¡Hola! Dos cosas rápidas: 1. ¡Muchísimas gracias por las nominaciones en los Amortentia Awards! 2. Lamento lo que vais a leer (no porque me dé pena lo que pasa, sino porque sé que muchas me odiaréis cuando termine el capítulo)..
No os entretengo más porque supongo (y espero) que tenéis ganas de leer ;) Hay casi 5k de puro drama, lo más largo que he escrito nunca de este fic. Nos vemos al final del capítulo.
PRESCINDIBLE
«Los sentimientos son tan inocentes como las armas blancas».
Mario Benedetti
Capítulo 29: Aquí y ahora
Unos años atrás
El pueblo estaba en medio del bosque, pero bien podría haber estado en medio de la nada, teniendo en cuenta lo que se tardaba en llegar y los pocos habitantes que tenía.
Una figura solitaria caminaba tranquilamente por lo que podría llamarse la calle principal. Su objetivo era un bar que había en una esquina. Abrió la puerta de madera que protegía a los clientes del gélido viento invernal y lanzó una mirada calculadora al interior. Solo había dos hombres en una mesa tomando alguna especie de licor y el camarero, que pasaba un trapo con poca gracia por la barra del bar. Tres pares de ojos se posaron en aquella persona que, desde luego, no pertenecía a aquel lugar. Ella, sin embargo, no se sintió incomodada por el escrutinio y se acercó al dueño del local. El hombre, de mediana edad y facciones toscas, mantuvo sus ojos fijos en la barra.
Una sola palabra fue pronunciada, pero bastó para que el camarero detuviera su lenta limpieza y levantara la mirada. Se agachó ligeramente y sacó un papel doblado y amarillento de debajo de la barra.
Era un mapa.
Señalaba unas cuevas olvidadas por muchos, que habían visto grandes males y seguían albergando algo oscuro.
La joven sonrió y el tabernero pensó que era una muchacha demasiado hermosa para ir interesándose por la magia negra. Un desperdicio.
~ · · · ~
—¡Sabía que eras tú! —espetó Hermione. Nunca en su vida se había arrepentido de haberse confiado tanto y no haber hecho caso a su instinto.
Camille Bellamy soltó una risa desdeñosa y se cruzó de brazos mientras apoyaba un hombro en la fría pared de la entrada de la cueva. Su figura esbelta enfundada en un vestido hasta la pantorrilla y un abrigo a conjunto contrarrestaban con aquel lugar, como si la francesa hubiera terminado allí por error después de asistir a una fiesta.
—No mientas, Hermione. Con esta cara ninguno de vosotros había sospechado de mí —dijo con un suspiro dramático—. Hace años que tengo claro que el dinero te garantiza el perdón y la belleza es el perfecto camuflaje. Por eso vosotros estáis ahí y yo aquí.
—¿Qué quieres de nosotros? —preguntó Harry en un tono más amenazante del que le permitía su posición.
Camille le guiñó un ojo.
—Jugar un poco. Veréis, resulta que cuando murió mi padre empecé a percibir que había algo intrínsecamente mal en la sociedad mágica, pero después de la batalla de Hogwarts me di cuenta de qué era —hizo una pausa dramática—: la mayoría de vosotros os creéis por encima de cualquier decisión moral. —Su sonrisa se borró de golpe y los miró con rabia—. Mi padre murió porque ningún medimago quiso ayudarle.
—Las leyes nos impiden mezclarnos con los muggles, ya lo sabes… —intentó razonar Hermione.
—¡Cállate! ¡Tuve que ver a mi padre agonizar durante semanas por una enfermedad que cualquiera de vosotros con vuestros conocimientos actuales podría haber curado! ¿Y todo por qué? ¿Por preservar una sociedad podrida? —Apretó los labios con fuerza y sacudió la cabeza. De pronto, volvió a sonreír—. Pero eso da igual, el pobre hombre ya está muerto, así que pasemos a otra cosa. —Abrió su abrigo y sacó una varita del bolsillo interior.
—¡Eh, eso es mío! —exclamó Hermione, reconociendo su varita.
—Lo sé, te la quité antes de traerte aquí —explicó con una risita. La lanzó al aire y cayó a medio metro de su dueña, quien la recogió—. Antes de que intentes hacer nada, que sepas que, aunque no puedas verla, aquí hay una barrera mágica que hará que cualquier hechizo rebote —dijo, señalando el espacio vacío delante de ella—. Y lo mismo con las paredes y el techo. No somos tan tontos como para dejar un vacío argumental en el guion.
—¿Vosotros quiénes? —preguntó Draco. Parecía de lejos el más molesto con la traición de Camille; la había creído una buena amiga suya.
La francesa se encogió de hombros.
—Eso os da igual ahora mismo: tenéis asuntos más importantes de los que preocuparos. —Pronunció esas palabras como haría un tigre a punto de saltar sobre su presa. Miró a Hermione—. ¿Quieres saber por qué te elegí? —preguntó.
Hermione la miró con desconfianza.
—Mira, no sé hasta qué punto estás loca, pero si nos dejas salir podemos ayudarte —intentó razonar con ella. En realidad lo primero que pensaba hacer si conseguía ponerle una mano encima era darle un guantazo, pero eso no podía decírselo.
Camille soltó una risotada.
—¿Loca yo? Pero si estoy más cuerda que nunca —replicó la otra mujer—. Ahora cuando te diga lo que tienes que hacer os explicaré por qué me parecéis un sujeto digno de estudio.
Hermione apretaba con fuerza su varita y valoraba si valía la pena arriesgarse o era cierto eso de que cualquier hechizo rebotaría. El único problema que había en arriesgarse era que, si la advertencia era verdad, podría hacerse mucho daño a sí misma y sus compañeros seguirían sin poder alcanzar su varita. Así que, de momento, optó por apretar los dientes y aguantar.
—Camille —llamó—. Entiendo que nos tengas aquí a los magos, pero ¿qué pasa con Will? ¿Por qué no lo dejas marchar? Él no tiene nada que ver con esto. —Lanzó una mirada de reojo a su exnovio y vio que él iba a decir algo, probablemente a refutar su idea, por lo que negó con la cabeza y consiguió que permaneciera callado.
—Es verdad, él no tiene nada que ver con el mundo mágico, pero es lo que se llama… daño colateral. Pensé que haría todo esto más interesante. Verás —detuvo su paseo y la miró con una sonrisa cruel en el rostro—, quiero que decidas a quién de los aquí presentes matas. Si lo haces, las barreras caerán y seréis libres de huir o atacarnos, lo que prefiráis. Pero estas barreras solo se esfumarán cuando salga un Avada Kedavra de esa varita y mate a alguien. —Soltó otra risita tan dulce que no parecía que perteneciera a una psicópata—. Tienes una hora para decidirte.
—¡¿Qué!? —exclamó Hermione, mirando boquiabierta a Camille.
—¡Eres una puta loca! —le gritó Pansy—. ¡Como consiga salir de aquí te mataré sin necesidad de varita!
Camille esperó a que todo el mundo la insultara y expresara su sorpresa para reír y negar con la cabeza.
—Tic, tac, chicos. Tic, tac.
~ · · · ~
Viktor Krum salió de la sala de interrogatorios quince minutos después con expresión adusta, pero en cuanto su mirada se encontró con la de Kingsley, asintió.
—Ha sido difícil, pero crreo que ya sé dónde tienen a Herrmione y los demás: Bulgaria. También he conseguido sacarrle una lista con nombres de traidorres.
Kingsley soltó un suspiro aliviado, como si fuera la primera vez que respiraba con total libertad desde hacía horas.
—Reunamos a los Aurores que quedan y a los Inefables. ¿Crees que tu jefe nos ayudará?
El búlgaro asintió.
—Nuestrro pueblo lleva setenta años carrgando con la vergüenza de haber sido el hogarr de Grindelwald, pero es hora de que asumamos nuestrra responsabilidad y cerremos ese capítulo de una vez por todas. Hablarré ahora mismo con él.
El Ministro británico apoyó una mano en el hombro del más joven.
—Gracias, Viktor.
—Erra lo que debía hacerr. Por Herrmione —añadió con una ligera sonrisa.
—Es una joven increíble, ¿verdad? —coincidió Kingsley. Debían rescatarla, por el bien de la nación inglesa.
—Tome —el búlgaro movió su varita en el aire y creó una esfera de luz rojiza. Tenía un color tan similar a la sangre que Shacklebolt se preguntó cómo la habría creado y qué le habría arrebatado a Dennis, pero en aquellos momentos no sentía ni una pizca de lástima por este—, aquí está toda la inforrmación que necesitan.
Treinta minutos después, Kingsley tenía en una misma sala a todos los funcionarios encargados de la seguridad del mundo mágico que había podido reunir. Alma Gómez, que había asistido al partido de Quidditch y seguía teniendo una herida en la cabeza, permanecía a su lado mientras reevaluaban lo que habían visto en los recuerdos de Creevey.
—Bien, aquí es donde se supone que tienen a Hermione Granger, Harry Potter, Luna Lovegood, Draco Malfoy y Pansy Parkinson —explicó Kingsley, señalando un punto en el mapa de la zona montañosa del norte de Bulgaria—. No sabemos cuántos miembros de la armiya habrá ni por qué han elegido ese punto, pero sí sabemos que primero deberemos desactivar los mecanismos de protección del lugar, así que debemos ir preparados. —Todos los presentes permanecían serios; más de uno conocía a alguien herido o fallecido en el partido de Quidditch, pero aun así habían insistido en participar. Los miró con orgullo por tener a su servicio a personas tan leales—. No voy a mentiros y decir que esto será fácil. Debemos dividirnos, porque estos malnacidos tienen planeado varios ataques simultáneos por Londres; además, necesitamos que algunos de vosotros os quedéis aquí y en San Mungo por si acaso.
Intercambió una mirada con Alma, pero la mujer solo pudo ofrecerle un ceño fruncido por la preocupación. Lo de Bulgaria era probablemente una misión suicida, pero debían hacerlo: no se perdonaría nunca no haber intentado ayudar a su futura sustituta y al mejor Auror que había habido en los últimos diez años. Eran El Niño que Vivió y la bruja más brillante de su generación, por el amor de Merlín. No se trataba solo de su función en el Ministerio, sino en la sociedad mágica: si el hombre que había conseguido vencer a Voldemort moría ahora, ¿qué esperanza le quedaba al ciudadano medio?
—Si alguno quiere abandonar ahora o prefiere quedarse aquí, no se le juzgará —añadió. Contuvo el aliento mientras miraba a la gente a su alrededor, porque no podía permitirse que nadie aceptara su oferta, pero, afortunadamente, ni una sola mano se levantó—. Bien, manos a la obra —concluyó—. Tened cuidado.
~ · · · ~
Hermione permanecía sentada en el suelo, sin moverse. Hacía veinte minutos que se les habían terminado las ideas y ahora solo le quedaba contar los segundos que faltaban para que Camille volviera a por su respuesta.
Ja, como si Hermione fuera capaz de matar a alguna de aquellas personas.
Lo único que la mantenía en un estado de ánimo racional era el pensamiento de que alguien iría a rescatarlos. Era imposible que ellos, que habían luchado contra Grindelwald y Voldemort, fallaran ahora en esta misión. No sabía dónde estaban, pero no podía ser tan difícil.
Finalmente, se escucharon unos pasos sobre el suelo de piedra. Camille apareció triunfal frente a ellos, sonriendo angelicalmente.
—Bueno, Hermione, ¿quién es el afortunado o la afortunada? —preguntó como si hablara de zapatos. Como si no pretendiera que Hermione se volviera una asesina.
—No puedes hacerme esto —le respondió Hermione, mirándola desafiante—. Estás loca si crees que voy a obedecerte.
Camille chasqueó la lengua y negó con la cabeza.
—Me decepcionas: tanta fama de inteligente para ahora esto… Aunque debí sospecharlo cuando te tiraste a este —señaló con la barbilla a Draco— cuando todavía estabas con el otro —ahora le tocó a Will, quien la miró con los puños apretados—. Pero bueno, en tu favor diré que ya fuiste muy estúpida cuando pensaste que era buena idea salir con un mortífago.
—Camille —pese a haber estado en el centro de un atentado, Draco permanecía de pie, incólume, y miraba a la que había creído su amiga con superioridad—, ya basta. Déjanos marchar.
La susodicha lo miró con una mezcla de incredulidad y diversión.
—Es increíble: estás aquí, a mi merced, y sigues creyendo que por ser quien eres puedes conseguir lo que quieras. —Lo miró con un odio injustificado—. Estuve a punto de sentir cariño por ti. Casi. —Volvió a mirar a Hermione, quien seguía sentada y había dejado la varita a sus pies, como si temiera tocarla por si activaba algo peligroso—. Venga, voy a darte algo más de tiempo para pensar. —Dio una palmada en el aire—. ¡Por cierto, se me olvidó contároslo! Blaise está muerto. Se partió el cuello cuando las gradas se derrumbaron. —Soltó una risita—. Me han dicho que parecía una marioneta, con todo el cuerpo contorsionado.
—¡NO! —el grito desgarrador de Draco inundó la sala. Nunca nadie había conseguido trasmitir tanto dolor en una sola palabra.
Pansy, sin embargo, no abrió la boca para emitir ningún sonido, sino que se quedó mirando a Camille con los ojos desorbitados, una mano cubriendo sus perfectos labios y la otra en el estómago, como si acabara de recibir una patada.
Hermione, por su parte, se llevó las manos al rostro. Estaba en shock. No podía ser que Blaise hubiera muerto. ¿Y Ginny? ¿Qué había pasado con Ginny? Camille pareció leerle el pensamiento, porque añadió:
—Tranquila, tu amiga está en el hospital, pero bien. Aunque supongo que ahora ya no le devolverán el dinero del vestido de novia —agregó con crueldad.
—¿Cómo puedes hablar así? —preguntó Luna. La chica no lloraba, pero su expresión era la representación de la mismísima tristeza.
Camille le restó importancia con un ademán.
—He vivido lo mismo de ella, sé que lo superará.
Esas palabras hicieron que Hermione la mirara con curiosidad. Necesitaban ganar tiempo como fuera, así que preguntó:
—¿Por tu padre?
Camille enarcó una ceja en su dirección y le dedicó una sonrisa que decía «Sé lo que pretendes», pero parece ser que le gustó la idea de seguir hablando, así que se sentó en el suelo, con la espalda apoyada en la pared, y se miró las manos antes de empezar a hablar.
—Hace muchos años conocí a una chica. Yo siempre pasaba los veranos en Inglaterra, pero nunca antes había tenido amigos hasta que ella llegó. Era guapísima, con el pelo largo, rubio y rizado, y los ojos azules. Le encantaba hablar y podía alegrar a cualquiera, como si fuera la personificación de un patronus. —Sus palabras denotaban dulzura, como si se hubiera teletransportado a aquella época idílica.
—Lavender Brown. —Pansy había reconocido a la dueña de aquella descripción al mismo tiempo que Hermione.
Ahora las piezas empezaban a encajar.
—Sí: Lavender —confirmó Camille, mirando a la Slytherin—. Me hablaba de vosotros, ¿sabéis? —Sus ojos se inundaron de desprecio—. De cómo la juzgabais y os reíais de ella. —Ahora le tocó el turno a Hermione—. Nunca soportaste que Ron hubiera preferido salir con ella antes que contigo, ¿eh?
La bruja enrojeció al recordar esas discusiones con Lavender.
—Sí, reconozco que estaba celosa de ella, pero éramos adolescentes. No puedes culparme por algo que pasó hace años —se defendió.
Camille sonrió, pero era un gesto frío.
—Si hubieras visto cuánto le afectaba vuestro desdén, no dirías lo mismo —replicó con dureza—. Pero bueno, eso da igual. Lo importante es lo que pasó después.
—Lavender murió —dijo Luna.
—No murió, fue asesinada —corrigió Camille con brusquedad—. ¿Y qué hicisteis vosotros después? ¡Hacer como si nada hubiera pasado! —espetó—. ¡Ni un año tardasteis en perdonar a los mortífagos!
Hermione lo comprendió al fin: Camille estaba resentida porque los magos británicos habían olvidado con demasiada rapidez lo sucedido durante la guerra y quién pertenecía a qué bando.
—¡La guerra es pasado, todos tienen derecho a una segunda oportunidad! —replicó Harry. Que lo dijera precisamente él, el Salvador del mundo mágico, tendría que haber servido como aval de que habían hecho bien, pero Camille no parecía tener ganas de razonar.
—No es justo juzgar a alguien por sus errores de juventud —agregó Draco.
—Tampoco era justo que una chica inocente muriera y que vosotros os burlarais de su muerte de esa manera —dijo, señalando primero a Draco y Hermione y luego a Harry y Pansy—. Y no soy la única que piensa así —agregó en tono misterioso.
Hermione recordó al hombre con el que se había encontrado antes de que todo saltara por los aires.
—¿Ha sido Dennis Creevey, verdad? Él os ha estado ayudando. Él fue la cita de Austin y el que lanzó el ataque en Sortilegios Weasley.
Camille chasqueó la lengua.
—Te gusta ir siempre un paso por delante, ¿eh? Debes de llevar unos meses muy tensa, estando tan perdida en todo esto. Pues sí, Dennis y yo nos encontramos en París «de casualidad» y lo convencí de unirse a nosotros. El pobre cree que un día de estos voy a acostarme con él —agregó en tono burlón—. La verdad es que no fue difícil disuadirlo: estaba muy resentido.
Se formó un silencio que Hermione quiso llenar como fuera.
—¿Dónde estamos? ¿En Bulgaria?
—¡Diez puntos para Gryffindor! —exclamó Camille. Se levantó y se sacudió el polvo del vestido—. Pero basta de cháchara: ¿a quién eliges? —preguntó.
Hermione negó con la cabeza. Se le empañaron los ojos.
—No puedes pedirme eso, Camille.
La francesa torció el gesto, afeando así su bonito rostro, y le dedicó una mirada de decepción.
—Pensaba que los Gryffindor se caracterizaban por su valor. ¿Dónde está tu capacidad de decisión? —sermoneó—. No es tan difícil, Hermione. ¿De quién puedes prescindir? ¿Qué muerte pesaría menos sobre tu conciencia?
La bruja se giró hacia el resto del grupo y los miró con desesperación.
—No puedo hacerlo.
—Bueno, no pasa nada —dijo Camille—. Pensaba que se os daba mejor decidir qué vidas valían más que otras, pero si quieres, puedo ayudarte.
En ese momento, todo empezó a desarrollarse a cámara lenta: Hermione soltó un grito al mismo tiempo que Camille levantaba su varita, cubierta de runas, y la movía con un propósito fatal. El rayo verde salió disparado del extremo de la varita hasta dar con su objetivo sin ningún obstáculo de por medio.
Y de golpe, todo volvió a la normalidad. Hermione se quedó mirando la sonrisa satisfecha de Camille mientras oía un golpe sordo contra el suelo. Hubiera preferido morir a girarse para comprobar qué vida había sido sesgada, pero antes de que pudiera evitarlo, su cabeza había seguido el recorrido del rayo mortal.
El cuerpo inerte de Pansy Parkinson yacía en el suelo, con los ojos abiertos sin vida apuntando en su dirección. Como si le dijera «Tendrías que haber elegido tú: así al menos habría tenido tiempo de hacerme a la idea». Vio a Harry gritar y lanzarse una y otra vez contra la barrera invisible, intentando llegar a su novia sin éxito. El hombre dio tantos puñetazos a esa pared translúcida que sus puños se bañaron en su propia sangre. Draco también intentaba llegar a su amiga, pero desistió mucho antes y se limitó a permanecer arrodillado delante de Pansy, llorando de impotencia por no poder tocarla.
—¡¿Qué has hecho!? —le gritó Hermione a Camille. Sentía tanta rabia y odio que lo único que quería era acabar con ella.
La otra bruja se limitó a sonreír.
—Lo que tú no has sido capaz de hacer. Tienes otra hora para decidir quién es el siguiente o me encargaré yo de elegir por ti de nuevo —amenazó antes de marcharse y dejarlos solos.
~ · · · ~
Kingsley observó el bosque que cubría toda aquella montaña y se desesperó pensando en que nunca encontrarían el lugar señalizado en el mapa de Dennis Creevey. Sin embargo, se obligó a confiar en el cuerpo policial búlgaro: ellos conocían el terreno, a sus enemigos y eran el doble que ellos, algo bastante reconfortante.
Al igual que él, el ministro búlgaro también había insistido en estar presente y participar en la redada. Los dos jefes de estado caminaban codo con codo.
—Siento mucho no haberr actuado antes —le dijo en voz baja Bogdan Danailov—. Debí verrlo venirr.
Kingsley negó con la cabeza.
—Ninguno de los dos quería admitir que nuestra gente no había avanzado tanto como creíamos. —Siguió observando el bosque con cautela; nunca se era demasiado precavido: era algo que había aprendido de Alastor Moody—. Cuando esto termine, convocaré una reunión a nivel global. El resto de líderes necesitan someterse al mismo examen de conciencia social que nosotros. —Aunque de Irlanda y Francia ya le habían ofrecido su apoyo, todo el mundo se comportaba como si algo así no pudiera suceder en su país; qué equivocados estaban.
—Esperremos que termine rrápido —suspiró Danailov, cogiendo su varita con más fuerza.
—Y bien —añadió Kingsley con aire sombrío—. Por Merlín y los Fundadores, sobre todo que acabe bien.
~ · · · ~
—Hermione. —La voz de Harry sonaba rota, pero cuando lo miró, sus ojos denotaban decisión—. Has de tomar una decisión —le dijo, mirando significativamente la varita de su amiga, que seguía sin tocar como si se tratara de viruela de dragón.
La bruja negó con la cabeza repetidamente.
—No sabemos si está diciendo la verdad.
—Ha demostrado de sobra que es una sádica: gana más sabiendo que una muerte pesa sobre tu conciencia. Además, se comporta como si no tuviera nada que perder y quisiera ver qué pensamos hacer una vez caigan las barreras. —Draco se levantó y miró a Harry con aprobación.
—No pienso hacerlo —dijo entre dientes.
—Si tiene que matarme alguien, prefiero que lo hagas tú —agregó Harry, mirando con dolor el cuerpo de la que era su novia—. Si no lo haces, la muerte de Pansy habrá sido en vano.
Hermione estalló.
—¡La muerte de Pansy ya ha sido en vano! ¿¡Cómo puedes pedirme que mate a uno de vosotros, Harry!?
—Puedes matarme a mí —intervino Luna. Lo dijo con tanta sencillez que no parecía que estuviera proponiendo su propio asesinato—. No pasa nada.
Hermione miró a su amiga con lágrimas en los ojos. De los que estaban allí, ella era de las que menos tenía que ver. Solo había vuelto a Inglaterra para la boda de Ginny —boda que ya no se celebraría—; no tenía nada que ver ni con los mortífagos ni con aquella puta locura.
—O a mí. —Will, que llevaba casi una hora sin hablar, la miró con determinación y lástima—. De todos nosotros, soy del que más puedes prescindir.
—¿Cómo puedes decir eso? —Las lágrimas cayeron con más fuerza por las mejillas de Hermione. Aquel hombre, que no les debía nada a ninguno de los presentes, que estaba metido en aquel lío por su culpa, se ofrecía a morir para que ellos pudieran huir. No se lo había merecido nunca.
—Míralo así: puedes hacer como que estoy en Estados Unidos. De todas formas, si no me hubieran traído aquí, no nos habríamos vuelto a ver nunca. Eso sí, tendrás que borrarles la memoria a mi madre y mi hermana para que no sufran por mí.
Por mucho que Camille argumentara que habían sido unos insensibles y que lo habían hecho todo mal después de la guerra, aquellos actos de altruismo demostraban que las personas que tenía delante eran muchísimo mejores ella.
—Qué adorable: todos sacrificándose por el bien común. —La voz de Camille interrumpió la conversación y a Hermione la bañaron sudores fríos al pensar en lo que venía ahora. Aun así, para no demostrar debilidad, se levantó y cogió su varita con fuerza—. ¿Ya te has decidido? —le preguntó la francesa—. No tenemos todo el día: mis amigos tienen cosas más importantes que hacer.
—Sí, ya está claro.
Hermione miró a Draco sin comprender, pero vio que el hombre mostraba una de sus poses más características: mentón levantado, hombros cuadrados y mirada desafiante y actitud de que aquella situación ya le había cansado lo suficiente.
Camille soltó una carcajada.
—La verdad es que tenía mis dudas: creía que Hermione seguía mucho más enamorada de ti y no podría elegirte. Aunque por otro lado, confiaba en que, por una vez, demostrara un poco de dignidad y acabara contigo —añadió con un mohín de desprecio.
Hermione ignoró a la francesa y se giró hacia Draco.
—¿Qué dices? —le preguntó con un toque de pánico en la voz.
Él la miró con resignación.
—Los dos sabemos que yo seré la muerte que mejor podrás sobrellevar. Además, Camille tiene razón: ya es hora de tengas un poco de dignidad. Si tú me hubieras hecho a mí lo que yo a ti, habría negado tu mera existencia desde el minuto uno. Pero no, tú has seguido buscándome inconscientemente. Por mucho que dijeras que me odiabas, yo sé que habrías vuelto conmigo: era cuestión de tiempo. —Soltó un ruidito cínico—. Hasta me dejaste follarte, por el amor de Merlín. —Miró a Will con una sonrisa petulante—. No te ofendas, es que me parece demasiado gracioso como para no recordarlo.
Hermione se quedó mirando a Draco con expresión dolida, pero luego sus rasgos se suavizaron. Comprendió que lo que el mago intentaba hacer era cabrearla para que pudiera matarlo sin tantos remordimientos. La desgracia de haber sido el amor de su vida era que lo conocía demasiado bien.
Miró a cada una de las personas allí con ella, pensando en los motivos por los que no podía matarlos: Luna… Luna era el ser más puro que había conocido, la única que no dejaba de brillar por muchas dificultades que se interponían en su camino; Harry era su mejor amigo, el que mejor la conocía y había estado con ella en las buenas y en las malas; Will fue quien la sacó del pozo en el que se había metido y le demostró que podía volver a ser feliz; y Draco… No, no podía hacerlo.
Después de aquella reflexión, le quedó claro qué debía hacer. El frío de la cueva, la pena por Pansy y el miedo por su futuro incierto la abandonaron. Miró a Harry.
—Eres quien más cerca estás, date prisa —le susurró. Después se giró hacia Camille—. Ya he elegido.
La francesa se frotó las manos.
—Adelante, pues.
Hermione levantó su varita, apuntándola directamente a ella, y su bonita sonrisa desapareció.
—Ya te he dicho que no puedes…
Pero Hermione no le hacía caso; en vez de eso, dedicó una última mirada a Draco y le dijo:
—No pasa nada. —Y lo dijo de verdad, en un tono sincero de despedida. Necesitaba cerrar aquel ciclo.
Todos en aquella sala se dieron cuenta demasiado tarde de lo que estaba a punto de hacer. Hermione había decidido que la muerte con la que mejor podría lidiar era la suya propia. Ella era la única a la que estaba dispuesta a asesinar para ayudar a sus amigos.
—Avada kedavra —pronunció las palabras que sellarían su destino con calma, con entereza, y esperó a que el rayo verde diera con la protección invisible y volviera derecha a ella.
Lo último que oyó fueron los gritos desgarrados de las personas que le importaban antes de que todo a su alrededor se volviera del mismo color que la esperanza que había puesto en sus amigos.
Después, negro.
Y, finalmente, una luz.
~ · · · ~
Draco observó cómo el rayo golpeaba a Hermione sin que pudiera dejar de gritarle que no lo hiciera. Cuando el cuerpo de la bruja se quedó sin vida, el aire a su alrededor fluctuó, señal de que ya no había nada que los dividiera.
Sabía que su primer movimiento debía ser coger la varita y atacar a Camille, pero se dejó caer junto a Hermione y la cogió por los hombros, sacudiéndola repetidamente.
—No, no, no, no… —repetía. El rostro de la mujer de su vida se emborronó a medida que las lágrimas se agolpaban en sus ojos, por lo que las apartó con el dorso de la mano con rabia—. Por favor…
A su alrededor, sucedían muchas cosas a la vez. Harry sí que fue a por la varita de Hermione y, haciendo gala de sus excepcionales dotes de duelo, desarmó e inmovilizó a Camille con un par de hechizos. Luna se hizo con la varita de la francesa y los dos, codo con codo, hicieron frente a los atacantes que iban apareciendo. A los pocos minutos, oyeron un par de explosiones y más gente apareció en la cueva, esta vez para ayudarlos.
Pero eso a Draco no le importaba. Por lo que a él respectaba, su vida había acabado junto con la de la mujer frente a él. Apoyó la frente en el hombro de Hermione sin dejar de llorar desconsoladamente hasta que una mano en su hombro lo sacudió, primero con delicadeza y después con fuerza. Miró a Will, el muggle que había conseguido arreglar lo que él rompió.
—Ya está. —Él también lloraba—. Déjala.
Draco miró de nuevo a Hermione y acarició su mejilla con amor. Era verdad: ya estaba. Para él, ya había terminado todo. Para siempre.
Bueeeeeeno, pues... Sí, lo que ha pasado ha pasado. No es un sueño ni una alucinación. Así lo planeé hace años y así lo he escrito. Las que me conocéis bien sabéis que llevaba advirtiendo que algo así pasaría desde hace mucho, así que tampoco ha sido una gran sorpresa (?) Tal vez lo de Pansy ha sido un poco innecesario, pero pensé que quedaría bien que todas las parejas del fic se deshicieran. Poesía lo llamo yo, aunque sé que vosotras opinaréis que es pura crueldad (no os quito la razón).
Volviendo a los Amortentia Awards: Si no habéis votado todavía, en la página de los premios o en la mía de escritora encontraréis el link. "Prescindible" está nominado en Mejor Drama, Mejor Fic en Proceso, Mejor Fic 2018, Mejor Romance (por favor, ¿quién nominó este fic ahí? no tiene sentido) y Mejor Pareja Secundaria con Blaise y Ginny. Si os parece que este fic merece un voto, ya sabéis :) Y si no, votad por alguna de las maravillosas autoras que también están nominadas. Os lo agradeceré igual de corazón.
¡Nos vemos el año que viene! Pasad una feliz Navidad y un genial inicio de año 2019 :D
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MrsDarfoy
