Disclaimer: Ya saben de quien es todo y lo que yo hago aquí es inmortalizarlo, con algunas leves variaciones...


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¡HOLA!

Solo agradecerles el infinito apoyo y pedirles disculpas por el retraso.

Recomendación musical: "Don't Stop Believin'" – Journey.


CAPÍTULO 10: De creer o reventar.


SECRETO N°5: No quiero tener más secretos.


De nuevo encerrados, con la presión de unos barrotes. Esos que nunca llegue a tener en Azkaban son los que tengo contigo. Me lo merezco, lo sé. Creo que por este castigo es que resisto. No me importa lo que tenga que hacer para recuperar lo que teníamos, y si no vuelve a ser lo mismo no sería un problema, sería un aprendizaje. Y ya parece que no soy yo. Me has cambiando, pero en un sentido extraño. Sigues odiándome por eso que soy, yo sigo siendo el malo en esta historia, pero ya no con tu integridad, tu dignidad ni valores. Ya voy en contra de cualquier cosa. Parece que somos enemigos naturales y eso no hace más que resaltar el punto, de que nuestra relación siempre ha sido y será un desafío. Y quiero que lo siga siendo por el resto de nuestra vida. Aunque me cueste mi antiguo yo. – Reflexión cuarta, DM. Noviembre del 2008. Londres.


Tomó otra copa que se llenó de whisky al instante y se la llevó a la boca con la fuerte necesidad de apagar el ardor del trago anterior sin éxito. Así llevaba toda la noche y no podía parar, porque hacerlo significaba pensar en ella. Y parecía que toda su vida giraba a su alrededor. No tenía respiro, parecía estar en una maratón por la conquista de un mundo, salvaje y despiadado, lleno de trampas y aventuras, y a él nunca le habían gustado las aventuras. Era más de los que se quedaban en casa y disfrutaban de su familia.

Hace unos años, cuando todo iba bien y su esposa le dirigía la palabra, por lo menos más de dos oraciones, un lugar en donde tomarse de la mano no era incómodo, donde hablar de amor y hacerlo era un hábito y no una vieja historia. Uno de esos días, un domingo, posiblemente. Un día en el que Hermione no trabajaba y estaba en casa, leyendo un libro con una taza de té en uno de los brazos del sillón, que cada tanto sorbía, como queriendo embeberse los labios y humedecer su garganta para seguir leyendo, como si lo estuviera haciendo en voz alta y para poder seguir con eso necesitara hidratarse para parar con la sequía. Pero no, estaba leyendo en su mente, de su boca no salía más que el aire que devolvían sus pulmones, y se concentraba en cada línea como si estuviera desnudando una rosa, cada pétalo una palabra. Él solía mirarla, mientras simulaba que leía el diario y acariciaba a ese horroroso gato que ella amaba y que por algún extraño motivo le encantaba sentarse sobre sus piernas y dormirse allí. No sé si ella alguna vez lo notó, pero su esposo se relamía con deseo al verla. Sus más jocosas fantasías aparecían en su mente. Su intelecto y su sensual pose, con las piernas acostadas sobre el sillón y sus dedos deslizando las páginas amarillas de ese libro, lo hacían desearla con pasión. Varias veces se contuvo, otras no. Se dio el lujo de incordiarla. De llevarla con una caricia en su nuca, al suspiro que luego convertiría la escena en un placentero despertar de sus cuerpos pegados, de nuevo.

Draco amaba esos momentos y podía vivir solo con ellos. Es verdad, que para ser hijo único y haber nacido en una familia rica, su deseo era bastante humilde. Y no era más que eso, pero al parecer en la jerga del pueblo, él era un cobarde. Era un slytherin. Ella no, Hermione era la aventurera, la leona. Ella disfrutaba esa travesía y desafío. Era por eso, que él recorrería ese mundo, más de mil galaxias y conquistaría continentes, si eso fuera sinónimo de su amor correspondido. Pero al parecer, algo se le había pasado. Algo esencial, algo que estaba entre líneas. Y estúpidamente lo había obviado o descuidado.

—¿Qué es eso que tanto preocupa a mi mejor amigo? —le dijo Pansy, quien se había acerado a él de forma grácil, tanto así, que casi no se le notaba el alcohol en el cuerpo y la adrenalina de ser el centro de atención. Ella miró hacia donde veía él y se encontró con la castaña riendo mientras bailaba con Alastor y Neville "Walking on sunshine", en la pista. Estaba descalza y el vestido de seda rojo que llevaba se bamboleaba con cada vuelta y movimiento que hacía, sobre sus rodillas. Dándole un toque inocentemente sensual— ya veo… ¿qué harás?

—¿A qué te refieres? —le dijo él sin mirarla. No quería apartar su vista de Hermione.

—Me refiero a que, ¿qué harás? Estás aquí mirándola como un idiota y bebiendo sin pensar —suspiro cansada.

—¿Y qué sugieres? No puedo simplemente pasarme por ahí y robármela, ella no es mía. No es una posesión ¿sabes?

—Creo que tu cara dice lo contrario. Una parte de ti quiere reclamar sus brazos…—le dijo ella levantando una ceja y palmeándole el hombro.

—No creo que eso sea… —Draco no pudo terminar lo que iba a decir porque Pansy lo empujó a la pista con un hechizo no verbal. Justo cerca de Hermione, pero cuando llegó impulsado chocó con un grandote. Otro invitado, que llevaba un trago y le volcó todo. Con un movimiento de varita se limpió la camisa y luego miró con recelo a Pansy que se encogió de hombros en la distancia y le hizo una seña como de estar borracha y culpar al alcohol. Cómo si eso justificara su mala puntería mágica.

—¿Te encuentras bien? —le dijo, la titubeante voz de su esposa en un susurro. Quien había presenciado el incidente. Él se volteó a mirarla, y nada más que sus ojos pudieron importarle en ese instante. Ni siquiera Neville desternillándose de la risa a su lado lo distrajo de mirarla. Asintió y se acercó un poco a ella. La tomó con una mano de la cintura, la sintió estremecer bajo su roce. Pero una vocecilla en su interior le recomendó que siguiera, por lo que con su mano libre tomó la de ella y las unió para sumirse en un lento baile, que reclamaba el compás de la próxima canción. Ella se pegó más a su cuerpo y colocó su cabeza sobre el hombro del chico. Estaban nerviosos, pero no podían evitar sentirse cómodos a la vez. Era extraño, pero se sentía tan familiar. Draco aspiró su perfume y una horda de recuerdos invadió su mente como el olor sus pulmones, impregnando de deseo su piel. Hermione, por su parte, se había dado el lujo de cerrar los ojos para sentirse acogida por él. Sus brazos a su alrededor no podían mejorar más su estado de plenitud. Se había olvidado lo que se sentía tenerlo cerca. Escuchar el latido de su corazón tan suyo.

Bailaron un rato más así hasta que la música cambió y el piano de una canción conocida empezó a picarles los oídos. Hermione se separó y lo vio a los ojos. Él le devolvió la mirada y siguió balanceando sus cuerpos al ritmo de la canción. Se notó en ese instante que los envolvía, que la misma imagen se les estaba recreando en sus mentes.

Un salón con cortinas plata y bronce, adornos antiguos y nieve falsa cayéndoles del techo de Hogwarts, los acogió. Rodeados de otras parejas jóvenes, bailando la canción "Don't Stop Believin'" en un lento y merecido final de cursado. No habían ido juntos al baile. Draco había asistido con Astoria, su prometida. Hermione había ido con Neville y Pansy, ninguno había querido llevar pareja. Pero ese baile, el último de la noche, los había tomado por sorpresa y aquello que habían ocultado, lo mostraron esa noche. Se podía ver en sus ojos la llama ardiente de deseo. La necesidad de unir sus bocas, de romper las promesas y obviar su instinto. Estar juntos podía verse como algo prohibido o renegado socialmente, pero a ellos no les importaba. No mientras duraba esa canción. Esos fueron los cuatro minutos que se dedicaron el uno al otro, para decirse que aún sentían y reprimían más deseo que cualquier otra pareja en ese salón. Desde ese día que se habían probado, que se habían conocido en la intimidad, en el que se habían desnudado dos cuerpos vírgenes y la inmaculada nieve, como ahora, los cubría. Pero el hielo no se hizo escarcha y su calor derritió glaciares. Se dijeron adiós, cuando ese instante termino. Y cada uno volvió ese verano con el pecho cerrado y la conciencia hecha nudo.

Draco le dio una sonrisa torcida a su esposa, haciéndola volver al presente. Esta sonrió con tristeza.

—¿Por qué no me dijiste que estabas comprometido con Astoria? —le preguntó ella. Él la miró sorprendido por las palabras que le había dedicado Hermione— Antes del baile… —giró su cabeza y rehuyó del escrutinio de su esposo, sus ojos empezaban a escocerle.

—Te lo dije. —le contestó, mientras corría una lágrima de su mejilla con el pulgar— pero fui un cobarde. Lo sé. Debí decírtelo antes y en persona. Aún no puedo perdonarme eso —Draco recordó como una semana antes de la graduación le había envidado una carta diciéndole que no iría al baile con ella. Ni siquiera se lo había pedido, pero su reciente romance lo sugería. Aunque todo lo tuvieran a escondidas, no podían ocultarlo por mucho tiempo. Pronto el mundo se enteraría y él estaba comprometido con otra mujer, era su derecho saberlo. Por supuesto, se lo había dicho de la forma más ruin y asquerosa que le había salido en ese momento. Ella no le habló más, ni le dijo "Adiós", ni lo miró. Draco la miraba todos los días desde que se enamoró. Jamás pudo sacársela de la cabeza, a pesar de que lo intento. El día del casamiento Nott, como esta misma noche, su amiga Pansy, lo empujó a la pista. Lo envió al juego y sin armadura. Así fue como volvió a sus brazos, y ahora, de un momento a otro, se había soltado de su agarre nuevamente.

—Quiero irme a casa —dijo en tono de súplica. Draco la acercó más a su cuerpo y se desaparecieron juntos. Sin molestarse en avisar o despedirse. Estaban sumidos en sus pensamientos y en cada error cometido. No cabía espacio para nada más.

Se aparecieron en el salón de la mansión y se quedaron quietos unos instantes en la misma posición que habían estado en el baile. Hermione fue la primera en cortar ese contacto, se despegó de los brazos de su esposo, sorbió su nariz y se fue a servir un trago. Cuando se movió se percató de la cantidad de alcohol que había tomado. Había quedado más mareada con la aparición. Se apoyó en el mini-bar posando ambas manos, respiró profundo tratando de calmar su taquicardia. Draco encendió los leños de la chimenea con un hechizo cuando la vio temblar. Esa noche helaba afuera y ellos venían de un ambiente muy cálido, de las playas de Brasil.

—¿Sabes? —le preguntó Hermione de espaldas a él— No entiendo por qué seguimos juntos. Nos empeñamos en reparar algo que se destruyó hace mucho —añadió sin esperar respuesta. Últimamente tenía la necesidad de decir lo que pensaba y estaba enojada, no se iba a callar. Draco sintió que algo pequeñito, diminuto, la última gota, se rompía, se quebraba por dentro y se rebalsaba, su paciencia se había agotado.

—¿Cómo puedes ser tan hostil? —le dijo él, ya un poco cansado y pasado en copas— ¿Dime cuándo te convertiste al lado oscuro? Se supone que yo era el malo, no tú. —en otro contexto, eso hubiera sido una broma, pero en este, era guerra.

—¿Qué? —dijo ella, por fin dándose la vuelta y mirándolo. Ambos se observaban coléricos.

—Eso, mírame a los ojos —le dijo con voz firme y medio espeluznante— ¡Demuéstrame que eres gryffindor! Y dime a la cara lo que sientes —sopesó la idea de que extrañaba un poco sus discusiones.

—¡¿Y qué pretendes que te diga?! —le espetó ella—¡Que ya no te puedo ni tocar! ¡que me escondo para no verte más! —tomó aire y se acercó más a él— ¡Que vamos a terapia todas las semanas para resolver esto —los señaló a ambos con un dedo, acentuando su relación— lo que sea que somos! Patético intento de matrimonio —dijo con resentimiento. Acidez, eso sentía en el pecho.

—¿Eso es lo qué crees que es esto? —dijo Draco acercándose más a ella e imitando su gesto anterior para referirse a ellos— esto, no se construyó solo. ¡Ambos lo hicimos! —remarcó enojado. Los orificios de su nariz, abriéndose y cerrándose desesperadamente, lo delataban— Y sí, ¡estoy arrepentido de esto! ¿Acaso eso es lo que quieres escuchar Hermione? —la desafió acercándose más a ella. La gryffindor cruzó los brazos delante de su pecho y lo miró sin inmutarse— ¿Que me arrepiento de haberme casado contigo? Bien, me arrepiento. Pero, no lo hago porque no te ame. Lo hago porque no creo que estemos preparados para esto todavía. Éramos muy jóvenes cuando lo decidimos… y aún no sabíamos cómo sería. —dijo serenándose un poco. Ella lo miró un tanto ofendida, envidiaba su repentina compostura y algo hacía que deseara abrazarlo y no soltarlo más, aunque su orgullo se lo impidiera. Todavía le quedaba desahogarse un poco más.

—Te esperé…Draco, te esperé mucho. ¿Por qué haces esto ahora? Ya es tarde. —a Draco le dolía su renuncia, su abandono. Sabía que ella se refería a ese tiempo en el que había estado afuera y que se había olvidado de su relación. Pero no había un solo día en que no hubiera pensado en ella. La verdad dolía, pero los hacía hablar. Se estaban comunicando.

—Sé que lo hiciste —le confirmó— y yo te esperé a ti. —ella entendía que él no se lo reprochaba. Sino que le recordaba que, también había sufrido su distanciamiento. Después de perder a su bebe, ella se había alejado, lo había echado de su vida sin más. Dejándolo fuera del tema y él era tan parte de eso como ella.

—Esto… —le costaba hablar y mirarlo a los ojos sin evitar llorar— creía que teníamos algo —dijo mientras la voz le temblaba. Draco la miró intensamente, tan penetrante, que la hizo estremecerse. Su gélido mercurio le hacía arder la garganta y le erizaba la piel. La intimidaba, pero no con esa connotación negativa de "miedo", sino con la fuerza que una mirada puede trasmitirte miles de sentimientos y eso te acongoja. Se le cortó la respiración y se relamió los labios resecos por alcohol. Un brillo atravesó los ojos del rubio.

—Todavía lo tenemos —le dijo él cortando la poca distancia que los separaba y tomándola de la cintura con fuerza. Impulsándola hacia arriba, con ambas manos en sus muslos para que se subiera a sus caderas, la besó. La besó con locura. Había esperado tanto tiempo por rozar sus labios, por acariciarlos con su lengua y morder su tierna piel hasta dejarla hinchada. Se sentía arder y quería quedarse pegado a ella todo lo que fuera posible. Había soñado miles de veces con ella así. Gimiendo entre sus labios, saboreando los suyos y acariciando su pelo. Tenía miedo de que no fuera real. De que al abrir los ojos desapareciera. Porque si no estaba allí, moriría recordando su sabor.


N/A

Lo sé, soy una maldita gusana por haber cortado ahí la historia. PERDÓN. Pero es que no quería que pasara más tiempo para actualizar y la verdad es que no he encontrado momentos para escribir, ni inspiración. Esto es lo que me ha salido.

Lo bueno es que, el próximo capítulo será puramente… you know. ;)

Espero que les haya gustado. ¿Un review?

Hasta la próxima!
Cygnus.