Hey mis queridos amantes del Helsa. Loba ha vuelto ¿Cual es la música y la idea de hoy? :D
¿Les saqué lagrimas con el anterior OS? Vaya, realmente no era mi propósito hacerlo. No pensé que iba a tocar los corazones de los que me leen xD
Disclaimer: No me pertenecen los personajes de Frozen. Solo los tomo prestados para liberar locas ideas. Tampoco las canciones nombradas a continuación.
Esta vez les traigo un OS del género Sobrenatural y un poquito de acción (tambien una mención de gore, pero mínima) También es un poquito más extenso que los anteriores. Este one-shot va dedicado para la grandiosa Anielha. ¡Ay chica! Esto va dedicado especialemente para ti. Espero que sea de tu agrado loquilla. Adoro tus historias así que tomé pequeñas referencias de tus fics "El cortejo del lobo" "El cuento del lobo blanco" y el prompt que le diste a A Frozen Fan "Cazador y lobezna" (¡Super recomendados fics!) Obviamente le cambié un poquito la trama y tal vez te sorprenda los cambiecitos que le hice :)
Para este OS me base en dos canciones dichas a continuación. La primera fue la que sacó la idea de mi cabeza. Dudo que alguien la conozca. Es una melodía instrumental muy hermosa que te transporta a ese mundo mágico del bosque. (La escuché hace días en Youtube, ahí les recomiendo buscarla) La otra solo fue por la personalidad de Elsa y para poner una canción más conocida xD
Canción: Guardians of the Woods; Roar
Cantante o banda: BrunuhVille; Katy Perry
Bueno sin más demora aquí esta el tercer OS :D
Cazador cazado
El rumor fue lentamente esparciéndose por todo el globo terráqueo. Muchos temían buscar a la criatura fantasmagórica o aventurarse a entrar a los bosques nevados de Siberia. Los cazadores que se habían arriesgado a cazar a la bestia nunca regresaban con vida. Nadie que haya visto directamente a los ojos al monstruo ha salido con vida. Por eso la criatura se convirtió en una leyenda.
Esta noticia llegó a oídos del famoso cazador noruego Hans Westergaard. Él no le temía a las leyendas nativas o a ninguna supuesta bestia. Él se había enfrentado a lobos, osos incluso una manada de leones devoradores de hombres, y había salido ileso de esas batallas. Era considerado como el mejor cazador de criaturas exóticas en el mundo por su valentía, destreza con el arma y su excelente puntería. No había ninguna criatura que podía escapar de sus balas.
Decidido, viajó a Rusia a buscar a la criatura misteriosa. En su país natal le ofrecieron medio millón de dólares por traerles la cabeza y la piel de ella. Él, ni corto ni perezoso, aceptó la oferta garantizando su captura. Convocó a un grupo de los 4 mejores cazadores en todo el mundo para que lo acompañaran en su travesía sin retorno a las inexploradas y congeladas planicies asiáticas.
Al llegar los recibieron entre aplausos y alabanzas. El pelirrojo con su actitud altanera explicó a sus simpatizantes su plan para cazarla. Le brindaron todo tipo de armas como escopetas, rifles, rifles de asalto, etc. Solo por seguridad de los mismos. Sin embargo, Hans negó las armas, tenía confianza en su viejo rifle que obtuvo como herencia de su padre cazador cuando era más joven.
Llegaron al hotel donde se iban a instalar y dejaron todo su equipaje y prepararon municiones para emprenderse a su viaje de caza por las taigas de Siberia.
Fueron en su automóvil Jeep evitando todos los obstáculos y los cúmulos de nieve. Hans miraba el congelado paisaje mientras pensaba en la misteriosa bestia. Pensó en los rumores que decían que no lograba identificarse entre la nieve, era como un fantasma.
El chofer los llevó hasta un pueblo de unos indígenas siberianos que conocían por donde vivía la bestia y tenían advertencias para ellos. Los pueblerinos estaban asustados al ver a los corpulentos hombres con armas en las manos. –Saludos, mis queridos amigos. Venimos en paz. Solo queremos hablar con el jefe de este lugar –exclamó Hans levantando sus manos y dando una sonrisa fingida para calmarlos. El jefe de la tribu salió de su casa ceremonial en donde adoraba a sus dioses, con un rostro molesto y comenzó a hablar en un idioma muy antiguo que ninguno de los cazadores logró entender.
Por suerte el chofer era también un nativo y supo traducir. – ¿Qué es lo que ustedes intrusos hacen por estas tierras? –tradujo el chofer a Hans.
−Buscamos a la criatura fantasmal que vive por estas planicies –dijo el pelirrojo decidido mirando a su chofer para que le dijera.
−Dice que solo encontraran decepción y muerte si deciden enfrentar la furia de la bestia blanca –respondió su ayudante con el tono de voz preocupado. –No se deben enfrentar a la furia de Kalti Mantitra. La naturaleza puede llegar a ser cruda e incompasiva.
−¿Kalti Mantique? ¿Qué significa eso? –preguntó extrañado el pelirrojo.
−Significa "Bestia blanca" en su idioma ancestral, mi señor –respondió uno de sus compinches rusos muy decidido en sus palabras. –Ahora que este chamán nos narra esta historia, creo que no sería muy prudente ir a buscar a esa criatura.
−Tonterías, ese animal cuesta medio millón de dólares y ustedes piensan hacerse para atrás luego de haber llegado hasta aquí. ¿Es en serio? No sean cobardes camaradas, solo es un animal. Nosotros somos la especie dominante en el planeta ¿no? Podemos contra esa criatura. Será como matar a un oso polar o a un león de Sudáfrica, sencillo. No se angustien –explicó Hans con mucha naturalidad y confianza en su rostro.
El anciano sabio inmediatamente entonó un encantamiento llamando la atención de los cazadores. De entre sus ropas sacó unos polvos y los lanzó al piso. Se comenzaron a formar nubes de color pálido que representaba a la criatura que buscaban. –He aquí a la bestia blanca. La guardiana de los bosques –habló en perfecto español, sorprendiendo a todos. –Puede que no escuchen mi advertencia, pero a esta criatura no le gusta que interrumpan en su hábitat. Derramará sangre si dañan su hogar. Cada vez que el bosque corre peligro, aparece –la niebla formó la cara de un felino mostrando sus colmillos. Veía fijamente a Hans con sus ojos de zafiro mientras el humo comenzaba a desvanecerse.
Los acompañantes mostraron cierto temor hacia la criatura. No sabían que representaba tanto peligro. –No sean cobardes, señores. Solo es un tigre que le atribuyen poderes mágicos. No es nada. Será pan comido –dirigió su mirada al anciano. –Muchas gracias por la explicación de museo señor. Le agradezco de todo corazón por su ayuda. Ahora será más fácil encontrar a la bestia para matarla –sonrió perversamente.
−Quedan advertidos, cuídense de sus garras de hielo y suerte. La necesitarán…–el hombre giró y salió de lugar, entrando de nuevo a su charla con los dioses.
Hans rió y dirigió su mirada pícara a sus compinches. –Que viejo más loco. Cree que un tigre con supuestos poderes místicos no hará correr. ¿Ciertos muchachos? –gritó el cazador alzando su rifle como un digno libre.
−¡Si mi señor! –gritaron todos al unísono mientras levantaban sus respectivas armas que centellearon al entrar en contacto con la luz de la mañana.
Dicho esto Hans sonrió maquiavélicamente y se internó entre la espesura del bosque. Los árboles de más de cinco metros de altura rodeaban la zona, perfecta para depredadores de emboscada.
La brisa helada golpeaba los rostros de los cazadores que respiraron con dificultad mientras caminaban por la espesa nieve que enterraba sus pies. Hans iba a la cabeza del grupo con el rifle sobre el hombro preparado para matar a cualquier cosa que se moviera entre la nieve.
Caminaron por horas entre el bosque sin encontrar rastro de ningún animal cerca. Hans gruñó furioso por su falla. Insultó a sus compañeros y maldijo por lo bajo. Inmediatamente una idea fugaz corrió por su cabeza. Recordó las palabras del anciano chamán, "La bestia cada vez que el bosque corre peligro, aparece". -¡Eso es! –exclamó. Sacó un cerillo de entre sus municiones y lo prendió restregándolo contra la madera de un pino. Al prenderse la flama, el pelirrojo tiró el cerillo ante unos árboles. En cuestión de minutos comenzaron a arder en llamas. Los ayudantes avivaban el fuego mientras el líder observaba el paraje con aire triunfador.
Huyeron del fuego hasta la base de una montaña rocosa y vieron como lentamente una gran nube de humo negro interrumpía con el despejado cielo azul de la mañana y cubría con su manto la luz del sol, dejando el día oscuro y sombrío.
De repente, un rugido ensordecedor hizo quedar en silencio el bosque. El cazador más asustado durante todo el viaje, se escondió por detrás del pelirrojo mientras temblaba de miedo. –Mi señor, esa criatura no parece normal. Deberíamos marcharnos de sus tierras –sugirió el asustadizo.
−Tonterías Kyle, no nos marcharemos de aquí. Nada hará que yo no cace a esa bestia –respondió el líder clavando su mirada esmeralda furiosa al pobre.
−Lamento eso. No se volverá a repetir –concluyó.
Hans resopló indignado mientras giraba sus ojos en desaprobación. –De todos los cazadores, me tocó estar con cuatro cobardes. No puedo creer que estos sean los mejores del mundo –farfulló por lo bajo.
Inmediatamente un estrepitoso ruido se logró escuchar desde la cima de la montaña. Todos voltearon y vieron como un enorme manto de nieve blanca rodaba desde la cumbre hasta su actual posición. La nieve los aplastó. Solo quedaron Hans y el cazador ruso llamado Trevor. Trevor miró a Hans con angustia al desenterrar por totalidad los cuerpos de sus dos compañeros que yacían inertes sobre la blanca nieve.
Hans miraba con neutralidad la desgarradora escena mientras su compañero hacía unos rezos por sus acompañantes que perdieron la vida en esta travesía que apenas comenzaba. Volteó el rostro y divisó unas huellas frescas en la nieve. Y no era cualquier huella, era la de un felino grande.
−Vamos Trevor, déjalos. Tenemos que continuar nuestra búsqueda. La bestia está cerca –exclamó Hans.
−Hans. Dos de nuestros compañeros han muerto y esa bestia está rondando por los alrededores. Creo que lo mejor será que abandonemos la misión –replicó el rubio mientras agarraba su comunicador y se ponía al tanto con sus compañeros en la base a unos kilómetros de allí.
El pelirrojo entró en furia y le arrebató el aparato al ruso. –Escúchame idiota, he esperado mucho para este momento. Quiero la recompensa. No, quiero la fama –gritó el cazador con sus ojos verdes irradiantes de locura. Tomó un cuchillo de su bolsillo y lo colocó en la garganta de Trevor. –Iremos a cazarla. Cueste lo que cueste.
El ruso zarandeó a Hans obligándolo a que este lo suelte. Se acomodó el cuello de la camisa mientras miraba a su líder con repugnancia. –Siempre lo consideré como un grandioso cazador y persona, capitán Hans. Lamentablemente ahora me doy cuenta que usted no es más que un pobre enfermo con la ambición del poder y el dinero. No deseo continuar con esta caza. Me retiro de aquí –dijo el rubio con tranquilidad mientras se retiraba del lugar.
Hans no lo soportó más y golpeó el rostro de su compañero con sus nudillos. El ruso le devolvió una patada en las costillas y un izquierdazo en el abdomen. Era obvio, Hans no era muy bueno con los puños y si continuaban así Trevor, con su contextura gruesa y fornida, lo pulverizaría en un dos por tres.
Sacó su navaja y la clavó en la pierna de su contrincante. El ruso cayó a la nieve mientras se retorcía de dolor y desencajaba el arma de su carne. Sangre comenzó a teñir el pulcro manto blanco de su color carmesí.
El olor a sangre llamó la atención de un depredador que se hallaba rondando por la zona. Un oso pardo de Kamchatka emergió de los árboles en medio de un gruñido aventando a ambos hombres contra unas rocas congeladas.
El úrsido se lanzó en contra de Hans. Colocó su pata en su pecho mientras acercaba sus dientes a su rostro. Insertó sus potentes garras en su costando tiñendo la nieve de rojo vivo. El pelirrojo cogió la navaja que minutos antes usó para herir a su compañero para rasguñar el ojo izquierdo de oso. El animal gruñó de dolor mientras se cubría su herida con su pata, dejando libre al cazador. Hans aprovechó y corrió de las garras del animal hacia lo seguro.
El oso buscó una presa más fácil y atacó al pobre Trevor. El hombre gritaba implorando por ayuda mientras el oso desgarraba su carne estando él aún con vida. Hans tomó su rifle, apuntó directamente al corazón del oso. El silbido de la bala retumbó en sus oídos y no le dio ni tiempo para que el animal pudiera escapar. Cayó al suelo congelado con un ruido seco, dejando de existir.
El pelirrojo se acercó a su agonizante compañero que respiraba con dificultad. El ruso lo miró con enojo y desgano antes de dar su último suspiro y morir entre la nieve. Hans cerró los ojos en señal de respeto. Tomó las armas que le quedaban y se alejó de allí para continuar con su búsqueda del tigre blanco, solo…
Un chucheo desde las ramas altas de un ciprés. Levantó su arma y colocó su ojo en la mira. Era solo un búho blanco de enormes ojos amarillentos. El ave rapaz al parecer había notado la presencia del cazador y había emitido una especie de alarma o tal vez solo quería advertirle al cazador sobre un depredador que se encontraba cerca. El búho lo miró directamente a los ojos haciendo que un escalofrío corriera por la espina dorsal del pelirrojo. Un gruñido profundo lo distrajo del ave que enseguida batió sus enormes alas blancas para alzarse en vuelo hacia el cielo azul.
Hans se ocultó entre el verde follaje y colocó su vista en la mira del arma y su dedo índice en el gatillo. Observó detenidamente a la criatura que se escondía tras unas rocas y la nieve blanca camuflándose. Un ciervo muerto reposaba entre la nieve con símbolos de haber sido cazado hace poco tiempo. El animal gruñía y resoplaba al comer de su carne. Ahora que estaba distraído, Hans tenía una pequeña oportunidad.
Dirigió su blanco hacia una de sus patas rayadas y disparó. El tigre rugió con todas sus fuerzas y emergió de su escondite. Por fin el pelirrojo logró ver a la magnífica bestia que causaba tanto terror alrededor del mundo. Un felino de brillante pelo blanco como la nieve, recubierto de rayas grises oscuro de la cabeza a los pies. Sus cautivantes ojos azules como el hielo contrarrestaban con su fantasmal apariencia. Gruñía mostrando sus largos y amenazadores colmillos mientras bajaba las orejas y bufaba furioso. Abatido comenzó a huir del lugar para salvar su vida.
Hans apuntó con su rifle a la cabeza del animal y colocó su dedo en el gatillo. Solo tenía un tiro y no tenía por qué fallar.
De repente, esquivó un objeto que le fue disparado desde los árboles. Un cuchillo cruzó con la velocidad de un rayo e interceptó a la nieve. Si el pelirrojo no se hubiera movido, le hubiera impactado directamente en el corazón. Miró hacia arriba y divisó una silueta humana que yacía en las ramas bajas. Era una mujer.
La desconocida vestía un conjunto de dos piezas hechos únicamente con pieles de venado y jabalí. Tenía pintadas líneas geométricas color negro, asemejando al patrón de rayas de un tigre. Por encima de sus hombros llevaba una capa de una hermosa piel de tigre blanco que caía por su espalda hasta su cintura. Se tapaba el rostro con una cabeza disecada del mismo animal solo dejando ver sus rojos labios y unos ojos cerúleos furiosos. Andaba descalza en este crudo clima.
La joven bajó del árbol como un felino mientras se acercaba a mí gruñendo y arrastrándose como un tigre. No quitaba sus ojos azules de los verdes del joven. Caminó con gracia felina hasta su adversario mientras gruñía y respolaba.
Hans apuntó con su rifle a la joven pero fue interrumpido por una patada que lanzó el arma unos metros lejos de él. Él trató de recogerlo pero la joven lo atacó con un trío de cuchillas atadas a sus manos a forma de garras como si indicara que se alejara del arma. Hans sacó su cuchillo de su bolsillo e interceptó a la tigresa sin miedo. La joven al reconocer la agresión atacó al joven lanzándolo contra la nieve usando su peso y su fuerza sobrehumana. Hans miró los desafiantes ojos de tigre de la joven que yacía sobre él. Un gruñido amenazante solio de su boca y dejó a la intemperie sus filosos colmillos.
Esperó la mordida en su cuello por parte de la joven. Sintió su helado aliento en su cuello dejándole con el pulso sobre los cielos. Sin embargo se sorprendió al sentir la caricia de su mano sobre su mejilla.
La mano con cuchillas cruzó su mentón y causó una leve herida en su mejilla pecosa. Una ligera gota de sangre rodó por la herida que fue atrapada por el dedo de la tigresa. La joven miró el líquido y se lo llevó directamente a la boca. La tigresa lamió su dedo mientras lo miraba con deseo y peligro a la vez. Miró fijamente a la chica. Sus ojos centellearon con un brillo sobrenatural. Lentamente Hans fue perdiendo el conocimiento hasta quedar inconsciente.
La joven tigresa gruñó hacia los arbustos como si llamara a alguien. Enseguida la cabeza del tigre blanco que el cazador había atacado emergió del follaje. Frotó su enorme cabeza contra las delicadas manos de la humana mientras emitía un leve ruido de cariño. –Sarahí, necesito tu ayuda. Quiero llevar a este extraño ser a nuestra cueva –exclamó la joven al felino.
El animal gruñó en desaprobación. –No permitiré que un humano manche la pureza del bosque con sus costumbres bélicas. Viste lo que me quiso hacer –gruñó comunicándose con la joven por medio de pensamientos. Enseñó la herida de su pata sangrante y se encogió de dolor.
−Está herido. No podemos dejarlo morir aquí –exclamó la joven mientras le mostraba a la tigresa las heridas en sus costados provocadas por las garras del oso.
Sarahí bufó en desaprobación y gruñó pese a las insistencias de la joven. –Está bien Elsa, puedes llevarlo a la cueva. Pero apenas se cure de sus heridas lo dejarás ir. Serás responsable de él.
Elsa sonrió y abrazó a la tigresa que comenzó a gemir de felicidad. –Gracias madre. No te preocupes así será.
La joven subió al lomo del tigre a Hans y lo sostuvo para que no cayera. Caminaron un pequeño trecho hasta su cueva oculta entre los arbustos para evitar intrusos. Al llegar Elsa depositó al herido sobre una pila de pieles y lo cubrió del frío con más de ellas. Acto seguido comenzó a preparar un brebaje a base de flores y bayas silvestres para que se mejore. Al terminarlo, tomó el brebaje en su boca y lo depositó en sus labios mediante un beso. Elsa se irguió poniendo a Hans en posición sentada para que así el líquido pasara con más facilidad por su garganta.
El pelirrojo sintió un cosquilleo en la boca. Sentía como algo lo dominaba por completo y un líquido dulce pasaba por su esófago. Sentía algo húmedo y placentero en sus labios. Abrió los ojos de golpes y encontró a la tigresa insertando sus labios con fiereza entre los suyos. Hans se separó de ella con un grito. Ella sonrió pícaramente mientras se relamía los restos del brebaje de los labios.
El cazador sintió su labio inferior arder. Tocó la comisura de sus labios y sintió el líquido caliente que bajaba por sus dedos. Miró su mano cubierta de sangre. La tigresa rió perversamente mientras se relamía su colmillo izquierdo cubierto de sangre. Hans se sorprendió ante la actitud juguetona y misteriosa de la joven con máscara de tigre. -¿Q-quién eres? Y ¿Por qué me mordiste? –preguntó con incredulidad mientras se limpiaba la herida de sus labios.
La joven no respondió. Sus orbes estaban perdidas en las suyas. Hans trató de ponerse de pie pero le fue imposible. Sus pies y manos estaban amarrados con una soga fuertemente. -¡Oye! ¡¿Por qué me ataste?! ¡Déjame ir! –gritó el pelirrojo aterrado.
Un gruñido amenazador salió de la boca de la tigresa. Sus pupilas se afinaron mostrando los ojos de un felino, los mismos que había visto cuando la encontró. Dejó de pelear con la soga y resopló derrotado. -¿Qué quieres de mí? –no hubo respuesta como siempre.
La joven se alejó del cazador atado y se quitó la piel de sus hombros dejándola caer sobre el piso de la cueva. Solo poseía la cabeza disecada del tigre cubriéndole el rostro. Se acercó ante el temeroso joven y comenzó a ronronearle al oído como una gatita. Hans quedó petrificado ante la actitud de la extraña. -¿Quién rayos eres? ¡Te exijo que me digas! –gritó el pelirrojo molesto empujando a Elsa. La tigresa gruñó por lo bajo mientras se incorporaba como un felino dando gráciles pasos hacia el cazador. Inmediatamente sacó su mano con cuchillas y las paso por su cuello, amenazando su vida. Sus dientes blancos y filosos asomaban mientras el brillo de sus ojos azules traspasó la máscara de tigre. Sus pupilas se contrajeron dándoles un rasgo felino. Agarró por el mentón al joven y lo acercó bruscamente ante ella. Jugueteó con sus rojos cabellos mientras lucía sus garras en su rostro. Se acercó lentamente a su oído y le susurró con su melodiosa voz. –Tu peor pesadilla –ronroneó dejando paralizado al pelirrojo.
Hans se estremeció al escuchar sus palabras. -¿Cómo te llamas? –preguntó sin esperar respuesta.
La joven ladeó la cabeza mientras gruñía. –Muchos me llaman el terror del bosque, guardián del hielo o mayormente como bestia blanca. Tu puedes llamarme Elsa –sonrió la joven pícaramente.
El cazador se sonrojó ante la manera de hablar de Elsa. –Tu… ¿Eres la bestia blanca? –preguntó carraspeando y aclarando su voz.
−Muchos lo creen. Sin embargo no lo soy. Ella es mi madre –exclamó.
−¿Tu madre?
Dicho esto una ráfaga de viento congelado entro por la boca de la cueva. Un gruñido alertó al cazador y se sorprendió al ver al enorme tigre blanco cubierto de sangre y un conejo muerto entre sus fauces. El animal tiró a su presa a los pies de Elsa mientras miraba al intruso con furia. Rugió y corrió a atacarlo. Elsa se interpuso a su camino blandiendo sus cuchillas y mostrando sus pequeños colmillos. Su rostro a través de la máscara parecía más el de un felino que el de un humano. La bestia gruñó al ver la actitud de la joven y bajó las orejas antes de retirarse a recostarse sobre una roca a la entrada de la cueva.
Elsa suspiró y observó de nuevo al joven. –Lamento eso. A Sarahí no le gustan mucho los invitados.
−Creo que esa parte me quedó muy clara –replicó Hans mientras se recuperaba del susto.
Elsa rió y agarró el conejo del piso. Se sentó en una roca y colocó la carne sobre su regazo. Desgarró una pata y comenzó a cortar la carne con ayuda de sus colmillos. Hans observaba asombrado a la joven comiendo como una fiera hambrienta. Elsa dejó a un lado su trozo de carne mientras arrancaba otro pedazo con sus uñas y se lo ofrecía al cazador. –Has de estar hambriento cazador.
−No como carne cruda. Gracias de todas maneras –dijo haciendo que Elsa pusiera una cara molesta.
-Está bien, pero si tienes hambre me avisas –exclamó sonriendo mientras se retiraba dejando el trozo de carne cerca de él.
−Espera, no te vayas –gritó Hans habiéndola detener y regresar a su lado.
−¿Ahora qué quieres? –preguntó molesta.
−¿Por qué curaste mis heridas? –preguntó observando sus costados vendados. –Luego de que yo causara daño a tu madre.
−¿Tu hubieras hecho lo mismo no? –sonrió la chica tímidamente haciendo que el chico bajara la cabeza avergonzado. -¿Dije algo malo? –preguntó al ver su reacción.
−No, yo solo quería saber… -explicó el joven alzando su rostro para encontrarse con sus felinos ojos. −¿Quién es la persona que se esconde tras esa máscara de tigre?
Elsa abrió los ojos en sorpresa. Nunca había revelado su verdadero rostro y no lo haría frente a este cazador desconocido. -¿Quieres que te revele mi identidad sin que tú me hayas dicho tu nombre cazador? –replicó Elsa molesta.
−Lo lamento Elsa, mi nombre es Hans.
Elsa miró con desconfianza al joven que le sonreía amistoso con una pizca de amargura en esa curva de sus labios. –Aun no me generas confianza.
−No tienes que ser tan amarga Elsa. Por favor desátame y permíteme quitarte esa máscara –exclamó Hans acercando sus muñecas atadas al rostro de la joven, dándole un rostro de súplica.
La joven tigre observó con recelo al cazador. No confiaba en él. Luego de meditarlo por unos momentos, cortó la cuerda con sus filosas garras y se acercó cautelosamente al joven. Hans acercó lentamente su mano temblorosa a la máscara y suspiró para ganar aliento y no cometer ninguna imprudencia. Elsa rugió algo enojada al sentir el suave tacto de sus dedos sobre el pelaje de la máscara. Hans se detuvo y suspiro. –Confía en mí Elsa. No le diré a nadie.
La joven se acercó temerosa y permitió revelar su identidad. Hans se sorprendió al ver la verdadera naturaleza de Elsa. Bajo esa máscara de fiera y su actitud amenazante yacía una joven blanca como la nieve de cabellos rubios platinados con bellos ojos cerúleos. Bajo sus ojos dos rayas negras estaban pintadas y una enorme cicatriz cruzada desde su ojo izquierdo hasta la mitad de su mejilla, producto de alguna pelea que ella tuvo en el pasado contra un lince boreal.
El cazador quedó asombrado ante su belleza felina y sentía ese deseo de volver a probar sus rojos labios que escondían ese par de colmillos de tigre. Quería dominar a la bestia blanca, tomarla, besarla, acorralarla.
Hans se acercó peligroso a los labios de Elsa y se detuvo a contemplar su belleza. Elsa reaccionó y sorprendió al pelirrojo robándose el beso primero. Hans lentamente lo fue intensificando, insertando su lengua entre sus colmillos y tocando el cielo de su paladar. Elsa gemía y ronroneaba mientras enterraba sus uñas en el cabello de su cazador. Estaba sacando su lado más salvaje.
El cazador recostó a su tigresa sobre las pieles mientras se embriagaba del olor a pinos y flores silvestres de su cabello. Lentamente su mano fue bajando hasta su intimidad. La tigresa rugió al sentir su tacto sobre su punto débil y rasguñó el rostro del cazador con sus garras.
Hans se alejó de ella asustado. Elsa gruñía y resoplaba furiosa. La bestia encerrada se fue calmando poco a poco hasta volver a su actitud natural. La rubia trató de acercarse pero el cazador la rechazó. La tigresa se resignó y salió de la cueva sollozando.
La noche fue avanzando y el clima cada vez se volvió más crudo. Hans podía ver su aliento congelado entre la penumbra de la cueva. Su cuerpo se congelaba poco a poco y las pieles no le daban calor suficiente. Elsa yacía dormida junto a su madre tigresa cubriéndose del frío.
La joven se despertó al oír un castañear de dientes. Miró a su alrededor y vió el cazador tratando de dormir en el frío invernal. Se compadeció de él y se acercó con su piel de tigre. La colocó sobre sus hombros y Hans suspiró aliviado. Entreabrió los ojos y vió a la tigresa alejándose. –Aún tengo frío –exclamó escondiendo una sonrisa y haciéndose el dormido.
Elsa volteó y se acostó a su lado. Apoyó su cabeza contra su pecho buscando su calor corporal y se quedó dormida escuchando los retumbantes latidos de su corazón. Mientras tanto, Hans pasaba su brazo por la cintura de su tigresa mientras olisqueaba el olor a bosque de su cabello.
−Como pude haber pensado matarte mi querida tigresa. Nunca me había fijado en las maravillas que escondía la naturaleza. Dejaré la caza –suspiró mientras acariciaba su cabello de textura suave como pelaje felino. –Lo haré por ti, mi tigresa.
En medio de la noche nevada, un cazador y su presa dormían plácidamente.
Al día siguiente Hans despertó en otro lugar. Ya no estaban en la cueva. Elsa ya no estaba a su lado. Estaba recostado sobre la fría nieve mientras oía algunas voces que lo llamaban. Se quitó la nieve de encima y vió a sus compañeros preocupados con un grupo de médicos. Lo subieron a una camilla y comenzaron a trasladarlo hacia un auto gris.
Hans giró el rostro de vuelta al bosque. Con la poca vista que le quedaba, divisó una silueta femenina que lo observaba desde lo lejos. Por detrás de ella había un tigre blanco. Sus cabellos rubios aperlados ondeaban salvajemente con el viento congelado. Al ver a Hans, sonrió y subió al lomo de su tigre antes de alejarse entre la infinidad de la nieve.
Hans esbozó una ligera sonrisa. Su instinto le decía que pronto volvería a ver a su misterioso espíritu del bosque…
Y ¿Que tal les pareció? Saben que un review podría alegrarme mucho e inspirarme para seguir escribiendo. Por favor no se olviden ;)
Jejeje gracias por las sugerencias, les juro que no me había fijado en esos detalles gracias por su apoyo :D
Espero que te guste Ani. Debo recalcar que recibí ayudita. *Mira a todas partes con una sonrisa pícara en sus labios* Un pajarito me dijo que te gustaban los tigres, buhos y lechuzas. ¡A mi también me encantan! No pude evitar ponerlos en este humilde OS. Gracias por deleitarnos con tus grandiosas historias y espero que continues con tus futuros proyectos con éxito :D
Bueno chicos. ¿Cual quieren que sea la próxima canción? Quisiera hacer algo Canon solo que no se me ocurre nada, ni siquiera una canción. ¿Una ayudita por aquí? Se los agradecería de corazón
Gracias por sus reviews y las ayuditas para mejorar. Espero que esta vez haya corregido mis errorcitos.
Recuerden que estoy abierta a sugerencias. Venga ¡No sean tímidos! Adoro que todos se manifiesten. (además mi cerebro se reseca fácilmente. Necesito ideitas plis *con ojos de cachorrito*)
Cuidense chicos y sueñen con el Helsa. Loba se despide por ahora.
Hasta la proxima ;D
