La cocina era un lugar sagrado para Asia en ese cuarto podía tomar el control de las cosas y manejarlas a su manera, pero había alguien que siempre hacía caer todo su orden a la basura.
Su esposo y amor de toda la vida.
Hyõdõ Issei, un modelo de una de las revistas más reconocidas del mundo.
Su amoroso esposo, nunca desperdiciada una oportunidad de someterla a los placeres carnales.
Sus familias los habían comprometidos desde pequeños sin que ellos supieran algo, la primera vez que lo vio no podía creer que su familia la casarán con uno de los solteros más codiciados del mundo.
Se sentía nada al lado de él.
Issei no pudo evitar enamorarse de la rubia a primera vista, era perfecta. Lindo rostro y sus hermosos ojos esmeralda que eran inocentes en todo sentido.
La relación fue avanzando con el paso de los años, entre cita y cita se habían acostumbrado al otro en tan poco tiempo. Issei era un caballero con ella y eso le encantaba de su esposo pero en la intimidad de su hogar era una bestia insaciable.
Y con eso está escena, Asia gemia al sentir su vagina siento arremetida por su esposo como un perro.
- Ahhh... Ahhh...
Sus gemidos eran música para sus oidos, su interior apretaba su verga no queriendo dejarlo ir. La había atacado desprevenida, Asia preparaba el desayuno cuando de pronto su esposo apareció con esa sonrisa perfecta en su rostro listo para probar su cuerpo una y otra vez. Hasta que se pudiera satisfacer, y a ella también.
Asia no podía hacer nada contra su esposo, pero algunas veces ella lo buscaba después de pasar mucho tiempo sin tener acción.
Hoy era 14 de febrero y lo iban aprovechar hasta el máximo.
Issei le prometió cuatro hijos a Asia y se los iba a dar hoy mismo.
