GENDERBENDER

18.-Dragones, China y malos presagios.

El sol aun no había salido cuando una súbita nube de polvo invadió por completo la sala de los Siku, la chimenea no tardó mucho en eruptar a un joven vikingo de ojos verdes y cabellos castaños seguido por otra nube de polvo y una peliblanca de ojos azules visiblemente molesta, para cuando la nube de polvo dimitió, ambos notaron las luces de la sala encendidas así como un sabroso aroma a chocolate flotando por toda la casa, Jack se notaba completamente consternada ante tal descubrimiento, Hiccup por otro lado…

-Tardaste un poco en llegar Hiccup – Soltó el rubio propietario de la casa mientras se acercaba a los recién llegados con una humeante taza entre las manos, a la cual le dio un sorbo antes de proseguir - ¿son todos o alguien más va a invadir mi hogar?

-Me falta uno todavía, ¿podrías encargarte de nuestro amigo decerebrado?

Hiccup dio un pequeño empujón a Jack en la espalda, Jack hizo un gesto ante la forma en que se estaban refiriendo a ella y Kristoff solto una sonrisa ladina mientras alcanzaba el hombro de Jack para guiarla a la cocina.

-No tardes mucho, los vecinos comenzarán a sospechar que esta no es una de esas pataletas de mis hijos por una pesadilla.

-Si el siguiente auror no está teniendo sexo con otra persona cuando llegue a recogerlo, entonces será rápido.

Hiccup desapareció de nuevo por la chimenea mientras el rubio dirigía una mirada interrogante a la peliblanca la cual, contrario a su costumbre, simplemente se sonrojaba un poco antes de dirigirse directamente a la cocina sin mencionar palabra alguna.

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Era cerca de la una de la madrugada cuando el vehículo en que Kristoff y Anna transportaban hielo ingresó a la aldea de los elfos, habría sido de lo más sospechoso si el viejo Paddy no hubiese salido a abrazar al más joven de sus nietos adoptivos mientras preguntaba por el hielo solicitado para el hechizo de sanación, los padres del pequeño lucían un poco preocupados mientras asentían y pedían disculpas por la hora tan indecente a la que iban en busca de ayuda a la aldea, todos entraron, las puertas de los elfos cerrando tras ellos, si acaso había algún par de ojos curiosos observando, estos habrían vuelto a cerrarse en busca del sueño perdido, no había nada fuera de lo ordinario con ver a los Siku entrando a la pequeña aldea élfica en busca de ayuda para alguno de sus críos.

Apenas las puertas se cerraron, Anna se adelantó con el pequeño Paul aun adormilado entre sus brazos, siguiendo al viejo Paddy a la casa principal mientras Kristoff se desviaba a otra zona de la aldea con la carreta de hielo.

Para aquellos que nunca habían ingresado a la aldea de los elfos, habría sido sorprendente encontrarse con un enorme terreno rodeado de un lado por pequeñas casas y del otro por la enorme barda con setos que los elfos habían colocado para asegurarse suficiente intimidad. Kristoff era un caso aparte, él se había criado en aquel lugar, sabía de sobra que aquel enorme terreno, aparentemente abandonado, era en realidad la parcela comunitaria, los elfos solían cultivar ahí todo tipo de verduras en cuanto entraba la primavera para poderlas cosechar entre el verano y el otoño.

La puerta de la pequeña carreta para hielo se abrió, Kristoff asomó su rostro desde arriba luego de observar el viejo neumático que habían dejado justo en el medio de la parcela momentáneamente sin usar – Pueden salir ahora, solo tengan cuidado de no romper mi carreta – Soltó el magizoologo antes de hacerse a un lado para observar como uno a uno, los aurores iban apareciendo conforme se erguían por turnos, primero la cabeza, luego los hombros, el tronco y finalmente las piernas, las cuales debían levantar bastante para poder salir de la pequeña carreta, Hiccup había sido el último en salir del reducido espacio, saliendo casi de un salto para dar alcance a los quince magos y brujas vestidos como vikingos.

-Kristoff, muchas gracias por el apoyo – Dijo Hiccup antes de terminar de alcanzar el neumático viejo.

-Es trabajo del ministerio, ya sabes, necesito conseguir "puntos" si quiero más apoyo en mis proyectos, por cierto, ¡HEY JACK! Más te vale volver, no quisiera ver a Elsa en St Mungo… o de mal humor en mi casa, tengo suficiente con una Arendalle.

-Haré lo posible Kristoff… cuida a su Majestad en mi ausencia – Respondió la peliblanca dando la mano a su concuño antes de volver donde el resto de sus colegas.

-Bueno, ¡suficiente de charla! – Bramó el vikingo de cabellos castaños silenciando al grupo mientras se acercaba al neumático viejo, completamente rodeado de aurores, observándolos a todos con un aire de líder que Jack no le conocía. – Debo advertirles, este neumático nos llevará directamente al campamento de dragones que hay en China, ubicado en la provincia de Gansu en el desierto de Gobi, espero que hayan traído todas las cosas que se especificaban en la lista.

Ante un asentimiento de cabeza del grupo, Hiccup continuó con la explicación.

-Llegaremos aproximadamente a las ocho de la mañana según el horario en Gansu, el personal del campamento ya estará listo y desayunado, el objetivo de todo esto es que ustedes se hagan pasar por una parte de los recolectores en turno.

-Disculpe – Interrumpió un auror de ojos grises y cabellos negros, piel trigueña - ¿a qué se refiere con "recolectores"?, ¿no se supone que iremos a uno de los campamentos de dragones de Asia?

-Sí, así es, y como saben los dragones son criaturas altamente peligrosas, el objetivo de los campamentos es asegurarse de que los dragones no ataquen seres humanos, no sean atacados por cazadores furtivos y no salgan de su territorio, por tales motivos, los campamentos no solo se ubican en zonas de difícil acceso para muggles y magos, sino en zonas completamente aisladas; cada tres meses cada campamento organiza una partida de "recolectores" para que vayan a la ciudad mágica más cercana para reabastecerse de recursos, desde comida hasta material de sanación, casualmente hoy es el día en que la partida de recolección del campamento al que vamos sale del campamento, así que no será raro ver extranjeros con ropas curiosas entre la población, debo advertirles, no coman nada que no les demos los otros guías o yo, no vayan por callejones ustedes solos y no se acerquen a los dragones; el Departamento de Seguridad Mágica de China ya ha sido informado de nuestra incursión, una vez los dejemos con ellos, estarán por su cuenta, recuerden, tienen solo una semana para llevar a cabo su misión si no quieren levantar demasiadas sospechas.

Hiccup observó a los aurores a su alrededor, todos parecían haber comprendido la explicación, el castaño pudo sentirse aliviado y satisfecho momentáneamente, respiró hondo y a su señal, todos tocaron una parte de la llanta, desapareciendo al instante de la parcela.

Kristoff se acercó en ese momento al lugar donde segundos antes, habían estado dos de sus mejores amigos de la escuela con un enorme grupo de aurores, tomando un rastrillo que había olvidado en el lugar, comenzó a borrar las huellas que habían quedado en la zona, soltando un breve suspiro antes de desearle suerte al grupo.

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El sol había sorprendido al ministro de relaciones muggles dando vueltas en la cama, completamente despierto y alerta, el corazón de Elsa no había dejado de correr desde que Hiccup saliera de la casa junto con Jack para la misión en China y por lo tanto, la mente del platino no había dejado de dar vueltas sobre todas las cosas que podrían salir mal, desde un ataque de dragón hasta un avada kedabra por parte de los magos a los que estaban dando caza, eso sin olvidar que Jack definitivamente no hablaba chino y hablar ruso no le serviría de absolutamente nada.

También estaba el problema con el clima, Elsa no sabía exactamente a que parte de China llegaría el grupo de Jack, aunque luego de darse cuenta de las cosas que faltaban en el lado del armario de la peliblanca se podía dar una idea de algunas desventajas de viajar a un país tan lejano, por si eso no fuera suficiente, Elsa llegó al trabajo con la duda del cambio de horario por el que Jack tendría que pasar, ¿sería de día o de noche?, ¿Jack podría descansar al llegar o lo enviarían en misión de inmediato?, ¿le darían de comer? Porque Elsa no podía olvidar que su marido no había ingerido nada desde hacía varias horas, de pronto eso no fue lo único en la cabeza del ministro, ¿en qué parte de China estaba ese campamento?, ¿estaría junto al mar?, ¿y si un enorme tsunami irrumpía en la zona mientras Jack estaba en misión?, aunque también podría estar en las montañas, y por muy bueno que Jack fuera para manipular el aire a su antojo, ¿qué tal que quedaba atrapada en un derrumbe?, ¿y si caía por un risco?, ¿le mandarían su cuerpo aun si este quedaba hecho pedazos?, ¿sería Elsa capaz de soportar la visión de su marido completamente desfigurada?

El recuerdo de la noche en que le habían hecho aquella cicatriz enorme en la espalda le vino a la mente en ese momento, demasiado nítido y real, la sangre escurriendo y empapando el suelo, la palidez insana que había comenzado a adueñarse del cuerpo de Jack, sus gemidos de dolor mientras llegaban los sanadores a curarlo, el terror que Elsa había sentido mientras intentaba por todos los medios evitar que su esposo muriera desangrado… y entonces decidió detener aquel tren de ideas malsano que se había adueñado de su ser, no podía darse el lujo de ser tan pesimista.

Con una furia que no tenía idea de donde había salido, Elsa azotó los papeles que estaba revisando contra el escritorio, quería gritar, quería llorar y romperlo todo pero no podía, el llanto que estaba reteniendo comenzó a condensarse en su garganta, irritándolo a una velocidad vertiginosa mientras intentaba masajear sus sienes para controlarse, sin embargo, aquello parecía completamente imposible.

-Ministra, ¿está usted bien? – Sonó la voz de Tip en la puerta mientras la joven se asomaba preocupada.

-Sí, estoy bien – Fue la respuesta seca y cortante que Elsa dio a su becaria antes levantarse y salir con rumbo a la cafetería – solo necesito un expresso. –Declaró el platino al ver a Samantha levantándose de su lugar.

El camino a la zona de alimentos se le hizo larguísimo mientras intentaba por todos los medios pensar en algo que no fueran Jack, China y los dragones además de la misión que se le había asignado, tan distraído estaba que no se dio cuenta en qué momento había ordenado, cuando le habían servido y como había llegado hasta la mesa que usualmente utilizaba para el almuerzo.

Se habría resignado a simplemente terminarse el expresso mientras intentaba calmar su mente cuando notó algo completamente insólito, justo frente a él, sentado unas cuantas mesas más adelante se encontraba el jefe de Jack charlando amenamente con otro hombre, ambos sonreían mientras intercambiaban comentarios, Elsa observó un poco más, había un cierto parecido entre el convidado de Malfoy y Harry Potter, el cual se notaba ahora ligeramente triste mientras Scorpio le entregaba un paquete no muy grande, ambos caballeros se levantaron de la mesa, dándose un abrazo antes de que el tipo de cabellos negros se despidiera para alejarse con rumbo a la zona de salida, Elsa ni siquiera pensó en lo que estaba haciendo, Scorpio aun tenía una sonrisa ligera en el rostro, podía notarse cierta amabilidad en sus facciones todavía cuando el platino se plantó a un lado suyo, brazos cruzados y ceño fruncido, cualquier otro se habría sentido cohibido ante tal aparición, cualquiera menos Scorpio Malfoy quien volvió a su mueca usual de absoluta seriedad mientras bajaba su brazo, terminando así de despedirse.

-¿Hay algo que pueda hacer por usted señora Frost?

-Soy Arendalle, Elsa Arendalle, no Elsa Frost… ¿y ese? ¿su novio acaso?

-No, ese es Albus Potter, mi mejor amigo, llevándole un paquete a mi hijo Orión, este fin de semana saldrá a Hogsmeade con algunos amigos de la escuela, lamentablemente estoy demasiado ocupado como para ir en persona o siquiera enviárselo.

-No sabía que fuera casado.

-Divorciado sería más exacto… ¿vamos a debatir sobre mi vida personal o tiene algo importante que decirme señora?

-Regréseme a mi esposo.

-Lo lamento pero su esposo volverá la semana entrante.

-Si es que regresa… ¿era necesario que lo mandara a China?, ¿no podría haberlo enviado tras alguna otra persona?, ¿Por qué no dejarlo aquí haciendo guardia?

-Señora Arendalle, mucho me temo que su esposo era necesario para esta operación, no solo tiene un interés personal en desmantelar a la panda de estúpidos a los que nos enfrentamos, también tiene suficiente experiencia en campo como para llevarlo, además, el cambio que sufrió a causa de la maldición le dio algunas cualidades lo suficientemente útiles como para considerarlo un elemento necesario.

-Pudo haberlo dejado aquí a resguardar a la gente del departamento de misterios.

-Sí, podría haberlo hecho, pero necesito a todo el personal capaz en China… hay que investigar, hay que rastrear, espiar y posiblemente colarse en lugares de difícil acceso, su esposo tiene la capacidad de llevar a cabo todo eso.

-¿Y si no regresa?, ¿qué piensa hacer si algo le pasa?, porque yo estoy considerando todas las formas en que podría fastidiarlo por haber enviado a Jack tan lejos.

-Ahora me explico porque Rose se pone de tan mal humor cuando tiene que lidiar con usted a solas… entiendo que esté preocupada, y en verdad, comprendo que quiera a su esposo de regreso y a salvo, sin embargo su esposo es un auror, uno cuyo historial lo hacía el candidato ideal para ir tras la cabeza de los que nos están atacando, el enviarlo o no es decisión mía como su jefe directo, y he decidido enviarlo junto con otros elementos para evitar que lo que les pasó a ustedes suceda a gran escala, además, tengo entendido que Flynn Ryder le dio algo de información extra acerca del país al que lo envié, información que no tiene ningún otro auror por el momento en este país, ahora, será mejor que vuelva a su oficina y se ponga a trabajar.

-¿O qué?

Elsa estaba completamente furioso, Scorpio sin embargo se notaba más tranquilo mientras se dignaba a ver a su interlocutor luego de toda aquella discusión, había una sonrisa confiada en su rostro y un brillo extraño en sus ojos, algo que terminó por descolocar al platino.

-O tendré una excelente excusa para ir a hablar con Rose, y usted sabe cómo le molesta a la Ministra de Magia que sus subordinados vengan al trabajo con amenazas y mala actitud, así que, si no desea ser sancionada por una semana entera, le recomiendo que se tranquilice.

-Aun podría venir aquí, si no tengo que trabajar una semana, bien puedo venir a seguirlo todo el día, desde que ponga un pie en el ministerio hasta que vuelva a casa.

-Eso quisiera verlo, especialmente a sabiendas de que esta semana tal vez no vuelva a casa… ahora que lo pienso, si la suspenden veré que haya una escolta apropiada en su casa que le impida cometer cualquier tipo de tontería, incluyendo venir aquí a molestar, ahora, en verdad, le pido de la manera más atenta que se vaya.

Ni una palabra más, Elsa estaba lo suficientemente confundido como para no intentar abofetear al jefe de Jack o contradecirlo, en cambio optó por volver a su puesto, sentarse y comenzar a trabajar, aun si su mente no dejaba de darle vueltas a todo el asunto, a Jack, a Scorpio, a China y a la extraña mirada del jefe de guardaespaldas.

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La casa estaba inusualmente silenciosa, no había sonidos de pasos, ni de instrumentos, no había sonido de escobas volando en el jardín, ni siquiera el típico sonido del agua hirviendo en la tetera sobre la estufa, nada, absolutamente nada, Elsa podía jurar que ni los pájaros se habían parado cerca de su casa a trinar mientras se hacía de noche, si tenía que aguantar esta situación por una semana, terminaría enloqueciendo, eso era seguro.

Con pesadez y resignación el ojiazul decidió levantarse del sofá donde había estado sentado contemplando la chimenea como si esperara algo o a alguien, a pasos lentos y cansinos comenzó su lento y tortuoso viaje a las escaleras, estaba a punto de subir el primer escalón cuando cambió de opinión, necesitaría una pócima para dormir si realmente planeaba descansar un poco, y es que Elsa sabía de sobra que no podría pegar el ojo en toda la noche, su cabeza no había dejado de dar vueltas sobre lo mismo durante todo el día, luego de hablar con Scorpio Malfoy había terminado leyendo al menos tres veces cada documento antes de poder procesar lo que estaba leyendo para seguir con su trabajo.

El ministro ya tenía un caldero pequeño en la mesa de la cocina, estaba rebuscando en los estantes los ingredientes que le hacían falta cuando escuchó claramente como una a una, iban apareciendo varias personas en su sala, saliendo de la chimenea, el corazón le dio un vuelco mientras soltaba todo para ir corriendo a verificar, aun había la posibilidad de que Jack hubiese vuelto acompañado de algunos compañeros, podría ser que lo trajeran herido o…

-¡HOLA ELSA!

-¿A, Anna?

La decepción en el tono de voz del platino no pasó desapercibido para su hermana menor, la cual soltó la mano del pequeño Paul antes de acercarse con una radiante sonrisa y una bolsa de tela con galletas para abrazar a su alto anfitrión.

-No puedo creer que Hiccup tuviera razón con esto – Soltó una mujer rubia, de aspecto fiero, con la cara cubierta de pecas y el cabello lleno de trenzas, su ropa hecha de cuero y algodón se notaba llena de polvo, a su lado se encontraba una réplica suya de ojos azules y cabello castaño, Ashley ya contaba con 10 años y se veía tan vikinga como su madre la primera vez que tomó el tren para ir a Howgarts.

-¿Astrid?... no se lo tomen a mal, pero… ¿qué hacen aquí?

-Hiccup me dejó instrucciones de venir a verte más o menos a esta hora – repuso la vikinga mientras avanzaba hasta acercarse al platino para luego hacerle señas con la cabeza a su hija para que se fuera a jugar con Paul. – y parece que no fui la única que recibió petición de venir a verte.

-Kristoff se quedó muy preocupado luego de que se fueron todos – Confesó Anna – dijo que Jack se veía preocupado, conociéndolo, dedujimos que no era por la misión, así que acordamos que vendría a darte una vuelta.

-Gracias chicas, no debieron molestarse, estoy bien.

-Elsa, ¡por Merlín! Soy tu hermana, y no te ves bien.

-Bueno, si no te molesta Elsa, iré a tu cocina, en Noruega hace demasiado frío a estas alturas del año y sinceramente, necesito una buena taza de chocolate luego de viajar de una chimenea a otra para llegar aquí.

-Pasa, mi cocina es tu cocina – Repuso la aludida antes de voltear a ver a la castaña obviamente confundida.

-Me temo que para venir aquí ellos tienen que viajar primero a la chimenea del Ministerio de Noruega y de ahí de un ministerio a otro… por cierto, parece que del ministerio pasó primero a mi casa porque escuchó algo muy extraño.

-¿Escuchó algo?, ¿Jack está bien?

-¡JACK ESTÁ BIEN! – Respondió Astrid desde la cocina, obligando a los Arendalle a avanzar para alcanzarla - ¡SIN EMBARGO ALCANCÉ A ESCUCHAR QUE MOLESTASTE A SU JEFE!

-¿ELSA?

-¿QUÉ?, yo solo… es que…

Los tres adultos se encontraban ya en la cocina, los niños habían subido a la habitación de los gemelos sabiendo que ahí encontrarían juguetes, Anna decidió no decirles nada cuando notó a su hermano mayor derrumbarse sobre uno de los bancos mientras las lágrimas que había retenido todo el día salían finalmente.

Aquella noche Elsa logró desahogarse en compañía de su hermana y su amiga, ambas mujeres decidieron pasar la noche a su lado luego de escucharlo y tratar de confortarlo, después de todo, la posibilidad de que Jack no volviera realmente había dejado muy afectado a aquel mago de cabellos platinados y ojos azules.

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NOTAS DE LA AUTORA:

Al fin pude terminar, no voy a negarlo, he tenido algunas dificultades para escribir este cap, en parte por el tiempo que he tenido para escribir, en parte por un pequeño bloqueo de escritor y en parte porque, bueno, mi salud no me ha ayudado mucho que digamos.

Y bueno, les tengo la noticia de que nos acercamos estrepitosamente al final, solo dos capítulos más y habremos terminado esta historia, por mientras, ¿qué les ha parecido este capítulo? Espero que no demasiado angustiante, en todo caso, no dejen de enviar sus comentarios, ya saben, se acepta de todo.

SARABA