Disclaimer: Los personajes y el mundo mágico no me pertenecen. Pero, la invención de esta trama sí.
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¡Hola terrícolas! ¿Cómo estuvo su fin de semana?
El mío cargado de historia *rueda los ojos*. Estoy estudiando "Historia de las ideas" para rendirla la semana que viene. Y ya no quiero saber nada…
En fin, aquí estoy con otra actualización, corta pero jugosa… espero.
Las personas que me siguen en Facebook (CygnusDoradoFF) se habrán dado cuenta de que aparecen dos slytherins, bastante, protagonistas en este capítulo. Las que no, bueno es hora de darle LIKE a la página, si quieren enterarse de las buenas nuevas. ;)
Este capítulo se lo dedicaré a una amiga muy fan de cierta parejilla… espero que te guste Nat (SlyPrincess07 en FF) :p.
Recomendación musical: "Something About Us" – Duft Punk (recomendablemente sensual).
¡Que lo disfruten!
CAPÍTULO 15: De calenturas y perdón.
Harry caminó por el largo pasillo de oficinas después de que Ian, el asistente de Hermione, aprobara su pase a esa sección. Tenían muchas trabas con respecto a la seguridad después de la batalla final y de varios atentados posteriores, consecuencia de la desesperación y desorden estructural social, de posguerra.
Llegaba justo a tiempo para almorzar con su mejor amiga, como todos los miércoles. Era un ritual que mantenían entre ellos. Su amistad se había fortalecido a lo largo de los años, porque supieron apoyarse en el otro durante los tiempos difíciles, supieron acompañarse en cada relación y crisis anímica, porque eran como los hermanos que nunca tuvieron. Con Ron no habían tenido la misma suerte. Aunque seguían en contacto, por desgracia, la vida los había llevado por caminos separados. El hecho de que se distanciara repentinamente de él, no lo sorprendía, siempre había sentido su constante comparación. Ron no estaba seguro de sí mismo y, si conseguirlo, implicaba distanciarse, él lo creía lo más sano. Con Hermione era distinto, ellos sí habían tenido una pelea, y aunque se respetaban mutuamente y se sonrieran de vez en cuando, no se veían por el bien de sus parejas y salud mental, ya que, a la categoría de "amistad" se le agregaba "ex pareja".
Al llegar a su destino, tocó la gran puerta negra que se alzaba frente a él imponente, cerrando el paso al despacho de la bruja más brillante de su generación. En ésta rezaba la inscripción de "Hermione Granger, Jefa del Departamento de Regulación y Control de Criaturas mágicas". Sonrió orgulloso de su potencial, desarrollado a lo largo de los años. La admiraba. Había logrado estar donde quería, y su inteligencia y predisposición la instaban a ir por más.
—¡Harry! —lo recibió ella con un abrazo apenas abrirle. Éste se lo devolvió y la presiono contra su pecho cariñosamente.
—Estas más entusiasmada que de costumbre…—le dijo sorprendido, mientras se separaba de sus brazos y se adentraban en su despacho. La miró alzando las cejas sugestivamente, imitando una muy mala versión sensual de sí mismo.
Ella rió divertida y negó con la cabeza.
Harry reparó en la cantidad de expedientes que poblaban la mesa y el desorden que había en la habitación en general. Ella se percató de la cara extrañada de su amigo y se sonrojó.
—Lo siento, mucho trabajo y poco tiempo —se encogió de hombros y con su varita realizó un simple hechizo que ordenó cada papel y libro que estaba fuera de lugar dentro de su gran oficina— casi olvido que hoy es miércoles —agregó con un suspiro. Harry asintió y Hermione lo guío hacia la pequeña sala de reuniones que tenía a su disposición. Al instante hicieron aparecer por arte de magia sus almuerzos y bebidas.
—¿Cómo estás? —le pregunto con normalidad. Hermione rehuyó a su mirada, y él se arrepintió en ese preciso momento, de haber hecho aquella pregunta— lo siento, no debí…
—No Harry, está bien. Es una simple pregunta, es solo que he estado un poco sensible últimamente. Ya sabes. —dijo encogiéndose en su lugar— No debería afectarme tanto, ¿verdad? —le pregunto con sinceridad mirándolo a la cara. Él la tomó de su mano con cautela, pues nunca se le había dado muy bien todo aquello que tenía que ver con las muestras de afecto, pero sabía lo que la muchacha sentía y quería reconfortarla de algún modo. Ella le sonrió apreciando aquel gesto.
—Hermione, no tengas miedo de demostrar lo que sientes. —suspiró— sé que es un tema personal, pero sabes que estoy aquí para lo que necesites. —ella asintió.
—Gracias.
Comenzaron a comer la deliciosa comida del nuevo buffet que habían instalado en el segundo piso. Conversaron un poco acerca de las nuevas políticas de seguridad y de los expedientes aún abiertos de aquellos ex mortífagos. Por unos minutos, volvieron a la sala común que compartían, durante sus años en Hogwarts, siendo adolescentes y olvidando sus nuevas responsabilidades de adultos. Porque, ¿cuándo habían dejado de tener responsabilidades?
Terminaron con una sonrisa en sus labios, al parecer, dejando todo lo malo atrás. Pero a él no se le pasaba su malestar, podía verlo; ese velo de oscuridad en sus ojos avellana y la poca fuerza que tenían sus mejillas para sonreír. Le dolía, porque la quería infinitamente, odiaba verla así.
Apesadumbrado, Harry se despidió de su amiga, después de dar por finalizado su, cálido encuentro habitual de cada semana.
Salió de allí con clara angustia reflejada en su rostro, una sensación de amargura en su garganta que lo hacía sentirse miserable. Quería ver feliz a Hermione, se lo merecía. Ya estaba cansado de verla deambular ausente por los pasillos, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos y la mente perdida en el pasado. No sabía que estaría pasando con Draco, pero como no apareciera pronto lo iría a buscar él mismo.
Fue en ese momento, en el que se planteó buscar una solución, que se dio cuenta, de que, necesitaría ayuda de alguien más. Era pésimo planeando y actuando. A quién engañaba, era un desastre para hablar de sentimientos o dar consejos. En un momento de lucidez, recordó que estaba casado con una bruja brillantemente astuta, lo que lo hacía sentir seguro y le daba coraje. Sí, tenía que buscarla a ella y decirle. Pero, al parecer, sus pensamientos la llamaron a gritos, porque al abrir la puerta de su oficina, allí estaba ella.
Se quedó helado. Podría estar anclado al suelo por la gravedad, pero al parecer no surtía el mismo efecto de relatividad con su mente dispersa. Tendrían esa conversación en otro momento, porque ahora, ante sus mortales ojos, estaba la persona que necesitaba para ayudar a su amiga, y no estaba seguro de querer compartirla con nadie más. Posiblemente ella tampoco tuviera ganas de gastar saliva en eso específicamente.
La maldita mujer que le sonreía ahora con picardía y lo miraba con deseo. Esa misma que era su esposa, estaba con sus piernas tersas y suaves cruzadas sobre el escritorio, con tan solo una camisa blanca que le tapaba apenas sus partes íntimas, con los tres primeros botones desprendidos, dejando ver el borde de su sensual corpiño calado; y unos finos stilettos dorados. Tenía los labios pintados de rojo y jugaba con una lapicera en su boca.
Como si fuera realmente una deliciosa paleta, se la sacó de la boca y bordeo sus labios con su lengua, quitando el resto de saliva que había amenazado con chorrear de sus carnosos labios. Harry Potter estaba inmóvil, no parpadeaba, desde que la había visto era un fantasma. No entendía cómo su mente ordenaba a sus pulmones que siguiera respirando o comandaba a su corazón para que siguiera bombeando. Su miembro parecía estar más despierto que nunca, tenía otra orden que cumplir en paralelo y parecía ser más importante que cualquier otra cosa.
Pansy se levantó de la silla y se dirigió hacia él contorneándose, hasta que quedó a escasos milímetros de él. Harry podía sentir su exquisito y dulce aroma, que se la seguía parando más, si era posible. Ella miró allí abajo, y luego a sus ojos. Sonrió de lado, disfrutando de los efectos que tenía sobre su esposo. Le quitó los anteojos y se los puso. Se soltó el recogido, dejando su larga cabellera azabache bambolear alrededor de su esbelto rostro, y mientras deslizaba sus dedos por la lapicera, que aún tenía entre sus manos, se acercó a su oído con una lentitud desquiciante.
—Como adoro estas cosas muggles. —le dijo en un susurro que le erizó la piel— Pero ¿sabes qué?
Harry a pesar de su parálisis general, pudo negar con la cabeza, sin poder disimular su ansioso deseo. A ella le encantaba tener el control. Siempre había sido muy educado y respetuoso, lo que la volvía malditamente loca y la hacía mojarse de tan solo verle la cara de precocidad.
—Es demasiado chica para el espacio que queda en mi boca —ronroneo aún en su oreja— y a mí, me encanta llenar espacios vacíos—lamió su lóbulo y dejo salir un gemido silencioso allí. Su frío aliento lo hizo respirar entrecortadamente. Estaba tan caliente que creía que iba a explotar— ya sabes lo que dicen de los slytherins, somos ambiciosos…—sujetando ahora con destreza su pene duro entre sus manos.
Se sintió arder con tanta fuerza que la necesidad, que colmaba sus venas y las hacía explotar, se apoderaron de su control racional, quedando puro instinto felino. Tomó a Pansy por la nuca con una mano y con la otra de su cintura y la besó desesperadamente. Luego la levantó por el culo y la puso sobre el escritorio con rudeza. Se desprendió el pantalón con rapidez y sin retrasarlo más la penetró. Pansy gimió con fuerza. Lo que lo hizo olvidar por completo, aquello que había estado pensando minutos antes, ahora solo quería acabarle en la boca a la diosa sensual semi-desnuda y de infartante figura que tenía entre sus manos.
Hermione salió de su oficina con la cabeza gacha, sumida en sus pensamientos. Subió al ascensor sin mirar a su alrededor. Estaba devanándose los sesos tratando de encontrar una pista de dónde podía estar Draco. Ya llevaba desaparecido más de setenta y dos horas, y ni una nota o mensaje le indicaban si seguía con vida. La preocupación comenzaba a lacerar su estómago y no podía concentrarse en sus trabajos. Lo peor de todo era que, la noche anterior había tenido un sueño húmedo con él. Más bien había sido un recuerdo mientras dormía. Porque, era algo que ya habían hecho, pero en el sueño, ella lo desvestía en su despacho. ¿Cómo era posible que hubiera olvidado su increíble físico? ¿O su alucinante habilidad con los dedos, durante todos estos años? El simple hecho de haber vuelto a probar sus labios el otro día, la habían hecho recordar la adicción por el sexo que la caracterizaba. Algo que, lamentablemente, lo lograba solo él.
No seguiría pensando en ello, porque iba caminando a las chimeneas del Ministerio, pero ¡cómo deseaba echarse un polvo con él ahora mismo!
Quería que la atrapara en un pasillo y lo hicieran contra las paredes del Ministerio. Quería sus manos apretando sus muslos, que la tirara del cabello y le despeinara su aburrida coleta. Lo quería sobre ella, de bajo y adentro. Su lengua saboreando sus jugos, su pene en su boca haciendo que se atorara en su garganta. Esa media sonrisa que le ponía cuando la veía calentarse, su mirada de deseo cuando le gemía. Tenía tantas ganas de tocarse pensando en él que parecía haber vuelto a la adolescencia, hormonas en todas partes y ganas de coger en cualquier superficie. ¡Maldición! Lo extrañaba.
Se relamía de tan solo pensar en la cantidad de cosas que le estaría haciendo en ese momento si no fuera por su estúpida manía de arruinarlo todo. Tendría que darse una ducha de agua helada apenas llegar, antes de perder la cordura completamente, la gente ya la empezaba a mirar raro.
—¿Hermione? —la voz sedosa de Narcisa Malfoy la sacó de sus cavilaciones. Se volteó a verla, claramente sonrojada. Pensar que hasta hace unos segundos, estaba pensando en el sensual pene de su hijo.
—¡Narcisa! —dijo con sorpresa, tratando de disimular su voz ronca, debido a sus indecorosos pensamientos— ¡no sabía que seguías viniendo al Callejón Diagon! —la mujer la miraba indiferente y con el mentón en alto. Pero a pesar de su frialdad, le sonrió.
—¿Draco no te lo contó? —Hermione frunció el ceño claramente confundida. Negó con la cabeza en respuesta— Qué raro, debe haberlo olvidado —hizo un gesto despreocupado con la mano, quitándole importancia al asunto— Bueno, como me dieron el alta hace poco…
—¡¿QUE TE DIERON QUÉ?! —Narcisa abrió mucho los ojos en sorpresa. Al parecer su esposo no le había contado nada en absoluto. —Pero ¿desde cuándo?
—Hace como tres meses. Lo siento, querida. Pensé que lo sabías —le tocó el hombro preocupada, Hermione tenía la mirada perdida— Es lógico, si ya no vienes a verme…
La muchacha la miró con los ojos entre cerrados y relajó un poco sus hombros frente a su contacto. Cayendo en la cuenta de que tenía razón. Aun así, ¿eran celos eso que había detectado en su voz?
—Te debo una disculpa Narcisa —suspiró apesadumbrada— me alejé por diversos motivos, que no creo convenientes hablarlos aquí. No quiero excusarme, pero sentí que era lo mejor para nuestra relación con Draco —la bella mujer simplemente asintió.
—Está bien. Creo que también te debo una disculpa. —ahora la miraba con culpa—Sé que mi hijo es difícil, pero dale una oportunidad. Él te ama. —dijo con seguridad. A Hermione se le agitó el corazón y se sonrojó otra vez. Sintió unas ganas irrefrenables de confesarle lo que sentía.
—No sé dónde está —la miró con desesperación y los ojos lagañosos. La mujer parpadeo varias veces, pero finalmente negó con la cabeza abatida.
—Hermione, lo encontrarás. Sé que también lo amas. —le sobó el hombro cariñosamente, lo qué no dejó de sorprender a la joven, ya que nunca se había mostrado así con ella, es más, no tenía recuerdos de ella dándole afecto siquiera a su hijo. —sólo no olvides, perdonar. —le dijo mirándola a los ojos y tomándola del mentón mientras sonreía. Se veía mucho más sana, tenía la piel rejuvenecida, el pelo más brillante, y aunque tenía la mirada sombría de siempre, algo de luz se dejaba ver entre sus pestañas. Ella le devolvió la sonrisa.
—Gracias.
—No es nada —contestó— Ahora ve a hacer lo que tengas que hacer para dejar de parecer una muerta en vida —le ordenó. La Gryffindor puso los ojos en blanco y asintió obedientemente— te dejo querida, que tengo que reunirme con mi hermana. —lo dijo tan segura y con naturalidad, acariciando melodiosamente cada palabra, que cualquiera hubiera pensado que siempre había tenido una relación normal con su hermana, nadie podría detectar otra cosa. Pero ella sabía que no había sido así antes. ¿Se habían amigado? ¿En qué momento? Ya hablaría seriamente con Draco de algunos asuntitos— Hasta luego Sra. Malfoy —terminó guiñándole un ojo, y con la elegancia que la representaba, se dio media vuelta en dirección opuesta.
Ella se tapó la boca con la mano, que ya le llegaba al piso del asombro. No podía creer lo que estaba escuchando. ¿La había reconocido como una Malfoy? Esta mujer no paraba de sorprenderla. Y aunque, eso la reconfortaba, le daba un poco de vértigo tanto cambio. Suspiró. Sí que necesitaba de esa ducha con agua helada.
N/A
Subiendo la temperatura…
¿Quién se esperaba ese Hansy? ¿Y la aparición de Narcisa?
¿Dónde estará Draco? Hermione lo necesita, al parecer, con urgencia. XD.
GRACIAS A TODAS LAS PERSONAS QUE ME COMENTAN CADA CAPÍTULO Y A AQUELLAS NUEVAS QUE ME SIGUEN A MI Y A LA HISTORIA *corazones*.
Tengo una última cosa que comentarles… me anoté en un reto del foro "Las Cuatro Casas" de FF, llamado "parejas al ataque". Pronto publicaré el OS ("Tatuado al libro") y espero que se pasen a verlo y le den un humilde voto, si les gusta, por supuesto.
Les quiero.
Hasta la próxima!
Cygnus.
