N/A:
After all this time…
Okey sí, me demoré siglos. Y quiero decirles que, finalmente, sí fue por falta de inspiración (aunque, en el capítulo anterior, lo había negado xD). La verdad es que, ya no me identifico con este fic y tengo otros proyectos que me movilizan más (cabe agregar que, tengo una mente muy inquieta y es muy fácil que no me aburra y disperse con cualquier cosa, perdón, pero está en mi naturaleza). Tengo en cuenta que no es lo mejor que he escrito. Tengo mejores historias en mi perfil que, por supuesto, con todo el amor del mundo que les tengo, las invito a que lean.
A pesar de ello, este fue mi primer fic y el que termino, hoy (por más de que falte el epílogo, que ya casi está). Eso me enorgullece, al igual que me alegra haberme conectado a través de él con todas ustedes. Tienen un lugar reservado en mi corazón, siempre será así.
Por eso y por todo lo que se viene, quiero pedirles disculpas por la demora y agradecerles infinitamente, cada review, fav o folow. Porque, significa que quisieron darle una oportunidad a alguien que recién empieza, porque se identificaron con la historia y porque me regalaron un pedacito de ustedes.
Ah…voy a extrañarlas. Perdón, me pongo sentimental.
¡Nos leemos abajo!
Recomendación musical: "Linger"* - The Cranberries.
(siempre lloro con este tema).
CAPÍTULO 19: Juego de besos o besos jugados.
Al cruzar la puerta de la cabaña sus manos se separaron en cámara lenta, como si intentaran congelar ese segundo. No solo, porque quisieran seguir juntos, sino porque, les daba miedo superar la falta del otro. Sabían lo que les había costado tomárselas. Permanecer tanto tiempo juntos y no salir corriendo o gritarse y maltratarse. Separarlas, podía significar no volver a tenerlas unidas otra vez. Porque, ¿qué pasaría con ellos ahora?
El silencio se extendió por toda la habitación, escondiéndose en cada rincón y recoveco, detrás de los cuadros, dibujando el parqué, bajo la cama, dentro de las alacenas, sobre la mesa y entre ellos. Distanciándolos en el tiempo.
Solo el silbido del viento golpeando las ventanas, y el aire frío chocando contra la estructura de madera que construía la cabaña, los hacía saber que estaban sobre la tierra y juntos, en un espacio de no más de dos por dos sin discutir, lo cual era bastante. Teniendo en cuenta que, hacía siglos que no se sentían cómodos con la presencia del otro.
Sus respiraciones se perdían en el espacio, acercándolos hacia sus cuerpos, como cuerdas chispeantes a punto de hacer corto circuito. Temiendo electrocutarse. Prenderse fuego. Fundirse como sus opuestos corazones, marcando distintos compases. Volvieron a ser adolescentes. Recordaron el primer día, la primera confesión. El primer roce, caricia y contacto visual. El de reconocerse, cuando la adrenalina y el vigor llegaban a bombear sus venas por querer acercarse y tocar lo más bello. Ese oscuro objeto de deseo.
Llevados a ese tiempo. Una época en la que, equivocarse podía significar un mundo. Descubrirse y saber cuáles son los límites de ambos. Percatarse de la posibilidad, la mínima esperanza alojada en sus corazones, de imaginarse juntos. Crear una película en sus cabezas, una proyección futura. Su reflejo en el espejo de oesed, su aroma saliendo de ese caldero que elaboraba amortentia y las visiones dentro de una bola de cristal, no hacían más que evocarlos a cada uno en la mente del otro.
—¿Puedo…? —Hermione dejó la pregunta flotando y señaló el sillón de dos cuerpos, apartando por fin, sus ojos del muchacho.
Draco, sin embargo, asintió sin cortar el contacto visual y decidió sentarse en frente, en uno de los individuales. Sacó la varita del bolsillo de su campera de cuero y con una floritura apareció dos tazas con chocolate caliente y unos bizcochos de coco.
Ella le sonrió y tomó la que, supuso, le pertenecía. Deseando calentar sus manos abrazando el recipiente y tener la seguridad de sostener algo, que la distrajeran un poco del nudo de emociones que sentía en ese momento. Se acercó la taza, hasta inhalar el olor que destilaba la bebida y cerró los ojos saboreando con su olfato la dulce bienvenida del cacao burbujeante. Un delicado sonido de placer salió de sus labios apenas despegados.
Draco, que había estado observando cada uno de sus movimientos, no pudo evitar quedarse mirando sus labios y sus facciones despertando ante aquel estímulo. Ella abrió los ojos y él reaccionó rápidamente acomodándose en su sitio y llevándose una mano a sus cabellos, peinándolos hacia atrás. Suspirando, internamente, sabiendo que había estado muy cerca de ser pillado.
Se quitó la bufanda y con ello todo su abrigo. Se levantó del sillón y con la varita prendió unos troncos que estaban en la chimenea, para distraerse y quitarse la sensual imagen de su esposa, que había tenido hacía unos segundos. Las chispas, pronto se convirtieron en llamas flameantes de distintos tonos de rojo y naranja, que abrigaron la atmosfera tensa, convirtiéndola en un cálido abrazo.
Hermione, por su parte, no tuvo mejor idea que, quedarse viéndolo mientras cortaba más leña y la tiraba al fuego. A pesar de seguir vestido, se podían ver sus músculos contrayéndose bajo su camisa con cada movimiento. Y ella agradeció que él estuviera tan concentrado en su labor, porque un hormigueo cerca de su ingle, le estaba anunciando la desesperada necesidad de tocarlo. Sin contar con que, ya estaba muy acalorada y que cada centímetro de su ser denotaba endorfina y excitación. Sacudió la cabeza y dejó la taza otra vez en la mesa. Se quitó los zapatos y puso una pierna sobre la otra encima del sillón. Luego volvió a atraer el chocolate caliente, tomó otro sorbo de ese elixir delicioso y se quedó mirando el fuego. Queriendo evitar cualquier imagen de su esposo, intentando pensar en Snape en ropa interior o algo desagradable que la hiciera concentrarse en otro punto. No quería llevar las cosas por ese lado, quería conversar con él antes. Tenían que definir muchas cosas. Aunque, su cuerpo le pidiera todo lo contrario.
—¿Sabes? —llamó su atención. Él se giró a mirarla—. Esto me recuerda aquella vez que faltamos a pociones.
—¿Tú escapándote de una clase? No me lo creo ¿qué o quién podría haberte hecho cambiar de parecer? —dijo sonriendo socarronamente. Ella rodó los ojos.
—Ese no es el punto.
—Oh, sí que lo es —se acercó a ella lentamente, hasta sentarse a su lado. Hermione siguió con la cabeza el movimiento del chico. Quedaron frente a frente, suspendidos en el aire. Ella respiraba lo más lento que podía, para llevar sus latidos a un ritmo normal. No esperaba tenerlo tan cerca—. Lo es para mí.
Hermione sintió como sus palabras chocaban contra su rostro como una fresca brisa mentolada. Inspiro aquel aroma, tan suyo, y el que había extrañado durante tantas noches. Dejaron sus cuerpos allí delineados en aquel living, para llevar sus mentes a ese recuerdo, que se morían por revivir.
—¡Draco Malfoy, vuelve aquí en este instante! —había demandado Hermione, mientras veía al slytherin alejarse corriendo con su mochila, que contenía todos sus libros y apuntes.
Corrió y corrió con aquella estúpida -y malditamente pesada- mochila por los pasillos de Hogwarts, con el corazón que se le salía del pecho y la adrenalina de saberse victorioso. A cada rato miraba hacia atrás para saber si Hermione lo seguía o no. Atropellando a cada estudiante a su paso, saltando cada obstáculo y esquivando hechizos, no paraba de reír. Después de comprobar que ninguna mata de pelo revoltoso lo seguía, se escondió detrás de una columna, para recomponerse. Se dejó caer hacia el suelo y comenzó a desternillarse de risa. Mientras, en su cabeza, aparecía la cara de sorpresa de Hermione, por su travesura. Por supuesto, se había comportado como un niño, pero ¿acaso, no eran jóvenes todavía?
En ese momento, no le importaba «tener que dar el ejemplo» o «mostrarse con las actitudes concernientes a un estudiante de su edad». Porque, con ella todo eso no importaba.
—¡MALFOY! —escuchó el grito de una, muy enojada sabelotodo, que provenía de algún lugar cercano. Tenía que moverse de allí, antes de que ella lo descubriera.
A unos veinte metros, divisó una gran multitud de estudiantes que, se movían desesperados por llegar a su siguiente clase. Avanzó rápido en esa dirección, y recompuso su paso cuando llegó hasta ellos, para mezclarse entre la muchedumbre.
Logró pasar desapercibido y confirmar que Hermione intentaba encontrarlo a lo lejos. Se ponía en puntitas de pie, tratando de divisarlo. Pero ya no corría peligro, porque había alcanzado a esconderse en un cuarto, y la miraba por la pequeña abertura que la puerta le permitía.
Lo que Draco no sabía, era que ella había alcanzado a verlo meterse en la habitación, por muy poco. Y sabiéndose astuta, había simulado estar perdida aún.
Por lo que esperó a que la puerta se cerrara completamente y se acercó con sigilo al lugar, escondiéndose detrás de las columnas.
Pasados unos minutos, el slytherin, asomó su cabeza por la puerta, comprobando que ella no estuviera por ningún lado, y que todos esos bulliciosos alumnos se hubieran ido. Salió con cautela de su escondite, mirando hacia ambos lados.
—¡Petrificus totalus! —exclamó Hermione, quien había salido ágilmente de detrás de una columna, con una sonrisa triunfal.
Draco cayó al suelo petrificado con una mueca de sorpresa en su rostro. La gryffindor se acercó hasta el cuerpo inerte del muchacho y le sacó la lengua. Draco se moría por moverse y atraparla. Pero, evidentemente, era inútil.
Hermione le quitó su mochila y le pellizcó la mejilla divertida. Pero antes de levantarse, se acercó hasta su oreja, para susurrarle algo.
—Me gusta tener este control —dijo saboreando esas palabras en su paladar, provocando una fuerte descarga en el cuerpo del chico. Le había erizado la piel. Lo peor era, que no podía hacer nada. Hermione notó con placer, el deseo en su mirada y sonrío ladinamente—. Te veo en la torre, no olvides el chocolate. —luego, se incorporó. Y con, una expresión de suficiencia, dio media vuelta y se fue.
Así dejo a un -muy excitado Draco- en el suelo inmovilizado. Por surte, ese pasillo estaba deshabitado, ya que, todos estaban en clase. Porque, si alguien hubiera presenciado la escena, hubiera sido el chiste escolar de por vida. Ya podía imaginarse los titulares: "Ex-mortífago atraviesa una dura situación", "Un slytherin nos enseña su emblema…" o "Conociendo por fin sus dotes de reptil".
Pasado el efecto, se levantó en busca de esa sangre sucia y de su hermoso trasero. Tenían algunos asuntos que resolver.
Ambos volvieron al presente y rieron cómplices de aquella travesura.
—Extraño decirte: Granger. —dijo acercándose más a ella. Haciendo que las mejillas de la chica se colorearan al instante.
—Y yo, Malfoy —un brillo seductor se despertó en su mirada—. Como si hubieras hecho algo malo. —agregó. Estaban volviendo a ese momento, en el que todo era un juego de histeria y orgullo. Compitiendo por la resistencia y el deseo. Sus cuerpos hacían chispas, instando al momento de explosión.
—¿Malo? —provocó él, más cerca de ella.
—Muy malo —rebatió.
Sus rostros estaban tan cerca uno del otro que, podían observarse cada detalle, peca o marca en la piel. Estaban a un ápice de tocarse, de fundirse en el otro, de perder la cordura. Pero, como buen jugador, pasados unos segundos de suspensión irresistible, Draco se separó. Haciendo acopio de todo lo que quedaba en él de autocontrol. Se levantó y se dio la vuelta. Camino hasta la chimenea y removió las brasas con una pala metálica.
Hermione se quedó paralizada. No se había esperado esa reacción. Y, aunque deseosa de que se hubiera animado a acercarse o de sellar aquella provocación en un beso, se daba cuenta del verdadero sentido de su abstinencia. Entendía que no era una cuestión de rechazo, sino de mantenerse dentro del juego de seducción, tan propio de ellos.
Respiró profundamente, tratando de calmar su creciente llama interna. Decidió recorrer el espacio con la mirada. Encontró en la mesa un cenicero con varias colillas y frunció el ceño.
—¿Sigues fumando? —le preguntó. A pesar de no tener intenciones de reproche, su pregunta pareció eso mismo: un reclamo. Instantáneamente se quiso retractar, pero ya era tarde para eso.
—¿Sigues comiendo golosinas cuando estás nerviosa? —dijo él sin voltearse a verla. Solo con imaginar su cara, ya estaba sonriendo. Hermione se llevó una mano al rostro, automáticamente, limpiándose el reguero de dulce que había quedado en su comisura hasta ese momento.
—Touché —rio.
Se levantó del sillón y se acercó hasta él, quien se encontraba apoyado con un brazo, sobre el borde de la chimenea. Sus ojos fijos en el fuego reflejaban los colores de las llamas en sus orbes grises, pintando un cuadro de distintos tonos y matices naturales.
Levantó su mano y la llevó hasta su mandíbula. Deslizó sus dedos dejando un cálido sendero. Draco cerró los ojos, todo lo que duró aquella caricia. Al abrirlos se giró hacia ella, la tomó por la cintura y la atrajo hacia sí, en un ágil, pero delicado movimiento. Como si estuvieran bailando, calculando la distancia y el roce. Se abrazaron. Ella posó la mitad de su cara sobre su pecho y él cerró la unión colocando su mentón sobre su cabeza.
Durante unos minutos estuvieron así, en silencio, pero pegados y balanceándose. Dejando que sus mentes se concentraran en eso. En el movimiento lento de sus cuerpos juntos y en el refugio que habían recuperado.
—¿Sabes qué día es mañana? —dijo él de repente.
Hermione se removió en su pecho dándole a entender que no sabía a qué se refería.
—Navidad.
Lo había olvidado completamente. No es que para ellos fuera un día importante y hacía mucho tiempo que lo celebraban por puro compromiso, como un evento social en el que debían mostrarse. Por lo que, no haberlo recordado, no era tan extraño. Se separó un poco de él y lo miró a los ojos.
—¿Qué haremos? —le dijo. Sabía que aquella pregunta contenía más de un concepto. No tenía que ver solo con el hecho de que se les haya pasado la noche buena, sino, con respecto a su crisis de pareja. Por más de que ambos estuvieran dispuestos a resolverlo y que se hayan perdonado, todavía era importante definir su situación actual.
—Pasarla juntos —dijo con seguridad. A Hermione se le iluminó la cara y una pequeña sonrisa se extendió por su rostro—, yo cocinaré. —agregó.
—¿Sinceridad antes que nada? —dijo suspicaz levantando una ceja.
Draco asintió y queriendo terminar con esa conversación, se acercó un poco más a ella. Tomó su cara entre sus manos y aproximó su rostro lentamente para unir sus labios. Depositó suaves y pequeños besos en su boca, siguiendo un camino dulce por su mandíbula, llegó a sus párpados, los cuales deleitó con más amor que a cualquier otra parte. Hermione se estremeció por tan delicado detalle, con los ojos cerrados y entregada al momento, estiró sus manos, tomando con ellas, su cabeza. Para con retorcidas espirales enredar los dedos en sus rubios cabellos.
Sus bocas se buscaron con ferocidad, encontrándose, en la del otro.
Se besaron distinto a otras veces. No se parecía en nada a su primer beso, ni a aquellos que terminaban entre sabanas y gemidos, o los que se daban a escondidas en el colegio, los delicados o los desesperados. Era un beso, que abría paso a otra etapa. Uno que, sin dudas, no era de despedida.
Era como entrar a un lugar nuevo, sin explorar. Lo primero que buscaban era descubrir todo aquello, experimentar cada parte. Recordar qué se sintió en cada una, guardar la más gustosa y hacerla suya. Una cualidad de su esencia.
Draco llevó una de sus manos a su cintura y la pegó más a su cuerpo; y la otra la enredó en sus cabellos tirándolos un poco con ansiedad. Ahora sus bocas se devoraban con urgencia. Carnívoras buscando morder. Lamiendo y succionando sus labios sin consideración, ni formalismo.
Pasados unos segundos, en los que se sintieron lejos de la tierra, se despegaron para poder respirar. Porque, sus corazones agitados y sus pulmones a punto de estallar se lo pedían. Se miraron un instante, a sabiendas que todo aquello era inevitable. Sus cuerpos deseaban abrazar la pasión que los envolvía, y si era necesario entenderse con el cuerpo, en vez de palabras, ellos no dudarían de poner eso en práctica.
Hermione se mordió el labio inferior atrayendo la atención de Draco de nuevo a ella. Éste se pasó lengua por sus labios, humedeciéndolos, de forma inconsciente. Volvió a besarla, llevando sus manos a sus muslos, subiéndola arriba suyo. Ella le rodeó la cintura con sus piernas, mientras sus labios seguían devorándose y sus lenguas deslizándose una sobre otra, bordeando cada lado y enredándose convulsionadas. Probando el sabor de su pasión, aquel que habían abandonado en sueños sobre la almohada.
Él empezó a moverse en dirección a la habitación y ella se aferró con más ímpetu a su cuello, dejándose llevar. Cuando se encontraron con la cama, en plena oscuridad y cerca de tropezarse con cada obstáculo presente en el camino, Draco besó su cuello, lamió el lóbulo de su oreja y delineó su mandíbula, antes de dejarla caer sobre la cama. Hermione cayó con sus brazos estirados hacia arriba y su cabello que, hasta el momento, había estado recogido en un desordenado rodete, no soportó la presión y se deshizo, con aquel brusco movimiento, del moño, para desperdigarse por toda la almohada dejando sus ondas salvajes liberadas.
Draco le quitó la sudadera, con inusitada euforia, y ella llevó sus manos a su pantalón, lo desabrochó con soltura, desprendió su camisa, mientras el acariciaba sus pechos bajo su remera. El silencio acompañado de sus desacompasadas respiraciones y sus cálidos alientos, eran la escena perfecta para despojarse de todo aquello que los cubría. Se estaban entregando al otro de la forma más natural. Dejando verse tal cuales eran.
Pronto quedaron semi desnudos y se tomaron su tiempo para observarse y reconocerse. Para apreciarse como humanos, como amantes de todo lo que los atraía, sin explicaciones ni mandatos impuestos socialmente.
Hermione lo obligó a girarse para quedar encima de él. Recorrió su pecho con suaves y delicados besos, sin dejar de mirarlo a los ojos. Quitó su bóxer, con una tortuosa lentitud, rebelando su excitado miembro. Acercó su boca hasta él y posó sus labios al ras del mismo. Luego se dedicó a humedecer toda su extensión, para al final liberar su aliento sobre la superficie, enfriándolo. Lo que provocó, un inmediato estremecimiento por parte del rubio, que no dejaba de mirarla.
Comenzó a lamerlo desde arriba hacia abajo, con tanta destreza y despreocupación como lo hacía con sus propios dedos antes de pasar la página de un libro, y cada tanto, lo miraba para encontrarse con sus ojos como si estuviera leyéndoselo a él. Algo que nunca sabrían de ella, que él tenía el privilegio de conocer.
Se dejó hacer un rato, hasta que no pudo soportarlo más y la atrajo hacia sí para besarla. No aguantaba su postura seductora y su mirada de superioridad. Quería morderla, lamerla, penetrarla. No sabía por qué ella le generaba eso. Era una violenta necesidad de apretarla y estamparla contra su cuerpo.
En un rápido movimiento, en el que intercambiaron sus lugares, Draco abrió sus piernas y empezó a besarlas por su cara interna. Quería que se sintiera deseosa de placer, quería que gritara su nombre, que le gimiera al oído, que le pidiera clemencia.
Ella liberó un suspiro mientras cerraba sus ojos y se dedicaba a sentir el rastro que aquellos suaves labios dejaban, un camino de saliva hacia su intimidad que le provocaba una llameante sensación en aquella zona. Tensando los músculos de su ingle, generando un escalofrío que recorrió, rápidamente, todo su cuerpo.
Cuando llegó al origen de sus deseos, escogió ágilmente sus dedos, para trazarlos sobre cada superficie. Estimulando su clítoris y lamiendo de forma ascendente la cavidad entre sus labios. Deleitándose con sus jugos. Probarla, después de tanto, era como haberse ido a la guerra, sin saber si volvería a verla, su imperiosa necesidad y cada instinto carnal, se lo pedían a gritos. Quería quedarse entre sus piernas, con la maravillosa visión de ella gimiendo, con sus ojos cerrados y tocándose uno de sus pechos, como en ese momento. Dejarlo pausado en su mente. Algo que no iba a poder olvidar nunca y que lo haría volver a ella, de rodillas, cada vez que quisiera.
Al sentir el movimiento involuntario de sus paredes internas y de su miembro erecto clamando su atención, se inclinó hasta ella y la besó en los labios. Ella mordió su labio inferior y llevó una mano a sus bolas, las cuales masajeo, mientras lo miraba provocativamente. Draco gimió y sujetó sus manos, las llevó juntas por encima de su cabeza. Y de un solo movimiento se introdujo en ella, con urgencia, en su estrecha vagina. Húmeda de tanto esperar.
Con frenético desasosiego, la embistió una y otra vez, estableciendo un ritmo en el que ambos estuvieran cómodos, dejándose llevar por el ardor que sus vientres liberaban inconscientes. Soltó sus manos, para subir sus piernas a sus hombros y entrar mejor en ella.
Hermione clavó sus uñas en su espalda y tironeo sus cabellos sin piedad. Él posó su cabeza en el hueco que dejaba su cuello, entre la cabeza y su hombro. Respiró en su oído, mientras inhalaba el delicioso perfume de sus cabellos. Estaban a punto de explotar. Lo sabían. Conocían cada centímetro de sus cuerpos, los secretos y anhelos que guardaban en sus más oscuras fantasías.
Ralentizaron sus movimientos. Las embestidas fueron más certeras y ávidas. La fricción de sus cuerpos y el calor que emanaban, empapados en sudor, revueltos en sus sabanas y su piel quemándose, los hacía un cuadro del infierno. Como derritiéndose, fundiéndose en magma.
Hermione quebró su espalda y él comenzó a respirar entrecortadamente. Con el dolor de las contracciones y la necesidad de explotar en el otro, llevaron sus gemidos al más fructífero final.
Draco se desplomó sobre ella, quien lo abrazó con sus piernas y acarició con sus dedos su cabeza mientras suspiraba deleitándose con esa escena. La sensación relajante que tenía después de tener relaciones, siempre la dejaba en paz.
Era usual que, después de haberse concentrado en eso únicamente, sus mentes volaran, automáticamente, hacia otro lugar. Pero, esa noche, no hicieron más que absorberse entre sí, y quedarse allí suspendidos.
El olor a panqueques y jugo naranjas le dieron la bienvenida esa mañana. No pudo hacer más que sonreír con los ojos cerrados ante el extraño rugido que emitió su estómago, al percatarse de que, un delicioso desayuno hecho por Draco, la estaba despertando.
Cuando abrió los ojos, parpadeó varias veces para acostumbrarse a la luz blanca del día nevado que se manifestaba a través de los ventanales. Y, desorientada, se incorporó de golpe hasta que poco a poco su cuerpo fue recordando el lugar en el que se encontraba. Una hilera inmensa y majestuosa de montañas blancas se dibujaba afuera, saludando su adormilado rostro con diversión, burlándose de su aspecto.
No sabía qué hora era, pero el hambre que estaban experimentando sus entrañas, la hicieron ponerse en movimiento rápidamente.
Se levantó de la cama y recorrió la habitación con la mirada en busca de algo de ropa. Se decantó por la camisa de Draco y sus bragas, que eran lo único que había encontrado, entre tanto desorden.
Se estiró con parsimonia y bostezo gustosa. Se sentía cómoda, relajada. De repente, no importaba el tiempo, ni lo que pasara ese día, ni mañana. Era difícil de explicar, pero tenía una extraña y agradable seguridad.
Decidida, salió lentamente de la habitación y se asomó por el pasillo para ver hacia la cocina.
Llevándose la grata sorpresa de ver a su esposo, solamente enfundado en unos viejos jeans. Con todo su torso descubierto y su cabello desordenado cayendo por su frente, mientras agitaba la sartén con su varita, para calentar el otro lado del panqueque, y con la otra les daba vueltas a las páginas del diario.
Avanzó hasta la entrada de la cocina y se quedó mirándolo unos minutos, apoyada en el umbral, cruzando sus piernas y mordiéndose el labio inferior con fuerza, intentando contener sus anhelos.
Cuando Draco se giró a buscar la canela, casi pega un salto y tira todo del susto.
—No te oí llegar. —le dijo con la voz todavía temblorosa debido a la sorpresa. Ella sonrió ladinamente, y se acercó hasta él contorneándose. Draco se quedó paralizado mirándola con deseo.
Se acercó lo suficiente hasta él, como para invadir su espacio, y sin dejar de mirarlo a los ojos, metió uno de sus dedos en la mezcla y lo llevó, tranquilamente, a su boca. Cerró los ojos y soltó un suspiro. Él, que se había estado deleitando con sus movimientos hasta el momento, la acercó bruscamente hacia sí y cuando estuvo a punto de besarla, clavó sus largos dedos en el espacio que quedaba entre costilla y costilla. Hermione se retorció impulsivamente entre sus brazos, mientras se carcajeaba de la risa.
—Para… ¡basta! —suplicaba sin aire, tratando de liberarse, mientras pataleaba y le pegaba manotazos en su pecho desnudo. Draco le siguió haciendo cosquillas hasta que ella logró zafarse, después de morderle el hombro para defenderse, y que él «bajara la guardia».
Se separaron agitados y divertidos. En eso, a Hermione se le iluminó la cara con una nueva idea de venganza y Draco, conociendo esa mirada, comenzó a alejarse cauteloso. Ella tomó, en un solo movimiento, el pote con la mezcla y corrió a estampárselo en la cara. Pero, a pesar de haber empapado su pelo y su rostro con una masa viscosa y grumosa, entre empujones y golpes, se resbalaron y cayeron juntos al suelo. Momento que, Draco no desperdició para ponerse en pie, tirarse encima de ella y así ensuciarla también.
—¿Te rindes? —le preguntó a ella con una sonrisa triunfal y muy propia de su ex-casa en Hogwarts.
Para cualquiera que entrara en aquel entonces, y tuviera esa visión: la Sra. Malfoy, cuasi desnuda, con su rostro y pelo empastados con masa para panqueques, en el suelo, con sus manos retenidas por el Sr. Malfoy -también en un estado sexy/deplorable- diría que ese par, probablemente, estuviera loco, o peor, que eran parte de una película porno.
Pero, por más bizarra que fuera la situación, a ellos no les importaba, porque estaban jugando. Para ellos siempre serían: Hermione Granger y Draco Malfoy, adolescentes y enamorados como antes.
—Ya quisieras.
"El amor no es nada que podamos definir. No es ni una cálida brisa de verano, un beso o la luna. No, el amor es gracias a nosotros. Al sentido que le dan las personas que se esconden detrás de la historia. Es el contenido lo que lo hace mágico." – algo que pienso yo, y que, quiero dejarles como mensaje a todxs ustedes, habitantes del ciberespacio.
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FIN
N/A:
*Linger (nombre de la canción): persistir.
¿Nos despedimos?
Inmensas GRACIAS a:
MagicisFidem, Alice2613, Tayler-FZ, Tonya, aurablack16, AlenDarkStar, Candice Saint-Just, artipinck94, Luna White 29, Tomoe-99, redeginori, johannna, Nana, Alexa, Mel Blackstone, ale24mc, cathytaamp, JeAn Tonks BaEs, Susee, AngelinaPriorincantatem, Neptuna14, pelusa778, Elizabeth , Sally , lady-werempire, Yaanin , Betella, LidiaaIsabel , girlotaku42, Lita, SlyPrincess07, Cris James, HeraNott, marfelton (gracias por tu comentario final, realmente me inspiró), a cada "Guest" que no ha dejado su nombre y a las chicas de Face (que no sé, bajo qué nickname están en FF): Yulz (hermosa a ti te conozco), Hari Guerrero, Belen Fernandez, Jaqueline Neveu, Ale Penelope – quienes fueron mi bálsamo, mi último empujoncito para publicar.
Antes de irme por completo: quería comentarles que, estoy participando del concurso "Sigue el OS" de Cristy1994, con "Efímero" como la continuación de "Duda y Certeza". El primero, lo encontrarán en mi perfil, el cual deberán leer después de acercarse y degustar el de Cristy (el segundo mencionado). Recomiendo que se pasen a ver ambos, si es que ya no lo hicieron – IMPORTANTE: Es probable que lo continúe (porque, muchas me lo han pedido, porque Cristy me dio su aprobación y, porque me encanta la historia), ah y se me olvidaba mencionar que, es DRAMIONE :).
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Hasta siempre!
Cygnus.
