Rin regresaba de su entrenamiento con Inuyasha, iba tarareando una alegre tonada cuando a lo lejos vio a la anciana Kaede asomarse por la ventana, en cuanto la vio la anciana gritó –Ya llegó Rin-

El rostro de la joven cambio drásticamente, una sonrisa de oreja a oreja le brotó instantáneamente y corrió lo más rápido que pudo hacia la cabaña. Se escuchó un gran alboroto, vació su mochila en un abrir y cerrar de ojos, sólo para llenarla de nuevo y salir corriendo mientras gritaba –Nos vemos en un rato abuela Kaede-

La anciana sólo pudo ver como rápidamente se perdía su figura en el sendero, por lo que sólo exclamo -¡Sí mi niña, con cuidado!- y finalmente la perdió de vista –Llevas más de un mes preparándote para su visita, sé que Sesshomaru dijo que te dejaría aquí para que estuvieras segura y que en su tiempo pudieras elegir, pero el tonto no sabe que tú tomaste esa decisión desde hace mucho tiempo- pensó para si la anciana mientras entraba a su cabaña.

La figura de una joven, de ya 15 años, subía por una colina, el olfato de su amo la había detectado desde hace mucho tiempo, pero el olor de su bello cabello negro que estaba recogido sólo de un lado por un listón, le avisó que ya estaba aquí. Sesshomaru volteo la mirada cuando Rin comenzó a correr hacia ellos, Jaken y Ah-Un también se le quedaron viendo. El paso de los años habían provocado ya varios cambios en la jovencita, para empezar su cuerpo ya no era el de una niña, había crecido varios centímetros y se empezaban a formar curvas que la definirían como mujer; aun así la inocencia de su rostro seguía intacta y la calidez de sus ojos era cada día mayor, llevaba un kimono rosa, con detalles en fucsia y lo que parecían unas esferas de color beige, un regalo que hace mucho tiempo le había dado su señor.

Rin: ¡Amo Sesshomaru! ¡Señor Jaken!

La joven corrió para quedar justo enfrente de su amo y con la más divina sonrisa le dijo -Hola amo Sesshomaru, disculpe mi tardanza, me alegra mucho verlo- después se agacho y abrazo con fuerza al señor Jaken, gesto ante el cual el pequeño demonio intentó zafarse sin mucho éxito.

Jaken: Ay niña, vaya que ya no tienes las mismas fuerzas

Rin simplemente soltó una pequeña risa y procedió a abrazar cada cabeza de Ah-Un, con lo cual la bestia se mostro muy emocionada, se separó del demonio acariciándole la cabeza y volteando a ver a Jaken le dijo: Vamos señor Jaken

Caminaron un par de metros hasta llegar a un claro en el bosque, Rin sabía que a su amo no le gustaban las aldeas humanas, así que él siempre la esperaba a las afueras de la misma. Sesshomaru adopto la posición de siempre, se sentó en un árbol con una pierna estirada y la otra doblada. Rin dejó su mochila recargada en otro árbol y Ah-Un se acomodó plácidamente bajo la sombra de ese mismo lugar.

-Amo Sesshomaru, señor Jaken aprendí unos saltos nuevos con la señorita Sango, me tomó varios intentos, pero ya lo logré- dijo Rin con entusiasmo

Jaken: ¿Por qué me habrían de interesar unos saltos de humanos tontos?

-De seguro esta celoso porque usted nunca podría hacerlos- dijo la bella joven con un tono burlón

Jaken: ¡¿Qué dices niña?! El gran Jaken puede hacer lo que sea

Rin: ¿A sí? Pues imitime

Rin empezó a hacer una serie de saltos y piruetas que Jaken intentó imitar sin mucho éxito, el espectáculo parecía darle mucha risa a Ah-Un, después de unos minutos en los cuales la victoria había sido claramente para Rin, esta se puso a jugar con Ah-Un a las escondidillas, era un escena bastante chistosa ver como el inmenso dragón intentaba esconderse de la pequeña. El pequeño demonio y el gran youkai se limitaban a observar, el juego duró un buen rato hasta que Rin se sentó a lado de su amo, la joven le empezó a contar varias cosas, empezó contándole que la señorita Kagome había descubierto que Rin tenía cierto poder espiritual, la anciana Kaede le había explicado que era por haber viajado al mundo de los muertos, Rin noto un repentino enojo en la mirada de su amo, por lo que cambio el tema.

Así que opto por platicarle de la misión que había realizado con el monje Miroku, el exorcismo de un palacio en una aldea vecina, el cual había sido poseído por el espíritu de un malvado demonio gato de pelaje rojo.

Jaken: ¡Rin! ¿Tú te decisiste del demonio Isas?

Rin: Sí, ahora que lo recuerdo ese era su nombre ¿Por qué lo pregunta señor Jaken?

Jaken: Ese no es un demonio cualquiera, es un demonio fuerte que se alimenta de las almas de los niños

Rin: Pues sí, de hecho había querido poseer al hijo del señor de ese palacio. Pero no lo hubiera logrado sola señor Jaken, el monje Miroku me ayudo.

La verdad es que Rin había hecho un buen papel, y había estado a la par del monje.

La joven continuó narrando sus aventuras en la aldea, contó sobre cosas que pensaba, de flores que había visto, de no ser por las interrupciones de Jaken aquello hubiera parecido casi un monologo, para cualquiera que no conociera a esos personajes sería normal pensar que Sesshomaru ignoraba completamente la plática de Rin, pero la verdad es que estaba atento a cada palabra.

Paso aproximadamente una hora, el poderoso youkai se levantó y dijo: Rin, debemos irnos

La joven guardo total silencio, de pronto sintió un vacío en el estómago, realmente no quería que ese momento terminara, pero sabía que su amo era un demonio muy importante con muchas cosas que hacer y entendía que tenía que agradecer el tiempo que tuviera a su lado, por lo que se limitó a decir –Sí amo, gracias por haber venido a verme- una pequeña sonrisa acompañada de unos ojos algo tristes, pero llenos de vida se dirigieron hacia el apuesto demonio.

La joven se quedó admirando a su amo un par de segundos, su blanca piel, su espalda ancha y su porte tan imponente. Un pensamiento que cruzó fugaz su mente fue lo que la sacó de ese trance -Los regalos- Rin corrió a su mochila y gritó –Amo Sesshomaru, espere un momento- El demonio se detuvo y volteo a ver a la joven que tenía una expresión de emoción en su rostro –Amo Sesshomaru, señor Jaken, Ah-Un ustedes siempre han sido muy buenos conmigo, en especial usted amo Sesshomaru, usted seguido me trae hermosos obsequios; es por eso que hoy yo… emm quería darles algo- El fino rostro de la joven se ruborizó mientras colocaba su mochila en el piso y la abría –Ah-Un, les hice una corona de flores para cada quien, el señor Inuyasha me dijo que estas flores tiene un aroma muy placentero para los demonios- la joven colocó en cada cabeza una corona hecha con unas pequeñas flores moradas, las cuales la bestia acepto con mucha alegría, se veía más feliz que nunca.

Rin: Señor Jaken, le traje estas moras, la anciana Kaede me contó que son muy ricas para los youkais y buenas para su salud

La joven extendió un pañuelo lleno de unas moras amarillas, cada una del tamaño de un limón –Moras del amanecer- pensó el señor Jaken mientras abría enormemente sus ojos y comenzaba a salivar, de pronto cambió su expresión de asombro y dijo –Niña, tú tienes conmigo una gran deuda, así que no creas que estas moras la saldan- Rin se limitó a reírse ante el comentario del demonio.

Finalmente buscó el último objeto de su mochila, un gran pergamino enrollado con un listón naranja, realmente había sido un regalo hecho con mucho cariño y esmero. Rin había hecho un dibujo para su amo, sin embargo el proceso para obtener el resultado final no había sido sencillo, en realidad este era el séptimo intento, la joven había pedido la ayuda de Jinengi, ya que al dibujar seguido plantas medicinales este había adquirido una gran habilidad y de su buen amigo Shippo, debido a que la señorita Kagome ya le había traído colores y acuarelas antes –Este… es para usted amo- dijo Rin mientras sacaba el pergamino.

Ella no entendía porque, pero en su estómago sentía cientos de mariposas, ahí se quedó viendo a su amo, sosteniendo el pergamino con ambas manos, más pasaron varios segundos y la expresión del rudo señor no cambio en absoluto, sólo se quedó viéndola con esos fríos ojos amarillos. La linda sonrisa que tenía Rin comenzó a desvanecerse, poco a poco agacho la cabeza y le entraron unas irremediables ganas de llorar –Sabía que no le gustaría- pensó Rin, estaba por discuparse con su amo y guardar el pergamino, cuando una voz paralizó todas sus emociones.

Sesshomaru: Rin

La joven alzó la mirada, para ver a su amo, el cual había volteado la suya.

Sesshomaru: Rin ¿Qué estas esperando? Dame ese tonto pergamino… Lo quiero

La expresión de la joven cambió completamente, emocionada le extendió el pergamino a su amo, este lo tomo sin mirarla y lo guardo en sus ropas, solo para después pronunciar de la manera más seria posible –Jaken, vámonos- El poderoso youkai emprendió el vuelo, seguido de Jaken que iba montado en Ah-Un. A lo lejos soló se escuchó el grito de una joven –Nos vemos Ah-Un, señor Jaken- El pequeño demonio y la gran bestia voltearon para ver a la linda Rin agitando sus manos, gesto que extrañamente el señor Jaken contestó con una mano y una sonrisa –Nos vemos amo Sesshomaru, muchas gracias por venir- el corazón de Rin se aceleró ante un sentimiento cálido que provino desde lo más profundo de su ser, sentimiento que la obligó a gritar –Lo quiero amo Sesshomaru-

Rin se sonrojo y se llevó las manos a la cara tras pensar en lo que había hecho, regreso a su choza llena de una felicidad y dicha como nunca había sentido antes, ella se hubiera perdido por siempre en ese sentimiento de no ser por una voz que la llamaba a lo lejos

Kaede: Rin… mi niña… ¡Rin!

El gritó de la anciana terminó por despertar a la joven

-¿Estaba soñando?- Rin despertó para encontrarse en su cabaña -¿Por qué tan repentinamente recuerdo ese día?- La joven suspiró -Amo Sesshomaru, ya casi pasa un año desde esa última vez, y usted no ha vuelto, no sabe lo mucho que lo extraño-