entre uno de los nuestros y un irlandés porque el primero le había tirado sin querer la cerveza al segundo, pero lo han solucionado con otra cerveza.

—¿Nadie que se parezca a nuestro sospechoso?

—Si tuviera que arrestar a todas las personas con esa altura y el pelo rubio por los hombros, las celdas del Ministerio estarían llenas —bromeó, pero al ver la expresión seria de Hermione carraspeó y cuadró los hombros—. No, señorita Granger, no he visto a nadie así.

—Gracias. Siga alerta —se despidió Hermione.

En vez de seguir ascendiendo por la estrecha escalera de las gradas, decidió hacerlo por la parte interior, ya que tendría mucha más tranquilidad y avanzaría más rápido.

En las escaleras no había nadie y era todo un alivio poder descansar un poco del alboroto del exterior. Hermione subió hasta la parte más alta y se acercó al auror apostado a la derecha de esa salida.

—Hola, Wong. —El hombre, de mediana edad, mantuvo la vista fija unos segundos más en el movimiento de los jugadores de Quidditch antes de mirarla a ella—. ¿Cómo vamos?

—Pues ganando, pero si esa irlandesa consigue la Snitch, nos vamos al garete.

Hermione puso los ojos en blanco.

—Me refiero a la guardia, Wong.

El hombre enrojeció, avergonzado.

—Ah, sí… Lo siento. Esto… No he visto a nadie que inspirara desconfianza. Hasta los irlandeses parecen más calmados de lo habitual. —La afición irlandesa era conocida por su exaltación cuando animaba a sus equipos—. Antes me ha parecido ver a un chico con sudadera y el pelo rubio, pero ha resultado ser una chica.

La mirada de Hermione se endureció.

—¿Hemos especificado en algún momento el género del atacante? ¿Por qué ha descartado a una mujer tan fácilmente?

El rostro del auror se volvió más rojo todavía. Ese hombre estaba teniendo la mala suerte de no acertar ninguna de sus frases.

—No, por supuesto, es que… Parecía tan inofensiva…

Hermione apoyó una mano en su hombro.

—Todo el mundo es inofensivo hasta que te apuntan con una varita. Esté más alerta para la próxima vez. ¿Por dónde ha visto a esa chica? —Puede que no fuera nadie, pero necesitaba quedarse tranquila.

El auror señaló la zona a su izquierda y arriba.

—Creo que se ha ido con unos amigos hacia allí arriba. Iban cargados con comida.

—Gracias.

Hermione decidió esta vez coger las escaleras exteriores en caso de que viera a alguien con esas características. Subió con cuidado de no pisar las manos de nadie y de esquivar la comida que la gente dejaba en las escaleras. Cuando llegó a la parte superior, se quedó de pie, oteando a su alrededor.

Por el rabillo del ojo, percibió algo oscuro. Al lado de la salida a las gradas superiores había una figura encapuchada apoyada junto a la estructura de madera. Como estaba en el otro extremo, tuvo que entrecerrar los ojos para fijarse bien; podía no ser nadie, simplemente una persona que esperaba a otra que subía, o alguien que buscaba un sitio mejor desde el que ver el partido…

Sin embargo, vio como el desconocido ladeaba su cabeza hacia donde estaba ella; cuando vio que lo miraba, se quitó la capucha negra y se pasó una mano por el pelo. Rubio. Por los hombros.

Hermione soltó un grito ahogado y, sacando su varita, corrió hacia el lugar. O más bien lo intentó, porque la gente no colaboraba.

—¡Abran paso! —exigía cada pocos pasos. La gente la miraba extrañada y algunos incluso preguntaban qué pasaba, pero Hermione no tenía tiempo de pararse a responder. Prefería decir luego que había sido una falsa alarma a dejar escapar a una persona que encajaba perfectamente con el atacante misterioso.

Cuando finalmente llegó al lugar, resollando casi, vio con frustración que ya no había nadie. Vio a Wong en la otra salida e intentó hacerle señas, pero el hombre estaba concentrado mirando el partido y no se dio cuenta de que lo llamaba. Podía mandarle un aviso con su varita, pero en vez de eso prefirió pasar a las escaleras interiores a echar un vistazo.

Ese fue, quizás, su error.

Antes no le había importado la penumbra, pero ahora no quería perderse ningún posible movimiento en las sombras, así que conjuró un Lumos. Gracias a eso, vio que había una figura apoyada en la pared más alejada a ella. Por la luz pudo identificar que era la persona a la que había visto a lo lejos. Era un chico más joven que ella, y sonreía con satisfacción.

—Por fin —dijo.

A Hermione le resultaba familiar, pero no podría identificar dónde lo había visto. Sus rasgos le recordaban a alguien, ¿pero a quién? Sin embargo, no tenía tiempo de pensar en esas cosas ahora. Creó una esfera de luz para así tener visibilidad y poder usar su varita sin impedimento en caso de necesitar defenderse o atacar.

—¿Quién eres? ¿Qué quieres?

El joven se separó de la pared, pero sus brazos continuaron inertes a ambos lados del cuerpo.

—¿No me reconoces? No soy tan joven: nos cruzamos un par de veces por los pasillos. Pero estabas demasiado ocupada salvando al mundo como para fijarte.

Hermione frunció el ceño; ¿qué estaba diciendo? El único sitio en el que podría haberse cruzado con él por los pasillos era… ¡Hogwarts, claro! Pero no tenía sentido: ¿por qué atacaría alguien a su propia gente?

El chico, adivinando sus pensamientos: respondió.

—Ya sabéis por qué.

Hermione lo miró con dureza.

—No sé de qué hablas, pero no te muevas. Quedas detenido hasta que…

El chico negó con la cabeza.

—No te dará tiempo a llevarme a ninguna parte.

La mano de Hermione apretó todavía más su varita.

—¿Por qué? ¿Qué piensas hacer? Porque según lo veo, solo uno de los dos está armado.

Él chasqueó la lengua en modo despectivo.

—Solo tú sabes que estoy aquí. En cambio, nosotros sí sabemos dónde estáis vosotros. —Aquellas palabras sonaban a amenaza, así que Hermione decidió que ya había tenido bastante; podría hablar todo lo que quisiera desde las mazmorras del Ministerio. Pero la expresión del desconocido la desconcertó: parecía que miraba a la nada, concentrado en algo—. Escucha, ¿no lo oyes? —dijo.

Hermione lo obedeció inconscientemente. Al principio, no se oía nada fuera de lo habitual en un campo de Quidditch. Pero a los pocos segundos, hubo una explosión que hizo que el suelo temblara y la gente empezara a gritar.

Lo último que vio antes de que el suelo bajo sus pies desapareciera fue la sonrisa satisfecha de aquel chico. En ese momento, recordó dónde lo había visto y a quién se parecía.

Después, se la tragó la oscuridad.


Sí, sé que soy la peor ficker del mundo por dejar el capítulo justo en este punto, pero es que era el momento perfecto para cortar porque lo que viene después es bastante… desolador y hubiera sido peor seguir escribiendo. No sé cuándo tendré el próximo capítulo listo, pero estamos ya en la recta final, así que espero terminar el fic antes de 2022 jajajaja.

A partir de ahora abandono la estructura habitual de capítulos de 3000 palabras por razones argumentales. Cada cap tendrá la longitud que crea conveniente para contar lo que necesito en ese momento, así que puede que superen los 3k o que sean más cortos, ya veremos.

Si has llegado hasta aquí, muchas gracias por leer y apoyarme.

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MrsDarfoy