Disclaimer: ...


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¡Buenas tardes y buen fin de semana! Hoy viernes, les traigo actualización como regalito.

Es un capítulo corto pero lleno de amor. La verdad es que, es la primera vez que escribo algo tan explícito en mi vida. Espero no decepcionarlas.

No quiero extenderme mucho por aquí, pero necesito aclararles algunas dudas generales, que veo, han ido surgiendo en los reviews.

Por un lado, admito que su reencuentro como pareja ha sido algo rápido, pero eso no implica que se amen otra vez, ni que Hermione se "rinda" o que no lo estén manejando como dos inmaduros. Justamente esta historia empieza con un capítulo destinado a sus discusiones infantiles, y es que no están hechos para el matrimonio. Son dos almas complejas y me gusta verlas jugar, espero no ofender a nadie con mi punto de vista, pero el matrimonio nunca fue lo más importante aquí.

Por otro lado, recuerden que han bebido bastante en el cumpleaños y uno no es del todo racional con sus acciones en estas circunstancias.

Por último, son Slytherin vs Gryffindor, y seamos honestas. Draco sigue teniendo una personalidad tendiente a su egocentrismo, Hermione a su honorabilidad y orgullo. Eso nos gusta a las dramioneras ¿no? Entonces, demosle tiempo. Pronto sabrán sus verdaderas intenciones y reacciones naturales. Ahora todo parece que se está acomodando…pero no necesariamente ganar una batalla quiere decir ganar la guerra.

Recomendación musical: The less I know the better – Tame Impala.

Enjoy it…


CAPÍTULO 11: De cómo la serpiente se enrolló con el león.


Hermione sintió el frío mármol de una de las columnas chocar contra su espalda y el cuerpo de alguien más aprisionándola contra ella. De pronto cayó en la cuenta de que se estaban besando. ¿En qué momento se había dejado llevar? ¿Por qué seguían haciéndolo? ¿Acaso seguía existiendo atracción entre ellos?

Sintió algo abrirse en su pecho, lentamente apareció indescifrable. Un pesado ladrillo y macizo hierro, forjando sus más entrañables deseos ahora expuestos, los llevaba al rojo vivo. La carne le ardía, ahí donde la culpa peleaba contra todo pronóstico por la liberación de su condenada existencia. Su mente corroída por el alcohol, exhibida por su naturaleza y su instinto salvaje, luchaban contra la pasión, contra cualquier marea hecha polvo. Contra aquella esperanza, ante cualquier señal, mera insinuación o roce.

Quizás por esta vez, solo por esta vez, sobre todo porque no se encontraba muy sobria, ni con la capacidad de decisión deseable, la compostura o certeza, de poder resistirse; solo por esta vez se entregaría al fuego. Dejaría de pensar o hacerse preguntas, después de todo, lo que hacía no era ilegal y ya mañana se sujetaría a su lógica, haría frente a las consecuencias y condenaría su valentía. Porque en el fondo, muy enterrado, en las profundidades de su mente, rincones y recovecos, surcos de mimos; sabía que lo quería, que no se arrepentiría. Pero no iba a decirlo en voz alta, y menos en ese momento. No, ella se dejaría llevar. Como hace mucho tiempo atrás, sin pensar, bajo el puente y derretida, ya aquella vez en sus brazos y otra vez aquí él entre sus piernas.

Draco se pegó más a su cuerpo, casi como una coincidencia, reafirmando esa decisión. Hermione se entregó al azar y que su "ella del futuro" se preocupara por lo que sucediera después.

Siguieron besándose como no lo habían hecho hace años, entregándose al placer del otro. Ella podía sentir su erección contra su pelvis en un movimiento circular casi desesperado, no paraban de rozarse. Draco besó y lamió el lóbulo de su oreja, ella se estremeció frente a tal estímulo y se le escapó un gemido, que no pasó desapercibido. La llevó en volandas hasta el sillón y la depositó suavemente allí. Ella comenzó a quitarle el saco de su elegante traje y una oleada de perfume le invadió las fosas nasales, haciéndola encapricharse con la rapidez de sus acciones. Quería despojarse de todo, dejar lo demás atrás.

Él entendió el fuego que iluminaba ahora su mirada, el deseo que emanaban sus poros por querer sentir la carne del otro, y se quitó la camisa. No parecía posible, estas eran las imposibilidades que se le presentaban a una combinación tan extraña como lo eran ellos dos. Mientras ella peleaba por sacarse el vestido, de una forma complicada y poco probable. Draco se corrió de encima suyo y detuvo el movimiento que ocasionaban los brazos de la chica, buscando hacerse cargo de la situación. Se movió hacia abajo y le levantó el precioso vestido color carmín. Él recorrió con sus manos la piel suave de sus piernas y Hermione tiró su cuello hacia atrás dejándose llevar por sus caricias. Solo era el instinto y su desbocado latir, lo que los hacía moverse. Inertes al pasado y a sus inútiles creencias.

Draco admiró la geometría de su cuerpo con deleite y sin previo aviso, depositó suaves besos en la cara interna de sus piernas abiertas. Hermione tembló inconsciente, sin poder controlarse frente al roce. Él se tomó unos segundos para mirar lo que le había provocado, sin creer que ella cerrara sus ojos con fuerza y lo tomara del pelo, para empujarlo hacia su zona baja con impaciencia. De esa necesidad se trataba, se necesitaban. Era increíble pensar que hace tan pocos segundos les costara tanto darse las manos en público y ahora con un pequeño movimiento dejara de importarles el resto del mundo.

Su erección crecía a cada segundo, como sin entender todo este nuevo entusiasmo, con tanta fuerza que se sentía explotar. Tomó con destreza sus bragas y se las quitó en un solo movimiento, metió la cabeza entre sus piernas y deslizó serpenteante su lengua por toda la trayectoria interna de su vagina. Dejando un rastro de ardor por donde pasaba. Hermione tironeó un poco sus cabellos pidiéndole más sin palabras. Un destello hizo brillar sus ojos mercurio con calentura. Abrió sus labios internos con sus dedos, sintió su humedad y con desesperada necesidad, introdujo su dedo anular en su estrecha, pero mojada cavidad y lo movió de adentro hacia afuera. Hermione gimió con fuerza y él decidió jugar con su lengua un poco más. Saboreó su clítoris caliente haciendo latir su interior, coló un segundo dedo y ella quebró su espalda amarrándose al sillón con vehemencia. Porque, tantas sensaciones eran una locura. Porque de eso se trataba el sexo con él, ella se había olvidado y Draco se lo estaba recordando.

El slytherin olió su interior jugoso con deleite y se obligó a no flaquear del placer. Succionó y presionó por un rato más su clítoris y con su mano libre agarró uno de sus pechos y lo presionó con furia. La miró una segunda vez, desde esa perspectiva, no podía existir ante sus ojos algo más hermoso. Sin resistir más tiempo subió hasta su boca y la besó con agitación haciendo movimientos ondulatorios de su pelvis contra sus caderas provocando que su erección quisiera reventar. El calor que emanaban y el latido de sus corazones, rozaba con la demencia.

Ella le correspondió con gusto, podía sentir su abdomen tieso y acalambrado bajo la anatomía de Draco. Su pecho subía y bajaba como si hubiera corrido una maratón y la piel se le derretía y resbalaba por todo su cuerpo. Él recorría con su lengua cada cavidad de su boca, y ella mordía y lamía sumida en esa batalla por ganar el orgasmo contenido.

Buscó con sus manos hasta encontrar el pantalón y lo desabotonó, deslizándolo hacia abajo todo lo que le era posible desde su posición. Él se despegó de su boca y la ayudó. Luego volvió a besarle el cuello y en un movimiento incalculable, tomó con ambas manos el escote de su vestido y lo rajó con fuerza. Haciéndola gemir por el inesperado arrebato y la adrenalina que electrificaba su cuerpo. Hermione recordó por un instante el vértigo que su relación le había hecho sentir desde el principio. Su necesidad desmedida por romper las reglas ahora la empujaban a querer abrazarlo entre sus piernas.

Probablemente no supiera con certeza, qué los había llevado hasta ese punto, en ese momento y a hacerse carne en el otro de nuevo. Pero se sentía tan endemoniadamente bien que no tenía ninguna intención de pararlo.

Se pegó más a su cuerpo chocando sus pechos contra el de él y el roce de sus pieles era un reconocido giro inesperado en la trama, porque no podía sentirse tan perfecto. Estaban reviviendo aquello que tanto habían postergado, eso que habían prometido a sus almas.

Él la tomó con sus manos por el culo y atrajo su cuerpo más hacia el suyo, presionando su erección contra todo su centro. Ella clavó sus uñas contra su espalda mientras, tentativamente, le mordía el hombro conteniendo otro gemido. Draco se acercó a sus pechos y se encargó de darles placer, besó y lamió sus pezones, los succionó hasta hacerla removerse bajo su cuerpo. Cuando se despegó, Hermione con el poco control que le quedaba de su cuerpo, lo empujó a un lado obligándolo a cambiar de lugar.

Ella pudo apreciar que controlaba un poco más la situación desde arriba, besó su torso con dedicación y se acercó con su lengua a su parte baja, trazando el camino de bellos hasta allí. Sintió los músculos del rubio contraerse ante sus caricias, y aunque ella nunca había sido posesiva, lo que sentía en ese momento era lo más cercano al poder recorriendo sus venas. Le quitó el bóxer en un movimiento preciso y ágil, lo miró con recelo como una leona a su presa y acarició la punta de su pene con su labio inferior como si del borde de una copa se tratara y estuviera saboreando la última gota de vino que se deslizaba finalmente por sus humedecidos labios. Draco dejó salir el aire desesperado de sus pulmones cuando la miró como un niño ansioso por jugar con ella. Hermione era lo más sexy que había visto en su vida y había esperado mucho tiempo para que lo mirara de esa manera otra vez. Quería decirle cosas asquerosas, quería saborear las palabras sucias en sus labios y hacerla desfallecer del placer por la mirada de inocencia con la que lo estaba matando ahora. Sus ojos marrones ardían asesinos y no hacían más que encontrarse con el hielo fundiéndose en los de él.

Hermione sonrió de lado sabiendo que eso lo volvía loco y revistió, con delicados movimientos curvilíneos de saliva, su glande. La lengua recorrió toda su erección de arriba hacia abajo, haciendo que Draco no pudiera resistir la tentación de enredar su mano derecha en los cabellos salvajes de ella. Haciendo presión, tironeando y pidiéndole que se lo metiera en la boca de una vez.

Ella no le hizo caso y acercándose más a él, se inclinó para abrazar el pene entre sus pechos. Y ayudándose con sus manos los movió haciéndole una paja con ellos.

Draco no podía sentirse más afortunado, pero cada cosa que hacía Hermione le provocaba espasmos y quería desesperadamente acabar en ella, sobre ella o en su boca. A esas alturas no podía pensar en otra cosa. Y era increíble como seguía calentándolo de esa forma, a pesar de los años y de sus desventuras. Y sin dudas, siguió haciéndolo ahora, gimiendo mientras se movía por inercia en contra de cualquier pronóstico, fuera de la lógica, en contra de la gravedad.

La tomó de la nuca y la arrastró hasta su boca con fuerza, mordió sus labios con furia, los lamió y succiono con violencia. No quería que respirara, no quería respirar. Quería ahogar sus gemidos y agitar su cuerpo debajo del suyo. Como si de una guerra se tratara y en un rápido movimiento volvió a dejarla bajo su cuerpo.

—Hermione... —le dijo sin aliento al oído. Ésta se estremeció bajo su aliento y asintió mirándolo a los ojos mientras se mordía el labio. A Draco se le activó cada hormona del cuerpo y aspiró con necesidad el perfume que emanaba la castaña. Ella lo miró invitándolo a incendiarse en ella. No podía negarse. No más.

Draco apoyó cada brazo a ambos lados de su cabeza y con un movimiento de cadera se introdujo en su cavidad. Estaba húmeda, caliente, esperándolo con ansiedad y deleite. Ambos sintieron como se abrió paso con esa envestida al más placentero goce. Ella lo sintió profundo e hinchado dentro de su ser y no pudo más que gemir con fuerza su nombre. Y eso era música para sus oídos, la sacó despacio y la volvió a meter rápidamente con más fuerza. Como si estuviera confirmando ese punto. Ella volvió a gemir y tiró su cuello hacia atrás. Que placer enredarse otra vez. Tenerse así, compartir sus debilidades.

Siguió haciéndolo cada vez más rápido y ralentizando cada embestida con furia. Como si fuera la última, como si no hubiera un después. Sí, no sabía si era una bienvenida o una despedida, porque con ella nunca se tenía certeza. Pero si de algo estaba seguro, era de que no dejaría de hacerla gritar hasta que lo bañara de sus jugos. Hasta que chocaran como hielo y magma, que su fusión no tuviera fin. Se quedaría allí. Prisionero de sus piernas, abrazando su cabeza, apretando sus uñas en su espalda, cerrando sus ojos con fuerza y respirando agitadamente.

Transpirando, pero como dos animales, como eso que eran. No pararon, dieron rienda suelta a su pasión contenida y en un instante efímero, como el zumbido de una mosca llega a tus oídos, como la realidad golpea tu rostro y como el abdomen se contrae y libera su furia, así de repente, Hermione abrió los ojos y lo miró con las pupilas dilatadas, respiró una gran bocanada y con una gota de sudor corriéndole por la frente, se puso roja y liberó todo el aire de golpe como su flujo inundó sus paredes soltando el orgasmo y sintiendo a Draco bañarla de su esperma. Se abrazaron al calor y sus respiraciones se atoraron en sus gargantas con falta de ritmo y coordinación. Ella sintió sus piernas alrededor de él temblar por inercia, después del espasmódico e incontrolable latir de sus paredes aprisionándolo. Cómo podían conectar así después de tanto tiempo. Parece que ninguno tenía la respuesta, porque estaba ahí en lo que acababan de hacer.

Se quedaron mirándose por unos segundos, en los que solo sus respiraciones se escuchaban, y podrían jurar que hasta sus corazones latir deprisa.

Parar el tiempo, es imposible, pero a veces ellos podían hacerlo. Como si fuera una pausa en la partitura. El mundo se quedaba estático buscando no hacer ni el más mínimo ruido, eso podría arruinar la melodía completa, y entonces, así con la última hoja caída del otoño, el tiempo volvería a marcar las agujas del reloj. Y la realidad los abrazría otra vez. Allí donde yacían, una serpiente enrollada a un león, fue que se sonrieron. Encontrando una pausa en su partitura.

Draco le corrió un mechón de la cara y se lo puso detrás de la oreja, para verla a los ojos y leerla. Ésta rehuyó a su mirada. La tomó del mentón y la giró forzándola a verlo a los ojos.

—Estas hermosa —le dijo con cariño. Hermione tragó en grueso, intentando correr de su mente cualquier pensamiento. Ella sabía que él se iría de allí después de esto. Ya habían tenido relaciones y, aunque tenía que admitir que lo había disfrutado, sino amado, eso era probablemente lo único que los unía aún. El sexo. ¿Qué otra cosa sino? —Hermione, ¿alguna vez te has dado cuenta de que piensas en voz alta? —ella abrió mucho los ojos incrédula— ¿Podrías dejar de pensar por un segundo? No arruines este momento.

—Pero, yo…

—Por favor —le suplicó— quedémonos así un rato más.

Ella lo entendió. Después de ello se irían cada uno a su cuarto, como si nada hubiera pasado. Suspiró y asintió. Él apoyó la cabeza en su pecho y ella acarició con una mano sus cabellos. Por unos minutos se obligó a no pensar. A olvidarse de lo ocurrido, que no era más que eso, relaciones con su esposo. Y que por lo menos, se lo había pasado bien. Increíblemente, bien.


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¿Qué les ha parecido? Espero haberlas convencido un poco.

Aunque arriba no lo dije, estoy muuuuy feliz. Ustedes me hacen feliz con sus comentarios. ¡Llegamos a los 58 reviews, a los 49 favs y a los 71 follows! ¡No podría estar más agradecida! Nunca me imaginé tal aceptación… *miles de corazones*

Hasta la próxima!
Cygnus.