Sentimientos
Ash
Me subí al carro y puse ambas manos en el volante mientras intentaba serenar mi respiración. Estaba nervioso, y no entendía del todo el porqué. Bueno, estaba plenamente consciente de la razón de mi desasosiego, lo que no entendía para nada eran los sentimientos que últimamente me atenazaban. Sabía algo, Serena me traía loco. Era una chica increíble y estaba plenamente consciente de ello. Su voz, siempre gentil y con una cadencia cristalina, su pelo suave, que siempre me recordó a la miel cayendo desde un panal, y sus ojos… de un azul claro lleno de vida y en los que no podía evitar perderme…
Suspiré cómo un idiota enamorado, que era precisamente lo que era en ese momento. Su forma de ser también me encantaba, siempre amable, siempre dispuesta a ayudar. Lo que más me sorprendió una vez llegué a conocerla de manera más profunda, fue que podía llegar a ser sarcástica y descarada llegado el momento. Era increíblemente ágil de mente, siendo de las primeras siempre en captar una broma o un doble sentido. Y podría haber seguido pensando en razones por las que me gustaba tanto, sin embargo fue su misma presencia la que me hizo desistir, mientras se dirigía hacia la puerta del copiloto.
Se había cambiado y ahora llevaba una blusa color lila y jeans de un azul oscuro con una chaqueta a juego. Se había dejado el pelo suelto y éste le caía libremente por la espalda, ondulándose levemente.
—¿Lista? —Le pregunté con una sonrisa una vez se había subido al carro. Un muy agradable aroma a fresas me cosquilleó la nariz.
Ella me sonrió de vuelta, con una de esas sonrisas que me dejaban sin aliento.
—Lista. —Contestó con entusiasmo.
Era raro, me sentía increíblemente nervioso antes de que ella apareciera, pero una vez llegaba, no podía sino sentirme muy cómodo alrededor de ella. Sentía una confianza muy íntima entre los dos, a pesar de no llevar tanto tiempo de conocernos. Y se sentía bien, a pesar de llevar pocas semanas en compañía del otro, ya habíamos pasado por situaciones muy bizarras que nos habían unido mucho, y yo personalmente sentía con ella un vínculo que nunca había sentido con nadie más. Definitivamente quería llegar a conocerla mucho más, llegar a tener una relación mucho más íntima con ella, y por lo mismo me aterraba la idea de que mi inexperiencia en ese tema terminara por arruinarlo todo.
Nos pusimos en marcha hacia ciudad Azafrán a recoger a Gary. El principio del viaje fue muy ameno, hablamos de todo y de nada, riéndonos de la incómoda situación en la que nos habíamos encontrado mientras limpiábamos el ático de la hacienda. Ella me recriminaba en tono de broma toda la situación, alegando que había sido mi culpa al echarle el muerto a ella.
—Oh vamos Serena, era sacrificar una por el equipo ¿no? —Le dije con aire divertido.
—¿Equipo? —Respondió ella con sorna. —Lo único que hiciste fue salvar tu trasero y de paso ponerme en apuros.
—¿Qué te puedo decir? Te veías adorable intentado salir de la situación sin éxito. — Al terminar la frase sentí cómo mi nerviosismo crecía y un leve rubor cubría mis orejas. A pesar de que los cumplidos no eran cosa nueva entre nosotros, el decirlos seguía causándome cierta incertidumbre ante cómo ella reaccionaría.
Para mi alivio, ella sólo rodó los ojos y me pegó juguetonamente en el brazo, sin embargo, pude vislumbrar de reojo cómo un lindo tono carmesí se posaba en sus mejillas.
—Parece ser una habilidad natural para ti eso de poner a la gente en situaciones incómodas—Me contestó después de un rato, retomando la conversación.
Yo sonreí.
—Bueno, aprendí del mejor, he sido amigo de Gary por más de nueve años después de todo. —Comenté, tratando de eximirme de mis acciones.
Ella soltó una leve risa.
—Claro, debí imaginar que eso lo adquiriste del infame Gary Oak. —Me respondió, remarcando el "infame".
—Sí… aún me acuerdo de todo el alboroto que armó cuando acababas de llegar, logró engañarnos a tod… —No fue hasta ése momento de la oración que me di cuenta de la gran metedura de pata que acababa de cometer.
—¿Gary les hizo una broma a todos cuando yo llegué? ¿Cómo así? —Preguntó intrigada Serena. Se me había olvidado completamente que ella no tenía ni idea de toda la broma de Gary.
—Bueno… eh… verás… si, lo que pasa es que… cuando tú acababas de llegar… ¿segura que eso dije? Creo que me confundí, no dije eso… ¿o sí? —Me devané los sesos intentado inventarme alguna excusa coherente, sin éxito, debo añadir.
—Ash… —Dijo Serena, esta vez en un tono un poco más recriminatorio mientras apoyaba levemente su mano en mi antebrazo. Despegué la vista un momento de la carretera para verla y supe que estaba perdido, no podía mentirles a esos ojos.
—Es… es una historia muy larga ¿sabes? No quisiera aburrirte. —Si no podía mentirle, intenté al menos desviar su atención.
—Pues, tenemos bastante tiempo, y además, tú nunca me aburres. —Me quedé un momento en blanco ante su respuesta, mientras un sentimiento cálido se instalaba en mi pecho y una sonrisa idiota se abría paso hacia mi cara. Suspiré, me encontraba totalmente indefenso ante la chica.
—Bueno… ponte cómoda, pues estás a punto de escuchar una historia muy bizarra. —Introduje al fin la inminente anécdota, intentado quitarle un poco de hierro al asunto.
Ella cómo toda respuesta rotó ligeramente su cuerpo hacia mí, dirigiéndome una mirada de profunda concentración, dándome a entender en actitud de broma debido a su obviedad, que tenía su atención puesta en mí.
—Todo empezó hace no tanto tiempo, en una hacienda no tan lejos de aquí. —Pude ver de reojo cómo ella sonreía ante el clásico inicio de cuento de hadas. —Cómo tanto tú cómo Gary llegaron muy tarde ya a la hacienda, no nos habían presentado adecuadamente y debido a ello a la mañana siguiente todos se encontraban curiosos de quién eras, y claro, el único que contaba con esa información era el bueno de Gary y creo que Dawn también. Por lo que todos a la hora del desayuno intentaron carroñar un poco de información acerca de ti. Sin embargo, Gary tuvo la fantástica idea, de darnos una descripción completamente errónea… —En ése momento me encontré con un problema, la broma de Gary había consistido precisamente en decirnos que Serena era horrible, justo cuando era todo lo contrario, sin embargo ¿cómo diablos se lo explicaba sin quedar en evidencia?
Ella parecía estar procesando toda la información.
—Entonces… —Empezó titubeante. —Gary dio una descripción mía que nada que ver… ¿Fue por eso por lo que al principio todos empezaron a actuar de manera tan rara al verme? —Preguntó una vez ya había conectado todos los puntos.
—Ajá… —contesté yo, rezando internamente porque se olvidara del asunto. —Eso fue básicamente todo.
—Ya decía yo que todos habían actuado muy raro al principio. —Murmuró ella, más para sí misma que para mí. De repente volteó sus hermosos ojos azules hacia mí e hizo realidad mi mayor temor en ése momento. —Y… ¿exactamente qué fue lo que dijo Gary sobre mí?
Un pensamiento en forma de una sola palabra se disparó en mi cerebro.
"Mierda"
—Bueno… verás… es complicado de describir lo que dijo. Es borroso el recuerdo de hecho, a veces me da por olvidar cosas, ¿sabes? Y… —Me dirigió una mirada que yo conocía bastante bien. Su mirada de "No me estoy tragando ni un pelo tu historia"
En ese momento sentí pánico. No había forma de evitar un enfrentamiento directo. Sentí un creciente calor en las orejas, así cómo en la frente y en toda la parte posterior del cuello. Estaba a punto de tener que explicarle a la chica de mis sueños de que básicamente toda la broma había consistido en que ella era muy, muy, muy hermosa.
Una parte de mi mente, la parte racional quiero creer, se sentía muy renuente a exponerse de tal manera frente a ella, mientras la otra parte se moría de ganas de exteriorizar todo lo que pensaba de ella, de que ella supiera que me traía totalmente loco. Y cómo si fueran franceses contra ingleses en la guerra de los cien años, ambas facciones de mi cerebro se lanzaron a una batalla campal.
—Ash… —Otra vez ese tono… ése tono que no me dejaba otra opción más que responderle.
"Al diablo"
—Básicamente Gary te describió cómo si fueras alguien… digamos, muy difícil de tratar y… muy poco atractiva… —Lo último lo dije con un hilo de voz, sabiendo que no había vuelta atrás.
Ella parpadeó un par de veces ante mis palabras.
—¿Y la broma era?...
"Maldición Serena ¿por qué me haces esto tan difícil?"
—La broma era… que eres todo lo contrario, que después de la explicación de Gary, nadie se esperaba que aparecieras… tú. —Llegados a éste punto pude sentir cómo mis manos se encontraban temblando ligeramente contra el volante, así cómo se me hacía más difícil respirar.
La boca de Serena se abrió ligeramente y un intenso rubor se instaló en su cara ante el peso de mis palabras.
—Entonces… me estás diciendo que… —Su voz de repente sonaba muy tímida.
—Qué todos en la hacienda creen que eres muy linda… sí. —Dije la frase de manera muy atropellada, con los nervios a flor de piel y con los músculos muy tensos, esperando cualquier reacción ofendida, escandalizada o alguna variante por parte de ella. Sin embargo lo único que recibí fue silencio, un silencio que sólo logró alarmarme aún más. Arriesgué una mirada hacia ella.
—Serena… ¿está todo bi…?—Ella me cortó de pronto.
—¿Y tú? —Su voz sonó muy débil y bastante ansiosa, fue mi turno para parpadear, desorientado.
—¿Yo…? —No supe qué otra cosa contestar.
—¿Tú… eh, tú también… lo crees? —Su voz fue apenas un susurro.
Volteé mi vista hacia ella, sorprendido, creyendo que no había escuchado bien la pregunta. Su cuello y cara se encontraban increíblemente rojas y sus ojos evitaban los míos.
—¿Tu pregunta es… tu, eh, es si yo creo que eres… linda?
—¿Sabes qué? Olvídalo, fue una pregunta tonta, en realidad ni sé en qué es… —Ésta vez fue mi turno de cortarla.
—Sí.
—¿Sí? —Preguntó, ligeramente desorientada.
Yo tragué en seco antes de continuar.
—Sí, yo creo que eres linda, Serena. Hermosa de hecho, lo pensé desde el primer día que te conocí, y al día de hoy… puedo decir también que eres la persona más maravillosa en todos los sentidos que conozco y yo… —solté una risa tensa debido toda la situación. —Te he cogido mucho aprecio a lo largo de estos días… A lo que quiero llegar es que yo…
—Yo también te quiero Ash.
Volteé instintivamente por enésima vez en el viaje hacia ella. Encontrándome con una de las sonrisas más bellas que he visto en mi vida, un adorable color carmesí pintaba sus mejillas.
"Vamos campeón, llegaste hasta aquí, no te acobardes ahora"
Con el último vestigio de valentía que me quedaba, busqué torpemente su mano con la mía, suspirando con genuino alivio y satisfacción cuando ella entrelazó sus dedos con los míos.
—Ahora… haznos el favor, voltea hacia el camino y llévanos en una pieza al aeropuerto ¿sí? —Me dijo, recuperando el tono de broma del principio de la conversación.
Y me reí, con verdadera felicidad burbujeando desde mi pecho. Y supe en ése momento, que todo había salido bien, que todo estaría bien.
Gary
"Éste es el buzón de: 5203…"
Con un suspiro cansado volví a colgar el teléfono. Me encontraba en el aeropuerto internacional de Unova, en la sala donde supuestamente tendríamos que haber abordado el avión rumbo a Kanto hacía media hora ya. Debido a problemas de itinerario no habíamos podido conseguir un vuelo directo a la región de Kalos, por lo que había tenido que comprar un boleto que hacía escala en Unova. Sin embargo, nos encontrábamos dentro de una intensa tormenta de nieve en la región y todo el lugar se encontraba detenido, por lo que nos encontrábamos varados en el aeropuerto. En lugar de llegar a las tres de la tarde cómo estaba previsto, llegaríamos hasta medianoche a Kanto, si es que la tormenta se detenía cómo habían previsto los noticieros, por lo que había estado los últimos quince minutos tratando de contactar con Ash para avisarle. Había logrado llamar a la hacienda, donde Alain me había dicho que Ash ya había salido y que iba a intentar ponerse en contacto con él. Sin éxito, por lo que me escribió después. Me dijo también que Ash había salido con Serena, lo que podía explicar por qué no respondía, sin embargo había llamado también a la chica, sin ningún éxito.
Preocupado, volví a los asientos donde se encontraban Clemont y su hermana, mis compañeros de viaje. Iban a la hacienda junto a otras personas importantes de diferentes regiones. Clemont había sido invitado para proponer alternativas tecnológicas de seguridad que podrían ser útiles en contra de los diferentes equipos que se encontraban amenazando a las ONG.
—¿Lograste contactar con tu amigo? —Me preguntó Clemont cuando llegué a las sillas de la sala de espera.
Negué mientras me sentaba a la par de ellos y estiraba las piernas, cansado.
—Por lo menos la aerolínea no nos dejó completamente a nuestra merced. —Mencionó Clemont mientras me mostraba tres vales que supuse le había dado algún empleado de la aerolínea. —Nos dieron vales para canjear en cualquiera de los establecimientos del aeropuerto, para que cenemos y desayunemos mañana.
—Qué considerados… —Exclamé con ironía. —Espera… ¿Desayunemos? Creí que sólo estaríamos hasta medianoche.
—Bueno, la azafata dijo que no estaban completamente seguros de a qué hora lograrán volver a salir vuelos del aeropuerto, por lo que nos dieron vales suficientes.
—Al menos… —Contesté, volviendo a sumirme en mis pensamientos. —Dicen en las noticias que la tormenta se dirige a Kanto… Tan sólo espero que no agarre a esos dos en medio de la carretera.
Y pues bueno, el cap está escrito desde hace un rato ya, pero por diversos motivos no he podido subirlo hasta ahora, ¡Espero lo disfruten!
Diazlupe789: ¡Gracias! Me alegra un montón que te esté gustando la historia, espero lo siga haciendo :3 ¡Un saludo!
Carlos Urbina: ¡Gracias! En lo personal creo que todavía puedo mejorar mucho la escritura y es por eso que ando arreglando los capítulos más viejos, aún así, espero que te guste éste.
Y pues eso ha sido todo, ¡Un saludo!
Requiescat in Pace.
Altaïr.
