DISCLAIMER: Nada es mío, ni siquiera el ambiente (es muy viejo). Ojalá Sirius lo fuera, él sólo es madurito…

2. Adivina quién viene a cenar

Si Hermione había alucinado en colores con la sala en que había sido recibida, cuando entró a su dormitorio pensó que Sirius había tenido un colapso cerebral y le había indicado a la sirvienta el sitio equivocado. Ella esperaba que la llevasen a las habitaciones del servicio y tener que hacer algo para poder justificar su estancia allí (lavar platos o acicalar a los caballos, a saber), pero ahora se encontraba con que le habían asignado una habitación amplia y luminosa debido a los grandes ventanales por los que ahora sólo entraba la luz de la luna. Con el cabecero pegado a una pared de piedra, coronaba la estancia una gran cama con dosel, cubierta por varias mantas de telas azules y broncíneas y unos cuantos almohadones forrados y bordados en los mismos colores.

Por algún extraño motivo, o le había caído muy bien o la había tomado por miembro de la nobleza (y sobre esa última opción, la pregunta más acuciante era ¿CÓMO?).

En una esquina, un biombo escondía una tina varios útiles de aseo, como un lavabo sin grifo ni desagüe que, de momento, estaba vacío. Se percató de que allí no había cuarto de baño y sacudió la cabeza pensando lo mucho que iba a echar de menos un retrete.

Ya estaba a punto de tirarse de cabeza en la cama para poder relajarse y repasar todo lo que había sucedido aquel día de locos cuando llamaron a la puerta y ésta se abrió para dejar pasar a dos doncellas, una de ellas portadora de una jarra, algo más grande de lo normal, llena de agua caliente, y otra que sin duda era la criada exclusiva de la dama que había entrado delante.

No era muy mayor, para nada, sino más bien una mujer de unos treinta y pocos años de rostro blanco y pecoso, ojos verdes (los ojos de Harry) y una larga trenza pelirroja. El rico vestido no daba lugar a equívocos: era sin duda noble y de buena consideración, casada según indicaba la alianza dorada de su dedo anular, y amable si se dejaba convencer por la sonrisa comprensiva que acababa de esbozar al mirarla.

- Espero que no te importe que no me incline – dijo Lily Potter con una voz suave y cadente -, pero creo que seremos buenas amigas y entre nosotras sobran las formalidades, ¿no crees?

Agradecida de que alguien pareciese dispuesta a salvarla del protocolo, Hermione le sonrió también y asintió. En ese instante, otras tres doncellas entraron y dejaron unos cuantos bultos sobre la cama antes de hacer una ligera reverencia y salir de allí rápidamente cerrando la puerta tras de sí.

- Mi marido me ha explicado un poco tu llegada. Lamento no haber estado para recibirte con el resto, pero he tenido un pequeño percance con mi hijo.

- No es como si yo fuese una invitada más de la casa – repuso Hermione suspirando.

- Créeme, si el rey – Lily también utilizó aquel tonillo burlón para decirlo – te ha aceptado, te has convertido en una más oficialmente. No te preocupes por eso, por lo que he oído, simpatiza contigo.

- Parece buena persona.

- Lo es.

- Pero a todos parece haceros mucha gracia su título – añadió Hermione.

Lily se rió y se acercó a la tina que la doncella había llenado de agua caliente.

- Ven a bañarte y te lo explicaré.

Un poco cohibida por la falta de costumbre de que alguien la atendiese mientras se bañaba, a pesar de que Lily se lo tomase todo de un modo tan natural, ella se quitó la ropa que había "sustraído" con dificultad, ante la penetrante mirada escrutadora de dos ojos verdes, y se sumergió en el agua humeante.

- Yo no soy de aquí – explicó Lily -, procedo de Irlanda, de una ciudad pequeña del sur que buscaba hermanarse con ésta, y me enviaron aquí cuando tenía doce años. Al parecer, tanto mis padres como los de Sirius… Oh, disculpa, es el nombre de pila del rey: Sirius Orión Black es el completo y oficial – aclaró innecesariamente la pelirroja mientras le tendía a su compañera un paño con una especie de aceite rojizo para que se frotase -. Tanto sus padres como los míos albergaban la esperanza de que congeniásemos y nos prometiésemos en unos años, pero el asunto no funcionó tan bien como esperaban: Sirius y yo siempre hemos sido demasiado dispares, él estaba demasiado ocupado tramando maldades con Remus Lupin, tu salvador, y James Potter como para interesarse por una chiquilla extranjera, y yo le consideraba un inmaduro aburrido y arrogante, así que no me interesé mucho por su persona. Sin embargo, mis padres no desistieron y me mantuvieron aquí, junto a él, hasta que a los dieciséis les anuncié mi compromiso, sólo que me casé con otra persona, el mejor amigo de Sirius, James Potter, de una familia mucho más noble que la mía, por lo que mis padres lo aceptaron rápidamente. A mucha gente no le gustó nuestra unión, pero…

La sonrisa inmaculada y soñadora de Lily lo dijo todo y Hermione tuvo que contener una risa.

- Sirius se quedó tan soltero como al principio, y en ésas sigue…

- ¿No se ha casado? – preguntó la castaña sorprendida. Sabía que Sirius había sido todo un playboy en Hogwarts, pero esperaba que, por mujeriego que fuese en todas sus variantes, en ese tiempo hubiese cumplido con lo que se esperaba de él: un heredero, como poco.

- Es un tanto… indomable – concedió Lily ayudándola a salir de la rústica bañera y cubriéndola, con ayuda de una de las dos muchachas del servicio que estaba allí, con una toalla de hilo blanco.

- ¿Qué son? – Hermione miró con curiosidad los bultos sobre su cama.

- Vestidos, por supuesto. Son de cuando yo era más joven, tenía más o menos las mismas medidas que tú, así que espero que haya alguno que se te ajuste – Lily la contempló con ojo clínico antes de abrir uno de los improvisados embalajes y sacar un vestido casi nuevo en tonos rojos con bordados dorados -. Muy patriótico, seguro que te granjea simpatías. Pruébatelo, yo casi no me lo puse porque entre la tela y mi pelo podría haber pasado por una zanahoria gigante.

Hermione tardó diez minutos en conseguir colocar todo en su sitio, para diversión de su benefactora.

- No estás acostumbrada a este tipo de ropa, ¿verdad? – la aludida negó avergonzada. Si no quería levantar sospechas, iba de vicio (nótese la ironía) -. ¿No solías llevar vestidos en tu casa?

- Yo era… un poco más masculina que todo eso.

Lily se rió.

- Sí, la ropa de los hombres es bastante más cómoda – admitió divertida -. Pero me extraña, no creas. Cuando James me explicó cómo y dónde te había encontrado Remus, me imaginé que serías una pequeña bestiecilla campestre, lo siento.

- Tranquila.

- Es agradable encontrarme… bueno, contigo. ¿Tu familia era noble?

Una imagen fugaz de sus padres y de todas aquellas diferencias clasistas entre sangre limpias y sangre sucias se le vino a la mente. Hizo un soberano esfuerzo por ignorarlo todo hasta que pudiese reflexionar con tranquilidad y a solas, lo empujó a un rincón recóndito de su cabeza y regresó a la realidad del momento.

- No mucho.

- Qué curioso. En fin… Mary – una de las doncellas se adelantó con rapidez -, mira a ver qué puedes hacer con su pelo.

- Lo siento, Lily, pero… ¿nos estamos preparando para algo en especial?

- Para la cena, por supuesto. A Sirius le encanta celebrar los festivales de otoño por todo lo alto, habrá música y comida en abundancia. Prepárate para saludar a mucha gente hoy.

Genial, justo lo que necesito, acontecimientos sociales

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El comedor debía de ser la estancia más grande de todo el castillo. La llenaban una mesa descomunalmente grande con incontables sillas a su alrededor, una mesa un poco más pequeña (vamos, que solamente abarcaría la mitad de un mamut) y un espacio despejado que se dividía en una zona para los músicos y otra para el baile.

Para no faltar a la costumbre, casi todas las paredes se adornaban con los estandartes del Valle de Godric, aunque en honor a los invitados también había decoraciones en colores verdes, amarillos y azulados que daban a la sala un curioso parecido con el comedor de Hogwarts, causándole una oleada de nostalgia a cierta persona recién llegada allí. La mesa estaba repleta de comida, bebida y cubiertos, mucha gente deambulaba por los alrededores, esperando ser llamados para sentarse a cenar, y las notas de una melodía suave pero alegre inundaban el aire.

Hermione hizo aparición junto a Lily, que la guió explicándole cosas básicas en susurros disimulados y le presentó unidireccionalmente a algunas de las personas que ella no reconocía. Para su sorpresa, había un número predominante de hombres y no todos ellos desconocidos.

- ¡Por fin! Pensé que os habíais fugado – exclamó James Potter al verlas acercarse. Tomó a su esposa de las manos y la besó en la frente antes de dedicarle una inclinación a Hermione, que la correspondió tal y como Lily le había explicado poco antes en el dormitorio.

- Ay, no seas absurdo – se quejó la citada pelirroja al verlo -, Hermione y yo ya tenemos tanta confianza que me parece una tontería esta formalidad. Seguro que no le importa que te saltes los protocolos, ni tampoco que lo haga Remus. Hermione me ha dicho que le está muy agradecida por su amabilidad de esta tarde.

- Es bueno saberlo, prometo no volver a hacer reverencias – afirmó James sonriéndole a la forastera.

- Y yo prometo no hacéroslas a vosotros.

- ¿Hacer qué? – preguntó Remus al llegar hasta ellos.

- Reverencias – le advirtió Lily levantando un dedo -. Es ridículo, ya le he dicho a Sirius miles de veces que tendría que abolir este protocolo estúpido. Me dan ganas de arrancarle los pelos de la cabeza cada vez que pone esa sonrisita de superioridad cuando me ve inclinarme ante él.

- Vamos, cálmate, cariño – la tranquilizó James sonriendo ante el pronto de su mujer -. Por desgracia, y para satisfacción de su ego, de cara al público aún le debemos un respeto.

- Si me hubiera casado con él le habría quitado esas tonterías de raíz – refunfuñó Lily.

Remus y James cruzaron una mirada de complicidad. De entre la multitud surgió una nueva figura, tan parecida a James que casi daba miedo mirarla.

- ¿Dónde has estado? Te dije que iría a buscarte a tu cuarto, jovencito – le soltó Lily nada más verlo.

- Mamá…

- No me pongas excusas, la próxima vez tendremos un problema como sigas ignorando mis órdenes – siseó ella.

- Harry – intervino su padre, deseoso de evitar una desgracia -, te presento a la señorita Hermione Granger. Cariño, ¿ellos tampoco se pueden hacer reverencias?

- ¡Pues claro que no! – respondió su mujer como si aquello fuese obvio.

-Entonces supongo que me limitaré a decirte hola – sonrió Hermione.

- Lo mismo digo – la correspondió Harry, demasiado acostumbrado a los prontos de su madre como para impresionarse.

- Tenéis más o menos la misma edad, creo – comentó Remus -. Dieciséis, ¿no?

- Para diecisiete – le corrigieron los dos jóvenes a la vez. Se miraron y se rieron.

Hermione sintió que el corazón se le encogía. Aquella súbita complicidad con una versión antigua de su mejor amigo la hizo recordar aún con más fuerza al que había dejado en su verdadero tiempo. La duda de dónde estaría Ron y en qué papel la asaltó súbitamente.

- ¿Me concedes este baile? – preguntó Harry al percibir el cambio de melodía llamando a la gente al centro de la sala.

- Oh – Hermione miró la mano que le tendía como si fuese un ornitorrinco -, yo no… No sé bailar – admitió, cohibida. Y era cierto, en su época todavía sabría contonearse un poco, pero aquellas danzas preestablecidas…

- Bueno, en algún momento tendrás que aprender – la instó Harry sin dejarse desanimar.

Hermione se encogió de hombros.

- Son tus pies.

La pareja desapareció entre la gente, dispuesta a hacerse un hueco para que Harry pudiese enseñarle los pasos sin causar muchas risas. Los tres adultos restantes sonrieron al verlos avanzar tomados de la mano, hablando en voz baja.

- ¿Ya estáis pensando en casar al pobre Harry? – Lupin enarcó una ceja.

- Nada más lejos – se revolvió James -. Está un poco verde todavía, pero no le puede hacer mal frecuentar algo de compañía femenina.

- Con la de damas que hay en la corte…

- Vamos, Remus, tú mismo sabes que la mayor parte de esas niñas no distinguiría las comedias de Plauto de un trozo de jamón – se quejó Lily -, y Hermione me ha parecido una chica muy lista, con dos dedos de frente. Me cae bien, vamos a ser muy buenas amigas.

- Me ofende que no te baste con nosotros.

- Claro, las mejores amistades del mundo, sobretodo muy femeninas: mi marido – señaló al susodicho -, mi instructor de espada y compañero de estudios – señaló al propio Lupin - y mi viejo prometido potencial y padrino de bodas. Por cierto, ¿dónde está su Majestad? – añadió con sorna.

- No me tenéis ningún respeto, señora Potter – protestó el aludido apareciendo junto a ellos.

- Bufón.

- Sólo cuando nadie mira. Pensé que estarías acompañando a nuestra invitada como James me había dicho.

- Y lo he hecho: estuve con ella hasta hace apenas unos minutos. Harry la ha sacado a bailar.

Sirius abrió los ojos con sorpresa y oteó a las parejas que ocupaban casi todo el espacio hasta dar con el joven Potter. No habría identificado a su pareja con la chica que había recibido aquella tarde si no lo hubiese sabido de antemano: a su llegada al castillo vestía como una campesina, tenía el pelo enmarañado como un arbusto y la cara manchada de tierra; ahora llevaba uno de los vestidos de Lily que se ceñía a sus inocentes curvas y resaltaba sus pechos, apretados por el corsé, tenía el pelo trenzado con hilo dorado y la propia pelirroja se habría ocupado, seguramente, de acicalarla, maquillarla o lo que fuera que le hubiese hecho para destacar sus ojos chocolate y aquellos labios finos y rojizos que sonreían a su ahijado.

- La verdad es que no sabía si se mostraría reacia a bajar – Sirius volvió a mirar a sus amigos -, debe de estar cansada. Pobre.

- No me dio la impresión de que estuviese agotada, aunque sí bastante confusa – replicó Lily -. Se mostraba desconcertada ante cosas totalmente básicas, como las doncellas ayudándola a bañarse o mi matrimonio a los dieciséis.

- Tendrá otras costumbres.

- Si es una chica de campo es normal que no esté acostumbrada a las doncellas – asintió Remus -, y puede que de donde viene las mujeres se casen a otras edades, quién sabe. A mí siempre me ha parecido un poco precoz…

En ese momento, tanto el objeto de su conversación como el primogénito de los Potter regresaron junto al grupo y ambos se apresuraron a inclinarse ante Sirius, que adoptó la sonrisita arrogante que tanto le criticaba Lily siempre.

- Es un buen momento para que nos sentemos a cenar – observó el rey y gesticuló hacia los músicos para que cesasen de tocar e hiciesen el anuncio.

James tomó a su esposa de la mano y la guió hacia los asientos cercanos a la cabecera de la mesa. Sirius y Remus se miraron, dudando si hacer lo mismo con la invitada, pero Harry, siguiendo el ejemplo de su padre, ya le había ofrecido un brazo que ella había aceptado gustosa. Hermione se sentía fascinada de lo fácil que le resultaba hablar con Harry, no importaba en qué punto de la Historia estuviesen. Era como si el destino, o algo parecido en lo que ella tampoco creía, los tuviese designados como amigos bajo cualquier circunstancia.

Por parentesco, se sentaron cerca de los padres del muchacho, que los recibieron agradados de comprobar que hiciesen buenas migas. El rey ocupó su posición habitual, presidiendo la mesa, y Remus se sentó a su izquierda, frente a James y junto a Hermione.

El banquete dio comienzo sin más dilación y todos los comensales empezaron a servirse de lo que se les ofrecía en las proximidades de sus asientos. Educadamente, casi como si de un trueque se tratase, Hermione llenó su copa, la de Remus y la de Harry mientras éste último, desde el asiento de enfrente, echaba un trozo de carne asada en su plato.

- Bueno, joven Potter – comenzó un hombre corpulento sentado a la izquierda del chico -, ¿cómo lleváis esos estudios?

- Con dificultad, sir Slughorn. La literatura latina me resulta insufrible – admitió él.

- Ah, no te preocupes, muchacho – dijo Slughorn con tono condescendiente -, en cuanto cumplas los diecisiete podrás dedicarte en exclusiva a la acción del campo de batalla. No es preciso conocer a los historiadores romanos para ser un buen luchador.

- Bueno – Hermione habló con tono tranquilo -, siempre es mejor conocer los errores de los antiguos emperadores que caer en ellos víctima de la ignorancia.

A su alrededor se hizo el silencio y todos los ojos convergieron en ella. Harry sufrió un acceso de tos que ocultaba una risa, Lily parecía satisfecha de que alguien hubiese expresado en voz alta lo que ella misma pensaba, James se había quedado con el tenedor a medio camino hacia su boca, Remus dio un sorbo a su copa para disimular su asombro y Sirius la observó divertido.

- Viniendo de una jovencita idealista como tú no me tomaré muy en serio la réplica – se rió Slughorn y Hermione lo miró ofendida -. Pero dime, ¿qué gran héroe en la batalla puede precisar de conocer que Gallia ist omnis divisa in partes tres?

- Alejandro Magno fue un gran héroe en el campo y poseía una inmensa cultura que sin duda contribuyó a su éxito – contraatacó ella tomando otro bocado de carne -. Si Aristóteles no le hubiese instruido en cosas tan dispares como la biología y la literatura, probablemente no habría logrado ni la mitad de lo que consiguió. El conocimiento no sólo es aprenderse listas de nombres, también consiste en ejercitar el intelecto, la memoria y el razonamiento lógico. Todo eso es indispensable para un buen estratega.

- ¿He de entender entonces que habéis leído a Aristóteles y tenéis esos conocimientos de los que habláis? – preguntó Sirius, arrellanado en su asiento y con la copa en la mano.

- No sé de qué nivel de conocimiento me habláis, Majestad – dijo ella, consciente de que tendría que refrenar un poco más su lengua a partir de ahora -, pero no hablaría si no creyese lo que digo, y para creerlo debo haberlo experimentado.

- ¿Habéis sufrido alguna circunstancia en que precisaseis de dichos conocimientos?

Hermione se mordió la lengua. ¿Por dónde empezar? ¿El lazo del diablo camino a la piedra filosofal, su transformación en piedra por el basilisco gracias a que pudo hacerse con un espejo a tiempo o aquel sistema de clandestinidad del ED que había inventado con un poco de ingenio y grandes dosis de información?

- Alguna que otra – murmuró.

Aunque no lució muy satisfecho por la respuesta obtenida, Sirius asintió en silencio y continuó comiendo.

- Deberías presentarle a tu sabio – le dijo James en voz baja.

- No sería mala idea.

- Seguro que agradecería algo de compañía y creo que Hermione le caerá bien – continuó Potter -. Definitivamente, tiene un carácter bastante fuerte. Ni siquiera Lily le contesta a Horace cuando hace ese tipo de aseveraciones.

Sirius no dijo nada.

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La noche prometía alargarse todo lo necesario para que hasta el último invitado quedase ahíto de comida y vino y completamente atiborrado de diversión, bailando y riendo con el resto de comensales.

Hermione estaba cansada y la cena le estaba provocando un sopor irresistible, pero no sabía cómo retirarse y no quería molestar a Lily, que ya bastante buena había sido con ella, para pedirle ayuda, por lo que se mantuvo en su sitio ocupada en acumular toda la información posible acerca del comportamiento del que se suponía que tenía que hacer gala. Las damas se sentaban erguidas, reían con carcajadas pequeñas y trémulas, daban pequeños sorbos a sus copas, casi como pájaros bebiendo de una fuente, y se mostraban constantemente delicadas y discretas, perfectas en sus papeles de frágiles y maleables muñecas de porcelana. Incluso Lily, que tenía una personalidad decidida e independiente, parecía de cristal y se mimetizaba con el entorno.

- ¿Señorita Hermione?

La castaña salió de su ensueño al oír aquella voz que arrastraba las sílabas tan cerca de su oído y se giró con cautela para ver a Draco Malfoy inclinando la cabeza ante ella.

- ¿Puedo sentarme? – inquirió, señalando la silla vacía junto a la suya.

- Claro – contestó ella, más segura de lo que en realidad se sentía.

- Siento no haberme presentado antes, pero creo que ya conoce a mi padre. Mi nombre es Draco Malfoy – dijo, tomándole la mano y besándola en el dorso sin perder de vista cada expresión de su cara. Hermione, que en esos momentos mantenía una dura lucha interna entre la parte de su cabeza que le decía que al final sí se había dormido y que era imposible que Malfoy se estuviese mostrando educado y casi galante, y la que le gritaba que saliese corriendo de allí porque se avecinaba el fin del mundo, no supo muy bien qué cara poner.

- Sí, le conocí esta mañana – respondió, en cambio, y al momento le entraron ganas de golpearse la cabeza contra la mesa.

Una risa atronadora hizo que ambos levantasen la cabeza para ver a Horace Slughorn aproximándose peligrosamente, directo hacia ellos. Malfoy, que debía de conocer bien esa mirada, tiró de la mano de Hermione que aún sujetaba y la levantó.

- ¿Le apetece bailar? – dijo, apresuradamente, y la llevó hasta el resto de bailarines sin esperar respuesta.

- No hace falta – murmuró ella deseosa de salir de allí cuanto antes -. No sé bailar y…

- Es sencillo.

- Bonita huida – comentó una voz irónica tras ellos.

Hermione sólo necesitó una breve ojeada para captar la relación que Malfoy y Sirius compartían. Seguramente, Narcisa seguiría siendo su prima aquí y, por tanto, Draco su sobrino. Sin embargo, no parecía mantener la misma confianza con el rubio que con Harry, por ejemplo, y estuvo casi segura al cien por cien de que ello se debía a la influencia de Lucius.

- Intentaba hacer que nuestra invitada bailase, tío – explicó Malfoy.

- Sin éxito – remarcó Hermione con tono de broma.

- Entonces tendremos que probar con fuerzas mayores – dijo Sirius. Se inclinó levemente y le tendió una mano a la chica -. Vamos, nadie le ha negado nunca una proposición al rey.

- Por miedo a morir – murmuró ella.

- No mando penar a nadie por rechazarme – corrigió él divertido por su insolencia. Hermione se sonrojó, no creía que la hubiese oído.

- No me gusta sentirme presionada para hacer las cosas.

- Prometo no pisaros y tener paciencia cuando me piséis a mí. Creo haber entendido de boca de mi ahijado que no estáis familiarizada con nuestros pasos.

- No mucho.

- Y creo haber oído decir a alguien en la cena que el conocimiento ayuda al triunfo, en algún momento tendréis que aprender – la picó en voz baja, repentinamente más cerca de ella. Draco ya no estaba, como si se hubiese evaporado.

Ella, muy digna, alzó la barbilla y asintió con un seco gesto de cabeza, molesta porque la hubiesen pillado con sus propias palabras en un truco tan viejo. Sirius contuvo la risa, la tomó de la mano y la sacó a bailar delante de todas las miradas sorprendidas de los invitados.

Hermione tuvo la desagradable sensación de que sus mejillas habían entrado en ebullición de nuevo. Estaba poco acostumbrada a ser el centro de atención y mucho menos a convertirse en objeto de interés para el sexo contrario. Sus mejores amigos eran dos chicos que no habían reparado en su condición femenina hasta que el agua les había llegado al cuello y todo su historial se limitaba a una aventurilla inocente con un búlgaro poco mayor que ella que era casi igual de tímido. Por todo eso, que de repente todos los ojos estuviesen sobre ella y su pareja (el augusto Sirius Black, pensó con una sonrisa divertida), un hombre que le sacaba casi veinte años y que para colmo de todo era el amo y señor de todo lo que veía, estaba empezando a ponerla nerviosa.

Se situaron junto a Lily y James, que también bailaban, muy erguidos y compartiendo palabras que sonaban a broma privada, y la pelirroja le dedicó una mirada compasiva y le dijo que siguiese sus pasos para no perderse.

Podría haber sido peor.

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¡Hola, buenas!

La verdad es que no tengo mucho que deciros, solamente quería agradecer todos los reviews que me enviasteis en el primer capítulo. No esperaba ni de lejos tan buena acogida, así que aunque no pueda responderlos uno por uno por falta de tiempo, muchísimas gracias a black_soul, Mary, dusquinha, Barbara, mari, fairy_white, Diana Prenze, Gray_anima, Latrop, Smithback, msole64 y saris305.

Espero opiniones y elucubraciones próximamente ;D

Un beso,

Kira.