Como la semana que viene termino ya mis exámenes, he decidido empezar oficialmente con este fic. Las actualizaciones serán sábados o domingos. Tengo ocho capítulos, creo (?). Así que una vez que haya subido todos, supongo que tardaré un poco más porque tengo que pensar je. Trataré que no pase, aunque no prometo nada.

Bien, avisos sobre este fic, principalmente las parejas: Shizaya (obvio XD), HayatoxIzaya (otra obviedad) y Juusan(OC)xIzaya. Puede que haya un leve KadotaxIzaya, aún no lo sé. En todo caso, será solo por parte de Kadota (pobre). El significado del nombre del cap lo doy al final. Mi latín no es muy bueno pero creo que lo que he escrito tiene sentido jajaja.


Capítulo II - Omnis larvas heri non vident

Ring. Ring. Ring.

El sonido del teléfono despertó a Izaya de su letargo. Alargó la mano y, a tientas, logró encontrar su móvil. Lo cogió y descolgó.

- ¿Sí?

- ¿Dónde demonios te has metido? ¡Ven aquí inmediatamente y haz tu trabajo! ¡Shiki-san está comenzando a impacientarse! ¡Ya me ha llamado tres veces preguntando por ti! – le gritó una voz.

- ¿Qu…? – su pregunta se vio interrumpida por un pitido en la línea que le comunicó que la otra persona había colgado –. Namie-san tiene muy mal genio – susurró para sí mismo.

- ¡Iza-nii! ¿Ya estás despierto? – preguntó Mairu abriendo la puerta de par en par y con una tostada en la boca –. Te hemos preparado el desayuno pero, como no venías, me he comido tu parte.

- Me voy – anunció sin más, levantándose tranquilamente mientras se ponía el abrigo. Metió su móvil en el bolsillo y salió por la puerta con su hermana pisándole los talones. Entonces el informante se paró súbitamente, provocando que Mairu se chocara contra su espalda.

- Mairu – susurró –. Gracias por escucharme – dicho esto, Izaya prosiguió su camino y salió de la casa.

- No hay problema – murmuró ella.

Sabía perfectamente por todo lo que había pasado su hermano y que aún, incluso después de quince años, su pasado seguía atormentándole y provocándole pesadillas. Había algunas veces en que no podía soportar la soledad y se dejaba caer por la casa de sus hermanas como un despojo humano: la ropa desarreglada, el cabello despeinado, el rostro terriblemente pálido y unas enormes ojeras debajo de unos ojos carmesí apagados y lánguidos. Cuando eso pasaba, Kururi se encargaba de prepararle una comida decente mientras Mairu trataba de confortarle. Pero esa había sido la única vez que le había dado las gracias. Tal vez, si conseguía convencerle de que fuera a ver a un profesional, su hermano podría volver a ser como era. Tal vez su personalidad podría cambiar a como era antes de que todo ocurriese. Aunque ella no había conocido esa personalidad, su vecina, que había dado la casualidad de ser la nieta de la anciana que había cuidado de Izaya, se había encargado de contarle todo acerca de su hermano y, era por eso, que quería que Izaya volviera a ser el mismo de su infancia. Pero una parte suya le decía que eso ya era completamente imposible, que toda la felicidad que le habían arrebatado y todos los sueños que se habían encargado de romperle ya eran irrecuperables. Suspiró y se reunió con su gemela en la cocina, donde se encontraba fregando los platos.


Izaya caminaba con la vista fija en el suelo, las manos dentro de los bolsillos y su atención puesta en algún recuerdo lejano. Iba tan distraído que, cuando quiso darse cuenta del sonido de un coche derrapando, sirenas de policía y su nombre siendo gritado por alguien, ya era demasiado tarde.


- Kuru-nee, ¿no crees que Iza-nii está cada día más débil? Estoy un poco preocupada. Si al menos se dejase ayudar…

- Iza-nii. Caso (Iza-nii es así. No hará caso)

- Tienes razón. Es taaaaaan complicado… - dijo Mairu dejándose caer pesadamente en el sofá. Entonces se levantó rápidamente y corrió a su habitación –. Voy a llamarle.

Mairu regresó al salón con un móvil en la mano. Comenzó a girarlo y a observarlo desde todos los ángulos, con una expresión de confusión en el rostro.

- ¿Problemas? – preguntó Kururi con su rostro perfectamente serio pero con un ligero brillo de curiosidad en los ojos.

- Este no es mi móvil. Iza-nii ha debido confundirlos. ¿Qué hora es?

- Siete y cuarto.

- Perfecto, no hace mucho que se ha ido. Voy a ver si le alcanzo. Vuelvo en un momento, Kuru-nee – dijo Mairu cogiendo las llaves y agitando la mano en la que sostenía el móvil a modo de despedida.


Un hombre salió volando por los aires bajo la mirada resignada de otro hombre castaño. El culpable de este acontecimiento, que ya era normal para los habitantes de Ikebukuro, era un hombre alto y rubio vestido de barman.

- ¡Qué molesto! – murmuró entre dientes mientras sacaba un paquete de tabaco del bolsillo de su chaleco.

- Oi, Shizuo. Te encuentro muy tenso hoy. ¿Qué te parece si te tomas el resto del día libre?

- No hace falta – respondió encendiendo un cigarrillo.

- Insisto. Me preocupo por ti.

- Está bien pero, ¿podrás tú…?

- Llamaré a Vorona – interrumpió Tom antes de que Shizuo pudiera quejarse.

Shizuo se quitó el cigarrillo de la boca y soltó una bocanada de humo, seguida de un profundo suspiro. Volvió a colocar el cigarrillo entre sus labios y se giró, comenzando a caminar en dirección al parque.

- Adiós entonces – se despidió Shizuo agitando el brazo izquierdo en el aire

- ¡Nos vemos mañana Shizuo! – le gritó Tom antes de que desapareciera entre la multitud.

Shizuo transitó por las calles de Ikebukuro durante al menos media hora. Cuando se cansó de caminar, se dirigió al parque y se sentó en un solitario banco, que se situaba debajo de un frondoso árbol. Normalmente, a esas horas de la tarde, la pulga ya habría aparecido y él se encontraría corriendo como un loco por todo Ikebukuro, armado con una señal de tráfico y con el firme propósito de asesinarlo. Pero, por extraño que pareciera, no le había visto en todo lo que llevaba de día. Aunque se estaba mucho mejor así, ya que se podía respirar la tranquilidad, comenzó a sentirse como si algo le faltase.

- Hey, Shizuo – saludó una voz de repente.

- ¿Eh? Ah, hola Kadota – respondió el rubio con un ligero movimiento de cabeza.

- ¿Ya has terminado de trabajar?

- Tom-san ha decidido darme el resto del día libre.

- ¿Y eso? ¿Acaso estás enfermo? – preguntó Kadota en broma, ya que sabía perfectamente que el cuerpo de su antiguo compañero de instituto era lo suficientemente resistente como para no enfermarse.

- ¿No hueles algo raro? Es como si… - comenzó Shizuo levantando ligeramente la cabeza y olfateando el aire.

- No, no huelo nada – dijo Kadota comenzando a olfatear junto a Shizuo.

- Está cerca – dijo Shizuo mientras se levantaba y apretaba fuertemente los puños.

- ¿Qué está cerca?

Antes de que Shizuo pudiera responder, Kadota ya había encontrado la respuesta por sí mismo. Simplemente tenías que seguir la dirección de la mirada de Shizuo en ese momento para poder saber qué era aquello que tanta molestia le causaba. O mejor dicho, quién: Orihara Izaya se encontraba paseando tranquilamente al otro lado de la calle. Pero había algo diferente en él, algo que ambos notaron. Al principio, Shizuo lo ignoró y empezó a arrancar una señal de tráfico cercana pero, cuando Izaya comenzó a cruzar por el paso de cebra, supo que había algo extraño en su comportamiento. Una furgoneta conducía a toda velocidad por aquella calle, seguida muy de cerca por tres coches patrulla. Se veía perfectamente que iba a saltarse el semáforo, pero Izaya no pareció advertirlo. Tan solo reaccionó cuando oyó que alguien gritaba su nombre. Pero ya era demasiado tarde para apartarse. Izaya cerró los ojos y todo pasó rápidamente. Sintió como si alguien le empujase y rodó por el suelo hasta llegar a la otra acera. Se golpeó fuertemente la cabeza contra el pavimento y, cuando escuchó una voz femenina gritar su nombre de nuevo, abrió los ojos con pesadez. Se incorporó con dificultad justo en el momento en que Mairu se acercaba a él corriendo. Shizuo y Kadota se mantuvieron alejados del lugar, limitándose a ser simples espectadores. Entonces fue cuando notaron a la tercera persona. Un joven de aproximadamente 1.70 se sacudía el polvo de su traje y se recolocaba un sombrero y unas gafas de sol.

- Iza-nii. ¿En qué estabas pensando? – preguntó Mairu preocupada mientras veía cómo su hermano se levantaba y se sacudía el polvo de los pantalones.

- Solo iba un poco distraído – respondió. Las pesadillas de la noche anterior y el accidente que casi había acabado con su vida no le dejaban pensar con claridad y bajó la guardia durante unos instantes, haciendo que su máscara cediera.

- Iza-nii, por favor. Deberías ir al psicólogo.

¿Psicólogo? ¿Había oído bien? Sabía que la maldita pulga tenía una personalidad intratable y que las cosas que hacía con sus "amados humanos" eran dignas de cualquier persona que estuviera poco cuerda, pero de ahí a tener que ir a un profesional… No podía imaginarse a Orihara Izaya, el infame informante de Shinjuku, contándole sus problemas a un desconocido. Bueno, un desconocido del que previamente se habría encargado de investigar todo sobre su vida.

- Un psicólogo no le servirá de nada – dijo el misterioso joven del traje.

- ¿Eh? ¿Qué estás diciendo? ¿Qué sabrás tú? – le gritó Mairu comenzando a enfadarse.

- Sí, ¿qué sabré yo? – dijo el chico con una creciente sonrisa –. Bueno, me ha encantado volver a verte, Ori-chan.

El chico se dio la vuelta y comenzó a marcharse. Izaya vio cómo se alejaba sin poder salir de su asombro.

"Me ha encantado volver a verte, Ori-chan".

"Ori-chan". "Ori-chan".

Después de dar un montón de vueltas a la información en su mente, reaccionó y sacó una navaja de su manga. El arma pasó volando ante la atenta mirada de Shizuo y Kadota y dio de lleno en el sombrero de aquel chico, provocando que cayera al suelo y que su largo cabello quedara al descubierto. Lo llevaba recogido en una cola de caballo que le llegaba por la cintura y era de un extraño color gris blanquecino. El joven se giró y el rostro de Izaya, pálido ya de por sí, se tornó completamente blanco. Sus ojos se abrieron desmesuradamente, como si delante de él se encontrase su peor pesadilla. Retrocedió unos pasos instintivamente y se llevó las manos a la cabeza, comenzando a apretarse las sienes.

- ¡Vete! ¡Vete! ¡Sal de mi cabeza! – comenzó a gritar mientras se arrodillaba en el suelo.

- ¡Iza-nii! ¿Qué te ocurre? ¡Iza-nii! – Mairu se arrodilló a su lado, agarrándole de un hombro terriblemente preocupada.

- ¡Vete! ¡Vete! ¡Vete! – siguió gritando –. ¡Dile que se vaya!

- Iza-nii, tranquilo – susurró acariciando sus cabellos para confortarle –. ¿Iza-nii? – preguntó segundos después al notar que ya no se removía bajo sus brazos. Lo soltó un poco y su cuerpo se desplomó lateralmente sobre el sucio suelo de la calle.

- Tranquila. Solo se ha desmayado – dijo el chico de blancos cabellos. Se agachó, recogió su sombrero y volvió a esconder su coleta debajo de él.

- ¿Quién…? – comenzó Mairu, pero el joven la interrumpió.

- Digamos que…no todo el mundo ve fantasmas de su pasado.