El contenido de las grabaciones tendrá que esperar un poco. Dentro de unos capítulos veremos lo que se grabó. ¡Cuidado! Este capítulo contiene violación. He puesto una advertencia en caso de que haya alguien sensible que se lo quiera saltar.


Capítulo V - Bona diagnosis, bona curatio 2ª parte

Izaya abrió los ojos y vio un techo completamente negro. No sabía dónde estaba ni qué hacía allí. Aún se encontraba un poco mareado por la anterior paliza que le había dado su tío. Siempre hacía lo mismo cuando volvía borracho.

- Bienvenido de nuevo, Izaya – dijo una voz.

Izaya se incorporó y miró al hombre con ojos cansados.

- ¿Haya-nii?

- Sí. Tranquilo, no voy a hacerte nada. Yo me encargaré de cuidarte.

El hombre se acercó más a él y besó lentamente sus labios. Izaya se espabiló al instante y, tremendamente asustado, comenzó a retroceder rápidamente por la cama hasta chocar contra una pared. Un brazo robusto le agarró del cabello y tiró de él hasta volverle a tener en el mismo sitio de antes.

- Eres un chico rebelde. Esos son los que más me gustan – dijo el hombre tirando con más fuerza de los mechones que había agarrado, provocando que las lágrimas se deslizaran por el rostro del pequeño.

El hombre sonrió y le atrajo más hacia él. Volvió a unir sus labios con los de Izaya pero, esta vez, introdujo su lengua en la pequeña cavidad. Izaya, al notar cómo algo se movía dentro de su boca, trató de volver a separarse pero, con cada movimiento que hacía, el hombre le atraía más hacia él, provocando que comenzara a atragantarse con su lengua. Finalmente, el hombre le soltó y pasó una de sus enormes manos por los negros cabellos de Izaya. Esta se deslizó después a su rostro y le acarició la mejilla derecha.

- Eres muy irresistible para tu edad. Cuando llegues a la adolescencia seguro que pasaremos buenos ratos. Pero de momento, esperaré con ansias esta noche – el hombre le acercó un cuenco de sopa y se dirigió a la puerta.

Izaya comió la sopa con desgana. Sabía realmente mal. Dejó el cuenco en una silla que había cerca de la cama y se levantó. Trató de abrir la puerta, pero su tío la había cerrado con llave. Frunció el ceño y volvió a sentarse en la cama. Apoyado en la pared, se abrazó las piernas e intentó tranquilizarse. Siempre que su tío se emborrachaba le pegaba después. A eso ya estaba acostumbrado. Pero esta vez parecía diferente. Su tío no olía a alcohol y nunca antes le había besado ni mirado de aquella manera que le daba escalofríos. Tenía miedo. Mucho miedo. Y, por primera vez, deseó que Hayato le pegase como siempre hacía porque, aunque tenía once años, sabía lo que su tío quería hacer con él. Se acercó a la ventana y la abrió. Había una caída de diez metros a lo sumo, pero cualquier cosa era mejor que quedarse en aquella habitación. Si se agarraba al saliente de la ventana y trepaba hasta la cornisa, podría alcanzar la azotea y bajar por las escaleras adosadas a la fachada.

De repente la puerta se abrió y, antes de que pudiese escaparse, su tío entró en la habitación. Le agarró con fuerza del brazo y le arrastró por la estancia hasta tirarle sobre la cama.

- ¿Pensabas escaparte, Izaya? Eso no está bien. Estás aquí para hacerme pasar una buena noche, así que no puedo permitir que huyas – dijo el hombre volviendo a acariciarle la mejilla.

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Recostó a Izaya con suavidad sobre el colchón y volvió a besarle de la misma manera que antes. Él volvió a resistirse y se ganó un mordisco en el labio inferior por parte del hombre. Hayato levantó la cabeza y pasó su lengua sobre la herida que le había causado a Izaya. Después le despojó de la camiseta y de los pantalones. Antes de que Izaya pudiera volver a intentar resistirse, le agarró de las muñecas y las pasó por encima de su cabeza. Izaya giró su rostro para que el hombre no pudiera volver a besarle, pero solo empeoró la situación al dejar expuesto su nacarado cuello. Pronto sintió algo húmedo deslizarse por su piel. Hayato trazó un camino desde su cuello hasta su ombligo, pasando por su clavícula y deteniéndose un poco en uno de los rosados pezones. Cuando Izaya sintió cómo la lengua se apartaba de su piel, se atrevió a girar un poco la cabeza. El hombre le agarró de la barbilla y giró por completo su rostro, volviendo a forzar la entrada de su lengua en la boca del otro. Soltó su barbilla sin dejar de besarle y comenzó a acariciar sus muslos y su pecho. Su mano finalmente se detuvo en sus caderas y, una vez allí, empezó a bajar la última prenda que le quedaba: su ropa interior. Izaya comenzó a revolverse, pero no pudo evitar que la mano de su tío comenzara a acariciar su miembro de arriba abajo. Se sintió liberado cuando le soltó y, por unos momentos, pensó que todo había terminado. Pero tan solo acababa de empezar. Unos segundos después sintió que algo acariciaba una zona muy íntima de su cuerpo y, acto seguido, ese algo se introdujo en su interior, haciendo que soltara un grito de dolor por la brusquedad. Levantó un poco la cabeza y vio cómo el dedo índice de Hayato entraba y salía de su cuerpo, provocándole la salida de las lágrimas y unas tremendas nauseas. A ese dedo se le sumó otro y después otro más.

Las lágrimas ya habían cesado por entonces, mas algunas de ellas se habían quedado adheridas a sus mejillas. Le seguía doliendo, pero al menos se había acostumbrado un poco a ese entrar y salir. Los dedos salieron de su interior y, entonces, supo lo que venía a continuación. Con una fuerte embestida, Hayato entró en el cuerpo de su sobrino. Un grito desgarrador resonó por toda la habitación.

- Eres muy escandaloso, Izaya. Vamos a tener que solucionar eso – le dijo el hombre jadeando en su oído.

Hayato volvió a apoderarse de los labios de Izaya mientras entraba y salía con fuerza y rapidez de su interior. Los gemidos del hombre y los gritos del niño quedaron ahogados en aquel beso lleno de lujuria.

oooo

Izaya comenzó a revolverse en la cama, pateando las sábanas y apretando con fuerza el colchón. Levantó un brazo como para protegerse de una amenaza invisible y golpeó la mesilla de noche. El ruido que causó la lámpara al caer al suelo alertó a las seis personas que se encontraban en el salón. Mairu y Kururi se levantaron rápidamente y abrieron la puerta de la habitación donde se encontraba Izaya.

- ¡No! ¡Déjame! ¡No me toques! – gritaba Izaya desesperado.

- ¡Iza-nii!

- ¡No!

Mairu se acercó a él y le cogió de los hombros.

- Iza-nii, tranquilo. Ya pasó. Solo es una pesadilla – susurró ella acariciando el cabello azabache de su hermano.

- Juusan…

- Soy Mairu. Estoy contigo.

- ¿Mai…ru?

Izaya dejó de gritar y comenzó a tranquilizarse un poco. Se acercó más a su hermana y la abrazó con fuerza, dejando que las lágrimas resbalaran de sus rojizos ojos.

- ¿Cómo te encuentras Izaya? – preguntó Shinra entrando en la habitación e interrumpiendo la atmósfera tranquila que se había creado.

- ¿Shinra?

Izaya le miró y se separó de Mairu rápidamente, enjugándose las lágrimas en el proceso.

- ¿Qué quieres?

- Saber qué tal te encontrabas – respondió alegremente. Pero la mirada que Izaya le dirigía le hizo recapacitar la respuesta. "No se te puede engañar, ¿eh, Izaya?" –. Quiero que hablemos de lo que ha pasado.

- No ha pasado nada. Ni siquiera sé qué hago aquí.

Izaya se sentó en la cama y comenzó a calzarse bajo la atenta mirada de su hermana y del doctor. Se levantó y, apartando ligeramente a Kururi, abrió la puerta de la habitación. Nada más salir, se encontró cara a cara con Kadota y Shizuo, que le miraban con una extraña tristeza en los ojos. Su máscara volvió a reconstruirse y les miró a su vez con la misma mueca desagradable que tanto hacía enfurecer a Shizuo.

- ¿A qué vienen esas caras? ¿Se ha muerto alguien?

Sin esperar respuesta, se abrió paso entre ellos y se dirigió a la puerta principal. No era estúpido. Sabía perfectamente que Shizuo y Kadota habían estado presentes en el momento en que el ataque de pánico se había apoderado de él en la calle, sabía que se había ido un poco de la lengua al mencionar a Juusan delante de Shinra y, también sabía que, si se quedaba en casa del doctor más tiempo, su pasado acabaría por aplastarle como un pesado muro de piedra. Lo único que desconocía era el porqué de la tristeza reflejada en los ojos de sus antiguos compañeros de instituto. Aunque tampoco es que le importase mucho lo que le pasara a cualquiera de los dos, especialmente al rubio. Al parecer, había olvidado completamente su desvanecimiento en la calle y su inesperada confesión acerca de su voluntaria privación de sueño. Su mano estaba a punto de tocar el pomo de la puerta cuando algo negro se lo impidió. Izaya frunció el ceño al reconocer las sombras oscuras de la motorista sin cabeza.

- ¿Qué demonios estás haciendo? – preguntó fríamente.

"Lo siento, Izaya. Pero no puedo dejar que te vayas" – informó Celty.

Izaya observó las humeantes sombras negras que salían del cuello de la chica y explotó de risa.

- Muy gracioso, Celty – dijo Izaya parando de reír pero conservando la sonrisa –. Ahora, suéltame – añadió después cambiando drásticamente a un rostro serio y amenazador.

- No puedes irte – dijo Shinra apareciendo de repente, seguido de sus hermanas, Kadota y Shizuo.

- ¿Qué es esto? ¿Un extraño complot para acabar conmigo?

- Solo queremos protegerte, Iza-nii.

Izaya miró a sus hermanas y, sin poder hacer nada para evitarlo, su máscara se resquebrajo nuevamente ante todos los presentes. Podía ver la culpa reflejada en los ojos de ambas chicas.

- ¿Qué les habéis contado? – preguntó temerosamente. Era la primera vez que el miedo se hacía palpable en la voz del informante.

Izaya repasó a todos los presentes con la mirada y ya no le hizo falta la respuesta de sus hermanas. Lo sabían todo. Lo veía en sus rostros.

- ¿Por qué lo habéis hecho?

- Ellas solo pretendían ayudarte, Izaya – intentó defenderlas Shinra.

- ¡Me importa una mierda lo que trataran de hacer! ¡No tenían derecho a contar nada!

- Izaya, tranquilízate – dijo Kadota.

- ¡Estoy muy tranquilo!

- Lo sentimos mucho Iza-nii.

- ¿Por qué no puedo irme? – preguntó Izaya ignorando la disculpa de Mairu. Sabía que no estaba del todo arrepentida.

- Podrías volver a encontrarte con ese tal Juusan y sufrir de nuevo un ataque de pánico.

- ¿Y planeas encerrarme?

- Sí.

- ¿Y cómo piensas vigilarme? No puedes estar pendiente de mí en todo momento y Celty tendrá trabajo que hacer – sonrió él.

- Si es necesario, te ataré a la cama.

- Ohhhh – su sonrisa se ensanchó.

- Además, Kadota y Shizuo pueden turnarse para vigilarte.

- ¿Qué? – gritaron Izaya y el rubio al unísono – ¡Ni hablar!

- ¡No pienso hacer de niñera de una pulga molesta! – gruñó Shizuo señalando a Izaya.

- ¡No pienso quedarme a solas con una bestia unicelular! – chilló Izaya fulminando a Shizuo con la mirada.

Entonces fue cuando comenzaron a discutir acerca de quién era más competente para cuidar de alguien. Izaya defendía que no había nadie mejor que sus hermanas y Kadota, Mairu y Kururi daban su voto a Shizuo con una extraña sonrisa de oreja a oreja (cortesía de la menor de las gemelas, por supuesto), Shinra discrepaba diciendo que su Celty era la más indicada, Celty opinaba que su novio podía encargarse de Izaya perfectamente, Kadota se mantenía alejado de todo y de todos y Shizuo cerró los ojos tratando de contener su ira para no empezar a golpearlos. Eran demasiado ruidosos. La discusión continuó hasta que el móvil de la dullahan comenzó a sonar.

- ¿Quién te llama a estas horas Celty? ¿Debería estar celoso?

Celty les mostró la pantalla del móvil, donde se podía leer claramente "número oculto". Unos segundos después, el móvil dejó de sonar pero, al rato, volvieron a llamar. Entonces Celty cometió el error de cogerlo.

- Uff. Por un momento pensé que ya nadie me respondería – dijo una voz masculina al otro lado –. Tan solo llamaba para hacer una pequeña advertencia. No estoy muy seguro de cuántas personas están contigo ahora mismo, pero eso sinceramente es lo que menos me importa. Solo quería decir que… finalmente te he encontrado, mi querido Orihara Izaya.

La llamada se cortó y el silencio inundó la habitación hasta que un pequeño ruido se atrevió a romperlo. Cinco pares de ojos y un denso humo negro se giraron para descubrir asombrados cómo Izaya respiraba agitadamente y cómo sus rojizos ojos reflejaban el más puro terror.

- Haya…to… – susurró Izaya mientras su cuerpo comenzaba a temblar y sus piernas fallaban de tal manera que acabó sentado en el suelo.


Hasta el próximo sábado!