Sigo viva! Trataré que los próximos caps tengan mínimo 2000 palabras. Es mi nueva meta!


Capítulo VIII - Secunda dies

Esa mañana, Shinra le suministró un tranquilizante a Izaya mientras Celty preparaba el desayuno. La dullahan terminó de poner la mesa y se sentó a esperar frente a dos cuencos de arroz. Minutos después, ambos hombres hicieron su aparición y tomaron asiento junto a ella. El desayuno transcurrió tranquilo. O más bien medianamente. Izaya comía silenciosamente mientras que Shinra no dejaba de reverenciar las estupendas dotes culinarias de su amada dullahan, la cual pensaba que exageraba. ¡Solo había hecho un poco de arroz! Izaya dejó los palillos sobre la mesa y se levantó con el mismo silencio con el que había entrado en la cocina. Cuando Shinra pudo escuchar la puerta de la habitación cerrarse, se tornó serio y miró fijamente a Celty.

- Avisa a los demás. Tenemos una hora antes de que Izaya se despierte de nuevo.

Celty asintió y sacó su móvil. Mientras ella mandaba los mensajes a las personas pertinentes, Shinra miró el cuenco a medio comer que Izaya había dejado. Soltó un suspiro. Como amigo, sabía que Izaya se sentiría mejor en la soledad de su apartamento. El moreno odiaba que le vieran como un ser frágil. Pero como médico no podía dejar que estuviera solo. Podía ser peligroso si su tío lograba encontrarle y estaba completamente seguro de que la reacción de Izaya sería mala para ambos.


Mairu y Kururi tomaron asiento casi al mismo tiempo, Kadota y Shizuo se sentaron a cada lado de las gemelas, Shinra se apoyó en el reposabrazos y Celty se creó una silla de sombras. Mairu abrió el portátil y Kururi sacó el pen drive de su bolsillo. Lo insertó y una ventana apareció en la pantalla. Mairu pinchó en una carpeta amarilla nombrada como "Nueva carpeta", ya que no habían visto necesario pensar en un título, y se hicieron visibles una serie de vídeos ordenados cronológicamente. Había más de cincuenta vídeos, todo lo que la cámara oculta había grabado durante un año. Solo con uno descubrirían qué pasó durante ese año que Izaya convivió con Hayato.

- Bien. Tenemos imagen y sonido. Ahora podremos comprobar la verdad sobre Oji-san.

Mairu dirigió el ratón al primer vídeo y dudó unos instantes antes de cliquear.

29 DE NOVIEMBRE, 2007 - 09:55 AM

La imagen apareció clara y nítida. Era un enorme salón, decorado con un par de lujosos muebles. Un sofá de cuero negro y una larga mesa de cristal se situaban sobre una extensa alfombra roja con decoraciones abstractas a base de líneas negras. Justo frente a la cámara se encontraba la puerta de entrada al apartamento y, en la pared de la izquierda, una puerta abierta dejaba ver un oscuro pasillo. Mairu avanzó el vídeo hasta las tres de la tarde, cuando Izaya ya tendría que haber regresado de la Academia. De fondo podía escucharse el sonido de platos y agua corriendo. Parecía un hogar normal como cualquier otro. Una sombra se movió en el pequeño espacio de cocina que la cámara captaba y los cinco pares de ojos (más Celty) se centraron en ella, preguntándose quién sería. Unos segundos después, la figura de Izaya salió de la cocina con una bandeja llena de comida en las manos. La dejó sobre la mesa de ébano, de la cual la cámara captaba una parte, y se sentó. Comió tranquilamente y en silencio. Al terminar, recogió su bandeja y se dirigió a la cocina, cayéndose antes de poder entrar en ella. El cuenco dio unas cuantas vueltas sobre sí mismo, los palillos rodaron lejos de su alcance, la bandeja quedó bocabajo y los restos de comida que había dejado se desparramaron por el suelo. Izaya recogió todo con una expresión indescifrable en el rostro. Dejó todo en la cocina y regresó al salón con una escoba y el recogedor. Tras limpiar todo lo que había ensuciado, se sentó unos instantes en el sofá y cerró los ojos. Después apoyó su pierna izquierda en la larga mesa de cristal que había frente al sofá y comenzó a remangarse el pantalón. Lo dobló cuidadosamente al llegar a la rodilla y dejó escapar un pequeño quejido al ver que la venda que cubría parte de su espinilla estaba roja en algunos puntos. Se levantó despacio y se dirigió a un pequeño armario que había al final del salón. Cuando volvió a sentarse llevaba en el regazo una caja de madera, algodón y una botella azul. Colocó de nuevo la pierna sobre la mesa y se quitó la venda. Mojó un par de algodones con el líquido que había en el interior de la botella y limpió la sangre reseca y fresca que ensuciaba su piel. Abrió después la caja y sacó una aguja e hilo.

Mairu bajó la pantalla del ordenador, dejando a su hermano enhebrando la aguja. No le gustaba demasiado la sangre y tampoco se veía con ganas de ver cómo su hermano se cosía a sí mismo una herida.

- Este vídeo no ha servido de mucho, ¿no creéis? – dijo Shinra, recolocándose las gafas, que se habían deslizado por su nariz.

- Pongamos otro – Mairu tomó el ratón y lo desplazó por la mesa. Pinchó en el siguiente vídeo.

El resto de la tarde lo pasaron viendo vídeo tras vídeo. Pero en ninguno encontraron ninguna prueba fehaciente. Ni siquiera habían podido ver al tío de Izaya, pues no aparecía en ninguna de las grabaciones. Tal vez los vídeos seleccionados mostraban un momento en que Hayato había salido de viajes de negocios. Esa noche, Kadota fue el que se quedó en casa de Shinra. Las gemelas decidieron volver al día siguiente con el ordenador para continuar con su investigación. Para ello Shinra debía volver a suministrar un tranquilizante a Izaya y no sabía qué excusa ponerle esta vez. Aquella mañana se lo había dado diciéndole que le tranquilizaría de tal forma que no tendría pesadillas, lo cual había resultado cierto para alivio del doctor. Pero no sabía qué decirle esta vez. Quizás lo mejor fuera disolverlo en el agua sin que se diera cuenta. Sí. Esa era la mejor opción. Y puede que le dijese a Kadota que se lo diera él, puesto que lo más probable es que el moreno no se fiara de él.


De nuevo los seis se encontraban sentados en el salón de Shinra, frente al portátil de las gemelas. Izaya dormía plácidamente en su nueva habitación tras tomarse el zumo de naranja que Kadota le había llevado con una sonrisa en los labios pero no tan buenas intenciones en mente.

Mairu repitió el mismo proceso que había hecho el día anterior y consultó en una libreta cuál fue el último día que vieron en los vídeos. Inhaló profundamente y cliqueó con decisión. Involuntariamente, todos se acercaron a la pantalla.

29 DE MARZO, 2008 - 14:55 PM

Como en todas las grabaciones que habían visto hasta la fecha, Izaya entró en el apartamento y dejó su bolsa en el sofá para entrar en la cocina y prepararse la comida. Cuál fue su sorpresa, y la de todos, cuando, tras haber puesto la mesa para una sola persona, la puerta principal se abrió.

Un hombre alto y pelirrojo entró en el apartamento. Todos quedaron sorprendidos al verle. Si no fuera por la altura, la anchura de sus hombros y el color de su cabello, habrían pensado que se trataba del propio Izaya. Shizuo, que ya había visto a Orihara Hayato con anterioridad, no se asombró en lo más mínimo y su rostro permaneció inmutable.

- Okaeri, Haya-nii – saludó Izaya con una amplia sonrisa, que a todos les pareció falsa.

- Tadaima, Izaya – respondió Hayato, acercándose al joven y revolviéndole los cabellos.

- Hoy llegas pronto.

- Bueno, hacía mucho tiempo que no comíamos juntos. ¿Qué tal tu día?

- Oh, nada fuera de lo común. Iré a por tu bandeja.

Todo parecía bastante normal. Una conversación típica entre familiares. ¿Se habrían equivocado Mairu y Kururi al afirmar que Hayato maltrataba a Izaya? Pero aquello no podía ser. Habían sido testigos de la reacción de Izaya cuando había escuchado la voz de su tío y también habían leído aquel artículo del periódico. Ellas estaban completamente seguras de que había gato encerrado en esa conversación. Pero si el rostro de su hermano era un libro cerrado, el de Hayato, además de serlo también, parecía estar guardado a buen recaudo tras una caja fuerte. Era completamente imposible saber qué estaba pensando. Hasta sus ojos brillaban de una forma extraña.

Izaya estaba a punto de marcharse cuando Hayato le agarró del brazo. Una fugaz expresión de dolor cruzó su rostro.

- Trae también la botella de agua.

- Claro – volvió a sonreír él.

Izaya desapareció en la cocina y salió después con la bandeja y la botella. Los colocó en la mesa bajo la atenta mirada de su tío y marchó luego a por los vasos. Cuando estaba colocando el segundo vaso, sintió que Hayato se acercaba y se giró tan bruscamente que el recipiente acabó hecho añicos en el suelo.

- Lo recogeré inmediatamente – se apresuró en decir Izaya.

Hayato volvió a agarrarle del brazo y frustró su huida. Le apretó con fuerza.

- ¿Crees que soy idiota, Izaya? Te duele, ¿verdad?

- Me he caído esta mañana. Tropecé con la alfombra – respondió él con voz monótona.

- ¿Te caíste – Hayato le acercó más a él, apretando su brazo herido y sacándole un gemido de dolor – o te acercaste de nuevo a ese chico monstruo? ¿Eh? ¡Responde!

Hayato empujó a Izaya con fuerza, haciéndole caer al suelo, y le miró seriamente desde arriba, esperando una respuesta. El joven no despegó los ojos de la alfombra, mientras que la fulminante mirada de Hayato no se apartaba de la nuca de su sobrino.

- ¿Y bien, Izaya? ¿Cuántas veces tengo que decirte que no te acerques a ese chico monstruo?

- Shizuo.

- ¿Hum?

- Se llama Shizuo – repitió él, mirándole desafiante.

Hayato suspiró y se arrodilló frente a su sobrino. Le tomó de la barbilla suavemente y le obligó a mirarle a los ojos.

- No vuelvas – susurró con voz helada – a pronunciar su nombre.

Antes de que Izaya pudiera reaccionar a aquellas palabras, Hayato le agarró con fuerza del cabello y estampó su cabeza contra el suelo. Izaya soltó un quejido lastimero y Hayato se alejó de él.

- Vas a tener que comer tú solo – dijo el hombre mientras cogía su chaqueta –. Tengo mucho trabajo. Volveré en la noche – Hayato abrió la puerta y, antes de marcharse, le echó un último vistazo a Izaya –. Y recoge este estropicio.

Izaya se levantó con esfuerzo, la sangre resbalando por su sien. Estar de pie le mareaba y, finalmente, acabó de nuevo en el suelo, de rodillas, apretando con fuerza su herida para evitar la salida de la sangre.

Mairu soltó un grito, horrorizada, al ver aquello y se abrazó a su hermana de forma instintiva. Ninguno podía creerse lo que acababa de pasar. La acción de Hayato había sido bastante excesiva, pero lo que más les había sorprendido había sido lo que había provocado aquel arrebato de violencia. Lo que el joven moreno había dicho, o más bien, lo que había hecho. Izaya se había atrevido a desafiar a su tío por… ¿Shizuo? Jamás se hubiesen esperado algo como eso. Al igual que tampoco hubiesen esperado ver al informante siendo manejado de esa forma. ¿Cuál era la verdad tras aquellas imágenes? ¿Qué temía Izaya? ¿Qué le hizo Orihara Hayato a su sobrino para hacerle cambiar radicalmente en menos de un año?


Hasta la próxima!