Disclaimer: Los derechos de Harry Potter no me pertenecen, pero es lindo soñar…
N/A
¡HOLA!
¡Quiero recontra agradecerles sus comentarios tan agradables hacia la historia! Me encanta que les esté gustando, que se obsesionen y que quieran prontas actualizaciones. Si por mí fuera, lo haría más rápido, pero arrancando con las actividades y poniendo el año en funcionamiento, se me hace más difícil a partir de ahora. :(
Espero que me tengan paciencia y sepan entenderme, porque soy muy feliz con sus reviews *corazones*
Tengo dos cosas para decirles: Pimero, les debo una explicación del asterisco en la mención de "Koh Yao Yai", ya que me olvide de hacerla abajo del capítulo anterior. Era para aclararles que era una Isla de Tailandia. Si quieren pueden comprobarlo en internet, realmente es muy hermosa y me parecía muy extraña (acorde a la pareja que se casaba). Segundo, contarles que este capítulo tiene, como otros, una recomendación musical, pero aquí tiene mucho protagonismo en una escena en especial *guiño* se darán cuenta. Se llama "She moves in her own way" es de la banda británica "The Kooks".
Fin N/A
CAPÍTULO 6: De impulsos y esperanza.
No es fácil entender cómo llega uno a ese momento, es más como un deseo de reconstrucción, de que funcione, de un fluir de sentimientos. Nos atascábamos en largas sesiones de orgullo, mencionando seres individualistas, lo que éramos como humanos egoístas. Eso de lo que nos enamoramos, fue de lo que podemos arrepentirnos. Pero lo cierto, es que somos tan o más idénticos que a nosotros mismos en la adolescencia. Nos encontramos pensando en que nos queda mucho por decir. Qué tanto uno como el otro es materia, esa que compone el cuerpo, ese que se descompone en átomos. Somos otra cosa. Nada distinto de lo que creíamos, pero sí de lo que idealizamos. Sabíamos poco y por eso concretamos lo que nos hacía mal. Teníamos poca fe desde el principio en nuestra relación, lo sabíamos, lo creíamos, lo hicimos real. Tanto tiempo para vernos como somos y darnos cuenta de que el amor fue una construcción inconsciente de nuestras expectativas. Mentira, es pensar que no podemos contra todo. Será difícil, pero estamos dispuestos al desafío de qué nada se pierde, todo se transforma. – Reflexión primera, DM. Noviembre del 2008. Londres.
Volvían de la sesión y el auto estaba repleto de un silencio sepulcral. Era incómodo. Hacía mucho que no les incomodaba su silencio. O al menos eso creían ellos, porque sus pensamientos podían escucharse desde cualquier lugar del mundo. El sonido de las ruedas rasgando el asfalto y el viento chocando contra la velocidad, eran insonorizados por todas las imágenes, conversaciones y sensaciones que plagaban sus mentes.
—Hace mucho no vemos una película…
—¿"Muy románica"? —dijo Draco imitando la corrección que le había hecho ella en la sesión. Hermione sonrío.
—Sí, de esas.
Volvieron a su pausa en el camino. El silencio cubrió de nuevo sus rostros y sus mentes volvieron a hablarles. Parecían dos desconocidos en su primera cita. No se comunicaban, estaban nerviosos, pero por dentro el corazón parecía hacer señales de humo para reclamar su atención.
—¿Recuerdas lo que hice para…
—Sí. —lo cortó adivinando hacia donde iba, ella estaba recordando lo mismo —me acuerdo que tuviste que preguntarle a Harry qué me gustaba hacer cuando no leía —Hermione río.
—Patético.
—No eras patético. Estabas…
—Sí —solo lo iluminaban las luces del tablero frente al volante, pero incluso en la oscuridad podía apreciarse un leve color en sus mejillas. Estaba loco por ti, había querido completar.
—¿Por qué? —no pudo contenerse, necesitaba saberlo. Nunca se lo había preguntado. Draco suspiró.
—Hermione, yo…—una melodía caótica sonó en el bolso de Hermione. Rebuscó en él hasta encontrar su celular. Miró la llamada entrante y tocó el botón verde.
—Hola mamá —contestó ella— Bien, sí. —lo miró a Draco— Bueno…no sé si… —él se volvió a verla y asintió— llegaremos en unos minutos. Sí. ¿Quieres que llevemos algo? Bien, adiós.
Draco dobló por la derecha cambiando la dirección. No volvieron a hablar hasta llegar a la casa de los Granger. Aparcaron el auto en el puente de la entrada de una casa blanca de ventanas azules. Se bajaron con una torta helada que habían comprado en el camino, junto con una botella de vino tinto, y avanzaron por el sendero de piedritas blancas hasta la puerta. El rubio colocó la mano en la espalda baja de Hermione y tocaron el timbre.
—¡Pero si son mi hija y mi yerno preferidos! —los recibió emocionada la Sra. Granger.
—Mamá —rodó los ojos Hermione— si somos los únicos que tienes.
—¡Oh! pero podrían no serlo —dijo ella sin ocurrírsele mejor excusa. Abrazó a su hija y tomó el paquete que ésta llevaba en sus manos. Luego abrazó al rubio que le dio una sonrisa, se giró a Hermione y le dijo, como en un susurro, pero audible para ambos— ¿Cómo hace para seguir tan guapo? —mientras le guiñaba el ojo al chico y Draco río estruendosamente.— Bueno pasen, pasen —le shizo señas para que entraran.
Los Malfoy siguieron a Jane Granger por un pasillo angosto despojado de cuadros y adornos, hacia la cocina. Era pequeña y de color beige, el suelo estaba recubierto de baldosas estilo colonial y estaba repleta de electrodomésticos, con los que el mago aun lidiaba para entender. Había varias estanterías llenas de especias, que podrían confundirse con las repletas de pócimas, en el despacho del profesor Snape. Una mesa pequeña en un rincón con dos sillas y una pared con un rectángulo grande de corcho, en el que tenían pinchados posticks y recetas.
Algo que parecía estarse cocinando en el horno olía delicioso. Hermione metió la torta en el freezer y le pidió a Draco la botella para guardarla en la heladera.
—¿En qué puedo ayudarle Sra. Granger? —dijo un muy educado y maduro Draco. Hermione no pudo evitar sonreír, recordaba lo que le había costado a él cambiar a eso. Siempre tan acostumbrado a que hicieran las cosas por él. El rubio la miró enarcando una ceja.
—Querido, pensé que a esta altura ya habría quedado claro cómo tenías que llamarme.
—Es cierto, lo siento Jane. —la madre de su esposa sonrió.
—En absolutamente nada. Greg se está encargando de la cena, lo he convertido en todo un "amo de casa." —Hermione y Draco rieron ante ese apodo.
—Te escuché cariño. —la acusó el Sr. Granger entrando con un delantal y una pila de platos que apoyó en la mesada, le dio un beso en la mejilla a su mujer. Luego se acercó a su hija extendiéndole los brazos para que ella se acurrucara en un abrazo— ¿Cómo estás princesa? —le susurró al oído, Hermione se despegó un poco y le sonrió. Aun se sonrojaba cuando la llamaba así en público, a pesar de que fuera delate de su pareja.
—Bien papá. —él asintió y se apartó.
—¡Albino! —le abrió los brazos a su yerno. Draco puso los ojos en blanco y rio.
—¡Calvo! —Le dijo él imitando su gesto. Se rieron y abrazaron palmeando sus espaldas.
—¡Qué bueno es tenerlos aquí! Ahora salgan, que voy a llevar los platos a la mesa. —los espantó con una manopla. Todos se fueron al comedor que quedaba justo enfrente.
Después de una deliciosa cena y un buen postre, se habían sentado en los sillones del living a tomar café. El fuego crepitaba provocando que la leña rugiera en la chimenea, con un lento desgranar convertido en brazas, añadiéndole calidez a la imagen de cuatro personas hablando y contándose cosas sobre sus vidas, ignorando por unas horas todos los problemas que podrían perturbarlos.
Pasada una hora la Sra. Granger se había levantado y dirigido a la habitación, alegando que debía acostarse temprano, porque al otro día tenía algunos turnos en la mañana. El Sr. Granger, por otro lado, había decidido quedarse un poco más y terminar la partida de truco que había comenzado con su hija hacía media hora.
Habían dejado prendido el equipo de música, con un disco de los Beatles, los favoritos del señor Granger. Y de pronto Draco recordó la primera vez que ella le había mostrado su casa y sus cosas muggles.
—¿Qué son estos? —había preguntado él con el ceño fruncido, mientras levantaba una cajita de plástico pequeña y cuadrada de una pila llena de eso. Hermione se había volteado a verlo y la había recibido.
—Es un CD, un disco que se coloca aquí —había tocado un botón del equipo de música, que estaba sobre un mueble de madera y se había abierto hacia afuera una plataforma— y se escucha por allí —había señalado uno de los dos parlantes que lo rodeaban— ¿Quieres elegir uno y lo probamos? —Draco había asentido con entusiasmo. Y se había dispuesto a buscar en la pila. Después de unos segundos se lo había tendido a ella.
—Este —había dicho. Ella se había acercado a buscarlo. Era una tapa blanca con los integrantes de la banda en blanco y negro, con sus respectivos instrumentos. Y en letras rojas decía "inside in/inside out". Hermione sonrió.
—Es uno de mis preferidos. —era de una banda nueva, poco conocida en ese momento. Ella lo había encontrado dentro de la tienda a la que siempre iba en el verano, lo había probado con los auriculares y le había gustado tanto que un impulso la había llevado a comprado sin dudar. Y después como toda sabelotodo había ido a internet a investigar a la banda— El grupo se llama "The Kooks". —había extendido su mano a la plataforma, encajado en uno de los huecos redondos el CD y pronto una melodía dulce había empalagado sus oídos— el género que hacen se denomina "indie-rock", son británicos. La banda se formó en Brighton, East Sussex, a principios de éste año. —después de haber dicho eso había cerrado los ojos y dejado que su cuerpo se moviera por inercia siguiendo la melodía. Draco no tenía idea a qué se había referido con toda esa información, se había perdido en sus palabras, en cómo hablaba concentrada de algo que le gustaba. Se había acercado lentamente, la había rodeado por la cintura y depositado un delicado beso en sus labios. Ella había abierto los ojos y le sonrío. Él se había despegado un poco, tomado una de sus manos y la había hecho girar. Así había empezado la danza de amantes, bajo los encantamientos de la música, que los rodeaba con su armonía.
—Esto se baila así. —le habìa sugerido ella haciendo que se separaran. Había comenzado a sacudir un poco sus caderas y a moverse con el ritmo animado de la canción. Draco había enarcado una ceja y se había reído. Se había visto tan especial, única. Parecía que esa melodía se hubiera hecho para que ella la bailara. Había levantado sus brazos y los había sacudido en el aire. Él estaba sorprendido, tenía a la perfecta Hermione Granger dejándose llevar por la diversión, haciéndole ojitos y riendo. Invitándolo a bailar y moverse con ella. Pero a pesar de que su imagen mental de cómo sería ella en un futuro, hace diecisiete años, era totalmente distinta a la que veía en ese momento, le había parecido tan acorde a su ser que no había podido evitar la necesidad de unirse a ella en todos los aspectos posibles. Impulsado por un fuerte deseo de no separarse de su lado nunca, se había acercado para hacerle una propuesta.
—Cásate conmigo. —le había pedido. Hermione, que había vuelto a cerrar los ojos, los había abierto de repente. El mundo generó tal energía, que pareció no existir el tiempo, ni la canción, ni nadie más que ellos mirándose. Draco no creía haber sudado tanto nunca en su vida, el corazón estaba a punto de salírsele por la boca y la respiración parecía un ventilador viejo de techo. Después de que pasaran unos segundos, que parecieron horas en ese limbo, se había pasado la mano por el pelo con evidente preocupación— Olvídalo —e iba a agregar que era absurdo, cuando Hermione se acercó a él lo tomó de la nuca y le dio un beso. Después de unos segundos, para el beneficio de los padres de Hermione y no para las hormonas de ambos, se habían detenido.
— Sí —había aceptado ella con voz temblorosa.
Draco se había quedado tildado en cuanto su mente había comenzado a divagar en recuerdos. Las imágenes vívidas en su cabeza hasta recién lo habían dejado sin oxígeno.
—¿Te molesta si lo cambio Greg? —le preguntó el ojigris con la poca estabilidad emocional que le quedaba a su cuerpo. El padre de Hermione que estaba terminando su jugada, ni se giró a mirarlo y asintió, concentrado en la mano que le había tocado.
—¿Cómo lo has vuelto a hacer? —le preguntó el Sr. Granger a su hija. Ella rió y se encogió de hombros.
—¿La alumna supera al maestro?
Draco rebuscó entre los discos, sabía que debía estar allí. A ella le gustaba mucho esa banda, él recordaba esa canción, y en ese momento, como en el anterior, tenía la necesidad de actuar según sus impulsos. Recorrió con sus manos cada cajita buscando el nombre de la banda. Habían añadido más CD´s desde la última vez que había estado allí, haciendo que tuvieran que dividir la única pila en seis más. Aun así, no se rindió y siguió buscando.
—Bueno muchachos yo me retiro. —dijo el suegro de Draco mientras se desperezaba y levantaba de su silla— Saben que son bienvenidos a quedarse, si se les hace muy tarde para volver —agregó.
—Lo sabemos papá —le dijo ella mientras se levantaba ella también y lo abrazaba. Draco se dio la vuelta y lo saludó.
Cuando retornó su búsqueda le quedaba menos, ya iba por la última torrecilla y casi a la mitad encontró el nombre que buscaba, lo sacó y abrió la cajita. Parece que hacía mucho no lo escuchaban porque estaba lleno de polvo. Draco lo sopló y procedió a meterlo en el equipo, tal y como le había enseñado ella. A penas el lugar se inundó de esa canción, Hermione sintió un escalofrío que le recorrió la espalda. Ella cerró sus ojos y respiró profundo, tratando de evitar un sollozo que amenazaba con salir de su garganta. El rubio aprovecho para acercarse a ella y tomarla de la mano. La acercó hacia sí con una mano en la cintura y otra estirada junto con la de ella. Hermione apoyó su cabeza en el hombro de su esposo y bailaron lento una canción que ameritaba mayor movimiento. Pero así eran ellos y su relación. Iba en contra de lo esperado, saliéndose de lo planeado, eran especiales y se movían a su manera.
La semana transcurrió con normalidad, cada uno había estado metido en sus asuntos. Su relación no había cambiado, con excepción de que evitaban devolverse las miradas o pensar demasiado en lo que les estaba pasando. Y es que ambos habían disfrutado juntos un baile, ambos habían ansiado ese abrazo y ambos estaban ahora perturbados por las mismas emociones. No querían asumir que el tratamiento con el Sr. Josman había invocado recuerdos y sensaciones muy vívidas que en este momento experimentaban a cada rato en su piel. Parecía haberse destapado la caja de pandora en el mundo y ellos eran los protagonistas de semejante arrebato.
El domingo se hacía presente, con la luz clara de un día gris, tan rápido como habían vuelto a sus rutinas, con el mayor distanciamiento, que les era posible. Estaban terminando el desayuno, mientras cada uno leía el diario enfrentados en la larga mesa del comedor de la mansión, cuando por la ventana de la cocina llegó hasta a ellos una lechuza que depositó una carta entre medio de ellos dos y picoteó algo de fruta antes de irse. Hermione y Draco bajaron el diario y levantaron la vista a la vez, teniendo inevitablemente que cruzar sus miradas. No sabían durante cuánto tiempo habían hecho contacto paralizados, hasta que Ridens apareció y los sacó de su momentáneo congelamiento.
—Sr. y Sra. Malfoy ¿Será posible retirar el desayuno? —Hermione fue la primera en romper el hilo que parecía conectar sus ojos y asentir con media sonrisa al elfo. Draco sorbió lo último que quedaba de su jugo de calabaza y se levantó para tomar la carta y leerla.
—Es de la Sra. Weasley —dijo en voz alta frunciendo el ceño. Rasgó el sello y abrió el sobre, deslizó la carta entre sus dedos y se dispuso a recorrer con la mirada cada línea escrita con delicada caligrafía— Nos invita a almorzar hoy para anunciar oficialmente el embarazo de Ginny y Blaise. —levantó su mirada para ver a Hermione con los ojos empañados. Ella vio en él esa mueca de pena en su rostro que la molestaba tanto y frunció el ceño.
—No me mires así —le espeto sin poder contener mucho su enojo.
—¿Así cómo? —preguntó Draco extrañado.
—Cómo si te diera lástima.
—Yo no…
—¡Oh vamos! —se levantó con un impulso de la silla— ¡Sabes de que te hablo! Y lo peor de todo es que tu odias ver eso en la gente también. —¿Qué? Sí, definitivamente su mujer había enloquecido.
—¿Y qué es eso? Si se puede saber… —dijo él ya perdiendo la paciencia acercándose a ella. Hermione bufó y se acercó más desafiante. Estaban a escasos centímetros, sus alientos agitados podían rozarse furiosos entre ellos.
—¡Compasión! —le soltó con rabia.
—¡Oh! Entonces me equivoque… ¡¿En serio crees que me importas tanto como para comprenderte?! —Apenas dijo eso quiso que lo abofetearan y lo atropellaran una horda de centauros. La había lastimado, lo veía en sus ojos caramelo. Quería gritar, tirar todo y pedirle perdón. Besarla y borrarle esa mirada triste, que durante tantos años se había dibujado en su rostro, justo debajo de sus ojos. Lo había exasperado su necesidad de hacerse la fuerte a cada rato, pero lo que le había dicho estaba de más, y por merlín que lo sabía.
—Sabes… Por un segundo creí que había un ser humano allí dentro. —se lo dijo con suavidad, pero se había sentido como si miles de crucios lo hubieran penetrado en un instante, sin poder protegerse, allí donde su dedo índice ahora le tocaba el pecho, justo en el corazón— Debí darme cuenta de que no había nadie más que un Malfoy sangre pura y con el ego muy elevado como para pedir perdón. —y con eso retiro su dedo, dio media vuelta y se fue escaleras arriba. Dejando a un muy consternado Draco con una sensación de angustia en el pecho y una carta hecha un bollo en la mano, como el nudo que había quedado atascado en su garganta. Pateó lo que tenía más cerca y rompió el papel en mil pedazos.
Se aparecieron a veinte metros de la madriguera por separado, pero llegaron al mismo tiempo. No se miraron, pero avanzaron juntos hasta la casa. No se hablaron entre ellos, pero ambos mantenían cálidas y fluidas conversaciones con el resto de la gente.
—¡Hola cara rajada! —le dijo Draco a Harry después de tocarle el hombro. El gryffindor se giró y rodó los ojos.
—Pensé que iba a tener el placer de no encontrarme a ningún hurón hoy —le contestó. El slytherin sonrió de medio lado.
—¡Oh, lamento decepcionarte! —exclamó con ironía.
—Hola Sr. Malfoy —le sonrió Pansy.
—Hola Sra. Potter. —hizo una mueca al tener que asociar ese apellido a su amiga. Ella rio y le golpeó cariñosamente el hombro— ¿Cómo convenciste a mi amiga de llevar ese horrendo apellido? —dirigiéndose de nuevo al morocho.
—Es lo mismo que me pregunto cuando tengo que asociar el tuyo a la mía. —Draco rió.
La verdad es que su relación con Potter era bastante aceptable, las bromas entre ellos eran comunes y parte del ritual para tolerarse. Pero Weasley, eso sí era harina de otro costal.
—Weasley. —Pecoso asqueroso deja de mirar a mi mujer, quiso gruñirle, cuando le extendió la mano.
—Malfoy. —coincidió él recibiendo la mano que éste le tendía y las estrecharon con mayor fuerza de la necesaria.
—Hola Draco —lo miró coquetamente Lavender Brown, mientras le tendía la mano. Él muy a su pesar, besó el dorso de su mano. Ella se sonrojó poniendo incómodo a Ron. Malfoy sonrió orgulloso, sólo por haberlo molestado.
—Niños. —dijo Pansy por lo bajo y rodando los ojos.
Era una reunión privada con la familia y amigos más cercanos. Habían hecho un hechizo que se extendía por gran parte del jardín, que impedía que sintieran el frío de noviembre. También había una larga mesa rectangular con un mantel blanco y sillas a juego. Una bajilla antigua se extendía sobre ella y había centros de mesa con margaritas. El Sr. Weasley estaba encargándose de un pescado en la parrilla, mientras conversaba animadamente con Theo. La Sra. Weasley estaba moviéndose de un lado al otro, llevando varias cosas en una mano y con la otra agregaba agua a las flores a través de un hechizo que hacía con su varita. Luna se movía con sus hijos por el jardín, con Lysander tomado de un brazo y con Lorcan alzado, sentado sobre su cadera. Ginny charlaba animadamente con Hermione que hacía su mayor esfuerzo por concentrarse en todo lo que decía. George y Blaise estaban sumidos en un debate acerca de los Sortilegios Weasley; Charly, Bill, Fleur y Angelina los escuchaban con atención. Y Percy junto a una muy embarazada Audrey salían de dentro de la casa y se disponían a saludar.
—¡Papi! ¡Teno hambe! —como si Pansy la hubiera invocado, apareció una jovencita de año y medio, tironeando del saco de su padre. Ron rodó los ojos— PAPIIII
—Pero si acabas de comer, cielo. —le dijo, su madre.
—¡Papi! —volvió a decir, como si no hubiera escuchado a su madre, seguía rogándole a Weasley.
—Disculpen —dijo él llevándose a la caprichosa niña de cabellos zanahoria.
Draco, sin poder poner buena cara a las miradas seductoras de Lavender durante más tiempo, se fue hacia donde estaba la Sra. Weasley para ayudarla.
—¡Ah! Hola Draco —le dijo una muy agitada madre de siete hijos.
—Molly, déjame ayudarte —le pidió él mientras le quitaba cosas de la mano. Ella lo miró con el ceño fruncido, y se contuvo de no impedírselo, ante la evidente negativa que se hacía notar en el rostro de Malfoy.
—¿Cómo es que a mis hijos no se les pega tu amabilidad? —le dijo ella sonriendo.
—No creo que les deje mucha oportunidad —le dijo el sinceramente. Y como si nada la Sra. Weasley dejó lo que tenía en sus manos y lo abrazó. Draco se quedó rígido en su lugar, sorprendido por el repentino arrebato de cariño. Luego le devolvió el abrazo. Al principio le había costado acostumbrarse, pero esa mujer siempre había sido muy cariñosa con él. Y a pesar de que veía la compasión, de la que hablaba su esposa que le irritaba, en sus ojos, era a la única persona que se lo permitía. No sabía cómo, ni porqué, pero esa mujer lo ablandaba.
—Lo siento. Sé por todo lo que han pasado tú Hermione… —le dijo apartándose un poco del chico. Eso fue como una flecha al corazón directo y sin anestesia para él. No se lo esperaba— sé que están haciendo un esfuerzo viniendo aquí hoy, se los agradezco mucho. —le dijo ofreciéndole una cálida sonrisa.
—Descuide Sra. Weasley —se había endurecido un poco, sin poder contener ese mecanismo de defensa. Sus sentimientos estaban a flor de piel a duras penas taponeados, y ella los había liberado sin más.— Somos familia.
—Lo somos. —acordó ella con aprehensión y le apretó la mano cálidamente. Ciertamente, así era. Ella era lo más cercano a una madre cálida y comprensiva que tenía, y todas las personas que estaban allí a pesar de sus diferencias, con algunos anteriormente mencionados, eran lo más cercano a hermanos que tenía. Esos arrebatos de amor de la Sra. Weasley, debía admitir, que le hacían muy bien.— Ahora acompáñame adentro a buscar las ensaladas —lo alentó. Ella se giró para adentrase en la casa y él la siguió.
Después del almuerzo y del brindis, muchos se habían retirado, alegando que debían prepararse para recibir la semana, quedando el grupo de las generaciones más jóvenes tomando el té y viendo el atardecer juntos, como en los viejos tiempos, en los que Hogwarts había sido su lugar de encuentro y unión.
—¡Recuerdan cuando Hermione nos contó lo que hacía Potter a escondidas cuando escapaban de Voldemort! – les dijo de pronto Blaise. Habían comenzado una ronda de anécdotas. Hermione puso los ojos en blanco y tragó grueso. Harry palideció. – Fue tan gracioso, creo que no pude parar de reírme en días – continuó a carcajadas. Todos los demás se habían quedado callados frente a tal situación tensa, pero más de uno disimulaba muy mal la risa contenida.
—Hermione —dijo Harry mirándola de un color rojo difícil de determinar como tal, ya que parecía debatirse entre la ira y la vergüenza.— No sabía que lo sabías.
—Valga la redundancia —dijo Blaise animado con la situación— pensé que se lo habías contado Gryffindor. —dijo levantando una ceja divertido hacia Hermione.
—Harry, yo… —frunció el ceño, pero en una mueca de pena— lo siento. Sé que lo hacías a escondidas de mí, que por cierto te lo agradezco, pero un día…
—Escuchó unos ruiditos… —siguió provocándolo Blaise, moviendo las cejas de arriba hacia abajo.
—¡Blaise! —lo golpeó Ginny.
—¿Qué?
—Y el día que —Hermione lo ignoró y trató de retomar su relato por otro lado. Pero estaba tan avergonzada, que se le secaba la garganta— el día que se los conté me obligaron, pero les dije que era un secreto —agregó, ahora sí, apretando los dientes y mirando al moreno con rabia. Éste se encogió de hombros y sonrió.
—¡Oops! —Se encogió de hombros el slytherin. Harry iba a explotar de la rabia.
—Perdón Harry, lo siento…
—Peor fue cuando Pansy me contó lo que le pasó a Blaise en cuarto año… —la interrumpió el morocho, vengándose del slytherin. Todos rieron al ver que Blaise podía ponerse muy rojo y nervioso. Pansy se tapó la— Tienes mi atención Potter —le dijo Malfoy risueño.
—Parece que es sonámbulo, así que un día se levantó con su amiguito un poco… —quiso seguir, pero el moreno se le había abalanzado, interrumpiendo su relato. Todos se carcajearon frente a la escena de dos ex-rivales de colegio, luchando como niños en el jardín de los Weasley.
Así fue como la tarde terminó con dos muy moreteados y sonrientes contrincantes, que lejos de causar mayor separación, la pelea los había unido. Todos se despidieron y quedaron en verse el grupo grande más seguido, antes de ser viejos y verse solo en estas ocasiones.
Y a pesar de que los Malfoy habían llegado separados, enojados entre ellos y sin dirigirse ni miradas, ni palabras; se habían unido, otra vez, sin darse cuenta, a un grupo de jóvenes dispares como en la secundaria, que les habían devuelto un poco la esperanza a sus vidas.
N/A
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Cygnus.
Fin N/A
