Disclaimer: Todo le pertenece a la ama y señora Rowling, yo solo soy dueña de esta historia.
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¡Holis! Lunes por la noche y actualizando… me demoré una semana. Fuif.
GRACIAS A TODOS LOS REVIEWS. MAÑANA LOS CONTESTARÉ POR PRIVADO.
Recomendación musical: "Tabú"- Gustavo Cerati.
CAPÍTULO 14: De cuando necesitamos un pequeño empujoncito.
Hermione se levantó sobresaltada por la madrugada y no pudo volverse a dormir. Por la cantidad de luz que entraba por la ventana, podía anticipar que eran alrededor de las seis de la mañana. Se acurrucó un poco por el frío, se dio cuenta que no se había puesto la colcha y en un movimiento corto, que pareció durar mucho más tiempo, por el temblor de su cuerpo ansiando el cobijo, tomó la frazada de paño y el plumón, que habían caído deliberadamente al suelo, y se tapó hasta la coronilla. Se quedó mirando hacia afuera, al parecer un rastro de luna se dibujaba aún en contraste con el cielo. Le hubiera gustado quedarse con la mente en blanco, sin pensar, encontrándose entre la figura y el fondo. Prefería quedarse viendo la luna esfumarse y el cielo incandescente del amanecer aparecer en el mundo, renovando el aire, dejándola sin rastros del día anterior. Pero su mente no quería recapacitar, en cambio le reclamaba atención.
Recordó las sabias palabras de aquel escritor, creador de incalculables escritos, aclamado por el público, hacedor de la más exquisita poesía. Jorge Luis Borges decía: "La amistad no necesita frecuencia, el amor sí. La amistad puede prescindir de la frecuencia, en cambio el amor no, porque está lleno de ansiedades, de dudas. Un día de ausencia puede ser terrible… la amistad, no necesariamente, busca la confidencia. Pero, si en el amor no hay confidencia, uno lo siente como una traición."
Sopesó sobre esas palabras, tan adecuadas para esta situación, y es que ella sentía todo eso. Ya había sentido más de un día la ausencia de Draco. Pero, ahora se sentía más lejos de él que nunca, y tan solo habían pasado un puñado de horas. Esto sucedía gracias a que, sin ser consciente hasta el momento, había vuelto a amarlo o había recuperado su amor perdido. Y ahora buscaba esa confidencia que habían olvidado. ¡Y vaya que se sentía esa "traición"! Pero, como el letargo simbólico que deja en su pecho todas las mañanas, desde que la sintió irse. Sintió que la confidencia se le iba de entre sus dedos. Lo que no se había figurado hasta el momento, es que Draco había querido recuperarla y ella no le había prestado atención.
Con la energía que sus músculos adormilados le permitieron y las tensiones instaladas en sus cervicales, se levantó de la cama. Hoy no podía tomarse el día, tenía trabajo acumulado, pero no se quedaría en casa ni, aunque quisiera esperarlo, porque la ansiedad la mataría. Decidió que se daría un baño, desayunaría tranquila y buscaría acallar sus pensamientos con suposiciones negativas, tales como "¿Y si algo le sucedió? ¿y si tuvo un accidente? ¿y si no vuelve más?". Lo que haría sería ir a desconcentrarse al Ministerio. Si él no regresaba, y cruzaba los dedos para que eso no ocurriese, ya pensaría en algo. Ahora lo importante era volver a la compostura. Aunque sabía que en su mente una pequeña voz, no dejaría de reprocharle su atención en ese asunto, tenía que recurrir a su máxima herramienta, la responsabilidad. Era su mecanismo de defensa desde hacía años. La biblioteca era su lugar en el mundo, junto con sus pensamientos y divagaciones filosóficas. Su encierro la había ayudado a ignorar tantos prejuicios hacia su persona, en lo que había sido su infancia y adolescencia, pero no le había sacado la amarga culpa que se depositaba en su pecho, junto con las palabras que había ocultado.
Estaba preocupada porque lo había llamado a su celular y daba sin cobertura, porque Blaise la había llamado más tarde por la noche y él seguía sin regresar, porque esta vez sentía que las cosas no iban bien y un presentimiento rencoroso consigo misma la torturaba, haciéndola sentir la única responsable de este suceso. Entonces la penumbra y la danza en la que se enrollaban sus ideas, la habían arrastrado a su maldita angustia actual.
Con la culpa que la carcomía, salió del baño y se vistió para ir a trabajar, con rapidez. Recorrió el pasillo para bajar al comedor y desayunar. Iba sumida en sus pensamientos, cuando al doblar la esquina que daba a las escaleras, se encontró con la puerta abierta de la habitación, que había estado usando su esposo el último tiempo. Una sensación de aprehensión cubrió su semblante y con naturalidad, abrió la puerta para adentrarse en el cuarto. Era un poco más chico que el "matrimonial" y en vez de tener varios ventanales, tenía solo uno, por lo que le daba al lugar una cadencia oscura. La cama estaba revuelta, y había un par de calcetines y zapatos desperdigados. El olor del cuarto era seco, como si hubieran fumado varios habanos e ingerido bastante alcohol allí. A pesar de ello, Hermione no sentía asco por eso. Supuso, que era una gran representación de lo que significaba su relación marchita y su corazón se encogió aún más. Ella sabía que él no olía así, y aunque amara todos sus perfumes caros que le daban importancia y estatus, ella solo deseaba su propio olor.
Se acercó al armario y lo abrió. Había algunos trajes, pero no estaban todos. El resto estaba en la habitación de la que ella había salido, estaban enfundados en grandes sobres, y los usaba para otras ocasiones, estos que tenía ahora entre sus manos, tenían impregnada su esencia, marca Draco. No era nada que se pareciera a algo. Nada de menta, eucalipto o limón. Porque, ¿quién podría describir así el olor de alguien? Todos tienen un perfume propio, ese que reconocemos cuando entramos a su casa, pero nunca podemos descifrar qué elementos contiene esa fragancia. Eso es lo que los hace tan únicos. No es porque fuera su esposo, pero ella amaba su olor. Algo inédito que, con tan sólo inhalar su propia amortentia, ella se sentía fallecer.
Se acercó a uno de los sacos y metió el brazo derecho por el agujero izquierdo. Apoyó su mejilla en una de las solapas, correspondientes al "pecho" del mismo, y con ese brazo, que simulaba ser el del portador del saco, se abrazó a sí misma por la cintura. Inhaló su perfume con placer. Olió su esencia como si se estuviera bañando en un manantial de agua pura. Cerró los ojos y se balanceó con el traje, como si lentamente estuvieran bailando, solos. Sola. Imaginó todos sus bailes, pero añoró aquellos silenciosos, esos ocultos en su cocina, los que hacían en el jardín o en el gran salón. Con un ritmo que cabía solo en su martirizada memoria.
Cualquiera que viera esta escena, probablemente reiría y luego declararía con juicios infundados, que estaba loca. Pero no le importaba, porque para ella eso era su amor escondido en un armario, esperando salir, pero sin desesperarse, sino aguardando otro paso de vals.
—¿Sra. Malfoy? —Hermione casi raja el saco del gran susto que se llevó. Una voz proveniente de la puerta la había sobresaltado, interrumpiendo su momento con el saco. Se despegó de la prenda sintiéndose rara. ¿Estaría poseída? Pero, tan pronto como esa pregunta estúpida vino a su mente, se largó, haciéndola recordar que, aunque en su estado reciente parecía un zombie, nadie le había lanzado un imperio para hacer las cosas que había hecho y las decisiones que había tomado. Todas eran de su, endemoniada, autoría.
Se giró hacia la puerta, que había dejado entre abierta, respirando lo más lento posible, para calmar sus latidos desbocados. La abrió al todo y ésta dejó ver a su elfo al otro lado.
Ridens, por supuesto, era la criatura más educada de esa casa.
—Sí. Pasa, por favor. —le contestó ella amablemente. Un poco avergonzada por su momento anterior. El elfo corrió la puerta y se adentró despacio— y ya te he dicho que me llames Hermione.
—Lo siento, Sra. Hermione —ella suspiró— ha venido el Sr. Longbottom, la está esperando abajo.
—Gracias, Ridens. Dile que ahora bajo. —sonrió y el elfo desapareció con una agilidad notable, propia de su majestuosa naturaleza.
La chica recorrió con la mirada por última vez la habitación antes de irse, cerrando la puerta con cuidado y se tomó unos segundos para bajar. Tratando de apaciguar las emociones que llevaba a flor de piel y con el mínimo coraje "Gryffindor" que le quedaba, lo hizo.
—¡Pero qué agradable sorpresa! —le dijo a su visitante con una sonrisa, mientras bajaba el último peldaño y el aludido se giraba hacia ella. Neville, se acercó y tomó una de sus manos para darle un casto beso en el dorso.
—Mademoiselle —le sonrió pícaro su amigo. Ella se rió.
—¿A qué se debe esta hermosa visita? —quiso saber mientras lo guiaba al salón de té, era amplio y daba al jardín interno, plagado de puros jazmines. Algo digno de ver y hermoso de apreciar a través del olfato —te has levantado muy temprano…
—¿Por qué ese tono de sorpresa? —dijo el sonriendo. Ella sabía que le costaba horrores hacerlo, así que lo miró desafiante, mientras se sentaban uno a cada lado en las sillas de cristal que bordeaban una mesa ratona circular— Adoro estas sillas, parecen de la mismísima reina Isabel. Hermione rodó los ojos. —si las detestas tanto ¿por qué no las regalas? No me ofendería, si las donaras al estudio…—dijo encogiéndose de hombros divertido.
—Muy gracioso —bufó— sabes que fueron un regalo de Narcisa, ella se ofendería mucho, si supiera que esto —señaló la mesa y las sillas— que perteneció a sus antepasados, aquellos que conquistaron —se quedó pensando— algo —agregó quitándole importancia, Neville la miraba divertido— con el apellido "Black" tallado en cada rincón, por elfos probablemente, o duendes ¿quién sabe? —se encogió de hombros— es botado por allí sin más. ¿Imagínate lo que debió costarle dárnoslo? Sabiendo que una sangre sucia, se sentaría aquí.
—Guacala —dijo Neville, mirándola con expresión de hastío, mientras se tapaba la nariz, como queriendo evitar su feo olor. Hermione le golpeo el hombro y luego se carcajeo. Éste hizo una mueca de dolor, mientras se frotaba allí donde le había asestado el golpe— ¡ouch! Había olvidado tus dotes de golpeadora. —Hermione paró de reírse de repente, recordando un pequeño suceso durante su tercer año en Hogwarts, que involucraba a cierto rubio— ¿Vas a decirme qué te pasa? ¿o tendré que preguntártelo otras veces más en el día? —ella negó con la cabeza.
—Lo siento. A veces, olvido enmascarar mis sentimientos…
—Creo que siempre lo olvidas cariño. —Hermione sonrió débilmente y con un suspiro, comenzó a relatarle a su amigo todo lo ocurrido hasta el momento, desde su sesión hasta la preocupación con la que cargaba esa mañana, después de la repentina ausencia de su esposo.
—No lo sé Nev ¿Y sí no vuelve? —le dijo con clara angustia en la voz.
—Hermione, eres mi mejor amiga en el mundo y realmente, espero ser el tuyo también —Hermione rodó los ojos. Parece que juntarse con los Slytherins les había pegado la arrogancia— pero eso lo discutiremos otro día, a lo que voy con esto, es que te aprecio mucho como para mentirte. Seré lo más sincero posible contigo. —ella lo sabía, él siempre lo había sido, y estaba más que agradecida por eso, así que asintió, dándole a entender que continuara— Creo que la pregunta que debes hacerte, en todo caso, es ¿y si está con alguien más? —la chica puso los ojos en blanco y una expresión de horror colmó su rostro. — ¿Nunca lo pensaste?
—Pues, no —y era verdad, ella no había barajado esa posibilidad. Él no podía serle infiel. No era esa clase de persona. Una pequeña voz en su cabeza la golpeó recordándole que ella si era esa clase de persona— no, no puede ser.
—Todo puede ser ñoña —le dijo con aprehensión— Sé que acabo de tirarte como diez crucios de una sola vez, pero me parece que tendrías que pensar en todas las probabilidades, y actuar. "Alerta permanente" —dijo haciendo una pobre imitación de la voz de Moody. Él era un experto en el humor negro— ¿A caso quieres perderlo?
—Yo… No. No quiero. —dijo bajando los hombros y evitando la mirada de su amigo con vergüenza. Hasta que otra duda pareció poblar su semblante y lo miró desesperada a los ojos— ¿Cómo lo haré? —Neville sonrió.
—Bueno, supongo que, deberías encontrarlo primero.
—Pero, no tengo idea de donde puede estar. —dijo con preocupación.
—Piensa, estoy seguro de que lo averiguarás. —la alentó.
—Tienes razón, no me puedo rendir tan fácil. —sentenció, sintiéndose un poco más ella. Esa persona que solía ser cuando seguía llevando el apellido Granger, no en este pobre intento de sangre pura, que se había convertido.
—¡Esa es mi mejor amiga ñoña del mundo! —dijo sonriente, y dándole un mordisco al bizcocho que Ridens les había servido junto con el té. Hermione apretó lo labios y lo golpeo otra vez. —¡Eh! ¿Y eso por qué fue?
—Ya. Sabes que odio ese apodo, y no creas que no se me pasó la anterior vez que lo dijiste. —terminó con una mirada de advertencia. Él rodó los ojos y le sacó la lengua. Ambos rieron por haber dejado salir a sus niños interiores jugar un rato, como en los viejos tiempos.
Aunque, a Hermione comenzaba a dolerle el pecho y a costarle respirar de tanto en tanto, por la presión que le ocasionaba aquello que habían hablado. Un nudo de nervios en su estómago y la falta de entusiasmo por acudir al trabajo ese día, la frenaban. Pero la pregunta había sido respondida, iría a recuperarse a ella misma y luego buscaría a la persona que nunca había dejado de amar.
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¿Qué tal? ¿No aman a Neville también?
Perdón por la corta extensión, pero cero tiempo he tenido y no quería demorarme más.
Les comento una última cosa; tengo una página en Facebook que responde a: CygnusDorado – CygnusDoradoFF. Me encantaría que le den like. Allí publicaré actualizaciones y nuevos proyectos. :)
Amarlas es poco.
Hasta la próxima!
Cygnus.
