Hola de nuevo, lobita aquí atacando de nuevo. ¿Como les va a mis pequeños caninos? ¿Han seguido el llamado de lo salvaje? Espero que sí (y estoy segura que sí xD) ¿Me han extrañado? *canto de grillos* ¿Hola! ¿Alguien? Oh rayos D:

Disclaimer: Frozen no me pertenece. Tampoco las canciones mencionadas en este conjunto de OS.

Ok paremos xD lamento la demora pero no tenía ninguna idea para un nuevo OS digamos que mis musas se pusieron perezosas debido a la Física y las Matemáticas (echenles la culpa e.e) pero aún así luego de golpearme la cabeza repetidamente contra un tronco las hice despertar y poner a trabajar.

Hace algunos días se me ocurrió esta idea oscura la cual no se si considerarla Helsa por... mejor ustedes descubranlo. Digamos que es algo... random xD

Obtuve algo de inspiración en el fic de A Frozen Fan "Mi Amada Obsesión" el cual está a punto de culminar (lo cual no deseo D: necesito más gore Helsa) y la canción no se si esté muy acorde a eso pero adoro a este grupo español (digamos que es la primera canción en mis song-fics en mi idioma xD) y cuando la volví a escuchar me pareció (a mi) que encaja perfectamente. No se ustedes ¿Que opinan? Debo aclarar que este OS es narrado desde el punto de vista de Elsa y contiene escenas no muy gore xD

Canción: Vestido Azul

Cantante o grupo: La oreja de Van Gogh

Bueno sin más preambulos, el siguiente OS de parte de loba para todos los que me lean :D


Odio

El frío se clavaba en mi tersa piel semi-desnuda mientras el olor a humo se impregnaba con ferocidad en mis fosas nasales. Cubrí mis descubiertos hombros con mis manos en busca de un poco de calor mientras exhalaba un suspiro gélido que se entremezclaba con el smoke a mí alrededor.

Las lágrimas corrían desesperadas por mis mejillas. Mi sonrisa se había esfumado como mi dignidad. ¿Cómo pude enamorarme de alguien como tú?

Mis pasos resonaban por la desolada calle mientras una pequeña lluvia comenzó a rodearme, incitando a que el frío me consumiera con más facilidad. Mis pies dolían como si pisara clavos calientes, los tacones no ayudaban mucho. Me sentía débil y molesta, esa noche había sido de las peores de mi vida, y aun así la más recordada.

Recuerdo todo. Tus besos, tus suaves caricias, tu irremplazable risa seductora, los abrazos por la espalda que antes me dabas, las hermosas palabras… todo lo que se te ocurría para sumirme en ese oscuro juego tuyo.

Apreté los dientes y me aferré con fuerza a la tela de mi vestimenta. Ese hermoso vestido azul el cual me obsequiaste en mi pasado cumpleaños y me incitaste a poner la vez que me entregue a ti. El que tanto amabas que usara. Su tela suave como el terciopelo el cual hacía juego con mi nívea piel y resaltaba con fervor mis brillantes ojos cerúleos. Siempre me repetías esa frase con la cual yo caía rendida a tus pies. Tú, semejante idiota.

Como te odio. No eres más que una vil sabandija que disfrutó jugar con mi corazón para luego, como una fiera enfurecida, lo arrancaras sin compasión de mi pecho. Todas esas frases románticas, con las cuales me hipnotizaste sin problemas, eran pura mierda. Todo era una farsa. Estúpido animal, como te pude haber amado.

Bufé mientras observaba como la nube de aliento congelado se disipaba entre la tenue garua a mi alrededor. Mis dientes castañeaban al ritmo de mi cuerpo tiritante de frío. Aquel vestido era muy escotado y el viento helado entumecía mi piel y congelaba el mar de lágrimas que emanaban de mis brillantes ojos.

La visión de los momentos pasados circularon por mi mente haciendo que apretara los puños con fuerza. Era el cumpleaños de nuestro amigo Eugene y había organizado una gran fiesta. Aunque no soy muy amante del desorden y el bullicio, Hans me convenció para ir junto con Anna, quien estaba entusiasmada. Recuerdo la felicidad que pasé con mis amigos mientras bailábamos y bebíamos un poco, sin embargo, él no estaba a mi lado. Pregunté por el pero nadie lo había visto. Comencé a desesperarme, necesitaba verlo conmigo ya que algo me estaba dando muy mala espina.

Corrí donde mi hermana menor Anna quien compartía un vaso de cerveza con su novio Kristoff. Pregunté por mi pelirrojo y Anna me miró desconcertada. Me dijo que él había salido de la casa enrumbándose al patio sin saber el propósito.

Luego de agradecerle, camine entre los chicos borrachos que bailaban descontrolados hasta la puerta principal. Salí al paso mientras mis tacones se enterraban en el verde césped que recubría el lugar, haciéndome caminar con dificultad. Mi mirada buscó por cada rincón y divisó el papel de baño desenrollado por el suelo junto con las diversas botellas rotas de cerveza.

La música atormentaba mis agudos sentidos, haciéndome enojar aún más de lo que ya me encontraba. Caminé hacia el patio trasero y la visión que tuve no fue la más grata, haciendo que mis ojos derramaran lágrimas y mi furia se disipaba.

Estabas besando salvajemente a aquella idiota rubia apodada Rapunzel. Tus manos tocaban traviesas por debajo de su blusa hasta el ombligo mientras esa zorra suspiraba entre tus labios. Veía que lo disfrutabas, que lo hacías con mucho más gusto que cuando me besabas. La rubia enterraba sus uñas postizas en tu cabello de fuego mientras intensificaba el beso y tú, hambriento de sus labios, acariciabas su cintura con movimientos sensuales.

Yo seguí ahí, parada como estatua, inmersa en mis pensamientos y furia. Era incapaz de gritarle pues no soy una persona de gran coraje para hacerlo. Solo permitía como aquella imagen destruyera toda la buena apariencia que tenía yo de ti. Mi corazón estaba hecho añicos y mis piernas amenazaban con doblarse para caer indefensa al césped humedecido por el rocío mañanero, para llorar desconsoladamente.

No hice nada de eso. Solo me quede de espectadora.

Aquellas orbes esmeraldas que antes me miraban con ternura, se posaron en mí por un milisegundo. Asombrado, cortó el beso con aquella perra y la apartó a un lado. Con su sonrisa de galantería se acercó a mí, apoyándose a la pared con su mano tomando una pose arrogante y superior. Agitó su melena pelirroja y me observó de arriba abajo con sus brillantes ojos verdes. –Princesa, no pienses mal de mí. Solo estaba divirtiéndome un poco. No te molestes, preciosa –excusó mientras tomaba mi mentón suavemente para poner mi mirada a la altura de la suya.

Rapunzel agitó su larga melena dorada y ronroneó al oído de Hans con su horrible voz de víbora. –Déjala Hans. No debes disculparte con esta idiota. Olvídate de ella, deja que se largue, así podremos terminar lo que empezamos.

Un sentimiento nuevo en mi despertó. Sentía como mi sangre ardía en llamas y como mi cuerpo deseaba actuar por instinto y golpear en el rostro a aquella mujerzuela estúpida. Era extraño, siempre me consideré pacífica y tranquila pero en esos momentos deseaba arrancarle los implantes en los senos a aquella zorra y cortarle la lengua al pelirrojo en venganza de cuantas mentiras me dijo y me engaño.

Con mi mirada más gélida y cortante observé a esos dos hasta que mis oscuros pensamientos se disiparon cuando Hans volvió a dirigirme la palabra. –Elsa, ha pasado mucho tiempo desde que empezamos a ser novios y… ya no es tan divertido como antes. Me gustaría decírtelo de la manera más dulce para no herir tus sentimientos pero… es que ya no te amo –exclamó con absoluta neutralidad.

Rapunzel interrumpió y prosiguió. –Significa que Hans ya está harto de ti, zorrita. El necesita algo mucho mejor que tu –escupió agitando su cabello y acariciando la mejilla pecosa del pelirrojo.

Aquella fue la gota que derramó el vaso. No dije absolutamente nada y simplemente me retiré del lugar sin hacer mucho ruido, apenas unas pequeñas lágrimas rodaban por mis mejillas, las cuales eran atrapadas por la tela de mi vestido azul como el mar.

Las ideas en mi mente eran contrarias y lentamente me hacían perder la razón. Había algo que me había dejado insatisfecha y deseaba cobrar venganza de aquel par de engendros sin corazón. Debía eliminar a esa basura de la faz de la tierra para que así nadie más deba soportar su arrogante y molesta actitud.

Al llegar a mi humilde morada, me senté a llorar desconsolada en el comedor mientras la tenue luz de una lamparita alumbraba las penumbras de mi hogar. La ira lentamente me estaba consumiendo y mi mente pensaba oscuros planes que jamás había presenciado antes.

No, no puedo pensar en tales cosas. ¿Qué me sucede? Pensé mientras enredaba mis finos dedos entre las hebras de mi cabello platino. Suspiré rendida y me dirigí a la cocina para tomar una pequeña copa de vino para calmar la ira y el desamor que me iban matando poco a poco, sin piedad y sin compasión.

Busque entre las gavetas de la cocina y saque un vino añejo que me había regalado justamente él una noche de Navidad. ¿Por qué muchas de las cosas me hacían recordarlo? Recuerdo cuando disfrutamos mucho hacer cosas traviesas en la mesa del comedor y en el sofá de cuero. También las incesantes risas al cocinar juntos nuestro platillo favorito. Las noches de películas de terror con palomitas y jugo de naranja y las inolvidables noches de invierno junto a la caliente chimenea, abrazados y con una jarra de chocolate caliente con malvaviscos en la mano.

Descorché la botella oscura y saqué una copa de vino de los anaqueles entreabiertos. Vertí el líquido carmesí en la copa y le dí un pequeño sorbo para calmarme. Al sentir el líquido pasar por mi garganta, un sentimiento reconfortante se activó en mi ser. Suspiré tranquila y comencé a caminar por el lugar.

En efecto, mucho de lo que se hallaba en mi hogar me recordaba a él. Mis tacones resonaban en eco entre la oscuridad mientras me guiaba por los estrechos pasillos por mi instinto. Caminé hasta llegar a aquella habitación en la cual había ocurrido todo. Nuestro dormitorio.

Recuerdo que al principio él se escabullía por mi ventana en la madrugada para no despertar a Anna, quien siempre le tuvo siempre rencor, para así pasar un buen rato junto acompañado de leves caricias y besos intensos. Al pasar del tiempo, Anna descubrió nuestro pequeño secreto y terminó aceptando a Hans. Fue entonces que las cosas se pusieron intensas. Él venía cada noche a disfrutar de nuestro amor y me hacía pasar un gran momento lleno de éxtasis y felicidad. Poco a poco sus visitas se extendían por varios días hasta que él decidió instalarse en mi hogar. Anna decidió irse con su novio y nos dejó la casa solo para nosotros. Tantas cosas ocurrieron después…

Ahora lucía tan patética. Era como una espantosa entrada a aquellos recuerdos inútiles que me hacían divagar.

Me senté sobre el mullido colchón y observé a ciegas la oscura habitación mientras sostenía con firmeza la pequeña copa medio vacía. Las lágrimas volvieron a emerger. Estúpido corazón, como siempre te suele jugar una mala pasada.

Deposité la copa de vino sobre el velador y me recosté a desahogarme. Caminos brillantes se lograban observar entre la oscuridad como pequeñas gotas de plata. Enterré mi rostro entre las múltiples almohadas y las empapé de tristeza. Me aferré con desesperación a las sabanas y los sollozos se intensificaron. No sabía que era lo que más me entristecía, el verte besando a otra o el haberme creído todas tus mentiras.

Lloré tanto que lentamente, quedé sumida entre los brazos de Morfeo….

….

Abrí los ojos estrepitosamente y me levanté adolorida. Los caminos de lágrimas se habían secado por completo y ya no me sentía triste, solo permanecía la infinita ira que me había consumido desde antes.

Miré las penumbras a mí alrededor y volví a suspirar. Recogí mis piernas y las puse contra mi pecho. Me sentía tan idiota y patética. No podía quedarme ahí llorando como una niña mientras él continuaba tan tranquilo. No me parecía algo justo.

Miré con desprecio el vestido azul. Cada una de las palabras que él mencionaba al vérmelo puesto coreaban en mi cabeza. No deseaba volver a oír su arrogante voz, ni ver sus verdes ojos. Todo en él me causaba repulsión. Maldito cerdo, debe pagar por todo lo que me hizo pasar y todo el dolor que siento ahora rebotará en él con más intensidad. O eso había leído en uno de mis libros. Hablaba acerca del karma, supuestamente una fuerza desconocida que te devolvía tus acciones. Si tú habías hecho una buena acción, en el futuro te recompensarían con algo igual de bueno. Lo mismo con el mal. Estupideces…

No existía la manera de que eso sea real. Cada persona decide lo que sucede. Mediante sus acciones se traza su destino. Y yo ya había decidido el mío. Estaba decidida a poner a prueba aquella teoría del karma. Lo haría pagar por todo…

Miré la copa de vino a mi lado y con un movimiento rápido la tiré al suelo, derramando su contenido y esparciendo una hilera de vidrios rotos por el suelo de madera. Sin pensarlo tomé un pedazo más grande y rasgué el vestido que tú tanto amabas, convirtiendo sus hermosos encajes y detalles en deshilachadas telas sin valor. Levemente por las rasgaduras, se veía un pequeño contorno índigo contrarrestante con el profundo azul cerúleo.

La sonrisa no tardó en dibujarse en mis rojos labios. Aquel símbolo de nuestro amor y aprecio había sido destruido de la manera más extraña, al igual que nuestro amor incondicional.

Me levanté de la cama y me dirigí hasta la cocina para ir en busca de algo que me resultaría muy útil. Las colgantes telas de mi vestido se agitaban con el viento que entraba ferozmente por la ventana al compás de mis cabellos sueltos. Abrí un cajón y agarré un gran cuchillo de cocina. Pasé mis níveos dedos por el filo y un hilillo de sangre comenzó a descender por la hoja plateada. Estaba muy afilado, era perfecto. Aquel color carmesí me sacó una ensanchada sonrisa y tomé una chaqueta negra tuya guindada en la entrada para salir a la calle en busca de la venganza.

Anduve por algunas calles oscuras, ocultando mi arma de los transeúntes que pasaban a mi lado. Muchos hombres desconocidos me miraban con deseo y lujuria. Idiotas, si supieran con quien se estuvieran metiendo me dejarían en paz. No les presté atención, estaba totalmente concentrada en mi objetivo.

La fiesta se había terminado. Ya no se oía la cacofonía infernal ni los gritos de los invitados. Todos se estaban retirando a sus hogares y agradecían a Eugene por la genial fiesta. Vi a unos cuantos amigos y a Anna y Kristoff salir del lugar mas no vi a Hans ni a su zorra. Me pareció algo extraño.

De repente oí unos ruidos y risas al cruzar la calle y divisé a ambos caminando juntos entre los callejones.

Mis ojos brillaron en determinación acompañados de mi sínica sonrisa. Comencé a seguirlos desde las sombras oculta entre el follaje, evitando ser vista ni escuchada por nadie. Entre los arbustos las espinas me lastimaban y rasgaban aún más mi vestido. Yo estaba feliz de que lo hagan, ya no significaba nada para mí.

Observé como ambos ingresaban a una pequeña casa lejana y cerraban la puerta fuertemente. Me dió asco aquello, no podía imaginarme que esa clase de hombre mi novio era. Igual ya no valía mucho, solo deseaba terminar mi trabajo de una buena vez.

Con la agilidad de un felino, salté la verja que bordeaba el jardín y caí silenciosamente sobre el césped sintiendo el rocío bajo mis pies descalzos, pues no aguantaba ni un segundo más esos infernales tacones. Caminé hasta el patio trasero y abrí con cautela una ventana para ingresar de nuevo a la absoluta sombra.

No podía ver nada, estaba a ciegas. Sin embargo, los gemidos de placer se lograban escuchar desde una de las habitaciones a lo lejos. Confiando en mi sentido del oído, seguí con cuidado de no hacer ningún ruido apenas iluminada por la pobre luz de la luna que entraba por la ventana.

Evitando que mi torpeza me delatara, logré llegar a mi objetivo. La escena ante mis ojos era muy repugnante, la rubia estaba posicionada sobre Hans mientras masajeaba su desnudo torso y lo besaba salvajemente.

La sangre me hirvió como nunca y apreté los dientes y el mango del cuchillo con fuerza. Saque el arma de entre mi vestimenta y deje que su brillo plateado y fantasmal se reflejara en el pequeño espejo a mi lado.

Sin emitir ruido alguno, me acerqué a la cama y sonreí con cinismo. Mi pulso se aceleró y me hallaba con toda la adrenalina encima. Sin pensarlo más, alcé el cuchillo sobre la espalda todavía vestida de la joven rubia entretenida. De mi boca escapó un leve susurro: "Muere hija de perra"

El sonido de la hoja traspasando la carne de la joven y el grito ahogado de su garganta silbaron entre la oscuridad. Un líquido caliente y viscoso salpicó mi vestido arruinado y mi rostro arrancando una sonrisa torcida de mis labios.

El grito de Hans continuó con mi felicidad, al verlo saltar de la cama asustado del cuerpo de su pareja muerta y la sangre salpicada en todo su ser. Miró con horror el enorme cuchillo encarnado en la espalda de la joven cubierta de sangre y dejando una mirada perdida en su rostro. Aún más asustado, me observó sin reconocerme de entre las sombras y la capucha que ensombrecía mis facciones.

Desencajé el cuchillo del cuerpo y lo apunté hacía él aterrándolo aún más. Su mirada espantada era como el alcance de la gloria para mí. El verlo tan patético era mi deseo y ahora lo había conseguido. Sin embargo, creí que si solo deseaba aquello me perdería de la verdadera diversión.

Saltó de la cama y se apegó a la pared asustado. Yo por mi parte me limité a cerrar con picaporte la puerta a mis espaldas mientras la luz de la luna alumbraba la escena desde un pequeño tragaluz en el techo. Él ya no tenía escapatoria alguna. Estaba preso conmigo, una loca sedienta de venganza.

Su cuerpo comenzó a temblar desesperado. Sus piernas flaquearon y su respiración se volvió acelerada, haciendo que sus palabras sean casi inentendibles. –Po-por favor. N-no me m-mates –imploró asustado.

Solté una carcajada gloriosa. –Semejante idiota, ¿Acaso no me reconoces? –no hubo respuesta alguna. –Bueno que te parece si te alumbro las cosas –musité prendiendo las luces de la habitación revelando mi presencia.

Quedó sorprendido al verme con aquel vestido azul que tanto amaba ahora hecho trizas y cubierto de aquel líquido carmesí. Me quité la capucha y posteriormente la chompa para que así Hans me pueda apreciar en mi verdadero ser como el tanto amaba. Tantas veces que él me imploró no cambiar mi forma de ser porque era "perfecta" ahora podrá recordarme tal cual como yo le gustaba.

Caminé con la mirada perdida y blandiendo el cuchillo hacia él. –Espero que te guste mi vestido, amor. Le he hecho algunos arreglos, espero que no te moleste –dije con voz infestada de locura. –Yo te amo, querido. No quisiera hacerte daño.

-¡Estás loca! ¡Aléjate de mí! ¡No me hagas nada, yo no te he hecho ningún daño! –imploró por su vida mientras buscaba con la mirada alguna escapatoria o arma.

-¿En serio eso crees? Ay pero que dulce eres Hans. Siempre me haces sonrojar –la distancia entre nosotros poco a poco se iba acortando haciéndolo entrar más en desesperación. -¿Sabes? Tengo una idea genial para divertirnos. ¿Te unes?

Hans lanzó un puñetazo sin dirección al estar a unos escasos centímetros de él. Yo lo esquive sin problemas, era tan predecible. En respuesta, le devolví un corte profundo en su antebrazo sacándole un gruñido leve. Se aferró a la herida mientras aguantaba el dolor. Esa había sido una muy mala idea.

-Hans, ¿Por qué te asustas? Soy solo tu lindo copo de nieve. ¿Recuerdas cuando me pusiste ese apodo? Yo sí, jamás olvidaré esa tarde nevada en la que nos conocimos. Fue tan hermoso –exclamé sacándole una mueca de terror. Lentamente mi voz se tornó oscura y sombría. –Sin embargo… he sufrido mucho Hans. No sabes cómo lo he hecho. Creí que seríamos felices juntos, que éramos el uno para el otro –posicioné el cuchillo sobre su garganta sacándole un gemido de susto. –Ya no sé qué pensar Hans. Todo está muy confuso. ¿Crees que podrías sanarme?

El pelirrojo tragó duro al sentir la fría y carmesí hoja sobre su tráquea. Yo me limitaba a sonreír y seguir hacer preguntas locas para aterrarlo aún más. Deseaba que me suplicara, que se tirara al suelo, que se avergüence de lo que hizo. –Elsa, déjame ir. Por favor –logró decir entre sollozos con un hilo de voz. Adoraba su temor hacia mí.

Pasé mi mano por su mejilla y ronronee a su oído para provocarlo. – ¿Y si te digo que no lo haría, me castigarías como antes Hans? –exclamé dulcemente. –No quiero que te vayas. Será muy divertido, te lo prometo.

Lagrimas comenzaron a descender por sus pecosas mejillas. Parecía arrepentido. Ese bastardo al parecer ya había aprendido la lección y posiblemente ya no lo volvería a hacer. Sus palabras fueron tan directas que quedaron plasmadas en mi mente por siempre. –Elsa, lamento todo. De veras fui un idiota. ¿Podrías perdonarme y dejarme ir? No volverá a suceder.

Verlo tan indefenso hizo que mi cordura desaparezca. Instintivamente posé mis labios sobre los suyos y probé demandante su boca. Continuamos hasta que la falta de oxígeno nos separó. Luego con una mirada de las más gélidas y una sonrisa torcida le declaré. –Te perdono, Hans.

-¡¿De veras?! –sollozó sorprendido.

Le devolví una sonrisa dulce y reconfortante, tranquilizándolo. Más él nunca se imaginó lo que sucedería después…

Un rasgueó sumado a una súplica entrecortada irrumpió el silencio lúgubre de la habitación…

Sangre bañó mi vestido azul y me limpié la boca de su amargo beso. El cuerpo cayó fuertemente al piso y la mirada de Hans quedó prendida en mis ojos. Su garganta estaba ensangrentada al igual que todo mi cuerpo. La sonrisa no tardó en aparecer. Estaba enferma y lo sabía pero jamás algo me había hecho tan feliz.

No podía dejar huellas, tenía que borrar todo lo que sucedió allí. Obviamente todo ya estaba fríamente calculado.

Caminé sin preámbulos hasta la cocina y abrí el cilindro de gas permitiendo que este inundara el ambiente. Tomé la caja de cerillos y salí del lugar por la ventana por la cual había entrado.

Paseé tranquila por el porche de la casa y abrí una ventana pequeña situada a los lados de la puerta principal. Encendí un cerillo y lo arrojé dentro. Fue cuestión de minutos para que lentamente el lugar fuera consumido por las llamas.

Con mi vestido antes azul me alejé de la casa enrumbándome de vuelta a mi tranquilo hogar, tranquila y feliz al escuchar la explosión a mis espaldas y el olor a quemado que inundaba mis fosas nasales. El frío ya no me molestaba, mi corazón era un bloque de hielo.

A pesar de todo, esto me encanta…


Ok aún no se si considerar a esta historia Helsa o no. Creo que lo dejaré a su opinión, iba a ser una historia independiente a esta serie de Song-fics pero creo que no jeje xD Y si me gusta tambien a ver a Elsa como la mala, adoro que lo sea Hans pero a veces es mejor voltear la pagina. ¿No creen?

Por favor dejen sus opiniones plasmadas en este OS me gustaría saber si estuvo bien o mal xD para serles honesta no es mi mejor idea pero realmente me gusto ver a Elsa interpretando el papel de psicopata xD ¿Quien es mejor como loco, Hans o Elsa? (Para mi esta dificil la decisión xD)

Respuesta a los reviews anonimos:

F: Vaya ¿así que quieres un final? Me gusta me gusta como piensas pequeña. Puede que se venga en el futuro. Roguemos que mis musas perezosas no se duerman en los laureles y se pongan a trabajar xD

Bien lobita debe marcharse, tiene trabajo por hacer y fue un milagro que pudiese actualizar. Tengo mucho peso encima y la manada llama con frecuencia. Sin embargo, adoro pasarme por Fanfiction a leer buenas historias y aunque ultimamente no he podido dejar reviews en las que leo, quiero que sepan que las estoy leyendo y me fascinan e.e ¡Sigan así pequeños peluditos!

Bueno me iré a escuchar reggeaton (¡¿Que?! *se golpea la cabeza*) Quiero decir ire a escuchar heavy metal, eso pega xD Los quiero mucho y espero que sigan los consejos de la luna :D

PS: Me siento feliz al ser mi primera actualización con ya 15 años (ok a nadie le importa, ya dejate de estupideces, Loba xD)

¡Abrazos de sangre!