Ninguno de los personajes me pertenece, sólo la historia que vengo a compartirles sin fines de lucro
En esos momentos solo recuerda ver el azul y el verde deslizarse a su alrededor, luego una gran mancha verde acercarse y al final la oscuridad lo envolvió por completo, siguiendole lo que parecieron golpes y vueltas.
Tenía los ojos bien abiertos cuando de la oscuridad surgió una franja de luz, entonces entendió que había caído desde más de 2000 metros de altura y que Chimuelo lo había atrapado antes de que fuera solo una mancha sin forma en el suelo, pero aun así eso no evitó que terminaran rodando en algún claro de Berk.
Chimuelo abrió sus alas por completo, dejándolo salir y poniéndose al lado de Hipo, quien no hizo más que quedarse acuclillado y quitarse su casco de un tirón. Se quedó con la mirada perdida en algún punto en el césped que lo rodeaba, apenas pestañeando, y sin poder entender lo que sucedió. No fue hasta que vió otra mancha llegar al claro para luego acercarse a él y escuchar su voz, que pudo reaccionar y se levantó lentamente.
—¡¿Hipo?! ¿Estas bien? ¿te hiciste daño?.—sus pequeñas manos se deslizaron temblorosas por su cara, tratando de revisarlo, sólo atinó a negar inexpresivo—Dime algo por favor.
—Estas embarazada...— musitó mirándola fijamente.
—Sí, yo… —ella parpadeó varias veces, hasta que abrió los ojos, con miedo, imaginandose lo peor.— Oh, Hipo, yo lo siento, no creí… no de-debí de…
Sea lo que fuese a decir no pudo terminar, ya que en un movimiento rápido Hipo la tomó en sus brazos girandola con él mientras reía y llenaba su rostro de besos.
—Voy a ser papá— le dijo con una gran sonrisa cuando la puso delicadamente sobre sus pies y tomaba sus manos, sus ojos brillaban de la emoción, era como un niño en Snoggletog, Chimuelo se acercó curioso por ver qué era lo que hacía que su hermano humano estuviera tan feliz—¡Chimuelo, vamos a ser papás!—exclamó, para el dragón sus palabras no tenían sentido, pero lo que hiciera feliz a Hipo lo hacía feliz a él también, por lo que comenzó a dar saltos alrededor con la lengua asomandose.— Oh, ¡por los dioses Astrid! hay un bebé dentro de ti.
—Sí, lo hay.— contestó ella con el inicio de unas lágrimas en sus ojos, que en ese momento parecían más grandes y profundos.— Hipo ¿No estas… enojado?
—¿Enojado? Por supuesto que no ¿Por qué lo estaría? Tienes a nuestro bebé, nuestro hijo… Esto es mas que perfecto, no quisiera nada más.
—Eres un idiota, Abadejo, un verdadero hijo de troll, me diste el peor susto de mi vida— le reclamó con la cara roja del enojo, soltando sus manos y golpeandolo repetidamente en su pecho y brazos, Hipo, habiendo anticipado esta reacción, le permitió unos segundos antes de atrapar sus muñecas y sostenerlas bajo.
—Sí, pero soy tu idiota hijo de troll, señora Abadejo—susurró bajo con una sonrisa ladeada. antes de besarla dulcemente, acción que ella correspondió por completo hasta que les faltó el aire y se separaron lentamente, manteniendo sus frentes unidas.—¿Cuánto tiempo…
—Tres meses, no estaba completamente segura ya que ya había tenido falsas alarmas, pero nunca tan duraderas, así que fui con mi madre y con Valka, me llevaron con Gothi y ella lo confirmó, luego me dieron una larga platica sobre lo que va a pasarme
—Bueno, eso explica muchas cosas… —rió, puede que Hipo no conociera mucho de mujeres, pero sí conocía a Astrid, y había notado sus cambios de humor, sus malestares estomacales y un pequeño cambio en las dimensiones de su pecho, no es que se hubiera fijado mucho…—Pero no entiendo cómo es que…
—Creo que recuerdas y estas al tanto muy bien de cómo sucedió.— le interrumpió Astrid apresuradamente frunciendo el ceño, haciendo que Hipo riera suavemente.
—Claro que lo recuerdo, lo hago perfectamente… lo que iba decir es que no entiendo cómo es que logré merecerte… —el rostro de Astrid se suavizó en cuanto las palabras salieron, lo miró fijamente mientras que dos lágrimas hacían su camino por sus mejillas
—Estupidos sentimientos de embarazada.—masculló sin moverse.
—Sí… estúpidos sentimientos de embarazada.—secundó Hipo secando delicadamente las lágrimas con sus manos, luego llevó una a su aun plano vientre para acariciarlo. Estaba tan ensimismado que apenas captó que algo se movía en su visión periférica, giró su cabeza ligeramente, siendo seguido por Astrid, y se encontraron con la fija mirada verde del Furia Nocturna, estaba quieto, sentado con sus cuatro patas al suelo, mirándolos con la cabeza ligeramente inclinada, proyectando todas sus dudas sin tener que hablar. Hipo le dirigió una sonrisa, prometiendo explicarle más tarde.
—Creo que es momento de que volvamos, mi Lady, es tradición hacer una ceremonia para dar el aviso del próximo nacimiento del heredero del Jefe.— comentó lo último sin muchas ganas.
—Hay que quedarnos un momento más, a disfrutar del momento viendo el atardecer en nuestro lugar favorito.— pidió la chica, y el castaño no pudo resistirse, ¿qué va?, los anuncios podían esperar unas horas.
Viendo que se hallaban a una considerable distancia para hacer el camino a pie, decidieron subir a sus dragones para llegar antes a su destino.
Luego de que Astrid se negara renuente a ir con él en Chimuelo, Hipo insistió en ayudarla a subir a Tormenta, argumentando que podría resbalarse, provocando que ella se lastimase y que eso dañara al bebé.
—No soy de cristal, Hipo, nada me va a pasar, el hecho de estar embarazada no cambia las cosas.— le reprendió cuando él soltó su cintura, no sin antes asegurarse de que el asiento estaba bien sujeto.—esto es ridículo e innecesario.
—No, no lo es. Resulta que mi padre me enseñó cómo tratar y cuidar a una mujer.— objetó él sacando el pecho con orgullo, terminando su revisión para luego subir a Chimuelo— Y no voy a permitir que me tachen de irresponsable por no cuidar a mi esposa, la cual lleva a nuestro hijo en su vientre.
—¿Sabes?, creo que deberías pedirle consejo a tu madre, estás actuando como un tonto, no necesito que te preocupes por mí.—farfulló rodando los ojos.
—Siempre me preocupo por ti, Astrid, sólo que ahora hay un mayor motivo por el cual deberás dejar que te cuide.— dicho esto comenzaron el vuelo.
Hipo y Chimuelo se mantuvieron cerca de la chica, el castaño observó con diversión cómo ella rodaba los ojos de vez en cuando y murmuraba cosas entre dientes. Era obvio que Astrid no necesitaba que nadie la protegiera, Hipo sabía de primera mano que ella sola podía defenderse sin problemas, aun si más de 5 vikingos armados hasta los dientes la rodearan, ella con sólo tener su hacha podía salir invicta de la pelea sin siquiera despeinarse. Hipo estaba al tanto de que el hecho de que alguien intentara cuidar de la chica solo provocaba que ella se sintiera incapaz de hacerlo por sí misma. A pesar de saber todo eso, no evitaba que una chispa de protección se activara con mas fuerza que nunca.
El viaje pasó bastante rápido, pronto ya se encontraban aterrizando en una colina alta, llena de césped, que les daba una vista panorámica de Berk y el océano que se extendía hasta el horizonte. Hipo, haciendo alarde de sus modales y caballerosidad, ayudó a Astrid a bajar de la dragona antes de que ella misma lo intentara, acto que fue recibido con un resoplo de fastidio.
La chica pronto se sentó cómodamente en el suelo recubierto de la mullida hierba, Hipo no tardó en seguirla, colocandose detras de ella así le permitía recargarse en su pecho mientras que él la rodeaba con sus brazos.
El cielo rosado se cernía sobre ellos y la brisa marina los rodeaba, mientras que a sus espaldas Chimuelo y Tormenta disfrutaban su tiempo juntos jugueteando, todo era perfecto.
Apoyó su barbilla en el hombro de Astrid y suspiró, provocando que la rubia riera por las cosquillas en la piel desnuda donde su respiración golpeó.
—¿En qué piensas?.—escuchó que musitó luego de unos minutos.
—En lo feliz que me siento por el regalo que me has dado, y lo afortunado que soy al tenerte a ti y a Chimuelo, y que los dos me quisieran aunque fuera Hipo el inútil —contestó depositando rápidos besos en su cuello, haciendo que se retorciera ligeramente en sus brazos riendo, era bueno que estuvieran solos, de lo contrario ya estaría en el suelo tratando de recuperar el aire por un golpe que Astrid le habría dado directo en su estómago.
—Nunca has sido Hipo el inutil, solo eras incomprendido— replicó la chica cuando pudo tranquilizar su respiración.—Naciste diferente, y estuviste mucho tiempo sin nadie que te dijera qué camino era el correcto, sólo seguiste por el que creías que debías ir, fue finalmente Chimuelo quien te enseñó que no debías de seguir un camino si no que volar alto y crear el tuyo.
—Lo sé.—sonrió ligeramente, más luego frunció el ceño cuando un pensamiento cruzó su mente, uno que ya era bastante recurrente cuando cavilaba sobre su vida.— pero a veces… a veces tengo la sensación de que todo lo que pasó hasta hoy es producto de un sueño por un golpe que me di en la fragua mientras trabajaba, y entonces voy a despertar, y voy a estar en mi vieja cama en casa de mi padre, siendo de nuevo ese muchacho de 15 años que no era capaz ni de levantar un mazo, que era mayormente ignorado por todos.
Astrid se movió en sus brazos, hasta que quedaron cara a cara, y llevó una mano a su barbilla ligeramente rasposa, acariciando el borde de esta.
—Hipo…
—Yo- yo sé que es una tontería—interrumpió torpemente cerrando los ojos.— pero si pasase, no sé qué haría entonces, perdería todo lo que amo, y eso me aterra.
—Hipo, mírame—pidió, y él hizo caso, abriendo los ojos, ella le sonrió con ternura— Eso no va a pasar, no nos vas a perder…
—Pero si…
—No, no nos perderás, aquí estaremos siempre, y te aseguro que nada de esto es un sueño— afirmó.— ¿Sabes cómo lo sé?—él sonrió mientras negaba.— Porque aunque seas muy ingenioso, Hipo Abadejo, no eres completamente capaz de crear todo… esto— extendió una mano hacía lo que Berk se había convertido.— Además, si yo fuera parte de tu subconsciente ¿no crees que sería más melosa y sin menos golpes?
—Bueno, ahí tienes un punto, tus golpes se sienten muy reales como para soñarlos—rió sintiéndose más relajado.
—¿Lo ves? Solo es cuestion de poner las cosas en perspectiva, no te atormentes con eso, ya tienes suficientes preocupaciones en la vida real como para preocuparte de un mundo alterno, y por cierto… ¿Qué tal fue la junta de hoy?— Astrid llevó sus manos al cabello del castaño, rehaciendo alguna trenza en su nuca que se había soltado.
—Tan bien como pudo ir.— dijo soltando un profundo suspiro, la chica le dirigió una mirada, alentandolo a seguir.—Siguen apareciendo más dragones, estamos llegando a nuestro tope, tenía la esperanza de que las islas cercanas nos sirvieran para llevar a algunos dragones, pero es inútil; enviamos a exploradores y nos informaron que están en las mismas condiciones… es como si de pronto se hubiera sacado el corcho de una botella y hubieran salido miles de dragones.
—¿Has hablado de esto con Atali, Alvin, Mala o Heather?
—Sí, les he enviado correos aéreo, pero están en situaciones similares, Atali dijo que tienen el triple de crías de Látigos afilados, la isla de los Marginados está más llena que nunca de dragones salvajes, e incluso están comenzando a tener problemas en la isla Berserker, los Defensores del ala han ayudado y protegido a los dragones por años, pero ahora están llegando a su límite, igual que todos, y nadie sabe de dónde están saliendo, sólo siguen apareciendo en grupos. Lo peor es que los cazadores se están aprovechando de esto y están vendiendo a los dragones en el mercado negro, Eret ha logrado recuperar algunos, pero… simplemente no es suficiente. Si este aumento sigue, habrá un momento en el cual ya no podamos controlarlo.
—¿Y qué harán?
—No lo sé aun, en un par de días se convocarán a todo los líderes para una gran junta, y ahí discutiremos las opciones, hasta entonces sólo nos queda hacer lo de siempre; protegerlos.— echó una mirada hacia donde Chimuelo y Tormenta jugaban, ajenos a la situación, y suspiró.— Me preocupa llegar a un punto en el cual ni siquiera seamos capaces de hacerlo.
—Mírate—exclamó Astrid parpadeando sorprendida.— Te enfrentaste a la Muerte roja cuando apenas tenías 15 años, luego, por 5 años combatiste a personas como Dagur, Ryker, Viggo, Krogan, Johann y Drago, y reconstruiste una aldea mientras aprendías a ser Jefe, y ahora te preocupas por un incremento en los dragones. Es como si de pronto no supieras quién eres.
—Sé quien soy.— replicó indignado
—No, no lo sabes— rodó los ojos— Así que déjame que te lo recuerde: eres Hipo Horrendo Abadejo III, descendiente de Estoico el Vasto, cambiaste la mentalidad de toda tu tribu junto a otras más siendo solo un adolescente, eres el Protector de la paz, dispuesto a llegar hasta lo impensable con el tal de proteger lo que es correcto, este problema no es nada comparado con lo demás, puedes con esto.
—Gracias Astrid, creo que tú debiste de ser nombrada Jefa, definitivamente das mejores discursos que yo.— comentó aligerando el ambiente, dandose cuenta de que el sol ya había tocado el horizonte y estaba a punto de terminar de ocultarse.
—Bueno, siempre puedes venir a pedirme consejos—rió tocando con ligereza la punta de su nariz.— y, viendo la situación, ser primera guerrera y esposa del Jefe no está tan mal.
…
La música y el Hidromiel no faltaban en el Gran Salón, donde se celebraba con entusiasmo el anuncio del primogénito del Jefe. Todos bailaban, bebían o comían, felices. Los dragones que habían acudido comían plácidamente pescados en una parte del salon.
Los futuros padres se hallaban en la mesa principal, disfrutando de la noche, varias personas se les habían acercado para felicitarlos y brindarles sus mejores deseos, algunos incluso se habían ofrecido para ayudarles a las actividades domésticas entre otras cosas, ofrecimientos que fueron rechazados amablemente por ambos al no verlo necesario -al menos por parte de Astrid, ella había insistido en seguir con su vida tal y como había sido, y sólo cuando su embarazo estuviera avanzado aceptaría la ayuda de su madre-.
Hipo observo en ese momento a Bocón y a Valka caminar hacia ellos, su madre se veía incómoda, sabía que aun era difícil para ella interactuar y estar en un ambiente lleno de personas, lo suyo eran los dragones, aún así se esforzaba de estar ahí para Hipo.
—Felicidades a ambos.—dijo Bocon tambaleándose apenas llegaron, era bastante obvio que ya había tomado bastante hidromiel, ya que en la última hora les había dicho lo mismo al menos 3 veces.
—Muchas gracias Bocón.— agradeció Hipo apretando su hombro, Astrid se limitó a dale una sonrisa.
—Quien diría que mi pequeño aprendiz se convertiría en lo que es ahora: un hombre que está por tener un hijo, aun recuerdo cuando eras tan solo un niño con la nariz sucia y te enseñé a hacer tu primera daga...— sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas que no tardaron en salir— era pequeña y estaba torcida, pero estabas feliz y orgulloso de ella…—soltó un sollozo que trató de disimular, y sin esperar nada más salió corriendo en busca de otro tarro lleno.
—Él tomó demasiado.—comentó Valka a modo de disculpa, observando por donde se fue el vikingo de mano intercambiable, luego volteó hacia ellos con una sonrisa suave.— Sólo quería decirle que estoy muy feliz por ambos, aunque ya lo sabía— Astrid se sonrojó levemente ante esto pero aun así se levantó y le dió un abrazo, cuando se separaron, la mujer mayor se acercó a Hipo, tomó su mano dándole un apretón y lo miró directamente a los ojos.— Estoy segura de que tu padre debe de estar feliz también, viéndonos desde el Valhalla, y viéndote a ti formar una familia.
—Gracias mamá.— dijo para luego envolverla en un abrazo.— Sé que él estaría emocionado por su primer nieto
Valka no tardó mucho en retirarse, alegando que tenía que cuidar a Bocón y a los demás de… Bocón, sin embargo, no duraron mucho tiempo solos, a los pocos segundos se hallaban nuevamente rodeados de personas, pero esta vez eran sus amigos, y se adentraron en una charla mayormente agradable, así como cuando eran más jóvenes.
—Se imaginan que al estar rodeado de dragones durante el su tiempo en el vientre, sea capaz de entender a los dragones cuando nazca—planteaba Patapez maravillado, recibiendo miradas escépticas —¿Qué? es posible, no hay que olvidar que será uno de los primeros nacidos de nuestra generación, y que viene de una descendencia muy influenciada por los dragones.
—Dah, Patatonto, la descendencia de todos ha estado muy influenciada por dragones— dijo Patán mordaz— y no veo a nadie conversando con dragones sobre el clima.
—¿Saben qué sería increíble?— interrumpió de pronto Brutacio.— que tuviera alas y pudiera lanzar fuego.
—Sí… eso sería más bien perturbador— comentó Patán expresando los pensamientos de todos, luego se volteó a Hipo con una sonrisa, pasando su brazo sobre sus hombros.— Lo que es realmente increíble, es que nuestro Jefe al fin se dignó a darle al pueblo un heredero después de tanto tiempo, ¿Qué estuvieron haciendo los últimos casi dos años?¿Buscando trolls bajo la cama? ¿O es que el trabajo era muy difícil?
—Callate, Patán— bufó Hipo rodando los ojos y saliendo de su agarre.— Tú llevas casado casi el mismo tiempo que yo, y no veo a tu descendencia por aquí.
—Wow, un golpe bajo—contestó indiferente, luego regresó a su tono altanero y egocentrista— Para que lo sepas, no es porque falten ganas de mi parte, es por ella, simplemente no quiere.
—¿Y puedes culparme?—saltó Brutilda indignada cruzando los brazos a un lado de Astrid.— puede que Astrid tenga tres meses de embarazo y que su estómago sea tan plano y liso como un hacha, pero mi genética no está tan bendecida, tengo que cuidar mi figura, apenas permita que el idiota ponga un bebé dentro de mí me hinchare tanto como un Yak comiendo coles podridas.
—Como nuestra tía Brutalda II.— agregó su gemelo con un tono oscuro.
—Exacto, nadie quiere eso, por lo que no habrán bebés de mi parte por el momento— declaró la chica, dando el tema por cerrado.
Todos rieron ante la cara estupor de Patán, la noche cada vez iba a mejor, con un agradable ambiente de camaradería a la cual ya estaban acostumbrados, pero todo llegó a su fin. Hipo lo notó antes que los demás, los dragones de pronto dejaron de poner atención a la comida y comenzaron a ver el techo con miradas ansiosas, observó esto con el ceño fruncido para luego toparse con la mirada de Chimuelo fija en él. Algo iba mal.
—¿Hipo?—preguntó Astrid dándose cuenta del drástico cambio de su semblante.— ¿Qué es lo que…
Ni siquiera pudo continuar, fue interrumpida por el fuerte sonido de la puerta principal abriéndose con un golpe, la música se detuvo y todas las miradas se dirigieron a la entrada, donde en el suelo reposaba una semi-inconsciente Cizalladura, con sangre y múltiples cortes, sus ojos miraron fijamente a Hipo, exclamó un jadeo lastimero y finalmente se desvaneció.
Algo definitivamente iba mal.
Hola! cabe decir que esto es un como un record, actualice una historia en menos de una semana, y lo peor es que lo pude haber hecho a los pocos días, ya que tenía la gran parte escrita, pero fue fin de año, y una amiga se quedo en mi casa dos días, por lo que apenas ayer (jueves 3) pude ponerme a escribir, terminando hoy (viernes 4 a las 5 am).
Quiero decirles que estoy muy indecisa de si seguir o no con la historia, ya que no he visto que entren muchos a leerla, ademas de que anoche me hicieron dos grandes Spoilers sobre el final de la pelicula (maldigo a quien se le haya ocurrido no hacer estreno un mundial), por el momento intentare seguir con las ideas que ya tenía, y tratare de terminar este mes, lo haré en parte porque ya llevaba muucho tiempo (mucho mas de un año) con toda la historia estructurada, y si no hago nada con eso voy a sentir como si hubiera desperdiciado mi tiempo.
Bueno, espero que les guste, a quien sea que le pueda interesar leer esto.
Ciao
