6 – Bienvenidos a la Casa de los Horrores

A la puesta de sol, alguien llamó a su puerta.

- ¿Sí?

- Soy Harry.

Hermione se levantó de la cama y fue a abrir.

- Tenemos que bajar a la recepción – de pronto el chico sonrió abiertamente -. ¿Qué le has hecho a mi padrino? Jamás le he visto con esa cara ni a mi padre y Remus reírse tanto.

Ella se mordió un labio, indecisa.

- ¿Si te invito a pasar se considera… indecoroso?

- No hay nadie para verlo – se encogió de hombros él, oteando el pasillo. Ante su afirmación, la chica le hizo una seña para que entrase y él cerró la puerta a su espalda -. ¿Estás bien?

- Le pegué.

- ¿Qué?

- A Sirius. Le pegué, con la mano bien abierta, diana perfecta en plena cara.

- ¿Qué te hizo? – se rió Harry.

- Me besó.

- Vaya – frunció el ceño.

- Sí, exacto. Vaya. Tengo tantas ganas de verle como de saltar de la torre, puede que incluso tenga más ganas de lo segundo.

- Bueno, bajar vas a tener que bajar, sería peor si no lo hicieses. – observó el moreno sensatamente.

- Ya lo sé, tampoco quiero ser maleducada.

- Sí, porque agredir al Rey es el colmo de la buena educación – se burló él.

La chica lo miró alzando las cejas.

- No tienes gracia.

- No, pero vas a tener que aguantarme, soy tu acompañante esta noche o eso me ha dicho amablemente mi madre.

- Buah, ¿tu madre amable? ¿Con qué te ha amenazado?

- Tampoco exageres, ha sido una advertencia sin importancia – Harry se levantó de la cama en que había estado sentado y le tendió el brazo.

Hermione sonrió escéptica, pero aceptó y dejó correr el asunto. Prefería no saber qué había cruzado la mente de la pelirroja al ponerle a Harry como acompañante oficial después de lo sucedido aquel día. Ignoraba si tomárselo como una broma, una venganza contra Sirius por acosador o como mera casualidad, pero le venía estupendamente tener por seguro a alguien que no fuese a dejarla sola ni un minuto y no le diese oportunidad a Sirius de acercarse más de lo debido. Necesitaba un rato, sólo un rato, libre de preocupaciones de ese tipo o se acabaría volviendo majara del todo.

Bajaron juntos a la entrada del castillo, donde ya todos habían formado un concurrido grupo, y Harry la guió entre la gente hasta llegar junto a su madre. James ocupaba un puesto a la derecha de Sirius y Remus a su izquierda, más adelantados, aunque ninguno tanto como Sirius, que ocupaba la punta de la flecha a la espera de la llegada de sus invitados, los tres subidos a sus monturas. Por un segundo, Hermione creyó que la había mirado, pero fue tan fugaz que sólo pudo haber sido fruto de su cabecita aturullada. Primer síntoma de locura.

Sonaron trompetas.

Por el camino, al borde del puente levadizo, surgieron varias figuras, irreconocibles al principio y más distinguibles a los pocos segundos, a medida que se acercaban con sus caballos. Eran más bien pocas y vestían de verde y a la cabeza de la comitiva iba un jinete con una postura muy similar a la de Sirius. A ambos lados, pocos pasos más atrás, lo acompañaban otros dos caballeros, en la misma formación que habían adoptado los tres Merodeadores a la entrada, y Hermione se dijo que uno de ellos debía de ser el ayudante, pero ¿quién era el otro?

Sus dudas se disiparon pronto. Antes de lo que habría imaginado, la comitiva los alcanzó, y ambos hermanos Black intercambiaron inclinaciones de cabeza tan rígidas que parecía más bien que se estuviesen rompiendo el cuello. Cuando Hermione se vio capaz de apartar la mirada de tan frío saludo, el corazón le dio un vuelco.

A la derecha de Regulus, tan redondo, sonrojado y con cara de ratón asustado como la última vez que le había visto, estaba Peter Pettigrew. Vestía tan elegantemente como cualquiera, pero nada podía disimular sus carraspeos nerviosos y esa constante necesidad de estar mirando a su amo y señor para no sentirse fuera de lugar.

A la izquierda se encontraba otra de las personas que jamás habría imaginado ver allí y menos en esa situación: Severus Snape tenía una mueca de aburrimiento dibujada en su cetrino rostro y vestía, aunque con telas claramente ricas, entero de negro. Tan solo resaltaba en su atuendo un escudo a la altura del pecho, en colores verde y plateado, que, como la chica pudo comprobar al fijarse un poco más, era la Marca Tenebrosa.

Un estremecimiento la recorrió.

Se estaba perdiendo el intercambio de cortesías falsas que tenía lugar entre el Rey y su hermano, pero lo cierto era que todo lo que tenía que concretar sobre los visitantes no dejaba de ser mil veces más interesante. Harry la observaba de reojo y le dio un apretón en la mano cuando el grupo del que formaban parte al completo se inclinó al paso de Regulus y Sirius cuando éstos entraron al castillo.

- ¿Qué te pasa? Parece que hayas visto un muerto – comentó en voz baja él mientras regresaban al interior también.

Un muerto no, pero sí varios asesinos, pensó ella.

- Todos me resultan familiares – confesó, midiendo sus palabras -, y no sé de qué, pero no me dan buena espina. Me ponen los pelos de punta.

- Sí, ese tal Snape tiene la habilidad de convertir el fuego en hielo, ¿eh? – la apoyó equivocadamente Harry -. Mi padre y él siempre se han llevado a matar.

- ¿Se conocen?

- Claro que sí, ten en cuenta que la mitad de la corte de los Lestrange se la llevó Lady Bellatrix al marcharse de aquí. El mundo es un pañuelo.

Hermione asintió y, de pronto, se vio sentada a la mesa del comedor principal, entre Harry y Remus y demasiado próxima a la cabecera presidida por Sirius, cuya absoluta seriedad al estar sentado junto a su hermano y sus acompañantes y James y Lily casi ponía en alerta al resto de su corte.

A lo largo de la cena, no fue capaz de confirmar si Sirius la miraba o no y cada vez que lo pensaba, se daba mentalmente de cabezazos contra una piedra por siquiera molestarse en ello. Sin embargo, la constante sensación de estar siendo observada no desapareció en ningún momento, ni siquiera cuando Slughorn, cerca de ella, decidió entretenerse discutiendo con ella y distraerla un poco, alegando que estaba demasiado seria. Lily y Harry también intentaron que alegrase un poco la mirada, pero la preocupación no desapareció.

- ¿Dumbledore nunca viene a estas celebraciones? – preguntó de repente a nadie en concreto -. Pensé que reuniéndonos todos como hoy hacemos, él también aparecería.

- Dumbledore rara vez sale de su torre – le informó James, balanceando un trozo de pollo en la mano -. Para él todas estas cosas son tonterías, si nadie sube a visitarle, es como si no existiese para él. Antes sí que salía más, cuando era nuestro tutor y maestro, pero en cuanto sus clases con nosotros terminaron, se entregó a sus propias ciencias y desapareció de la faz del planeta.

- Entonces tendré que subir a verle pronto – musitó la chica.

- ¿Conocéis al viejo profesor? – preguntó Regulus.

- Sí, señor – respondió Hermione alzando todas sus defensas al instante -. Le considero un hombre de lo más interesante.

- Todos hemos sido pupilos suyos – comentó el más joven de los Black -, pero salvo por Lady Potter, nunca ha tomado a otra mujer bajo su ala.

- Porque no ha existido mujer interesada en nada de lo que tenga que decir – replicó Sirius con voz ronca y sus ojos se clavaron sobre los de Hermione, que le frunció el ceño sin disimulo.

- Cierto es – admitió Regulus casi divertido.

- ¿Vos os habéis interesado por sus excentricidades? – intervino Snape, que no necesitó alzar la voz tanto como los demás para que todo el mundo lo oyese.

- Y en lo que no lo son también – Hermione comprendió en ese momento que, la hubiese mirado Sirius o no, toda su incomodidad procedía sin duda del escrutinio al que Snape la sometía y había sometido durante todo el rato. Otro más no, por favor, pensó.

- La señorita Granger es extraordinariamente inteligente – saltó en su defensa Slughorn, para sorpresa general -. En su primera noche aquí me saltó a la yugular por criticar los saberes teóricos. Una verdadera fierecilla.

Todo el mundo a su alrededor se rió y Harry hizo un gesto tanto al orondo predicador como a la chica secundando sus palabras. Lily asintió vigorosamente también y James le guiñó un ojo a su amigo Black.

- Sorprendente – dijo Snape como si lo dudase, antes de seguir comiendo en silencio.

- Desde luego – lo apoyó Regulus y le dedicó a la castaña una sonrisa tan igual a la de Sirius que ella tuvo que forzarse a corresponder al gesto y luego apartar la mirada rápidamente.

Por desgracia, al intentar cambiar de objetivo, sus ojos se encontraron con los de Draco Malfoy y éste alzó su copa ligeramente, brindando a su salud. Hermione le imitó por no ser maleducada y luego suspiró.

- ¿Qué te pasa? – preguntó Harry divertido.

- He tomado la firme decisión de mirar a mi plato lo que queda de velada. ¡No puedo mirar a ningún lado sin que me dé la sensación de que desprendo segundas intenciones todo el rato!

El moreno soltó una risilla y echó algo de vino en su copa, ahora vacía.

- Yo bebo agua – dijo Hermione.

- Créeme, necesitas relajarte – Harry empujó la copa hacia ella -. No digo que acabes tan ebria que no sepas ni tu nombre, pero un par de tragos no han matado nunca a nadie.

Hermione dudaba seriamente que en su caso recurrir al alcohol fuese la mejor opción, pero acabó bebiendo un poco y volvió a mirar a su plato. Oyó reírse a su amigo y a Lily, a la que Harry debía de haber comentado lo que le pasaba.

.

- Bueno, Hermione, ¿te has divertido hoy?

James se acercó a ella tras la cena y dejó a su esposa bailando con Slughorn, muy divertido por las caras de apuro que ponía la pelirroja y muy poco dispuesto a rescatarla. Se sentó en una silla frente a ella.

- La cena no ha estado mal.

Harry había tenido razón, la copa de vino había hecho milagros, aunque quizás se hubiese sumado a la tranquilidad inspirada por el fin de la cena y el comienzo de la velada con baile y música, que mantenían entretenidos a todos los ojos que, en un principio, se habían posado sobre ella.

- No hablo de la cena – sonrió James.

- Entonces no sé de qué hablas.

- Vamos… Sirius nos lo ha contado, pero yo quiero tu versión. Hacía tiempo que no me reía tanto.

- Pues a mí no me ha hecho ni puñetera gracia – Hermione le frunció el ceño, pero pronto su acceso de mal humor se disipó. Era difícil estar enfadada con alguien como James durante más de seis segundos seguidos -. Sirius se excedió y yo le paré como pude.

- ¿A palos?

- Mira que te gusta exagerar…

- Todavía tenía la cara roja cuando hablamos.

- Seguro…

Con una sonrisa malévola en los labios, James se puso en pie resueltamente y la tomó con suavidad de la mano.

- Ya que tú no pareces muy dispuesta hablar, voy a hacer que eches en falta no haber sido más parlanchina. Vamos a bailar.

- Ay, no.

El gemido de la chica se disolvió en el aire a medida que ambos se unían al grupo de danza del centro de la sala. Lily le guiñó un ojo y fulminó con la mirada a su marido por abandonarla en manos de Slughorn. Bailaron junto a ellos todo el rato, sin fijarse en la pareja que estaba a su otro lado, al menos hasta que la coreografía exigió un cambio de parejas momentáneo y Hermione se vio frente a Regulus Black.

- Vos sois la señorita Granger, ¿cierto? – preguntó él con cordialidad.

- Sí, señor.

- Invitada de mi hermano… Tengo entendido que vuestras circunstancias son particulares, aunque no me ha dado detalles.

- Entonces habré de darle algo más de crédito a su discreción.

Pasó a manos de James de nuevo casi sin haber podido terminar su frase y el moreno la recibió con cara molesta.

- ¿Sucede algo?

- Regulus Black no es un tipo de quien debas fiarte.

- Va con el apellido – gruñó ella.

- Confía un poco más en mis palabras si te digo que de los dos hermanos no es Sirius el que más debería preocuparte, sobre todo si los que le rodean se fijan en la atracción que siente por ti.

- Maté a bofetones esa atención esta mañana. Además, empieza a preocuparme ese interés malsano que siente todo el mundo por las vidas ajenas. Si tomase los hábitos todo sería más sencillo.

- Seguramente – se rió él haciendo una inclinación al finalizar el baile. La tomó de la mano para reconducirla a la mesa, aunque se detuvieron de pie a medio camino para seguir hablando -. Aun así, dudo que vayas a hacerlo, sería un desperdicio – añadió con viveza -. Ahora en serio, no tienes ni idea de cuánta gente ansía el puesto de Sirius, su hermano el que más pero no el único, y si el rey muriese sin descendencia alguno conseguiría su objetivo. Los matrimonios que se establecen no son más que un medio de acercarse más al trono. Tú te has convertido en la única chica… mujer… que ha conseguido mantener el interés de Sirius durante más de un mes y eso hace peligrar todo. Quizás seas quien consiga que se case y quien le dé un hijo que continúe el linaje…

- Wowowowowowow – exclamó ella aún en voz baja -. ¿Hijos? ¿No vas un poco deprisa? No tengo ni diecisiete años y menos aún inclinación al matrimonio ¿y quieres hacerme madre ya?

- En algún momento tendrás que serlo – sonrió beatíficamente él -. De cualquier forma, tú no eres un riesgo sólo en ese aspecto, sino también en otro y el ejemplo perfecto está en el caso de Malfoy: si él se declarase y os casaseis, ese matrimonio le rebajaría y alejaría del trono porque… - se mostró ligeramente incómodo en esta parte.

- Porque no soy noble – acabó ella desinteresada -. Adelante, puedes decirlo, no me parece insúltate en comparación con otras cosas que se me han atribuido.

- Pues ahí lo tienes.

- Estupendo. Lo dejo, me hago monja o ermitaña y me voy a vivir con Dumbledore y problema solucionado.

James habría replicado, pero el cambio de cara de Hermione le alarmó y la chica no le dio tiempo a abrir la boca.

- Oye, ¿cómo se hace para declinar bailar con alguien sin parecer una arpía? – murmuró aturullando las palabras.

- Pues… diciendo que los zapatos te hacen daño o que ya te has comprometido con otra persona.

- Por tu vida, pídeme bailar ahora.

- Lo siento, es mi turno – anunció Lily y se llevó a su marido justo en el momento en que Sirius llegaba junto a Hermione.

Ambos se inclinaron ligeramente y la castaña notó cómo el corazón le pasaba de diez a cien en dos segundos.

- ¿Bailas?

- Lo siento, Majestad. Los zapatos me están haciendo daño.

- Quítatelos.

- No sería decoroso. Deberíais probar suerte con otra – dijo ella y apretó los labios.

- Mi hermano y los suyos nos están mirando.

- Pues dad gracias de que no estén oyendo también.

- Por favor. Quiero hablar contigo.

- Uy, sí, porque la última vez salió de vicio…

- No debería haber hecho eso.

- No, no deberíais.

- Estabas allí sentada, mirándome y… Tú tampoco deberías haberme pegado. ¡Y deja de tratarme como si fuese un extraño!

- ¿Y cómo se suponía que tenía que apartaros? – Hermione fingió pensarlo un segundo -. Oh, no, por supuesto, se suponía que debería haberme derretido en vuestros brazos, ¿cierto? Lamento la decepción entonces, pero desde luego no mis acciones, sobre todo porque seguís sin respetar mi espacio – añadió molesta.

Sirius observó la escasa distancia que había dejado entre ambos y retrocedió un paso como gesto de buena voluntad.

- Vuestra prima Narcisa necesita pareja – informó ella con frialdad antes de alejarse con la nariz bien alta.

Hermione respiró más tranquila una vez que hubo puesto algo de espacio y varias personas entre ellos y se sentó cerca de un cuenco de uvas dispuesta a comérselas una a una como si fuesen palomitas hasta que pudiese desaparecer sin que nadie lo notase. El azar, en cambio, tenía otra cosa preparada para ella y en medio de sus meditaciones (o su vacío mental, ya que en realidad no estaba pensando por una vez en su vida) alcanzó a ver por uno de los ventanucos la torre del viejo Dumbledore. Se quedó mirándola fijamente, aún con la cabeza en blanco, hasta que vio una pequeña explosión y un montón de humo escarlata saliendo de allí.

- Genial, ¿qué estará haciendo ahora? – musitó para sí misma, llevándose otra uva a la boca.

Y entonces lo decidió. Era idiota, allí sentada, sin divertirse sino más bien todo lo contrario, cuando en realidad tenía un lugar perfecto al que escaparse donde, estaba segura, ningún Black iría a buscarla ni tendría que dar explicaciones sobre su comportamiento.

Se levantó, oteó la sala para estudiar por dónde salir sin ser detectada y se escabulló de aquella celebración que, para ella, era de todo menos una fiesta

OoOoOoOoOoOoOoO

Qué dolor de cuello. ¿Estaría roto? Podría estarlo por el dolor y la postura antinatural que le notaba. Ah, no, perdón, solo estaba tan torcido que debía de tener forma de espiral. ¿Dónde demonios estaba tirada para haber acabado tan mal? Mmmm, esa estantería le sonaba, los frascos llenos de cosas, algunas de las cuales brillaban en la penumbra creada por la luz de luna que llegaba por los ventanucos.

Con todos los músculos del cuerpo entumecidos, Hermione se incorporó como pudo y comprobó que su confortable lecho esa noche estaba siendo una dura silla de madera con apoyabrazos. Un libro abierto bocabajo reposaba sobre su regazo y un bulto huesudo roncaba en un catre en una esquina, bien alejado de cualquier atisbo de luminosidad. Parpadeó varias veces hasta que sus ojos se acostumbraron al entorno. Sí, el pequeño laboratorio de Dumbledore. Sí, seguramente en plena madrugada. Sí, se había quedado dormida leyendo uno de los diarios de experimentos del anciano.

Tendría que regresar a su dormitorio, esperaba no perderse por el camino o acabaría pasando lo que quedaba de noche sobre la mesa del comedor y eso ya sería el colmo del ridículo.

Salió de la torre con sigilo, evitando despertar a su compañero de faena, y bajó las escaleras de puntillas. Todo el castillo dormía, las puertas estaban cerradas y escasos guardias vigilaban las almenas y las entradas exteriores, compartiendo alguna que otra broma y risas a media voz.

Atravesó varios pasillos intentando ubicarse correctamente y cuando logró encontrar el corredor correcto que la llevaría a su propia cámara, escuchó un murmullo bajo y un estornudo.

- Salud – dijo una voz grave en alguna sala cercana.

Llevada por la curiosidad, Hermione se olvidó de su destino inicial y siguió la dirección en que la voz le había llegado hasta alcanzar una puerta entreabierta. Se detuvo a un lado, con el oído bien atento.

- Por muy buena acogida que nos hayan dispensado, mi hermano no es idiota. Se huele que no hemos venido solo como muestra de una tregua.

Regulus.

- Eso no significa que vaya a inspeccionar cada carta que salga del castillo, señor – repuso una voz temblorosa -. Vuestro hermano siempre ha tenido ese extraño concepto del honor y la dignidad, semejante muestra de desconfianza…

- La confianza le da igual, Pettigrew. No nos ha recibido para confiar, nos ha recibido para guardar las apariencias. No olvides que nos crió la misma madre.

- ¿Creéis, señor, que conoce las nuevas circunstancias de nuestro rey? – intervino la siseante y baja voz de Snape.

Hermione frunció el ceño confusa.

- Creo que sospecha algún posible cambio, hemos de admitir que nunca nos hemos mostrado tan amistosos como ahora, yo también sospecharía.

- Deberíamos retirarnos ya, señores – anunció una nueva voz que la chica no logró ubicar -. Mañana nos espera un largo día.

El ruido de los hombres al levantarse hizo que Hermione pegase un respingo y saliese corriendo rápida y discretamente en dirección a su propio dormitorio, donde se encerró y permaneció con la espalda pegada a la puerta hasta asegurarse de que nadie la había seguido. Después se desembarazó de todo el artilugio de su ropa hasta quedar sólo con la camisola e incapaz de acostarse, empezó a dar vueltas por el cuarto como un animal enjaulado.

Mientras paseaba repitiendo una y otra vez la recién escuchada conversación en su mente intentando comprender algo más, se toqueteaba distraída los trozos de varita que guardaba enganchados a su pierna. Saber que todo su poder no la podía haber abandonado del todo conseguía que se sintiese un poco más segura. Quizás tuviese que vérselas en algún momento con alguno de esos personajes, ya que sus palabras no hacían más que confirmar cualquier posible sentimiento de amenaza a los habitantes del castillo, y llegado ese momento, ella tenía muy claro que jugaría todas sus cartas para llevar las de ganar. Ya se había enfrentado a la versión mortífaga de todos ellos en una u otra ocasión de la vida que había dejado atrás, ahora no pensaba concederles la más mínima ventaja y menos aún si, como había comprobado con los demás, sus versiones actuales tendían a conservar la misma personalidad y pensamientos que los de entonces. En ese caso, ninguno de los miembros de la corte de los Lestrange habría dejado de ser sádico y violento.

Ya era casi la hora del amanecer cuando una nueva duda asaltó su mente en la duermevela previa a los brazos de Morfeo: si Dumbledore ya había pasado a formar parte de su vida aquí, ¿dónde se escondía Voldemort?

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Tengo poco que decir aparte de que espero que os haya gustado. También espero que ahora que han empezado de nuevo las clases y eso siga teniendo tiempo para escribir, que sé que no soy la persona más rápida del mundo actualizando, pero como tenga problemas de tiempo esto va a estar mucho peor de lo habitual xD

Un beso para todos, mis adoradores de Sirius,

Kira