Este es el último capítulo que tengo escrito, así que no sé cuánto tardaré en el próximo. Trataré que sea una semana como hasta ahora :)


Capítulo VII - Prima dies

Los rayos del sol se colaron en la habitación e iluminaron a un joven que yacía en la cama. Este abrió los ojos y miró con molestia hacia la ventana. Aún tumbado, se dio la vuelta en el colchón, rehuyendo el contacto con el sol, y se topó con la mesilla de noche. Encima de esta había un despertador que marcaba las diez de la mañana. Al ver la hora, Izaya se levantó rápidamente y salió de la habitación. Caminó casi de puntillas, temiendo provocar algún ruido indeseado y rezando por no acabar envuelto en las sombras de la dullahan. Con cuidado se acercó a la puerta y, cuando estaba a punto de girar el pomo, un recuerdo le asaltó súbitamente.

La llamada.

Izaya dejó la mano apoyada en el pomo mientras soltaba un largo suspiro. Él era Orihara Izaya, el mejor informante de Shinjuku. Vivía con el peligro día a día y ni le importaba ni le asustaba. Pero esa situación era muy diferente. Esta vez se enfrentaba a su mayor miedo. Se enfrentaba al hombre que había protagonizado sus pesadillas desde hacía nueve años. Le asustaba. Normalmente habría ocultado ese miedo tras su máscara de falsas emociones, pero ellos ya conocían su pasado. Aunque intentara ocultarlo le descubrirían. Esta vez el miedo le había ganado al orgullo. Pero lo que más le aterraba no era el hecho de que Hayato estuviera vivo, sino que este le localizara. Tan solo escuchar su voz había servido para darle otro pequeño ataque de pánico. ¿Qué pasaría si se le encontraba cara a cara? Tenía que hacer algo. Si Hayato había llamado a Celty, era porque sabía que se encontraba en casa del doctor. Y él ni siquiera tenía algo por dónde empezar a buscarle. Tal vez si llamaba a Namie…

- Oi, pulga. ¿Dónde crees que vas?

Izaya se tensó nada más oír aquella voz y soltó el pomo como si este le hubiera quemado.

- Oi, Iza-chan. ¿Dónde crees que vas?

Hayato se acercó al pequeño y le agarró del cuello, estampándole contra la pared. Comenzó a apretar su agarre e Izaya pronto sintió que se quedaba sin aire. Sus pequeñas manos golpearon y arañaron la enorme de Hayato, pero no consiguió que este le soltara. Cuando estaba a punto de perder la consciencia, Hayato apartó su mano de su cuello y la situó en su mejilla. Izaya tomó todo el aire que pudo y tosió un par de veces, sintiendo cómo cada bocanada que daba le arañaba la garganta como si tuviera mil espinas.

- Me obligas a hacer cosas que no quiero, mi precioso Iza-chan – dijo Hayato retirándole algunos mechones de la frente.

- Oi, pulga.

Al no obtener respuesta, Shizuo se acercó a él y tocó levemente su hombro para llamar su atención. Pero antes de que pudiera decir nada, Izaya se giró y golpeó con fuerza su mano. Shizuo frunció el ceño.

- ¿Qué problema tienes, maldita pul…?

Shizuo se paró abruptamente al ver los ojos de Izaya. Estaban llenos de terror. ¿Le habría dado otro ataque de pánico?

- Izaya, ¿te encuentras bien?

El moreno le miró y sus ojos volvieron a su frialdad de antes al reconocer a Shizuo.

- ¿No tienes un trabajo al que acudir, Shizu-chan?

- Mi trabajo ahora es vigilarte.

- Ha sonado como si fuera un vulgar detenido. Qué cruel puedes ser en ocasiones.

- ¡Cállate y vuelve a la habitación!

- Que seas mi vigilante no te da derecho a ordenarme.

- Pues tendrás que hacerlo si no quieres que te golpee – amenazó el rubio.

- Hazlo – le retó Izaya.

- No.

- Me tienes lástima, ¿verdad?

- ¿Eh? Claro que n…

- No mientas.

- Ni siquiera me has deja…

- Me voy.

Izaya cerró los ojos y pasó por un lado de Shizuo, desapareciendo en el pasillo. Un portazo se oyó por toda la casa.

El resto del día transcurrió sin incidentes, principalmente porque Izaya se negó a salir de la habitación en todo momento y Shizuo no poseía la paciencia suficiente para tratar con él.


Nada más encerrarse Izaya en su nueva habitación, Shizuo se dirigió al salón y se sentó en el sofá. Apoyó la cabeza en el mullido respaldo y, aprovechando la ausencia de Shinra, encendió un cigarrillo. El humo llenando sus pulmones le relajó. Pasó una mano por sus cabellos mientras miraba distraídamente el techo y su mente volaba hacia aquella llamada.

Le había sorprendido bastante la voz que se escuchó al otro lado cuando Celty descolgó.

Había sido una voz suave, melodiosa, con un pequeño tinte de burla y diversión. Era tan idéntica a la de Izaya que, por un momento, había llegado a olvidar que el moreno se encontraba en casa de Shinra con ellos.

La reacción que Izaya había tenido también le había sorprendido bastante. Jamás pensó que su enemigo pudiera ser capaz de mostrar esas expresiones. Izaya era humano y, por lo tanto, podía tener todo tipo de sentimientos. Podía sentirlos. Algunos más que otros, probablemente, pero sabía que no le eran desconocidos. Izaya no era tan insensible como parecía querer aparentar. No entendía la fijación que el moreno tenía por ocultar todo lo que sentía con máscaras y tergiversar sus emociones para que fuera completamente imposible saber lo que estaba sintiendo. Nunca se lo había preguntado tampoco. Era una pérdida de tiempo. Izaya nunca le hubiese respondido. Al menos no con la verdad. Lo más probable era que hubiese contestado a su pregunta con otra pregunta, desconcertando así a Shizuo. Y eso le hubiese hecho enfadar y olvidar por completo lo que realmente estaba buscando, comenzando así una estúpida y absurda persecución.

Suspiró.

Después de que Celty les explicase lo que había encontrado, él había marchado a su casa y allí se había puesto a investigar por su cuenta. Había encendido su viejo ordenador y, mientras esperaba a que internet se cargase, se había preparado un vaso de leche. Cuando por fin la página se decidió a abrirse, Shizuo introdujo en el buscador el nombre del tío de Izaya. Le salieron varios enlaces que llevaban a las noticias de los periódicos que los padres del informante se habían encargado de alterar, la página principal de su empresa, un vídeo de la charla que había dado el vicepresidente en memoria de Orihara Hayato y un montón de cosas más que no se molestó en mirar. Fue directamente a "imágenes" y pinchó. Rápidamente le salieron más de 4000 resultados.

Shizuo se quitó el cigarrillo de los labios y soltó una bocanada de humo, recordando cómo se habían abierto sus ojos al ver las imágenes de Orihara Hayato. Había una gran variedad que mostraban el supuesto cuerpo calcinado del empresario, algunas pocas que exhibían el momento de su detención, pero las que más llamaron su atención fueron en las que se le veía vestido con un elegante traje a las puertas de su empresa.

Orihara Hayato era un hombre alto, de hombros anchos y apariencia estoica. Su cabello pelirrojo estaba peinado hacia atrás. Esa era la única fotografía, advirtió Shizuo, en la que podía ver los dos ojos del hombre. Su ojo derecho era de un profundo color carmesí, y no pudo evitar pensar en los de Izaya, y su izquierdo tan negro como el cabello de su sobrino. Su piel blanca y pálida como el alabastro destacaba con las oscuras paredes del edificio situado a sus espaldas. La sonrisa que esbozaba no mostraba sentimiento alguno y, aunque Shizuo cambiase de perspectiva, la seguía encontrando falsa e inadecuada para el lugar en el que estaba. Los finos rasgos de su rostro le hacían poseedor de una fría belleza.

Shizuo no pudo evitar pensarlo.

Izaya era idéntico a su tío. Era como si estuviese viendo una imagen del informante en un futuro próximo. Y, al igual que le había pasado con Izaya la primera vez que le vio, todas sus alarmas saltaron advirtiéndole que aquel hombre era peligroso.


Hasta la próxima!