Disclaimer: J.K. Rowling, you know… thanks!


N/A

¡Hola!

¡Gracias por todos los nuevos reviews y alertas de follows y favs! ¡Sean bienvenidxs!

Importante: he decidido marcar con cursiva todo aquello que salga fuera de contexto o sea atemporal en la historia (para evitar posibles confusiones).

Recomendación musical: Junk of the heart – The Kooks.

Fin N/A


CAPÍTULO 8: De valor y convicción.


"Lo que no te mata te fortalece" dicen. Cuando lo entendí, cuando supe a qué se refería esa frase, fue cuando nos miré a nosotros. Hemos cometido muchos errores, de esos que nos arrepentimos, sé que te arrepientes, lo veo en tus ojos. Porque no he dejado de mirarlos, porque me recuerdan quién eres. Me enamoré de la persona menos indicada, de esa que se aferra a sus ideales con uñas y dientes, que no se da por vencida, que casi se olvida de nosotros, a la que le haré recordarnos. Esa es mi única misión amor, devolverte a la vida como los tonos morados a los cerezos en primavera; aunque sea invierno. – Reflexión segunda, DM. Noviembre del 2008. Londres.


—¿Usted me está diciendo que es…

—Sí. —el Sr. Josman había quedado en shock ante las palabras del Sr. Malfoy. Toda una sesión hablando de la culpabilidad de su esposa por estar con otro hombre, fuera de su matrimonio y resulta que nunca había sido así. Esto es más interesante de lo que creí. La pareja no dejaba de maravillarlo, y tuvo que hacer un gran acopio de sus sentimientos y entre ellos la necesidad, para no revelarles a ambos el secreto que los estaba llevando a la destrucción de su matrimonio. Tenía que cumplir con su juramento, su código ético.

—Pero… ¿Cómo?

—No estoy orgulloso de haberlo hecho, pero estaba… humillantemente desesperado.

Hace poco más de un año…

Una figura se divisaba en la oscuridad de la noche y se deslizaba como una sombra que levita sin vida, buscando vaya a saber qué en un jardín enorme lleno de plantas de todo tipo. Se acercaba al invernadero escondido detrás de una gran mansión. Con la cabeza gacha y el semblante preocupado, como debatiéndose entre la realidad y un mal sueño. Sus ojos grises habían perdido el brillo que encandilaba la oscuridad guiando su camino, por lo que le era más fácil perderse y así era como estaba ahora, perdido. Siguiendo las pisadas de nadie, con vestigios de una guerra, planteamientos existenciales y un amor prohibido desperdiciado por sus actitudes. Se acordaba inevitablemente de su padre, de todo su legado y el peso que recubría como escarcha sus hombros. Se había tenido que hacer cargo de una empresa familiar, la cual había reconstruido de los escombros en los que había quedado después de perder su reputación. Pero junto con eso había venido el re cargo de sus obligaciones como sangre pura, de su perfil social. Si bien, había logrado muchas cosas, la mayoría había sido a costa de los demás, su egoísmo lo había llevado a olvidarse de Hermione y de su vida con ella. Recordaba sus expectativas al momento de pedirle matrimonio, sus deseos de formar una familia, de hacer las cosas bien una vez. De dejar de esconderse, de decidir según lo que él creía, sin importarle la opinión de los demás.

Una punzada quemó su estómago, angustia. No sabía cómo había podido vivir todo ese tiempo con un nudo en la garganta, atorando su respiración. Teniendo todos los sentidos dispuestos a dos simples normas "inhalar" y "exhalar" aire. Su preocupación lo había dejado sin más en que pensar. Su esposa ya no le hablaba, ya no dormía con él, él ya no dormía. No existía relación, ni un roce, ni miradas, perdidos, impersonales. Se habían encerrado en una burbuja para no verse tal cual eran. Pensar que él le había propuesto a ella otra vida un mejor que la que le podía ofrecer Weasley. Pero no fue hasta ese momento que lo entendió, el amor no se trataba de proporcionar ofertas, de vender, de competencias. Se trataba de algo más, no podía expresarlo con palabras, no porque no supiera o porque no pudiera decirlas, sino porque no existían. Solo tenían lugar dentro de su corazón y se había aprisionado tanto, que la cerradura llena de óxido y el olor a musgo lo habían hecho olvidar. Tuvo que rebuscar en su interior, en las memorias, en los recuerdos vividos y los no concretados. Los sueños y su esperanza.

Ya en el corazón de su invernadero, sentado en un banco, debajo del cerezo que le había regalado a ella para su cumpleaños número veinticinco, pensaba. Siempre había admirado el color en la naturaleza, pero ese árbol tenía algo oscuro, su tronco y sus ramas ahora peladas por la época del año, eran de un color marrón casi negro, como el chocolate amargo, y la luz de la luna hacía un pálido contraste que lo pintaba como delicadas pinceladas de tinta sobre un pergamino antiguo. Era hermoso, y tan delicado. Simple, pero con más profundidad que un punto en el universo. Él lo había encontrado, ella era su punto en el universo, su cerezo en el pergamino, su tinta en la piel, el corazón de su invernadero. Y, sin embargo, estaba tan lejos como la tierra del cielo, como las estrellas de nosotros, tan lejos de Hermione. Tenía que volver a ella. Trazar la ruta de vuelta a casa.

Tan rápido como la luz del relámpago llega a nosotros antes que el trueno nos aturda, vino a él una idea. Una semilla en el desierto, una posibilidad, un salvavidas en el mar después de haber caído de un Titanic. Si no podía hablar con ella como Draco Malfoy, lo haría como alguien más.

Con la fuerza que le queda a un hombre magullado por escalar la piedra rocosa de una montaña, se levantó decidido y con paso firme encaró su búsqueda. Justo para cuando el circulo plateado iba desapareciendo del cielo, para dar lugar al dorado, vigoroso amanecer.

Esa mañana Draco buscó a la única persona que se le ocurrió que podría ayudarlo con su plan. Bueno, quizás le costaría un poco convencerlo, pero se tenía fe.

Desayunó un café rápido, se dio un baño y se enfundó en uno de sus clásicos trajes. Salió de su habitación, la de visitas, bajó las escaleras de dos en dos y por alguna razón se sentía más ágil, enérgico y de mejor humor. Se deslizó por la chimenea y dijo fuerte y claro "Compañía Trébol".

Draco apareció por una de las tres chimeneas del primer piso de un edificio antiguo y remodelado del Callejón Diagon. Tenía un amplio recibidor con suelo de parqué, un mueble con forma de medio circulo, era de una madera oscura. Detrás de éste se hallaba una recepcionista, con unos antejos redondos, un flequillo corto y una placa en su camiseta que decía "Simone". El rubio se acercó hasta ella y se aclaró la garganta. La chica terminó de anotar algo en una libreta y levantó la mirada. Sus mejillas se tiñeron automáticamente de color carmesí y parpadeó varias veces, ante la visión de Draco.

Buenas tardes Srta. Simone ¿Se encuentra el Sr. Longbottom? —preguntó él con una sonrisa. La chica se había quedado sin habla, y empezaba a palidecer. Draco levantó una ceja extrañado. ¿Tan deprimente me veo? Pensó.

Vaya, vaya ¡Pero si es el Sr. Malfoy! —dijo Neville, que acababa de aparecer por un pasillo y le extendía los brazos. El rubio lo recibió y le palmeó la espalda, muy a su pesar, le costaban las demostraciones de afectos— acompáñame amigo —lo rodeó a Draco por los hombros llevándoselo por el pasillo que había salido anteriormente— pasa las llamadas para dentro de una hora Simone, por favor. —le dijo a la chica girando levemente la cabeza hacia ella antes de seguir caminando. La muchacha asintió todavía un poco aturdida por la belleza del rubio. El pasillo estaba iluminado por el patio interno lleno de plantas y enredaderas que acogían una fuente, al final se encontraban tres puertas con distintos nombres. Ellos entraron en la que decía "Arq. Paisajista Longbottom". Una vez allí, Neville cerró la puerta con un movimiento de varita y le ofreció asiento. Su estudio no era muy grande, pero tenía un gran mesón en el centro, una pila de planos enrollados a un costado, un bote con distintos tamaños de lápices y reglas, y una lámpara larga, de diseño ajustable y cuello largo se alzaba sobre el mismo. Detrás había un ventanal que daba al callejón. Draco se sentó en uno de los sillones tapizados de terciopelo rojo y Neville se acercó al mini-bar.

¿Lo de siempre? —le preguntó. El rubio asintió y al rato estaba recibiendo un vaso de whisky— dime… ¿En qué puedo ayudarte? —le dijo mientras se sentaba en el sillón contrario y apoyaba los pies sobre la mesa ratona.

Necesito que me hagas un favor. — Draco decidió ir directo al grano. Le relato su situación con Hermione, de la cual ya estaba enterado, por supuesto ella tenía una relación más cercana con él. Pero Malfoy se la explicó desde su punto de vista y detalló las bases de su plan. Pensó que no accedería, que le diría que estaba loco y que corría mucho riesgo. Pero se llevó una gran sorpresa cuando se mostró interesado y le brindó todo su apoyo.

Entonces, dices que ¿te harías pasar por otro para que ella te hable otra vez? —el interpelado asintió. —vaya, sí que estas desesperado Malfoy— Neville se acercó a la mesita y depositó su vaso vacío sobre ella— No me gusta mentirle a Hermione, ¿Lo sabes no? —Draco asintió— Pero a mí, también me pone mal verla así. Sé que la quieres y estás haciendo un gran esfuerzo por venir a pedirme ayuda. Te mostraré la aplicación y procederé con la otra parte del plan. Pero tengo una condición…

La escucho.

Si ella sufre, o esto se te escapa de las manos, debes prometer terminarlo. —lo miró serio a los ojos.

Sabes que lo que menos quiero es —Neville levantó una ceja en advertencia— lo prometo.

El rubio tomó el último sorbo de su bebida y le entregó su celular. El gryffindor le explicó los pasos a seguir y acordaron un tiempo para hacerlo.

Draco se removió en el sillón gris del pequeño consultorio por finalizado el relato.

—¿Usted es consciente de que este es un secreto que podría perturbarla?

—Lo sé. —se miró los pies— Pero no sabía cómo sacarla de allí, no salía de su cuarto y habíamos entrado en una rutina que nos estaba matando. Fue lo primero que se me ocurrió. Y hace poco descubrí que a pesar de todo sigue odiándome…

—¿Qué quiere decir? —preguntó extrañado el Sr. Josman.

—Comprenderá que el plan no salió bien. Sino, no estaríamos aquí —suspiró— la idea era que después de acercarme a ella le revelaría mi identidad o se iría dando cuenta ella sola de que era igual a su esposo. Pero…

—Se olvidó de usted. —Draco asintió todavía con la mirada perdida en sus pies.

—Mientras más me acercaba a ella como "el príncipe", se alejaba más de mí.

—¿Por lo que decidió dejarlo? —le preguntó Josman, que no dejaba de anotar cosas en su cuaderno. Doble identidad ¿posible bipolaridad?

—No. Verá —se concentró en lo que iba a decir intentando de que no se le notaran los sentimientos, sin mucho éxito— no podía darme por vencido tan fácil. Así que le propuse vernos, la cité a una fiesta de disfraces, para mantener nuestras identidades fuera. Mi idea desde el principio fue revelarle quién era, pero ella me besó y la necesidad de tenerla cerca era tan grande, que me olvide de que llevábamos máscaras y de qué ella en realidad, me estaba engañando. Hermione, sí pareció recordarlo, porque, así de rápido como llegó a mis labios se fue. —cruzó su pierna izquierda posándola en la rodilla derecha y apretó un poco los labios— la seguí un poco y la escuché sollozar. Me enojé conmigo. Odiaba al personaje que había creado, le había hecho daño. Había faltado a mi promesa y a mi relación real con ella. Decidí apartarlo todo y decirle que no habláramos nunca más. Pero… —Draco hizo una pausa en la que dudó si seguir contándolo o no. El Sr. Josman lo alentó a que continuara— la tarde después de muestra primer sesión aquí, estaba inseguro. No creía que esto fuera a funcionar, no me malinterprete, no es que no crea en su profesión, pero para mí eso es nuevo. —si supiera que soy mago, todo sería tan fácil, pensó.

—No lo juzgo Sr. Malfoy, a muchas personas les da desconfianza contarle su intimidad a un extraño, pero no se preocupe eso —hizo una pausa para señalar un papel enmarcado en una de las paredes del consultorio, que tenía varias firmas y sellos. Draco se había preguntado varias veces, si estaba permitido como psicólogo en el mundo muggle, tener pegado un póster con los autógrafos de sus admiradores— es mi juramento, de que cualquier cosa que se diga aquí queda entre usted, yo y estas cuatro paredes. —era muy extraño el Sr. Josman, pero decidió no ahondar en terreno sinuoso. Por lo que simplemente asintió y dejó que continuara— ¿Cómo se siente con la terapia ahora que llevamos más sesiones?

—Bueno me arrepiento de lo que hice ese día, así que supongo estoy más convencido, sí.

—¿Y qué es de lo que se arrepiente?

—Le hable otra vez. Y me contestó. No sé qué hacer…

—¿Qué cree que pasaría si se enterara de que usted es él?

—Probablemente me echaría de su vida para siempre.

—¿Por qué piensa eso?

—Imagínese que su esposa hace años que no le habla, que no le demuestra cariño, y que usted con culpa la engaña con otra mujer y de repente se entera de que esa mujer es la misma que está sentada enfrente suyo y que no lo mira ni para pedirle la sal. ¿Qué pensaría? —soltó un poco irritado— créame, estoy seguro de que ella me odiaría.


Lo siento recién veo este mensaje. ¿Sigues allí?

¿Por cierto cómo conseguiste mi mail?

Firma: V. W. – aunque ya debes saber mi nombre real.


Hermione releía una y otra vez lo que le había puesto a su "amigo invisible", mientras esperaba a Ginny en una cafetería del Londres muggle. Era su lugar preferido, desde hacía unos años. Se encontraban allí cada vez que querían escaparse de sus vidas. El mundo mágico se había vuelto un centro comercial en plena época de festividades, algo que odiaba la castaña. Tendría una cuenta grande en Gringotts, debido a su esposo y a su participación en la guerra, tendría zapatos de diseñador y una mansión, pero nunca le habían gustado las compras y eso no iba a cambiar. Simplemente se había cansado de rechazar regalos e invitaciones, había arriesgado un poco de su dignidad y dejado de lado su forma de ser por el matrimonio con una familia de sangre pura. Porque claro, cuando te casas con un Malfoy, no sabes que en realidad te casas con una dinastía de lujos y fiestas glamurosas. Por suerte se había resistido a seguir asistiendo a esas.

—¡Dios es increíble lo difícil que es atravesar el Callejón Diagon! ¡Y los muggles se quejan de las calles de Londres antes de navidad! —decía efusivamente su amiga mientras llegaba con un par de bolsas en las manos y se sentaba frente a Hermione. Ésta le sonrió nerviosa. Ginny iba a decirle algo cuando llegó el mozo para tomarles el pedido. La pelirroja escogió algo rápido de la carta, un jugo de naranja y un tostado, la ojimiel se pidió un submarino y un croissant— ¡Por fin se fue! Ya, dime qué te sucede.

Hermione frunció el entre cejo e hizo una mueca de lástima.

—Hermione me estas preocupando…—ella negó con la cabeza.

—¿Siempre fui tan estúpida Ginny?

—Bueno, siéndote sincera, desde que te enamoraste de ese hurón en el colegio…—sonrió— ¡y quién diría que esa estupidez sería la mejor decisión que podrías haber escogido! —Al ver que su amiga no se reía, la tomó de las manos por arriba de la mesa y la miró a los ojos— Escúchame, lo que decidas hacer estará bien. Sabes que tú eres más amiga mía. Solo no se lo digas a Blaise ¿Sí? —la castaña sonrió y asintió— ahora, cuéntame que te tiene tan preocupada.

—¿Recuerdas a…

—Sí —respondió segura su amiga.

—Mira —se desprendió de su agarre y le tendió el celular a Ginny.

Ginny lo tomó extrañada y lo leyó. En ese momento llegó el mozo con sus pedidos y los depositó en la mesa. La pelirroja abrió mucho los ojos y miró de repente a su amiga que estaba sonrojada hasta la nariz.

—Vaya…

—Lo sé. ¿No te parece extraño?

—¿Qué de todo?

—Bueno, primero; decidimos no hablarnos más, pasa un año y me pregunta si "estoy" ¿Qué rayos quiere decir eso?, después ¿Cómo explicas que sepa mi verdadero nombre y ni siquiera lo mencione? ¿Cómo consiguió mi mail real? ¿Para qué me busca Gin? ¿Por qué ahora que todo va mejorando con Draco?

—¿Revisaste qué fecha tiene el mail?

—Sí, ya lo hice. Fue hace casi un mes.

—Wow ¿En serio tanto tiempo te demoras en abrir tus mails?

—Ginny…

—Lo siento, no sabes lo que es vivir con Blaise, se te pega lo de evadir temas serios —rodó los ojos— ¿No recuerdas qué pasó ese día?

—Pues, ha pasado mucho tiempo. Pero lo único que sé con certeza, porque lo anoté en mi agenda, es que tuvimos nuestra primera sesión con el Sr. Josman…

—humm… ¿No será el Sr. Josman? —la miró divertida su amiga. A Hermione se le escapó una carcajada.

—¡Ginebra!

—Perdón, ya sabes es cómo la viruela de dragón, no lo puedo controlar —rieron juntas un poco hasta que a Hermione se le fue cayendo la sonrisa, conforme se iba transformando en un semblante preocupado.

—Oh ¿Qué voy a hacer Gin? —su amiga la miró con pena.


SECRETO N° 2: Me enamoré de él.


Luego de aparcar su auto detrás del de Hermione, se adentró a la casa antigua de sus abuelos políticos, caminó hasta la chimenea, pero antes de tomar los polvos flu y volver a casa, pasó por la habitación que su esposa solía usar cuando se quedaba a dormir de niña. Se sentía helado, como si lo hubieran olvidado, era una parte tan íntima y personal de ella, que no solía acercarse. Se sentía un intruso, un espectador de memorias ajenas. Era un cuarto pequeño, las paredes eran blancas con detalles en dorado, muy típico de una gryffindor.

Dicen que el estilo de tu habitación es parte de tu personalidad. En el caso de Hermione, podríamos asegurar que era modesta, simple, aterradoramente común, casi insulsa. Pero eso sería estar mirando lo que es evidente, no estaríamos viéndola realmente. Porque, su verdadero gusto estaba debajo de la almohada o dentro del bolsillo de un saco viejo "olvidado" en el perchero.

Draco se acercó al único abrigo colgado, que estaba a la vista, pero pasaba desapercibido para quien no supiera buscar. Era de paño, color verde oscuro. Rebuscó en sus bolsillos delanteros, pero fue en uno interno, dentro del forro de seda, que lo encontró. Sacó un pequeño sobre abultado. No estaba sellado, por lo que pudo abrirlo con facilidad. Había un pequeño papel que decía, con una letra pulcra y estilizada "El amor es una ilusión, una historia que una construye en su mente, consciente todo el tiempo de que no es verdad, y por eso pone cuidado en no destruir la ilusión".

—Virginia Woolf —dijo, mientras sonreía. Tan Hermione.

Detrás de ese papel habían unas pequeñas llaves con un listón verde igual al del sacón. Cualquiera podría decir que su color favorito era el dorado, porque lo usaba en muchos lugares, pero era más por un orgullo de su ex casa en Hogwarts, que por puro gusto. Ella amaba el verde, lo que lo había dejado intrigado hacía años atrás. Porque el color favorito de él si era el rojo. Totalmente opuestos.

Tomó el par de llaves y se dirigió a la cama que estaba en el centro, levantó la almohada y encontró una pequeña cajita, apenas se pasaba del tamaño de su mano, de color marrón. Estaba cerrada, por lo que procedió a probar con la llave que tenía unos piquitos parecidos al dibujo de la cerradura. Con dos vueltas abrió la caja, dejando ver una pila de lentejuelas doradas que acolchonaba una cajuela mucho más pequeña que la anterior, esta vez revestida en terciopelo negro. Draco la tomó e introdujo la otra llave, con media vuelta se abrió, dejando ver una pulsera plateada con un dije en forma de león y en lugar de ojos, dos pequeñas esmeraldas rellenaban esos huecos. Draco tragó grueso, mientras se le erizaba la piel y un escalofrío recorrió su espalda hasta hacerlo estremecerse. El recuerdo de haber tenido eso entre sus manos anteriormente, le había tapado cada poro de su piel, dejado sin latidos su corazón y sin funcionamiento su cerebro. La imagen mental de ese entonces, se reproducía en su cabeza como si fuera una película.

Estaba sentado en el sillón de la mansión de sus padres, siete años atrás. Hacía poco de la boda de los Nott, y estaba desesperado pensando en cómo le diría a Hermione que seguía enamorado de ella, que quería que dejara a esa estúpida comadreja y se quedara con él. Astoria se había tomado muy mal su rompimiento, y su madre casi se había infartado cuando le había revelado la noticia. Por suerte los gritos de su padre no se escuchaban desde Azkaban. Aun así, frente a cualquier pronóstico, hizo lo que quiso, sin importarle su orgullo, familia o sangre.

Draco ¿Qué es lo que te perturba de esa forma hijo? —le había preguntado su madre mientras se sentaba en el sillón contiguo al de él— es esa chica…

Hermione Granger, sí.

¿No te aceptó?

No lo he intentado aún, pero no puedo ir sin un plan —un Malfoy nunca se movía sin una estrategia.

Ya veo se quedaron un rato en silencio dejando que sus pensamientos los invadieran, luego su madre volvió a hablar— Quizás lo que necesites es demostrarle que la conoces, que sepa que te has enamorado de lo que ella oculta. —Draco había abierto mucho los ojos frente a esa sugerencia de su madre, había dado justo en el blanco. Se había levantado del sillón con una gran sonrisa, y decidido a dar su primer movimiento. Se había acercado a ella y le había besado la mejilla. Narscissa había puesto los ojos como platos y un rubor de un rojo intenso había poblado sus mejillas. La había tomado por sorpresa tal demostración de afecto. Y ella desde ese entonces, había sabido que su hijo estaba enamorado de la mujer de su vida.

Gracias madre —y con un simple y rápido movimiento se había acercado a la chimenea. Al voltearse unos instantes había visto a su madre salir del shock y reído sonoramente, mientras negaba con la cabeza.

¡Vete ya! —le había ordenado.

Draco se desapareció por la chimenea para dirigirse a la biblioteca central de Londres. Sabía que Hermione solía ir de niña a ese lugar y buscó entre pasillos y pasillos de estanterías abarrotadas de libros, algo para demostrarle su valía.

No encontró nada que le llamara la atención y se golpeó mentalmente por ser tan ignorante de la literatura inglesa muggle. Con menos esperanza y un agujero en el estómago salió de allí. Pensó que se estaba desviando del objetivo. A ella le gustaban los libros, pero eso lo sabían todos. ¿Qué le gustaba a ella que solo él lo supiera?

Y casi como un presentimiento, pero más como una intuición evocó una idea. Se le había ocurrido algo único. Algo que no tenía, algo que la representaba solo a ella. Volvió al Callejón Diagon, recorrió el largo pasillo repleto de tiendas como una serpiente, se deslizó hasta llegar a su objetivo. Al final, tan pequeño por fuera y tan enorme por dentro, se alzaba una tienda antigua sin vidriera, solo con un letrero que decía "Un diamante no da explicaciones". Draco había entrado con decisión, y apenas había puesto un pie allí, las miradas se habían pasado en sus ojos. En ese momento no solo era un Malfoy, sino que se estaba redimiendo junto con su reputación. Pero, a pesar de todo, una mujer de setenta años, bajita de pelo oscuro y corte carré, lo había recibido con honor. Porque era su mejor cliente y porque tenía una obsesión con él. Samanta no dejaba de mirarlo y morderse el labio cada vez que él le hablaba. Se lo llevó lejos del mostrador, cruzaron algunas cortinas y pasados unos segundos llegaron al despacho privado de la mujer. A Draco no le gustaba tratar con ella, no le gustaba como lo miraba, cual diamante en bruto, y la atmósfera de ambición que reinaba en ese lugar.

Dígame joven Malfoy ¿A qué le debo el placer de su presencia? —había dicho ella mientras le ofrecía asiento.

Me encuentro en una difícil situación Samanta, quiero pedirte un encargo, para hoy en la tarde. —la mujer alzó una ceja con esfuerzo, pues su cara estaba plagada de rasgos pesados y fríos, que llevaban mucho tiempo sin moverse.

¿Una mujer? —Draco asintió— ya veo… se ha enamorado.

De esa forma, ese día y a esa mujer le habían bastado solo dos palabras para que le hiciera ese dije, el que luego le regalaría a ella. Lo que mejor describía su personalidad, el valor y la convicción.

Draco buscó pluma y papel en la mesita de luz. Escribió algo en un pequeño trozo que dobló en dos partes y guardó junto con el dije, la cajita y la caja. Lo escondió todo otra vez debajo de la almohada, devolvió las llaves al sobre, de ahí al bolsillo del saco y cerró la puerta que escondía un gran tesoro. Oculto junto con su amor, la tristeza y la fe. La que lo había movilizado a hacer aquello que debió hacer hace mucho tiempo.


N/A

¿Qué les ha parecido este lado sensible de Draco? ¿Qué creen que hará ahora? Hagan sus apuestas, déjenme un review con sus suposiciones.

¿Preparadxs para el siguiente capítulo? Me está quedando algo largo…

Bueno, espero que les haya gustado y les agradezco nuevamente por darle una oportunidad a esta historia.

Hasta la próxima!
Cygnus.

Fin N/A