LUZ

Estaba oscuro, muy oscuro. Sentía como el frío la atormentaba a pesar de llevar puesta una cobija y haber cargado consigo la linterna. El viento soplaba con fuerza y la nieve era espesa. El único lugar que estaba medianamente protegido era abajo, en el pequeño claro entre las paredes de la montaña, donde la compañía estaba construyendo el campamento.

No era capaz de comprender por qué los habían echado de su hogar. Solo sabía que su padre no estuvo de acuerdo con los demás ponis de la ciudad. Ellos querían hacer algo malo y cuando su padre y otro par de familias se opusieron, todos fueron condenados al exilio.

Fue inevitable. Tarde o temprano debía suceder. Al final Los Hijos de la Noche, luego de 532 años sin su princesa, sin su amada "madre", se separaron. Y es que acaso ¿Qué debían hacer luego de ser abandonados? ¿Dejar todo? ¿Esperar? ¿Elegir un nuevo rey? ¿Derrocar a Celestia?... Sí, esa parecía ser la solución. Si su princesa quería muerta a Celestia, era su deber como pueblo cumplir su voluntad. Sin embargo, el padre de Aurora se opuso rotundamente a esto. Él pensó que el consejo debería hacerse cargo hasta que las cosas entre Celestia y Luna se arreglaran. Dos semanas después estaba con su esposa e hija vagando entre el laberinto de montañas en medio de un crudo invierno.

La tristeza y el malestar se apoderaron del pequeño grupo de exiliados. Aurora no tenía que comprender para saber que las cosas estaban mal; podía sentirlo. Sentía la tensión, el enojo y la frustración agrietando la relación de sus padres. Aurora no volvió a ver a sus amigos, ya no volvería a ver el jardín de su casa, a probar la deliciosa y fresca comida se mamá, y a pasar las tardes en el parque con papá. Todo lo que tenía era la discusión diaria entre sus padres.

La pequeña unicornio había escapado por la parte de atrás de la tienda mientras cargaba una pequeña linterna de aceite entre los dientes. Una vez en la colina miró al cielo y vio la luna; en ella la imagen de la princesa cautiva.

-Princesa Luna… ¿Estás ahí? ¿Puedes escucharme?-

Una fuerte ráfaga sacudió la colina. Ella cerró los ojos al sentir el frío viento entrar bajo la cobija y un par de lágrimas heladas escurrieron por sus mejillas. Entonces escuchó una clara pero hermosa voz:

-No llores aurora-

Ella abrió los ojos y miró al cielo.

-¿Eres tú, princesa?-

-Así es mi niña-

-Princesa, por favor ayúdanos, dile a todos que papi no hizo nada malo para que podamos volver a casa-

-No puedo… Lo lamento, lo lamento tanto. Fui tonta y egoísta. Es mi culpa el que tengas que enfrentar este destino-

-No digas eso. Papi dice que eres muy buena y siempre has protegido a nuestra familia-

-Me conmueves, Aurora. Tienes un corazón noble-

Se hizo un breve silencio durante el cual solo se oyó el ulular del viento. Entonces Aurora dijo:

-Princesa… ¿Por qué sucede todo esto? ¿Hicimos algo malo?-

Otra fuerte ráfaga de viento azotó la colina provocando que la linterna se apagara por completo. Aurora cerró los ojos al ver como la oscuridad la envolvía totalmente.

-Porque sólo en la oscuridad es cuando realmente se pueden ver las estrellas-

Dicho esto, Aurora abrió los ojos y se encontró rodeada por miles, millones de estrellas. Podía ver a las constelaciones ir y venir paseándose por el cielo nocturno y bajo ella la tierra en toda su extensión.

-Es muy hermoso- dijo Aurora- Desearía que papá y mamá pudieran verlo-

Dicho esto la tierra se acercó lentamente hasta mostrarle la imagen del campamento. Allí pudo ver a sus padres peleando frente a la tienda.

-Princesa… ¿Por qué papi y mami ya no se quieren? Quisiera que fueran felices-

-No Aurora. Ellos se aman, se aman mucho y también te aman a ti. Tienen miedo y están preocupados. Temen haberte puesto en peligro por sus decisiones-

Los ojos de Aurora se llenaron de lágrimas.

-No quiero que ellos se odien por mi culpa-

-Eso no sucederá mi niña. Tú eres su más fuerte lazo- Se vio entonces; abajo, en el campamento como su madre salía de la tienda. Se podía ver la preocupación en su rostro, luego de intercambiar unas palabras con su esposo ambos se alejaron del corriendo del campamento- Tu eres su mayor esperanza-

-¿Por qué me muestras esto, princesa?-

-¿Ves esa región verde atravesando las montañas?- Aurora asintió- Allí todas las familias estarán a salvo. Debes guiarlos hasta allá-

-¡¿Yo?! Pero no sé cómo. ¿Y qué pasará si olvido el camino? No sé guiar a nadie-

-Sé que puedes hacerlo, solo tienes que ser la luz que ellos necesitan-

-Pero ¿Por qué yo? ¿Por qué no le enseñaste el camino a papá?-

-Ahora debo ser silenciosa- Aurora pudo escuchar la voz directamente detrás de ella- Mi poder se ha esfumado y solo los oídos atentos pueden escucharme-

La poni se giró y pudo ver a la princesa alicornio con la melena revuelta, todo el cuerpo lleno de heridas y en su rostro una expresión de infinito cansancio, encadenada en un rincón oscuro del espacio. El susto que se llevó Aurora fue tal, que resbaló por el borde del camino de estrellas cayendo hacia la tierra.

-Sé esperanza… Sé luz, Aurora-

La poni se despertó sobresaltada, tiritando de frío entre los brazos de su madre, quien lloraba de alegría al ver que su hija había despertado. Entonces Aurora sintió un cálido sentimiento que le atravesaba todo el cuerpo y de su cuerno se desprendió un haz de luz. Un arcoíris azul y verde que salió disparado hasta el cielo y se extendió a través y hasta el final del laberinto en las montañas.