Lanzar una campaña publicitaria es un trabajo difícil. No sólo porque debían ser creativas, innovadoras y llamativas, sino porque conllevaba coordinar a una empresa gigantesca.

Todo comenzaba con Gabriel Agreste, quien volcaba toda su inspiración en nuevos bocetos que definirían las tendencias de la moda en todo el mundo. Este verano, se había remontado al inicio de los años 70; cuando las pautas estaban marcadas por coloridos atuendos, telas vaporosas, cabellos voluminosos, joyas doradas y llamativas, todo con una ilusión de ser completamente artesanal.

En el departamento de diseño comenzaba el intrincado trabajo de los diseñadores aspirantes, y por lo tanto, de Marinette. Ellos revisaban los moldes de las prendas antes de enviarlos a las modistas; fabricando y corrigiendo cualquier detalle que impidiera su correcta realización. Además, este año su jefe le había encargado a la chica la confección de 2 diseños propios para incluir en las pasarelas; algo que estuvo más que dispuesta a hacer considerando que prontamente sería inducida a tomar su baja por maternidad.

Cuando cada botón estaba en su lugar, cada dobladillo bien hecho y cada prenda guardada con recelo; comenzaba el trabajo de Adrien.

Él y su prima sólo podían observar el lineart de lo que finalmente sería la ropa; para luego tener una conversación con todos los que tenían voz en la compañía. En esa reunión el objetivo de la temporada, el público, los medios de difusión y finalmente, el diseño de la campaña se convertían en una idea tangible.

Amelia había conseguido convencer a los administrativos de diversificar la marca, buscando modelos que representarán a las minorías para no solo utilizar mujeres delgadas. Gabriel´s sería innovador: tendrían figuras transexuales, personas no binarias, gente plus size.

Revivirán los años 70 en las calles de París; al punto de que el rock volviera a sonar por las radios con tanta frecuencia como en esos años.

Primavera-Verano 2019 sería frenético, por lo que las cientos de personas que trabajan en la compañía tendrían que esforzarse más que nunca en que todo funcionara como una máquina bien aceitada.

Sin embargo, la llegada de Emilie Agreste marcó el inicio de la tormenta.

¿Quién era Gabriel sin Nathalie a su lado? Nadie, todo el mundo lo sabía. Aún más Marinette, quién no podía imaginarlos con otras personas. Esa era una de las razones por las que conocer a la madre de Adrien la había descolocado; también porque la primera vez que la había visto fue a las 7 de la mañana, diciéndole a su hijo que prefería que él fuera gay a tener un nieto.

Desde eso ya habían pasado 3 semanas, y la señora no se iba.

Todo estaba listo para que ese día se hiciera la sesión de fotos; el concepto del verano del amor había sido recreado hasta el punto de que el Estadio Jean-Boudin estaba siendo ambientado. Ella debía ir a supervisar que las prendas no se dañaran y hacer arreglos de último momento, por lo debía ir a la oficina de su suegro a recibir las últimas instrucciones antes de marcharse con Adrien, quien estaría revisando que todo saliera de acuerdo al plan, también de modelar unas prendas diseñadas exclusivamente para él.

— ¿Nathalie?— Marinette se acercó a paso rápido hasta la mesa de la mujer cuando notó que estaba guardando las cosas de su oficina, dejando todo en distintas cajas— ¿Qué está pasando?

—No te había visto...—La mayor le dirigió una triste sonrisa, sentándose en el que había sido su escritorio durante prácticamente toda su vida laboral. . — La señora Agreste me despidió.

—No creo que ella tenga el poder para hacer eso, Gabriel no se lo permitiría.

— ¿Gabriel?— Su voz se cortó cuando mencionó a su jefe. Durante años había sido la persona que más amaba en el mundo, su razón para despertar cada mañana. Ilusamente creyó que eso sería para siempre, que él sería el amor de su vida, pero terminó traicionándola de la forma más fea. — Emilie le dijo que si quería continuar con su matrimonio, me tenía que despedir...

La mayor no fue capaz de terminar su oración cuando un gran estruendo sonó desde la oficina del jefe. Sonaba a que un vidrio se había roto y luego muchas cosas cayeron al piso.

— ¡Adrien, no!

La voz de Amelia hizo que ambas mujeres entraran a la oficina prácticamente corriendo.

Había un gran desastre; una estantería en el suelo con todos los libros esparcidos, papeles inutilizables, los vidrios de una ventana rota. El rubio tenia sujeto a su padre contra la pared desde las solapas de su traje con una mano, mientras la otra sangraba profusamente.

Emilie estaba alejada, con los brazos cruzados y la cabeza baja, mientras la otra mujer trataba de separarlos, sin mucho resultado.


Kagami salió del departamento de Adrien con el corazón en la mano. Estaba destrozada y sin embargo, había tenido valor suficiente como para fingir que todo estaba bien.

No sabía en qué estaba pensando cuando ayer por la noche besó al excepcional hombre que siembre había sido un buen amigo. Ver al rubio llorar por la mujer que le había quitado al amor de su vida había dejado su alma hecha pedazos. Todo lo que hizo fue porque quería pagarle a Marinette con la misma moneda y quitarle a la única persona que ella realmente había amado.

Pero estar en la cama con Adrien no era lo que ella imaginaba.

Luka aparecía constantemente en sus recuerdos. Despertar con el rubio no era igual que estar con el músico; no porque estuviera mal sino que le faltaba conocerla, saber en qué lugar deslizar una caricia para volverla loca. Su amado era perverso en el arte de amar, le gustaba morderla, arañarle la espalda, estrujarle el alma al igual como si tuviera un toro en el pecho. El modelo, en cambio, parecía torpe con cada movimiento, a pesar de lo dominante que había resultado; quería creer que era por los muchos litros de vodka que él había bebido.

No fue capaz de llegar al ascensor sin que las lágrimas nublaran su visión.

Quería culpar a ese feto en su interior por alterar sus hormonas y provocar las gruesas lágrimas que caían por su rostro, al igual que si fuera una niña pequeña.

Sin embargo tenía claro que era por Luka.

Siempre era él.

Siempre sería él.

Luego de esa fatídica noche con Adrien, se aisló en su miserable vida. Vivía encerrada en su departamento, incluso había comenzado a pedir a domicilio cualquier cosa que necesitara para sobrevivir, como comida e incluso ropa; también había conseguido un permiso en la oficina para trabajar desde su casa.

Estaría ahí hasta que se viera forzada a ir a un hospital para deshacerse de su problema. No le parecía justo hacerlo sin decirle a Luka, pero tampoco se sentía capaz de hablarlo. Estaba siendo una cobarde, dudando de decisiones que debería ser firmes.

Un día, eso era todo el tiempo que aún tenía disponible. Había pedido la cita por teléfono, un taxi la estaría esperando una vez que todo terminara y Adrien era la persona a la que debían llamar en caso de que algo sucediera.

Luka apareció en su puerta cuando ya estaba preparándose para dormir; Tenía un aspecto demacrado, su cabello estaba aún más despeinado, su camisa estaba mal abrochada y con quemaduras de cigarrillos, además olía a alcohol, muchísimo, como si se hubiera bebido todo un bar.

Me dejó, Kagami. — Rápidamente él invadió su espacio personal, abrazándose a su pecho a pesar de la mucha diferencia de altura que tenían. Ella comenzó a deslizar sus dedos entre las hebras del chico, desenredándolas, sin permitirse disfrutar del todo ese contacto físico que había extrañado tanto. —Marinette se embarazó de otro idiota y me dejó.

Y-yo…—La chica tomó una respiración profunda, repitiéndose miles de veces dentro de su cabeza que no debía dudar. Después de todo, él era el hombre al que amaba y aunque no fuera el momento para decirlo con él en ese estado, había agotado su tiempo. — Yo también estoy embarazada de un idiota.

Tienes que estar jugando. — El músico se alejó de ella como si fuera aceite y él agua, su expresión lucía cada vez más deprimida. Él dio un paso hacia atrás, perdiendo su equilibrio, debiendo sujetarse del marco de la puerta para no caer al suelo. Ilusamente creyó que ella sería capaz de aliviar el dolor que Marinette le había causado cuando con tan poco tacto le dijo que nunca había sentido más que lástima con él y que ya no quería que tuvieran nada más que ver.— ¿Quién es él? No me digas que es ese Agreste porque voy a matarlo.

Eres tú. —Kagami se acercó con lentitud hasta él; comenzando a arreglar los botones de su camisa. Luka parecía no entender claramente sus palabras, pues parecía más preocupado de mantener su estabilidad. Debió repetir las palabras dentro de su cabeza más de una vez para comprender lo que la mujer le decía.

Kag…—El chico susurró, sujetando la mano de la chica con aprensión. Ella le sonrió, devolviéndole el gesto. — Gracias.

Sólo eso fue suficiente para saber que de ahora en adelante todo estaría bien.

Estaba segura que después de la larga conversación que les esperaba cuando Luka estuviera sobrio, al fin su vida podría retomar el camino correcto.


—Adrien...—Marinette acarició el hombro de él una vez que consiguió arrastrarlo al baño de su oficina. — Chaton, dame tu mano, s'il vous plaît —Él mantenía su vista fija en la sangre que manchaba su ropa, ignorándola. Aun no estaba segura de cómo había sido capaz de sacarlo de la oficina de su suegro antes de que lo siguiera golpeando y aunque no quería reconocerlo, estaba más que segura que el mayor lo merecía. La chica, algo desesperada por tener su atención, alzó su mano para sujetar su rostro, obligándolo a mirarla. —Amor, por favor.

El mayor la observo directamente a los ojos con una intensidad que sólo él conseguía, mientras le extendía torpemente su diestra. La mujer ahogó un gemido al ver lo herida que se había provocado, pero tomó una respiración profunda antes de ponerla bajo el agua para limpiarla; no tenía nada más que eso y papel higiénico para curarlo, así que dudaba que fuera suficiente. Esperaba que no fuera grave, tan sólo mucha sangre escandalosa.

— No sé cómo rompiste una ventana con tu puño…— Marinette murmuró mientras tocaba la extensión de su piel con mucha dedicación, buscando algún trozo de vidrio; no había nada, ni tampoco sangre que saliera al ritmo de su pulso, así que la sacó del flujo mientras presionaba las heridas para detener el sangrado.—¿Qué se sintió golpear a Gabriel?

—Siento que fue poco el daño para todo lo que le hizo a Nathalie. — Susurró él, observando con atención como la mujer secaba su extremidad para cubrirla con papel.

—Adrien…

El recién mencionado miró a la chica con el ceño aún fruncido; sin embargo la expresión de preocupación en el rostro de ella hizo que la suya se relajara.

— ¿Tú estás bien? Porque puedo llevarte a casa antes de ir a la sesión y mandar a alguien más para que haga tu trabajo.

—Lo estaré si tú lo estás, mon amour.


No quería estar ahí, no podía. Debía renunciar a la compañía de su padre lo antes posible e irse a una isla desierta con Marinette y su hijo. Tenía el dinero suficiente como para mantenerlos de por vida sin que sus familias supieran de ellos.

O al menos esos eran los únicos pensamientos que rondaban su cabeza mientras una costurera terminaba de coser la camisa a su cuerpo. Su padre lo estaba castigando por haberlo golpeado y quería humillarlo públicamente haciéndolo usar esa ropa ridícula. Sus mente hacia el mismo camino cíclico una y otra vez, casi de manera obsesiva, haciendo que no notara cuando la torpe chiquilla que comenzó el trabajo de costura fue reemplazada por su... ¿Novia? No, no era su novia; la chica para él era algo más importante, algo indefinible con palabras.

Marinette acarició el rostro contrario con una sonrisa mientras que él la abrazó desde la cintura, teniendo especial precaución de no hacer alguna clase de movimiento que pudiera iniciar nuevamente la salida de sangre en su herida, obviamente no podía mancharse la ropa antes de tomar las fotos. Con ella tan cerca de su corazón podía disfrutar de la suave brisa y los cálidos rayos de sol que invadían en el estadio.

—Chicos...— Amelia apareció con una mueca extraña en su rostro, prácticamente corriendo hasta que estuvo frente a ellos. Estaba lista para sus fotografías en la sesión; su cabello tenía muchísimo volumen ordenado en grandes ondas decoradas con plumas, sus ojos estaban delineados con dorado y sus labios de un rojo muy brillante. Llevaba unos pantalones metalizados con cintura alta, además de un croptop tejido y unos llamativos aros de argolla. Lucía hermosa, pero en su rostro sólo había una gran angustia que sus orbes reflejaban— Necesito irme, o esconderme un rato-. — Mientras habla, giró su cabeza sutilmente, haciendo una pequeña señal que Marinette parecía no entender. — Tal vez debería ir a una esquina aislada y hacerme bolita.

—Pero, ¿Y tus fo…

—Vete, puedo retrasar esto una hora.— Adrien interrumpió a su chica con una sonrisa, por lo que la mayor asintió antes de salir corriendo rápidamente a pesar de los altos tacones que usaba.

—¿Por qué la dejaste ir? Tenemos poco tiempo para terminar con las fotos y aún faltan las de ustedes dos juntos. No sé cómo esperas retrasarlo una hora.

—¿Quieres saber realmente por qué? Mira sutilmente a tu derecha...—La chica trato de hacerlo sin llamar la atención, pero le resultó inevitable concentrarse en la hermosa rubia que sujetaba su cartera en contra de su pecho mientras parecía buscar algo con la mirada.— Es la ex novia de Amelia.

—¿Ella es...—Marinette no era capaz recordar el nombre de la mujer, pero sabía que antes la había visto. Era la hija del ex alcalde de París y dueño de una gran compañía hotelera.

—Chloe Bourgeois.— Repentinamente, una voz desconocida se presentó junto a ellos, por lo que ambos se giraron hacia la fuente. La chica les brindaba una sonrisa llena de autosuficiencia.— La edad te sienta bien, Adrien.

—Lo mismo digo...—Comentó el chico sólo por compromiso, correspondiéndole la sonrisa. — Lamento ser tan brusco pero, ¿Qué haces acá?

—Estoy buscando a tu prima

—Ella ya no trabaja acá. — Contestó la azabache rápidamente mientras Adrien la abrazaba por la cintura, aproximándose lo suficiente como para besarla en la coronilla

—¿En serio? Yo creí haberla visto hace unos minutos.— Cuando Gabriel la había llamado, le había dejado claro que la otra era la encargada de organizar toda la sesión de fotos, así que no sabía realmente quién era el que mentía. Esperaba sinceramente que fuera la chica a la que apenas conocía. —Está bien...—Susurró resignada mientras buscaba en su cartera una invitación de color blanca, con pequeños detalles en plateados.—Son para mi boda, me encantaría verte allá, verlos allá.

—¿Le traes una a Amelia?— Adrien recibió la invitación, observando que claramente decía Nathaniel Kurtzberg junto al nombre de la chica.

—Y-yo...—Chloe mordió su labio, poniéndole atención a la pareja que tenía en frente, en espacial a la actitud protectora de su viejo amigo sobre la extraña. Esa mujer, de la que ni siquiera conocía su nombre, estaba esperando un bebé. Sintió nostalgia, hubiera adorado estar junto al rubio en ese momento tan importante. Sin embargo, de ninguna forma sería capaz de reconocer sus errores en el distanciamiento que habían sufrido. —Sí.

—La dejaste por este tipo, ¿Y aun así tienes la poca decencia de traerle una invitación para que te vea casarte?— El chico evitó mantener la vista fija en la mujer, apretando su puño para recordar el dolor que se había provocado la última que perdió el control, al igual que como estaba a punto de hacerlo en ese momento.—La destruiste, rompiste su corazón en miles de pedazos y la aislaste para que pasara por eso sola. Fuiste mi mejor amiga, Chloe, yo las presente cuando eran unas adolescentes. Pero la manipulaste y luego te victimizaste frente a todo el mundo.—Adrien suspiró, extendiéndole de vuelta la convocatoria que le había entregado. Marinette bajó su cabeza, algo avergonzada. No podía evitar verse reflejada en esas palabras; ella había hecho lo mismo con el rubio y ahora tenía el descaro de refugiarse en sus brazos. — Ella no quiere verte, yo tampoco. Vete por favor, antes de que sigas haciendo más daño.

—Está bien. Lo siento...— La rubia exhalo con algo de soberbia, recibiendo el objeto antes de ponerse los lentes de sol.— Espero que todo salga bien con tu bebé.

—Gracias, Chloe.— Susurró la chica, apoyándose en contra de Adrien, quien la sostuvo como siempre hacía cuando ella lucía cansada. La otra mujer asintió, dándose media vuelta.

¿En que había pensado cuando creyó que Gabriel sería sincero con ella? Él nunca había aprobado la relación que tenían, pero algo dentro de su pecho la había arrastrado hasta allí, diciéndole que esa sería su última oportunidad de arreglar las cosas con la única persona que realmente había amado.

Caminó lentamente hasta el auto en el que su chofer la esperaba a las afueras del recinto, sintiéndose más estúpida en cada paso que daba.

No merecía todo lo que estaba pasando.

Pero al parecer, el universo la quería cada vez más; porque cuando estaba a punto de hacer una rabieta y llamar a su padre para que él obligará a todos los Agreste a asistir a su boda, la vio.

Ella estaba sentada en el suelo de su estacionamiento junto a su auto, con la cabeza escondida entre las piernas para tranquilizarse. Recordaba haberla visto así de vulnerable en muy pocas ocasiones, todas ellas por cosas que finalmente terminaban siendo su culpa. No lo dudó, sólo se acercó hasta la mujer tratando de no llamar la atención para evitar que se escapara.

—Me gustaría decir que el cabello largo te sienta, pero el peinado te hace ver gorda. — De su boca salieron las primeras palabras que su cerebro consiguió formar, sin embargo, eran una gran mentira.

—¿Cómo me encontraste?— Amelia suspiró mientras que levantaba su rostro. Debió haber elegido un escondite mejor, encerrarse en un camarín o tirarse a ese modelo que no había sido capaz de despegarle los ojos de encima mientras se vestía. Cualquier cosa que le evitara ver a su ex.

—Esos pantalones se ven a cientos de kilómetros...—Chloe murmuró, antes de tomar una respiración profunda y sentarse en el suelo a pesar de los lindos pantalones blancos que estaba usando. En un incómodo silencio, sacó la invitación y se la dio.

—¿Qué es esto?— La otra mujer la abrió, observando inmediatamente los nombres grabados en plateado; una sonrisa irónica se posó en sus labios antes de darse media vuelta, romper el papel por la mitad y lanzárselo encima.

—¡¿Por qué eres así?!

— ¡¿Por qué eres así!?— Amelia gritó, perdiendo cada ápice de compostura, si es que algo le quedaba. — Tus padres te hicieron escoger, lo elegiste a él y aun así sientes la estúpida necesidad de venir a restregármelo en la cara.

— ¡Te hubiera escogido a ti si no fuera tan complejo descubrir qué piensas en cada momento!

—¡No trates de hacerte la victima ahora!— La modelo volvió a vociferar, esta vez levantándose para dejarla sola e ir a terminar de tomarse las fotografías. —No voy a ir a tu boda y sinceramente, no espero que seas feliz. Tú no lo mereces.

Chloe no podía soportarlo, al fin estaba sintiendo que la otra fémina la estaba dejando y no iba a dejar que ella le ganara la separación.

Aunque debía irse antes de comenzar a llorar; ella también se alzó, empujando a la Agreste en contra del auto que tenían a sus espaldas. No iba a dejar que todo resultara tan sencillo para Amelia, así que en un rápido movimiento la inmovilizó, apoyando todo su peso corporal en el delgado cuerpo ajeno. Inmediatamente después opto por una actitud dominante, pasando su diestra por la base del cuello contrario para forzar a su labios a encontrarse.

No fue más que un roce, lo suficiente para evocar emociones que creía pérdidas. Ese beso le estaba jugando en contra a Chloe, pero a Amelia le estaba demostrando que ya no la extrañaba y que todas sus heridas ya habían sido cicatrizadas.

—Llamaré a mi papi, con quién tenga que hablar pero tú estarás en primera fila viendo como el amor de tu vida se lanza a los brazos de otro.

—Tú no eres el amor de mi vida. — Susurró la chica, empujándola para finalmente volver a la sesión de fotos.


Adrien tuvo que volver a la oficina después de dejar a Marinette en casa, ella había insistido en que podía esperarlo pero se había quedado dormida mientras iban del estadio a Agreste's. Él aún tenía que revisar las fotografías antes de enviarlas a las editoriales.

Pero sólo podía pensar en todas las discusiones que había presenciado hoy.

Primero su padre, creyendo que sería buena idea dejar a la mujer que siempre había estado a su lado por Emilie, quien nunca fue su persona favorita.

Luego apareció Chloe, buscando revivir problemas que deseaba haber sepultado hace muchísimo tiempo.

Parecía casi una señal divina del futuro que tendría su relación si no eran capaz de hablar sobre su pasado, sobre los errores cometidos.

¿Y si Marinette lo dejaba nuevamente por Luka?, ¿O si él la dejaba por otra persona que apareciera repentinamente en su vida?

Tal vez lo que ambos sentían no era amor y querían creer que sí lo era por el bebé, no debió comprarle ese anillo.

No podía seguir trabajando, así que le envió todos los archivos a Amelia y se fue en dirección a su departamento.

Había evitado durante mucho tiempo esa conversación, pero a Kagami le resultó poner todas las cartas sobre la mesa.

Debía ser valiente.

¿Qué era lo peor que podía pasar?, ¿Terminar? Ya pasó por eso, ahora no podía dar el lujo de perderse en la nube de las drogas y el alcohol; debía ser útil para Marinette.

Cuando llegó a su casa, ella estaba recostada en el sofá; acariciando a Plagg con una mano mientras que con la otra sostenía el libro para bebés que le leía en voz alta a su pancita.

—¡Oh, Adrien! — La chica sonrió, dejando el libro sobre la mesa antes de brindarle una cálida sonrisa que derritió su corazón. — ¿Está todo bien? Creí que llegarías más tarde.

Él se acercó lentamente hasta ella, dejando caer su chaqueta y bolso cerca de la puerta; luego se sentó en el piso muy cerca de la azabache, pudiendo apoyar su cabeza sobre el abdomen ajeno.

—Tenemos que hablar, Mari.


— ¿Estás seguro que esto era necesario, Gabriel? — Emilie se mantenía alejada del hombre, observando como Nathalie ponía hielo sobre la herida que su primogénito había causado. — ¿Un vidrio roto y un golpe en el labio para que nuestro hijo hable con esa chica?

—Adrien necesitaba un impulso real, ver las consecuencias de no resolver los problemas a tiempo.

— ¿Por eso enviaste a esa niñita Bourgeois a hablar con tu sobrina?

—Eso fue una medida preventiva, por si lo de nosotros no resultaba.

—Bueno…— La mujer suspiró, acercándose hasta el escritorio para tomar un bolígrafo y firmar los papeles de su divorcio definitivo. — Nath, ¿Podrías enviarme una copia de esto a mi casa junto con la invitación a su boda?

—Yo creí que se quedaría aquí más tiempo, hasta que su nieto naciera.

—No, si estoy aquí sólo voy a conseguir sentirme más vieja, y créeme, querida, eso es pésimo para el cutis.


Antes de empezar a disculparme, s'il vous plaît es por favor.

Me demoré caleta-cofcofMuchocofcof-, lo sé.

Fue súper complicado escribir el capítulo porque lo hice como si fueran 3 textos diferentes, entonces cuando ya estaban listos, tuve que corregir mucho para que todo tuviera sentido; en realidad no fue tanto, sólo cambiar algunas palabras y espero que realmente se haya entendido.

Ahora voy a usar este espacio para contestar algunas preguntas que he recibido.

Primero y muy importante: Yo estoy publicando la historia en Wattpad; aunque no me gusta mucho porque es complejo conseguir el mismo nivel de alcance que hay acá, sin embargo está el plus de que puedo contestar los comentarios a penas los leo. (Yes to Heaven también está publicado allá, por si alguien los quiere en su biblioteca)

Lo otro, los títulos de los capítulos son inspirados en canciones que tienen que ver con el desarrollo que tienen.

Strangers es de Halsey, Old Habits Die Hard de Allie X, Scared to be Lonely de Dua Lipa, Fall to Pieces es una parte de Cherry de Lana del Rey, Because of You es de After School, I Dont Wanna Know es un cover de Florence Welch, Millon Years Ago es de Adele, Gypsy y The Chain son de Fleetwood Mac, finalmente este capítulo se llama así por Tu Juego de Miranda!

Con el dolor de mi corazón debo anunciar que este es el penúltimo capítulo. Ósea falta el ultimo capitulo y el epilogo. Ambos ya los escribí. Así que Strangers va decir adiós antes de Navidad, o al menos eso espero.