Marinette se plantó a las 11:30 de la mañana frente al edificio de Adrien; él había insistido en pasar por ella a la panadería, pero era difícil de explicar que estaba haciendo con él a sus padres sin decirles que estaba embarazada.

Incluso tuvo que evitar las preguntas de su madre, quién hábilmente notó que había tomado mucho tiempo en decidir que usaría, la verdad es que no quería tener ni un solo cabello fuera de lugar.

Consiguió encontrar el vestido que usó en su primera cita con el rubio, cuando tuvieron que hacer un trabajo para la universidad en NotreDame, pensando en que podría revivir antiguas emociones, pero su vientre ya había comenzado a tomar forma y no podía utilizar una prenda tan entallada. Así que opto por uno blanco con forma de campana, que en la parte de abajo tenía unas coloridas flores que llegaban aleatoriamente hasta su cintura.

La chica sacó su teléfono de dentro de su cartera, enviando rápidamente un mensaje al otro.

Estoy abajo

M.

Fue complejo no llenar de emoticones con corazones el mensaje para demostrarle que estaba feliz por verlo. Pero su estado de ánimo bajó rápidamente al no recibir una respuesta, a pesar de que Adrien tardó muy poco tiempo en aparecer frente a ella, luciendo tan guapo que el aire se escapó de sus pulmones.

─Buenos días…─ Marinette lo saludo cabizbaja. Él le respondió con una sonrisa, acercándose a besar su mejilla.

─ ¿Cómo pasaste la noche? ─Preguntó el chico mientras comenzaba a caminar en dirección al establecimiento clínico, sin prestarle demasiada atención. La chica se quedó detenida en silencio, mirándolo algo confundida. No se veían desde que le había comunicado de su estado; y desde ahí sólo habían compartido cortantes mensajes en los que él le preguntaba cómo había sido su día.

Ahora estaba siendo amable, incluso dulce con ella.

─ ¿Y a ti qué te pasa? ─Ella lo miró desafiante, o al menos tratando de serlo. Necesitaba estabilidad para saber cómo volver a enamorarlo, pero le estaba resultando insoportable, en un segundo la ignoraba y al momento siguiente, la besaba en la mejilla. Se suponía que él no era el que debía tener cambios de humor.

─Estoy tratando de hacer que el poco tiempo que pasemos juntos sea agradable. ─ Adrien puso las manos en sus bolsillos, alzando sus hombros.

─ ¿Cómo quieres que sea agradable si me dijiste que me odiabas?

─Princesa…─ El chico se acercó hasta ella, disminuyendo el espacio entre ellos, la chica levantó su cabeza para poder mirarlo a los ojos, Adrien poso su mano sobre el hombro contrario para acariciarlo, aunque se sentía como un acto muy vacío, que no la hacía sentir ningún tipo de consuelo. ─ Tu cita en el médico es en menos de 20 minutos, no quiero perderla ─El rubio subió su diestra hasta su mejilla, sonriéndole antes de besar su mejilla. La chica sentía la manipulación emocional, pero sus rodillas estaban comenzando a ceder sólo con sentirlo cerca. ─ Y mi padre no va a volver a darme el día libre si no sabe qué demonios está pasando.

A pesar de que el rubio trató de ser lo más dulce posible, ella se cruzó de brazos, haciendo un puchero y mirándolo con los ojos gigantescos, llenos de lágrimas; ¿En cuantos segundos había cambiado su estado anímico?

─ Cuando terminemos podemos ir a almorzar, tomar un café o algo para conversar tranquilos, Mari.


La doctora Foissard los estaba esperando dentro del consultorio cuando llegaron. Era una señora de edad ya avanzada, incluso más bajita que Marinette y muy rubia; además era una de las mejores ginecólogas que atendían en el sistema privado de Paris.

─Así que, Señora Agreste…─ Cuando la doctora se refirió a ella de ese modo, trato de corregirla; sin embargo, Adrien sostuvo su mano, dándole una pequeña sonrisa.

─ Recibí su informe de la vez anterior en la que tuvo un control prenatal, ¿Está segura que realmente son nueve semanas de embarazo?

─Si, de hecho recuerdo la fecha de concepción.

─Wow, me alegra ver que la gente joven está planificando su vida sexual. ─ Marinette controló una risa mordiendo su labio, escondiendo su rostro; mientras que Adrien le brindo una sonrisa practicada, similar a la que había tenido en la última portada que realizó.

─Mi novia y yo nos conocemos hace 10 años, creíamos que era el momento. ─ El chico estaba mintiendo con una confianza admirable, lo que la hacía sentir extramente perturbada. Ese detalle de su personalidad era lo que más le había recriminado, pero él también recurría a esos recursos en situaciones que ni siquiera eran necesarios.

─Bien, necesito que ambos me contesten unas preguntas…─La doctora, busco un lápiz antes de comenzar en una libreta. ─ ¿Drogas, alcohol o cigarrillo?

─Ambos somos bebedores sociales. ─ Respondió ella, comenzando a seguirle el juego. ─ Aunque él fuma una cajetilla en la semana.

─ ¿Algún tipo de enfermedad importante? Diabetes, hipotiroidismo, de tipo respiratorias…

─Nada.

─Marinette, ¿Algún embarazo previo, o aborto? ─ La chica sonrió, mirando a Adrien; no era una sonrisa feliz, sino que algo más nostálgica.

─Perdí un bebé de 11 semanas hace casi 7 años. ─ El rubio tragó grueso, volteando su cabeza muy rápidamente para observarla, acababa de enterarse de la existencia de ese embarazo y no pudo evitar plantearse cómo hubiera seguido su vida si ese niño hubiera nacido. Tal vez hubieran continuado juntos siendo una familia, a pesar de que en ese momento ambos eran muchísimo más inmaduros de lo que eran en ese momento.

O quizás igualmente hubieran terminado, afectando a otra vida con sus discusiones.

─Pequeña…─ La doctora bajó sus lentes, apoyándose en la mesa para poder mirarla directamente a los ojos, tratando de brindarle seguridad. ─ Nuestra meta es traer a un niño sano a este mundo. Y te prometo que voy a hacer todo de mi parte para que así sea.


—Entonces...—Marinette se sentó en una de las sillas cercas del mesón que separaba el comedor de la cocina de la sala de estar. — Hay que hablar con tu padre.

—Lo sé...—Respondió el rubio mientras le daba una lata de Coca-Cola recién sacada del refrigerador. Ella había recibido instrucciones de la doctora de notificar su estado inmediatamente a su empleador, pero que debían esperar para comunicárselos a sus familias, lo que en su caso se sobreponía. — Aunque siento que todo va a salir mal si mi madre no está para controlarlo, aunque realmente dudo que ella fuera un apoyo real.

—Es mi jefe, tú sabes que por mí no le diría. — La chica abrió la bebida, sacándole la lengüeta de anilla para jugar con ella entre sus dedos, bastante incómoda. — Ni siquiera lo saben mis padres.

— ¿Que haremos, Marinette?— El rubio se apoyó en la mesa, bebiendo un poco de la lata de la chica, antes de golpear su cabeza repetidamente en la superficie. Ella río, alzando su mano para acariciar su melena, utilizando sus dedos para desenredar la parte en la que estaba más larga.

— ¿Dejar de pensar en que va a pasar con el resto y concentrarnos en nuestro pequeño?

—Suena más sencillo de lo que realmente es. —Él alzó su mirada, haciendo que inmediatamente ella se sonrojara por el color verde tan intenso que poseían sus ojos. — Bichito, ¿Por qué no me dijiste que estuviste embarazada?

—Porque tenía miedo. — La chica dejó de tocarlo, abrazándose a sí misma mientras evitaba mirarlo directamente, intentando proyectar seguridad; cuando él sólo podía identificar vulnerabilidad. —Teníamos sólo 20 años, no sabía cómo te lo podías tomar, qué iban a decir nuestros padres.

—Debiste haberme dicho de todas formas. —Adrien uso una de sus manos para sostener su mentón, buscando retomar el contacto visual entre ambos. — Me necesitabas tanto como lo haces ahora. —Se sentía infinitamente culpable por dejarla sola, había una voz en su cabeza que le repetía incansablemente que esa era la razón del cambio tan drástico en la chica, que eran un hijo de puta por no acompañarla. — Ahora tendríamos a un pequeño de seis años jugando por el departamento.

—Evito pensar en eso…—Marinette puso su diestra sobre la de él para quitarla de rostro. —Y me gustaría que tú también lo hicieras. Ya no podemos seguir torturándonos con el pasado.

—Tenemos que definir hasta qué punto yo debo entrometerme en tu vida— El mayor gruñó mientras se levantaba para buscar un botellín de cerveza, mientras la chica estaba tratando con todas sus fuerzas de poner atención en lo que el rubio decía. Sin embargo, estaba comenzando a sentirse súbitamente mareada.─ Cómo le explicaremos a nuestros padres que no estamos juntos, qué va a pasar cuando nazca…

Tomó una respiración profunda mientras él volvía a apoyarse sobre la mesa. Realmente estaba tratando de controlarse porque debían tener esa conversación lo antes posible, pero las ganas de vomitar eran apremiantes, así que rápidamente se levantó con la mano en la boca; corriendo para llegar al baño.

Pero no lo hizo.

─ ¡Mari!─El chico tardó dos segundos en llegar a su lado, tomándola entre sus brazos a pesar de que estaba muy sucia para llevarla al baño. ¿Por qué no podía dejar de humillarse? Debió haberse levantado antes.

Tenía tanta pena, su vestido era precioso y ya no podría volver a utilizarlo.


Adrien aún no podía dormir y mañana tenía una importante sesión de fotos para la nueva colección de su padre.

Marinette estaba a su lado, durmiendo profundamente mientras usaba una de sus camisetas que a él le quedaba gigantesca. Ella prácticamente nadaba en la prenda.

Antes de dormirse, la mujer había llorado durante más de 20 minutos mientras se bañaba porque su vestido había quedado "inutilizable". Mientras que ella estaba en aseándose, él había limpiado todo, incluso tratado de hacerlo con el vestido, pero finalmente terminó lanzándolo estresado hasta la lavadora con un ciclo extra delicado; para después ir hasta su armario buscando una muda de ropa y una toalla cómoda. Había tenido suficientes lágrimas por un día.

Ahora estaba demasiado preocupado como para poder descansar, ni siquiera se sentía capaz de dejarla volver a la casa de sus padres; menos aún después de enterarse de su primer embarazo. ¿Qué haría? Sinceramente, deseaba arrastrarla hasta su departamento y vivir juntos porque después de todo, esa era la idea que originalmente había tenido cuando lo compró. O tal vez debería venderlo, comprar una casa en las afueras de Paris con habitaciones para sus hijos.

¿Hijos? Por qué demonios estaba pensando en eso; tal vez porque enterarse de la existencia de su hijo que no había llegado a nacer, o haber observado a su pequeño por primera vez, lo hacía replantearse todo.

Al comienzo, le había costado identificar que esa pequeña macha que se identificaba en el ecógrafo era una persona. Sin embargo, ahora sabía que su hijo medía 3 centímetros y que se movía libremente en el vientre de su madre. No obstante lo más impresionante fue escuchar el latido de su corazón, resonando con fuerza en la habitación.

Era el sonido más hermoso e impresionante que podría llegar a existir.

Mientras estaba demasiado preocupado en rememorar su día, Marinette jadeo y se volteó rápidamente dándole la espalda, acomodándose en posición fetal.

— ¿Mari?— Adrien susurró mientras se acercaba a verla. Tenía una mano sobre la parte baja de su abdomen y lo acariciaba con aprensión. Ella tardó un par de segundos en reaccionar debido a que aún seguía medio adormilada.

—Llama a la Doctora. —Siseo la mujer, mientras gruesas lágrimas comenzaban a deslizarse por su rostro. Él no sabía que estaba pasando, así que por más que quisiera hacer algo para ayudarla, sólo buscó torpemente su teléfono y marco él número. Cuando esperaba que la viejita contestara, la otra susurró muy despacio, como si no quisiera que él la escuchara. — No quiero perder a nuestro hijo.


Edición: 28/11/2018