Señorita Kagome ¿Aún falta mucho para que lleguemos con el viejo Hosenki ?-preguntó Rin un poco ansiosa mientras pateaba una piedra del camino
-Ya estamos muy cerca Rin- sonrío Kagome -No conocías estos bosques ¿Verdad?- preguntó la sacerdotisa
-No que yo recuerde señorita Kagome- respondió Rin –Cuando estaba con el amo Sesshomaru recorrimos muchos caminos, pero era más pequeña y no los puedo recordar todos- La joven se puso a pensar en todos los momentos que había pasado a lado de su amo, y no pudo evitar sentir una inmensa alegría
-¡Que fastidio debió ser para ti Rin!- dijo Inuyasha –Tener que estar a lado del amargado de Sesshomaru- agregó el hanyou
Las palabras de Inuyasha sacaron a Rin de sus pensamientos –Mi amo no es amargado, él siempre ha sido muy bueno conmigo- pensó la joven. Kagome notó inmediatamente como el comentario no le cayó a Rin
-Inuyasha- dijo Kagome con una sonrisa tétrica que congeló al hanyou -¡Abajo!-
Después de que Inuyasha se impactó con el suelo, la sacerdotisa le dijo a Rin –Mira, ahí a lo lejos se ve el lago donde vive Hosenki, vamos-
La sacerdotisa tomo a Rin del brazo y apresuro su caminado hacia el lago, mientras la joven se quedaba viendo al hanyou tirado en el suelo quejándose de los maltratos de Kagome
*Ya a la orilla del lago*
-¡Viejo Hosenki!-gritó Inuyasha -¡Sal que necesitamos preguntarte algo!-
-¿Por qué le grita al agua?- pensó Rin extrañada, pero entonces vio como en el lago se comenzó a formar un remolino que permitió la salida de una enorme concha de color naranja, la joven retrocedió un par de pasos
-No te preocupes Rin, sólo es Hosenki- dijo Kagome al ver la sorpresa de la joven
La concha se abrió y dejo ver al viejo barbudo -¡Inuyasha, Kagome! Que gusto verlos- dijo Hosenki con una sonrisa -¿Y tú quién eres linda jovencita?- se dirigió hacia Rin
La joven se sonrojó, sonrío y respondió –Me llamo Rin señor, un placer conocerlo-
-Que linda jovencita- dijo Hosenki mientras se acercaba a Rin -¿A caso es su hija Kagome?- preguntó inocentemente el viejo
La sacerdotisa y el hanyou se pusieron completamente rojos
-¡No Hosenki, no es lo que piensas!- gritó Kagome moviendo rápidamente su cabeza en señal de negación –Ella sólo es una amiga nuestra y…-
-¡Hosenki deja de decir tonterías!- el hanyou gruño -necesitamos preguntarte algo- dijo Inuyasha un poco más tranquilo
Rin se limitó a sonreír y tratar de no reír ante la divertida escena
-Lo siento Inuyasha, es sólo que aquí encerrado no tengo mucha noción del tiempo y yo asumí que…- el anciano fue interrumpido por Inuyasha
-Kagome muéstrale el collar- dijo el hanyou tratando de dejar de una vez por todas la conversación
La sacerdotisa afirmó, sacó de su mochila el collar y se acercó para que Hosenki lo tomara
-Que extraño collar- dijo Hosenki -¿Dónde lo encontraron? Cuéntenme todo-
*Mientras tanto en la aldea*
Los hijos de Sango y Miroku corrían felices en el patio mientras la exterminadora les enseñaba una serie de maromas y saltos que eran muy útiles en combate, aunque faltaban muchos años para que estos las pusieran en práctica.
-Mami ¿Cuándo llegara papá?- preguntó su pequeño hijo
-Ya no debe de tardar Myoki- Sango acarició la cabeza de su hijo
-¡Ahí está papá!- las gemelas gritaron emocionadas al ver al monje al final del camino, pero la exterminadora notó algo extraño en su esposo, corrió junto con las niñas hacia Miroku y al acercarse más notó que este se veía algo pálido
-Excelencia ¿Se siente bien?- preguntó la exterminadora preocupada
-Tengo el estómago algo revuelto, pero estoy seguro que con un té de la anciana Kaede me sentiré mejor- el monje sonrió con sinceridad e hizo que Sango se sintiera más tranquila
-Niñas tomen las cosas de su padre y llévenlas a la cabaña- dijo la exterminadora a las gemelas
-Sí mami- las niñas se apresuraron a tomar las cosas de su padre
-Vamos a que descanses- la exterminadora tomo el brazo de su esposo y se encaminaron a su cabaña, al llegar al frente el pequeño Myoki se lanzó a las piernas de su padre, Miroku lo cargó y le dio un fuerte abrazo
-Vamos a entrar papi, mami preparó un pescado delicioso- dijo el niño emocionado
-Sí pequeño- el monje bajo a su hijo –Gracias por ser la mejor esposa de todas Sango- Miroku sonrió y besó a su esposa. Sango sintió una gran felicidad, pero el momento romántico duro muy poco; tras besar a la exterminadora el monje sintió unas terribles náuseas y corrió hacia unos arbustos a vomitar.
-¡Excelencia!- Sango corrió preocupada al lado de su esposo -¡Azura ve rápido por la anciana Kaede!- le ordenó a su hija. Acto seguido la niña salió corriendo a toda velocidad
-Excelencia, no se preocupe, todo estará bien- dijo Sango mientras acariciaba el cabello de Miroku
*De vuelta con Hosenki*
-Ya veo- dijo el viejo ante el relato de Kagome –En verdad que este collar es un misterio, no recuerdo haber visto algo parecido y tampoco creo que mi padre me haya contado algo así- agregó el anciano
-Vaya que fuiste útil Hosenki- dijo Inuyasha burlonamente
-¡Muchacho insolente!- contestó el viejo enojado ante el comentario del hanyou -¡Que no haya escuchado de el no significa que no puedo decirte algo de importancia!- dijo enojado
-Discúlpelo anciano Hosenki- Kagome se quedó viendo a Inuyasha con desaprobación –Es sólo que a veces es muy torpe- dijo con malicia
-¡Oye Ka…!- Rin tapó la boca de Inuyasha al ver que Hosenki iba a comenzar su explicación
-Para empezar este collar no fue creado por algún youkai o humano- este comentario sorprendió mucho a todos
-¡¿Cómo es eso posible?!- preguntó Kagome
-Yo tampoco puedo explicármelo, este collar no tiene ninguna marca de creación, normalmente los objetos mágicos se quedan con la marca de su creador, pero este sólo tiene…- El anciano se quedó viendo fijamente al collar -Almas- dijo finalmente
-¿Almas?- dijo Rin sorprendida
-Sí, este collar esta hecho de almas- afirmó de nuevo Hosenki
-¡Almas! Que tonterías dices viejo, ese es un objeto material ¿Cómo va a estar hecho de alm..?- dijo Inuyasha burlonamente antes de que fuera interrumpido por Kagome, que con una voz triste y una mirada pesada dijo -¿Y qué hay de la perla de Shikon?- la pregunta de la sacerdotisa se quedó suspendida en el ambiente con pesadez
-Señorita Kagome…- pensó Rin al ver la preocupación en la cara de su amiga
-Me gustaría poder decirles algo más- añadió Hosenki –Pero por el momento no poseo más información-
-No se preocupe, lo que nos dijo es muy útil- dijo Rin con una sonrisa
El positivismo de la joven sorprendió a la pareja.
Finalmente se despidieron del anciano y se marcharon hacia el sendero
-Pero ¿A dónde iremos Rin?- dijo Kagome extrañada
-Sango nos dijo que las flores que uso esa malvada demonio son muy parecidas a las que usan en la aldea de exterminadores del sur- el comentario de Rin sorprendió a Inuyasha y a Kagome, los cuales habían olvidado por completo ese detalle –Con lo que nos ha dicho el viejo Hosenki y con esta nueva pista, estoy segura que revelaremos este misterio- La joven dijo
-Tienes razón Rin- la sacerdotisa añadió animada -¡Vamos!- dijo con una gran sonrisa
-Kagome- pensó Inuyasha –No importa cuánto tiempo pasé, nunca dejas de sorprenderme- los pensamientos del hanyou dibujaron una sonrisa en su rostro.
Caminaron hasta que comenzó a atardecer
-Hay que poner una fogata y descansaremos hasta que amanezca- dijo Inuyasha mientras bajaba a Kagome de su espalda, la sacerdotisa se sorprendió pues normalmente el hanyou solía ser más desesperado.
-Amm, está bien Inuyasha- dijo finalmente la sacerdotisa
Rin recordó que cuando iban caminando Kagome se notaba algo cansada y por eso Inuyasha le había dicho que subiera a su espalda, estaba preocupado de que la sacerdotisa estuviera así, es por eso que quería que ya descansaran –Ahora que lo pienso…, en muchas ocasiones mi amo hizo lo mismo- los ojos de la joven se iluminaron
-Rin no te quedes sólo ahí parada- Inuyasha interrumpió la reflexión de la joven –Ayuda a Kagome en lo que voy por agua, vi una cascada muy cerca de aquí-
-Sí, lo siento- respondió la joven apresurada
Terminaron de prender la fogata, Kagome les preparó una rica sopa de fideos y después se prepararon para dormir. A Rin le causo mucha ternura ver como sus amigos se acurrucaban juntos –Me gustaría saber que se siente, estar así con alguien a quien amas- pensó la joven con una sonrisa
Todo pintaba para ser una noche tranquila, pero poco sabían que unos demonios araña estaban a punto de atacarlos, uno de ellos se lanzó directamente hacia Rin, Inuyasha lo percibió justo a tiempo y con sus garras lo destrozó fácilmente. Con la sorpresa ninguno de ellos notó como el otro robaba una flecha de Kagome
-Rin ¿Estás bien?- preguntó Kagome asustada
-Sí señorita Kagome- la joven respondió –Gracias señor Inuyasha- le dijo al hanyou
-Será mejor que duerman, yo haré guardia- dijo Inuyasha con seriedad
Pasaron un par de horas y parecía que el peligro por fin había pasado, pero…
-¡Kagome, Rin, despierten!- gritó el hanyou
Las chicas se levantaron rápidamente
-¿Qué pasa Inuyasha?- dijo Kagome tomando sus flechas y arco, más tardo en preguntar antes de sentir una presencia demoniaca viniendo hacia ellos
Rin se quedó viendo en la misma dirección que sus amigos y apretó el mango de su espada con fuerza, de pronto una manda de seis osos enormes, más que del tamaño de cualquier casa de la aldea que la joven hubiera visto salieron de entre los árboles.
El hanyou subió a Kagome a su espalda y esquivó fácilmente los ataques de los animales, pero en el proceso la sacerdotisa tiró su mochila; el hanyou volteo preocupado, pero el entrenamiento de la joven no había sido en vano, hábilmente tomo la mochila y se libró de las garras de los colosales animales.
Pronto los ataques de los osos mostraron que su objetivo era Kagome
-¡¿Por qué estos demonios van detrás de Kagome?!- gritó Inuyasha enojado mientras protegía a Kagome de las fieras -¿Y tú porque no estas lanzando tus flechas?- le dijo enojado a la sacerdotisa –Estos osos no son malos Inuyasha, no los envuelve una energía maligna- explicó Kagome
-¿Y por eso vamos a dejar que te maten?- dijo el hanyou mientras pateaba a un oso en el hocico
Rin trataba de analizar la situación, entonces notó que de los seis osos que había visto en un principio en este momento solo los estaban atacando cuatro
-¿Dónde están los otros dos?- pensó la joven, unos rugidos a lo lejos responderían esa pregunta, corrió en dirección hacia los rugidos y notó que venían de la cascada. Siguió hasta poder asomarse desde la parte más alta de la cascada y vio como justo en medio de la cascada colgados de una red con la flecha de Kagome estaba un cachorro de oso –Por eso atacan a la señorita Kagome- pensó Rin –Si les devolvemos al cachorro nos dejaran en paz- concluyó la joven -¡Señorita Kagome tiene razón, no son malos!- gritó Rin -¡Sólo quieren devuelta a su cachorro! ¡Señor Inuyasha no deje que se acerquen a mí y yo lo bajare!- exclamó Rin mientras sacaba una cuerda de las hombreras de exterminadora que le había regalado Sango
-¡Pero ¿De qué habla esa niña?!- Inuyasha dijo enojado pues ahora no sólo se tenía que preocupar por proteger a Kagome –Realmente le enseñaste a ser terca Kagome-
-¡¿Qué dijiste?!- gritó la sacerdotisa enojada
La joven ya había amarrado su cuerda a una roca muy cerca de la orilla y se encontraba bajando en dirección hacia el cachorro, estaba resbaloso y Rin tropezó peligrosamente –Amo Sesshomaru, tengo miedo- pensó la joven y su mente viajo al día en el que estaba buscando la semilla milenaria para salvar a Jaken –Debo ser valiente, ya no soy la misma niña- se dijo a sí misma para darse ánimos y continuar bajando. Por fin alcanzo a los cachorros, ato el final de su cuerda al extremo en donde estaba el cachorro y cuando estaba bien asegurada sacó la flecha, con cuidado comenzó a bajar la red; pero de pronto sintió como la cuerda se movió bruscamente, alzó la vista y vio a una de las arañas que los había atacado -¡Está bajando por la cuerda!- pensó la joven asustada –Debo apresurarme- Rin empezó a bajar a saltos y logró bajar un par de metros, pero la araña saltó sobre su pecho
-¡Oh no! De seguro me morderá, pero no puedo quitármela- pensó Rin, su mano derecha estaba sosteniéndole a ella y la izquierda al cachorro -¿Qué hare?- sintió una gran angustia recorrer su pecho –Amo Sesshomaru, si tan sólo usted estuviera aquí- dijo la joven -¡No, no puedo depender por siempre de mi amo!- pensó Rin mientras se soltaba de la cuerda, sacaba su espada y la clavaba con fuerza en dirección hacia la araña -¡Porque yo debo ser fuerte para estar a su lado!- Rin. El ataque daño a la araña y clavo la mochila, pero no pudo evitar que la araña saltara hacia la cascada con el collar entre sus colmillos.
-¡Señor Inuyasha!- la joven gritó con fuerza
Kagome fue la que corrió hacia la cascada y reconoció en al aire a una figura malvada
-¡Aratani!- gritó la sacerdotisa que estaba recibiendo a la araña
Uno de los osos más grande saltó y con sus garras cortó la cuerda atrapando al cachorro, Rin aprovecho para tomar la espada de la que estaba colgada con ambas manos.
-Que gusto verlas de nuevo y gracias por entregarme el collar- dijo burlonamente
-¡Aratani! Demonio asqueroso- gritó Inuyasha atacándola con el viento cortante, pero antes de que pudiera llegar el ataque hacia ella un grupo de arañas se colocó enfrente de ella protegiéndola
-No te preocupes hijo bastardo del general perro- río mientras se desvanecía en el aire –Volveré para matar a Rin más pronto de lo que crees-
Esas últimas palabras hicieron que a la joven se le erizara la piel -¿Quién es esta mujer realmente? ¿Y qué está pasando?- pensó Rin asustada
