Ninguno de los personajes aquí presentados me pertenece, sólo la historia que les comparto sin fines de lucro
—… Había dragones cuando yo era niño; algunos volaban por lo cielos como majestuosas aves, otros se ocultaban misteriosos en los mares, podían ser tan grandes como montañas o ni siquiera superar el tamaño de una lagartija. Los había de diferentes tipos, algunos de fuego, otros de roca, de hielo… Vikingos y dragones fueron enemigos por mucho tiempo, miles murieron en ambos bandos, pero todo cambió cuando un inusual muchacho hizo lo impensable: entabló una amistad con una de las especies más poderosas.— contó Hipo.
—Las historias dicen que que fuiste tú.— interrumpió Valkiria con ojos brillantes.— fuiste el primero en siglos en montar un dragón, e hiciste que los demás dejaran de atacarlos, terminaste con una guerra que parecía eterna.
—Sí, lo hice.— sonrió.— pero no fue un proceso fácil, ni algo que nació de la noche a la mañana, tomó mucho tiempo para que mi dragón, un gran furia nocturna llamado Chimuelo, confiara en mí, y tomó mucho más para que las personas confiaran en ellos y los dejaran de ver como el enemigo. Al final lo logré, hubieron peleas y guerras en el camino, pero al fin la gente comenzó a entender… Sin embargo aún habían personas que no querían aceptar todo esto, y peor; que querían utilizar a los dragones para causar caos y destrucción, uno de ellos, y el más peligroso, fue Drago Manodura, luchamos contra él antes de convertirme en Jefe, y ganamos, más no se rindió, quería su venganza, y comenzó a proclamarla en el que en un principio fue uno de los días más felices de mi vida, pero esta vez… no venía solo…
"Cruzando el gran y frío océano, oculta entre la densa neblina del archipiélago, se alzaba la isla de Berk. En su tiempo era conocida como una de las principales islas activas en la lucha contra los dragones, era donde nacían guerreros sanguinarios, pero ahora, si se tuviera que describir en una sola palabra sería… sobrepoblada.
Cientos de dragones habían hecho de Berk su hogar, y los habitantes no habían hecho más que acostumbrarse y ambientarse a ese estilo de vida que hasta hace poco más de una década sería visto como una locura inimaginable.
La isla entera había tenido que ser remodelada con múltiples postes a gran escala, varios establos equipados con todo lo que un dragón podía necesitar, más puntos de comida, y por supuesto, como se puede esperar al albergar a criaturas escupe fuego; el doble de sistemas contra incendios, todos conectados para facilitar su uso. La vida en Berk era de sobra apretada, era imposible salir hacia el Gran salón sin tener que preocuparse de ser aplastado por algún Cremallerus o un Cuernatronante, pero aun así, los vikingos habían pasado de ser necios y obstinados a estar abiertos a soluciones alternas que difieren mucho al uso de hachas y mazos, por lo que la gente había comenzado a usar altos puentes que se alzaban sobre la aldea y unían las edificaciones, permitiendo la entrada a estas por medio de escaleras, también habían comenzar a saltar sobre los lomos de los dragones que se paseaban por los caminos cuando el tráfico estaba en sus horas más abundantes, cosa que hizo que la condición física de varios mejorara considerablemente.
La situación actual de la isla les había costado pequeños encuentros con otras tribus que no estaban muy de acuerdo con la alianza con estas criaturas, otros habían tratado de aprovecharse de la bondad de la gente usando trampas y engaños para intentar robar a los dragones ya domesticados, pero la isla de Berk no sería lo que es si no fuera por el Jefe; aquel que en las tierras lejanas era conocido aún, erróneamente, como el Conquistador de Dragones, mientras que él prefería Jinete de Dragones.
Había estado ya 7 años cargando con el pesado manto del Jefe de la tribu, y a Hipo Horrendo Abadejo III le faltaban dedos para contar las veces en las que había tenido que defender a la isla de ladrones y cazadores antaño, incluso desde antes de que tuviera que tomar la gran responsabilidad que su padre le había dejado, pero no se podía quejar; eran los gajes del oficio. Aunque gran parte de esos problemas habían quedado casi en el pasado, las cosas habían cambiado bastante y ya no era algo de lo que se tuviera que preocupar, ahora tenía otros problemas de los cuales ocuparse, principalmente la sobrepoblación de dragones en la isla. Y es que, por más satisfactorias que fuesen las misiones de liberar dragones, cada vez era más difícil reubicarlos en algún ambiente que cumpliera con todas sus necesidades, y al final, muchos terminaban en Berk. Necesitaba resolverlo, pero realmente no sabía cómo, y el consejo no se lo hacía nada fácil, lo instigaban constantemente en cada reunión a la que debía asistir.
Acababa de salir de una de esas reuniones, aliviado de que por fin terminará, cuando su primo lo interceptó en uno de los puentes, parloteando sobre sus planes para la protección de la isla, Hipo solo pensaba en llegar con Astrid para hacer su vuelo diario, pero aun así debía de poner atención a lo que el Líder de la Protección Civil de Berk tenía que decir.
Sí, muchas cosas habían cambiado cuando se convirtió en Jefe, Estoico el Vasto había hecho muy bien su trabajo de proteger a la isla durante años, pero él ya no estaba, e Hipo desde el inicio sintió que no podía hacerlo solo, no era su padre, y entendió que por esto mismo debía de comenzar un cambio, y así, estructuró un nuevo sistema que le permitía tener a más personas trabajando junto a él.
Aunque al principio todo había sido complicado, con el asunto de reconstruir la aldea y remoldearla, asumir todas las tareas y responsabilidades que le correspondían como líder, y librar pequeñas batallas de invasores que se dieron a raíz de la muerte de Estoico, había podido superar todos lo obstáculos y adversidades, ahora todo era relativamente pacífico, su día a día consistía en dar la bienvenida a la tribu a algún bebé, organizar carreras, asistir a juntas, resolver conflictos -los cuales eran mayormente causados por Brutacio y Brutilda-, revisar los planos de defensa de Patán y hablar con Patapez sobre las expansiones de los establos… últimamente su vida se había tornado bastante tranquila y… aburrida. No es que se quejara, agradecía a los dioses la paz que había llegado en Berk después de los enfrentamientos con Drago, pero en el fondo anhelaba con desespero que algo interesante sucediera; una nueva aventura, lo que fuera que lo sacara de las frías aguas del archipiélago.
Ni siquiera Chimuelo podía ayudarlo, siendo ahora el Alfa se veía afectado con sus propias responsabilidades por lo que apenas podían estar juntos, su amigo tenía que estar por toda la isla, atento a que los demás dragones no crearán problemas, poniendo un orden y evitando peleas, Hipo nunca había visto a un dragón estresarse tanto como el Furia nocturna cuando la temporada de celo llegó.
Sólo contaban con ciertos momentos al final del día en donde podían surcar libres en los cielos, y aquel día era perfecto para hacerlo; el sol brillaba entre miles de nubes tan blancas y esponjosas como el algodón, era exactamente esa época del año en la cual el frío daba un poco el brazo a torcer y dejaba que la naturaleza floreciera. Las aves cantaban, abundaban las flores de colores y soplaba un aire cálido. Hipo no podía esperar por llegar con Chimuela, sólo faltaba…
—¡¿HIPO?! ¡¿Estas escuchando?!— Hipo se sobresaltó ante el grito de Patán, olvidando por unos minutos que estaba ahí, por instinto asintió con la cabeza, a pesar de no haber escuchado nada.—¿Ah, sí? ¿Entonces qué fue lo que te dije?
—Hablabas sobre hacer que un Pesadilla Monstruosa y un Metamorfa se apareen para crear una nueva especie… Pero Patán, ya te he dicho que eso es imposible.—dijo cansado moviéndose entre los puentes con el pelinegro tras de él, realmente no había tenido que pensar mucho para adivinar el tema de la conversación, esa había sido la idea recurrente de su primo, y no perdía la oportunidad de replantearla cada que pudiera.—… y a decir verdad, dudo que hayan voluntarios dispuestos a realizar este innecesario experimento.
—¿Innecesario?— inquirió boquiabierto el vikingo de baja estatura, luego comenzó a menear la cabeza de lado a lado lentamente mientras que llegaban al final de unos de los puentes y comenzaban a bajar por las largas escaleras.— Hipo, oh, Hipo, Hipo, Hipo…
—¿Podrías dejar de repetir mi nombre?.—suspiró, fue completamente ignorado.
—Hipo, tú, nuestro muy atolondrado Jefe.— era bueno saber que su primo le guardaba el mismo respeto que cuando era el inútil del pueblo.— ¿Y si un día los Romanos decidieran que también quieren dragones e intentasen invadirnos? ¿Qué haríamos en esa situación?
—Podríamos, no lo sé, usar los planes de defensa en caso de invasión.— comentó al aire rodando los ojos.— tampoco es como si contáramos con centenares de dragones comandados por el Alfa, ni con el apoyo de los Berserkers, las Doncellas aladas, los Marginados, ni con los Defensores del ala, ¿Cierto? ah, espera, ¡Sí lo hacemos!
—¡Necesitamos una defensa que nos proteja de todo! Y una cría entre un Pesadilla Monstruosa y un Metamorfa, las especies más peligrosas, sería la respuesta ante alguna guerra, o simplemente como una prevención…
—Patán— le interrumpió— Tenemos las prevenciones suficientes, todos lo puntos están cubiertos, nos hemos encargado de eso desde hace años, e incluso los fortalecimos cuando llegaron los rumores sobre el regreso de Drago. No necesitamos más de lo que ya tenemos, y si fuera necesario, la respuesta no seria jugar a ser Odin y alterar la vida, hay métodos mucho más prácticos. Y… un momento ¿No estabas ya en un proyecto?.— puntualizó entrecerrando los ojos, tratando de que olvidara esa tontería, en ese momento toda la confianza de Patán desapareció e hizo una mueca deteniéndose justo cuando llegaron al suelo firme en una zona más libre y espaciosa alejada del ajetreo del centro de la aldea, Hipo se giró hacia él para encararlo .— Si no mal recuerdo me rogaste para que te permitiera estar a cargo ¿Qué tal va?
—Pues… —Patán alargó la última sílaba, mientras se balanceaba ligeramente en la punta de sus pies y evitaba sus ojos, visiblemente incómodo. Hipo lo miró inquisitivo, levantando una ceja y esperando su respuesta, haciendo que el pelinegro suspirara y dirigiera la vista al cielo.— Va bien— gruñó.—los diseños que nos diste son geniales, dan una buena movilidad y cuando la naturaleza llama son increíblemente…
—Patán.— le interrumpió de nuevo, el castaño realmente no tenía tiempo para sus juegos, sólo quería terminar de una vez.— Por favor ve al punto ¿cuál es el problema?
—No hallamos la forma en la que el fuego no penetre, ya intentamos con varios materiales, sin embargo todo termina en un gran fogata, lo cual es malo para el sujeto de pruebas, es una suerte que sea un espantapájaros y no alguien real como los gemelos sugirieron...—bromeó, el vikingo de una pierna rodó lo ojos preparando su argumento, más son interrumpidos por es aterrizaje de una oscura criatura a tan sólo unos metros, llegando justo en el momento indicado como respuesta a los ruegos de su compañero humano.
Hipo se alegró al ver el imponente porte de Chimuelo y enseguida se dirigió a él, viéndose salvado de seguir con la fastidiosa conversación y dejando a su primo atrás.
—Al fin, gracias a Thor que llegaste.—le susurró apenas llegó al enorme animal, enseguida Hipo se apresuró a cambiar el modo de manejo de la cola del Furia Nocturna para así permitir que el castaño controlará sus movimientos, Chimuelo le dio una mirada de diversión y soltó un pequeño gorjeó, burlándose de su impaciencia.
—¡Sí, largo! no necesito tu ayuda, yo lo resolveré, puedo ser tan inteligente e ingenioso como tú.— masculló Patán, recordandole su presencia. Hipo suspiró por vigésima quinta vez en el día, sí; llevaba la cuenta, y subió a la silla en el lomo del dragón, observando su siempre fría piel, resistente al calor, casi impenetrable…
—¿Intentaron con escamas como les dije?.—inquirió mientras se inclinaba para intercambiar el lado de su prótesis y luego la enganchaba en el pedal.
—Sí, Hipo, lo intentamos… — rezongó Patán con tono de fastidio.— Las escamas sobrevivieron, lo demás no, el fuego llegó a la tela.
—¿Y qué tipo de tela usaron?—preguntó entrecerrando los ojos, ya sabiendo la respuesta.
—De lana.— resopló, apenas las palabras salieron de su boca Hipo tuvo el impulso de querer golpearse contra el piso por la frustración, se conformó con llevar su palma a su frente, cerrar los ojos y apretar los labios. Patán se quedó con una pose relajada y confiada, aún sin captar la situación, tardó unos momentos pero cuando lo hizo abrió los ojos y exclamó.— Aah…
—Sí, Patán, "Aah".—Hipo soltó otro suspiro, observando el cielo y sintiendo la inquietud de su dragón, quien lo miró con incertidumbre, podría cancelar todo y resolver el problema, pero… no, realmente necesitaba un pequeño respiro, podía posponer un poco más la situación, llevaban semanas atorados con el problema de la incineración de los materiales, un día más no importaba.— Escucha, mañana pasaré por el taller para ver las opciones para recubrir y evitar que el fuego pase, por el momento reúne las escamas que tenemos en los almacenes.
—Lo que digas Jefe— dijo con tedio mientras cruzaba los brazos sobre su pecho— Vete ya, cómo si no llevaras deseándolo todo este tiempo.
Hipo sólo sonrió ante esto, y sin tener que decir nada más Chimuelo se alzó en vuelo.
Sobrevolaron la aldea, disfrutando de la sensación del viento fresco y de la adrenalina de la velocidad, pero enseguida se dirigieron a unas colinas cercanas, donde una casa se alzaba. Su hogar, pero más le importaba lo que yacía dentro.
Aterrizaron limpiamente, Hipo enseguida bajó de Chimuelo y entró a la casa, no sin prometerle volver pronto. Dentro sintió el calor de un agradable fuego y vio a Tormenta reposando cerca de este.
—¿Astrid?—preguntó, extrañandole no verla ya lista con la dragona, enseguida escuchó un golpe en el piso de arriba, estuvo a punto de subir, pero pronto se hicieron presentes los ya tan conocidos pasos de la chica, y a los segundos la vio bajar agitada por las escaleras.
Verla aún le causaba el mismo efecto que cuando era sólo un aprendiz de herrero, sentía que le faltaba aire y juraba que su corazón se detenía por unos segundos, para luego reanudar su bombeo de una forma torpe. Era lo más hermoso que Hipo había visto jamás, y estaba seguro que no existía nada que le hiciera cambiar su opinión. Con sus ojos azules que hacían que el mismo cielo le tuviera envidia, piel de porcelana que se teñía de un adorable rosado en las mejillas cuando se avergonzaba o se enojaba, sus delicados labios rosados que le dedicaban cientos de sonrisas, y su dorado cabello, que antes amarrado en una trenza, ahora se deslizaba suelto en su espalda, con algunos mechones acariciando su rostro, los cuales él se encargaba de colocar detrás de su oreja con cariño. La miraba todo lo que podía y no se cansaba, entonces siempre se preguntaba qué había hecho para merecerla.
—Hola—le saludó ella suavemente con una sonrisa cuando llegó frente a él— tardaste.
—Mi Lady, lo siento… —le contestó Hipo mientras tomaba su mano y besaba su dorso con una pequeña reverencia que hizo reír a la rubia, por un momento la luz chocó contra el delicado anillo dorado que reposaba en su dedo anular, haciendolo relucir.— ¿Cómo estuvo el día de mi bella esposa?
—Oh, estuvo bien— dijo vacilante, casi con un poco de nerviosismo que alertó al castaño, de lo cual ella se dio cuenta porque se apresuró a agregar— no pasó nada nuevo, me encargué de preparar un par de cosas para la siguiente carrera, pasé un tiempo con nuestras madres, Patapez me pidió que diera una lección sobre los Nadder Mortífero para los niños de la escuela, y discutí con Patán sobre su estúpida idea de crear un nueva especie ¿Puedes creer que aun siga con eso?
—Sí, él es la razón de mi retraso… — admitió sin ponerle mucha importancia, más le importaba la extraña actitud de la chica— ¿Estuviste con nuestras madres? ¿Pasó algo?
—¿Qu-qué? No— casi tartamudeó mientras negaba con la cabeza.— Querían que pasáramos un tiempo de chicas… Brutilda se libró argumentando que pronto sería el día de Loki y tenía que hacer planes con Brutacio para rendirle tributo.
—¿Estás segura que no pasa nada? Te veo un poco… extraña— la miró directamente a los ojos, preocupado, tratando de descifrar qué ocurría
—¿Extraña?—resopló para luego dale un puñetazo en el hombro y soltar una carcajada—No digas tonterías, Abadejo.—su característica violencia hizo que todas sus dudas se disiparan, por lo que le devolvió la sonrisa más relajado.— Bueno, ¿vas a seguir aquí viéndome como si fuera un Yak con 5 patas y preguntándome tonterías o vamos a pasear ?
—Oh, mis disculpas de nuevo, mi lady, no sé qué me sucede— Hipo le tendió la mano, la cual ella aceptó gustosa, llamó a Tormenta, quien se levantó y esperó a que abrieran la compuerta especial para que saliera, una vez fuera la dragona fue inmediatamente con el Furia Nocturna para hacer sus usuales movimientos de saludo, meneando la cabeza de arriba a abajo alegremente y gorjeando.
Astrid e Hipo se sonrieron antes de subir a sus respectivos dragones e iniciar el vuelo.
Se sumergieron en los cielos, atravesando cuanta nube pudieron.
Hipo no encontraba la manera en la que volar lo hacía sentir, esa libertad, el saber que podía ir a cualquier lado, y mejor aun, que no estaba solo, que tenia a Astrid y a Chimuelo a su lado.
Realmente se le dificultaba imaginar cómo hubiese sido su vida sin su mejor amigo, seguiría siendo la vergüenza del pueblo, tal vez incluso la gente hubiera pedido que Estoico pusiera a alguien más como heredero, como Patán. Hipo sabía que él había nacido para esto; para surcar los cielos sin importar nada, para cambiar las cosas.
Estuvieron casi dos horas volando, haciendo maniobras en el aire, caídas libres, vueltas, saltos, carreras con Astrid, todo lo que pudieran hacer, y el atardecer ya comenzaba a cernirse sobre ellos cuando comenzaron un vuelo tranquilo.
Eran los momentos que más amaba, le parecían perfectos, y más cuando veía a Astrid y capturaba su sonrisa, o cómo cerraba los ojos y respiraba profundamente.
También percibía cómo el humor de Chimuelo mejoraba, si bien él era capaz de volar por sí mismo gracias a un nuevo modelo de su cola, no era igual a cuando volaba con el vikingo, la conexión que tenían era irreal. Incluso en ese momento el dragón pareció captar lo que el castaño quería, ya que comenzó a ascender entre las nubes por arriba de Astrid, sin que ella lo notara.
—Yo creo que aquí es suficiente.— indicó Hipo al dragón cuando ya estaban a cierta altura donde aún podían ver a la rubia, inmediatamente cambió el modo de la cola para luego desenganchar su casco de la hebilla de su traje y colocárselo, estaban volando cerca de Berk, por la parte trasera de la isla, por lo que no se arriesgaría a impactarse con alguna formación rocosa sin su casco, por ultimo se puso de cuclillas sobre el lomo de Chimuelo dándole unas palmadas en el cuello.— Bien amigo, es el momento, allá voy...
Sin siquiera pensarlo se impulsó un poco y saltó al vació con un grito de emoción, sintiendo toda la adrenalina recorrer su cuerpo, abrió sus brazos para extender los pliegues de su traje a los pocos segundos de la caída, cuando llegó un poco más abajo de la posición de Astrid, la fuerza del viento lo hizo elevarse un poco, quedando justo a la altura de la rubia, esta lo vio sorprendida pero luego sonrió mientras negaba, Hipo le sonrió, aún sabiendo que ella no podía verlo por el casco.
Chimuelo llegó instantes después, deslizándose a una distancia a la cual se le facilitaría interceptarlo, cómo lo habían hecho miles de veces antes, sin embargo, esta vez no contaba con lo que estaba a punto de pasar.
Le pareció ver que los labios de Astrid se movían, y sí, definitivamente lo hacían, tratando de decirle algo. Hipo se acercó un poco más a su rango, alejándose de Chimuelo un poco
—¡No te he escuchado! ¡Repitelo!—le pidió, y la rubia lo hizo, fuerte y claro.
—¡Estoy embarazada!
E Hipo no sintió nada más, ni el frío viento que lo golpeaba, ni el vacío que se hizo en su estómago cuando comenzó a caer en picada, ni siquiera notó en qué momento sus brazos comenzaron a flanquear, provocando que se precipitara con más fuerza al suelo.
Holaaaa
Pff, ya lo sé, había prometido actualizar la historia hace semanas, pero realmente no tenia nada, me quede atascada con el inicio, y luego ya habia escrito algo, pero no me gustó porque se sentía como que muy frió, y me sentí frustrada, sentía que no avanzaba. Pero por alguna razón, ayer mi mente simplemente comenzó a hacer que las ideas fluyeran y me puse a reescribir lo que ya tenía y pude por fin avanzar, estuve desde las 11 de la noche hasta las 9 de la mañana escribiendo (definitivamente valió la pena), apenas separándome de mi computadora, luego dormí 3 horas y me desperté para ir a lavar y hacer unas cosas, pero apenas terminé me puse a escribir, por desgracia el capitulo ya me estaba quedando muy largo, iba por las 5,000 palabras y aun me faltaban unas cosas, así que tuve que cortarlo aqui (que ademas le da un buen dramatismo). En fin, sólo quería publicar este capitulo, y ahorita voy a seguir con el tercero (ya tengo 4 paginas escritas, así que tal vez mañana lo publique si me da tiempo) .
Ahora, con respecto al capitulo, ¿qué les parece?, yo se que en la pelicula la boda ni siquiera ha pasado, de hecho creo que apenas transcurrieron uno o dos años luego de lo de Drago, pero yo queria que pasara más, y 7 años se me hizo bien, con Astrid e Hipo ya casados (aun no voy a decir cuando sucedió, va salir en el siguiente capitulo), y ahora un pequeño futuro jinete esta en camino.
Como ven, estoy tratando de poner algunas cosas de los trailers, pero manteniendo la idea que ya tenía desde hace mas de un año, esto es como una fusión de ambas cosas.
Sé que casi no hay mucha interacción pero necesito aclarar muchas cosas, esto es como una introducción a la isla y a sus cambios.
No sé ustedes, pero yo siempre he querido saber qué es lo que Hipo piensa de Astrid, y creo que seria algo como lo que puse. me imagino que puede ser realmente meloso cuando quiere, así como dramático. Espero haber captado la esencia de los personajes que presenté por el momento.
Buenoooo, creo que esto es todo por el momento, espero que les guste, dejenme review y cuentenme qué les va pareciendo
Ciao!
