Disclaimer: El mundo de Harry Potter le pertenece a J.K. Rowling. Yo solo propongo un final distinto a su historia.
N/A
Penúltimo capítulo.
Nota de autora melancólica al final.
Recomendación musical: "Four seasons: Winter" – Vivaldi.
CAPÍTULO 18: En cero.
"La vida no es un problema que tiene que ser resuelto, sino una realidad que debe ser experimentada." - Søren Kierkegaard.
Tres días llevaba en su refugio, más bien "retiro personal". Apartarse de la sociedad por un tiempo podía ser una solución para muchos, pero viéndolo desde el punto de Draco Malfoy, era un dolor de cabeza. Era como estar solo con sus demonios y asfixiándose con su propio oxígeno. Por más aire que dejara entrar por la ventana, poco aire entraría por sus pulmones. No había dejado el "vicio" de fumar y no quería hacerlo. Se encontraba en ese "estado niebla", en el limbo. Donde no hay nada más que uno y el martirio de escucharse así mismo.
Estaba en la casa de las montañas, la cual le había dejado Snape en su testamento. Con un cigarrillo en la mano que apoyaba en el marco de la ventana abierta, la otra estaba guardada en el bolsillo de su pantalón negro de gabardina; miraba hacia afuera sin ver. Perdido en su cabeza.
Sus pensamientos iban de una incógnita a otra y le daban vueltas sin piedad. Esos días, en los que había estado solo con su consciencia, se había dado cuenta, de cuánto necesitaba pensar por sí mismo y de la importancia de estar solo. Separarse de su matrimonio por un tiempo, desconectarse de la realidad que le empañaba la vista, le había hecho replantearse muchas cosas, como persona y como pareja. Además ¿desde cuándo su relación se había vuelto lo único en sus vidas? Todo giraba en torno a sus problemas maritales y a sus errores. Eso era el pasado, una cuestión que ya había sucedido y no iba a poder revertirse. Ahora, hoy, ¿qué podían hacer? Eso era lo que tenían que plantearse. No quería pagar más a un psicólogo muggle, que les hiciera revivir sus grietas del pasado. Era cierto que los había hecho pensar, y que, probablemente, el hecho de que él estuviera allí replanteándose todo aquello, era producto de las sesiones con el Sr. Josman. Pero Draco, era demasiado orgulloso como para asumir que lo habían ayudado otros y que habían tenido razón aquellos que se lo habían recomendado. Reconocer la derrota no iba con el apellido Malfoy.
Se volteó y tiró la colilla del cigarrillo en el lavabo al lado suyo, se giró de nuevo hacia la ventana, para cerrarla, cuando una lechuza entró, osadamente, antes de que Draco finalizara la acción. Aleteó un poco para mantener el equilibrio en el marco, y chillo con la carta en el pico, para llamar su atención. Draco buscó unos frutos secos que tenía guardados en la alacena y se los dio a cambio de la carta. El hermoso ave, de plumas pardas, le picó cariñosamente el dorso del dedo y se fue con premura.
Reconoció el sello y la pulcra letra de su amiga y sonrió con ternura. Pero antes de abrir el sobre, éste ya estaba hablando. Era una carta vociferadora. Draco hizo una mueca, nada bien podía salir de aquello. Cualquier pensamiento o recuerdo de alguna vez anterior, que haya vivido semejante desparpajo, quedó reducido a la nada, cuando la voz de la ex slytherin se hizo notar por todo el lugar, con unos gritos chillones.
Querido, pedazo de idiota:
¿A ti te parece bien desaparecer de la faz de la tierra y no avisarme?
No quiero que contestes, solo que pienses un poco.
¿Sabes siquiera lo preocupados que nos tienes a todos? He tenido que distraer a Harry para que no se interponga entre tú y la sabelotodo. Sin contar que Neville quiere asesinarte por no cumplir con su trato, que Blaise se ha inventado excusas para justificar tu falta al trabajo y a las reuniones con los clientes y tu esposa parece un fantasma, he tenido que hablar ésta mañana con ella para que Harry se quedara tranquilo y para darte más tiempo a ti ¡Ingrato!
Así que, más vale que no me decepciones y recapacites. Muestra tu valía, o la convenzo a Hermione de divorciarse de tu sensual cuerpo de niño rico.
A pesar de todo te sigo queriendo… pero no dejaré que estén mal las dos personas que más quiero en el mundo. Después de mí, claro. Y, bueno, Harry ¡Ya estoy desvariando y todo por tu culpa! ¡así que muévete o te desfiguraré la cara! ¡Y lo haré tan bien, que ni la modelo más perfecta sangre pura te querrá! por feo y divorciado.
Cariños, P.
Y así sin más, la carta se auto destruyó.
Aunque a muchos les pudiera parecer graciosa, Pansy se tomaba estas cosas muy enserio, y fue por eso que Draco tragó grueso. Se había quedado quieto en el lugar, pensando y con el corazón a los saltos. Se alegró de nadie estuviera allí para ver la cara de idiota que le había quedado.
Decidió que su vida valía más que su encierro. Que era hora de enfrentar la realidad, de decir lo que pensaba, de aspirar aire puro otra vez, sin culpas.
Recogió la campera de cuero que había dejado sobre el sillón frente a la chimenea, se anudó la bufanda y se puso los guantes. Abrió la puerta y la helada que caía lo abrazó punzándole los oídos. Caminó unos pasos, tenía que llegar hasta el árbol para desaparecerse, pero había tanto viento que tuvo que taparse la cara con los brazos.
Después de reunir la fuerza necesaria para volver a caminar, se destapó la cara y lo que se encontró frente a él, no era para nada lo que se había esperado. Y cada pensamiento o certeza, fue borrada de su cabeza en un segundo. Solo eso bastó para quedarse clavado al lugar y sin expresión alguna en el semblante, más que pura y pálida sorpresa.
¿Podemos vaciar la mente de todo pensamiento? Creer que se puede poner la mente en "blanco", ¿no es una ilusión creada por todas aquellas filosofías espirituales? ¿qué pasa cuando el pensamiento se forma? ¿qué pasa entre palabras y espacios? ¿qué pasa cuando la mente está en "negro"?
En ese momento, nada. Es decir, cada imagen y cada cosa que pudiera plagar su cabeza, estaba revolucionada, más bien, su cerebro, se negaba a comandar su cuerpo, y ella parecía estar sintiendo lo mismo, porque permanecían inmóviles a cinco metros de distancia. El viento azotaba sus mejillas y la nieve blanca, típica de esa época adornaba el cuadro, acorde a la escarcha que revestía sus corazones.
El aliento de sus respiraciones agitadas, parecía terminar en la del otro, perdiéndose en una danza delicada, manteniendo la temperatura, consumiéndose. Ninguno quería cortar ese momento, que parecía pacífico, después de tanto pensar. Tan lejos y tan cerca a la vez.
Se miraron y parecieron descubrir en lo profundo de sus pupilas el punto de no retorno, aquel en donde uno sabe, que ha tocado fondo. Los cuerpos liberan dopamina, serotonina y oxitocina, por eso nos sentimos excitados, llenos de energía y nuestra percepción de la vida es mágica. Sentían la magia de sus cuerpos llena de cargas magnéticas que no solo generaban tensión, sino miedo.
Ella se había sonrojado apenas lo había visto, estaba nerviosa y tiritaba, había salido así sin más a buscarlo y allí helaba el doble que en la ciudad, estaban entre montañas. ¿En qué había pensado? En nada. Su primer impulso había sido saltar a sus brazos, porque ¡joder! ¡estaba vivo! y lo había extrañado, y esa campera de cuero no hacía más que resaltar su sensual figura… Hermione se golpeó mentalmente por no concentrase. No había venido a eso, tenía que controlarse. Solo iban a hablar ¿pero de qué? No recordaba el motivo de por qué estaba allí, ni cómo había llegado, ni por qué se habían separado en primer lugar, si ella no podía estar sin él, no otra vez. Su segundo impulso, fue abofetearlo, ¿cómo se le ocurría irse así de la nada y no dar señales de vida? Quería pegarle por lo que había sufrido el tiempo que no había estado, por tener la razón en su maldita discusión, por extrañarlo, por ser él y por dejarse arrastrar por sus propias convicciones. Pero el impulso último, fue quedarse donde estaba y no hacer absolutamente nada de lo anterior, porque, no podía moverse ni un milímetro a pesar del frío que calaba sus huesos, no podía acercarse a él sin su consentimiento, no podía pensar en otra cosa que, en abrazarlo, no podía, porque la incapacidad de reacción era más fuerte que su adrenalina por tocarle.
Draco pareció darse cuenta de que ella estaba tan solo con una sudadera y unos jeans, y que tenía una extraña aureola de azúcar alrededor de una de las comisuras de sus labios. Sonrío de medio lado y sintió el impulso de acariciar su mejilla y quitarle los rastros de dulce, pero se contuvo. No sabía cómo iba a reaccionar y no quería arruinar esa delicada y hermosa visión frente a sus ojos. Sabía que Hermione se llenaba de golosinas la boca cuando estaba nerviosa o angustiada por algo, y no iba a subestimar ese punto. Aun así, dio unos pasos hacia adelante sin apartar la vista de sus ojos café. Él estaba sorprendido por su repentina visita y lo cerca que había estado de irse de allí. ¿Y si no se hubieran encontrado? ¿Todo hubiera quedado en la nada?
Hermione dio dos pasos más y quedaron lo suficientemente cerca como para sentir sus perfumes. Respiraron profundamente y a la vez. Parecían dos adolescentes inexpertos, en su primera cita. Exceptuando el hecho de que llevaban muchos encuentros y una historia larga detrás de ellos. Si pusiéramos a un Draco y una Hermione a los quince años al borde de un risco, tendríamos una versión diferente de la que tenemos ahora. Probablemente ya se estarían echando la furia entre ellos, y a pesar de eso, en aquel entonces, ninguno tenía las montañas crecientes detrás suyo que llevaban ahora como mochilas, adosadas a sus espaldas.
Y gracias a toda la historia que cargaban, los hechos que los rodeaban, las imágenes y recuerdos del pasado, sus conjeturas previas, sus insultos, su mala comunicación y toda clase de riña, como así también todo momento feliz, que en ese presente los abrazaba, encontraban allí. Al parecer la vida los había puesto cara a cara otra vez, los había llevado por el mismo camino, aunque a veces estrecho, sinuoso o resbaladizo, ellos lo habían superado. Habían cruzado cada obstáculo formando un puente y era así cómo en ese segundo se estaban reconociendo como pares, una vez más.
Con todo el entorno dibujando colores fríos y blancos plenos, como un cuadro de Van Gogh. Ellos eran como una melodía de música clásica. Pero, no como cualquiera, con tonos delicados o pacíficos violines. Eran como "claro de luna" de Bethoveen, tan amargo y angustiante que eriza la piel, emocionales como la época del romanticismo, como "Fantaisie Impromptu" de Chopin. Un largo piano los acoje en una danza inquieta, un frenesí del añejo pesar que acompaña sus perturbadas mentes, memorias que aíslan y palabras ocultas. Su amor era una rosa oscura llena de espinas, bañada en parafina. Pero, así como el más negro mar podía ser profundo, su amor no era surrealista o superficial, era de esos que no se podían olvidar.
Y por eso y todo aquello que burbujeaba en sus cuerpos, Draco se dejó guiar por su instinto, uno que no contuvo, como su respiración, mientras llevaba a cabo la acción, porque no quiso. Y Hermione, le correspondió, porque, tampoco quiso pensar. Al parecer, con la mente en "blanco" se entendían más. Porque, su amor estaba hecho de acciones.
Llevó un mechón ondulado de la chica hacia atrás de su oreja, sin darse cuenta de que acababa de provocar un escalofrío en ella, al rozar las yemas de sus dedos, apenas por su mejilla. Ésta cerró los ojos un instante para sentir la caricia, y luego tomó su mano con delicadeza. Ambos las bajaron todavía unidas.
—Viniste —susurró él por lo bajo, con cierto alivio. Ella asintió y le sonrió.
—Quería encontrarte. Yo... —recién en ese momento, bajó la mirada, buscando las palabras adecuadas para expresarse de la mejor manera, al parecer su cabeza no estaba capacitada para volver a funcionar.
—Tú… —la alentó Draco a seguir, con cierta curiosidad. Esbozó una media sonrisa con picardía. Ella llevó de nuevo la vista hacia él, con valentía, cual soldado caído, que se levanta preparada para recibir las balas.
—Yo —tragó grueso y lo miró fijamente. A Draco le produjo una sensación muy extraña, controversial, por un lado, le dio un poco de miedo, era una leona en posición de ataque, pero, por otro, le parecía muy sexy. Tuvo que hacer un esfuerzo por ocultar la ráfaga de emociones paradójicas que le provocaba tenerla tan cerca, después de tanto tiempo y hablándole a la cara— te debo una disculpa Draco. —soltó sin más. Él parpadeó varias veces, tratando de creérselo. Lo que le sirvió para contenerse de no mandar todo a la mierda y besarla en ese momento.
—Hermione…
—No, escúchame. —lo interrumpió suplicante— por favor —Draco asintió— he venido a pedirte perdón, por mi comportamiento estúpido en varias ocasiones, y a explicarte el significado de tal cosa. Si estás dispuesto, claro, a aceptar mi arrepentimiento.
—Te escucho. —le dijo con aprehensión.
—Gracias —tomó aire y habló—. Creo que un perdón, no sería real, sin ser totalmente sincera contigo primero. Y, además, soy consciente, de que hemos perdido la confianza entre nosotros.
—Estoy de acuerdo.
—Bien, entonces, empezaré por allí. —apretó la mano que seguía enlazada con la de él para brindarse apoyo— aunque, probablemente, ya lo sepas todo, creo necesario, confesártelo.
«He sentido y absorbido, muchas emociones este último tiempo, y me ha costado lidiar con eso. No quiero justificarme con esto, pero, el hecho de haber construido nuestra relación a base de idas y vueltas, de engaños y de infantilidades adolescentes, nos condujeron hasta aquí. Y hoy, me pregunto, si lo nuestro fue "normal" alguna vez. ¿Tuvimos una relación sana? ¿Por qué siento que nunca dejamos de estar en guerra?
«Estas son las cosas que me llevan a pensar, que tengo una mente prejuiciosa, que realmente nunca pude perdonarte y seguir. Es decir… nunca dejé de ver al Draco arrogante y presumido de once años, que sin saber acerca del verdadero poder que tenían las palabras, las usó sin control. Lo siento, porque no pude ver lo que realmente me estabas mostrando, fui ciega y rencorosa, y no supe trasmitirte lo que pensaba, porque no lo podía aceptar ni yo —suspiró—. Por eso te lo digo ahora, tarde, quizás, pero estoy dispuesta a hacerlo. Quiero dejar los demonios atrás y seguir adelante, me lo merezco y tú también —llevó una de sus manos al pecho del chico, para hacer énfasis en él— pero, eso es un consejo, tómalo de quien viene.
«Cada vez que discutimos, yo veo al Draco que no me dijo de su compromiso con Astoria, a aquél que se olvidó de mí, aquel que me ignoraba, aquel que me escondió su identidad y se coló en mis sueños, con otro nombre, aquel que engañaba con él mismo. Sí, ahora lo sé. Pero, ¿en qué cambia eso las cosas?
«No sé en qué, estabas pensando cuando se te ocurrió hacer una cosa así. Pero, si paso, fue porque, realmente tuviste que estar desesperado y eso me hace sentir aún peor. ¿Cómo pude alejarte tanto, como para que tuvieras que hacer algo así? Lo siento, por no escucharte. Lamento no haberte visto, no haberte dejado hablar y no haberte permitido opinar. Estaba cansada y siendo egoísta, ahora no me reconozco, sinceramente, no sé quién me devuelve la mirada en el espejo. Esa muchacha, asustada y seria, no es Hermione. Perdón, por olvidarme de quién soy, por cambiar mi apariencia y mi forma de ser por una etiqueta, por creer conveniente gustarte así. Perdón, por llegar tarde…
«Quiero que, me perdones, porque yo tengo que hacerlo. Porque, quiero encontrarme otra vez, porque estos días me he dado cuenta de que me falto yo.»
Hermione respiró al fin, después de dar aquel discurso. Tenía los ojos lagañosos y la voz se le había quebrado un poco, pero la energía y convicción que la caracterizaban, se habían dejado ver entre aquellas palabras tan sentidas, y por eso Draco la escuchó hasta el final, tomó la mano que casi se resbala de su pecho y le besó la palma con cariño. Negó con la cabeza y se acercó más a ella, recogió con su pulgar, el camino de lágrimas que ahora migraban de sus ojos.
—Ahora quiero que me escuches tú a mí, ¿sí? —le preguntó, mientras le acariciaba el mentón. La chica, más calmada por su roce, asintió en respuesta— yo también te debo una disculpa y quiero sincerarme contigo.
«Soy un idiota. Sí, me ha costado admitirlo, porque ya ves, con este físico y elegancia ha sido dificilísimo, más de lo que creen…—Hermione rodó los ojos y rio con nerviosismo. Solo él tenía la capacidad de bromear en un momento así, bueno y Blaise también, quizás era cosa de Slytherin, pensó. Algo que, sin dudas, la había enamorado de él en primer lugar, su capacidad de quitarle el drama a la vida.»
— "¿Un gran poder, conlleva una gran responsabilidad?" —le preguntó divertida, siguiéndole el rollo.
—Pues sí, ¿cómo es que no te he pedido que seas mi esposa antes? Pareces entenderme a la perfección. —Hermione rio, y Draco aprovechó para acercarla más hacia él, tomándola por la cintura. Lo que, sin dejar de sorprenderla, Hermione agradeció, porque estaba muerta de frío. Aunque ese acercamiento, no solo la había reconfortado, sino que la había tensado. Una llama se había encendido en su abdomen, como un relámpago, acalambrando esa zona. Draco tuvo que hacer un esfuerzo para continuar el hilo de sus pensamientos, al darse cuenda de la expresión de ella en su rostro—. Retomando donde me había quedado… soy un idiota. Lleve a cabo un plan de reconquista y me salió de lo más mal. Al parecer el romanticismo, no es lo mío. Se me fue de las manos y te debo una muy grande, disculpa por eso. Me metí con tu intimidad, cambie mi identidad para que me hablaras y me deje llevar por la forma "slytherin" de hacer las cosas. No fui directo contigo, porque no tenía el valor de enfrentarte. En el fondo sentía que te había fallado y me sentía un maldito por no haberte acompañado en todos esos momentos. Yo también estaba ciego, Hermione. Perdóname.
Hermione que no había dejado de mirarlo y escucharlo atentamente, cortó la mínima distancia que los separaba y lo abrazó con fuerza. Sin quererlo, habían estado evitando esas ganas irrefrenables de sentirse juntos. De volverse a encontrar y abrazarse. Nada más que eso. Y ahora, por fin lo estaban haciendo.
Puede parecer algo mínimo, un acto si se quiere, básico. Pero en realidad, supone un acto mucho más valedero y complejo, porque, es en el único momento en el que ambos corazones se besan. Al estar pecho contra pecho, los corazones no pueden estar más cerca que en ese momento y es por eso que ese simple hecho, a veces es más grande que un "te quiero".
Empezarían de nuevo, pero no desde cero, sino siendo conscientes de la cantidad de números que habían detrás. Abrazando todo eso y haciéndose cargo de aquello que sentían.
N/A
¡Hola bellezas! ¿Cómo han estado?
Bueno, por fin, volvemos a la acción, aunque para despedirnos pronto. El capítulo que viene, es el final. Pero habrá epílogo, no desesperéis.
Quiero agradecerles el acompañamiento, la paciencia y cada uno de sus comentarios. Los cuales, otra vez no podré contestar. Pero, en serio, los amo y me hacen crecer.
También quiero que sepan que me demoraré en subir el capítulo siguiente, pero no por falta de inspiración, sino por falta de concentración. Escribir me lleva mucho tiempo y me entretiene tanto, que no puedo prestar atención a los estudios, y tengo que priorizar eso por ahora, lamentablemente.
Con respecto a mis nuevos proyectos, hay uno que ya lo estoy escribiendo, pero hasta no tenerlo casi listo, no lo subiré. Por lo que, muy probablemente, haya un largo período entre esta historia y la otra. Trataré de estar al tanto de FF todo lo que pueda, pero es un año difícil, académicamente hablando.
Con respecto a "Magia Oculta", uno de los fics con los que me animé a empezar aquí, no voy a seguirlo por un largo tiempo. Lo siento johannna, sé que te gustó y agradezco enormemente tu apoyo con ese fic, pero no encuentro la inspiración para seguirlo y no creo que eso sea pronto…pero, prometo terminarlo algún día. Odio ver los fics abandonados, porque soy escritora, pero mucho más lectora de lo que mi ser puede soportarlo. Espero que sigas allí para entonces.
Y con esto me retiro.
¡Espero que les haya gustado y que tengan una buena semana!
Hasta la próxima!
Cygnus.
