Disclaimer: Le pido prestada a la ama y señora J. K. Rowling parte de la historia y a sus personajes por unos días, prometo devolverlos después… eso sí, no sé si volverán iguales.


N/A

¡Hola! ¿Ya me olvidaron? Espero que no…

Vengo en primer lugar a pedirles disculpas por el retraso, entre una cosa y la otra no he podido actualizar pronto. Pero, entre todo eso me sucedió algo muy bueno. ¿Recuerdan que estaba buscando a un muggle/vampiro/zombie/ángel/hombre lobo/mago/bruja que me ayudara con la edición de los capítulos? Pues ¿qué creen? ¡Apareció! Por ahora se ha materializado en forma de humano, está a miles de kilómetros de distancia de mí y responde al nombre de Cristy1994. Pero, a pesar de que estemos lejos la una de la otra me ha propuesto su ayuda. Por lo que, si ven algunos cambios en los capítulos anteriores es debido a sus sugerencias y mi dedicada corrección. *cara de emoción*

No podía publicar el capítulo siete sin antes terminar eso, me ponía de mal humor tenerlo así. Dentro de estas modificaciones, está la de eliminar los flashbacks, sabrán que esta historia se basa mucho en recuerdos, así que ya se irán haciendo una idea del tiempo que me ha llevado. Les advierto, entonces, que lo que aparezca en cursiva y probablemente después de una marca de tiempo, son los relatos que cuenta algún personaje a otro (como es en el caso de los Malfoys al Sr. Josman), el resto será relatado como un recuerdo del pasado y ya. Seguro lo entiendan mejor cuando lo lean.

En segundo lugar, quiero agradecerles a aquellas personas que dedicaron su tiempo a comentarme cada capítulo y que me dieron su opinión, extensa y profunda de la situación. Me hicieron muy feliz. ¡Gracias totales! – diría mi músico argentino preferido.

. Recomendación musical: Back to Black – Amy Winehouse.

Por último, les entrego el siguiente capítulo y huyo para no ser asesinada.

Fin N/A


CAPÍTULO 7: De príncipes y fantasías.


SECRETO N° 1: Te engañé con otro.


Un edificio espejado se presentaba frente a sus ojos, como todos los días de su vida, llegaba a las siete de la mañana, marcaba la credencial en el molinete para pasar, esperaba unos minutos al ascensor, llegaba al piso diez, se encontraba con su secretaria Alice, le pasaba los turnos y un café, se adentraba en su consultorio y desde el minuto uno hasta que se iba respiraba los problemas de otros. ¡Qué agradable profesión la mía! – pensó. A pesar de sentirse abrumado, con pocos ánimos y más calvo, al final del día llegaba a su casa y su familia era su medicina contra cualquier adversidad. Lo que lo salvaba del abismo. Lo que esperaba al final del túnel y lo que quería trasmitirles a sus pacientes.

Era lunes por la mañana, sabía que mañana le tocaba sesión individual con la pareja más extraña que había atendido en sus años como psicólogo y eso que llevaba veinticinco. Nunca había visto tanta química, tensión y diferencias en una pareja tan joven. Por eso le encantaba, era un desafío para él desentrañar sus problemas. Josman sabía que tener preferidos estaba mal, pero no podía resistir la espera de cada sesión, eran tan diferentes al resto que daba miedo entender cómo había sido posible su unión.

Tomó su cuaderno y se recostó sobre el respaldo de la silla giratoria. Decidió releer lo que llevaba escrito hasta el momento sobre los Malfoy (qué apellido extraño, por cierto). Llevaban cuatro sesiones dos individuales y dos conjuntas, y no podía tener más lleno el anotador de ideas y nuevos interrogantes.

PRIMERA SESIÓN

El Sr. Malfoy justifica la razón por la que llegó a terapia, sin que nadie se la pida y trata de normalizarla. Maneja una postura altiva y aristocrática, aunque intente ocultarla, como dudando entre ser cómo le enseñaron que fuera o ser cómo se lo demanda la sociedad. Bromea irónicamente.

La Sra. Malfoy maneja grandes niveles de exigencia consigo misma, busca ser perfecta para todos. Le cuesta cambiar de pregunta, pero su incomodidad la lleva a equivocarse.

No pueden contestar directamente la pregunta sobre el sexo y me veo obligado a cambiarla por cómo se conocieron. Parece un buen comienzo, promete mucho. Pero aún están muy preocupados por no dirigirse la palabra. Parecen momias.

Aprendí un término nuevo "sangre sucia". Parece que es del medioevo.

SEGUNDA SESIÓN – SRA. MALFOY

La Sra. Malfoy parece esconder mucho detrás de esa máscara de la perfección. Asumo que siempre le fue muy bien con las notas y el colegio, siempre fue una alumna ejemplar y eso ocasiona que quiera evitar cualquier decepción en el otro.

Se pone más nerviosa de lo normal. Pareciera que una bruja la hubiera poseído de repente. Se entiende que construyen su relación a base de engaños.

Parece ser que tuvo algo con otro hombre, del cual no está segura de su identidad. – no olvidar preguntar cómo era que no conocía su rostro si lo había besado.

Posible pérdida de un embarazo. – afección grave por ese tema.

TERCERA SESIÓN – SR. MALFOY

El Sr. Malfoy se muestra reacio a contestar con sinceridad. Negación al tratamiento. Típico mecanismo de defensa de hijo único. Caprichosos y consentimiento por parte de la madre, posible gran exigencia por parte del padre.

Le cuesta expresar sus sentimientos. Reprime el dolor.

Probable caso de "complejo de Edipo" – Su madre, primero que nada.

Sus padres estaban en contra de su relación con ella. Esto probablemente les afecta mucho como pareja y no permite que se desenvuelvan naturalmente. A su vez, la rebeldía contra los mandatos familiares, lo llevaron a conquistarla.

Culpabilidad ante la falta de atención hacia su esposa – sobre todo después de no estar con ella durante el embarazo. Tenía desconocimiento del mismo.

CUARTA SESIÓN

Mayor aceptación entre ellos. Poca comunicación verbal, pero mucha no verbal.

Relato de cuándo el Sr. Malfoy decidió decirle lo que sentía. Al parecer estaba comprometido, pero antes de ello habían estado juntos – preguntar por esto en próxima sesión conjunta.

Ambos saben que su problema es la falta de comunicación.

Buena reflexión final de Sr. Malfoy.

Suspiró después de releer sus anotaciones. Había muchos interrogantes por resolver, pero veía florecer un pequeño tallo de las ortigas. Eso debía ser una buena señal, ¿no?


Hermione se levantó con la sensación amarga en su vientre que le producía estar enojada. Esa que le había provocado la breve discusión con su esposo ayer, pero es que había sido un tema profundo a pesar de lo poco que se habían dicho, todos sus sentimientos estaban muy recientes en sus cuerpos. Venían evitando sus emociones y sin darse cuenta, como si se hubieran quitado rápido una bandita, habían explotado. Procurando no sentir dolor. Se había desatado, rajado y hundido, el lazo, la tela y el puñal, sin piedad.

Abrió el agua de la ducha, rebuscó unas toallas y las dejó a un borde. Deslizó su camisón hasta el suelo, dejó caer sus bragas y se adentró en la bañera. Recorrió con ambas manos su cabello de adelante hacia atrás, desplegando el agua que caía como cascada por su cuerpo. Suspiró. Tenía la mente atestada de preguntas, planteamientos existenciales y muchas ganas de ir a su sesión ese martes. Necesitaba hablar con alguien que no fuera ni su esposo (con el que recientemente parecía dirigirse la palabra), ni con sus amigas, ni padres. Necesitaba su espacio personal, un lugar donde su cabeza dejara de darle vueltas por un rato y trabajara con ella para que, fuera de ese consultorio, funcionara de la manera más sana o normal posible.

Salió del cuarto de baño envuelta en una toalla, todavía concentrada en sus pensamientos, y sin darse cuenta levantó la mirada para encontrarse directamente con la espalda de Draco desnuda buscando su ropa. Se paró en seco y dejó de respirar unos segundos, poniendo los ojos como platos. ¿Ese era su esposo? ¿No recordaba esos músculos en sus brazos y hombros? ¿y qué me dicen de la línea marcada que empezaba a la altura de sus costillas y se deslizaba surcando su espalda hasta su…

—¡Hey! no te escuché. Casi me asustas ahí parada… —le dijo de pronto girándose. Hermione parpadeó saliendo de su ensoñación. ¿Qué me pasa?

—Lo —la visión de frente era peor. Una extensión de abdominales se hacía presente en su estómago encuadrando su cintura— siento —quería decir algo más pero no le salían palabras. ¿Desde cuándo te ejercitas? Definitivamente tengo que tomar clases de boxeo.

—No, está bien. Este es tu cuarto, yo ya me iba. —¡No! Quiso gritarle, pero nada salió de su garganta— Venía por esto —le enseñó una remera que llevaba en su mano izquierda.

—S-sí —dijo sin evitar que su voz se quebrara. Míralo a los ojos Hermione, se recriminó. Él la vio extrañado.

—¿Estás bien? —lo estás asustando. Ante la vergüenza de hacía unos segundos, decidió simplemente asentir. Él sonrió de medio lado.

—Nos vemos luego.

—Bien.

—Bien. —desapareció tras la puerta y Hermione volvió a respirar.

Se movió rápidamente hacia el armario y rebuscó su ropa. Seguía muy nerviosa, hasta temblaba un poco. ¿Qué había sido eso? Era como si de repente hubiera recordado que vivía con un hombre. Y con un muy sensual cuerpo… su mente estaba hormonalmente incapacitada para funcionar y si no se apuraba llegaría tarde. Mantén la mente fría y respira. Se decía a sí misma.

Desayunó rápidamente una taza de café, evitando encontrarse con su esposo, y se desapareció por la chimenea. Pronto vislumbró el comedor de la casa antigua de sus abuelos, cruzó el pasillo, pasó el vestíbulo y salió de la casa. Un perfume a lluvia y humedad llegaron a sus fosas nasales junto con el frío viento londinense de noviembre. Llegó a su Mercedes, se subió y salió camino a su sesión individual.


—Bueno, me alegro de que haya hecho la tarea que le pedí Sra. Malfoy, pero es para usted —le dijo amablemente el Sr. Josman, mientras le devolvía el cuaderno en donde ella había apuntado sus secretos. Hermione lo tomó extrañada, nunca le habían rechazado los deberes sin echarles un vistazo o darle una devolución— Imagino que el significado de tarea para usted es otro, quizás no me he expresado bien. Pero mi intención es que usted sea consciente de sus actos. No es necesario que me demuestre nada, sino a usted misma. —ella asintió automáticamente— Recuerdo que en la sesión anterior me contó que había besado a un hombre que no sabía quién era… —ella asintió— ¿Cómo es eso posible?

—No sé por dónde empezar… —suspiró la castaña, estaba sentada en uno de los sillones grises de la habitación blanca y aunque sabía que no era posible sentía hundirse cada vez más—Siento un poco de vergüenza.

—Sra. Malfoy, debe comprender que aquí no será juzgada y sus confesiones quedarán en estas cuatro paredes. —Hermione tragó grueso.

—Verá —tomó aire para infundirse valor— Draco no estaba nunca en casa, porque su madre estaba internada y pasaba todo el tiempo que le era posible con ella, supongo que sentía una gran culpa al no vivir más en su casa. Una persona que tiene depresión, no es muy consciente de ello hasta que arriesga su vida o la de los demás… —miró hacia la ventana evitando los ojos avellana del muggle— a mi esposo le preocupaba perderla y no lo culpo, yo lo entiendo —le temblaba un poco la voz— quizás le parezca un poco egoísta de mi parte, pero —bufó por lo bajo, como burlándose de ella misma— extrañaba a mi esposo. —se mordió el labio inferior y trató de acompasar su respiración. La verdad es que había llegado con una idea puntual a tratar en la terapia, no se había esperado esto. Pronto se vio preguntándose ¿Cuántas emociones puede contener un ser humano? Ella estaba sintiendo las de hace dos años atrás, como mínimo, atoradas en su garganta.

—¿Quiere agua Sra. Malfoy? —ella asintió. Josman tocó un botón rojo en su escritorio y habló por una rendijilla. Hizo el pedido a su secretaria y pasados unos segundos ésta llegó con una botellita de agua y un bazo. Se lo entregó a Hermione y se retiró. Hasta que no se terminó los dos vasos que había llenado y tragado uno tras otro, no pudo seguir— tome —le dijo él entregándole una cajita de pañuelos, no se había percatado en qué momento había sido, pero parecía no parar de sollozar y de derrochar lágrimas por sus mejillas. La aceptó agradecida, se corrió los rastros de agua de la cara y sopló su nariz, respiró profundo antes de continuar.

—Tiene que entender que no nos veíamos por meses, él viajaba por el trabajo o a ver a su madre, yo me quedaba en casa con la necesidad de cubrir mi agenda de actividades porque no tenerlo cerca me angustiaba —cerró fuertemente los ojos irritados, para dejar de sentirlos arder por unos segundos— poco a poco nos íbamos olvidando de quiénes éramos, ya no compartíamos momentos juntos —los abrió nuevamente y comenzó a acariciar un hilo de su blusa que se había corrido— Tenía la sensación de nostalgia en mi pecho, como cuando encuentras una caja grande y vieja de color madera, llena de fotografías en blanco y negro, pocas a color. Te ves sonriendo con tu familia, en algún cumpleaños o con la cara llena de yogurt. Y quieres volver, regresar en el tiempo y quedarte allí, porque lo único que podía preocuparte en ese momento era que el helado que sostenías no se te acabara. —respiró hondo para tranquilizarse, auto regulando sus pulsaciones— lo que le voy a contar, no es lindo y créame que estoy haciendo un esfuerzo muy grande por decirlo en voz alta…

Hace dos años…

Siento el espacio que dejaste en la cama, cuando volteo espero encontrarme con tu cuerpo en una posición extraña, de esas en las que te gusta dormir. Miró el hueco que dejaste y recuerdo con la luz abrumadora de la mañana, la angustia de un domingo y la desesperada necesidad de abrazarte, de que te has ido. Prometes volver pronto y veo tu figura cada vez más seguido bajo el umbral de la puerta. Extraño pelearte, hacer el amor y encontrarte escuchando música, bailando despreocupadamente, ignorando que dejaste la puerta un poco abierta, por donde entra un hilo de luz y la distancia de mis ojos se encuentra con la imagen tuya. Y te amo así, con esas partes de la vida, con tus interrogantes y tus debates. No encuentro reemplazo para mi corazón, hoy más que otras veces siento que no lo tengo. Se ha perdido en algún recuerdo de nosotros, un tiempo atrás junto con lo que nos hacía bien.

Hace unos días me enteré de algo, no sé cómo decírtelo, no estás. No sé si es bueno o malo. Se siente bien. Pero no poder compartírtelo me está matando. Parece raro pensar que la vez que lo hacemos, porque ya no lo hacemos, pase esto. No sé si es un regalo, pero me hace mal pensar que crecerá sin su padre cerca. Quiero tenerte cerca, quiero tu mano en el pequeño bultito que empieza a crecer allí. Lo que me mantiene viva, porque sentí que iba a morir en este último tiempo, es eso. Una semilla en nuestro jardín. ¿Por qué no podamos los álamos cuando lo necesitaban? ¿Por qué no regamos los abedules? ¿Por qué no cambiamos la maceta del limonero cuando creció y le quedó chica? ¿Por qué lo dejamos envejecer?

Hermione cerró su cuaderno de escritura, decidiendo no volver a abrirlo más. Lo guardó en su cómoda, dejando que la última lágrima que quedaba en su interior desapareciera en la alfombra. Se desvistió lentamente, llenó la bañera y se miró al espejo. Trato de sonreír, pero en vez de eso pareció ser un intento de no sollozar. Le tembló una de las comisuras haciéndola verse patética. De repente se sentía mareada, apoyó sus manos alrededor de la bacha del lava manos para sostenerse. Mientras su reflejo se empañaba, un tirón muy fuerte contrajo su vientre. Se llevó una mano allí. Otro más fuerte y una mueca de dolor invadió sus ojos. Parecía un calambre que se replicaba en su espalda. Otro y más intenso. Miró el suelo y se llevó una mano a la boca ahogando un grito, al ver un hilo largo de sangre recorriendo sus piernas, cuando un charco comenzaba a formarse entre sus pies. No estaba pasando, no podía ser. Tenía que quitarse el rojo de su piel, quería limpiarse el dolor. Con decisión y con la poca fuerza que le quedaba se dirigió a la bañera y se sumergió en ella, intentando borrarse. Desaparecer junto con el vapor. Sus ojos se cerraron sintiendo la tranquilidad de poner su mente en blanco por unos segundos, ya saldría para enfrentar la realidad, ahora solo necesitaba eso.

—Cuando desperté sentía que habían pasado minutos, pero me dijeron que había estado dos días inconsciente por la pérdida de sangre. —Hermione suspiró— saber que lo había perdido me hizo muy mal. No hay día que no lo lamente y que no piense en que podría haberlo evitado… quizás si hubiéramos estado mejor con Draco.

—Lo siento Sra. Malfoy, puedo imaginar su dolor. —ella asintió con la mirada perdida en el repentino empañamiento del vidrio, probablemente se debiera a sus respiraciones encerradas en el consultorio, afuera helaba— ¿Cómo fue la recuperación?

—No sé si alguna vez voy a recuperarme.

—Ya veo, no se ha perdonado aún —Hermione lo miró ahora a los ojos, dejando caer un par de lágrimas— se nota en su voz, y en lo difícil que se le ha hecho contármelo. —ella frunció los labios hasta que parecieron una línea.

—Fue mi culpa. Por más de que él no estuviera allí, yo no se lo conté. Tampoco le di oportunidad al diálogo. Me sentía tan mal, que no quería hablar. Pasé días encerrada en el cuarto, porque prácticamente lo eché, estaba enojada con él. No había estado ahí para mí. Me lamenté hasta que me cansé y decidí seguir adelante. Pero nunca volvió a ser lo mismo entre nosotros. —nuevamente se giró a mirar por la ventana.

—Entiendo —se acomodó él en su silla rebuscando una posición más cómoda— ¿Así empezó su romance con otro hombre?

—No. —miró su sortija unos instantes y volvió la vista hacia donde se perdía para no flaquear— en realidad pasó un poco más de tiempo, pero pareció mucho más rápido. —tomó una gran bocanada de aire y continuó— Neville, un amigo, me contó que había conocido a alguien por una de estas redes sociales nuevas. Él me lo dijo al pasar, pero a mí me dio curiosidad, y me metí a verla. No sé si fue por la desesperación que tenía por recibir algún tipo de contacto humano o para despejarme. Cualquier excusa que ponga será insuficiente para justificar mis actos. —bufó— la condición era usar seudónimos, y podías utilizar alguna frase que te identificara. No había imágenes, ni nada. Al principio me pareció absurdo, pero tan pronto como lo pensé apareció él. Lo conocí como "El príncipe" —rió socarrona— Tan irónico —rodó los ojos— me pareció aún más absurdo su nombre, tanto fue así, que me sacó una sonrisa apenas leí su mensaje. Hablamos; al principio era más bien un juego entre orgullo y prejuicio, pero pronto el tiempo se nos pasó y ya éramos como conocidos de toda la vida. Le sorprendería la facilidad con la que conversábamos. Nos enamoramos —hizo una pausa en la que intentó no perderse en los sentimientos que estaban aflorando otra vez en su ser— un día quedamos en juntarnos en una fiesta de disfraces, allí fue donde nos besamos. No pude ver su rostro, ni él el mío. Lo peor es que el mismo impulso que me llevó a besarlo, fue el que me llevó a separarme de él. Se me vino la imagen de mi esposo. Me sentí tan culpable que me fui rápidamente de allí. Dejando las fantasías y los príncipes de lado, para volver a la realidad. —Hermione cerró los ojos y sintió entrar aire nuevo a sus pulmones, lo había dicho.


—¿Vas a hacer que te pregunte lo que te pasa? —rodó los ojos Blaise. Estaban en el Caldero Chorreante con Draco, se habían juntado después del trabajo, antes de volver a sus casas para la cena— te haces rogar amigo —el rubio estaba en frente de él con la mirada perdida y una cerveza en la mano— Bien —bufó el moreno— ¿Qué te sucede? —Draco lo miró por fin.

—No te interesa.

—Créeme que no. Pero vengo a conversar con un amigo después del trabajo y se supone que lo normal, sería que cuando te haga una pregunta, contestes para que eso suceda ¿No crees? —dijo delirante. Draco bufó.

—Es Hermione…

—¡Esa golfa! Cómo la amo, ¿Me extraña? —Blaise iba a seguir riéndose, pero el rubio lo agarró fuerte de la camisa y lo levantó— Listo —dijo sin aliento por la risa— ya lo capto. —Draco lo soltó y se volvió a sentar. Blaise se acomodó la ropa e imitó al rubio— ¿Qué sucedió ahora?

—No me siento muy cómodo hablando contigo, pero…

—No hace falta que me expliques si no quieres.

—Lo sé, no quiero. Pero lo necesito. —el moreno asintió. Lo que le recordó a Draco porque había decidido contárselo a él. Porque lo entendía, porque se comunicaban con el mismo lenguaje. Porque era su mejor amigo. Suspiró y sorbió un trago dándose fuerzas para continuar— bueno, creo que me estoy reconectando un poco con ella.

—¿Y cuál es el problema con eso? Yo no veo nada malo.

—Lo sé, es genial. El problema es que me sigue engañando —Blaise lo miró sorprendido, tan desprevenido lo tomó que casi se vuelca la cerveza encima.

—Pero ¿cómo?

—ya sabes… igual que la vez anterior. Hoy por la tarde lo he visto —Draco miraba su vaso, como si las burbujas de la bebida fueran algo intrigante.

—No entiendo ¿No habías decidido dejarlo? ¿Cómo es que…

—No estaba seguro de que ella lo hubiera entendido la primera vez. Creo que se sigue culpando por eso y si vamos a intentarlo, ella debe volver a mí. —respiro profundo evitando el nudo que se había atorado en su garganta— Tiene que regresar Blaise. Tengo que intentarlo y que salga bien esta vez.

El moreno lo miraba con clara pena reflejada en los ojos, pero a él no le importaba. Era la realidad. Después de todo, él lo había empezado, las dos veces. Se había enredado en su propio juego y ahora estaba atrapado, como minotauro en un laberinto. Uno que había construido con sus propias manos, por miedo, angustia y desesperación. No quería perderla. Y no iba a hacerlo. No se rendiría como antes, la había puesto a prueba para entender hacia donde iba todo esto. Pero sabía que estaba mal.

—No estoy de acuerdo con eso y tú tampoco lo estabas antes Draco. Debes decírselo.

El rubio lo miró y por unos instantes mantuvo la línea de la cordura, la necesidad de hacerse pasar por otro, esa que lo había llevado a su perdición. Lo que había hecho que su esposa se enamorara de ese otro. Se dejó vencer, se sacó la máscara y asintió.


Hermione llegó a casa antes de lo normal. No había podido concentrarse en las pilas de trabajo que desbordaban su escritorio. Porque pensaba en su sesión y en eso. Parece ser que su pasado volvía para perturbarla. La curiosidad mató al gato, dicen; y ella no podía sentirse más parecida a ese animal. Recordó a Crookshanks, su gato de pelajes canela, su intuición felina compitiendo con la inteligencia humana, una mascota que tenía mente propia. Había muerto hacía unos años, a Hermione aún le dolía mucho, pero sabía que él había vivido sus años feliz y siendo querido.

Parpadeó varias veces como queriendo escapar de esos pensamientos, era de esas veces en que tu cabeza vuela, disipa una ruta y se enfrasca con ella, no te avisa, simplemente lo hace. Lo hace porque no puede evitarlo, está en su naturaleza y sin darte cuenta te lleva, te arrastra en contra del viento, tu consciencia que intenta frenarlo, y ahí estas, dudando entre aceptarlo o seguirlo escondiendo en algún rincón de tu cabeza, ese que se encarga de mostrártelo más adelante, como una alarma que te anuncia la responsabilidad, un llamado de advertencia.

Volvía de arreglarse un poco la cabeza, de acomodar sus pensamientos, de darse un espacio personal para hacer su catarsis, y resulta que en dos segundos había perdido su norte completamente. La había descolocado. Y eso que había sido solo una palabra, con tan poco se había quebrado otra vez.

Fue a prepararse un trago, últimamente parecía ser una rutina, se lo llevó a su cuarto y lo dejó arriba de la cómoda. Se quitó los zapatos y recogió su cuaderno del suelo, donde lo había dejado esa mañana al volver del psicólogo. Colocó más de una almohada contra la cabecera de la cama y se recostó sobre ellas, quedando sentada con el trago en una mano y el cuaderno en la otra. Se abrazó a él y tomó un sorbo de whisky de fuego. Cerró los ojos, sin poder evitar recordar lo que le había sucedido esa tarde.

Hermione había salido del consultorio del Sr. Josman renovada, le había costado mucho hablar, pero lo había liberado todo y era feliz por eso. Era un paso grande. Se había vuelto a la casa de sus abuelos, cruzado las chimeneas, cambiado en su mansión y llegado a tiempo a su trabajo. Ian le había entregado unos papeles para que firme y la había recibido con un café. Nada podía salir mal, era perfecto.

Pero para cuando Hermione había creído que sus problemas se estaban resolviendo, había supuesto mal. Su asistente le había dicho que revisara sus mails porque al parecer se le había llenado la casilla de cosas a resolver. Ella usualmente se olvidaba de responderlos, prácticamente ni se metía. Pero al parecer, el mundo mágico se animaba cada vez más a usar tecnología muggle, y ella era probablemente una de las causantes de que eso sucediera. Había abierto el cajón de su escritorio y sacado su celular de allí. Con un hechizo que le había enseñado Ginny, lo había habilitado para que funcionara allí. Se había encontrado con una casilla de mensajes llena, y entre ellos uno que le había llamado la atención, de tal manera que casi había derramado su café en el escritorio. Provenía de la página anónima que había usado hace un año atrás. No había podido creerlo, pensaba que había desaparecido, que ya nadie la usaba. Había sido de esas cosas nuevas que salían en Internet y no tenían éxito. Pero, si de Facebook se había creído eso en el dos mil cuatro, y actualmente llevaba cuatro años activo y además creciendo. Por qué cambiaría con ésta web. Con toda la adrenalina y nervios que su cuerpo había contenido, lo había abierto. Una simple palabra había aparecido ante sus ojos "Estas" y debajo su firma, la de siempre, la que la hacía desfallecer… "El príncipe". Hermione se había ahogado, puesto roja y casi desmayado. ¿Cómo había conseguido su e-mail real?

Sin pensarlo ni un segundo, le había contestado. Ahora se sentía más que culpable de ello y no podía hacer nada, ya estaba hecho.


N/A

¿Qué les ha parecido?

Me he adelantado muchos casilleros, lo sé.
Espero con ansias sus comentarios y que no me hayan olvidado…

Cristy, gracias otra vez por todo linda, te has pasado.

Hasta la próxima!
Cygnus.

Fin N/A