Rin durmió mejor esa noche, tener la compañía de sus amigos la hacía sentir más tranquila. Se despertó con un pensamiento -¡Mis amigos! Es cierto, hoy es mi cumpleaños- La joven se levantó llena de alegría -¡Abuela Kaede hoy vendrán Shippo, Kohaku, Jinengi y…!- Al asomarse noto que la anciana Kaede no estaba, entonces vio una nota sobre su futon.
*Nota*
Querida Rin, en la aldea vecina se enfermaron varios niños de una familia, la madre preocupada me vino a buscar en la madrugada; no quise despertarte así que me fui con ella. No te preocupes, regresare por la tarde. Te quiere, tu abuela.
*Fin de la nota*
Rin suspiró, pues lo que más le gustaba de sus cumpleaños no era la atención, la comida o los eventuales regalos que le daban sus amigos; sino el hecho de poder estar todos juntos –Bueno, la abuela regresara en la tarde y de seguro los demás ya están reuniéndose- La joven se animó y se apresuró a vestirse para ir a casa de Inuyasha y Kagome. Se vistió con un kimono que mando a hacer a una de las mujeres de la aldea, estaba hecho con una hermosa tela de color verde esmeralda, la cual tenía un patrón de círculos lila –Esta tela me la trajo mi amo- pensó Rin mientras iba caminando –En verdad espero que venga hoy señor Sesshomaru- la joven se cubrió la cara al sentir como sus mejillas se sonrojaban –Realmente deseo verlo- La voz de Kagome fue la que saco a Rin de sus pensamientos.
-Ya te dije que son cosas que vamos a necesitar Inuyasha- dijo la sacerdotisa con seriedad
-¡¿Y por qué tengo que cargarlas yo?!- gritó Inuyasha enojado
-Buenos días Kagome, buenos días Inuyasha- interrumpió Rin
-Hola Rin, buenos días- dijo Kagome
-¿Qué traen ahí Inuyasha?- preguntó la joven con curiosidad, pero antes de que el hanyou pudiera contestar, Kagome dijo –Verás Rin, Inuyasha olfateo un demonio hace poco y parece ser que va rumbo hacia el templo de los monjes que está detrás de nuestra aldea, así que iremos a revisar-
-Sí, así es, pero regresaremos en la noche- añadió Inuyasha mientras se ponía en un hombro la mochila -¿Crees que puedas cuidar la aldea por nosotros Rin?- Kagome subió a la espalda de Inuyasha
-Amm… claro Kagome- respondió Rin –Espero que les vaya muy bien- dijo Rin con una sonrisa fingida
-¡Cuídate Rin!- dijo Inuyasha mientras salío saltando
-Sí, claro- respondió la joven al aire, bajo la cabeza, se sentía un poco triste porque también sus amigos estarían ocupados –Creo que este no será como todos mis cumpleaños- pensó Rin mientras daba la vuelta -¡Pero espera!- la joven retomo su dirección corriendo –Podría pasar el día con Sango, Miroku y los niños, jugar con ellos siempre es muy divertido- Rin se volvió a sentir feliz, llego rápidamente a la cabaña de Sango y Miroku, afuera estaba Hachi -¡Hola Hachi!- gritó Rin emocionada
-Hola pequeña- respondió Rin con una sonrisa –Tiempo sin verte, ya has crecido niña- agrego Hachi
-Ya no soy una niña señor Hachi- dijo la joven acompañada de una incómoda risa
-Hola Rin- salió Miroku -¿A caso Hachi te está molestando?- dijo mientras jalaba las orejas del mapache
-No, para nada monje Miroku- dijo Rin divertida con la escena
-Niños apresúrense- Sango salió con su Hiraikotsu y una canasta llena de rica comida, seguida de sus tres hijos -¡Oh Rin! No pensé que estuvieras aquí- dijo Sango sorprendida –Niños despídanse de Rin, tenemos que irnos- Acto seguido los niños abrazaron a la confundida joven que les devolvió el abrazo por inercia -¿A dónde irán Sango?- preguntó un poco triste Rin
-Hachi nos dijo que el monje se puso muy ebrio de nuevo y no ha querido salir de la cama en días – dijo Miroku harto. Hachi tomo su forma de dirigible.
-Iremos a ver como esta e intentaremos que coma algo- dijo Sango mientras las niñas trepaban a Hachi y ella subía al pequeño
-Si gustan yo puedo quedarme con los niños- Exclamo Rin al mismo tiempo que Sango subía a Hachi
-No te preocupes Rin, seguido cuidas de los niños y no queremos molestarte- Miroku le pasó la canasta a Sango
-En serio no es molestia- insistió la joven
-No queremos darte problemas Rin, además los niños ya quieren ver a su tío ¿Verdad?- dijo Sango
-¡Sí!- gitaron los niños a coro antes de que Miroku subiera también a Hachi
-Claro, entiendo- dijo la joven mientras bajaba la mirada –Espero tengan un buen viaje- Hachi emprendió el vuelo
-¡Nos vemos mañana Rin!- gritaron los niños
-¡Hasta luego!- fue lo último que dijo la joven antes de que la familia se perdiera a lo lejos.
-Todo será diferente el día de hoy- pensó Rin mientras regresaba muy triste a su cabaña –Ninguno de mis amigos estará hoy conmigo, ni Shippo o Kohaku han llegado, tampoco Jinengi y su madre- la joven llegó a su cabaña y se acostó en el futon –
Y sobre todo… tal vez mi amo no venga- Rin cerró los ojos y se llevó las manos a la cabeza –Señor Sesshomaru, usted es al que más extraño- Se cambió el kimono, por uno más corto de color café -Que tonta soy, a penas lo vi antier, pero… creo que entre más tiempo paso con usted, más lo…- la joven sacudió su cabeza y tomo su espada –Estar sola me hace pensar locuras- dijo Rin para sí misma y tomo una caja de madera llena de muchísimos pergaminos–Mejor ocupare este tiempo para entrenar- la joven estaba muy desilusionada por no poder convivir con sus amigos, camino lentamente hacia el bosque y llego a una gran llanura.
-Bien, vamos a comenzar- Rin estiro un poco los brazos y sacó la espada de su funda –Vaya que ya está gastada-pensó la joven al ver todas las marcas en su espada –Ya van varias veces que Inuyasha y yo hemos tenido que detener nuestros entrenamientos para que no se rompa- Rin tomo su espada –Pero aún sirve bien para esto- dijo la joven al mismo tiempo que tomaba un pergamino y lo lanzaba al aire, tras salir de la mano de la joven el sello dibujado en el desaparecía y salía proyectado a toda velocidad envuelto en llamas. El monje Miroku le había enseñado a hacerlos, eran muy útiles para eliminar a demonios pequeños, pero Inuyasha había visto otra utilidad en ellos.
Rin recordó las palabras de su maestro –Bueno Rin, ya sé cómo te haremos más rápida- Inuyasha dijo con una sonrisa traviesa -Activaras esos pergaminos e intentaras cortarlos antes de que lleguen a ese árbol de ahí- Eran aproximadamente unos 30 metros hacia ese árbol, pero los pergaminos salían a una velocidad impresionante –Incluso al señor Inuyasha le costó trabajo- pensó la joven -Lo corto a un metro del tallo- Rin apretó con fuerza su espada
Activo el pergamino y corrió hacia él, pero la dificultad de este entrenamiento no sólo era la rapidez con la que iba, sino que al no haber un demonio la trayectoria del pergamino era aleatoria. Rin corrió muy rápido, pero el pergamino cambió su dirección súbitamente, así que no lo alcanzó a tiempo. Tras ese intento hubo muchos más, en los que Rin aumento cada vez más su velocidad, pero seguía sin conseguirlo.
-No basta con correr velozmente, también mis reflejos deben ser más rápidos- La joven comenzaba a sudar –Debo ser más rápida- Esta vez lo cortó unos metros después del árbol –Debo poder defenderme yo sola- Era el único pensamiento de Rin mientras lo seguía intentando –Lo corté a lado del árbol- dijo para sí misma Rin y regreso caminando hacia el punto partida, sus piernas comenzaban a cansarse, al voltear a la caja vio que ya sólo quedaba un pergamino.
-Yo debo hacerme más fuerte- la joven miró sus manos que ya tenían callos por los años de entrenamiento –Todos estos años he entrenado con un solo propósito- Rin activo el pergamino y corrió detrás de el –Yo seré fuerte…- el pergamino dio un giro hacia arriba a un par de metros del árbol, Rin saltó con agilidad y el pergamino descendió con rapidez justo en dirección al tallo –No, esta vez no te escaparas- la joven giró en el aire para tomar velocidad y levantó la espada con ambos brazos –¡Yo seré más fuerte para estar a lado del señor Sesshomaru!- gritó Rin mientras utilizaba toda la inercia de su cuerpo para bajar con velocidad la espada hacia el pergamino, logro cortarlo a tan solo unos centímetros del tallo, de hecho la punta de la espada dejo una pequeña marca en el árbol.
-Lo que más anhelo…- dijo Rin jadeando –es estar a su lado amo- Rin se recargó sobre el árbol y se resbalo para sentarse –Sé que sólo soy una simple humana señor Sesshomaru, eso que usted tanto desprecia- pensó Rin mientras recuperaba el aliento -Pero ya no seré alguien que usted tenga que proteger, y tal vez así…- la joven fue invadida por un gran sentimiento de nostalgia, soltó su espada y abrazó sus piernas –Ya no me vea como sólo alguien a la que hay que proteger-
Comenzaba a ponerse el sol, Rin se levantó, recogió su espada y camino hacia la caja de madera. Caminó en dirección hacia el río, dejo sus cosas a una orilla, se despojó de su kimono y se metió al agua. Sus piernas estaban adoloridas y el agua helada le hizo sentir a Rin una gran frescura.
-Se siente tan bien- La joven volteo a ver su cuerpo, estaba lleno de polvo –Vaya que me ensucie- pensó con gracia –Tal y como la primera vez que nos vimos señor Sesshomaru- una sonrisa se dibujó en el rostro de Rin –Aún recuerdo como Jaken trajo un kimono de la aldea, me dijo que debía estar limpia para poder seguirlos- La joven comenzó a tallar su cuerpo –Intenté hablar, pero hace tanto que no lo hacía, había olvidado como hacerlo- Rin lavo con cuidado su cabello -No sabía nada de usted, pero desde que lo vi supe que usted era alguien amable que necesitaba ayuda- Se sumergió completamente en el agua –Desde ese entonces quise seguirlo señor Sesshomaru, y aún quiero hacerlo, porque… mi vida y mi corazón son solo suyos amo- Rin alzó la cabeza para tomar aire, salió del agua y se apresuró a vestirse. -Aún quedan unas horas de luz, pero será mejor que me apresure- pensó la joven
Cuando iba en el sendero de vuelta a la aldea, vio a lo lejos una figura conocida –Es una de las gemelas- pensó la joven
-¡Rin! ¡Rin!-la niña gritó con alegría
-¡¿Qué haces aquí Azura?!- dijo Rin muy preocupada -¡¿Dónde están tus papás?!- la joven alcanzó a la niña -¿Estás bien?-
La niña tardó unos segundos en recuperar el aliento –Rin, Rin, tengo que darte esto- la pequeña extendió una nota
-Pero ¿Qué es esto?- preguntó la joven muy confundida
-Todo está bien Rin, tú sólo haz caso a la nota- la niña río y regreso por donde vino
-No entiendo- pensó la joven aún más confundida, abrió la nota y la leyó
*Rin, ve a casa y reúnete con Kaede*
La joven corrió hacia su cabaña y vio a la anciana Kaede esperándola en la puerta. Rin sonrió con alegría y abrazó a la anciana con fuerza -¡Abuela Kaede! ¿Tú sabes que está pasando?- La anciana solo sonrío y le dijo –Entenderás después mi niña, entra y ve lo que hay sobre tu futon- la anciana abrazo a Rin –En un momento nos vemos pequeña- camino hacia afuera de la cabaña –Pequeña, recuerda que no todos los amores son correspondidos- el comentario de Kaede desubicó completamente a Rin, al punto en el que no supo que decir. Pensó en ir tras ella, más volteo su mirada hacia el futon y vio un lindo kimono morado brillante con un obi dorado, y sobre de el otra nota.
*Este regalo es para ti mi niña, es de una tela muy fina. Yo sé que te hará ver aún más hermosa. Pontelo y ve hacia la cabaña de Kagome e Inuyasha*
La joven se cambió y vistió rápidamente, toda esta situación la estaba intrigando y quería saber que estaba pasando cuanto antes. Troto hacia la cabaña y encontró a Kagome e Inuyasha a la salida, la sacerdotisa tenía una pequeña caja en sus manos.
-¡Rin!- Kagome se lanzó para abrazar a Rin, ella le regreso el abrazo con gusto, pero no podía sonreír ante la confusión.
-Kagome y yo te trajimos eso- dijo Inuyasha sin moverse –Ojala que te guste Rin- Kagome le dio la caja. La joven la abrió y encontró una hermosa peineta de color amarillo con el dibujo de una luna –Kagome, Inuyasha- Una enorme sonrisa de oreja a oreja en el rostro de Rin lo dijo todo –Gracias, es hermosa- La joven se quitó su listón y se recogió el cabello con la peineta. -¿Qué tal se ve?- preguntó Rin –Te ves divina Rin- Kagome dijo llena de felicidad.
-Bueno, ahora vámonos- dijo Inuyasha mientras comenzó a caminar hacia el bosque –Pero ¿A dónde?- preguntó Rin extrañada
-Tú síguenos Rin- dijo Kagome escapándosele una risilla
-Kagome, Inuyasha ¿Ustedes tampoco me dirán nada?- La sacerdotisa volvió a reír con malicia –Algo está pasando- pensó Rin -Kagome solo hace esas expresiones cuando trama algo-
Caminaron juntos hasta adentrarse al bosque y en medio del camino estaban Sango, Miroku y sus hijos.
-Muchachos ¿Qué se traen?- Preguntó Rin al ver a Sango con una pequeña bolsa
-Sólo traigo un par de cosas para hacerte ver aún más bonita Rin- dijo Sango
-Te esperamos por allá Sango- dijo Miroku mientras se alejó con Kagome, Inuyasha y sus hijos
Sango sacó pintura negra y delineo los ojos de Rin, pinto un poco sus labios de color rosado y suavemente sus mejillas.
-Ahora sí, todo está listo- dijo Sango mientras guardaba sus cosas de nuevo en la bolsa.
-¡Sango!- gritó Rin desesperada -¡¿Listos para qué?!- Tomo a Sango con fuerza y la sacudió –Sango ¿Qué esta pasando?-
Sango simplemente río y le dijo –Sólo hay que caminar hasta el final de este sendero y lo sabrás-
Rin comenzó a caminar cada vez más rápido hasta que termino corriendo, a lo lejos vio una pradera llena de luces y gente, al acercarse pudo distinguir la cara de varios aldeanos y de sus amigos: Kaede, Inuyasha, Kagome, Miroku, los niños, Jinengi y su madre, Shippo y…
-Kohaku- dijo Rin al encontrarse de frente con el joven que esperaba frente a todos con un enorme ramo de lirios
-¡Feliz cumpleaños Rin!- gritaron todos a coro
-Amigos- dijo Rin totalmente soprendida –Pero… Kohaku ¿Qué es todo esto?- preguntó aún sin recuperarse
-Lo siento Rin, quería sorprenderte y les pedí su ayuda a todos- Kohaku abrazó a la joven con fuerza –Rin, tú eres alguien muy especial para mí y sólo quería darte el mejor de los cumpleaños- Rin notó como el exterminador la abrazó con aún más fuerza y le devolvió el abrazo lentamente
-Gracias Kohaku- dijo Rin mientras se separaba del joven –En verdad es un gesto muy lindo de tu parte amigo- la joven sonrío con dulzura y prosiguió a saludar al resto de sus amigos. El exterminador se quedó quieto unos segundos y después se incorporó a la fiesta.
La noche prosiguió de la mejor manera, hubo deliciosa comida y Kagome cocinó lo más parecido a un pastel. El lugar estaba decorado hermosamente, habían plantado unas lindas flores en toda la periferia y colgado unas bellas lámparas de papel de colores. Todo mundo se estaba divirtiendo y Rin se veía extremadamente feliz. Después de la cena, un grupo de aldeanos comenzaron a tocar música y a cantar, todos se pusieron a bailar.
Rin pensó que Jinengi se veía muy chistoso bailando con su madre, Sango y Miroku bailaban con mucha gracia, Kagome estaba bailando con Shippo a falta de la disposición de Inuyasha. El zorrito ya había crecido y ahora le sacaba un par de centímetros a Kagome, ahora era un chico apuesto y él no era el único que había cambiado…
-Rin ¿Me concederías esta pieza?- Kohaku se acercó y le extendió su mano a Rin –No sé bailar Kohaku- dijo la joven mientras bajaba la mirada y sonreía apenada –Yo te enseñare- El exterminador le sonrío y la ayudo a levantarse
-Tú también has cambiado mucho Kohaku- pensó Rin mientras Kohaku le tomaba una mano y ponía la otra sobre su cintura, hecho que hizo que la joven se sonrojara. En serio que eres un chico guapo, ahora entiendo por qué las otras chicas de la aldea se emocionaron cuando Sango dijo que ya estabas en edad de casarte. –Rin ¿Te está gustando la fiesta?- el joven saco a la chica de sus pensamientos
-Sí Kohaku, todo se ve maravilloso- Rin se veía sumamente bonita bajo esa luz y el exterminador no puedo evitar sonrojarse ante el bello rostro de la joven
-Rin…- Kohaku tomo a su amiga por la cintura y la vio fijamente a los ojos. La joven se sonrojo y se quedó completamente quieta mirándolo también –Sin importar en donde estuviera, siempre estaba pensando en ti, entonces me di cuenta que no podía ocultar más mis verdaderos sentimientos- El joven se acercó aún más al rostro de Rin
-¿Tus verdaderos sentimientos?- pensó Rin mientras seguía viendo los ojos del exterminador –Kohaku ¿Qué..?- dijo Rin con un hilo de voz, pero fue interrumpida por la mano de joven que acarició sus labios –Rin… yo te-
-¡Rin! ¡Rin traigo una entrega para la señorita Rin!- llegó gritando a todo pulmón Totosai montado en su vaca
-¡Totosai!- gritaron Inuyasha y Kohaku al mismo tiempo
-¿Totosai?- dijo Rin -¡Y señor Jaken!- gritó la joven con alegría al ver a Jaken montado detrás del viejo
Rin salió corriendo hacia donde aterrizaron y abrazó con fuerza a Jaken
-¡Señor Jaken! Que alegría me da verlo- Rin soltó a Jaken en cuanto Totosai le extendió un paquete largo y delgado envuelto en una tela
-Pero ¿Qué es esto?- le preguntó Rin
-¡Ay niña, que pregunta más tonta! Yo me dedicó a hacer espadas ¿Qué te voy a dar unos aretes? ¡Dios mío! – dijo Totosai con ironía -¡Uh comida!- el anciano se dirigió hacia la poca comida que quedaba del banquete
-Señor Jaken ¿Usted…?- preguntó Rin con sorpresa
-Por favor mocosa, no me hagas reír, yo nunca te daría un regalo. Tú eres la que tiene mucho que agradecerme, ese regalo te lo mandó a hacer el amo Sesshomaru- Rin tomo con fuerza el paquete –Él simplemente me mandó a vigilar que Totosai te entregara esa espada porque…- Los ojos de Rin se iluminaron e interrumpió a Jaken -¡Señor Jaken ¿El amo Sesshomaru está aquí?!- gritó Rin mientras se agachaba al nivel de Jaken
-Sí niña, está en el claro de siempre, pero ya nos vamos, él solo me pidió que…- Aún no había terminado de hablar el pequeño demonio cuando Rin salió corriendo en dirección al claro
-¡Niña ¿A dónde vas?!- gritó Jaken enojado
-Jaken, aún tenemos comida ¿Gustas comer un poco?- dijo Kaede extendiéndole un plato al verde ayudante
-¡Señora insolente! ¿En verdad cree que algo tan insignificante como comida humana hará que yo… ?- El demonio se quedó paralizado al ver que Kaede le extendía un plato lleno de moras del amanecer –Bueno, sólo un momento- Jaken se sentó feliz a comer las moras
-Kohaku ¿Por qué no esperas a Rin con nosotros?- dijo Kagome mientras tocaba el hombro del exterminador
-No Kagome, gracias. Estoy algo cansado, regresare a la cabaña de mi hermana-El joven trato de fingir una sonrisa tranquila, pero la sacerdotisa sabía bien que el joven estaba triste
-Kohaku…- pensó Kagome con nostalgia mientras él se alejaba
*A lo lejos en el claro*
Rin llegó más rápido que nunca y en la distancia pudo distinguir una alta figura de cabello blanco, corrió aún más rápido hasta quedar de frente a su amo –Señor Sesshomaru- dijo Rin mientras se perdía en ese varonil rostro
-Muchísimas gracias por mi espada amo- dijo Rin mientras bajaba la mirada –¿Por qué no puedo sostenerle la mirada?- pensó Rin -¿Le molesta si la veo señor?- preguntó la joven regresando su mirada a la de su amo –Haz lo que quieras- dijo con seriedad el demonio
Rin quitó el laso que amarraba la tela, le quito la funda y descubrió una katana de hoja oscura ancha, pero de filo muy delgado. Una empuñadura de color dorado con un sol grabada en ella y unas marcas como de llamas doradas en toda la orilla de la hoja.
-Es…- La emoción no cabía en el pecho de Rin y tenía un nudo en la gargante –Es hermosa amo…-
-Espero te sea útil- fue lo único que dijo el poderoso youkai antes de voltearse listo para emprender el vuelo -¡Señor Sesshomaru!- la joven se lanzó hacia el demonio y lo abrazo con fuerza por la espalda –Espere…-
Sesshomaru se sorprendió ante el acto tan repentino –Por favor, espere sólo un poco- Rin escondió su rostro entre sus ropas –Yo en verdad estoy encantada con la espada, pero lo que realmente me hace feliz…- El demonio sintió como las manos de Rin lo apretaban con fuerza –Es poder estar con usted- La joven sintió como el temblor se apoderaba de su cuerpo, no podía creer lo que estaba haciendo.
El youkai sintió este temblor y se volteo para quedar de frente a la sonrojada joven
-Rin…- el demonio fijo sus ojos amarillos en los profundos ojos negros de Rin. Ella pudo sentir como su estómago se volvía a llenar de mariposas –Amo…- dijo la joven abrazando a su señor. El frío demonio devolvió el abrazo de manera lenta y subió su mano para acercar la cabeza de Rin hacia su pecho.
Este movimiento hizo que el corazón de Rin latiera con fuerza –Señor Sesshomaru- dijo la joven sin alzar la vista –No sabe como agradezco el haberlo conocido- Rin sentía que estaba flotando sobre una nube –Usted no sólo me devolvió la vida, sino que cambio por completo mi mundo- la joven levanto la vista.
El youkai no podía creer lo que estaba pasando, sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo al ver el hermoso rostro de Rin –Señor Sesshomaru mi vida le pertenece porque usted me trajo del mundo de los muertos- pensó Rin –Pero aunque usted no la reclamara, yo se la daría…- la joven sonrió con calidez al youkai.
-Rin, tú eres en todos los sentidos tan diferente a mi- Sesshomaru alzo la mirada al cielo y vio la brillante luna creciente, después bajo la mirada hacia la espada de Rin
*Recordando su plática con Totosai*
-Bueno, pues vaya que será una espada difícil de hacer- dijo Totosai al mismo tiempo que sacaba algo de cerilla de sus oídos
-¿Eres capaz de forjarla?- preguntó Sesshomaru retadoramente
-¡¿Qué clase de pregunta es esa?!- dijo Totosai indignado –Yo he hecho espadas desde antes que tú existieras- agregó enojado
-Entonces no creo que tengas algún inconveniente para tenerla lista mañana por la noche- El anciano hizo un sonido de duda -¿O sí?- El tono burlón del youkai fue lo que convenció al viejo
-¡Por supuesto que sí! Hice una espada con el colmillo de tu padre y ahora haré una con el tuyo- contestó con seguridad Totosai
-Creeme que él y yo somos muy diferentes- dijo Sesshomaru mientras salía de la cueva
-Sesshomaru- dijo el anciano haciendo que el youkai parara su caminado –Tu colmillo es uno de los materiales más preciados para cualquier demonio, y aun así me pides una espada que pueda ser usada por los humanos ¿Realmente Inu Taisho y tú, son tan diferentes?- agregó el viejo
*Fin del recuerdo*
-¿Por qué un sol?- pensó Sesshomaru mientras acariciaba el cabello de la joven, separó a la joven y sintió una inexplicable dicha al ver los brillante ojos de Rin
-¡Amo Sesshomaru!- un pequeño demonio verde llego corriendo a toda velocidad -¡Amo Sesshomaru!- Jaken llego hasta donde estaba la pareja y respiro –Ay que alivio amo, pensé que ya me habría dejado-
Rin río ante la preocupación del pequeño ayudante
-¡No es gracioso niña! ¡Oh veo que ya viste la espada! Mocosa espero que te esfuerces mucho para ser digna de esa espada, tú eres una débil humana y…- El demonio cayó al suelo por un golpe del youkai
-Debemos irnos Rin- La joven se sintió triste ante las palabras de su amo, pero sabía que no podía detenerlo –Entiendo bien amo- la joven sonrío –Señor Sesshomaru, muchísimas gracias, realmente fui muy feliz por poder verlo- la joven se llenó de una luz y dicha que el demonio notó.
Desvío la mirada y dijo –Jaken, levántate o te dejare- El pequeño demonio se levantó con un enorme golpe en la cabeza y se lanzo hacia la estola de su amo
-¡Nos vemos señor Sesshomaru, señor Jaken! Por favor vuelvan pronto- Rin abrazo alegre su espada y regreso hacia la fiesta con una enorme sonrisa
-Un sol…- pensaba el imponente youkai y recordó los hermosos ojos brillantes de Rin –Supongo que tiene sentido- el gran demonio se perdió en la noche
