La cortesana, fic, escrito por Yuleni Paredes
Estelarizado por Candy y Albert (el verdadero príncipe de la colina), personajes protagónicos de la serie animada Candy Candy.
Capítulo 3
El rubio siguió a la dama que lo guio hasta la recamara que le tenían reservada. Subió por las angostas escaleras, las cuales tenían forma de espiral.
―Señor, su habitación está al final del pasillo ―La damisela, de busto sugerente, se alejó de él.
Albert caminó hasta aquella puerta de madera tallada, de columnas de mármol y lámparas colocadas en las esquinas superiores, giró la perilla para entrar.
El lugar era amplio gracias a que, dos meses atrás, la habían remodelado para unir cuatro habitaciones.
Colocaron una enorme cama y almohadas rellenas de plumas de garza, sábanas blancas y rojas la cubrían para darle el aire pasional que requerían.
Cuadros de la época grecorromana, que revivían las orgías del aquel entonces, fueron colocados estratégicamente; sin olvidar las finas réplicas de las esculturas de la diosa Venus de Milo y de David, del gran Miguel Ángel, ubicadas cada una a los lados de la cama.
Entre aquellas fascinantes figuras artísticas, se divisaba una mujer rubia de las labios color carmesí, que hacía juego con el tono de su camisón sin manga, ligeramente escotado, le hacía ver a la perfección sus bien formados senos, que si bien no eran tan grandes: sugería deseo de ser tocados y saboreados, sus botones se veían deliciosos.
Él, a través de esa prenda que le dejó nada a la imaginación, observó detenidamente la figura hermosa, de aquella joven, gracias a las luces provenientes de los candelabros y de la luz de la luna que entraban por el amplio ventanal.
Ella, descalza, caminó hasta a él, quien seguía perplejo por la imagen de la mujer de belleza incomparable.
Él no sabía cómo actuar, se dejó hacer por la dulce dama de ojos color esmeraldas y fragancia sutil a rosas silvestres, la cual le tomó de la mano para sentarlo en la cama. Ella se posicionó sobre él.
Sus rostros estaban frente a frente. Candy, desde que vio la figura de aquel hombre, se quedó maravillada. Nunca pensó que sería un chico de aspecto angelical.
Abigail nunca le mintió, ese hombre es de belleza masculina indescriptible, elegante, de mirada tierna e inocente. Sus ojos azules poseían un brillo que nunca en su vida había visto.
A pesar de ello, le pareció incorrecto lo que debía hacer. No quería; pero, pensó en sus hermanos.
Tomó valor, le desanudó la corbata para quitársela. Lentamente, le desabrochó la camisa. Su olor a madera fresca le gustó. Sutilmente, se acercó a sus labios para rosarlos con los de ella.
Ocasionándole al joven debutante escalofríos en todo el cuerpo.
Candy hizo la mirada a un lado, se sintió avergonzada. Inmediatamente, a su mente llegó el recuerdo de Lord Pierre, haciéndole la advertencia de que la estaría vigilando por si incumplía lo acordado.
Él por su parte cayó sobre la cama, tenía las majillas, realmente, sonrosadas. Ella era tan radiante como una deidad, a su parecer, que se dejó vencer por el deseo de tocarla y sentir su tez.
Sutilmente, se friccionaron la piel.
Candy se humedeció para subirse sobre él, quien gustoso la recibió lleno de placer.
Albert se sintió duro y tieso por el inmenso goce que le daba aquella mujer.
Sus labios y lengua jugaron entre sí para dar paso a un nuevo descubrimiento, en donde sus corazones se aceleran para perderse del mundo y de la razón.
―¿Está usted bien? ―preguntó con la mano en el pecho llena de preocupación.
Candy se levantó aprisa para buscar ayuda, la madame entró antes de que ella pudiera salir.
―Madame, el señor… No sé qué le pasa.
―Es normal ―respondió con serenidad.
―¿Cómo?
―Es primerizo, nunca había tocado una mujer, es normal que culminase antes de llegar al acto. Lo enloqueciste de pasión. Deja la angustia, regresa y ayúdale con sus ropas para que te metas en la tina con él.
En una de las celdas de la ciudad parisina.
―¡Échenle agua fría, ja, ja, ja, qué aprendan a respetar a la autoridad!
―¡Cuando salga de aquí, verán de lo que soy capaz!
―Tom, ya no les des motivos a esos rufianes; se esconden debajo de un uniforme de la realeza para cometer sus fechorías… Tom, deberé… comunicarte que Candy ―dijo Jimmy, cabizbajo― fue capturada y sometida. La amenazaron con hacernos daños, si no cedía a sus peticiones.
―¡¿A qué te refieres?! ¡¿De qué peticiones hablas?! ―preguntó lleno de rabia y odio por las injusticias cometidas contra ellos―. Yo, yo, la amo, la amo con todo mi corazón. Ella será mi esposa, mi mujer, formaremos una familia.
―Nada podemos hacer, es tarde; no eres el único que sufre de amor. Fuimos criados como hermanos en el hogar de Pony; pero simplemente, me fue imposible verla con ojos de hermano, no me importa que sea la muñeca de un excéntrico multimillonario, esperaré a mi mayoría de edad y me casaré con ella, sin importar su condición.
―Eres un niño y desconoces el dolor de saber a tu amor en brazos de otro. Todo es por culpa de los Legan. Llegaron con intenciones de llevarse a Candy como dama de compañía de la tonta de Eliza, quien siempre la envidió, sus ojos reflejan la llama del odio. Aumentó su ira en contra de Candy, cuando ese niño rico se fijó en ella. La dejaron a merced de García para que se la llevaran lejos a trabajar. Les cumplió, se la vendió al mejor postor.
―Nada podemos hacer.
Mientras en la habitación especial, Candy se acercó a Albert para saber:
¿Cómo se sentía?
―¿Estás bien?
Continuará.
Gracias por haber llegado al final de este tercer capítulo. Recuerda suscribirte a tu canal de YouTube favorito: Cómicsmundo, dar like y comentar. Dios nos bendiga.
