Oh, sí, puedo ver vuestras caras por los reviews que me habéis dejado, estáis pensando Perra, ¿ahora te pasas? ¿Ahora?

Lo siento, soy consciente de que hace tiempo que no subo nada, pero me marché a estudiar alemán a Berlín tres semanas y he estado sin ordenador allí (nunca lo llevo cuando me voy fuera del país, es una lata), y a la vuelta… Bueno, sinceramente, he tenido que recuperar sueño y superar una soberana resaca de la fiesta del sábado xD

Me gustaría de verdad poder contestar todos los reviews uno por uno, pero en verano nunca tengo paciencia para hacer las cosas, así que me voy a limitar a dar mis más sinceros agradecimientos a:

Latrop

saori165

Roxa Riddle D Malfoy

Leonor dzib-Xooc

Cris Granger

Inniwis (como puedes comprobar, nuevos personajes se aproximan; sí, me encanta mantener la intriga todo lo posible n.n y no, Remus no es hombre lobo aquí –de la que he librado al pobrecillo…-)

Smithblack

Pabaji

Gray anima

Naj

blacksoul

Mary

Gela_Chan

Mounstruitodedebajodelacama x3

Hermsphadora Black

Judith

judith178

Not an animal

Rossi

nena10124

Caperucita Gris

Remus dreamer

Y una vez cumplido con esto… Pido un redouble de tambor para el Nuevo capítulo (y también algún que otro review, por supuesto ;D).

Abrazos del oso amoroso de Toy Story 3,

Kira

OoOoOoOoOoOOoOoO

5 – Don't rain on my parade

Si despertarse con la cabeza como un bombo era un asco, ella estaba alcanzando cotas de miseria en su vida. Al regresar a su dormitorio la noche anterior, había estado a un tris de empezar a golpearse la cabeza contras las paredes de piedra hasta quedarse seca, pero en vez de eso se había tirado en la cama y había comenzado a pensar y pensar y pensar: en Sirius y esa especie de cita que se había sacado de la manga, en Malfoy y la escena estúpida que acababan de protagonizar, en Harry y la cara de Lily al enterarse de sus actividades clandestinas y en Dumbledore y toda la confesión de su verdad. Lo único que había conseguido eran escasas horas de sueño, algo de angustia y un bonito dolor de cabeza.

Mierda de siglo atrasado sin aspirinas…

Consciente de que si no se levantaba, una centella pelirroja la ayudaría cordialmente a hacerlo (es decir, adquirido el grado de confianza que ahora tenían, Lily entraría clamando por su presencia y la arrancaría de la cama por la fuerza en menos que canta un gallo), hizo un esfuerzo y se arregló con calma, despertándose por el camino todo lo posible, antes de ir a desayunar.

Por fortuna, en uno de los extremos de la mesa había un trío de damas de las cuales una de ellas era Lily, que la recibió con una sonrisa alegre y se unió a ella a unas sillas de distancia para poder hablar con calma. En la otra punta, James y Remus le estaban contando a Harry lo que probablemente fuese alguna anécdota de juventud y se interrumpían mutuamente para añadir detalles que los hacían reír a los tres. Lily les dedicó una mirada cariñosa y resignada y ocupó la silla frente a ella con la misma cara que si fuera su cumpleaños.

- ¿Y qué?

Hermione posó con cautela su pan.

- ¿Qué de qué?

- ¿Nerviosa?

- ¿Nerviosa por qué?

- De verdad, Hermione, así no hay quien trabaje – se quejó la pelirroja -. ¿No se supone que hoy tienes un picnic?

- Lo tengo.

- ¿Y por qué no te has puesto el vestido que dejé en tu dormitorio?

La castaña hizo memoria y recordó un bulto discreto junto a la pila en que se había lavado la cara. Ni siquiera se le había pasado por la cabeza echarle un vistazo.

- No me di cuenta – confesó -. ¿Tenía algo especial?

- Era bonito – Lily suspiró, como si no supiese que hacer con semejante cabeza de chorlito -. Ya da igual. Me extraña que Sirius no haya bajado a desayunar – añadió con intención.

Hermione se encogió de hombros. Ella misma debería estar durmiendo, sobre todo porque del atontamiento que arrastraba, llevaba media hora intentando meterse la uva en la boca y chocando con su propia mejilla por no mirar ni coordinar sus propias actividades corporales.

- Tienes mala cara, ¿estás bien? – preguntó Lily al darse cuenta, ahora ya verdaderamente preocupada.

- He dormido poco… - Hermione titubeó y al final se lió la manta a la cabeza y le explicó por encima lo que le había pasado la noche anterior. Los ojos verdes se agrandaron poco a poco a medida que su dueña escuchaba la historia.

Cuando terminó de hablar, Lily soltó un ¡JA! bien alto y luego se sonrojó al notar las miradas de la gente. Su propio marido la observó desconcertado unos segundos largos, pero ella ya estaba muy ocupada hablando apresuradamente.

- Esta sí que es buena, ¡has conseguido levantar los intereses de Malfoy Júnior!

- Mira que eres pécora – le gruñó Hermione.

- Sir Lucius no debe de estar nada contento, lleva meses intentando entablar relaciones con una de las damas de la corte de Bellatrix Lestrange para acordar un enlace.

- No creo que lo sepa…

- Ten cuidado, Hermione – le advirtió Lily con seriedad -, no te dejes engañar por su apariencia fría y distraída, demasiado altiva para prestar atención a los asuntos mundanos: Lucius y Narcisa Malfoy tienen oídos y ojos por todas partes, nada escapa a su conocimiento, y si Draco te elige como posible objeto de atención, por mucho que disimule o lo intente, sus padres lo sabrán desde el primer momento, y eso sólo te va a traer problemas porque te interpondrás entre ellos y sus objetivos. Créeme, no te conviene nada convertirte en enemiga suya, por mucho que sigan aquí porque a Sirius le preocupe dejar a la débil e inepta de su prima y al maleable de su sobrino en las manos de Malfoy, no dejan de tener mucho poder.

Hermione la escuchó sin decir una palabra y no pudo por menos que preocuparse. No se había parado a pensar que una sonrisa de Draco Malfoy tuviese un precio tan alto, máxime si tenía en cuenta que en su tiempo y versión, a los padres Malfoy les daba igual que su hijo le pasase la sífilis a cada falda del colegio mientras no se tratasen de sangre sucias.

- ¿Vas a subir hoy a la torre de Dumbledore? – intentó quitarle algo de tensión al momento Lily.

- No creo – la noche anterior, Hermione había llegado a la conclusión de que el anciano tenía todas las buenas intenciones del mundo con ella y no la tomaba por loca, pero quizás pasar demasiado tiempo allí, intentando encontrar un modo de regresar, trabajando codo con codo con las excentricidades del viejo, acabase obsesionándola a ella y haciendo sospechar a los demás. Lo que menos falta le hacía, ahora que alguien conocía su pequeño secreto, era que los ojos empezasen a recaer sobre su persona más de lo habitual. No, no, no. Iba a necesitar plantearse una estrategia con algo de perspectiva antes de subir allí de nuevo.

- ¿Has tenido algún problema allí?

Ella levantó la cabeza y borró la inconsciente expresión sombría de su semblante en un parpadeo a la par que negaba. En ese momento, una figura familiar apareció en el comedor y tuvo que mirar hacia otro lado de nuevo. No paraban de caerle bombas por todos lados.

Draco Malfoy se detuvo al comienzo de la mesa y saludó a su madre y la mujer que la acompañaba. Hablaron unos pocos minutos antes de que él continuase hacia el centro de la mesa para detenerse junto a Lily, que lo recibió con una amable sonrisa.

- Lady Potter, Hermione – las saludó con una inclinación de cabeza -. Mi madre me ha pedido que las invite a unirse a ella tras el desayuno para dar un paseo por la parte trasera del castillo – informó con voz monocorde, sin apartar los ojos de la castaña.

Interiormente, Hermione suspiró. ¿Se podía ser más evidente? ¿Por qué demonios no hacía un mínimo esfuerzo por disimular un poco?

- Gracias, Draco. Hablaremos con ella al terminar – sonrió Lily, un poco incómoda. Él la miró por fin, casi a regañadientes, asintió, les dedicó nuevas inclinaciones de cabeza y continuó su camino hacia la zona en que los chicos estaban desayunando. Quizás en otra ocasión, ellas dos se hubiesen parado a observar el recibimiento que le dispensarían, pero en esos momentos estaban demasiado ocupadas con otras cosas.

Hermione gimió y Lily le dedicó una mueca de compasión.

- Vamos, tranquila. Puede que con un poco de suerte los Malfoy te consideren lo suficientemente insignificante como para que no les importe los más mínimo lo que Draco opine de ti – la "consoló" -. No te ofendas.

- Mira, ojalá tengas razón. Con lo contenta que vivo yo mimetizándome con el entorno…

Comieron en silencio durante un rato. Hasta que alguien más se les unió para hacerles compañía.

- Señoras – las saludó Sirius al pasar.

Ambas hicieron ademán de levantarse, sorprendidas de no haberse percatado de su llegada, pero él les hizo un gesto para que se dejasen de formalidades absurdas. Luego se apoyó e inclinó sobre la mesa y miró a su invitada.

- Hace un día fantástico para salir al campo – anunció exultante, como si el día soleado fuese fruto de su trabajo y no pura suerte -. ¿Mantienes tu intención de acompañarme?

Desconcertada y aún con rendimiento cerebral bajo a causa del sueño, Hermione puso cara extrañada.

- Por supuesto. ¿Por qué no iba a hacerlo?

- Bien – eso pareció acabar de culminar el buen humor del rey, que les dedicó un pequeño gesto y fue a ocupar su lugar a la cabecera de la mesa.

Hermione lo siguió con los ojos y Lily la siguió a ella, divertida.

- Chica, parece que empiezas a percatarte de lo que te ha tocado – se rió la pelirroja.

- Muy graciosa – la aludida sacudió levemente la cabeza, se apartó un mechón castaño de la cara y acabó el agua que estaba bebiendo -. Voy a irme a mi habitación a descansar un poco. Esa sonrisilla de Sirius no me ha gustado lo más mínimo, no sé si quiero saber lo que habrá planeado.

- A mí sólo se me ocurren cosas malas – la apoyó Lily -. ¿Quieres que te acompañe?

- ¿Acompañarla a dónde? – intervino Harry, llegando hasta ellas, Él no hizo ninguna inclinación ni nada parecido y Hermione pensó que donde hay confianza…

- A su cuarto, le duele un poco la cabeza – explicó su madre.

- Yo la acompañaré, voy hacia mi dormitorio – se encogió de hombros el chico y, antes de que ninguna de las dos pudiese decir otra palabra, rodeó la mesa para ofrecerle el brazo a la castaña.

Hermione se encogió de hombros y lo aceptó y pronto dejaron el comedor juntos. Entonces Lily se levantó y se unió al sector masculino con una expresión de arrogante suficiencia en la cara.

- Sois una panda de cotillas – les increpó, sin importarle lo más mínimo estar hablando no sólo con su marido y su amigo, sino con el rey y uno de los miembros de la corte también.

- ¡No hemos dicho nada! – se quejó James.

- No necesitan que los vigiléis ojo avizor las veinticuatro horas del días, ¿sabéis? – añadió la pelirroja, dedicándoles a Sirius y Draco un par de miradas particularmente insistentes que sólo ellos dos captaron.

- Hacen buena pareja – comentó Remus como si eso lo explicase todo.

- Lo sé – asintió Lily orgullosa. Sirius gruñó imperceptiblemente y James, a su lado, rodó los ojos divertido y le ignoró.

- Tendríamos unos nietos con mi pelo y la inteligencia de su madre y de su abuela – le siguió la corriente a su esposa.

- Dumbledore sería feliz con semejantes compañeros de juegos.

Draco se levantó, sobresaltándolos, les dedicó unas inclinaciones de cabeza casi ortopédicas y fue hacia su padre, que acababa de entrar y estaba hablando con Narcisa. Menos mal que había encontrado una oportunidad para huir sin parecer idiota y sin vomitar ante los comentarios de los Potter…

- El pelo de Nuestra Majestad con los ojos de Hermione también quedarían muy bien – se rió Remus, ganándose un buen golpe en el hombro.

Los Potter también soltaron una carcajada y Sirius volvió a gruñir, esta vez con media sonrisa bailándole en los labios. Apuró el contenido de su copa y se puso en pie de nuevo, con una manzana en la mano.

- Si me disculpáis, tengo que dejar todo dispuesto para recibir a mis invitados esta noche.

- Te mueres de ganas de restregar que te vas a pasar el día fuera con Hermione, ¿eh? – le espetó James divertido.

- ¿Quién llega esta noche? – se interesó Lily, apoyando mentalmente las palabras de su marido.

Sirius, que ya se había alejado un par de pasos, se giró. Ni siquiera lo que estaba a punto de decir conseguiría quitarle el buen humor con que se había levantado.

- Mi hermano Regulus y su ayudante Pettigrew llegarán esta noche en calidad de embajadores de los Lestrange – anunció.

OoOoOoOoOoOoOoOoO

A mediodía, con el sol en su punto más alto para iluminar bien el agradable paisaje inglés que les rodeaba, montaron sus caballos y salieron de los terrenos del castillo. La mera presencia del rey ya implicaba un séquito de guardias y protectores que consiguieron que Hermione se sintiese casi como un entretenimiento masivo para todos ellos, aunque tras apenas quince minutos pudo comprobar que, quizás porque les daba completamente igual o quizás porque eran de veras profesionales, ninguno de los que los rodeaban a Sirius y a ella les prestaban mayor atención que como centros de su trabajo. Resultaba consolador, en cierta manera: prefería ser presa potencial que entretenimiento de feria.

Claro que el sentimiento de ser como un mono tras una jaula no habría sido más que añadido, ya que Sirius sí que no le quitaba el ojo de encima y a ella comenzaba a asustarle hasta que punto eso ya no la incomodaba, sino que más bien se había acostumbrado a ello.

- Es cierto que montáis de un modo… peculiar – le concedió él, estudiando su postura de jinete.

- Gracias – ella eligió tomárselo como un cumplido.

Sirius musitó algo por lo bajo, algo que ella no alcanzó a comprender y que la hizo carraspear nerviosa.

- Bueno, y si se me permite preguntar, ¿a qué ha venido esta pequeña salida? – Hermione hizo acopio de fuerzas y le miró fijamente, poco dispuesta a dejar correr el asunto.

Sirius esbozó su mejor sonrisa deslumbrante e inocente.

- No entiendo a qué os referís.

Hermione le habría tirado del caballo de haberse hallado en su propia época, lo cual no dejaba de ser una sandez, ya que en su tiempo y lugar, Sirius no le habría dedicado más que una mirada que implicase un "aguafiestas" bien claro.

- Sí que lo entendéis, majestad – dijo con retintín -. Quiero que me expliquéis el por qué de todo esto como quiero conocer también la razón por la que unas veces me tratáis como a una extraña y otras, como si ya fuese de la familia.

Se sostuvieron la mirada hasta que él, claramente divertido, la apartó y soltó una carcajada.

- Está bien, está bien – se rió -. La primera razón por la que te he invitado es porque no me parece bien mantener encerrada a una joven constantemente entre cuatro paredes de piedra, por mucho que eso favorezca su seguridad. ¿Está mejor que te trate así, ahora que estamos solos? Los tratamientos de cortesía no son más que una formalidad, imagínate los comentarios que correrían por el castillo si me permitiese estas libertades con una recién llegada delante de todos. No es que me importe – añadió, más perdido en sus propias reflexiones que atento al interés de su compañera – lo que puedan decir los demás, pero atravesamos momentos conflictivos como para permitirme flaquezas que favorezcan el avance de mis enemigos.

Hermione asintió cuando él la miró de nuevo. Los dos doblaron un recodo en el camino y se encaminaron en dirección al sonido del agua fluyendo que hacía rato se escuchaba por los alrededores.

- La segunda razón – retomó él el hilo de sus argumentos -, es que, por muchos intentos que el viejo, mi querida pelirroja y mi ahijado, con el cual os lleváis por lo que parece extraordinariamente bien – Hermione no habría sabido decir si lo que impregnaba las palabras de Sirius era envidia o reproche -, por manteneros entretenida, lo cierto es que estabais mucho más contenta al comienzo de vuestra estancia de lo que lucís ahora.

Alcanzaron el arroyo. Sirius desmontó de su caballo y fue hacia ella para ofrecerle ayuda. Ante la duda de mostrarse digna y arriesgarse a dejar los dientes contra el suelo por tropezar con su vestido o mostrarse sumisa y ahorrarse peligros potenciales, acabó aceptando la mano que él le tendía y descendió también. Dos tipos de la guardia se materializaron al segundo para ocuparse de los animales.

- Mi tercer motivo – continuó él – es que la intimidad que mantienes con mi sobrino que produce… celos – los ojos de Hermione se abrieron como platos, tener celos de Harry y de ella era tan ridículo como… no había nada tan ridículo, no -. Sé que puede resultar absurdo – admitió él, haciéndose eco de sus pensamientos, con una sonrisa culpable bailándole en los labios -, pero lo cierto es que la imagen que dais a los que os rodean, la intimidad que compartís… Me resulta extraña. Yo nunca he sido capaz de alcanzar semejante grado de amistad con ninguna mujer, menos aún con una mujer tan fuera de la norma como tú lo eres. Lily es una gran amiga desde hace años, pero ni siquiera eso se le aproxima. El modo que mi ahijado ha tenido de aceptaros y, obviamente, admiraros también, ha conseguido que mi interés sólo se acentúe.

- Esto es una tontería, Harry y yo…

Pero él no le permitió seguir hablando. Alzó un dedo con aires de preferencia y la silenció. Por otro lado, Hermione no tenía ni idea de cómo habría continuado su réplica, así que casi agradeció que no la dejase seguir hablando.

- Y mi cuarto y último motivo, y probablemente el que ha levantado todo ese revuelo en el ánimo de mis más allegados, es que has conseguido levantar mi interés hasta alcanzar la fascinación más absoluta – confesó con elegancia, sin un atisbo de vergüenza -. Nunca he conocido a una mujer que me sorprendiese con cada nueva palabra que dijera o que se mostrase tan firme en sus ideas como para desafiar a los que la rodean, sin importar qué opinión pudiese crear eso. Me… desconciertas la mayor parte del tiempo y eso me gusta mucho. James y Remus son como hermanos desde que éramos niños, ellos han sido los primeros en darse cuenta. Y Lily, claro. Nunca he averiguado de dónde saca ese sexto sentido tan molesto… - la sonrisa desmintió sus palabras.

Hermione, que había permanecido atenta a cada palabra, con los ojos más abiertos y la mandíbula más colgante a cada sílaba, siguió en silencio, sin saber qué decir ante una declaración tan sincera.

- Te hacía más elocuente – comentó Sirius, conservando el buen humor.

- Lo soy. Normalmente. – admitió ella -. Pero no estoy acostumbrada a que me hablen con tanto… aplomo.

- ¿He de tomármelo como un alabanza?

- Como si le hiciesen falta… - murmuró ella, haciéndole reír.

Cayendo en la cuenta de repente, se percató de que habían empezado a caminar por la orilla y sus brazos estaban enlazados. ¿Cuándo había pasado eso y, lo más importante, dónde estaba ella? Puede que Lily fuese un poco neurótica, pero tenía sus puntos: quizás Sirius la desubicaba más de lo que ella misma admitía.

- Bueno, pues… gracias por dedicarme pensamientos tan agradables – dijo Hermione sin saber cuál era el protocolo para casos como aquel. De hecho, esa carencia tan grande de conocimiento debería haberla solucionado en algún momento con ayuda de Lily, pero lo que menos se imaginaba ella era que iba a convertirse en diana de intereses. Primero Malfoy y ahora Sirius. Con lo guapa que debía de estar ella callada y sin llamar la atención…

- El placer es mío – respondió Sirius con tono jocoso.

Caminaron en silencio, rodeados por las agitadas ramas de los árboles, que poco a poco dejaban caer hojas amarillentas sobre sus cabezas. Era sorprendente cómo los guardias particulares del rey conseguían pasar desapercibidos hasta el punto de que ninguno de los reparase en su presencia en ningún momento. Casi parecía que estuviesen realmente solos y eso sólo consiguió que su nerviosismo aumentase. El de ella, claro, porque Sirius parecía tan fresco como una lechuga, observándola de reojo cuando creía que ella no se daba cuenta.

Tras un buen rato caminando, fue él quien rompió el silencio de nuevo.

- Hoy por la noche recibiremos nuevos invitados.

- ¿Sí? – se interesó Hermione. ¿Más gente que conociese?

- Sí. Mi hermano y su ayudante vienen en calidad de embajadores.

- ¿Tu hermano?

- Mi hermano Regulus eligió formar parte de la corte de mi prima Bellatrix cuando ella se casó con Rodolphus Lestrange. Está un poco resentido por no haber obtenido la sucesión al trono – admitió con poco interés él -. Lo cierto es que se pasó toda nuestra juventud tratando de convencer a mi padre de que yo era un desastre con piernas y mi madre le apoyó hasta el último momento, pero padre era tradicional y se mantuvo firme en su decisión de que heredase el trono el primogénito mayor, así que… Aquí me tienes.

Hermione sonrió y miró a otro lado. Regulus Black pasaba a formar parte de su pequeña realidad paralela… Eso sí que no se lo esperaba. Nunca había conocido al menor de los Black, pero era una figura que siempre la había intrigado, sobre todo desde que habían invadido el número 12 de Grimmauld Place y se habían puesto a desenterrar cada pequeño recuerdo allí oculto. El árbol familiar empezaba a quedar un poco alumbrado a sus ojos por fin.

No recibió más explicaciones sobre Regulus, su ayudante ni nada de lo que pudiese tener lugar esa noche, Sirius la recondujo de vuelta a los caballos y la retó a un pequeño galope que casi la lanza al suelo de camino al lago prometido. Aún divertido a su costa, instaló una gran tela sobre la hierba y la ayudó a sentarse (algo más que necesario con aquellos vestidos horribles, en opinión de la chica). Después, medio recostado en el suelo, comenzó a sacar el almuerzo.

- Te preguntaría si lo has preparado tú, pero sería absurdo – se burló Hermione.

- Cocinar no está entre mis muchas virtudes – admitió él, tendiéndole un plato lleno.

- ¿Muchas virtudes? – ella rodó los ojos, irónica. Obviamente, no tenía mucha fe en esas virtudes anunciadas y eso sorprendió de un modo en parte agradable y en parte preocupante a su Majestad, poco acostumbrado como estaba a que lo cuestionasen.

- Oh, sí, estás con la joya de la Corona – aseguró.

- De momento no he visto nada fuera de lo normal, no es como si pudieses hacer… magia.

Las palabras salieron antes de que ella pudiese censurarlas, pero una vez lanzadas al aire observó fijamente a su acompañante, a la espera de una reacción que le diese alguna pista. Sirius la miró con el ceño fruncido, sin comprender, y luego soltó una carcajada que sonó casi como un ladrido descarado.

- ¡Magia! Se me ocurren cientos de respuestas y ni una sola que pueda darle a una dama – murmuró, aún sonriendo, y Hermione le habría cortado un brazo por esa contestación tan ambigua, pasando por alto que lo más probable era que esas respuestas no aptas para mujeres no fuesen más que las típicas que las había escuchado a Fred y George y siempre la hacían poner los ojos en blanco desesperada.

- ¿Tú puedes hacer magia? – preguntó Sirius.

Hermione lo meditó un segundo y luego contestó:

- Casi siempre, pero ahora estoy un poco baja de forma. Además, nunca uso mis poderes con extraños.

Cualquier mente calenturienta habría pensado mal y eso sólo se le ocurrió después de hablar. Estaba comenzando a sentirse demasiado cómoda en compañía de Sirius y su cerebro se estaba bajando el rendimiento y las defensas. Él la estudió de reojo mientras comían.

- ¿Qué tipo de magia has hecho conmigo? – preguntó al final, con voz ronca y baja.

Hermione levantó la mirada y le dedicó su mejor rayo fulminante y escéptico.

- No te he hecho nada.

- Yo no estaría tan seguro – repuso él, acariciándole una mejilla.

Aquella situación era surrealista y la estaba poniendo más que nerviosa. Le daba la sensación de que Sirius la había invitado con un propósito más concreto del que Lily le había otorgado. La sospecha se acentuó cuando vio su rostro acercándose peligrosamente al de ella hasta rozar sus labios. Hermione se quedó muy quieta, con los ojos como platos y sin saber cómo reaccionar, al menos hasta que la ira echó a correr por sus venas y ella se apartó, furibunda, para dedicarle un buen tortazo.

- Pero ¿qué te crees que estás haciendo? – gritó.

Se levantó con dificultad, tropezando con sus propias ropas pero para nada dispuesta a aceptar ayuda de aquel que, con la mejilla en rojo fosforito, la observaba anonadado aún desde el suelo.

En esos instantes, le importó un pito que fuese él quien la estuviese acogiendo bajo su techo, que fuese Su Majestad (con el retintín aún en su mente, incluso) o que le estuviese ofreciendo todo tipo de comodidades y seguridad. Le importó aún menos todo lo que le había dicho antes de aquella agresión sexual o lo que pudiesen decir ninguno de los habitantes del castillo si se enteraban. Sólo le interesó descubrir a qué distancia estaba su caballo, custodiado por dos guardas que habían disfrutado de la apacible tranquilidad del campo hasta oír su chillido. Ahora lo contemplaban todo tan asombrados como el propio rey. Con seguridad, a juzgar por sus caras, podía afirmar Hermione que era la primera vez que una mujer rechazaba al augusto Sirius Black.

Furiosa, la chica cruzó el espacio hasta su montura en pocas zancadas y con una habilidad regalo de la rabia, subió a ella y regresó al castillo sin que nadie pudiese detenerla.

Desde su privilegiado lugar de coprotagonista, Sirius se pasó una mano por la mejilla dolorida y se incorporó un poco. Esa enana tenía más fuerza de la que aparentaba.

OoOoOoOoOoOoOoOoO

- Maldito imbécil arrogante y prepotente… Acosador inmundo…

- ¿Estás bien?

Sobresaltada, Hermione se giró con un pequeño bote sobre su caballo para encontrarse con el más joven de los Malfoy y su expresión de intriga ante su enojo.

- Muy bien, gracias – gruñó ella.

- ¿Puedo acompañarte de vuelta? Estaba dando un paseo, pero me he alargado más de lo que esperaba.

Hermione titubeó poco: estaba a medio camino del castillo y no tenía ganas de hacer más el ridículo perdiéndose por allí, encima. Todavía quedaba un trecho de bosque que recorrer.

- Claro que sí – aceptó, deseosa de que alguien la distrajese un poco. Le habría invitado a subir a Eclipse con ella como si fuese un coche, pero algo le dijo que eso sería considerado poco decoroso.

- Pensé que estarías aún con mi tío – comentó con falso desinterés el rubio.

- Sí, bueno, hemos tenido un… desacuerdo – todavía no se había vuelto lo suficientemente loca como para explicarle lo sucedido a Draco Malfoy, así que intentó resultar diplomática. Quería ver a Lily YA. O a Harry en su defecto.

- ¿Grave?

- Podríamos decirlo así.

Draco asintió en silencio y continuaron caminando sin hablar durante un rato.

- ¿Sales siempre de paseo tú solo? – preguntó Hermione, cuya respiración ya no era un constante bufido de gato enfadado.

Draco se encogió de hombros.

- A veces se agradece la soledad – respondió, críptico, y a la chica le dio la sensación de que tras sus palabras existía un doble significado bien oculto -. Claro que si quieres acompañarme alguna vez, serás bienvenida.

- Gracias, lo tendré en cuenta.

Pensaba dejar pasar mucho tiempo antes de volver a quedarse a solas con alguno de los miembros masculinos de aquel sitio, salvo Harry, Dumbledore y quizás Ron. Y ella que pensaba que en esa época todos serían todos unos reprimidos y unos mojigatos… Vaya mierda de educación histórica que le habían dado en su colegio: o los libros de historia lo habían tergiversado todo o ella había ido a dar con la corte de los Tudor sin saberlo.

Alcanzaron sin más conversación los establos de la parte trasera y Hermione se sorprendió al comprobar que, a pesar de todo, en ningún momento el silencio se había tornado incómodo. Su Yo más escéptico se iba haciendo añicos por momentos. Cuando Ron acudió a atender a Eclipse, dedicándoles una correspondida sonrisa al animal y a su dueña, Draco le ofreció una mano a Hermione para ayudarla a desmontar y mantuvo la distancia con ella en todo momento, algo que fue más que agradecido. En cierto modo, Draco le recordaba un poco al Remus de la Orden del Fénix, siempre cortés y amable. Sin embargo, no le ofreció el brazo, así que subieron al castillo andando el uno junto al otro, sin rozarse, y una vez en la puerta del dormitorio de ella, el rubio le dedicó una inclinación de despedida.

- He de ir a preparar varias cosas con mi padre para las visitas de esta noche.

- Estoy al tanto – asintió ella -. Muchas gracias por la compañía.

- Ha sido un placer.

Y Draco se marchó. Hermione entró a su dormitorio, se peleó con su vestido durante diez minutos hasta deshacerse de él y con la camisola y las enaguas se tiró sobre la cama. Tenía la sensación de que ya nada podría sorprenderla después de ese día: ¿un Malfoy amable? ¿Un acoso sexual? ¿Más gente conocida apareciendo de repente? Si un dinosaurio asomase el hocico por su ventana en ese instante, alcanzaría a saludarle con toda naturalidad.

Por desgracia, su calma y reflexión duraron poco.

- ¡Se puede saber qué estás haciendo aquí! – bramó Lily, entrando como una centella en la habitación.

Hermione se irguió y levantó un dedo con expresión seria.

- Antes de que se te ocurra soltarme un solo sermón, te diré que el que un hombre, por mucho que sea el Rey o Míster Universo, invada mi espacio personal porque sí en una tranquila salida al campo no es mi ideal de un buen día, así que mucho cuidado con lo que me dices.

- ¿Qué es Míster Universo? – preguntó Lily tras unos segundos.

- Nada, olvídalo – Hermione se desplomó hacia atrás de nuevo y cerró los ojos -. ¿Qué querías?

- Te he visto volver aquí con Malfoy, ¿qué ha pasado? – la cama se hundió un poco por la derecha y supo que Lily se había sentado cerca de sus rodillas.

- El Rey tiene en demasiada estima sus propias dotes de seducción – dijo la castaña.

- ¿Qué ha hecho? – el tono de voz de la pelirroja denotaba temor mezclado con cierta amenaza.

- Fue todo muy bien, muy agradable, hasta que empezó a comerme la oreja y me besó.

- No sé qué es eso de comer la oreja, pero ¡te besó! – Lily sonó a caballo entre entusiasmada y profundamente ofendida -. Ese perro sarnoso decidió jugárselo todo, ¿eh?

- Ahora hablas igual que tu marido – Hermione se levantó para sentarse a lo indio y la miró -. No tiene gracia, ninguna gracia.

- ¿Y tú qué hiciste?

Por un segundo, Hermione casi pudo ver a Ginny cuando ésta le preguntaba por sus tejemanejes con Krum o Ron, siempre fantaseando con cosas que en realidad no habían sucedido y proyectando sus propios deseos sobre su persona.

- Me aparté y le sacudí una bofetada.

Lily se quedó algo noqueada y luego soltó una carcajada.

- Bueno, eso seguro que no se lo esperaba. No ha habido ni una sola de sus presas que rechazase sus atenciones, no sé si hasta ese punto o más – admitió la pelirroja, fastidiada en parte por esa carencia de información que limitaba su conocimiento -, pero desde luego puedo asegurarte que eres la primera en utilizar la violencia contra él.

- ¿Cómo sabes eso?

- Porque créeme, James sabe lo que le conviene: si me hubiese ocultado algo así, Harry jamás tendría oportunidad de contar con la posibilidad de algún hermano. Y si de algo puedes estar segura es de que Sirius jamás le ocultaría nada ni a James ni a Remus, así que prepárate para soportar miraditas y comentarios burlones en los próximos días. Aunque la peor parte se la va a llevar Nuestra Majestad, sin duda – y volvió a reírse -. ¿Y lo de Malfoy como ha sido?

- Me lo encontré de vuelta y se ofreció a acompañarme. Estaba aún por el camino del bosque y con pocas ganas de perderme, así que acepté.

- Has tenido suerte, Lucius está fuera y Narcisa muy ocupada cantándoles alabanzas de su hermana Bellatrix al resto de las damas en la otra torre, no creo que vayan a enterarse de esto.

- Bien. Oye… ¿has visto alguna vez a Regulus y su ayudante, los que se supone que llegan hoy?

- A Regulus por supuesto, no olvides que llevo aquí desde siempre, casi. Era buen chico, admiraba mucho a su hermano, pero Sirius nunca tuvo mucho tiempo para él, tenía a James y a Remus y luego… bueno, luego también me tuvo a mí. Regulus tuvo que empezar a centrarse en otra cosa para distraerse y anhelaba llegar a ser como su padre, por eso cuando la corona pasó a Sirius ya no pudo aguantar más ser el segundón y tomó la primera salida que pudo. Bellatrix lo recibió con los brazos todo lo abiertos que una perra insensible como ella podría tener, siento la expresión. No han vuelto por aquí más, ninguno de ambos. De su ayudante no sé nada, aunque conociendo a Regulus, me imagino que será alguien fácil de controlar y servicial, nadie que le presente demasiada guerra.

Hermione asintió.

- De todas formas – añadió Lily, esbozando una gran sonrisa maquiavélica -. Los conocerás esta noche. Reza por que a Regulus no le resultes tan interesante como al resto o se desencadenará un verdadero tifón en este castillo.

- Cállate – la chica la golpeó con una de las almohadas y soltó un gemido. Lo último que necesitaba era otro ente masculino más rondando su particular burbuja. Y menos aún, otro Black.