Disclaimer: Gracias J.K.R, por crear el único lugar en el que me siento yo misma, y gracias FF por dejarme utilizar tu diégesis para crear mi historia.
N/A
¡Hola hermosores! ¿Cómo están?
AH, ¡cómo extrañaba escribir!
Perdón por la eterna demora, creo que han pasado dos semanas desde la última actualización, y me siento fatal por haberla abandonado a la historia durante todo ese tiempo, ustedes saben que actualizo muy seguido. Pero tengo varias excusas, una es que el 14 de abril viajé a ver "Radiohead" una de mis bandas favoritas en el mundo; otra es que volví y tuve una semana muy compleja, llena de cosas universitarias y tramites (entre ellos entregar la banda de escolta de mi facultad), sí soy una nerd. ¿Saben que hay un ensayo para entregarla y luego el acto oficial? Bueno así estuve la semana pasada. Entre hueco y espacio, intenté escribir, y quería subir el capítulo el sábado, pero no llegué :/ así que hoy será. Espero por lo menos alegrar un día tan feo como es el lunes…
Espero que sepan entenderme y ahora les dejo la historia a su merced, y me voy corriendo a "estudiar".
Recomendación musical (muy oportuna a mi parecer) y haciéndole honor a la fabulosa banda inglesa, les dejo esta canción: "Burn The Witch" – Radiohead.
CAPÍTULO 13: De las consecuencias que tienen sus actos.
No entendía cómo podía caminar, ni cómo se estaba moviendo, todo era pura inercia. Un control físico casi robótico y su cerebro no tenía señal. No podía conectarse con lo que estaba pasando. No sabía que más hacer. Incrédulo pensaba: ¿Cómo era posible que siguiera tan enojada con él? ¿A caso seguía haciendo las cosas mal? ¿Estaría mejor con alguien más? No podía creer que se lo estuviera preguntando.
Draco manejaba como un autómata sumido en sus pensamientos, volvían de la sesión en completo silencio, como siempre. Pero esta vez, era distinto. El ambiente podía cortarse con un cuchillo. Estaban enojados, resentidos y orgullosos.
—¿No vas a decir nada? —dijo Hermione sin voltearse a verlo. Hacía rato que miraba por la ventana. Le gustaba distraerse con las sombras escarchadas del camino de árboles que iban dejando atrás, cada vez que tomaban el camino para llegar al pueblo muggle, donde estaba la casa de sus abuelos.
—¿Qué quieres que te diga Hermione?
—No lo sé, te giras a verme a cada rato. Siento tus ojos en mi espalda —Draco apretó más las manos en el volante dejando sus nudillos blancos, trató de infundirse tranquilidad, pero ya estaba un poco agotado de hacerlo— y…
—Está bien, está bien. Ya entendí. —dijo exasperado. Hermione se volteó a verlo. Él miraba la ruta—. Solo me preguntaba algunas cosas.
Pasaron unos segundos que parecieron una eternidad y casi la pacífica e ignorante tranquilidad se instalaba entre ellos de nuevo, cuando Hermione decidió cortarla.
—¿Qué cosas? —Draco se acomodó en su asiento y la miró de reojo, quizás no debió haber soltado eso último. Tomó aire y trato de ser lo más sincero posible, sin intención de dañar sus sentimientos.
—¿Por qué me sigues torturando? ¿Acaso no he demostrado mi arrepentimiento? —ella bufó.
—¿Cómo esperas que te perdone si te vas en la mañana sin decir a dónde, después de haber estado juntos? —se removió y se puso más rígida. Clara señal de que estaba comenzando a enojarse y al no poder contener su ira, se ponía ansiosa y tenía que cambiar de posición cada vez que podía. Hermione no quería estropear las cosas, más de lo que ya lo estaban, pero no podía controlar su enojo, aunque fuera irracional.
—Me fui, porque —Intentó seguir, pero fue interrumpido.
—Una noche juntos, después de años Draco. ¡No entiendo como no te sientes un poquito culpable! —No respiraba, comenzaba a trastabillar con las palabras. Estaba nerviosa, quería escupirle todo, decirle lo que sentía. Pero tanto tiempo de silencio, había enmudecido su corazón.
—Es que salí a —pero volvió a cortarle.
—¿No sentiste lo mismo que yo? —le había costado mucho decir eso, se lo había querido preguntar desde la mañana, había querido enfrentarlo y que le diera un mínimo intento de excusa, pero a esas alturas, ya no le quedaba resto para escuchar. Se había arriesgado con esa carta.
Las lágrimas se asomaron por sus ojos, respiró para contenerlas. Tenía miedo de lo que podría contestarle y curiosidad al mismo tiempo. Eran esas sensaciones contradictorias las que la movían a comportarse sin pensar.
—Si me dejaras terminar, quizás podría contestar a alguna de tus preguntas. —Hermione asintió sin mirarlo—. No sé qué fue lo que sentiste Hermione, pero yo no me fui sin arrepentirme de hacerlo, en el preciso instante que salía de la cama.
—Entonces, ¿No sentiste nada? —¿cómo es que solo podía quedarse con eso de toda la conversación? Pensó él—. Olvídalo, no importa. Ya sé lo que piensas…
—Pero ¿qué te pasa? En un segundo me preguntas por mis sentimientos y al otro me quitas el derecho de réplica —dijo incrédulo.
—No sé, tú empezaste esto —dijo cruzándose de brazos. Estaba lívida, no tenía resto para reflexionar siquiera un instante lo que estaba haciendo. Impulsiva como era, había olvidado ser racional.
—¿Y cuándo lo hice exactamente? —ironizó.
—Cuando te quedaste mirándome.
—¿Qué? ¿Acaso no puedo mirarte sin empezar una discusión?
—¡Ah! ¡Eres exasperante!
—¡Gracias! —le contestó cínicamente, es que, ya había perdido la tranquilidad y el raciocinio con ella.
—No te importa nada ¿no es cierto? —dijo ella mirándolo con rencor. Draco frenó el auto en la entrada, con más énfasis del debido para que no chirriaran las ruedas contra el asfalto. He hizo una expresión con las manos sobre su cabeza, simulando una explosión. Hermione apretó los dientes—. ¿Te importa lo que pienso siquiera? ¿Algo de lo que te contaba alguna vez te importó Draco? Ya no me miras a los ojos cuando hablábamos, no lo sé, me gustaría un "buenos días" o un "cómo estás" cada tanto.
—Pero ¿cómo haces para vivir? ¿A caso vives de monólogos? Porque si es así voy ya al ministerio y les pongo una queja —Hermione lo miraba con odio y respiraba agitadamente—. ¿Vas a escucharme o a hablar con la pared? —se quería bajar del auto y también golpearse por verlo un poco atractivo, con ese porte altivo que lo caracterizaba. Draco, por su parte, estaba cansado de ser ignorado y que no lo dejara explicarse.
—Es que no se puede hablar contigo ¿Siempre tienes que ser tan delirante?
—Deberías haberte hecho esa pregunta antes de aceptar casarte conmigo.
—Cierto, pero mira —lo vio desafiante— me la hago ahora— se sacó el cinturón y abrió el seguro con violencia. El cual se le trabó y al segundo intento pudo abrir la puerta correctamente—. ¡Maldición! —refunfuñó por lo bajo. Draco hizo acopio de su enojo para no reírse— ¿Sabes? No sé si tengo ganas de seguir con alguien así —decretó y cerró la puerta del auto de un portazo. Ella sabía que se había comportado un poco infantil, pero si seguía en ese auto, discutiendo, no pararía hasta mandarlo todo a la mierda. Se bajó, porque sabía que su comportamiento no estaba siendo comandado por la lógica y la madurez. Era su forma de evitar un desastre.
Pero Draco se quedó helado mirándola alejarse y como quien no quiere la cosa, tomó una decisión, ya agobiado de esperar.
—Entonces no lo hagas —contestó a pesar de que ya no lo escuchara. Apretó el acelerador del auto, aún encendido y se fue de allí.
Hermione escuchó a lo lejos el acelerador pisado a fondo del auto de Draco, y se quedó quieta, sintiendo la sangre hervirle. Huir, muy bien. Parece que esa era siempre su solución a cualquier problema. Bueno, ella no se quedaría a esperarlo. Ya se había cansado de hacerlo todos esos años.
¿Cuánto lo había esperado? Llevaba los días contados, los meses que no pasaban juntos. Alrededor de su corazón se había empezado a formar una fina pero fuerte capa de negación. Una coraza que aprisionaba sus sentimientos y eclipsaba cualquier impulso de amor hacia otros.
Había abandonado su fe en las cosas, en las relaciones humanas, ya casi no se divertía con nada. Hasta hace unos pocos días, que habían entrado a terapia, no se había vuelto a conectar con esa parte suya tan importante. Su autoestima. Todo lo hacía en automático, sin pasión, ya no quería puntos extra, ni llegar a casa abrazarse a una taza de café y escribir en su librito, ni darse un baño largo de burbujas, ni reírse de las bromas de Draco. Ahora todo eso le parecía un poco patético. ¿Realmente era eso lo único que la hacía feliz?
Hermione llegó a la chimenea de la casa de sus abuelos y dijo la dirección de la mansión. Un gran salón de mármol negro, de tapizados rojos y detalles platino, apareció frente a sus ojos. Ese lugar era tan grande como lo que sentían el uno por el otro, pero tan frío como lo habían dejado la última vez.
Él también había cambiado, ya no se burlaba de ella, ni se sumían en largos debates por ver quién lavaba los platos esa vez. Ya no se divertían inventando historias, ni bailando solos en la cocina. Ni haciendo el amor. Draco ya no la miraba cuando le hablaba, no estaba en casa ningún fin de semana. Sus planes eran visitar a Narcisa, llevar a Narcisa al médico, almorzar con Narcisa, cenar con Narcisa, dormir en la mansión de Narcisa. Y si bien, era la madre de su esposo y se llevaba bien con ella, no tenía tiempo a solas con él. Se había sentido terrible cuando había dejado de ir a visitarla cada vez que lo hacía Draco, pero no podía mantener eso. Era agotador y siempre terminaban discutiendo por cualquier cosa. Pensó que, si se quedaba en su casa, él por lo menos tendría una excusa para volver hacia sus brazos. Al principio pareció funcionar así, lo esperaba despierta, aunque muriera de sueño, prestaba su hombro para que él se desahogara, le susurraba cosas lindas al oído y lo acogía como si fuera un niño. Porque lo amaba, pero no por su existencia, sino por todo lo significaba como persona, como parte de ella dentro de un mismo capullo. Lo amaba por su mundo, por el que habían construido juntos. Por todo lo que habían enfrentado, por todo lo que se querían. Y lo seguía amando. Y odiaba no tenerlo cerca. Aunque estuviera enojada, aunque hubiera pensado que era mejor que se fuera, ella lo quería cerca. Por más de que no estuvieran juntos, pegados y haciéndose mimos, solo necesitaba saber que estaba vivo, que existía con ella. Que eran ellos dos contra todo. Quería saber que él estaba ahí al voltear la cara, que la esperaba del otro lado de la puerta para salir al exterior, que seguía amándola también.
Por eso cuando se acostaron juntos, cuando el calor incendió sus cuerpos, cuando el sonido de sus respiraciones fue su único oxígeno, cuando la composición de su desnudez se fundó en la de él. Cuando ese momento llegó, ella lo esperó, pero no como siempre. No esperó que llegara a consolarse con su esposa, lo esperó para que se quedara con ella. Para que no tuviera que irse más, para que volviera a sus brazos para quedarse, ella lo esperaba como Penélope a Ulises, lo esperaba para que retomaran el camino andado y reconstruyeran su vida juntos.
Creyó muy pronto saborear la victoria, teniéndolo tan cerca, estaba acostado a su lado y se sentía como siempre, no podía creer que se hubiera olvidado, de lo lindo que se sentía el peso del otro a su lado, hundiendo el colchón.
Su problema fue creer que ya no habría problemas, su inconveniente fue idealizarlo. Esperar algo del otro. ¿Cuántas veces había escuchado eso? "No esperes nada del otro", "es dar sin esperar recibir algo a cambio". Bueno ella lo había hecho. Había cometido ese error.
Llegó al cuarto de baño y se miró al espejo. Percatándose, que hasta ese momento no se había dado cuenta de que estaba llorando. Con razón sentía el pecho cerrado, el aire contraído en sus pulmones, el nudo haciendo fuerza en su garganta, los ojos que le escocían y los parpados hinchados.
Suspiró liberando un poco de aire de forma temblorosa. Hacía tanto que no lloraba así. Cerró los ojos y relajó sus hombros. Como liberándose del peso que acababa de sacar por sus ojos. Porque, se había sentido bien hacerlo. Llorar muchas veces podía verse como un acto de debilidad, o un mecanismo de defensa para victimizarse. Ella podía llorar en silencio, pero su cuerpo decía muchas cosas, cosas que su alma no había podido exteriorizar, y eso lo hacía un acto de valor.
Se sorbió la nariz y se dejó llevar por el momento. Decidió que no volvería a su trabajo por la media jornada que le quedaba completar, porque hoy no quería distraerse con las leyes, las necesidades de la comunidad o el bienestar social. Quería sentir, quería pensar y por, sobre todo, dejar de excusarse. Esas lágrimas le habían infundido coraje y no lo echaría a perder, tenía que transformarlo en algo positivo. Pero qué difícil era.
Se desvistió y prendió la ducha, ansiaba que el agua le callera por la cabeza hacia todas sus extremidades. Que le diera algo por qué luchar.
Una lluvia caliente le mojó la cara y las gotas se deslizaron por su rostro como si de un comercial de shampoo se tratara.
Las imágenes de viejos recuerdos se agolparon en su mente, la memoria de su cuerpo le atravesó la piel erizándole cada bello.
Hermione se acordó el día en que había tenido una revelación alucinante, algo que nunca se imaginó. Ese día se había despertado de un sueño muy vívido, con nadie más que con su némesis. Se había levantado acalorada y con una taquicardia frenética. Su respiración entre cortada y la nuca erizada.
—Granger, ¿estás bien? —le había preguntado de repente Pansy. Con quien aún se seguían llamando por sus apellidos. Estaban en Hogwarts, en los dormitorios que compartían Luna, Pansy, Ginny y ella. Las chicas seguían dormidas y la morocha era la única despierta— ¡Por Merlín! ¡te ves terrible! —le había susurrado medio a gritos, al darse cuenta que Hermione no le contestaba y seguía en estado de shock, se había acercado hasta ella con cautela. La chica se encontraba sentada en la cama con todas las mantas y sabanas desparramadas, inmóvil— estas pálida… —se había acercado un poco más hasta tocarle la frente con el dorso de la mano, para comprobar si tenía fiebre. De repente Pansy pareció iluminarse. —No me digas que…—Hermione de pronto volvió a respirar y miró a la Slytherin con desesperación. Ésta se rio y la castaña le tapó la boca. Pero no pudo evitar sonreír un poco ante la situación bizarra.
—No se te ocurra decir nada —le dijo tratando de parecer amenazante, sin mucho éxito, se le había quebrado la voz.
—¿O qué? —le replicó la Slytherin cruzándose de brazos. Hermione dudó unos segundos y luego se rindió con un suspiro— Bien, no diré nada. Pero, si me dices de quién se trata.
La Gryffindor abrió mucho los ojos y se mordió el labio. Pansy la esperaba con impaciencia como si estuviera a punto de lanzarle un embrujo si seguía demorándose tanto, por algo que a todo el mundo le pasaba.
—Eh, él —se trabó— yo, hum, es —no podía concentrarse y parpadeaba varias veces.
—Granger, no tengo todo el día.
—Es que si te lo dijera no sé qué pasaría después —ella temía decir lo que había vivido en voz alta. Era muy fuerte y difícil de digerir para aquellos que no la hubieran acompañado todos esos días en los que pensaba en él a escondidas. Se asustó de repente con un balbuceo de Ginny, que cortó el silencio unos segundos y luego se volvió a callar cuando se dio la vuelta dormida en la cama.
—Escúchame —dijo con pocas pulgas Pansy— no eres la única que ha tenido ese tipo de sueños —le confesó con una sonrisa pícara y Hermione sintió cómo subía el calor a sus mejillas avergonzada— mira, yo te digo con quién son los míos y tú me dices el dueño de los tuyos, ¿de acuerdo? —no sabía porque, pero la castaña entendió que no era una pregunta que se pudiera responder con una negativa, por lo que asintió—. Bien, Potter es el amo y señor de mis fantasías. Te toca. —Hermione se estremeció un poco ante esa declaración.
—Pero, pero —balbuceó, tragó grueso y prosiguió— ¿Cómo es que me sueltas eso así? Sin tapujos. ¿Cómo lo haces? ¿No te da vergüenza? —Pansy la miró divertida.
—Ay Granger, me haces reír —al ver que la Gryffindor no se reía agregó— No me da vergüenza, porque no me importa lo que tú pienses. —se encogió de hombros— Simple. —y con un movimiento sensual, se corrió el pelo hacia atrás del hombro— tu turno.
—Mal-Malfoy —dijo ella titubeante. Se infundió coraje pensando que mientras más rápido mejor.
—Lo sabía. —dijo con un tono de suficiencia muy típico de los Slytherins.
—Y entonces ¿por qué me hiciste decírtelo?
—Creí que eso te haría bien. No tenías que decírmelo, sino decírtelo Hermione. —la ojimiel estaba sorprendida por la astucia de la muchacha y lo más impresionante, era que se sentía de pronto mucho mejor. Como si se hubiese sacado un peso de encima.
—¿Creí que nos llamaríamos por los apellidos de por vida? —dijo ya más tranquila.
—Bueno, nos hemos contado nuestros más íntimos secretos. Supongo que ya atravesamos esa barrera, ¿no crees? —le sonrió de lado. La Gryffindor le devolvió la sonrisa.
—Sin dudas.
Hermione volvió al presente con esas palabras, para darse cuenta de que sus dedos estaban arrugados ¿Cuánto tiempo llevaría bañándose? Cerró la perilla del agua caliente y con delicadeza salió de la bañera. Tomó una toalla y se la pasó por los hombros abrigando su figura mojada. A su alrededor el ambiente estaba cargado de bruma, estiró un brazo y deslizó su mano por el espejo, borrando la parte que empañaba su reflejo. Se miró nuevamente, pero esta vez no se reconoció. Sus ojos estaban cansados, pero algo en sus mejillas parecía haberse renovado. Habían recuperado su color natural y era gracias a que había encontrado un poco de paz. Y aunque le costara admitirlo, hasta esa discusión, las cosas con su esposo habían empezado a cambiar para mejor. La noche anterior se habían unido en una danza corpórea que había inundado de sensaciones encontradas, casi olvidadas, todo el salón.
Sintió algo escurrirse en su vientre, algo así como la culpa. Y es que, llevaba un nudo en la cabeza. Por un lado, quería golpear a Draco por haberse ido en la mañana y haber lastimado su fatigada autoestima y, por otro lado, se sentía responsable por permitir que sus emociones se apoderaran de la situación de forma radical. Porque, siendo sinceros, ella no le había dado la oportunidad de explicarle lo que había pasado. ¿Por qué había sido tan mezquina? ¿Por egoísmo?
Hermione llegó a la conclusión de que se había comportado de esa forma, porque quería hacer oídos sordos a lo que estaba pasando por su corazón. No podía simplemente aceptar que estaba mejor, no hasta mirarse al espejo y encontrar un alma sanando reflejada. ¿Cómo había sido tan tonta? Tenía que disculparse.
Secó su cuerpo rápidamente y salió del baño junto con el vapor. Había tomado una decisión, no podían seguir discutiendo y evitándose. Tenían que decirse lo que sentían y definir la situación, ella estaba cansada de estar en esa especie de "limbo" que era su relación. No podía evadir por siempre las sensaciones que había revivido la otra noche, no podía ocultarse más. Era valiente por decreto, y esa era una presión muy grande sobre sus hombros. Nadie pensaba en lo difícil que era llevar una etiqueta. Porque, Hogwarts, por mucho amor que le tuviera, había creado en todos ellos una etiqueta. Los había puesto en una casa, en la que se debía respetar determinada cualidad. Pero no se contemplaba, la posibilidad de que esa persona cambiara, o de que aquellos que estaban en Gryffindor quisieran ser cobardes cada tanto, o considerado a aquellos Slytherins que tenían actos valederos de vez en cuando. Y a veces, los sucesos de la vida, que uno no los elige, podían orientarte hacia otra perspectiva. Pero no, tenías que ser como tu casa lo decía.
Ella había sido una cobarde todo este tiempo, al parecer algo de rebeldía se había instalado en su cabeza y no podía sacarlo de allí. La adolescencia le estaba pegando a sus veintisiete, porque ¿Alguna vez había sido adolescente en el pasado?, siempre mantuvo una actitud adulta, y ahora las consecuencias de esas decisiones se veían reflejadas en su presente. Ya era hora de hacer honor a su famoso emblema y armarse de valor.
Se vistió rápidamente, pero pensando en ser otra vez ella misma. Quizás llevara un pijama de etiqueta, pero era el más parecido a sus gustos. Un pantalón largo de ceda beige y una remera delicada del mismo color con finos tirantes. Ambas piezas tenían estampadas unas nubes blancas casi imperceptibles, que parecían no pertenecer a ese diseño. Esa prenda le recordaba a ella en ese mundo "excesivamente fino", en el que sus suegros la habían sumergido. Sintiéndose así se puso sus pantuflas de franela y se encaminó hasta la cocina dispuesta a hace un cambio positivo, a darle el derecho a su pareja de expresarse debidamente.
Esperaría a su esposo con algo de cenar y así hablarían tranquilos. Pero su plan tenía un pequeño problema, no sabía qué iba a preparar. No sabía nada de la cocina, era un asno en lo que respectaba a lo culinario. Draco en cambio, se había encargado de aprender a cocinar para conquistarla.
Fue en ese momento, entre la heladera repleta de cosas que no había cargado ella, y el remordimiento de no haber aprendido a cocinar nunca, que recordó aquella vez, que la había invitado a su "primera cita" oficial, después de sus idas y vueltas en Hogwarts.
Draco la había citado a una dirección que no reconocía. Le había enviado una carta al ministerio, a la hora del almuerzo. Ella releyó las palabras que se amontonaban con una fina caligrafía en el pergamino y suspiró. No estaba segura de la decisión que había tomado, solo sabía que estaba haciendo una gran apuesta y como siempre la inseguridad había golpeado su mente.
¿Realmente le iba a dar otra oportunidad a este romance? Recordar aquellas tardes en Hogwarts, cuando eran adolescentes y desenfrenados. Cuando el hombre que se había colado en sus sueños todo el último año, aquel que sin darse cuenta la había cautivado mucho antes, con todas las discusiones y acusaciones, aquel que había golpeado en tercer año, aquel que la había llamado "sangre sucia", aquel que había encontrado llorando en sexto año, en el baño; le había correspondido, cuando le había hecho saber que él sentía lo mismo, había rebosado de felicidad.
¿Por qué se había enamorado de alguien así? Porque, tenía un extraño fetiche con los adversarios de alta categoría, y con esto se refería a alguien que fuera un oponente digno en cuanto a debates se trataba. Y él era el ser más arrogante que había conocido, no había explicación que valiera la pena, pero a ella simplemente le hacía hervir la piel. Alguien prohibido, su opuesto, su contrincante más complejo.
Era su amor platónico y ahora tendría un encuentro con él otra vez, después de todo el incidente con Ron. Ella había cortado su relación con él, por lo inevitable de saber, que su corazón le pertenecía irrevocablemente a otro.
Había contestado la carta con una afirmación, pero había dudado un poco. ¿Y sí volvían a separarse? Y sí, y sí, y sí…
Sacudió la cabeza queriendo borrar esos pensamientos y se dispuso a continuar con su trabajo. Tenía el escritorio abarrotado de expedientes.
Más tarde y con la panza hecha un nudo Hermione se encaminaba a un callejón perdido en Londres, para aparecerse en la dirección correcta. Draco le había enviado una fotografía de la entrada a un lugar, en el cual ella debía aparecerse.
Tomó aire y reunió el resto de valentía que le infundió ese oxigeno recorriendo sus pulmones. Abrió los ojos lentamente sintiendo el viento invernal chocar contra sus mejillas. Parpadeó un par de veces para acomodar su visión y no marearse tanto por el viaje rotundo.
Maravillada se percató del silencio que se apoderaba de ese solitario lugar. Delante suyo había montañas y verde. Solo eso y ella. Detrás tenía una empinada cornisa que terminaba con un bosque en la base, le dio un poco de vértigo y llevó su mirada de vuelta al frente. Se sentía escondida, como si ese paraíso fuera únicamente para quién supiera apreciarlo. Un detalle oculto en la geografía.
Se sentía dentro del Señor de los anillos. Probablemente se encontrara en algún país nórdico, Noruega o Nueva Zelanda. Divisó un águila que se acercaba a ella, venía de más allá de las montañas nevadas. Cuando llegó a un metro de ella se sostuvo en el aire con un paquete en sus patas. Reclamó con un sonido que se acercara. Hermione hipnotizada se dirigió hacia el animal. Tomó el paquete que soltó en sus manos y la vio irse con un vuelo impresionante. Admiró un poco más la belleza del ave de plumas negras y alas plateadas.
Desenvolvió el paquete y se encontró con una nota y un catalejo antiguo. La abrió y se dispuso a leerla.
Sí estás leyendo esto, es porque has encontrado mi lugar en el mundo. Aquí me escondo para no pensar, aunque termino haciendo todo lo opuesto, pero por lo menos no tengo que darle explicaciones a nadie.
Hermione sonrió ante eso y siguió leyendo con aprecio.
El catalejo es para que mires al norte y divises una pequeña cabaña de roble. Cruza la colina y el sendero te guiara hasta mí.
DM
Enrolló la carta y la metió en su abrigo. Tomó el catalejo, era pesado y de un incalculable valor. Lo sostuvo entre sus manos con delicadeza, temía que por la torpeza que la caracterizaba se le fuera a caer. Lo llevó hasta su ojo derecho y cerró el izquierdo para enfocar hacia el norte. Efectivamente, divisó la cabaña de roble a la cual le salía humo por una chimenea. Guardó el artefacto en su bolsito de cuentas (del cual no se despegaba después de la guerra) y se dispuso a cruzar la colina. Encontró rápidamente el sendero y lo siguió con tranquilidad.
Una extraña sensación de familiaridad la invadió al llegar a su destino, abrió la puerta y el olor a hogar invadió sus fosas nasales, junto con el calor que envolvió su cuerpo, pidiéndole cobijo.
Hermione se abrazó con melancolía. Su cuerpo le hizo sentir el remordimiento y la necesidad de correr a ese lugar, para encontrarlo esperándola con una comida deliciosa, preparada por él, para compartirla juntos. Para quedarse dormida en el sofá frente a la hoguera, en sus brazos, con una taza de chocolate caliente.
De repente escuchó un ruido proveniente de la entrada y su corazón latió desbocado por la sorpresa. Y se sintió como una adolescente con las mariposas en el estómago, esperando ser liberadas cuando vieran a su agonizante amor.
Miró el reloj de la cocina nerviosa, y se percató de que aún era temprano para que Draco llegara, pero claro, eso sí había decidido ir a trabajar, si no lo había hecho, y solo había ido a dar una vuelta en el auto para despejarse y luego volver a la mansión, este podía ser el momento. Aun así, se quedó clavada al suelo, no podía reaccionar. ¿Por qué estaba tan nerviosa?
Escuchó unos pasos que se acercaban y la manija de la puerta que abría la cocina comenzó a girarse. Su corazón se detuvo un instante y el aire se le atascó en la garganta. Cuando la puerta dejó ver a otro hombre que no era el que ella esperaba, recién pudo liberar el aire. Su pulso fue tomando su propio ritmo paulatinamente, dejándole una clara duda en el semblante.
—¿Blaise?
—¿Sorprendida? —le contestó sonriente el moreno, y se acercó hasta ella para darle un cálido abrazo— Veo que no me esperabas ¿verdad? —se separaron.
—Pues, no. —dijo ella con sinceridad— lo siento, creí que era…
—¿Draco? —preguntó extrañado. Ésta asintió— que extraño, yo lo buscaba a él. Pensé que estaría aquí, ya que... —Hermione frunció el ceño. Blaise pareció dudar si decirlo o no, quizás su amigo hubiera preferido no decírselo a su esposa. Pero la castaña le lanzó una mirada de advertencia— bien, no fue a trabajar y como sé que ustedes hoy tienen sesión en la mañana, pensé que podría haberse demorado con algo —. dijo derrotado— Un segundo ¿qué haces tú aquí? ¿También faltaste a tu trabajo? —la miró sorprendido, percatándose de ese hecho. Hermione nunca faltaba al trabajo.
—No me mires así. Lo necesitaba, pero me extraña que Draco no lo haya hecho. —Hermione entrecerró los ojos dubitativa. Una punzada en el pecho la hizo preocuparse. Si había faltado a su trabajo y no había vuelto a casa ¿Dónde estaba?
—Así que ¿no tienes idea de donde está verdad? —le dijo con cautela su amigo. La veía consternada y eso le daba miedo.
—Mmm —pareció dudar. En realidad, estaba tratando de pensar a dónde podría haber ido, si no estaba con su amigo, y si respondía así era porque no quería perder el hilo de sus pensamientos. Pero Blaise no pareció entenderlo.
—Si no te dijo a dónde iba, ¿crees que esté bien?
—No lo sé. —dijo dudosa y un poco avergonzada añadió— tuvimos una pelea después de la sesión, me dejó en la casa de mis abuelos, y se marchó. —se le quebró la voz. ¿Y sí ya era demasiado tarde para ellos? ¿La habría abandonado? ¿Volvería a ella como la otra vez? Trato de pensar fríamente, pero un escalofrío recorrió su columna al sopesar esa posibilidad.
Blaise pareció darse cuenta de la confusión en su mente, porque se acercó a ella y la tomó del mentón para que lo viera.
—Ey, no te preocupes. Seguro está con Theo o en algún bar —Hermione abrió mucho los ojos y el moreno se golpeó mentalmente por haber agregado eso último, eso probablemente la preocuparía más— lo siento, olvida lo del bar —le pidió suplicante y al no recibir respuesta por parte de ella, la acercó a su cuerpo en un abrazo. Hermione apoyó la cabeza en su hombro y suspiró.
—Tengo miedo. —le dijo en un susurro. Blaise le sobó la espalda con cariño. Hermione se sentía cubierta por un gran oso, y se permitió ser acogida por alguien más, aunque fuera por compasión.
—Lo sé. Tranquila. Seguro volverá en unas horas. —hizo una pausa dudando sobre qué decir, no era muy bueno con eso de los sentimientos, así que su cerebro trabajaba lo más rápido que le era posible— espera unas horas a ver si aparece, sino me llamas y yo vengo. Lo buscaremos juntos. —se separó de la chica, pero mantuvo las manos en sus hombros y la miró a los ojos— ¿Sí? Prométeme que no harás nada estúpido. —Hermione puso los ojos en blanco, pero asintió— bien, mejor te llamaré yo en unas horas. Ten tu celular contigo— besó la frente de la consternada chica y le dio un último vistazo antes de irse.
—Estaré bien Blaise. —le aseguró ella con el resto de cordura que le quedaba. Éste asintió, sin creérselo del todo, y con un grácil movimiento, desapareció.
Hermione se mordió el labio y no pudo evitar pensar en las consecuencias que tenían sus actos. En cómo cada cosa que hacían los seres humanos podía desencadenarse en un desastre, y en la desesperada intuición que poblaba su mente, diciéndole que esa noche, su esposo no volvería.
N/A
¡GRACIAS POR TODOS LOS REVIEWS! Espero recibir tantos como en el capítulo anterior, adoro sus reflexiones. Les amo.
PD: también tengo una recomendación para hacerles de un fic. Si están dispuestxs a leer algo fuera del cliché, con un gran argumento y profundidad deben leer "Aquelarre Lunar", es nuevo y está en proceso, pero se ve muy prometedor. La autora es mi prima AngelinaPriorincantatem. Espero les guste.
¡Hasta la próxima!
Cygnus.
