Rin se encontraba con Kagome y Sango lavando la ropa, las tres se habían levantado algo tarde por la fiesta de anoche.

Sango suspiró –Tener un esposo y tres hijos hace que la cantidad de ropa aumente mucho- dijo mientras veía toda la ropa que ya tenían colgada -Lo bueno es que las tengo a ustedes para ayudarme- dijo Sango al mismo tiempo que Rin tomaba un par de prendas

-Así es Sango- Kagome tomó unas cuantas prendas más –Mira prácticamente ya acabamos- la sacerdotisa volvió a arremangar su kimono

-Además nuestro ayudante es muy bueno para colgar la ropa- Rin volteó a ver a Shippo con una gran sonrisa

-Ay Rin, sabes que haría lo que fuera por estar con ustedes un rato más- El ahora joven sacudía unos kimonos de las gemelas y los colgaba en el tendedero.

-La verdad es que sí te extrañamos Shippo- dijo Kagome –No puedo creer lo mucho que has crecido- pensó la sacerdotisa

-¿Y cuándo serán tus próximos exámenes Shippo?- preguntó Sango

-Me parece que en dos días- respondió el zorro

-Eso es muy pronto- dijo Rin con nostalgia –Yo sé que te irá excelente- sonrió la joven

-Gracias Rin- contestó Shippo con alegría.

Las muchachas terminaron con la ropa, recogieron las canastas y se dirigieron a la cabaña de Kagome para tomar un merecido descanso. Poco sabían que un peligroso ser ya estaba ahí.

-Vaya, vaya- un pequeño demonio amarillo de ojos rojos observaba a lo lejos la caja de madera en donde Kagome había guardado el collar –Ahí está, el collar del agua- pensó el demonio

-¡Hermana! ¡Kagome! ¡Rin! ¿Dónde están?- gritó Kohaku mientras paso corriendo por las cabañas.

-Un exterminador- pensó el demonio –Tú me serás útil- De sus mangas salieron unos hilos que entraron en el cuerpo de Kohaku, sus ojos se tornaron rojos y quedó bajo el control del malvado demonio.

A lo lejos Rin vio a su amigo -¡Kohaku!- gritó Rin antes de correr hacia su encuentro -¡Hola Kohaku!- la joven estaba a unos metros del joven cuando este volteó y la ataco súbitamente con su hacha. Rin saltó rápidamente hacia atrás y el exterminador sólo corto su mejilla.

-¿Kohaku?- pensó Rin asustada mientras retrocedía

-¡Kohaku!- gritó Sango con fuerza, su corazón sintió una terrible amargura al ver a su hermano así; le recordaba ese fatídico día en el que Naraku eliminó a su familia a través de él.

-¡Sango hay unos hilos que salen de su cuerpo!- gritó Kagome

-¡¿Dónde Kagome?¡- Shippo saltó en dirección hacia el exterminador, pero este le lanzó un ataque, el zorro tuvo que esquivarlo y al hacerlo bajo su guardia, el pequeño demonio aprovecho para lanzar sus hilos sobre Shippo

-¡No Shippo!- Gritó la sacerdotisa y el joven lanzó su fuego mágico directamente hacia ella, rápidamente creo un campo de fuerza que bloqueo su ataque

-¡Kagome ¿Qué está pasando?!- Sango dijo desesperadamente al ver que Kohaku seguía atacando a Rin

-Algo los está controlando- exclamo Rin mientras continuaba esquivando los ataques del exterminador

-Sango, Rin, hay unos hilos que los están controlando, vienen del interior de la cabaña- Kagome explicó mientras corría hacia la puerta, esta fue detenida por Shippo que creó una barrera de fuego alrededor de la cabaña.

-Kagome tú eres la única que puede verlos- dijo Sango mientras lanzaba una piedra a la cabeza del zorro, el enojado Shippo volteó hacia la exterminadora y se abalanzó con fuerza. Sango lo esquivo haciendo que se impactara con un árbol.

-Kagome nosotros los distraeremos, tú ve y corta esos hilos- Rin había pateado a Kohaku en las piernas y lo había derribado -¡De prisa!- Gritó la joven

Kagome aprovecho ese espacio para entrar en la cabaña

-También te controlare sacerdotisa- gritó el demonio al ver entrar a Kagome

-Tus hilos no servirán en mi- Kagome atravesó los hilos mientras estas se rompían en un destello de luz –Tiene el collar- pensó la sacerdotisa al ver una de las manos del demonio amarillo

-¡¿Pero qué!- dijo el demonio enojado -Si no puedo detenerte, tus amigos lo harán-

El exterminador corrió hacia el interior de la cabaña listo para atacar a Kagome

-¡Kohaku!- Sango intentó correr hacia él, pero Shippo la detuvo con un enorme trompo

-¡Yo lo detendré Sango!- Rin corrió a toda velocidad detrás de Kohaku –No te preocupes Sango, me asegurare que nada le pase a Kohaku- La joven entró también a la cabaña

La sacerdotisa estaba por tomar su arco cuando un hacha paso a lado de su cabeza lastimando su hombro, volteo para ver a Rin sobre Kohaku en el suelo

-Eso estuvo cerca- pensó Rin mientras luchaba con el exterminador en el suelo

-Gracias Rin- Kagome tomo su arco y se dispuso a atacar al demonio amarillo, pero el dolor en su hombro no la dejaba apuntar bien.

El exterminador logró safarse de la llave de Rin y se aventó hacia la sacerdotisa e hizo que esta cayera al suelo, pero Rin se aferró a la cintura de Kohaku y utilizando todo su peso lo tumbo hacia atrás.

-Ay como estorbas niña- el demonio amarillo movió los hilos que controlaban a Kohaku y este tomo con fuerza el cuello de Rin ahorcándola

-Kohaku… no- Rin intentó quitar las manos del exterminador de su cuello

-¡Rin!- La sacerdotisa tomo de nuevo su arco y a pesar del fuerte dolor logró lanzar una flecha, pero que dio en la mano del demonio. Para suerte de Shippo esta era la mano de donde venían los hilos que lo controlaban, hubiera caído fuertemente en el suelo de no ser por que Sango logró atraparlo y hacerlo caer en la copa de un árbol.

El hombro de Kagome le dolía y su brazo comenzaba a temblar -¡Vamos!- pensó la sacerdotisa mientras tomaba otra flecha

-Koha…ku- dijo Rin mientras sentía como su cuerpo perdía la fuerza

-Esta vez no fallaré- pensó Kagome, soltó la flecha y esta fue directamente hacia el pecho del demonio

-¡No!- gritó el demonio amarillo, los hilos alrededor de Kohaku desaparecieron y este se desmayó sobre Rin –Estuve tan cerca de conseguir el collar del agua- fueron las últimas palabras del demonio antes de extinguirse en un gran destello; el collar cayó sobre el suelo de la cabaña.

-¡Kohaku!- gritó Sango preocupada

Entre toses Rin dijo –Sango…estamos aquí-

-Rin- dijo la exterminadora asustada al ver las marcas en el cuello de su amiga

-Estoy bien señorita Sango- Rin llevo una de sus manos a su cuello -¿Cómo esta Kohaku?- La joven volteo a ver a su amigo

-Parece ser que sólo esta incosciente- contestó Sango

La sacerdotisa cayó de rodillas

-¡Kagome!- gritaron Sango y Rin preocupadas

*A las afueras de la aldea*

-¡Oh no!- pensó Inuyasha mientras dejaba a Miroku extrañado en medio del camino con sus hijos –Este olor es de la sangre de…- el hanyou acelero su paso -¡Kagome!-

Al llegar a la cabaña Inuyasha vio el techo destrozado y sintió un gran temor -¡Kagome!- entró gritando muy asustado. Vio a la sacerdotisa sentada con su hombro descubierto siendo curada por Rin

-Inuyasha- dijo Kagome aliviada al verlo

-¡Kagome!- el demonio saltó y quedo a lado de ella -¡¿Qué pasó?!-

-Un demonio intento robar el collar Inuyasha- dijo Kagome con una mueca de dolor

-¿El collar?- el hanyou volteo a ver el collar en el suelo

-Uso una especie de hilos para controlar a Shippo y a Kohaku- explicó Rin

Ambos se encontraban del otro lado del cuarto inconscientes cuidados por Sango

-Inuyasha ¿Dónde está Miroku?- preguntó Sango con una expresión de tristeza

-Lo deje en el sendero, no debe de tardar en venir- contestó Inuyasha seriamente, volteo su mirada de nuevo hacia Kagome y le tomo la mano -¿Segura que te sientes bien Kagome?- preguntó el hanyou muy preocupado

-Sí, Inuyasha, no es algo grave- dijo la sacerdotisa con una sonrisa

-El señor Inuyasha realmente esta preocupado por Kagome- pensó Rin –Eso es porque la ama-

-Rin…- dijo Kohaku mientras se despertaba

-¡Kohaku!- La joven se levantó y corrió al lado de su amigo -Kohaku- dijo Rin mientras se sentaba a lado de su amigo. El exterminador abrió los ojos, se sentó y se lanzó hacia la joven para abrazarla –Kohaku…- Rin se soprendió y abrazo a su amigo. El joven comenzó a llorar –Kohaku ¿Estás bien?- dijo Rin abrazando fuerte al exterminador –Perdoname Rin- dijo Kohaku entre sollozos –Perdoname Rin, yo casi te…- La joven separo a su amigo y le limpió las lágrimas –¡No digas nada más Kohaku!- La joven hablo más seria que nunca -Esto no fue tu culpa y no quiero que pienses lo contrario entendido- Rin volvió a abrazar a su amigo.

-Rin…- pensó el exterminador mientras se perdía en ese cálido abrazo. Sango se levantó y comenzó a acariciar el cabello de su hermano.

-Que horror- dijo la exterminadora con un hilo de voz –Realmente ese collar se parece a la perla- añadió con rencor

Inuyasa abrazó a Kagome, pero se quedo viendo al collar con enojo.

Al poco tiempo llegó la anciana Kaede y terminó de curar las heridas de Kagome. Miroku no tardó en regresar con sus hijos, los abrazos y palabras de su familia tranquilizaron a Sango. Shippo ayudó a Inuyasha a reconstruir el techo y Rin se llevó a Kohaku a un paseo.

*Debajo de un árbol a lado de la cabaña de Rin*

Rin y Kohaku se hallaban sentados a su sombra.

-Kohaku yo sé que tienes miedo de que todo se repita de nuevo- el comentario de Rin sorprendió al exterminador –Pero esta vez no estás solo- la joven puso su mano sobre la de su amigo, el cual no podía dejar de ver los bellos ojos de Rin –Te prometo que no dejare que nadie más te obligue a hacer algo que tú no quieras- Rin sonrió

-Rin…- El exterminador se sonrojó y entrelazo sus dedos con los de la joven –Muchas gracias- Kohaku por fin se sentía realmente tranquilo.

Unas horas después Kirara volvió y Kohaku se fue con ella, estaba muy triste por dejar a Sango y a su familia, y en especial a Rin; pero había prometido volver a un palacio a liberarlo de una plaga de demonios.

-Regresare pronto- dijo el joven mientras se alejaba en compañía de Shippo -¡Cuídense mucho amigos!- gritó Shippo

*Más tarde por la noche en la cabaña de Sango*

Todos estaban sentados alrededor del fuego, aún se encontraban algo perturbados por el incidente de la mañana y casi no habían hablado, fue Inuyasha el que rompió el silencio

-Es necesario que aleje el collar de la aldea- dijo con seriedad –Mañana por la mañana partiré-

-¿De qué estás hablando?- dijo Kagome –¡Tú no irás sólo a ningún lado!- Kagome se levantó y vio al hanyou retadoramente

-¡¿Qué no ves que pudiste haber muerto hoy?!- gritó enojado Inuyasha.

Rin vio en lo profundo de los ojos de Inuyasha una gran tristeza. La sacerdotisa abrazo al hanyou y le dijo –No sabemos la historia detrás de ese collar, es por eso que no puedo dejarte ir solo- la sacerdotisa sonrío y beso a Inuyasha

-Señorita Kagome…- pensó Rin –Como me gustaría ser tan expresiva como usted-

El hanyou no pudo resistirse y dijo –Bien, saldremos por la mañana- dijo resignado

-Sango, Miroku no creo que sea buena idea que nos vayamos todos- dijo Kagome –Además sé que no les gustaría dejar a los niños- añadió la sacerdotisa

-Opino lo mismo Kagome- dijo Miroku –Alguien debe quedarse a cuidar la aldea-

-Protegeremos nuestro hogar- dijo Sango mientras se recargaba en el hombro del monje

Rin se había quedado callada hasta entonces, pero interrumpió –Yo también iré- dijo de pronto

-¡¿Estás loca?!- dijo Inuyasha -El tonto de Sesshomaru te dejo aquí para que te cuidáramos, si te sacamos de aquí se pondrá furioso- el hanyou molesto cruzo los brazos

-¡Yo he entrenado mucho y estoy segura que podré ayudarlos!- gritó Rin decidida. Kaede se le quedó viendo pensando en lo mucho que había crecido su niña –¡Yo usare todas mis fuerzas para proteger a mis amigos y a mi aldea!-

Las palabras de Rin llegaron hasta el corazón de Inuyasha, pues el querer proteger a sus seres queridos, era un sentimiento bien conocido por él.

El hanyou se quedó callado un par de segundos y la joven se quedó viéndolo con ansias –Esta bien Rin- por fin dijo Inuyasha –Pero obedecerás todo lo que Kagome y yo te digamos ¿De acuerdo?- el hanyou volteó la mirada pues no le gustaba que lo vieran cuando hacia algún gesto amable

-¡Sí señor Inuyasha!- El rostro de la joven se iluminó

-Bueno, pues entonces vayamos a descansar- dijo Kagome –Que mañana empezaremos un largo viaje-

*Entrada la noche en la cabaña de Rin*

La joven se encontraba de nuevo viendo la luna y tomaba con fuerza el listón que le había regalado su amo

-Señor Sesshomaru, yo sé bien que no sólo hago esto para proteger a mis amigos- pensó Rin mientras llevaba el listón hacia su mejilla –La verdad es que también necesito demostrarme… demostrarle a todos… que ya no soy una débil niña- Los ojos de Rin se perdieron en esa estrellada noche –Amo Sesshomaru, yo haré todo por regresar a su lado-