karasu-shiro: Y luego dicen que el masoquismo es malo XD. Ohh, Hayato, Hayato. En unos capítulos veremos jajaja. Llevo un tiempo en que no puedo escribir Shizaya sin meter a las gemelas. Me pueden demasiado XD.


Capítulo III - Somnus est necessarius

Después de aquel incidente, Izaya no volvió a aparecer por Ikebukuro hasta unas semanas después y, cuando lo hizo, jamás pensó que tendría que verse recluido en una casa que no era la suya.

oooo

Izaya saltaba alegremente por las calles de su ciudad favorita, tarareando una canción, cuando a lo lejos divisó a Kadota y su grupo. Como ya había terminado su trabajo, decidió detenerse para pasar el rato. No temía para nada encontrarse con Shizuo, puesto que ya lo había hecho y, debido a la incansable persecución que habían tenido, sabía que el rubio se encontraría en casa de Shinra.

- ¡Dotachin! – saludó cuando estuvo a unos metros.

Kadota se giró hacia la voz que le llamaba con aquel ridículo apodo y vio a un sonriente Izaya. Le sonrió a su vez y se separó de la furgoneta para acercarse a él. Erika se pegó al cristal del vehículo y sonrió enormemente al ver cómo los dos hombres se sonreían y hablaban animadamente.

- ¡Ohhhhh, love is in the air! – entonces se llevó las manos al rostro, alarmada – Si Dotachin e Iza-Iza están juntos, ¿qué pasará con Shizu-Shizu?

Walker y Togusa suspiraron pesadamente y regresaron a lo que estaban haciendo antes de que Erika comenzase a desvariar.

Mientras tanto, fuera de la caravana, Kadota miraba con preocupación a Izaya. El chico hablaba animadamente, pero algo en él le decía que no estaba bien. Sus movimientos parecían más lentos que de costumbre, su piel incluso más pálida y… ¿eso que veía bajo sus ojos era maquillaje tratando de ocultar unas horribles ojeras?

- Oi, Izaya. ¿Seguro que te encuentras bien?

- Ya me lo has preguntado tres veces.

- Y a todas me has respondido que sí, pero no sé por qué no termino de creerte.

- Qué desconfiado, Dotachin – rió él –. Pero estoy perfec…

Paró su risa abruptamente y abrió los ojos de par en par al notar algo cálido en su mejilla. Kadota deslizaba un par de dedos por su piel, retirándole el maquillaje y revelando unas oscuras ojeras, tal como había imaginado.

- ¡Ahhhhh! ¡Le está acariciando!

Ante el grito de Erika, los dos hombres que se encontraban con ella miraron por la ventana, viendo aquella escena que les desconcertó un poco.

- Seguro que le está quitando alguna pestaña – dijo Walker volviendo a su lectura.

Togusa asintió y continuó tecleando en su móvil. Erika los ignoró deliberadamente y siguió observando a los dos hombres. Entonces Izaya abrazó a Kadota y el otro chico le estrechó entre sus brazos. Erika estaba a punto de gritar de emoción de nuevo cuando captó la mirada preocupada que tenía Kadota. Se fijó con más atención y vio que, lo que parecía un abrazo, era algo completamente diferente: Izaya se había desmayado y Kadota le sostenía. El castaño cogió al informante en brazos y se giró hacia Erika para darle a entender que se iría un momento.

- ¡Oh, qué atrevido Dotachin! ¡Secuestrar a Iza-Iza es un buen comienzo!

Walker y Togusa volvieron a mirar irremediablemente y captaron la figura de Kadota alejándose corriendo con un bulto en brazos. Sus bocas se abrieron de par en par y Erika tuvo que sofocar una risita. Ese par realmente se lo había creído.


Shinra tarareaba una cancioncita completamente despreocupado mientras desinfectaba las heridas de Shizuo. Este se encontraba sentado en el sillón con la camisa desabrochada y con unas tremendas ganas de golpear al castaño. Shinra, ajeno a los deseos de su amigo, continuó limpiando con algodón las heridas de Shizuo y tarareando aquella estúpida canción. En el momento en que Shizuo iba a golpearle, el timbre sonó.

- ¡Celty! – canturreó el doctor – ¿Puedes ir a ver quién es? Estoy ocupado con Shizuo.

Celty dejó de teclear en su ordenador y, antes de levantarse y dirigirse a la puerta, se puso el casco. No quería asustar a quién quiera que fuese el que llamaba.

- Hola Celty – saludó amablemente el joven que se encontraba al otro lado.

Shinra y Shizuo, reconociendo la voz, giraron la cabeza hacia la entrada.

- ¡Kadota-kun! ¡Pasa! ¡Eres bienvenido! – gritó Shinra volviendo a las heridas del rubio.

- Lamento la intrusión.

- Ese olor… – susurró Shizuo, apretando los puños con rabia – ¡IIIIZAAAAYAAAA!

- De hecho, por él vengo – dijo Kadota.

Shinra y Shizuo volvieron a girar la cabeza ante las palabras de Kadota. El joven castaño llevaba en brazos al informante de Shinjuku, que parecía más muerto que vivo.

- ¡Oh, madre mía! – exclamó Shinra levantándose de un salto – ¿Qué le ha pasado?

- No lo sé. Estábamos hablando y se desmayó de repente. No tenía buena cara. Tal vez esté enfermo.

- No estaría mal. Así se quedará en Shinjuku sin molestar a nadie – espetó Shizuo con desagrado.

- Déjale en el sofá.

Shinra se apartó de Shizuo y se acercó a Izaya, comenzando a darle golpecitos en la mejilla. Mientras Shizuo se abotonaba la camisa, Kadota y Celty se acercaron al sofá. Shinra rió.

- ¿Quién lo diría? Cuando duerme hasta parece inocente.

El bufido que escuchó por parte de Shizuo le hizo reír con más ganas.

- Oh, está despertando – anunció Kadota al ver cómo los párpados de Izaya temblaban levemente.

Dos apagados orbes carmesí hicieron su aparición. Izaya volvió a cerrar los ojos y los apretó con fuerza antes de volver a abrirlos. Oía la voz de Shinra llamándole, pero no conseguía distinguir el rostro del castaño entre la neblina que cubría sus ojos. Finalmente, consiguió enfocar algo más, viendo a Shinra, Kadota y Celty.

- ¿Qué tal te encuentras, Izaya? ¿Te duele algo?

- …No.

Su voz fue apenas un susurro, lo que preocupó a Shinra y sorprendió al resto, incluido a Shizuo que, extrañamente, le había oído.

- ¿Cuántos dedos ves?

- …Cuatro…

Si Shinra antes había estado preocupado por la vaga respuesta, ahora se asustó, ya que sus dedos formaban la "v" de la victoria. No eran para nada cuatro. No queriendo preocupar al propio Izaya, sonrió y le habló animadamente:

- Muy bien, Izaya-kun.

Todos, a excepción del informante, vieron la falsa sonrisa de Shinra.

- Tienes unas pintas realmente horribles – bromeó el doctor –. Y menudas ojeras. ¿No has dormido bien?

- …No he dormido.

Esa respuesta se ganó la sorpresa de aquellos que estaban a su lado y la atención de Shizuo.

- ¿Cuánto llevas sin dormir?

- ¿Qué es esto…? ¿Un interrogatorio?

- Contesta, por favor.

La seriedad con la que Shinra había hablado fue suficiente para que Izaya suspirase y le contestase.

- No lo sé. Una semana, tal vez más.

- ¿Ah? ¿Acaso estás intentando suicidarte?

- Si quisiera acabar con mi vida, lo haría de forma rápida. Simplemente soy una persona ocupada y no he tenido tiempo para nimiedades.

- ¡Dormir no es una nimiedad!

Izaya se incorporó y se alisó la camisa con manos ligeramente temblorosas. Cosa que Shizuo notó y, antes de poder contenerse, soltó:

- Mientes.

Izaya se giró hacia la voz que había hablado y, cuando vio a Shizuo, esbozó una desagradable mueca.

- No te había visto, Shizu-chan. Pensaba que los animales no hablaban.

Shizuo apretó con fuerza puños y dientes, pero no hizo nada por atacar a Izaya. No le parecía una pelea justa cuando el moreno estaba desarmado y, lo más probable, no podía mantenerse en pie. Además, tampoco quería destrozar el apartamento, por lo que se contuvo. Aunque más por Celty que por Shinra. Izaya se encogió de hombros y trató de levantarse, pero una mano en su pecho se lo impidió.

- No te levantes. Espera a que se te pase un poco el mareo. Aún ves doble, ¿no?

Izaya suspiró y volvió a tumbarse, cerrando los ojos al sentir que la vista volvía a fallarle.

- Esto es una pérdida de tiempo… ¡Ah!

El moreno se incorporó rápidamente al sentir un pinchazo en su cuello y, cuando vio a Shinra con una jeringuilla en la mano, le miró desconfiado.

- ¿Qué me has dado?

- Un tranquilizante

- ¿Qué? ¿Por qué lo has hecho? Estoy perfectamente.

Izaya se llevó una mano a la frente y apartó algunos mechones, comenzando a sentirse terriblemente cansado. Apoyó la cabeza en el respaldo del sofá y cerró de nuevo los ojos, que sentía de repente muy pesados.

- Sh…inra… ¿Qué…?

- Necesitas dormir, Izaya.

Ante esta respuesta, el moreno se espabiló sorprendentemente y abrió los ojos de par en par.

- ¡No! – gritó – ¡No puedo quedarme dormido! Si… si lo hago… él

Los ojos de Izaya se cerraron lentamente y su cuerpo quedó inmóvil en el sofá, profundamente dormido.


Lo sé. Me merezco que me odieis por dejarlo así XD. Pero qué se la va a hacer. Me alimento de vuestro odio (?)

Hasta la próxima semana!