Muchas gracias por sus reviews. Espero que lo disfruten
Kikyou1312, disculpa, prometo que no falta mucho para el reencuentro.
Muchísimas gracias por seguir esta historia Nadia y Melina
Las chicas habían tenido mucha suerte, pues habían partido en un hermoso día, el sol brillaba sobre un hermoso cielo azul, su luz y calor se colaban por las copas de los árboles y un suave y refrescante viento soplaba de vez en cuando.
Por lo que les había contado la señora estarían llegando al palacio al anochecer, así que tenían todo el día para platicar y disfrutar de su compañía. Hablaron de todo un poco, Kagome les contó sobre la visita que les habían hecho Koga y Ayame, la cual por alguna especie de milagro se había llevado a cabo sin ningún enfrentamiento físico.
Sango por su parte les contó de la misión que había realizado Kohaku un par de meses atrás, Rin recordaba bien esa historia pues el mismo exterminador se la había contado, además de que le había traído unas lindas rosas de la tierra que había visitado.
*Hace un par de meses*
Kohaku: Rin, te traje estas flores
¡Son hermosas Kohaku! Muchas gracias- dijo la joven mientras lo abrazaba, gesto que el joven respondió cariñosamente mientras se sonrojaba
Kohaku: Unas hermosas rosas, para una hermosa chica
Las mejillas de Rin se tornaron levemente rosadas y sólo le devolvió una sonrisa a su amigo
Kohaku: Siempre que te veo, no puedo evitar sonreír
Este último comentario le sorprendió a Rin, por lo que simplemente pudo contestar –Gracias Kohaku- con una sonrisa nerviosa
Kohaku, tú siempre has sido muy expresivo y cariñoso conmigo- pensó Rin- aun así, no puedo pensar en ti tan seguido como quisiera, tú no estás en mi mente como… -¿Y qué te ha dicho Shippo en su última carta Rin?- la voz de Kagome la sacó de sus pensamientos
Rin: Pues me contó que iría a visitar unas montañas al sur, que necesitaba escalar una de ellas para subir un rango más
Sango: Ese Shippo, se ha esforzado mucho para mejorar
Kagome: Es cierto, él quiere ser un zorro muy fuerte para honrar la memoria de su padre
Sango: Pero él no ha sido el único que ha mejorado mucho ¿No es así Rin?
La joven se apeno y se limitó a sonreir diciendo –Bueno, es que he tenido excelentes maestros-
Kagome: No seas modesta Rin, tú también has sido una excelente alumna, a pesar de que tus poderes espirituales son pocos, has logrado hacer grandes cosas con ellos
Sango: Sin mencionar lo hábil que te has vuelto para pelear
Rin se sonrojo completamente ante los halagos de sus maestras, es verdad que ella había trabajado arduamente para mejorar cada día, para hacerse más fuerte, pero ella no sentía haber mejorado tanto como ellas decían.
Kagome: Ahora que lo pienso has aprendido muchas cosas Rin, la anciana Kaede, el monje Miroku, Sango, Inuyasha y yo, a todos nos has pedido que te enseñemos
-El entrenamiento que has llevado, sería la envidia de cualquier exterminador- comento Sango con una gran sonrisa
-Desde hace tiempo tome esa decisión- la joven se sumió en sus pensamientos -porque… tal vez usted me dejo por ser una carga, alguien a quien debía de estar protegiendo, y no voy a dejar que algo así me impida seguirlo amo Sesshomaru- pensó Rin con gran decisión
Kagome: ¿Rin?
Rin estaba tan metida en sus ideas que no escuchó la pregunta de Kagome -Disculpe señorita Kagome, no escuche lo último ¿Qué me decía?-
Kagome: No te preocupes Rin, quería saber ¿Qué te impulso a querer aprender de nosotros?
La mente de Rin se detuvo por un momento -¿Cómo podía saber la señorita Kagome que estaba pensando? El señor Inuyasha tiene razón, el corazón de Kagome parece entender a cualquier corazón ¿Por qué?... Por él, por el señor Sesshomaru, porque quiero volver a estar a su lado, pero… todos en la aldea han sido muy buenos conmigo, son como una familia. Claro que los quiero con todo el corazón, pero algo en la aldea me falta, simplemente no me siento igual a como cuando estoy con mi amo. No puedo decirle eso a la señorita Kagome, pensará que soy una ingrata que sólo les pidió que le enseñaran para luego dejarlos ¡Ay no! ¿Qué le digo?- Toda esta bola de pensamientos azoto a la joven de repente.
Paro su caminado, cosa que notaron Sango y Kagome, su cabeza que estaba a mil por hora se limitó a decir –Ya no quería seguir siendo débil- La respuesta de Rin hizo que Sango y Kagome se quedaran quietas –Ya no quería ser alguien que causara problemas por tener que protegerla- En todo el tiempo que llevaban conociendo a Rin, ella sólo se había puesto así de sería cuando hablaba sobre su familia. Se formó un terrible silencio, que nadie se atrevía a romper, la inteligencia emocional de Kagome fue la que resolvió le tensa situación de la mejor manera, se acercó a Rin y la abrazo tiernamente.
Rin se quedó pasmada ante el gesto de Kagome, para después sentirse envuelta en un cálido abrazo que devolvió rápidamente– Tú nunca has sido, ni serás una carga- las dulces palabras que Sango pronunció tan repentienamente, terminaron de sorprender a la joven –Rin, cuando uno quiere alguien, eso lo inspira a protegerlo, así que para esa persona tú no eres una carga, eres todo lo contrario- dijo Kagome mientras se separaba de la joven, tomándola aún por lo hombros -¿Todo lo contrario?- pensó Rin –Para esa persona eres un tesoro, y por lo tanto eres algo que desea proteger- la voz de Kagome llegó a lo más profundo de la joven
De pronto llegaron a la mente de Rin todas las ocasiones en las que su amo la había protegido ¿Era posible que el señor Sesshomaru no la viera como un estorbo? -¿Será posible que mi amo, me quiera?- Este último pensamiento hizo que los ojos de Rin se llenaran de una luz tan brillante, que Kagome y Sango asumieron que la culpa que había estado sintiendo la pequeña Rin se estaba desvaneciendo.
-Tiene razón señor Inuyasha, la señorita Kagome parece entender los corazones- pensó Rin mientras sonreía en señal de agradecimiento a las palabras de Kagome.
Para cuando comenzó el atardecer las chicas estaban hambrientas por su viaje, así que se sentaron a un lado del camino dispuestas a comer los deliciosos platillos que había traído la señorita Kagome
Sango: Esto esta delicioso Kagome
Rin: ¡Sí! Y el té que trajo usted señorita Sango queda perfecto
-¡Gracias chicas!- dijo Kagome emocionada –No saben como aprecio que alguien sí valore mi comida- dijo recordando enojada como Inuyasha siempre le decía que prefería esos fideos instantáneos Ninja
-¿Lo dice por el señor Inuyasha? Señorita Kagome- dijo Rin con un ligero tono de burla
Kagome: Así es, ese hombre no aprecia para nada mi comida, y con tanto cariño que se la hago
-Oye Kagome, ahora que lo mencionas- Sango hablo mientras dejaba su plato en el suelo -¿Por qué Inuyasha fue tan… expresivo contigo en la mañana? ¿Todo está bien?- la exterminadora se quedó viendo a la sacerdotisa esperando no haber dicho algo inapropiado
-Sobre eso… verás- Kagome se sonrojo levemente –Ayer Inuyasha siguió el rastro de un demonio hacia el bosque, era uno débil así que acabo con él rápidamente, pero el demonio hizo que terminara muy cerca del pozo- la mujer bajo un poco la mirada –Al regresar a casa él estaba más serio que de costumbre y cuando le pregunté ¿Qué pasaba? Me contó sobre el demonio y como ver el pozo le había recordado los tres años en los que no estuve- se notaba en los ojos de Kagome que ese tiempo también había sido muy duro para ella –Después de un rato me dijo que él se había dado cuenta de que nunca me había dicho lo mucho que me necesitaba, que no podía imaginar su vida sin mí y que… él quería que yo fuera su familia-
Rin: ¡Señorita Kagome eso es hermoso!
Sango: No puedo creer que Inuyasha dijera eso
-Sí- afirmo Kagome mientras llevaba sus manos a su pecho –Y después él… me- la señorita Kagome bajo un poco su kimono descubriendo su hombro, sólo para dejar ver una marca de unos colmillos
-¡¿Él te marcó?!- gritó Sango
-¿Qué es eso señorita Kagome?- preguntó bastante confundida Rin -¿Qué es eso de marcar señorita Sango?- la joven no entendía nada
Sango aclaro su garganta y dijo –Pues, no sé mucho de las tradiciones de los youkais, pero cuando uno de ellos elige a la que será su pareja de por vida, ellos hacen el…- Kagome se puso completamente roja y le hizo señales a Sango para que omitiera esa parte –Bueno Rin, en resumidas cuentas este le deja una marca inyectando parte de su esencia demoníaca, es un sello que los une, pues parte de la esencia de la pareja también pasa a la del demonio-
Rin abrió sus ojos y dejo escapar una señal de asombro, todo esto mientras la señorita Kagome intentaba controlar el notablemente visible rubor de su cara
Rin: ¿Y por qué el señor Inuyasha le hizo eso a la señorita Kagome?
-Después de que marco, él me dijo que…- el rostro de Kagome se ilumino y una bellísima sonrisa marco sus labios, con un hilo de voz y con lágrimas en los ojos ella dijo –él me dijo que me amaba-
Ante la sensibilidad de Kagome, Sango se limitó a sonreírle; ella sabía cuánto había esperado su amiga por esas palabras. Después de eso Rin y la exterminadora se apresuraron para recoger todo y ayudar a la sacerdotisa a guardar los trastes de nuevo en su mochila.
Kagome: Bueno ¡Sigamos!
Sango: Ya no debe faltar mucho para que lleguemos
Rin se quedó pensando en todo lo que le había dicho Inuyasha a la señorita Kagome –El señor Inuyasha se puso muy mal mientras no estuvo la señorita Kagome, recuerdo como se quedaba durante horas viendo el pozo con esa mirada triste. Yo lo entendía, pues yo me siento triste cuando mi amo no está- De pronto una relación llego a la mente de la joven –¡Yo me siento igual que el señor Inuyasha!- el corazón de Rin empezó a latir rápidamente -Yo también siento una profunda tristeza cuando no está mi amo y mi más grande deseo es estar a su lado… ¿Tal vez yo…? No, no puede ser- la joven sintió una gran tensión recorrer todo su cuerpo -¿Acaso yo…? ¿Amo al señor Sesshomaru?-
-¿Qué pasa Rin?- preguntó Sango al ver a la joven con una expresión de preocupación
Rin rápidamente cambió su semblante, empezó a caminar un poco más rápido y dijo –Nada, nada señorita Sango, pensé que había olvidado algo, pero ya recordé que no- Rin río nerviosamente, lo cual extrañó un poco a Sango, pero no le prestó más atención.
Caminaron unas horas más hasta que por fin vieron un hermoso y lujoso palacio a lo lejos, mientras se iban acercando iban notando el delicioso aroma floral que salía de este, las maravillosas flores que lo adornaban por fuera y las bellas luces que estaban perfectamente acomodadas a lo largo de la fachada.
Aunque el espectáculo sorprendió bastante a las tres viajeras, el rostro que más lleno de asombro estaba era el de Rin, no podía creer lo que sus ojos veían. Cuando por fin llegaron a la puerta principal, vieron que había un grupo de mujeres esperándolas, todas ellas impecables y uniformadas con unos bonitos kimonos cafés.
Una de las señoritas las saludo con una reverencia y dijo: Bienvenidas sean, al palacio de la señorita Aratani, un lugar en donde hay todo lo necesario para relajar y hacer que se vean más bellas las mujeres que a el vayan
-Hasta lo dijo igual que la señora- le susurró Sango a Rin mientras la golpeaba discretamente con el codo
Kagome: ¡Ay por fin iré a un spa!
-Una señora de una aldea no muy lejana a la nuestra nos platicó se su palacio y nos dijo que…- Sango titubeo un momento –la señora de este palacio hacia esto gratis-
Otra de las señoritas contestó –Así es, la señora de este palacio tiene una gran fortuna, y al no creer acábasela toda, ha decidido poner su palacio al servicio de las demás mujeres-
-Su señora es muy generosa, se ve que ha de ser una dama muy amable- dijo Rin con una cálida sonrisa. Poco sabía ella, que esa misma señora la estaba viendo desde lo más alto de ese palacio
-Pues entren señoritas, mis compañeras se encargaran de llevar su equipaje, síganme las llevare a su habitación- dijo la señorita que los había recibido
Kagome: No se preocupe, nosotros llevaremos nuestras cosas
-En serio no hay problema- insistió la señorita
-Es sólo que son cosas algo pesadas- dijo Sango mientras señalaba su Hiraikotsu
-Como deseen señoritas- dijo una de las mujeres mientras hacía un ademan.
Las enormes puertas se abrieron, revelando el maravilloso oasis que ahí dentro se escondía, aguas termales al centro del patio, adornadas con flores de todos los tipos y gráciles cascadas. Alrededor decenas de habitaciones adornadas como si fueran para una princesa.
Estaban a punto de entrar al divino palacio cuando Rin preguntó –Señorita Sango ¿No huele algo extraño?- Sango empezó a olfatear en busca del olor que había notado Rin –Tienes razón, este olor se me hace conocido, pero no sé bien que es- Las jóvenes intentaron identificar el olor, pero fueron interrumpidas por una de las mujeres del palacio –Mandamos traer flores y hierbas de tierras muy lejanas, tal vez sus finos olfatos están desconcertados ante los nuevos olores-
La explicación pareció bastante racional, por lo que la exterminadora y la joven entraron tranquilamente al palacio, sólo para ver que su amiga se había quedado estática en la puerta, agarrando con fuerza su arco
Rin: ¿Qué pasa señorita Kagome?
Kagome: Es sólo que… siento una extraña presencia en este lugar, pero es casi como si no estuviera, como si fuera un fantasma
De nuevo la mujer del palacio habló –Veo que una de nuestras huéspedes es una linda y hábil sacerdotisa- sonriéndole a Kagome –Hace un par de días un demonio intentó poseer el lugar, un grupo de monjes nos ayudaron, pero nos advirtieron que la esencia del demonio tardaría un tiempo en irse-
Algo en esa respuesta no dejó tranquila a Kagome, aunque era cierto que la presencia se sentía casi como un eco, en general el lugar no le daba un buen presentimiento. De pronto vio a Rin, observándola con esos hermosos ojos cafés, deseosa e ilusionada –Vamos Kagome, es sólo la paranoia que te metió Inuyasha, no arruines el viaje de Rin- pensó –¡Vamos chicas! Las sigo- Dijo la sacerdotisa mientras seguía al resto de las mujeres con algo de duda.
Las señoritas guiaron a Rin, Sango y Kagome hasta una majestuosa habitación. Tapizada con un papel blanco con flores grises, un enorme arreglo floral al centro y un tocador con un espejo gigante, lleno de los más exóticos cosméticos. En el suelo habían tres hermosos futones, sobre ellos habían tres batas negras de la más fina seda.
-Pueden dejar sus cosas aquí y alistarse, en cuanto estén listas las esperamos en el patio para comenzar su tratamiento- dijo la mujer del palacio con una sonrisa bastante fría
-Sí, muchas gracias- contestaron las chicas a coro mientras la mujer cerraba la puerta
Sango: Son un poco raras ¿No les parece?
-¡Yo me cambiare primero!- gritó Rin emocionada –Ya quiero ver de cerca todas esas hermosas flores- dijo Rin mientras comenzaba a quitarse la ropa detrás del cambiador
-Sango, tienes razón algo en ellas es un poco raro. Mantegamonos alerta, pero no le digamos nada a Rin, está muy feliz y no quiero arruinarle la experiencia con suposiciones- le susurró Kagome a Sango
La exterminadora asintió con la cabeza y acomodó el hiraikotsu, la espada de Rin, el arco y las flechas de Kagome en una esquina, artefactos que la sacerdotisa protegió con un campo de fuerza.
Las chicas se cambiaron quedándose sólo con las batas, las cuales las cubrían hasta las rodillas, las tres se dejaron el cabello suelto, se veían asombrosas. Salieron de la habitación y en el centro del palacio ya las esperaban las uniformadas con una bandeja llena de extrañas botellas de vidrio.
Recostaron a las mujeres en unos futones y comenzaron a hacerles un relajante masaje en los pies, arreglarles las uñas, poner mascarillas en su cara y cremas en su cabello. Los dulces aromas, junto con el relajante masaje hicieron que la tensión que guardaban Sango y Kagome fuera disminuyendo paulatinamente, sobre todo porque la sacerdotisa no percibía algo extraño ante el toque de las mujeres.
Rin soltó un suspiro de relajación total –En verdad que este lugar es muy bueno, muchísimas gracias Kagome, Sango, me siento como una princesa, de esas que sólo existen en los cuentos- la joven pronuncio estas palabras con una bella y sincera sonrisa
*En otra habitación*
-Eso es, relájense, bajen su guardia- las chicas ignoraban que en la parte más alta del palacio, una guapa mujer de cabello castaño y ojos rosados las vigilaba a través de un piedra demoníaca -dejen que su cuerpo ceda, para que luego pueda tomar sus almas- en esa misteriosa piedra azul que colgaba de su cuello de pronto se vio reflejado el rostro de Rin –No sabes cuánto ansío comerme tu tonta e inocente alma- una risa malvada escapo de la boca de la terrible hanyou
*En la aldea de Rin*
-Por fin se quedaron dormidos- dijo el joven Miroku con alivio, mientras terminaba de acurrucar a sus pequeños
-Eres muy paciente Miroku, no sé como lo haces- dijo Inuyasha mientras caminaba hacia el exterior de la cabaña seguido por el monje
Miroku: Supongo que lo vas aprendiendo
Inuyasha y Miroku estaban por despedirse cuando a lo lejos se escucharon gritos de auxilio
En hanyou corrió rápidamente hacia esa dirección mientras Miroku se dirigió a la cabaña de la anciana Kaede
-¡Anciana Kaede!- gritó el monje -¡Anciana Kaede!- el segundo grito de Miroku despertó a la anciana que salió rápido a su encuentro
Kaede: ¡Miroku ¿Qué pasa?!
Miroku: Inuyasha y yo escuchamos unos gritos de auxilio, por favor vigile mi cabaña y manténgase alerta
El monje corrió en la dirección donde había escuchado el gritó, encontró a una joven muy asustada que se encontraba sucia y con un golpe en la cabeza
Joven: ¡No te me acerques demonio!
Inuyasha: ¡Ya te dije que no te hare nada! Vengo a ayudarte tonta
-¡Inuyasha espera!- gritó Miroku mientras se acercaba a la joven –Tranquila señorita, sé que ha pasado por momentos díficiles, pero estamos aquí para ayudarla, se lo aseguro- la joven parecía estar más tranquila, pero seguía sin bajar la piedra que tenía en la mano -¿Cómo se llama bella dama?- preguntó el monje con su sonrisa de galán –A..Aiko señor- la voz de la pobre joven estaba temblorosa –Señorita Aiko, yo soy el monje Miroku y ese joven de allá es Inuyasha, y le aseguró que ninguno de los dos tenemos intenciones de dañarla- Sin importar el paso de los años Miroku aún tenía un encanto nato en las mujeres –E..esta bien- la joven soltó la piedra y dio un par de pasos hacia el joven Miroku antes de desmayarse, el monje la sostuvo entre sus brazos. La joven sólo traía una bata negra que dejaba al descubierto la parte baja de sus piernas, la bata estaba un poco rota de la parte de arriba por lo que dejaba ver parte de su escote, el coqueto de Miroku estaba gozando la vista hasta que llego Inuyasha, tomo a la joven en sus brazos y corrió hacia la cabaña de la anciana Kaede, mientras gritaba -¡No te quedes atrás Miroku pervertido!-
-Que decepción- pensó el monje
*En cabaña del anciana Kaede*
Kaede: Está despertando
Aiko: ¿Dónde estoy?
Miroku: Esta en nuestra aldea, sana y salva como lo prometí
¡Muchas gracias!- gritó Aiko mientras se lanzaba a los brazos de Miroku -Estaba tan asustada- la joven comenzó a llorar y el monje la consoló mientras disfrutaba la vista
Kaede: Jovencita ¿Qué te ocurrió?
Aiko: Pues yo estaba en un palacio de aguas termales, cuando… ¡Mi hermana! ¡Ella sigue ahí! Debemos de ir a buscarla-
Inuyasha: ¡¿De aguas termales dices?!
Aiko: Sí, mi hermana y yo queríamos ir, pues mi boda será mañana
-Más decepción- pensó Miroku
Aiko: Pero una vez que estábamos ahí mi hermana se dio cuenta que algo estaba mal, pues mientras estábamos cambiándonos ella vio como una de las mujeres que nos recibió llevaba el cadáver de una joven hacia las escaleras, intentamos escapar por la ventana pero nos descubrieron y… mi hermana se sacrificó por mí, ella me ayudo a escapar, pero ¡debo volver por ella, debo salvarla!- la joven estaba hecha un mar de lágrimas
Miroku: Inuyasha es muy probable que sea el mismo palacio a donde fueron las chicas
-¡Ya lo sé! Y esto me suena a obra de un demonio- dijo Inuyasha mientras salía corriendo a toda velocidad
Miroku: No te preocupes Aiko, nosotros rescataremos a tu hermana
-Gracias excelencia- dijo Aiko con lágrimas en los ojos
-Anciana Kaede, por favor cuide de mis hijos- el monje salió corriendo lo más rápido que pudo hasta que vio a Inuyasha a lo lejos
-¿Ya captaste el rastro de la señorita Kagome?- gritó Miroku
Inuyasha: ¡Sí, aunque es débil!
Los hombres corrieron un par de metros, cuando de pronto Inuyasha freno de golpe ante la visión que tenía de frente, Miroku lo alcanzó y también se paró en seco. La figura de un fuerte y guapo youkai de ojos amarillos estaba en medio del camino, con una expresión más fría y seria que de costumbre
-Inuyasha…- dijo Sesshomaru con un notable enojo -¿Dónde está Rin?-
