Los personajes no me pertenecen, estos son de la autoría de Haruichi Furudate, yo solo los tomo prestados con fines recreativos y sin ánimo de lucro [aún]
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"No jodas" fue el primer pensamiento que cruzo la mente de Tsukishima al escuchar lo dicho por su mejor amigo. Pero supo que no debía externarlo o Yamaguchi saldría más lastimado ante eso. Respiro hondo y repaso su labios con nerviosismo.
- ¿Estás seguro? – Cuestiono con la voz temblorosa - ¿De verdad quieres que me vaya? – pregunto con preocupación. Un silencio pesado lo dejo sin respuesta – Yama…
- No – una voz angustiada lo interrumpió – No quiero que te vayas, pero tampoco sé cómo mirarte de frente – las palabras fueron perdiendo fuerza a medida que eran expresadas.
El rubio pensó cuidadosamente que debía decir a continuación, tenía que ser delicado con las palabras que escogiera.
- No tienes por qué sentirte avergonzado – trago intentando deshacer el nudo en su garganta – No fue tu culpa, fui yo quien no supo cómo continuar. Tu eres quien tiene a los padres sexólogos que le hablan de todas esas cosas…no es que mis padres no me hablen sobre sexo o tengan prejuicios, ellos son geniales y… - escucho un amago de carcajada del otro lado de la puerta.
- Tsukki, cuando estas nervioso divagas mucho – comento con tono de burla.
- Si, lo hago – respondió más tranquilo y sacando el sudor de sus manos en su pantalón – Mira Yams, ni siquiera tienes que salir de allí, yo puedo entrar al lugar seguro y…si quieres, continuar donde lo dejamos, bueno no literalmente porque el ambiente está roto y sería absurdo continuar porque…
-Tsukki estas divagando de nuevo – la voz serena del pecoso lo tranquilizo. El silencio reino de nuevo, por algunos momento, ya que fue roto por el sonido del pestillo al ser liberado.
El más alto suspiro aliviado y con manos temblorosas tomo el picaporte para poder ingresar al baño. Al entrar vio al pecoso dándole la espalda, se acercó y tomo un poco de papel higiénico.
- Yams – llamo haciendo que el aludido volteara, se acercó suavemente, y con el papel limpio las lágrimas restantes y la nariz del otro.
- Puedo hacerlo solo Tsukki – se quejó el más bajito.
- Pero siempre te ha gustado que lo hago yo – el menor solo bajo la cara abochornado.
Se observaron un rato, el ojimiel decidió dar el primer paso. Tomo suavemente por la cintura al más bajo, apegándolo a él, para después juntar suavemente ambas bocas.
A diferencia de hace unos instantes, el pecoso no lo rodeo con sus brazos y tampoco respondió el beso, con cuidado poso sus manos en el pecho del otro y lo aparto suavemente.
- Tsukki…yo – murmuro, intentando contestar a la mirada interrogante del contrario – Ya no creo que eso sea buena idea, aún estamos a tiempo de regresar y volver a la normalidad, de que nuestra amistad siga igual que siempre y no se estropee –la voz de menor se quebró y lágrimas comenzaron a regarse desde sus ojos – Lamento tanto haberte dicho que me gustabas, lo siento tanto – las palabras del menor fueron rotas por un sollozo adolorido.
- ¿Por qué siempre haces eso? – el castaño lo miro confundido - ¿Por qué siempre intentas cargar con toda la responsabilidad? – Hizo una pausa - ¿Por qué siempre tienes que ir más lento por cargarme a mí? – el mayor suspiro – Siempre lo he pensado…pero nunca me he atrevido a ponerlo en palabras Yamaguchi, pero el que estorba siempre soy yo – el más bajo intento protestar – No Tadashi, hay que hablar con la verdad, ya no soy el chico genial que te salvo en el parque…estoy roto – el blondo tomo la mano contraria y le llevo a su mejilla, beso la palma y se recargo en ella, dejando que el calor de la mano de su mejor amigo calmara un poco toda la tribulación que había en su interior – Y has estado todo este tiempo recogiendo mis pedazos e intentando pegarlos, fundiéndolos con tu amor, intentando que queden igual que antes…cortándote en el proceso, quedando exhausto y nunca me di cuenta…el que debe pedir perdón soy yo, porque siempre te ves arrastrado por mis acciones egoístas e intentas darme lo mejor de ti, es momento de que te lo retribuya.
- No necesitas…-el moreno fue interrumpido por los labios del más alto, recibiendo solo un beso dulce y lleno de todos esos sentimientos que existían en ellos.
- Lo sé, pero quiero hacerlo, soy tuyo Tadashi. Solo puedo pertenecerte a ti, porque tú me has rearmado, cada parte de mi es de tu propiedad.
- Tsukki – el menor susurro y busco la boca del otro, fundiéndose en besos necesitados. Después se separó y recargo su mejilla contra la boca del otro, recibiendo varios piquitos en el proceso, él tampoco se detuvo y comenzó a besar la línea de la mandíbula del más alto– Entonces ¿Puedo pedirte lo que yo quiera? – El mayor asintió y sintió el movimiento contra su piel – En el mueble al lado del lavabo hay una botella – el pecoso no necesito decir más.
El bloqueador central se acercó al lugar indicado y esculco en el buscando el envase. Al encontrarlo arqueo una ceja ante el la leyenda escrita enfrente.
- ¿Lubricante? – el castaño sonrió pícaro, mientras un sonrojo adornaba su cara.
- Tienes dedos muy largos – dijo mirando fijamente a los ojos del otro. Tsukishima comprendió instantáneamente, trago pesado y comenzó a acercarse lentamente al contrario. Yamaguchi fue retrocediendo hasta topar con la pared, se recargo en esta y mantuvo su mirada fija en su amigo.
- No sé cómo iniciar – se sinceró, sonrojándose ante la sensación de los ojos del otro sobre él.
- Puedes empezar besándome – alentó el otro.
Como si estuviera hipnotizado el mayor obedeció, rompiendo la distancia y tomando los labios ajenos, besando ansioso y desesperado. Jalo con sus dientes el labio inferior del menor y este respondió succionando el superior.
- Acaríciame – pidió el castaño. Y una vez más el blondo actuó bajo el influjo de la voz ajena.
Abrazo con sus largos brazos el cuerpo frente a él, acaricio con sus amplias palmas la espalda ajena y bajo, levanto ansioso la playera del menor, y coloco sus manos sobre la cintura de este acariciando con sus pulgares el hueso de la cadera. Presuroso metió una de sus piernas entre las del moreno, este empezó a frotarse contra su muslo de manera lenta y tortuosa. No se detuvo, llevo sus manos hacia la cadera descendiendo hasta los glúteos, los cuales abarco y estrujo entre sus palmas, masajeando la generosa porción de carne.
- Oh Tsukki – jadeo el menor mientras besaba el pálido y largo cuello – Tócame bajo la ropa – las manos del rubio temblaron un poco ante la última orden, pero sin pensarlo mucho accedió, colándolas bajo el pantalón y los boxers, sintiendo la piel suave y cálida.
- Eres tan suave – le susurró al oído para después besar a lo largo de la zona – Tienes un trasero precioso – la parte del cerebro del castaño que aún era racional rio ante las palabras del mayor, a veces el rubio podía ser tan lindo. El pecoso se sintió a gusto con la "charla sucia" no tan sucia del otro.
- Quítame la ropa – rogo.
El ojimiel empezó con la parte de arriba sacando la camisa con un curioso estampado que ponía "quesadilla" en ella. Respiro profundo antes de proseguir, intentado calmar sus nervios, tomo el elástico del chándal del contrario y lo bajo hasta las rodillas, dejando que se deslizara después de llegar ahí. Lo mismo hizo con el calzoncillo, miro a los ojos del otro observando un brillo especial, viéndose reflejado en ellos.
Bajo la mirada, delineado cada curva, cada línea recta, cada peca. Noto por primera vez que el color tostado de la piel de su amigo no era debido al sol, era su color original, un bello dorado trigueño que empezaba a ser su debilidad, ahora pintado de rojo en los hombros, cuello y cara. Observo la obvia erección del menor, el pene de Yamaguchi no era grande, tampoco pequeño…pero era bonito, anoto.
- La botella – hablo de nuevo el pecoso, el rubio busco con la mirada el objeto y lo tomo entre sus manos – Pon un poco en tus dedos – el blondo obedeció sintiendo la textura viscosa y la sensación fría.
- ¿Lo caliento? –cuestiono, mirando curioso al menor, este solo asintió con un movimiento de cabeza. El más alto comenzó a frotar sus dedos para entibiar la sustancia.
- Va a ser sencillo – comento el castaño – Meterlos – comento ante la mirada confundida del otro – Ayer yo…después de ese beso, solo no pude evitarlo.
El bloqueador trago la saliva que se acumulaba en su boca. La espera ya estaba siendo tortuosa, así que sin poder esperar más se acercó al otro. El moreno recargo sus hombro contra la loza del baño, siseando ante la sensación de frio contra su piel febril, abrió las piernas, dejando que la mano contraria se colara entre sus muslos. Se estremeció solo con la sensación de la mano ajena pasar cerca de su excitación, un jadeo salió de su boca el sentir los dedos húmedos de lubricante presionar su entrada.
- Oh dios…yo – murmuro – Primero, acaricia, alrededor para humedecer – pronuncio rápido, maldijo por lo bajo a su mejor amigo por ser tan obediente, un escalofrió lo recorrio al sentir lo dedos acariciar el exterior de su esfínter.
- Se siente abultado – comento el mayor, el moreno sonrió tímido.
- No mentía solo para calentarte Tsukki, en verdad jugué conmigo anoche – murmuro intentando ser provocativo, logrando un estremecimiento en el otro. Tsukishima apremio sus acciones e inserto un dedo– Ahh…d…oh bueno, yo, creo que podrías poner dos más –sonrió mientras el rojo de su cara subía de tonalidad – Sigo un poco dilatado.
El rubio se sorprendió por el repentino cambio de actitud del moreno, bueno, no totalmente. La gente continuamente pensaba que Yamaguchi solo era su patiño, pero era su par, podía ser tan travieso y mordaz como él mismo…y esa era una de las cualidades que más apreciaba del castaño. Atento a las peticiones de su adorado amigo inserto los dedos recomendados, escuchando un suave murmullo abandonar la boca ajena, y resintió un poco su brazo cuando el pecoso se empujó hacia abajo.
Volvió a buscar la dulce boca del sacador de apuros, mientras con sus dedos acariciaba el interior de este. Quizá no era un letrado en el tema, pero se encargó de investigar de qué iba todo esto, sabía que debía buscar exactamente. Supo que lo hacía bien al percibir los gemidos del otro morir en su boca, y sentir sus manos buscar apoyo, y confirmo que había llegado al oír un jadeo retumbar por las paredes del baño.
- ¿Es ahí? – pregunto sin querer mover sus dedos del sitio, recibió una afirmación en forma de cabeceo. Al ver que su trabajo daba frutos, continuo presionando y acariciando la zona, sacando gemidos y suspiros del más bajo.
- Tus manos son de las cosas que más me gustan de ti – comento entre jadeos – Siempre quise que me acariciaras y jugaras conmigo así – el miembro del rubio salto con interés al escuchar tal declaración.
- ¿Cuánto es siempre? – cuestiono jadeante, repartiendo besos por los hombros y cuello del trigueño.
- Uh, como desde los once – rio – Soy un poco precoz – afirmo avergonzado.
- Ya lo veo -murmuro contra la piel ajena - Eres bastante travieso ¿No, Yamaguchi? Nunca espere esto de ti – soltó con su típico tono de burla – Pero no negare que me gusta – pudo sentir claramente el estremecimiento que su última declaración provoco en el más joven y con ese incentivo continuo su trabajo, torturando sin descanso la ya trabajada próstata.
El pecoso se deshacía en quejidos y jadeos, los temblores invadían su cuerpo y sus piernas se negaban a sostenerlo. Enredo sus brazos en el cuerpo del más alto y lo atrajo hacia él, intentado conseguir apoyo para no caer al piso, consiguiendo que su erección rozara contra el brazo del más alto, mojándolo con el presemen que lloraba su erección. La mano libre del rubio se sostenía de la pared, intentando mantenerlos a ambos de pie, y acelerando los movimientos de la contraria.
- ¡Oh Tsukki! Tus dedos son perfectos, tan largo, tan gruesos – el menor jadeo y restregó su cara contra el hombro del más alto – Y lo haces tan bien, sabes dónde tocarme y como me gusta, es mejor de lo que siempre imagine.
- ¡Joder Yamaguchi, tu voz! Cállate un instante – suplico. En respuesta solo obtuvo una risita jadeante y una serie de besos a lo largo de la mandíbula.
- ¿Te molesta, Tsukki? – murmuro contra la piel blanca del más alto. El aludido se estremeció ante el roce del aliento ajeno sobre él.
—No, todo lo contrario— Yamaguchi sonrió en reconocimiento, sonrisa que fue sustituida por una mueca de placer.
Termino por rendirse a la sensación de éxtasis proporcionada por los dedos del más alto. Los ojos apretados y las palabras dejaron de fluir porque sentía el cerebro fundido, vio estrellas tras sus parpados cuando Tsukki apretó con su pulgar el perineo, estimulando su próstata por los dos lados. No se contuvo de gemir aunque paro la charla y solo se dedicó a dedicarle vocales placerosas al más alto.
Por su parte el blondo se centró solo en brindar placer, y realmente nunca se imaginó que darlo sería tan gratificante…tan satisfactorio sin tener siquiera un estímulo directo. Tan solo los deliciosos sonidos que venían de la boca de su amigo, el aliento cálido y la saliva chorreante que humedecía su hombro y hacían enchinar su piel, incluso el peso sobre su brazo resultaban placentero. Un chillido escapo de la garganta del castaño, haciéndolo respingar, vio los ojos oscuros casi volverse blancos y sintió el abrazo a sus hombros apretarse más.
— Y…yo…¡Tsukki! — volvió a chillar el menor.
Tsukishima entendió y acelero el ritmo, masacrando el pequeño bulto lleno de nervios. Los jadeos del moreno se volvieron pesados, susurros inteligibles brotando sin cesar de los labios magullados.
— Vamos, adelante Tadashi, puedes hacerlo — Y solo eso basto.
Si pudieran preguntarle a Yamaguchi cómo fue, él diría que solo vio colores, como cuando te tallas los ojos muy fuerte, además de la sensación de caer para luego flotar. Sintió sus piernas fallar y se dejó caer, el rubio atino a sostenerlo de un brazo, salvándolo de un feo golpe. Siseo al sentir su piel caliente contra los azulejos, y se limitó a cerrar sus ojos intentando recuperar el aire.
En cuanto a Tsukishima, bueno él puede decir que observar ahora mismo a Tadashi es como ver arte. Con la piel de cara y hombros enrojecidos por el reciente orgasmo, labios húmedos, el cabello despeinado y pegado a la cara por el sudor. El pecho se mueve acelerado y casi dolorosamente en busca de aire, sus ojos dorados bajaron delineando el suave vientre manchado levemente por semen, para luego posarse en las piernas abiertas, los muslos internos húmedos gracias al lubricante. Su mano también está llena del líquido pegajoso y su antebrazo manchado con la venida del castaño. De pronto se hizo muy consciente de lo apretados que estaban sus pantalones y el calor que hacía que ardiera su cara.
Se sintió observado y devolvió su vista a la cara del menor, los ojos avellanados del castaño lo miraban insistentemente. Yamaguchi inhalo profundo y luego sonrió, su cerebro actuó rápido esta vez y le sonrió de vuelta. El moreno suspiro satisfecho y se derritió más contra la pared, solo para redirigir una mirada de ojos somnolientos al más alto.
— Y entonces ¿Te gusta esta perspectiva, Tsukki? —
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¡Halo chicos! Ha pasado tiempo…bastante para ser sinceros, me siento tan avergonzada, pero el último semestres del 2018 no fue lindo conmigo. Pero aquí estoy.
Este sería el capítulo final de este short fic, lo siguiente que publicare será un tipo epilogo con el punto de vista de Yamaguchi y un "qué paso después", no tardare tanto con ese porque ya tengo una parte escrita y la otra es smut, lo que se me facilita demasiado XD así que si, nos estamos leyendo.
Ciao.
