Disclaimer: Todo le pertenece a J.K. Rowling, excepto mis palabras para describir una historia inventada e imaginada por mi mente como es "Mr. and Mrs. Malfoy". Yo solo pido prestada su creatividad para divertirnos un rato. Ah, y cualquier similitud con la película "Mr. and Mrs. Smith" no es mera coincidencia.
N/A
¡Hola!
Vengo a confesarles que no me pude resistir a seguir escribiendo esta historia *se sonroja*. ¡La disfruto tanto que ya avancé, incluso con el capítulo siguiente!
Primero que nada, agradecer los reviews de aquellas personas que se interesaron en este fic y me dieron su aprobación para seguirlo publicando ¡Son lo más!
Segundo, debo disculparme porque en el capítulo anterior cometí algunos errores de tipeo y estoy muy avergonzada *sería un buen momento para usar el emoji en wpp de la chica que se cubre la cara con una mano y rueda los ojos* (espero me hayan entendido). Y vuelvo a disculparme, porque seguro me pasa lo mismo con este capítulo :D Lo siento, pero necesitaría un alma bondadosa que me los corrigiera antes de publicarlos, por ahora no se ha presentado tal ser humano o dios que lo haga, así que seguirá siendo así. (Sepan entender que en Argentina es la una de la madrugada, en este momento).
Por último, con respecto al capi, es un poco monótono por momentos, pero es para que entiendan la relación fatigada entre los personajes principales. Además, les cuento que, me he inspirado en la canción de Charly García y Pedro Aznar, llamada "Hablando a tu corazón", para hacerlo; por si quieren escucharla, es hermosa.
Sin más preámbulos se los entrego con amor…
Fin N/A
CAPÍTULO 2: De Tiny Dancer y los cigarrillos.
Draco aparcó su audi detrás del auto de Hermione, frente a una casa blanca antigua, en un barrio muy tranquilo de Londres. La entrada tenía tres escaleras hasta la puerta con forma de arco de medio punto. Tenía una ventana del mismo estilo, con unas persianas de madera que se habrían hacia afuera y que daban al cantero que recibía a sus dueños. Era una casa que había pertenecido a los abuelos de Hermione, ésta la había heredado, tras el fallecimiento de ambos. Era grande y se extendía en forma de budín* hacia delante, luego de cruzar la puerta, había un vestíbulo con unos sillones y una mesita. Al cruzarlo seguía un pasillo muy largo como de doce metros de largo; de un lado había dos habitaciones con un baño entre medio, del otro lado había un patio interno con plantas en canteros y un techo de cañas que dejaba entre ver la luz del sol, se desarrollaba conforme al pasillo y se podía apreciar a través de los grandes ventanales corredizos, que eran la cara de enfrente de las habitaciones. El final del pasillo conducía a unas puertas de vidrío de distintos colores, que durante el día parecían reflectar un arcoíris. Al atravesarlas estaba el comedor con una mesa larga y rectangular de madera, y un juego de sillas; un armario de roble donde se guardaba la vajilla y una gran chimenea. En frente había una puerta con mosaicos que daba a una habitación con baño propio y ventana al patio del fondo. Luego seguía la cocina con una mesa de desayunador y en un rincón alejado, detrás de la cocina estaba la lavandería a la cual se accedía a través, de una pequeña puerta. Para salir de allí sin dirigirse a ésta última, se abrían dos puertas hacia afuera, que tenían los mismos vidrios de colores que la puerta al final del pasillo. Al cruzarlas, se encontraba un paltero* gigante que extendía su sombra hasta el camino de una cerca grande de metal oscuro. Al atravesarla llegabas al jardín con una pileta y una parrilla debajo de un gran sauce viejo. Hermione amaba esa casa, tenía muchos recuerdos agradables de ese lugar, como cuando cocinaba flan con su abuela, o cuando su abuelo le prestaba sus herramientas. Ana Granger, le había enseñado todos sus libros y algunas veces la dejaba leérselos en voz alta. Muchos en su familia, decían que Hermione era la viva imagen de su abuela.
Los Malfoy entraron rápidamente, pero no se detuvieron allí. Siguieron hasta la chimenea y de un bote grande, repleto de polvo, tomaron un puñado y dijeron otra dirección. Con unas flamantes llamas verdes se aparecieron en la chimenea de la gran mansión de los Malfoy al sur del mundo mágico. Era nueva, la habían inaugurado ellos, apenas se habían casado. La casa de Hermione les servía para llegar al mundo muggle y aparentar esa vida, siempre volvían a la mansión después de todo. A veces, ella usaba la anterior casa de sus abuelos, para pasar un tiempo a solas y alejada de toda la vorágine de lo que implicaba ser una heroína de guerra.
No habían hablado después de la sesión en ningún momento, parecían fantasmas que se deslizaban por la gran mansión sin siquiera dirigirse la mirada. Draco fue al mueble de mármol negro que estaba en el salón principal y sacó una botella de whisky de fuego para servirse en un vaso de vidrio.
—¿Cena a las nueve? —preguntó Hermione.
—Hecho —confirmó él mientras agregaba unos hielos a su trago.
Hermione buscó su varita y se colocó la túnica sobre la ropa que llevaba puesta. Cambió su bolso y se colgó el otro al hombro. Dándole la espalda a su marido, se dirigió de nuevo a la chimenea, pronunció la dirección del Ministerio de Magia y desapareció entre las llamas. Draco sorbió lo último que le quedaba de whisky y repitió los mismos pasos que su mujer; tomó su varita y su maletín, se colocó la túnica y dentro de la chimenea pronunció "Malfoy's Co."
—Buenas tardes Sr. Malfoy —le sonrió su secretaria al otro lado del gran salón de la recepción.
—Buenas tardes Lena ¿Alguna novedad? —preguntó acercándose al mostrador.
—Ninguna, Sr. —contestó ella mordiéndose el labio inferior.
—Bien —sonrió incómodo mientras se apartaba— cuando llegue el Sr. Nott hágalo pasar, por favor. —Lena asintió y no apartó su mirada de él hasta que se adentro en su despacho.
Malfoy entró y se dejó caer en el asiento frente a su escritorio, abrió su maletín y sacó de allí el celular. Sabía cómo habilitar sus funciones en el mundo mágico gracias a un hechizo que le había enseñado Blaise. El moreno lo había descubierto impulsado por la necesidad de usar internet en el trabajo, vaya a saber uno para qué. Mejor no pensar en eso, se dijo Draco. Con Zabini no sabías que esperar.
Desbloqueó el celular y miró el reloj. Aún tenía unos minutos antes de que llegara su socio. Clickeó el ícono del chat y encontró rápidamente el nombre que buscaba, escribió "¿Estás?" y sin poder retrasarlo más oprimió el botón de enviar.
Hermione apareció en el Ministerio y se dirigió al ascensor. Entró en él rápidamente antes de que se cerrara detrás de la gente que salía del mismo. Por suerte quedó vacío, o eso casi sucede, si no hubiera sido por la mano de Ron interrumpiendo que se cerrara y permitiéndose así su entrada.
—¡Mione! —saludó entusiasmado —¡Cuánto tiempo sin verte! —dijo mientras la miraba de arriba abajo, Hermione se sintió muy incómoda —ya no te pasas más por el negocio.
—Hola Ron —dijo sorprendida Hermione que había recibido un efusivo abrazo repentino por parte del pelirrojo— Sí, lo siento. —se separó lentamente de él— ya sabes, el trabajo.
—Entiendo…sabes que puedes venir con él, ¿Cierto?
—Sí Ron, lo sé. —no iba porque no quería. Ron había dejado su carrera de auror para trabajar en el negocio de los gemelos, ayudando a George con todo el trabajo. Él se sentía más cómodo con eso que con las responsabilidades que la sociedad pudiera exigirle. A ella no le gustaba ir mucho a la tienda, le recordaba la pérdida de Fred y también de su amigo. Porque para ella, lo que era Ron ahora, no se parecía en nada al muchacho que ella había conocido en Hogwarts. Es decir, Ron era Ron, pero ya era aburrida y exasperante su comodidad con la vida. No podía tolerar verlo sentado y amasando la fortuna de otros, sin hacer ningún esfuerzo. Sin mencionar que, cada vez que iba se encontraba con Lav-acerebros-Brown.— ¿Qué tal está Brown?
—¡Genial! —exclamó con una sonrisa que no llegó a sus ojos— ya sabes, es la madre de mis hijos.
"Departamento de Aplicación de la ley Mágica, Piso 2: Oficina de Aurors, Departamento de Sustancias Intoxicantes, Oficina de Uso Incorrecto de la Magia, Oficina Contra el Uso Incorrecto de Artefactos Muggles, Oficina para la detección y Confiscación de Falsificación de los Hechizos Defensivos y Objetos de Protección, Servicios Administrativos del Wizengamot". Interrumpió la voz nasal de una mujer que repetía cada sub categoría que ofrecía el piso en el cual se detenían. Salvada por la campana, pensó Hermione. Se abrieron las puertas y antes de salir extendió la mano para saludar a Ron. Este la ignoró y le dio otro abrazo. Ella puso los ojos en blanco y se apartó cuidadosamente. Ambos salieron del ascensor mágico.
—Voy a ver a Harry ¿Quieres que te acompañe a tu oficina? —Genial.
—No, gracias —dijo con una sonrisa— Debes estar apurado.
—Insisto —dijo él con una sonrisa. Que Morgana me ayude.
—Bien. —asintió ella y se dio media vuelta hacia su despacho sin comprobar si la seguía o no.
—Caminas rápido —le dijo Ron con la voz agitada.
—Hago ejercicio —dijo ella encogiéndose de hombros.
—¿Irás mañana? —preguntó él mientras doblaban la esquina. Ya casi llegas.
—Por supuesto, me matarían si no voy —dijo Hermione resaltando lo obvio. Una puerta más, se alentó a sí misma.
—Cierto, eres la dama de honor.
—Cierto —dijo ella, ya deteniéndose frente a su puerta— Bueno, fue un gusto verte Ronald.
—El gusto fue mío —acto seguido, tomó la mano libre de Hermione y le dio un beso en el dorso. Ella abrió mucho los ojos— Nos vemos mañana.
—Hasta mañana —dijo muy consternada abriendo la puerta de una maldita vez y cerrándola a su paso. Dejando a un Ron Weasley muy perplejo atrás. Hermione cerró los ojos y suspiró.
—Buenas tardes Sra. Malfoy —le dijo Ian, su asistente.
—Hey —dijo ella respirando entre cortadamente mientras recomponía el ritmo de su corazón.
Draco salió de la chimenea y miró su reloj. Nueve menos dos minutos. Perfecto. Se quitó la túnica, dejó el maletín y se dirigió al comedor.
—Hola —lo saludó Hermione terminando de poner el vino en la mesa— ¿Qué tal el trabajo? —Draco se acercó y le besó la mejilla. Luego caminó hasta la otra punta de la mesa, donde él se sentaba.
—Normal, ya sabes. —No, no lo sé. Por eso te pregunto. Sonrió ella.
—Bien.
—Bien. – acordó él. Hermione se sentó en la otra punta.
—Estofado, mi preferido – dijo Draco señalando su plato.
—Ridens lo preparó —dijo Hermione. Como si no supiera que odió cocinar, bufó mentalmente.
—Claro, pensé que se había tomado vacaciones… —dijo el levantando una ceja.
—Pues ya regresó —Ridens era su elfo doméstico.
—Es obvio —Hermione clavó con más fuerza de la necesaria el tenedor sobre la carne— Cariño ¿Me pasas la sal?
—Está en el medio de la mesa.
—¿En el medio de la mesa?
—Correcto —dijo ella mirándolo a los ojos— entre tú y yo.
—Cierto —sonrió él con falso cariño.
Terminaron de cenar en silencio. Hermione comenzó a levantar los platos y a llevarlos a la cocina. Ridens apareció ante el llamado de Draco y Hermione lo miró mal. El elfo terminó de hacer el trabajo. Ella se fue a su cuarto y él al de visitas.
Sábado. Hoy ninguno de los dos trabajaba. Desayunaban juntos y luego cada uno hacía sus actividades recreativas. Draco iba a clases de boxeo con Blaise y Theo. Parecía extraño que siendo magos acudieran allí, pero hacía unos años que habían descubierto ese deporte muggle y era mucho más divertido que las clases de duelo en el mundo mágico. Hermione por su parte iba a yoga con Luna. Ella se lo había propuesto a su amiga revenclaw, porque creía que era un buen ejercicio muggle que podría gustarle. Luna aceptó al instante, adoraba todo lo que se relacionara con lo espiritual y cualquier actividad que implicara estar con su amiga. Hermione podía dedicar un espacio a sí misma y liberar tensiones, por lo que cada sábado desde hacía un año, iban juntas a las diez de la mañana.
Almorzaron cada uno por separado y llegaron casi al mismo tiempo a la mansión. Hermione subió las escaleras en dirección a su cuarto, dejó su bolso con la ropa de deporte en la cama, se deslizo hacia al baño y sacó dos toallas, tapo la salida del agua y abrió la canilla dejando lugar a la inundación de la bañera. Volvió al cuarto y buscó en el armario su vestido corto hasta la rodilla, de seda negro, obsequio de Pansy para la ocasión, y lo dejó sobre la gran cama matrimonial. También sacó unos stilettos, esta vez regalo de su suegra; eran abiertos, tenían un taco y una fina plataforma negros, las tiras que sostenían el pie eran transparentes, los puso en el suelo al borde de la cama. Después se quitó los zapatos que llevaba puestos y se bajó la falda tubo que aprisionaba su cintura, se desprendió la camisa blanca y reveló sus rulos desatándose la cola de caballo, que llevaba hasta el momento. Dejó sus aros de perlas sobre la cómoda y se quitó la ropa interior. Entró al cuarto de aseo y se encontró con la bañera lista para sumergirse en ella. Cerró la puerta y apagó la canilla para que dejara de salir agua. Hermione sumergió uno de sus pies dentro y sonrió cerrando los ojos ante la leve caricia que le enfundó el pie como un delicado guante. Una vez dentro, alcanzó su varita, la cual había dejado al borde de la bañera, y con un hechizo no verbal silenció el cuarto, la regresó a su lugar anterior y solo en ese momento se permitió sentir, no evito las contracciones de su cara que le producían el ardor de angustia en su vientre y los sollozos seguidos de lágrimas que caían por sus mejillas perdiéndose en el agua. Sumergió su cabeza queriendo olvidarse de todo por unos segundos.
Mientras Hermione se bañaba, un Draco ya aseado salía de la ducha perteneciente al cuarto de huéspedes. Los Malfoy no compartían ni el baño, ni la cama, casi que tampoco la casa. Su relación era tan fría como el primer contacto del piso helado bajo los pies que buscan calor al descender de la cama en invierno. Malfoy se cubrió con una toalla debajo de su torso y se pasó una mano por el cabello mojado despidiendo a su paso gotas en todas direcciones. Salió del cuarto de baño y subió a buscar su ropa. Entró a la silenciada habitación y se dirigió al enorme armario. Rebuscó entre las perchas una camisa color verde petróleo, tomó una corbata negra y sacó un traje azul oscuro que estaba enfundado en un sobre negro. Se perfumó y vistió rápidamente. Miró su reloj en el brazo izquierdo que marcaba las cuatro treinta de la tarde. Tenían media hora. Se desapareció hacia el callejón Diagon.
Hermione salió de la bañera, rodeo su cuerpo con una toalla, desempañó el vidrió con un hechizo y des silenció la habitación, justo para escuchar a Draco desaparecer. Debían quedar treinta minutos para irse. Se apresuró a aplicarse la pócima que le alisaba el cabello en sus manos y deslizar entre sus dedos cada mechón húmedo de arriba hacia abajo lentamente. Luego se lo secó con un rápido movimiento de varita y buscó unos clips para recogerse el cabello en un rodete caído con algunos mechones sueltos, que le daban un aspecto más relajado y natural. Aplicó una máscara de rímel sobre sus pestañas alargándolas con cada movimiento, agregó color a sus mejillas y pintó sus labios con un labial rojo sangre. Terminó de secar su cuerpo con la toalla y se dirigió a la habitación, buscó entre sus cosas el bote de crema humectante para el cuerpo y la deslizo desde sus piernas hasta sus manos hidratando cada centímetro de piel a su paso. Se puso perfume y se enfundo en el vestido y los zapatos que había escogido. Sacó unos pendientes plateados pequeños, de una cajuela y se los colocó dándole un toque de brillo a su rostro. Hermione recorrió la visión de su apariencia que le daba el espejo de cuerpo entero al lado de la cómoda. Sonrió, era otra persona. No se reconocía, pero no porque ahora usara ropa elegante y caros perfumes, ni porque ahora se maquillara más o se peinara sus rebeldes rizos. Sino porque, la persona que veía frente a ella no sabía reír, no conocía las emociones ni podía llorar. Era una muñeca. Ella y Draco eran muñecos en una vidriera esperando que alguien pague por jugar con ellos. Su relación era tan superficial, que lo único que podrían escribir sobre ellos, sería como se disfrazaban para salir al exterior.
Draco se apareció en la sala principal de la mansión con un paquete en las manos envuelto en papel de regalo, justo cuando Hermione bajaba por las escaleras a su encuentro. Ésta tomo el brazo que el rubio le ofrecía y la habitual sensación de la aparición se prolongó por sus cuerpos encogiéndolos y trasladándolos juntos hacia su destino.
Un gran jardín con pinos gigantes y arbustos con jazmines se dejó ver apenas llegaron. Otras cuatro personas avanzaban a unos metros delante de ellos hacia las sillas blancas en dos hileras grandes que formaban un pasillo lleno de pétalos, el cual terminaba en un gran altar. Los Malfoy se soltaron, pusieron su mejor sonrisa y caminaron juntos por el sendero que llegaba hasta la mesa de los regalos.
—¡Pero miren quienes llegaron! —dijo un muy entusiasmado Blaise acercándose a ellos. Draco dejó el pesado paquete y le sonrió a su amigo.
—¿Listos para presenciar la boda más loca después de la de ustedes? —dijo una pelirroja sexy, al lado del moreno. Tenía un vestido negro igual al de Hermione, pero lo acompañaba con unos zapatos rojos de gamuza.
Draco y Blaise se abrazaron y palmearon sus espaldas. La Sra. Zabini abrazó a la Sra. Malfoy y se la llevó con ella a buscar a Luna, dejando solos a los otros dos.
—Vamos a la carpa que está por allá —le dijo a la castaña señalando a lo lejos una carpa grande y blanca un poco más alejada de allí.— ¿Cómo fue todo? —le preguntó.
—Bien, supongo.
—Mione —se volteo hacia ella y detuvo su mecánico andar— Escúchame, pareces una momia ¿En serio estas bien?
—Y eso que puse todo mi esfuerzo en maquillarme —dijo Hermione con parsimonia. Ginny la miraba seria.
—Sabes a que me refiero.
—Nada cambió en nuestra relación, sigue igual de maltrecha que antes, pero…
—¿Pero…?
—Pero me siento tan triste que ya casi no puedo disimularlo. —dijo en un susurro.
—Hermione —le dijo su amiga tratando de esconder la pena que sentía por ella— yo creo que esto es muy bueno —la ojimiel levantó la mirada levemente curiosa— sientes tristeza, pero sientes Hermione. ¿Hace cuánto no sentías? Desde hace dos años que te veo indiferente a todo.
—Puede que tengas razón. Por lo menos nos dirigimos la palabra en la sesión. —dijo con un atisbo de esperanza en la voz— Oh Gin, extraño vivir.
—Lo sé amiga —dijo la pelirroja abrazándola— Lo sé. Todo se va a resolver.
—Gracias.
Ambas se despegaron y caminaron de la mano hasta la carpa donde las esperaba una muy feliz Pansy enfundada en un vestido largo y blanco.
—¡Hola Hermione! —saludó con entusiasmo Luna Lovegood y la abrazó. La castaña lejos de sorprenderse por el arrebato cariñoso de su amiga, recibió la calidez de sus brazos con añoranza. La echaba de menos, por más de que la hubiera visto esa misma mañana.
—¡Hasta que por fin llegas! —dijo una Pansy al borde de un ataque de nervios, con los brazos en jarras.
—Lo siento Pans, te ves hermosa. —se acercó Hermione para abrazarla.
—Ya. No tanto amor que se me correrá el maquillaje —dijo cambiando de repente su voz a un susurro.— Oh… mis damas de honor de color negro —agregó emocionada despegándose de Hermione. Las tres rieron, recordando el momento en que Pansy les había dicho que vestirían de negro para su boda "¿Estás segura?" había preguntado Luna sorprendida, a lo que una muy segura slytherin había contestado "No hay nada más elegante y fino que el negro, eso es todo lo que diré".
—¿Nervioso Potter? —preguntó Draco al niño que vivió. Harry rodó los ojos.
—No tanto como tú el día de la tuya —lo acusó. Draco no pudo evitar recordarlo.
Una tarde primaveral llena de colores y de distintas variedades de flores que componían la mejor imagen que sus ojos mortales le permitían visualizar, apareció en su mente. En ese momento creyó que no había nada más hermoso, hasta que había llegado ella.
—¡Por Merlín Draco! ¡Vas a desgarrarte la piel de las palmas si sigues apretando tus uñas contra ellas! —le había dicho Theo con fingida preocupación.
Malfoy se había quedado sin habla, sin palabras que describieran lo que había sentido en ese momento. Hermione se había acercado tomada del brazo del señor Granger, con un vestido blanco perlado, era de una seda brillante, con breteles muy finos y escote triangular, por detrás se abría uno mucho más prominente que dejaba ver sus omóplatos y llegaba hasta la mitad de su columna vertebral. Era largo hasta el suelo y se ajustaba a la perfección a cada curva de su cuerpo. Llevaba el pelo peinado con una raya al costado dejando que grandes ondas castañas cayeran para el lado derecho. Se había aplicado una sombra plateada delineando apenas el contorno de sus ojos, ésta hacía juego con la hebilla que brillaba tirándole el pelo para el lado izquierdo, y un labial bordó enmarcaba sus labios, que pronto habían dejo a la vista una espléndida sonrisa de dientes blancos.
El padre de Hermione le había acercado la mano a Draco que había estado hiperventilando por dentro hasta entonces. Ella había reído por lo bajo y lo había tomado de la mano mientras se sonrojaba levemente. El toque que le faltaba, había pensado Draco.
—¿Cuándo te volviste loca y decidiste casarte conmigo? —le había preguntado al oído él, acercándola hacia sí un poco. Ella se había sonrojado más, si eso hubiera sido posible y le había devuelto una leve sonrisa.
—Cuando me prometiste que no me arrepentiría.
Draco volvió al presente justo para cuando comenzaba la ceremonia. Miró a su esposa detrás de Ginny, estaba hermosa, excepto por el rastro de melancolía que surcaba sus ojos. Y lo que más le dolía era ser el causante de su tristeza. ¿Estaría arrepentida ahora de haberse casado con él? Por supuesto que sí. Se reprendió mentalmente por siquiera ponerlo en duda. Ni eso pudo hacer bien. Desde que tenía memoria todo le salía mal, su padre lo reprendía a cada momento y los niveles de exigencia que manejaba sobre él eran tan altos, que su autoestima rosaba lo absurdo. Pero no podía, no quería excusar su conducta con eso. ¿Cuándo te volviste loco y la cagaste tanto? Esa era una pregunta que su yo feliz del pasado no imaginaria nunca hacerse en el futuro.
Después de que Pansy y Harry se besaran y pasaran a ser oficialmente "Los Potter", todo el mundo se acercó a felicitarlos, y de a poco algunos se fueron encaminando hasta la carpa más grande, que correspondía al gran salón. Draco esperó a Hermione y le ofreció su brazo para caminar juntos detrás de la multitud. Ella lo tomo y fueron todo el camino en silencio. Era tan incómodo, eran dos corazones marchitos en cuerpos de jóvenes.
El lugar estaba repleto de mesas redondas empapeladas de blanco y listones negros, ellos tenían que dirigirse a la mesa principal, junto con los recién casados. Se realizó el brindis correspondiente y así de rápido como empezó la cena se terminó. La noche se hizo presente y la música comenzó a sonar en la pista. Draco salió a tomar aire, odiaba las multitudes. Hermione por su parte se quedó sentada charlando con Neville, hasta que Theo invitó a Luna a bailar, Harry y Pansy ya habían abierto el baile y estaban felices en el centro de la pista, y Ginny estaba siendo arrastrada por su esposo a la misma perdición. Hermione, incluso vio a Ron bailando con Lavander, y a su hijita de año y medio correteando por allí con los gemelos de Luna.
—¿Me concedería esta pieza? —dijo Neville tratando sin éxito, de imitar una voz formal y refinada. Hermione rió, todo lo que sus fuerzas se lo permitían, con el mismo éxito que el de Longbottom con su voz. Aceptó la mano que le ofrecía el chico y se deslizaron hasta la pista.
—¿Cuán perdedores somos Nev? —le dijo ella a su amigo, mientras se dejaba guiar por la música lenta de ese momento ("Tiny Dancer" de Elton John).
—Bueno, considerando que tu matrimonio es un fracaso y que yo no he encontrado al hombre de mi vida aún… —se detuvo para darle un delicado giro a la chica, ella sonrió débilmente.
—Uhh, eso dolió —Neville ignoró sus palabras.
—Supongo que somos un poco menos perdedores que Julienne y George en "My Best Friend's Wedding". —con las pocas fuerzas que le quedaban, Hermione se carcajeo. No podía ser más feliz de tener a Neville como su amigo.
—Gracias por ser tú —le dijo con aprehensión.
—Cuando quieras muñeca —contestó él mientras guiñaba un ojo. Siguieron bailando hasta que terminó la canción.
—Debería buscar a Draco… —su amigo asintió.
—Ten cuidado. —le dijo mientras le daba un beso en la mano y la dejaba alejarse.
Hermione caminó hasta la salida y el solo contacto con el viento helado del exterior le produjo un escalofrío que recorrió todo su cuerpo dejándole la piel de gallina. Inspiró profundo y caminó rodeando la carpa. No tenía idea de donde podría estar Draco, solo quería buscarlo para irse a casa, no aguantaba más tantas emociones juntas. Seguida por un instinto se dirigió hacia un conjunto de pinos que parecían rodear algo. El ambiente cada vez era más frío, tenía que abrazarse a sí misma para darle sensación a su cuerpo de calor. Atravesó el pequeño bosque hasta donde los troncos eran tan altos que no dejaban ver sus copas y lo encontró. Al borde del lago, sin el saco del traje, la camisa arremangada hasta el ante brazo, su mano derecha en el bolsillo y la otra con un cigarrillo. Ella se acercó lentamente, la luna se reflejaba en el lago y él tenía su mirada oscura, sin brillo.
—¿Desde cuándo? —dijo Hermione sin poder evitar que la voz se le quebrara mientras miraba su mano izquierda.
—¿Desde cuándo silencias el cuarto de baño? —le dijo sin mirarla a los ojos, mientras le daba otra calada al cigarrillo.
—Esto apesta —dijo mirando ceñuda el nuevo (o eso esperaba) vicio de su esposo. El silencio de éste laceró su piel y sin contenerse desapareció.
—Ojalá apestara a Beatitudinem —agregó él segundos más tarde. Tiró la colilla y se desapareció tras ella.
N/A
* Era grande y se extendía en forma de budín. Con esto me refiero a las casas "chorizo", se les dice así en Argentina, a aquellas casas que son angostas y de gran extensión a lo largo. Si las buscan en internet aparecen imágenes que les pueden dar una mejor idea.
* Paltero. Es un árbol que da paltas. Para quiénes no estén familiarizadas con el término, sé que en otros lugares del mundo es conocida como "aguacate".
¡No me maten! Sé que algunas personas me odiaran por haber hecho gay a Neville, pero lo cierto es que mientras escribía esa situación, la idea se me vino a la cabeza y no lo pude evitar. No sé, fue una intuición.
Dejando mi asesinato de lado... ¿Qué les ha parecido? ¿Sigo esperando un review con su opinión o me mudo a otro planeta?
Ojalá les siga gustando y quieran más capítulos de esta historia ¡Porque estoy muy inspirada y las alertas no dejarán de sonar en estos días!
Hasta la próxima!
Cygnus.
Fin N/A
