Habían pasado dos meses desde la última vez que había visto a Marinette, y estaba bien. Se sentía bien.
Luego de esa noche en la que habían hecho el amor, había pasado por semanas terribles en las que su cuerpo trataba desesperadamente de desintoxicarse de la chica; días en los que había estado aislado, intranquilo, fatigado, sin energía, comiendo más de lo necesario y con sueños demasiados reales, en los que casi podía sentir como acariciaba cada espacio del cuerpo ajeno.
Mas finalmente había conseguido superar su falta, la energía había vuelto a su cuerpo. La podía superar, ella se merecía ser feliz y para eso, él debía rehacer su vida.
Ese día, como nunca, Plagg estaba recostado en su regazo recibiendo mimos, mientras veían la quinta temporada de Bojack Horseman en Netflix. Nada podía amargarlo, ni que Diane y PeanutButter se divorciaran. Él se sentía tan feliz que incluso podría ver de nuevo la muerte de Sarah Lynn y no lloraría esta vez.
Estaba por ir a buscar una cerveza cuando su Smartphone vibró con el tono de notificación que Nino se había puesto para que, según él, supiera cuando le hablaba el amor de su vida. Debía ser algo importante porque él le había advertido que no quería recibir memes estúpidos mientras veía su serie favorita.
"Viejo, prepárate"
No entendía el mensaje de su amigo; era simple y no tenía información que le diera una pista sobre para qué debería prepararse. El timbre sonó. No quería salir, así que siguió tratando de descifrar el mensaje de Nino hasta que Plagg, hastiado, se levantó y comenzó golpear la puerta con su patita, ya que la persona que estaba al otro lado seguía tocando con insistencia.
No tuvo otra opción más que levantarse; se pudo haber molestado en poner una camiseta, pero estaba demasiado cómodo con sus pantalones de ejercicio que hacían que el elástico de sus boxers se resaltará. Al menos se había bañado luego de ir al gimnasio.
Abrió la puerta sin mirar por el ojo mágico para saber quién estaba del otro lado y pudo dar fe, que todo el tiempo que había llorado, bebido, e incluso drogado para olvidar a la chica, había sido en vano.
Marinette estaba parada justo frente a él con la vista clavada en el suelo. Extrañamente, le recordaba a esa torpe chica que botaba sus lápices en clases y que él le recogía, brindándole una amable sonrisa a pesar de que nunca habían hablado. Incluso traía esas lindas coletas que solía llevar en esos años.
─ ¿Qué haces aquí? ─Preguntó él, enredando sus dedos en su cabello algo largo con la desesperación corriendo por sus venas, trataba de entender la expresión que ella escondía. Había intentado de mantener plana su voz, pero la emoción incluso había provocado que no consiguiera controlar el volumen.
─ ¿Puedo entrar? ─ Susurró ella, mientras levantaba su rostro. Estaba seguro que había llorado, tenía los ojos hinchados y restos de lágrimas por sus mejillas, así que Adrien se hizo a un lado para dejarla ingresar; mordiendo la cara interna de su labio para no lanzarse a abrazarla, hacerle mimos hasta convencerla de que todo estaría bien. Una vez que estuvieron dentro y mientras ella caminaba hasta el sofá, se dirigió hasta la cocina para hacerle un té de algo que pudiera tranquilizarla. Lo preparó en total silencio, sin poder obviar los pequeños quejidos que Marinette continuaba haciendo.
─Bichito, ¿Qué pasó? ─ Adrien le tendió la taza a la chica mientras se sentaba a su lado, a quien le temblaban demasiado las manos como para sostenerlo, así que él la apoyó en una de sus rodillas, mientras que con su mano libre trataba de acariciar su espalda. ─ ¿Mi padre te despidió? Puedo hablar con él si eso pasó, no es nada del otro mundo.
─N-no es eso… ─ Susurró ella, mientras dejaba caer su cabeza en el hombro del rubio; estar cerca de él la hacía sentir tan bien, feliz y cómoda como no había estado en semanas.
─ ¿Peleaste con Alya? ─ Volvió a aventurarse pero la chica negó nuevamente, ya no le quedaban muchas opciones. ─ ¿Terminaste con Luka?
─Si… ─Reconoció Marinette, poniéndose algo tensa, antes de sujetar el té y llevarlo a sus labios. ─ Pero no fue culpa de é yo hubiera estado en una situación similar, también me habría alterado; no sé si tanto como él, pero lo hubiera hecho.
─ ¿Te hizo daño?─ Adrien sentía una voz en su cabeza diciéndole que no se preocupara, pero era inevitable aunque hubiera sufrido tanto para terminar de desintoxicarse de ella.
─Llego de la gira por América y descubrió que habíamos estado juntos…─ La chica dirigió su mirada a Plagg, quien se subió a sus piernas, acomodándose en su regazo, muy cerca de su abdomen. Suspiró muy audiblemente, antes de mirar al rubio que tenía su ceño fruncido en una clara expresión de disgusto.
Hace un poco más de un mes, Marinette comenzó a tener un sabor metálico en la boca, se sentía como si hubiera chupado una moneda pero podía vivir con eso incluso si la comida ya no sabía igual, así que no le prestó atención. Luego vino un cansancio extremo que atribuyo a su trabajo como consultora de diseños en Gabriel's, que se volvió preocupante cuando comenzó a ver borroso por la fiebre que tuvo por más de tres días, provocando que sus encías sangraran.
Habían sido semanas con una carga emocional muy intensa, extrañaba a Adrien pero realmente quería poder contenerse y no actuar como una niña pequeña. Definir que esa había sido la última vez que se iban juntos a la cama, que sólo había disfrutado del contacto de sus cuerpos.
Sin embargo, se sentía tan vulnerable; tenía miedo, sabía que todo había terminado mal y que tanto juego sólo los había confundido.
Fue un jueves cuando notó que algo andaba mal. Casi no había tenido fuerzas para levantarse esa mañana, además de que el olor de la pastelería de sus padres le había causado fuertes arcadas por empalagoso. No fue capaz de enfundarse en un bello vestido rojo porque simplemente el cierre no quería unirse.
Tenía una importante reunión con Gabriel Agreste para definir posibles tendencias para el invierno, pero no pudo llegar.
Despertó en el hospital con una intravenosa, siendo parte del 1% de la población a la que el método anticonceptivo que usaba le había fallado. ¿Cómo podía estar embarazada si ese mes había menstruado? La doctora le había dicho que ese sangrado se debía a que eso sucedía cuando el feto se implantaba en el útero.
Ella no quería ser madre y nunca había estado en sus planes mientras estaba en un relación estable; sin embargo, no tenía dudas de que esa pequeña personita era hijo de Adrien. Tal vez era una coincidencia pero quería creer que era el destino demostrándole que debía esforzarse por recuperar al rubio.
Lo mantuvo como un secreto durante las semanas que faltaban para que Luka volviera. Comenzó inmediatamente un tratamiento prenatal, asegurándose que todo estuviera bien, iba de su casa al trabajo y del trabajo a la casa; empeñándose en recordar los momentos en los que su personalidad había cambiado, buscando formas para volver a ser la persona que era.
Cuando su novio regreso, ya estaba lista para enfrentar la realidad de su situación. Él se lo terminó tomando terrible, pero lo entendía; después de todo, lo había engañado. No le importó estar en un lugar público y que todo el mundo los mirara; Luka quería humillarla por hacerle daño.
Se sentía muy mal cuando él la dejó hablando sola, sin querer escuchar una explicación; No quería volver a su casa sin contarle al rubio pero tampoco estaba lista para ir directo con él, así que llamó a Alya para ir a visitarla y contarle sobre su estado.
Así fue como finalmente Nino la llevó en su auto hasta el departamento en el que ahora se encontraba.
─Adrien…─Marinette posó su mano sobre el pecho desnudo, acariciando una pequeña zona de su piel. Abrió su boca y lo miró directamente a los ojos, las palabras estaban apretadas en su garganta. Justo en ese momento, comenzó a sentir como el gato ronroneaba y no pudo evitar sonreír al notar que ese pequeño ser la había descubierto.
─ ¡¿Plagg está ronroneándote!? Este pequeño bastardo no lo hace por nadie. ─ Él trató de acariciar al animal, pero este le mordió la mano, alejándolo. ─ ¿Qué hiciste con mi gato?
─No lo sé…─El rubio la miro con una sonrisa que le recordó la tarde en la que se habían encontrado al gatito en la calle; estaban teniendo una de sus primeras citas como novios y ella amaba verlo tan feliz, aún seguía haciéndolo. ─Debe ser porque estoy esperando un bebé.
─ ¿Estás embarazada? ─ Él pregunto algo en shock, haciendo irremediablemente cuentas mentales dentro de su cerebro y era realmente posible que ese humanito fuera de él, sin embargo no quería apresurarse. ─ ¿Por esto te dejó Luka? Creí que él quería ser padre.
─Pues sí, él quiere tener hijos propios…─ La mano de Marinette que se encontraba fija en el pecho de Adrien subió hasta su mejilla para acariciarla, sintiendo la aspereza de la barba de un par de días que le parecía tan excitante. ─No criar a los de otro.
─Bichito…
─El implante anticonceptivo no funcionó…─Las lágrimas en los ojos de la chica se volvieron a acumular, mientras se esforzaba en sonreír para el chico que se veía pasmado. ─Vamos a ser padres.
¿Cómo demonios debía manejar una situación así? Todo apuntaba a que debía confiar en Marinette, cuidarla, acompañarla; hacer todo lo que un padre responsable haría. No quería ser como Gabriel, Adrien quería que su hijo lo amara; incluso si él y su madre no estaban juntos.
─ ¿Puedo? ─Preguntó él, alzando sutilmente su mano. La chica asintió, observando como él se dirigía hasta su vientre para acariciarlo sobre la ropa, se sentía feliz por primera vez en mucho tiempo, tanto que ni siquiera sus hormonas eran capaces de deprimirla por algún detalle idiota. Sin embargo, fue una sensación efímera porque prontamente él rompió su burbuja haciendo un doloroso comentario. ─Sigo odiándote con todas mis fuerzas por el daño que hiciste, Marinette y creo que esto no cambia mis sentimientos.
Edición: 27/11/2018
La referencia a Bojack Horseman es real, pueden ver la serie en Netflix, pero es para adultos.
