(Gracias por leer esta historia, por seguirla y por dejar sus comentarios. Me alegra mucho saber que la están disfrutando. Un abrazo :)
Rin terminaba de vestirse, la herida de su abdomen había sido muy superficial, por lo que no representaba ningún peligro; sin embargo, la de su hombro aún le dolía un poco, con cuidado terminó de ponerse la ropa.
-Rin apresúrate, sabes cómo es el imbécil de Sesshomaru- se escuchó la voz de Inuyasha del otro lado de la puerta
-Sí, ya voy- contestó Rin rápidamente
La joven caminó hacia la mesa donde tenía su pequeño bolso y comenzó a llenarlo, de pronto se escuchó como la puerta se abría
-¡Inuyasha! Tiene razón Kagome, eres un desesperado- dijo la chica sin voltear, mientras terminaba de llenar su bolso –Ya te dije que…-
La joven se paró velozmente, pero se detuvo en cuanto vio que la figura que había entrado en la habitación realmente era Kohaku, el muchacho se veía extrañamente frágil
-Kohaku…- fue lo único que pudo salir de los labios de la muchacha
-Rin yo…- los ojos del muchacho se veían llorosos
La chica soltó la bolsa y lo abrazó con fuerza
-No llores… por favor- susurró su amiga mientras lo apretaba aún más –No quiero que llores, me hace sentir mal-
El rostro de Kohaku era una mezcla de sorpresa y culpa –Rin… yo estuve a punto de matarte y aun así tú…- pensaba el chico
-Lamento no haber podido ayudarte- prosiguió la joven separándose un poco del muchacho –Tú has tenido un pasado muy difícil, perdiste a tu madre cuando eras muy joven y a tu familia cuando Naraku…- la mirada de Rin reflejaba una profunda compasión y ante esta Kohaku sintió que su congoja se iba –Nunca más vuelvas a disculparte por algo que no es tu culpa- la chica se paró decidida frente al joven –Yo te prometo que destruiré a Aratani y a los collares, para que nunca más tengas que pasar por esto-
-Gracias… Rin- contestó el muchacho con la voz quebradiza –Tú sola presencia alivia todas mis penas y me llena de felicidad- prosiguió Kohaku con una gran sonrisa
-Kohaku…- dijo la chica fingiendo un rostro amable –Aquí estoy-
Mientras los amigos salían del palacio el exterminador se quedó hablando con un guardia, aparentemente la princesa tenía una fiesta muy importante esa noche, por lo que no podía despedir a Kohaku. Continuaron caminando hasta salir del palacio, en el trayecto sólo un pensamiento rondaba por la mente de Rin:
-Kohaku, aún no puedo creer que mi sola presencia te haga feliz, como si algo tan vano fuera tan especial… En cambio, mi amo Sesshomaru desea poder y ser reconocido por su fuerza, yo no puedo…- al caminar por el patio del palacio, en la salida, la joven vio a la persona que atormentaba su mente
-Amo… yo nunca podré hacerlo feliz- pensó la muchacha y su corazón sintió un gran dolor
-¿Qué te pasa escuincla?- preguntó Jaken asustado al ver la expresión de Rin -¿Te duele algo?-
La chica cayó en cuenta de cómo debía verse y cambió su expresión
-No me pasa nada señor Jaken- respondió fingiendo estar bien
-¿Y ahora a dónde iremos Myoga?- preguntó Inuyasha
-Tenemos que encontrar el collar del fuego cuánto antes, es nuestra mejor opción para tratar de vencer a esos malvados- contestó la pulga
-¿Cómo romperemos el sello?- preguntó Rin
-¿Qué sello?- preguntó Kohaku
-Todos los collares han estado protegidos por una especie de sello- respondió Jaken –El del fuego estaba protegido por el señor Hiro, el de la tierra por el que rompió Inuyasha- dijo viéndolo con ojos de reproche
-¡Oye!- gritó enojado el hanyou
-Pero aún no sabemos cómo se rompió el sello del agua- dijo Myoga pensativo
-En si todo es muy extraño… parece ser que los collares solo muestran su poder cuando están ante una esencia que controlar- dijo Inuyasha –Las almas de Aratani, los cadáveres de Ren y el collar del aire cuando lo use-
-¡No seas tonto Inuyasha! Ese collar controla los cuerpos de los demonios y tú solo eres un hibrido- exclamó el youkai verde antes de caer por el golpe del hanyou
-Al ser un híbrido, Inuyasha es mitad demonio señor Jaken- dijo Rin al mismo tiempo que se llevaba las manos al rostro para que el pequeño youkai no viera como se reía
-Como sea necesitamos el poder del collar del fuego cuánto antes- interrumpió Myoga con preocupación –Parece ser que ellos han comenzado a desarrollar ese truco sucio que usaron contra mi amo…- dijo la pulga –En ese tiempo aún tenía una hermosa cabellera que lucía con el viento y…-
-Myoga ¿Podrías saltarte la introducción? Por favor- dijo Kohaku
-Ay niño grosero- dijo entre dientes la pulga –El punto es que esos demonios parecían poder desaparecer partes de su cuerpo y ellos mismos por momentos, como si…-
-Estuvieran en otra dimensión- dijo Sesshomaru con seriedad –Ya lo había notado, ese maldito de Ren casi fue destruido la primera vez que lo atravesé con mi espada, pero esta vez… parecía como si pudiera desaparecer las partes de su cuerpo que quedaban afectadas, que cobarde…- terminó de hablar con desprecio el fuerte demonio.
Todos quedaron asombrados ante las palabras del demonio de cabello blanco, eso explicaba muchas cosas, como por qué parecían desaparecer tan fácilmente.
El grupo camino por unas cuantas horas, en las cuales reinó un silencio bastante incomodo, normalmente era Rin la que iniciaba las pláticas, pero durante todo el viaje había estado caminando detrás de Sesshomaru.
-Pulga ¿No dijiste que el collar del fuego estaba en el palacio del Sur?- preguntó Jaken extrañado de la ruta que estaban tomando
Myoga río nerviosamente –Pues sí, pero no creo que podamos entrar tan fácilmente como con el señor Hiro-
-¿De qué hablas Myoga?- preguntó Inuyasha viéndolo con sospecha
-La señora del Sur te mataría en cuánto cruzaras su territorio, igual que a Kohaku y a…- dijo Sesshomaru con frialdad mientras clavaba su mirada en Rin –A cualquier humano- agregó con superioridad
La chica desvió su triste mirada, hecho que Kohaku notó inmediatamente, intentó cambiar el tema y preguntó –Pero sigo sin entender ¿A dónde vamos?-
-Excelente pregunta Kohaku- dijo la pulga con entusiasmo –Ya que es complicado entrar a pedir el collar, nosotros vamos a robarlo-
-¡¿Lo vamos a robar?!- gritó Jaken aterrado –Dicen que la señora del Sur es una cruel demonio que asesina sin piedad- pensó el demonio verde con lágrimas en los ojos
-Pues… digamos que sí- dijo Myoga –Y estamos aquí porque necesitamos información del palacio de primera fuente-
-¿Y quién tiene ese tipo de información?- preguntó Inuyasha con curiosidad
-Un desterrado- dijo Sesshomaru y fijo su mirada en la cima que ante ellos se presentaba
El grupo tardó toda la mañana en llegar a la cima, para cuando llegaron un hermoso atardecer bañaba la montaña y a lo lejos se veía una pequeña cabaña, en frente de ella un pequeño niño de 5 años jugaba en un columpio.
Rin se llenó de sorpresa en cuanto sintió como el pequeño había detectado su presencia, era algo admirable para alguien de su edad, pero el mayor asombro se lo llevó en cuanto el niño volteó a verlos.
-Sus ojos…- pensó la chica –son como los de una serpiente-
Los ojos del pequeño eran rosados y con la clásica pupila de este animal, además la piel del pequeño brillaba como la de una serpiente; este se espantó al ver al grupo y antes de que siquiera corriera al interior de la casa, una veloz figura salió de la puerta y se colocó enfrente del pequeño. Era un demonio alto e imponente, de cabello magenta largo, sus ojos eran de color rosado, pero tenían forma humana a diferencia de los del pequeño; tenía unas marcas moradas debajo de sus labios, asemejando colmillos.
-Sesshomaru…- dijo el demonio con asombro
-¡Ekbi! Que gusto verte- dijo Myoga saltando al hombro del youkai
-Papá… ¿Quiénes son ellos?- preguntó el pequeño niño temeroso
-¿Papá?- pensó para sí mismo Inuyasha, sintió un gran pesar en su cuerpo, pues le bastó un segundo para comprender la naturaleza del niño que estaba ante él
-También me da gusto verte Myoga, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que hable con un amigo- dijo Ekbi sin dejar de ver a Sesshomaru, estaba completamente a la defensiva.
Rin se acercó un poco y se puso de cuclillas, notó que el niño la veía con temor
-Hola, me llamo Rin- dijo la chica sonriendo –No venimos a hacerles daño- prosiguió mientras veía con sinceridad a su padre -¿Cómo te llamas?-
El cálido rostro de la joven tranquilizó mucho al niño y con voz baja le contestó -Gifuto-
-Es un placer Gifuto- Dijo la muchacha con su bella voz y se levantó sin dejar de ver al pequeño con una mirada cariñosa.
-Entonces ¿A qué han venido?- preguntó Ekbi con autoridad
-Necesito que me digas unos detalles del palacio del Sur- dijo Sesshomaru con fuerza
-Hace siglos que yo no sé nada de ese lugar, además no tengo intenciones de meterme en problemas- contestó Ekbi un poco más relajado
-Ekbi ¿Recuerdas el tesoro que protegían?- preguntó Myoga con seriedad
-No puede ser…- dijo Ekbi abriendo con pavor sus rosados ojos -¿A caso los otros collares…?-
-Los otros dos están en manos de ellos, y nosotros tenemos este- dijo Inuyasha enseñando el collar del aire
Ekbi volteó al suelo y su mente se llenó de ideas –Entiendo el gran peligro que esto representa, pero yo…- el demonio de cabello negro acarició con ternura la cabeza de su hijo –Yo no puedo arriesgarme-
-Le prometo que nadie se enterara de lo que usted nos diga- dijo Inuyasha y un brillo de tenacidad invadió su rostro –Le juro que nadie pondrá en peligro a usted o a su hijo-
-¿Eres hijo de Inu-No-Taisho?- preguntó Ekbi
Inuyasha asintió con la cabeza y se quedó viendo con empatía al pequeño hibrido que lo examinaba con sus ojos de serpiente.
Ekbi se quedó pensando un par de segundos y finalmente respondió –Muy bien, los ayudare, pero a cambio… ustedes también me ayudaran a mí-
El grupo estaba reunido alrededor de una cálida fogata en donde se preparaba un rico estofado, Gifuto les repartía platos y los atendía con amabilidad.
-Gracias Gifuto- dijo Kohaku con una sonrisa -¿Tú lo preparaste?- preguntó con ánimo
-¡Sí! Mi papá y yo lo hicimos- contestó el niño con una gran sonrisa
Ekbi se limitó a ver al niño con ternura
-Y… ¿Dónde está tu madre?- preguntó Inuyasha sin saber bien porque había sacado ese tema
El niño bajo la mirada y su alegre rostro cambió por un momento –Ella murió hace mucho tiempo, se enfermó después de ayudar a una anciana que vivía cerca de aquí- contestó cabizbajo
Sin embargo, Rin desvió su mirada hacia Ekbi, las palabras de su hijo le hacían sentir un indecible dolor
-Y es por eso que necesitó su ayuda- dijo Ekbi alzando de nuevo su triste mirada –El nombre de mi esposa era Keiji, la conocí durante una expedición. Unos demonios escorpión intentaban entrar a nuestras tierras, logramos aniquilarlos, pero uno de ellos me había echado su veneno en los ojos- comenzó a platicar el demonio de ojos rosados –No podía ver nada y aún no estaba seguro de que el enemigo hubiera sido vencido, casi mate a mi esposa cuando sentí su presencia, pero sólo era una humana- Ekbi sonrió con ironía –Sólo era una humana, aun así preguntó en qué podía ayudarme-
Sesshomaru recordó el día en que conoció a Rin, en ese entonces solo era una niña, una niña que sin conocerlo o sin siquiera ser de la misma especie arriesgó todo por él. La amable sonrisa de la ahora joven inundo su mente.
*Recuerdo de Ekbi*
-¿Necesitas ayuda?- preguntó una mujer con voz temblorosa
El demonio que estaba frente a ella no contestó
-¿Eres ciego?- preguntó de nuevo la mujer
-No- contestó seriamente Ekbi –Mañana por la mañana recuperare mi visión-
-Amm… vi unos escorpiones gigantes cerca de aquí hace unas horas, pienso que es peligroso que te quedes aquí si no puedes ver- dijo la mujer mientras caminaba con precaución hacia el youkai de cabello magenta, ante este movimiento Ekbi se puso a la defensiva –Lo siento, no quería asustarte- dijo la mujer
-¿Cómo puede pensar que estoy asustado de ella?- se preguntó a sí mismo el demonio –Sólo es una humana- pensó
En una fracción de segundo la mujer había tomado su mano, a pesar de este gesto tan arriesgado, el youkai no hizo nada.
-Su mano es tan cálida- pensó Ekbi
-Sígueme- dijo la mujer –Aquí cerca hay una cueva donde podremos escondernos hasta que recuperes la vista-
Caminaron un par de minutos hasta que llegaron a un lugar que el demonio pudo percibir como húmedo y frío
-Nadie conoce este lugar- dijo la mujer –Yo lo uso de refugio cuando pasan los soldados-
-Su voz es divina- pensó el demonio de ojos rosados y finalmente le preguntó -¿Por qué haces esto? ¿Qué no sabes que soy un demonio?-
La mujer se quedó callada por unos segundos –Sé lo que eres, pero no te tengo miedo y parecía que necesitabas ayuda- dijo esto chocando sus dientes
-Tiene frío- pensó el youkai
-Toma- dijo Ekbi mientras le extendía su capa –Sé que ustedes se enferman más fácil-
La mujer se sonrojó y acepto la oferta del demonio -Gracias-
*Fin del recuerdo*
-Después de eso, comencé a visitar a Keiji casi diario, yo sabía que ella era una humana que no podía darme ningún tipo de beneficio, pero… un día me di cuenta que en realidad ella me lo daba todo- dijo el youkai y una sonrisa se dibujó arriba de sus extrañas marcas en forma de colmillo –Me enamoré- agregó Ekbi
Rin estaba inmersa en la plática del demonio, de cierta manera confortaba su corazón -Amo Sesshomaru… los demonios también se enamoran- pensó la joven al mismo tiempo que la luz regresaba a su mirada
-¿Es por eso que lo desterraron?- preguntó Inuyasha con pesar
-En realidad iban a matarme- contestó Ekbi con seriedad –Pero el haber sido la mano derecha de la señora Sur y el general de sus tierras, hizo que tuvieran algo de consideración- prosiguió el demonio de cabello magenta
-Keiji también dejo la aldea en la que vivía ¿no?- preguntó Kohaku con algo de molestia –El hecho de estar con un youkai hizo que también la excluyeran a ella ¿O me equivocó?- las palabras del exterminador escondían una indirecta
-Sí, parecía ser que nuestro amor sólo nos traía dolor, pero fruto de él, llegó nuestro mejor regalo- dijo Ekbi y abrazó con cariño a Gifuto; ante este acto el niño sonrió, Inuyasha vio esta escena con una mezcla de alegría y nostalgia
-Ekbi… no me hagas perder más mi tiempo ¿Qué es lo que quieres a cambio de la información necesaria para entrar al palacio del Sur?- preguntó Sesshomaru cortantemente
-Claro, lo siento… es sólo que me gusta tanto recordar a Keiji, es todo lo que me queda de ella- dijo Ekbi
Estas palabras hicieron que el cuerpo de Inuyasha se pusiera rígido y un pensamiento llegó fugaz a su mente –Algún día… yo sólo podre recordar a Kagome-
-Sesshomaru necesitó que vayas al jardín de las escamas- respondió finalmente Ekbi
-¡El jardín de las escamas!- exclamó Myoga con asombro –He escuchado de ese lugar, es un jardín que se encuentra a las orillas de las tierras del Sur, la señora de estas tierras lo baño con una magia que sólo permite que pasen los demonios. Dicen que en el crecen las más bellas flores de esta región- terminó de explicar la pulga
-Pero si tú eres un youkai ¿Por qué no puedes ir a buscarlas tú mismo?- preguntó Jaken viendo a Ekbi con duda
-Antes solía ir cada semana a traer unas violetas de cascabel para Keiji, pero… desde que la marque y nuestra esencia se combinó…- dijo el demonio de cabello magenta
-Ya no eres un youkai puro- dijo Sesshomaru con frialdad –Que ingenuo eres- agregó con soberbia
Rin recordó la explicación que le había dado Sango, ahora entendía que para un demonio unirse con un humano, significaba en cierta manera dejar de ser un youkai al 100%
-La única ayuda que necesita de nosotros ¿Es que le consigamos esas flores?- preguntó Inuyasha con insistencia
-Eso y que me ayuden a consumar un funeral con las tradiciones humanas- contestó Ekbi
-Nosotros nunca le preguntamos a mamá cómo hacían eso los humanos-agregó el inocente Gifuto
-Me gustaría que ella se fuera como debe de ser- dijo el demonio de cabello magenta con una mirada triste
Rin no pudo evitar sentir mucha tristeza por la impotencia de Ekbi –No se preocupé, mi abuela y una de mis mejores amigas son sacerdotisas, he aprendido bien de ellas- dijo la chica –Le haré la mejor ceremonia posible a Keiji- terminó de hablar con una decidida sonrisa
-¡Gracias Rin!- gritó emocionado Gifuto
-¿Dónde queda ese dichoso jardín Ekbi?- preguntó Sesshomaru
-Esta al noroeste de aquí ¿No es cierto?- dijo Rin para sorpresa de todos
-¿Cómo lo sabes?- preguntó el demonio de ojos rosados
-El conjuro que uso la señora de las tierras del Sur dejo una marca- contestó la joven
-Kagome te enseño bien niña- dijo Inuyasha con orgullo
-Será mejor que se apresuren- dijo Myoga –No tarda en oscurecer completamente y como sea ese jardín ya es parte de los territorios de la señora del Sur- continuó la pulga –Nosotros los esperamos aquí- terminó con una sonrisa pícara
-Para variar eres un cobarde- susurró el hibrido de cabello blanco
-¡Corramos amo bonito!- gritó Jaken
-No- dijo Sesshomaru –No te separes de Inuyasha, el muy imbécil podría perder el collar de nuevo-
-¡Miserable!- gritó furioso el hanyou -¡Verás cómo te…!-
-No se vaya señor- dijo Gifuto sosteniendo el pantalón del hibrido –Quiero jugar con usted- sus ojos de serpiente miraron fijamente a Inuyasha. El hanyou sólo gruño molesto y se sentó a lado del niño.
-Kohaku mientras regreso ¿Podrías hacer una lápida?- preguntó Rin
-Claro, déjamelo a mí- contestó el exterminador
Así la pareja, junto con Ah-Un, comenzó a volar con dirección al jardín de las escamas.
-No recuerdo cuando fue la última vez que mi amo y yo estuvimos solos- pensó Rin –Aunque últimamente pareciera que me aborrece- la chica continuó inmersa en sus pensamientos.
Poco tiempo después, en la lejanía vieron un jardín lleno de árboles cuyas hojas reflejaban la luz
-El jardín de las escamas- exclamó Rin con admiración –Es… es increíble-
Descendieron rápidamente, la chica le indicó al dragón un lugar donde descansar.
Incluso el pasto de aquel jardín reflejaba los pocos destellos de luz que quedaban, la curiosidad de la joven pudo más que su cautela y casi inconscientemente caminó hacia el límite de jardín, cuando extendió su mano para tocar uno de los árboles, Sesshomaru la detuvo tomando su mano con fuerza
-Si tocas algo de este jardín morirás- dijo el demonio a la muchacha sin dejar de verla
-Yo… yo lo siento amo- dijo Rin con un hilo de voz, su cuerpo temblaba por el hecho de que su amo estaba tomando su mano
-Ya casi se me había olvidado como se sentía su mano- pensó Sesshomaru –Solo con estar cerca de ella siento esta extraña emoción que nace desde lo más profundo de mi ser- continuó reflexionando el youkai sin soltar la mano de la chica
Rin por su parte, sentía como su estómago se llenaba de mariposas, los lindos ojos amarillos de su amo la estaban viendo de nuevo. Esa mirada amable sólo existía para ella.
-Rin…- dijo Sesshomaru mientras colocaba su otra mano sobre la de la chica –No te alejes- después se adentró al misterioso jardín
La joven se quedó paralizada, con su corazón acelerado, viendo cómo se alejaba su amo y desaparecía entre los extraños destellos
-Lo estaré esperando- murmuró la muchacha
El demonio tuvo que caminar unos cuantos metros y ante él apareció un arbusto lleno de unas flores moradas con una orilla amarilla que parecían pequeños cascabeles, al arrancar un par de estas las flores emitían un sonido parecido al de las serpientes que llevaban su nombre.
El youkai admiró las flores un instante –Que deseos tan vanos tienen los humanos- dijo –Ekbi que tonto eres…-
Sesshomaru estaba por salir del jardín cuando vio unas pequeñas flores naranjas que tenían en el centro un extraño patrón geométrico (similar al que se ve en la piel de una serpiente) de color vino.
*Recuerdo de Sesshomaru*
-¡Señor Jaken!- gritó Rin enojada
-¡Déjame niña! No voy a contestar a algo tan tonto- dijo molestó el demonio verde
-Pero no es tonto, sólo quiero saber su color favorito- dijo la pequeña niña mientras hacia una cara de berrinche y sacudía al pequeño youkai, hasta casi tirarlo del lomo de Ah-Un
-¡Ay, ya basta! El azul, el azul- contestó Jaken para que Rin lo soltara
-¿En serio?- exclamó la alegre pequeña -¡Es un gran color! Azul es el cielo, el mar, las moras… ¡Mi color favorito es el naranja Señor Jaken! Me gusta porque es muy alegre, de ese color son los atardeceres, las zanahorias, las naranjas por supuesto…-
*Fin del recuerdo*
-Tú siempre estabas ahí para llenar los silencios, para mover las pausas y para alegrar…- pensó Sesshomaru
El demonio cumplió su promesa y no tardó mucho en salir con un ramo de violetas de cascabel
-¡Amo Sesshomaru!- gritó Rin alegre -¡Wow! En verdad son magníficas, con razón le gustaban tanto a Keiji- La chica corrió hacia a Ah-Un y con cuidado desató una vasija llena de agua que usarían como florero improvisado.
*En la cima de la montaña*
Inuyasha jugaba con Gifuto a patear unas rocas, para su edad el pequeño ya era fuerte
-Ja ¡Gané!- dijo Inuyasha burlonamente
-Es obvio, tú eres mayor que yo- dijo Gifuto enseñándole la lengua –Sería vergonzoso si yo te ganará- agregó burlonamente
-¡Ay niño insolente!- dijo el hanyou de cabello blanco enojado
-¡Gifuto! Respeta a tus mayores- dijo Ekbi con fuerza –Discúlpate con Inuyasha-
-Sí padre- dijo el niño apenado –Lo siento Inuyasha-
-Jm- dijo el hanyou molesto –Está bien niño, sólo no lo vuelvas a hacer-
-Hijo ¿Por qué no vas a ayudarle a Kohaku?- dijo Ekbi
-Sí papá, seguiremos jugando después Inuyasha- dijo el niño y salió corriendo hacia donde estaba el exterminador
-Es un gran niño- dijo el híbrido un poco contrariado
-Lo sé, su madre estaba loca por él- dijo Ekbi
-Él nunca ha bajado de esta montaña ¿Verdad?- preguntó Inuyasha
-¿Él te lo dijo?- dijo el demonio
-No… pero se nota que aún no ha conocido el rechazo- las palabras del hanyou estaban llenas de dolor
-Ese era el más grande miedo de su madre- dijo Ekbi –A pesar de eso, ella quería enseñarle el mundo antes de morir…- de pronto la voz del youkai se volvió más grave y pesada –Keiji siempre decía que iba a vivir 100 años, supongo no tenía prisa con Gifuto porque creía que tendría más tiempo…-
-Mi esposa es humana y está embarazada- dijo Inuyasha intranquilo
El comentario del hanyou asombró a Ekbi -Yo había escuchado los rumores sobre tu padre- dijo el youkai –Que había sido asesinado por un humano al intentar salvar una mujer de la que se había enamorado. En su tiempo me pareció algo extraño, pero no malo… A pesar del odio que tienen las tierras del sur por los humanos, a mí no me molestaban- Ekbi sonrió –Y al final, un humana fue la que me enseño lo increíble que podía ser el amor- el demonio puso su mano en el hombro de Inuyasha –Créeme que ese pequeño o pequeña que viene en camino va a llenar tu vida de una inmensa dicha-
-Eso lo sé…- dijo el hanyou con una sonrisa –Pero…- de pronto el rostro del hibrido se llenó de preocupación –No sé cómo seguiré sin Kagome-
-Lo harás porque tendrás que hacerlo- dijo Ekbi viendo a lo lejos a Gifuto
Para cuando Sesshomaru y Rin regresaron ya todo estaba listo, Kohaku y Gifuto habían hecho una lápida de piedra, decoraron todo el alrededor con unas pequeñas flores blancas; una rosa marcaba el lugar donde habían enterrado el cuerpo de Keiji.
En cuanto Gifuto vio las flores corrió hacia Sesshomaru, y para admiración de todos el niño abrazó con fuerza la pierna del demonio; con los ojos llenos de lágrimas dijo –Gracias señor-
Ekbi lo miró asustado, pues sabía bien que el youkai de cabello blanco no era igual que su padre, pero Sesshomaru sólo le entregó las flores a Gifuto sin decir nada más. El pequeño corrió hacia la lápida y dejo las flores sobre el suelo –Mira mami, papá me contó que estas te gustaban mucho, es la primera vez que yo las veo, pero son tan hermosas como lo eras tú- dijo el niño llorando
Rin sintió una profunda aflicción por el pequeño, pero después de su padre nadie se sintió tan afligido como Inuyasha; se recordó a él mismo enfrente de la tumba de su madre.
La sensación de melancolía del hanyou llegó a su máximo cuando pensó que algún día, él estaría ante la tumba de Kagome.
Rin había recolectado unas hierbas especiales, estas se quemaban durante la ceremonia, la chica procedió a hincarse y a rezar unas oraciones; finalmente la muchacha tomó otro pequeño manojo de flores blancas, para asombro de todos la joven comenzó a verse envuelta en una luz blanca, al igual que la lápida y el suelo frente a ella.
-¡Rin!- exclamó Kohaku atemorizado
-¡No la toques!- gritó Myoga saltando al hombro del exterminador –Su alma está purificando a la de la mujer-
-¿Qué mujer?- preguntó Jaken temeroso
-El alma de Keiji está aquí- susurró Rin –No tengo el poder para ayudarla a manifestarse, pero la escuchó-
-Keiji…- dijo Ekbi con los ojos vidriosos
-¡Mamá!- gritó Gifuto mientras lloraba desconsoladamente, su padre lo cargó
-Gifuto, ella dice que siente mucho no haberte podido llevar a ver la aldea, pero que en verdad quiere que bajes un día- dijo Rin –Ella dice que debes ser valiente pues el camino que te espera no será fácil-
Inuyasha bajó la mirada, recordando funesto a su madre y su pasado.
Una lágrima cayo de los ojos cerrados de Rin –Ekbi, ella dice que quiere darte las gracias, por enseñarle lo que era el amor verdadero y darle la dicha de ser madre, que la mejor decisión de su vida fue ayudarte esa noche- dijo la chica acongojada.
Las palabras de la joven hicieron que el demonio de cabello magenta soltará una lágrima, Sesshomaru miró con extrañeza al youkai.
-Dice que sabe que eres infeliz, pero que por Gifuto debes de volver a disfrutar cada día- continuó hablando la muchacha
-Yo siempre pensé que mi destino era morir en batalla protegiendo mis tierras, demostrando mi poder, pero tú llegaste a cambiar todo…- los ojos rosados de Ekbi comenzaron a soltar más lágrimas –No me arrepiento de haberlo dado todo por estar a tu lado Keiji, pero aún no puedo creer lo rápido que te fuiste-
Sesshomaru se quedó viendo a Keiji y comenzó a caminar hacia el bosque hasta perderse en la espesura. Inuyasha por su parte, apretó los puños lleno de miedo ante el pensamiento de la fragilidad humana de Kagome.
De pronto la luz comenzó a desvanecerse –Es hora de que ella se vaya- dijo Rin
-¡No mami! Por favor- gritó Gifuto llorando
-Está bien hijo, ella va a un lugar mejor- dijo Ekbi con una sonrisa amarga
-Ella dice que los ama mucho y que estará cuidándolos desde allá arriba- continuó hablando la chica, de pronto su tono cambió –Nos vemos mis ojos rosados- salió de la boca de la joven con la voz de Keiji.
La luz se desvaneció, Rin dejo caer su peso hacia enfrente, pero metió sus manos para no caer
-¡Rin!- gritó Kohaku y se sentó a su lado
-¡¿Estas bien mocosa?!- gritó Jaken
-Estoy bien- dijo la muchacha sonriendo, sólo me cansé un poco
En la espesura del bosque Sesshomaru dejaba caer un ramo de flores naranja.
El resto de la noche transcurrió en calma, Ah-Un dormía afuera de la cabaña de Ekbi, Jaken dormía recargado en su lomo; dentro de la cabaña Gifuto dormía sobre las piernas de Inuyasha, los relatos de sus aventuras habían logrado tranquilizarlo un poco. Del otro lado de la fogata dormían Kohaku y Rin.
Sesshomaru miraba desde la copa de un árbol cercano por la ventana, embelesado por lo bella que se veía Rin, dormía profundamente y en su cabello llevaba el listón que él tiempo atrás le había regalado –Las cosas más simples pueden hacerla feliz- pensó el demonio
-¿Puedo subir?- preguntó Ekbi desde abajo
El youkai de cabello blanco lo miró y después volteo hacia el horizonte, el demonio de ojos rosados saltó y grácilmente cayó a lado de Sesshomaru
-Yo sabía que el querer estar con Keiji era absurdo- comenzó a hablar Ekbi al mismo tiempo que fijaba su mirada en la tumba de su esposa –Así que un día fui para decirle que ya no regresaría- arriba de sus marcas en forma de colmillo se formó una mueca triste –A pesar de lo enojada que estaba por mis palabras, una lágrima rodo por su mejilla, me dijo que ¿Cómo podía renunciar al amor así nada más?, yo no le conteste nada y me fui volando hacia el palacio. Durante mi vuelo pensaba que no había problema, que mis actos solo la lastimarían a ella, pero… en ese momento me sentí tan desgraciado; ese día comprendí que mentirle a mi corazón también me hacía daño-
-No me interesan tus memorias Ekbi- dijo Sesshomaru con indiferencia –Ni siquiera entiendo por qué me molestas contándome esto- agregó altivo
-Como general descubrí la importancia de aprender de los errores de los demás- contestó el demonio de cabello magenta dejando a lado del youkai un ramo de flores naranjas, después saltó del árbol y comenzó a caminar hacia la cabaña.
Sesshomaru se quedó viendo el ramo de flores y sintió una agradable sensación de calidez en su pecho. Pasadas unas horas el demonio estaba parado fuera de la ventana, observando a Rin e inmerso en sus pensamientos; en su mano sostenía el ramo de flores. De pronto una ligera ráfaga de viento lo hizo voltear hacia la tumba de Keiji.
Finalmente caminó hacia la ventana y dejo el ramo de flores, se alejó con un solo pensamiento en la mente –No puedo protegerte de todo Rin-
