GENDERBENDER

20.- Hasta nunca

-¡REPLIÉGUENSE RÁPIDO! - Había ordenado Li Shang en un perfecto inglés y con suficiente autoridad para que los aurores londinenses siguieran la indicación mientras Fa Mulán parecía repetir la misma orden en su idioma natal casi al mismo tiempo, logrando que los aurores chinos también buscaran un lugar donde ocultarse entre el millar de plantas mágicas y estatuas de magos renombrados.

Conjuros de todos tipos volaban de un lugar a otro con súbita velocidad, como estrellas cayendo del cielo e impactando contra magos, plantas, piedras y adoquines sin misericordia.

Algunos aurores se encontraban cubriendo lo que a todas luces, eran magos turistas para ayudarlos a escapar del fuego cruzado en que se encontraban, un par de magos se encontraban en el suelo, gritando y llorando desconsolados al observar como la parte oculta del Parque Botánico del Lago de Shenzhen era destruido sin misericordia alguna, Jack y al menos tres aurores más se encontraban lidiando con estos dos, llevándolos a rastras a la salida más próxima mientras maldiciones y hechizos desarmadores les pasaban rozando, la peliblanca se veía completamente fastidiada mientras intentaba mover al mago africano que había trabajado los últimos cincuenta años de su existencia en dicho lugar a la par que utilizaba su varita para repeler los ataques mientras unos metros lejos de sus pies se encontraba el bastón donde por tanto tiempo hubiera ocultado su varita, ahora, hecho pedazos por la encarnizada contienda.

-¡EN SERIO CREO QUE DEBEMOS ATURDIRLO! - Gritó a su compañero, el cual intentaba jalar al botánico por la espalda - ¡VA A LOGRAR QUE NOS MATEN COMO SIGA RETORCIÉNDOSE DE ESTA MANERA!

-¡LO SÉ!, ¡PERO LI SHANG DIJO...

-¡ME IMPORTA UN YHIRMÓ LO QUE ESE CHINO HAYA DICHO!, ¡NO PIENSO MORIR AQUI POR CULPA DE ESTE OBESO!

Con dificultad, los dos aurores y el botánico habían logrado llegar a lo que parecía una enorme palmera exótica con plumas en lugar de hojas y unas curiosas flores con lenguas de mariposa alrededor de las mismas, el botánico no paraba de llorar y gritar en su idioma natal lo que a Jack le parecían súplicas de detenerse de destruir el enorme jardín oculto bajo la colina, sin previo aviso, la peliblanca simplemente lanzó un hechizo que dejó al botánico roncando y tan flácido como un pudín.

-¿QUÉ DEMONIOS HICISTE JACK? - Reclamó el otro auror, de ojos y cabellos castaños con una insipiente barba intentando salir a lo largo de toda su mandíbula y parte de su cuello.

-¡HAGO LO POSIBLE POR SALVAR A ESTE IDIOTA!, ¿DONDE ESTÁ LA SALIDA?

Luces de todos colores pasaban a ambos lados del escondite que los tres magos habían usado como resguardo, salpicados de todo tipo de gritos e indicaciones en inglés, chino y francés, según podía apreciar la albina, la cual no dejaba de buscar junto con el castaño una forma de salir.

-¡AHÍ!, ¡EL LIBRO DEBE ESTAR ABIERTO!

Frost volteó al lugar que su compañero le había indicado mientras una de aquellas letales luces iba a dar a su lado, justo sobre una planta extraña y negra con enredaderas gruesas como serpientes a su alrededor, poniéndose de un rojo iridiscente con rapidez hasta deshacerse en cenizas por completo. El libro era en realidad una estatua de piedra de un libro abierto sobre una escalinata, el cual conectaba con otro idéntico del lado muggle del enorme jardín. En aquel preciso momento, las hojas de piedra y la tapa se encontraban cerradas, a la par que algunos magos intentaban salir por la abertura dejada en el suelo tan rápido como les fuera posible. La luz que se desprendía de aquel agujero en el suelo parecía artificial, Jack esperaba el jardín estuviera cerrado para los muggles dada la hora, después de todo, era de noche en la provincia de Cantón en China.

-Está demasiado lejos... tal vez - Jack se asomó con cuidado por atrás de la palmera, observando a sus atacantes intentando acercarse mientras algunos aurores se mantenían a la misma altura que Shang y Mulán evitando así que pudieran darles alcance - ¡DAMON!, ¿QUÉ TAN RÁPIDO PUEDES CORRER CON ESTE GORDO EN LA ESPALDA?

-¿ESTÁS DEMENTE JACK?, ¡NO SOY UNA HORMIGA PARA PODER CARGARLO!

-¿TIENES ALGO DONDE PODAMOS METERLO LO SUFICIENTEMENTE LIGERO PARA QUE CORRAS CON ÉL?

Damon pareció pensarlo un poco antes de asomarse y contraatacar rápidamente, antes de tentarse los bolsillos para finalmente toparse con una cuerda cruzando sobre su pecho.

-¿CREES QUE PODAMOS METERLO EN EL SACO DE RACIONES?

-¿CREES QUE HAYA ESPACIO SUFICIENTE PARA ÉL?

Jack lanzó algunos hechizos de hielo asomado desde la palmera mientras Damon se desataba la cuerda para bajar un saco de cuero, abriéndolo y metiendo la cabeza y los hombros en él con facilidad, quedándose ahí un poco más antes de volver a salir.

-¡MUY APENAS, ES POSIBLE QUE DEBAMOS DESCARTAR ALGUNAS COSAS ANTES!

-¡HAZLO! ¡YO ME ENCARGO DE DISTRAER A LOS DEMÁS!

Damón se apresuró a colocar el saco en el suelo y tirarse de cabeza dentro de él, un par de tiendas de acampar, dos cajas de madera y algunas bolsas de dormir enrolladas salieron volando del interior, algunas con la mala suerte de ser convertidas en cenizas o bien en pedazos al interceptar alguno de los hechizos que seguían volando de un lado al otro.

-¡LISTO! - Grito Damon luego de salir del interior de la bolsa.

Jack sudaba a cántaros, se le notaba con la cara enrojecida por el esfuerzo de lanzar hechizos y volverse a esconder el suficiente tiempo para tomar aire y evitar los conjuros que intentaban impactar contra ella. Apenas Damon le hizo una seña con la cabeza, Jack invocó algunas lozas de piedra y troncos para acomodarlos junto a la palmera, intentando por todos los medios bloquear los encantamientos el tiempo suficiente para que Damon pudiera meter al botánico dentro del costal.

-¡UN POCO DE AYUDA NO ME VENDRÍA MAL JACK! - Se quejó el castaño la panza del botánico quedó atorada en la entrada del costal, con los pies aun de fuera.

-¡A MI TAMPOCO ME VENDRÍA MAL UN POCO DE AYUDA! - Se quejó la peliblanca de regreso mientras parecía sostener el frágil muro de cosas y fortificarlo conforme lo iban despedazando desde el otro lado - ¡SÓLO APRIÉTALE LA PANZA Y MÉTELO!, ¡HAZLE UN MASAJE O NO SÉ!

-¡MÁS FÁCIL DECIRLO QUE HACERLO! - Gritó Damon completamente molesto mientras intentaba por todos los medios desatorar al mago durmiendo en el suelo justo antes de que uno de los hechizos lograra pasar por arriba de la improvisada barricada, alcanzando uno de los zapatos del botánico y encendiéndolo al instante, ocasionando que Damon tuviera que dejar de intentar meter al botánico y tirarle el zapato tan lejos como le fuera posible antes de que el fuego y las cenizas alcanzaran al mago -¡JACK!

JËMONE! ¡SÓLO APRESÚRATE, YO HAGO LO QUE PUEDO AQUÍ!

Gritos y disturbios, algunos de los aurores que habían auxiliado a los turistas a escapar ya habían vuelto, ante una orden conjunta de Shang y Mulán, los aurores habían comenzado a ganar terreno de nuevo, algunos pocos incluso se habían lanzado a toda velocidad contra algunos magos de Prometheus, los cuales no habían dudado en contra atacar y defenderse, enredándose en complicadas peleas por entre la flora del lugar y el lago cercano.

-¿YA DAMON?, ¡NECESITAMOS SACARLO AHORA!

-¡LISTO!, ¡TENEMOS UN GORDO LLORÓN EN UN COSTAL! ¿CÓMO CARAJOS VAMOS A SACARLO DE AQUÍ?

-¡TÚ QUÉDATE AQUÍ Y CÚBREME MIENTRAS CORRO PARA ARROJARLO!

-¿Y TU BÁCULO?, ¡PENSÉ QUE PODÍAS USARLO DE ESCOBA!

-¡ESO FUE ANTES DE QUE ESTOS GLUPYY LO VOLARAN EN PEDAZOS!

Damon observó entonces a Jack, varita en mano y sin rastro alguno del bastón retorcido que siempre procuraba traer entre las manos.

Una auror pelinegra con uniforme chino y uno de los magos de Prometheus habían caído súbitamente a pocos metros de donde Jack y Damon se escondían, deshaciendo algunas de las plantas de alrededor antes de salir volando a otro lado, aún enzarzados en su propia pelea. Jack y Damon intercambiaron miradas apenas un segundo antes de asentir, en ese preciso momento, una roca enorme y ardiendo cayó justo detrás de Damon, obligándolo a moverse al frente de un salto mientras Jack se echaba el costal al hombro con la punta de un pie lánguido sobresaliendo.

Todo pasó demasiado rápido, rocas, plantas, agua y magos iban y venían en una lucha mortal, había gritos y sonidos de explosiones por doquier mientras Damon lanzaba algunos conjuros desde detrás de la palmera a la par que Jack salía corriendo, usando su encantamiento especial para correr con rapidez, condensando el aire a ambos lados para desviar los hechizos que estaban a punto de alcanzarla.

Jack logró alcanzar el libro y lanzar el costal a través de este, volteando para lanzar un hechizo y buscar donde ocultarse, sus movimientos, sin embargo, no habían sido tan rápidos como ella creía.

Humo, polvo y escombros salieron volando, el libro de piedra había quedado completamente destrozado mientras un pulso extraño hacía temblar la tierra del jardín y cimbrarse el agua del lago tanto en la parte mágica como en la parte muggle. Aquella sacudida había sido tan potente, que los magos que se mantenían de pie habían terminado cayendo al suelo sin importar a que bando pertenecían. De la tierra había emanado un quejido cavernoso y gutural mientras el pulso emitía un par de olas más, la delgada cortina que mantenía separadas ambas partes del Jardín Botánico había sido desgarrada, los dos espacios que hasta aquel momento habían convivido en paz por siglos, no tenían más remedio que unirse y acoplarse, creando espacios donde antes no los había, uniendo ambos espacios en ese mismo momento.

Para cuando el extraño fenómeno terminó, y la nube de polvo cayó al suelo, muggles y magos se encontraban en el suelo, ya fuera muertos o heridos.

Los primeros en recobrarse del aturdimiento habían sido Mulán y Shang, los cuales habían intercambiado miradas perplejas antes de concentrarse en dar fé de los daños a su alrededor y los enemigos contra los que habían peleado hasta el momento, poniéndose de pie con agilidad mientras ambos comenzaban a gritar órdenes en dos idiomas diferentes, desesperados por atrapar al grupo Prometheus antes de que estos recobraran la consciencia.

Ahí, entre los escombros de una escalinata de piedra que súbitamente se había ampliado de forma desordenada, se encontraban varios cuerpos inmóviles, uno de los cuales tenía la silueta de una mujer, con la piel blanca y los cabellos blancos, su varita descansando fuera de sus manos, algunos escalones abajo, en la tierra.

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La semana había terminado tal cual había dado inicio, llena de revuelo e incertidumbre.

Elsa se estaba preparando para volver al trabajo, la mirada completamente ansiosa mientras la indecisión lo carcomía por dentro a la vez que peinaba cuidadosamente sus cabellos platinados. No había recibido ninguna lechuza y realmente no sabía que tan buena idea sería ir a trabajar, las pocas noticias que había recibido de los equipos de captura habían sido transmitidos por medio de los Dumbrogh y por Kristoff, eso sin contar con las lechuzas que recién había enviado pocos días atrás a Hogwarts, sin saber cómo había reaccionado su hija tras la carta falsa que había creado con ayuda de sus viejos amigos de escuela.

Pronto Elsa no tuvo que discutir más consigo mismo, apenas había llegado a la sala cuando una nube de polvo obscuro había cubierto sus sillones, revelando a su viejo amigo y ex periodista con algunos periódicos en las manos y cara de preocupación.

-¡ELSA!, ¡Por Melrín, que bueno que logré alcanzarte!

-¿Flynn?, ¿Sucede algo?

-Si, algo grande, ven, tenemos que irnos ahora.

-Lo lamento, pero debo presentarme a trabajar, el ministerio...

-¡EL MINISTERIO ESTÁ CERRADO PRIMOR!, Pasó algo grande, grande y tan jugoso que el dueño del Profeta me envió una lechuza urgente a casa.

Los ojos azul hielo de Elsa no pudieron evitar abrirse tanto como les era posible mientras entusiasmo y miedo pasaban por ellos con rapidez, dejando a Elsa completamente pálido y tembloroso, incapaz de moverse.

-¿Le pasó algo a Jack?

-A Jack y a todos, ven, vamos, no te permitiré ir sola.

-Pero... ¿no seria mejor quedarme aqui?, si le pasó algo a Jack van a enviarme una lechuza y...

-¡ELSA! - Demandó Ryder mientras aferraba con más fuerza de la debida la pálida muñeca de su mejor amigo, observándolo a los ojos con completa seriedad y preocupación, haciéndolo callar en ese preciso momento y privando al ministro de toda resistencia.

-Bien, vamos Flynn.

El platino simplemente se dejó hacer mientras su cabeza caía al frente completamente derrotado, antes de sumergirse en una espesa nube de polvos flú.

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La noticia no había tardado en dar la vuelta al mundo, primero había sido la información sobre un tremendo terremoto en una de las provincias de China, luego la alerta de cientos de magos especialistas intentando reparar la apertura que los dejaba a todos expuestos en el lejano Jardín Botánico Cantonés, finalmente y luego de algunos días más, la prensa había recibido luz verde por parte de los diversos gobiernos mágicos a lo largo del globo para exponer la historia del grupo Prometheus y cómo habían sido cazados y capturados por los aurores de diferentes países, no sin el sacrificio de algunos de estos en los diferentes lugares a los cuales habían sido enviados.

Las salas del Wizengamoth habían sido todas ocupadas para poder interrogar, juzgar y sentenciar a los magos involucrados en el catastrófico plan de cambiar de sexo a magos y posteriormente a muggles por igual, a lo largo de los días, más y más información había ido saliendo a la luz, la cabeza de aquel extraño y demencial plan había sido un mago de Estados Unidos, completamente afectado por la ley Rappaport de segregación norteamericana que aún en aquel tiempo, había permanecido vigente en un intento por mantener al mundo mágico y no mágico apartados entre sí, al menos en aquella parte del mundo.

Por si fuera poco, el antídoto a la maldición transgénero había sido encontrado, diversas parejas de magos europeos habían logrado volver a su género original luego de la captura y sentencia del peligroso grupo de magos, todo parecía haber vuelto a la normalidad para aquellos que no tenían familiares entre los Departamentos de Aurores que se habían visto envueltos en aquella operación global.

Elsa era de las pocas personas a las cuales toda la información que aparecía en los diarios le había importado un carajo, de los pocos magos que no habían podido recuperar aún su cuerpo original, y del reducido grupo de magos que habían sufrido por tener familiares aurores.

St Mungo nunca en su vida le había parecido tan enorme y desconcertante, increíblemente, a pesar de la angustia que sentía en su cuerpo, era incapaz de derramar lágrimas en ese momento, pálido como estaba, observaba todo conforme Flynn lo iba guiando al interior.

Sanadores y curanderas iban y venían apurados mientras magos en diversos estados de incapacitación, aturdimiento o desmembramiento habían ido llegando por las chimeneas cercanas, dejando al ministro completamente preocupado ante lo que estaba presenciando y el silencio del escritor que ahora lo guiaba por aquel pasillo desolado y lúgubre.

-¡No se permiten visitas! - Había dicho una de las sanadoras que Elsa reconoció como la misma que los había examinado a ella y Jack cuando todo aquel caos había dado inicio.

-Si, lo sé, no soy una visita... - Soltó Flynn completamente confiado mientras desaceleraba sus pasos pero sin dejar de moverse - vengo por parte del periódico El...

-¡No se permiten visitas NI periodistas!- Volvió a exclamar aquella bruja mientras los adelantaba para pararse como un muro inflanqueable frente a los dos magos recién llegados - Ahora, a menos que sean sanadores que hayan venido a ayudar con los muertos y heridos... ¡LARGO!

La sangre se le heló a Elsa en aquel momento ante la palabra "muertos", mientras apretaba la mano con que Flynn había estado guiándolo, apretándolo con fuerza para no gritar y romper en llanto.

-¡USTED NO PUEDE ORDENARNOS SALIR DE AQUI!, ¿TIENE IDEA DE QUIENES SOMOS NOSOTROS DOS?

La sanadora lo miró entonces con cara de pocos amigos, cruzándose de brazos ante aquella respuesta.

-Si, si lo sé, ustedes dos son un par de sabandijas rastreras que no hacen más que dar molestias cuando menos los necesitamos, ahora, ¡FUERA DE ESTE LUGAR O VOY A...

La sanadora no pudo terminar de decir nada, de repente una bomba de humo negro había tomado posesión de todo el lugar mientras fuegos de pirotécnia comenzaban a tronar por aquí y por allá, dejando a su paso algunas luces de colores chispeantes y festivos.

Elsa observaba todo con sorpresa y horror, sintiendo como era jalado hacia el frente, sintiendo como sus pies pasaban del duro y frío suelo a algo más grande, suave y amorfo para ser parte del suelo, escuchando quejidos, gritos de sorpresa y miedo, además de sintiendo el pánico repentino que se había adueñado de la atmósfera mientras alguien gritaba intentando que todos mantuvieran la calma, asegurando que se trataba de una indefensa broma salida de la tienda de los Weasley.

El sonido de una puerta llamó la atención del platino, pronto Ryder y Arendalle se encontraban ocultos en una habitación, lejos de la nube de fiestas sorpresa y de la súbita confusión que se había conjurado junto con el artefacto de broma, Elsa podía sentir su corazón latiéndole en los oídos mientras intentaba normalizar su respiración, notando la enorme sonrisa de satisfacción de Flynn cuando al fin dejó de mirar al suelo y a la puerta que ambos sostenían.

-No puedo, creer, que tuvieras, una de esas, aún - Intentó murmurar el ojiazul, olvidando por un par de segundos lo abrumado que se había sentido momentos atrás.

-Bueno, viejos hábitos, y, es culpa de Jack, me dió eso, en mi último, cumpleaños.

Elsa sonrió sin poder evitarlo, el idiota de su esposo no dejaba de cuidarlo y hacer bromas en el proceso, aún cuando no se encontraba del todo cerca.

Finalmente, los dos lograron recuperar el aliento, calmándose y observando la sala a la que habían ingresado, parecía ser una zona de baño, había algunas duchas, tanto manuales como de pared, tinas de diversos tamaños y un par de enormes peceras con algunos animales mágicos nadando en su interior, Elsa arrugó la nariz al pensar que podrían meter magos con esas criaturas, saliendo de sus pensamientos al sentir la mano de Flynn llamando su atención.

-Parece que ya es seguro salir, vamos, dame la mano y no importa lo que pase, no me sueltes.

-¿Qué haremos si otro sanador intenta detenernos?

-Mientras no sea esa estúpida bruja que juraba que tú y Jack habían enloquecido, no habrá problema, traje algunos regalos de cumpleaños más.

Ryder lucía una sonrisa ladina mientras abría la puerta para poder salir del área de baños mientras Elsa volteaba los ojos un momento, sin poder creer lo infantiles que seguían siendo Jack y Flynn a decir verdad.

Finalmente, ambos lograron llegar a la habitación que Rydeer había estado buscando, si bien se habían topado con sanadores, heridos, enfermos y alguno que otro auror, esta vez nadie se había interpuesto en su camino.

Flynn soltó la mano de Elsa, mirándolo a los ojos mientras tomaba el pomo de la puerta.

-¿Lista?

-¿Jack está ahí?

-Eso tengo entendido, parece ser que fue de los últimos en llegar esta mañana.

-¿Está...

-Será mejor que entres y lo averigües por ti misma, vamos, estaré afuera si me necesitas.

Elsa esperó pacientemente a que Ryder terminara de abrir la puerta, ignorando a su amigo que ahora se hacía a un lado para permitirle entrar a la habitación, el corazón le latía con furia mientras alcanzaba a divisar las dos largas hileras de camas en aquella obscura habitación, no había movimiento, aún cuando todas las camas parecían estar ocupadas, de pronto, la puerta se cerró a sus espaldas, deteniéndolo por un momento antes de comenzar con su búsqueda por Jack.

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Los días habían pasado hasta convertirse en semanas, el alboroto había pasado al olvido para la mayor parte de la comunidad mágica, Elsa Arendalle era de las pocas excepciones.

El Ministro de Relaciones Muggles había terminado temprano con su trabajo de aquel día, saliendo de la oficina con el semblante serio y desprovisto de emoción con que había ido a trabajar aquella semana, despidiéndose de forma seca y mecánica de sus dos becarias antes de dirigirse a la sala de chimeneas del ministerio para poder abordar la siguiente.

Al salir, se había encontrado con los muros blancos de St Mungo, caminando despacio hasta la recepcionista en turno, saludándola en silencio con la cabeza sin detenerse mientras la bruja de cabellera castaña clara y ojos verdes le devolvía el saludo con una pequeña sonrisa triste.

El camino había cambiado un poco desde que diera inicio el fin de semana, esta vez no tenía que ir hasta la sala de fases terminales.

El alto platino abrió una de las puertas, encontrando una habitación más iluminada y mejor ventilada, había tres pares de camas en su interior, todas con sabanas y velos blancos, había algunas sillas también blancas junto a las camas además de mesitas pequeñas donde reposaban diversas botellas con pócimas y remedios, todas pensadas para el residente en turno. Jack no estaba ahí, la última cama estaba vacía, con las sábanas recién cambiadas y las botellas de pociones en su lugar habitual.

Elsa cerró la puerta, respirando profundamente antes de dar media vuelta y tomar el pomo de la puerta de en frente, tocando un par de veces antes de escuchar una voz aguda y familiar que le daba permiso de entrar.

-Hola Elsa, ¿qué tal el trabajo? - Preguntó la voz cansada de Jack como si nada raro estuviera pasando mientras Elsa entraba en la sala de baños, tomando asiento cerca de una enorme pecera donde el cuerpo de Jack era rodeado y cubierto por cientos de pequeñas criaturas babosas de diversos tonos, parecidas a pulos y moluscos miniatura.

-Igual que siempre... ¿en serio es necesario que te pongan aquí todavía? es asqueroso.

-¡Oh vamos!, es sensacional cuando logro sentir cosquillas ¿sabes?

Elsa observó con algo de lástima a su compañera, sacudiendo su cabeza un momento antes de forzarse a sonreír de lado.

-Luna mandó una lechuza anoche, al parecer una parte del lago se congeló, ella, Allen y algunos amigos suyos estuvieron patinando después de clases.

-Es bueno saber que hay gente por ahí divirtiéndose sanamente - Comentó Jack completamente complacida antes de que la puerta volviera a abrirse y una sanadora entrara con una vara metálica y una toalla.

-Señor...a Arendale, ¿cuantas veces debemos pedirle que no entre a esta área?

-No la regañes Dorcas, yo le dije que entrara, no había nadie más aquí de cualquier modo.

La recién llegada negó con la cabeza mientras una pequeña sonrisa pasaba por su rostro justo antes de que metiera el artefacto metálico en el agua y comenzara a pasarlo por las piernas de Jack. Había una luz violeta pasando del bastón a las piernas de Jack que ahuyentaba a las pequeñas criaturas que habían estado sobre sus piernas, despegándolas desde las puntas de los dedos de la albina hasta llegar a sus muslos bajo la atenta mirada del matrimonio ahí presente.

-¡AUCH! - Se quejó Jack cuando aquel rayo alcanzó el inicio de sus muslos.

-¿Lo sentiste? - Preguntó Elsa súbitamente animado y a la expectativa.

-Creo que habría preferido no hacerlo - Dijo Jack un poco en broma y un poco en serio mientras una de sus manos entraba a la pecera para rascar la zona donde había sentido el aguijonazo eléctrico.

-Es una buena señal - Comentó la sanadora - a este paso, estará caminando fuera de aquí en dos o tres días más.

Jack y Elsa sonrieron entonces, justo antes de que la sanadora comenzara a sacar a Jack de la pecera, entregando la toalla a Elsa para que envolviera el cuerpo de Jack a fin de secarlo y calentarlo para luego vestirlo y llevarlo de regreso a su cama.

-Bueno, realmente espero recuperar la movilidad en las piernas - Soltó Jack en cuanto Elsa terminó de cubrirla con las sábanas de la cama y observando atentamente mientras la sanadora comenzaba a preparar las pociones que debería ingerir - no puedo protegerte con este par de extremidades inútiles... o tener sexo contigo de manera adecuada.

La medicina por poco se cae de manos de la sanadora mientras se tomaba de la frente, intentando contener una sonrisa divertida.

-No tienes remedio Jack Frost - Murmuró el platino por lo bajo antes de sentir la pequeña mano de Jack tomando una de las propias, apretándola ligeramente para llamar su atención.

-Si, bueno, Hiro vino anoche a verme, somos los últimos que van a necesitar de esa cura, necesito que mis piernas funcionen mientras me penetras como loco o no podrán volver a moverse aún cuando haya vuelto a ser un hombre.

Tanto la sanadora como el ministro se sonrojaron ante el último comentario, Elsa se había acercado al rostro de Jack, tomándola de las mejillas un momento y acercando su rostro aún sonrojado, deteniéndose a pocos centímetros de la peliblanca, colocando una de sus manos bajo la mandíbula de Jack para mantenerla abierta mientras con la otra le apretaba la nariz sin compasión, haciéndose para atrás en el último momento para permitir que la sanadora metiera una tras otra, las cuatro cucharas con pociones que la auror necesitaba aquel día.

-¡HEY! ¡ESO ES TRAMPA! - Soltó Jack completamente indignada cuando su esposa la hubo soltado y la sanadora se guardó las cucharas, alejándose de la cama a una velocidad considerable.

-No nos dejas opciones con ese tipo de comentarios inapropiados, ¿sabes?

-Pero Elsa - Comenzó a excusarse la albina - lo digo en serio, pronto te darás cuenta de lo... embriagante que puede ser estar dentro de la persona que amas.

-Me pregunto quien podrá ser esa persona - Soltó el platino con cara de pocos amigos.

-¡ELSA!

-Solo promete que dejarás de hacer comentarios al respecto, ¿de acuerdo?

-Bien, bien, tú ganas... ¡aguafiestas! - Rezongó Jack con frustración en la voz y volteando al lado contrario de donde se encontraba parada su esposa.

-Y tienes razón - Murmuró aquel hombre alto y de ojos azules al oído de la peliblanca - voy a penetrarte una y otra vez hasta que no puedas recordar ni cómo te llamas, pequeño pervertido.

Esta vez fue el turno de Jack de sonrojarse mientras volteaba a ver al Ministro Arendalle con una sonrisa ladina colgándole del rostro, contagiándola al momento ante la expectativa de volver a casa y a su vida normal.

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Para cuando Jack fue dada de alta, sus piernas habían recobrado la movilidad en su totalidad, el golpe que la había alcanzado en el jardín botánico había impactado en varias zonas de sus piernas y su columna, rompiendo terminaciones nerviosas y huesos por todos lados, dejando a la auror en un estado cercano al catatónico y en un coma profundo por cerca de tres días. Al despertar, Jack se había encontrado completamente inmovilizada, era imposible mover nada de su cuello para abajo, si bien reparar sus huesos había sido la parte más sencilla, reconstruir todos los nervios que habían sido pulverizados y ponerlos a funcionar había tomado más tiempo. Encantamientos sanadores, pócimas y diversos tipos de terapia habían sido necesarios por al menos una semana y media hasta que la auror fue capaz de moverse desde la cabeza hasta las puntas de los dedos en sus pies.

Elsa se había sentido inmensamente feliz aquel día entre semana cuando un memo con la información de que Jack había sido dado de alta, llegó hasta su oficina bajo la forma de una grulla. El ministro había decidido tomarse el resto de aquel día y el día siguiente, pasando a recoger a su marido justo después de enviar un memo al departamento de misterios dirigido a Hiro, recibiendo al curioso sanador un par de horas después.

La cura había consistido en comer un caldo extremadamente salado y reconstituyente mientras el asiático hacía uso de algunos movimientos de varita en ambos cuerpos, dejándolos solos apenas terminar y prometiendo que hablaría con la gente de la red flú para que desconectaran la chimenea de la residencia el resto de aquel día y el día siguiente.

El calor y la lujuria se había apoderado de Frost y Arendalle mientras se dirigían a su alcoba, forzándolos a despojarse de la ropa conforme subían las escaleras.

Broma o no, Elsa no había podido evitar tomar a Jack por la cintura apenas ambos habían llegado al segundo piso, besando el cuerpo femenino de su esposo y olvidando todo dejo de preocupación acerca de cualquier trivialidad o problema que hubieran podido sentir antes, Jack se había dejado hacer por un rato antes de recobrar la consciencia a medias, empujando a Elsa para poder correr tan rápido como podía hasta su habitación donde había sido alcanzada justo a tiempo para caer ambos en la cama.

Aquella noche ambos habían tenido sexo hasta el hartazgo, comiéndose a besos y gimiendo de placer con cada oleada de placer y éxtasis que alcanzaban, cayendo profundamente dormidos luego de alcanzar su límite de energía, quedando totalmente desnudos y expuestos al frío de la noche.

Par ala mañana siguiente, Jack había sido quien despertara primero, encaminándose al baño con los ojos a medio abrir, sentándose para poder orinar justo antes de sentir como algunas gotas de algún líquido caliente le salpicaban el cuerpo desde abajo.

PROKLYATIYE! - Había soltado Jack luego de darse cuenta de que su cuerpo había regresado a la normalidad... de la peor forma posible.

.~*~*~.

Aquel 18 de Diciembre todo había vuelto por completo a la normalidad, padres ansiosos se reunían con sus hijos en la estación de trenes, el Expresso de Hogwarts había arribado a eso del medio día, las ventanas llenas de manitas y caras alegres.

Jack apretó con fuerza la mano de Elsa antes de voltear a verla para poder besarla en la frente, no estaba seguro de cuando había sido la última vez que se sintiera tan agradecido por tener esos momentos normales en su vida, pero éste, sin duda, esperando por sus pequeños al lado de su esposa, completamente sano, repuesto, y dentro del cuerpo con el cual había nacido, era uno de ellos; poder ver a sus hijos bajando emocionados y recibirlos en sus brazos junto con la mujer a la que había amado casi toda su vida, definitivamente eran una bendición.

-¡BIENVENIDOS A CASA!

F I N

NOTAS DE LA AUTORA:

Yhirmó - Mierda

Jëmone: Demonios

Glupyy.- Estúpidos

PROKLYATIYE.- Maldición

Sé que me tardé, años técnicamente, en escribir este último capítulo, a pesar de tenerlo bosquejado desde varios capítulos atrás, simplemente no podía escribirlo, nada de lo que tecleaba era de mi agrado, finalmente la desesperación me ganó y lo dejé en el olvido por varios meses, a todos los que habían leído este fanfic desde que lo inicié, les debo una enorme disculpa por la tardanza, espero que los cambios que realicé esta semana al inicio y en sí, la forma en que ha quedado este capítulo hayan sido completamente de su agrado.

Genderbender ha sido para mi todo un viaje, empecé queriendo escribir una historia graciosa, algo que fuera sexy y a la vez lleno de chistes y terminé con una de mis clásicas historias más llenas de drama, lucha y desesperación que de cosas graciosas que hicieran reír a los lectores, si me han leído antes, creo que no estarán del todo sorprendidos, en todo caso, muchísimas gracias por leer esta historia, muchísimas más sin son de los que empezaron a leerla mientras yo comenzaba a escribirla.

¡Feliz y Próspero Año 2019 y Feliz Día de Reyes a todos!

Mi nombre es Tanya Lissete Waring Suárez, tengo 34 años y termino esta historia el día 4 de Enero de 2019 a las 3:31 pm hora de México. De nuevo, muchas gracias a todos por llegar hasta aquí, mi propósito de este año es concluir con todas las historias que tengo relacionadas con este universo x-over que he venido desarrollando dentro del mundo mágico de J.R. Rowling, y bueno, sin más por el momento, espero leerlos pronto, ya sea en esta, o en próximas historias.

SARABA