La nota de autor, al final ;D

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7 – Donde habitan los espíritus

Sabía que la estaban llamando, pero la cama ejercía una mayor influencia sobre su voluntad. Que alguien repitiese su nombre una y otra vez, intentando despertarla, no era nada comparado con el placer de quedarse allí tumbada la menos otras tres horas, aunque fuese sumida en esa dulce duermevela. Algo la golpeó en la cabeza, algo blando que rebotó y acabó en paradero desconocido. Ella continuó con los ojos cerrados, náufraga entre las sábanas, ignorando deliberadamente a quienquiera que intentase alejarla de su nube particular.

- Hermione, por favor – pidió de nuevo la voz, cada vez más incómoda -. Me lo estás poniendo muy difícil…

Un indeciso chico de pelo alborotado se dio cuenta de que no serviría de nada que siguiese en esa línea no-agresiva. Tampoco podía levantar más la voz si no quería atraer la atención del resto del castillo. Tomó aire y, colorado, recorrió los cuatro pasos que lo alejaban de la cama, titubeó y, finalmente, puso su mano sobre el hombro (o lo que él esperaba que fuese un hombro) cubierto por una camisola de la chica y la zarandeó.

- Venga, Hermione, levántate ya.

La chica abrió un ojo al notar el movimiento. Reconoció la voz de Harry y, por un momento, creyó que había regresado a su tiempo mientras dormía, porque ¿qué posibilidades había de que el Harry medieval se hubiese colado en su habitación para despertarla? ¿No habría sido indecoroso, ofensivo y… bueno, imposible?

Pero las paredes seguían siendo de la misma piedra gris y desnuda que la noche anterior, las sábanas seguían oliendo a las hierbas con que las doncellas las aromatizaban al lavarlas y ella seguía vestida con las mismas ropas que al acostarse. Dejó escapar un leve suspiro y se giró para mirar a Harry, que tenía el color de un tomate maduro y apartó la mirada en cuanto ella se irguió. Hermione comprobó que no se le estuviese viendo nada de más, alarmada, pero no. Sencillamente, regresaban aquellos modales prehistóricos. Lo más probable era que Harry no hubiese visto jamás a una mujer con ropa de dormir, puede que ni a su madre. Hermione se esforzó por no poner los ojos en blanco.

- ¿Qué pasa? – preguntó, frotándose los ojos.

- Creí que te habías muerto – comentó él, aún inquieto, alejándose de nuevo un par de pasos.

- Dios, y a ti parece que vaya a estallarte la cara – replicó ella, observando su sonrojo. Esbozó media sonrisa para dejar claro que se lo estaba tomando a broma -. Tranquilo, puedes mirarme a la cara, no tienes madera de acosador vicioso – añadió, divertida -. ¿Por qué vienes tú a despertarme?

- Porque mi madre ha pensado que sería una broma muy graciosa, seguro – dijo él, recuperando algo de su tonalidad normal y esforzándose por sentirse más tranquilo, aunque le estaba costando -. Es un buen día para estar fuera, deberías vestirte, desayunar algo y luego venir con los demás al salón principal.

Hermione ya había cogido la bandeja, que ahora tenía apoyada sobre las piernas, y estaba metiéndose unas uvas en la boca. Le lanzó una que él atrapó sobresaltado.

- Sin prisas – añadió él, divertido, comiéndosela.

- Como siempre. Puedes desayunar conmigo si quieres – ofreció ella, dándole un mordisco a un trozo de pan con mantequilla.

Harry vaciló y ella dio unos golpecitos al colchón para que se sentase. Le pasó otro trozo de pan, bebió algo de leche de su copa y se la tendió también.

- ¿Vamos a algún sitio? – preguntó.

- Es una sorpresa.

- ¿Riesgo de muerte?

- Por lo general no, aunque no prometo nada. Intenta no tropezarte y morir.

- Me vale con eso. ¿Viene alguien más?

Harry se encogió de hombros y esbozó una sonrisa maliciosa.

- No lo he pensado. ¿Quieres invitar a Sirius?

Ella le hizo una mueca de "tú y tu gracia" y le arrebató la copa de las manos. Él se rió.

- Quería que conocieses a Ginevra, la hermana de Ron – admitió.

A Hermione se le iluminó la cara al pensar en Ginny y asintió con entusiasmo. La puerta de la habitación se abrió en ese preciso instante y los dos se volvieron a mirar a la vez. Lily enarcó una ceja desde el umbral, entró y cerró tras de sí.

- Encantador. Por mucho que me enternezca la escena, vais a tener que dejar ese romántico desayuno. Sólo espero que no la hayas dejado embarazada – le gruñó a su hijo.

Harry volvió a ponerse rojo y se levantó de un salto, balbuceando algo. Hermione sólo le dedicó a Lily una mirada molesta a la par que ligeramente divertida y volvió a dejar la bandeja sobre la mesita, con la boca aún llena de pan y leche. Tragó y salió de la cama. Oyó a Harry seguir farfullando, ahora con un tono algo más distinto e intenso.

- Si sales ahora, probablemente te pillen las doncellas – le informó su madre -. Ponte en un rincón y no molestes mientras se viste.

- ¡Mamá! ¡No voy a quedarme aquí mientras Hermione está…!

- ¿Medio desnuda?

- ¡Mamá!

Hermione se rió. En el tiempo que Harry había tardado en expresar todos esos escrúpulos, ella, en su esquina de punto ciego, ya se había puesto la ropa interior (la carpa interior, más bien) y estaba acabando de meterse en un vestido verde. Lily chasqueó la lengua y fue a ayudarla a atarse el corsé y las cintas del traje. Al cabo de pocos minutos, la chica ya estaba vestida y Harry aún conservaba su inocencia. Todos contentos.

Salieron del dormitorio con Lily, como si hubiese sido su carabina todo ese rato. La pelirroja sabía que podía confiar en el temperamento de ambos como para dejarlos solos sin correr riesgo de convertirse en abuela: su hijo era demasiado responsable y noble como para recurrir a semejante estratagema de seducción y Hermione le resultaba muy cabal, aunque más despreocupada. Desde luego, a ninguna otra dama pillada por sorpresa en su cama se le habría ocurrido invitar al desayuno a su invasor. Lily los miraba y veía una pareja tan parecida a ella y James cuando eran jóvenes que le resultaba casi antinatural que ninguno hubiese expresado aún deseos de hacerlo más formal todo. A pesar de que nada la habría hecho más feliz que saberlos con planes de unión, le daba la impresión de que Hermione no sería de esas mujeres que se dejaban atrapar fácilmente, disfrutaba demasiado de su independencia. Sabía que lo último que Harry pretendería sería arrebatarle eso a la chica si se casaban, pero, aun así, Hermione no mostraba las mismas inclinaciones al matrimonio y la vida habitual que el resto de damas de la corte.

Y luego estaba el hecho de que Sirius también le había puesto el ojo encima. El desplante que Hermione le había dado la noche pasada durante el baile no le había pasado desapercibido ni a ella, ni a su marido ni a otro pequeño puñado de personas que andaban cerca. A ellos dos y Remus les había hecho mucha gracia, aunque Lily había sentido el aguijonazo de la decepción al ver el rechazo de Hermione. Dado que Harry y ella sólo eran amigos y no tenían ninguna intención de cambiar aquello, la pelirroja ya había emprendido su propia cruzada a favor de que el rey sentase la cabeza de una puñetera vez y Hermione le parecía una opción perfecta, sobre todo porque Sirius nunca se había mostrado lo suficientemente interesado en una mujer como para dedicarle más de dos intentos. Y la castaña no sólo lo había ignorado y rechazado, sino que lo había abofeteado y, de todas formas, continuaba en la pirámide de intereses de Sirius. Era como una escena sacada de alguno de los libros de Narcisa.

Los tres juntos entraron al salón, ahora medio vacío dado lo entrado de la mañana, saludaron a la gente (Hermione captó alguna que otra sonrisilla de las personas que observaban su brazo enlazado con el de Harry y se preguntó si toda esa gente no tendría nada mejor que hacer; Probablemente no, se respondió a si misma) y luego ellos dos se marcharon dejando a Lily con el resto de damas. Se alejaron unos metros de allí.

- ¿Dónde trabaja Ginevra? – preguntó entonces ella.

- En los telares. Su madre es la cocinera principal, se ocupa de los banquetes principales y ese tipo de cosas. Si no fuese por ella, Slughorn no tendría ni la mitad de sus carnes – Harry la iba guiando por pasillos y escaleras y por el paso rápido y el tono de voz apremiante, a Hermione lo cupo duda de que Ginny era para él lo mismo que en su realidad moderna -. El caso es que Molly, la cocinera, quería que Ginny... digo, Ginevra, trabajase con ella en las cocinas, pero son dos temperamentos muy fuertes, las discusiones se oían hasta en el bosque, así que hubo que hacer reajustes.

Hermione sonrió, sí, se parecía todo mucho a lo que ya conocía.

Llegaron a la zona más baja del castillo, pasaron por delante de la cocina y los hornos y llegaron al fondo del pasillo principal, a una sala enorme donde numerosas chicas, más jóvenes incluso que ellos, lavaban y se ocupaban de las ropas y telas del castillo. Ambos fueron conscientes de que la presencia de un chico en aquella zona sólo era una distracción, objeto de risas y comentarios en voz baja hechos por muchachas aún muy jóvenes como para saber contenerse, pero Harry no se lo tomó en serio. De hecho, ni siquiera pareció darse cuenta. Simplemente oteaba entre las cabezas, esperando ver en cualquier momento una mata de brillante pelo rojo.

- ¡Dichosos los ojos! – exclamó una voz alegre a sus espaldas.

Ginny Weasley estaba mirándolos con los brazos en jarras y un cesto lleno de hilo de lana en un cesto bajo uno de ellos. Harry sonrió de inmediato y se inclinó para darle un beso en la mejilla. Hermione vio cómo la pelirroja cerraba los ojos para recibir el roce, aunque su pequeña aura de felicidad duró poco, ya que luego la miró desconfiada.

- ¿Y ésta quién es?

- Ginny – la reprendió Harry -, un poco más de respeto.

- Ah, no, cariño – dijo con tono jocoso, continuando con lo que fuera que estaba haciendo mientras ellos la seguían -, esto son mis territorios y aquí abajo somos todos iguales. No te ofendas – añadió, mirando a la castaña, que negó con la cabeza.

- No me ofendo. Soy Hermione – se presentó la aludida.

- ¡La nueva! – exclamó Ginny y le tendió la mano agradablemente sorprendida -. He oído hablar de ti, en este sitio si innovas un poco, te conviertes rápido en objeto de comentarios.

- Estupendo… - musitó Hermione.

- ¿Qué tal tu viaje? – le preguntó Harry a la pelirroja.

Ahí fue cuando Hermione se dio cuenta de que había dejado de existir. Sí, Ginny y Harry eran muy simpáticos pero en cualquier época sucedía lo mismo: desaparecía el resto del mundo en cuanto se veían juntos. Los tres se sentaron en torno al telar de Ginny, que se dispuso a relatarle al moreno su pequeña escapada con sus hermanos gemelos a visitar a su padre y su hermano mayor. Por lo visto, allí Arthur Weasley trabajaba de artesano en otra ciudad del condado y Percy era su mano derecha, Charlie y Bill tenían negocios propios en la misma ciudad que ellos.

Hermione escuchó con interés al principio, para saber qué había sido del resto de los Weasley, pero no alcanzó a averiguar mucho más, por lo que al cabo de un rato fingió necesitar hablar con Lily y se escabulló tras asegurarle a Harry que no hacía falta que la acompañase de vuelta. Después, una vez recorrido todo el pasillo principal, comenzó a plantearse cómo demonios regresar al salón principal sin perderse.

Por suerte pudo seguir a un par de doncellas que llevaban unos bultos a las habitaciones y caminó detrás de ellas hasta alcanzar una zona que le resultase familiar. Y allí se tropezó con alguien.

- Majestad – Hermione se inclinó mirando al suelo y trató de continuar su camino aunque no supiese hacia dónde, pero él la detuvo.

- No hace falta que huyas – le dijo -. ¿Te apetece dar un paseo conmigo?

- En realidad, no, Majestad – replicó ella sin amedrentarse.

Sirius frunció el entrecejo, claramente disgustado. No comprendía a santo de qué tanto drama. Ya se había disculpado y admitido que no debería haberse sobrepasado sin su consentimiento previo, creía que por un simple beso tampoco hacía falta cumplir tanta penitencia, aunque era obvio que Hermione no era de la misma opinión.

- Por favor – añadió, a fin de que ella se ablandase un poco.

La castaña levantó la mirada extrañada, esa vena humilde no le pegaba nada. Acabó asintiendo y él le tendió el brazo, pero ella sólo lo contempló a la espera de que él indicase el camino y echaron a andar el uno junto al otro sin tocarse. Sirius suspiró, esa niña tenía una cabeza de pura piedra.

- ¿Crees en fantasmas, Hermione?

Eso terminó por desconcertarla del todo y se planteó si Sirius no habría perdido la chaveta. Luego no pudo evitar que se le escapase una carcajada al recordar a Nick casi Decapitado.

- Sí, podríamos decir que sí – admitió con sorna.

- ¿Te dan miedo?

- No vas a conseguir que me asuste y me lance a tus brazos, ¿sabes?

Sirius sonrió. No había usado el tratamiento de cortesía. Iba bien.

- A pesar de que no me importaría en absoluto, me refería a si podría mostrarte algo sin quitarte el sueño esta noche.

- Podrías, pero creía que un rey con invitados importantes no tenía tiempo que malgastar en tonterías – repuso ella.

- Hay que sacar tiempo para el ocio – Sirius le guiñó un ojo y la tomó del brazo sin que ella lo rehuyese, quizás porque no le importaba o porque ni se había enterado -. Tenemos un ala del castillo encantada – explicó con un intento de voz tenebrosa.

- Seguro que sí.

- ¿Querríais venir a verla? Nadie entra nunca, los sirvientes tienen demasiado miedo y la gente de la corte también, aunque no lo admitan en voz alta. Se dice que es donde se suicidó el desleal secretario y escudero de mi tatarabuelo. Ahora vaga por allí, condenado por su traición en vida al sufrimiento durante la muerte.

Hermione lo miró con escepticismo. Sirius se limitó a guiarla hasta el final de un corredor en el que nunca había estado y abrirle la puerta del fondo, dejándola pasar delante. Ella se mostró desconfiada hasta que comprobó que Sirius no planeaba dejarla allí encerrada, sino que entraba con ella y, de hecho, dejaba la puerta abierta.

- ¿Y bien? Yo no veo nada raro – dijo, ojeando toda la sala.

- Se oyen ruidos por las noches.

- De manera que me has traído hasta una zona vacía para nada. Muchas gracias – la chica rodó los ojos.

- No, te he traído hasta aquí para asegurarme de poder hablar contigo sin que los sirvientes de Regulus tuviesen una oreja sobre nosotros. Ni siquiera ellos se acercarían a esta parte del castillo, son todos una panda de supersticiosos.

Entonces Hermione cayó en la cuenta de que, si bien cuando se lo había encontrado, Sirius iba acompañado de un par de sirvientes, ahora se habían quedado completamente solos en aquella zona del castillo que aparentaba estar desierta desde hacía lustros. Si gritaba, lo más probable fuese que nadie la oyese. Sirius se había asegurado de tener suficiente privacidad y ella ni siquiera se había percatado de sus intenciones. Maldijo su propia estupidez e inconscientemente tanteó los trozos de su varita que seguían sujetos a su ropa interior. Se puso a la defensiva nada más comprobar todas estas cosas y retrocedió un poco sin darse cuenta, aunque Sirius sí lo notó y sonrió escéptico.

- Puedes estar tranquila, sólo quiero hablar contigo.

Como la última vez, ¿no?

- Anoche me di cuenta de que si me dirigía a ti en cualquier otra parte del edificio, siempre habría alguien observándonos e intentando escuchar nuestra conversación, necesito un poco de intimidad ahora.

- Vale, habla – dijo Hermione, cruzándose de brazos.

- Podrías mostrarte un poco más receptiva.

- Es lo que hay – ella se encogió de hombros, un poco resentida consigo misma por su actitud malhumorada, Sirius aún no había dicho ni hecho nada malo. Mantenía su postura regia y respetaba la distancia de seguridad establecida sin hacer ademán de ir a repetir lo de la última vez.

- Creo que esto ha ido demasiado lejos. No comprendo tu enfado, me parece desproporcionado, no fue una ofensa tan grave – soltó él sin contemplaciones -. Por el contrario, si hubiese sucedido al revés, lo último que yo estaría sería enfadado – comentó con una sonrisa pícara.

- No me gusta que la gente se tome tantas libertades conmigo – explicó ella con cuidado.

Sirius se mostró pensativo durante unos minutos y pareció caer en la cuenta de algo.

- Ibas a casarte.

Hermione estuvo a punto de soltar un ¿Eing? de incomprensión hasta que recordó su ficticia coartada. No dijo nada, a la espera de que él explicase por dónde iba su hilo de pensamiento.

- ¿Tu marido también se… se tomó libertades contigo antes de la boda? ¿Por eso escapaste? – acabó delatándose Sirius.

La castaña lo observó perpleja unos segundos, preguntándose mentalmente si él de verdad había planteado lo que ella creía. La idea le resultaba absurda y ponerlo como excusa para su huida no haría más que complicar las cosas, por lo que esa opción quedó descartada antes incluso de que se le ocurriese. Había decidido que en su universo paralelo, en ése en el que había huido para no contraer matrimonio, sería Viktor quien interpretase el papel de abandonado al pie del altar, por lo que imaginárselo intentando algo de lo que Sirius insinuaba la resultaba… imposible y estúpido. Por otro lado, le estaba entrando un ataque de risa floja que le iba a costar mucho contener.

No, perdón, ya se le había escapado.

Se estaba riendo como una loca ante los ojos atónitos del rey y no encontraba modo alguno de parar.

- Ay… ay… - gimió, agarrándose las costillas. Poco a poco, fue dejando de reírse como pudo e intentó recomponer algo de su dignidad.

Sirius no sabía como tomarse esa escena. Le daba la impresión de haber dicho algo estúpido y eso no le hacía ninguna gracia, pero hacía tiempo que no tenía tan buena atmósfera estando en la misma habitación que Hermione, menos aún teniendo una conversación con ella, así que decidió tragarse el orgullo en aras de algo más importante y esperó en silencio a que ella recuperase el habla.

Ella todavía sonreía de pura diversión cuando le contestó.

- No, por Dios, claro que no lo hizo – dijo.

En cierto modo, eso lo alivió. Él era un hombre y se había criado entre los de su sexo, conocía bien lo que éstos pensaban de algunas mujeres porque él mismo había tenido esos pensamientos y sabía que muchos pensaban que podían tomarse las licencias que se les antojasen por ser más fuertes y tener el poder. Él mismo se había mostrado irrespetuoso hacia las costumbres y los valores de su cultura cada vez que había seducido a una chica de las que lo rodeaban. Aunque ella desease ser seducida, nunca se había parado a pensar en las consecuencias que podían tener sus conquistas. Se suponía que las mujeres tenían que llegar al matrimonio siendo virtuosas y castas, no tanto así los hombres, por lo que se producía un desequilibrio en ese aspecto.

También había oído hablar de mujeres que no habían querido dejarse y que habían sido forzadas. Que él supiera, no conocía a ninguna, pero sabía que muchas jamás se recuperaban y el propio Sirius consideraba despreciable aprovecharse así de las mujeres, fuesen quienes fuesen. Quizás otras personas lo encontrasen excitante, pero para él, aparte de que una conquista así no tuviese gracia, también resultaba desagradable. Descubrir que su repentina sospecha sobre la posibilidad de que Hermione se mostrase tan reacia por haber sufrido algún tipo de agresión previa no era más que fruto de su mente le aliviaba sobremanera. Y una vocecita en su cabeza también suspiraba al saber que esa barrera no sería la que tendría que salvar para acercarse a ella.

Lo que no implicaba que fuese a ser más sencillo.

- Huí porque no quería casarme, eso es todo. Soy un poco joven – añadió Hermione, con un brazo sujetándole el costado aún. Eso sí que tenía gracia, Sirius sabía de damas de su propia corte que se habían casado y también habían concebido siendo más jóvenes que ella.

Sirius se dio cuenta de que lo que iba a decir era arriesgado, pero no pudo callárselo. Cualquier otra muchacha se habría ofendido, pero Hermione era tan rara que igual sabría entenderlo como lo que él realmente quería decir.

- Si yo no te hablase de matrimonio – No todavía, al menos, pensó y él mismo se sorprendió por sus palabras -, si tan sólo quisiera disfrutar de tu compañía…

- De un modo no físico, supongo que querrás decir.

- Por supuesto – se apresuró a aclarar. Habrase visto, un rey cuidándose de sus palabras con una dama sin origen, proponiéndole no-matrimonio… esto no tiene ningún sentido -. Si pretendiese regresar a como estábamos antes de ese infortunado paseo… ¿Aceptarías que volviese a interesarme por ti?

Hermione se dio cuenta de que Sirius le estaba pidiendo permiso para cortejarla y se vio acorralada. Para qué negarlo, le había gustado, por muy extraña que hubiese sido, la atención que le había dedicado al comienzo de su estancia en el castillo; pero ella no pertenecía a ese tiempo ni tampoco a esa gente, ella tenía unos amigos que seguramente estarían muertos de preocupación preguntándose dónde estaría, buscándola, ella tenía… tenía que dejarse de tonterías como ésa y encontrar el modo de regresar a su propio hogar, a su hogar verdadero.

Y, aun así, las palabras escaparon de sus labios sin poderlas contener.

- Por supuesto.

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Esa noche la cena se sirvió con normalidad, sin grandes galas ni lujos como durante las celebraciones. Regulus y los suyos ocuparon sus asientos junto al rey y Hermione se reunió con Harry, Lily, James y Remus, que la miraron con una sonrisa malintencionada (lo más probable era que la conversación con Sirius ya hubiese llegado a sus oídos, a juzgar por la expresión de satisfacción que tenía la pelirroja), antes de ponerse a cenar.

De nuevo, como no podía ser de otra manera, hubo música al acabarse la comida, y la gente se juntó en pequeños grupos durante la velada, bien para conversar bien para bailar o para otras actividades. Harry y ella se instalaron junto a la chimenea (algunas damas miraron mal a la chica, ya que no era nada normal que una dama se sentase sobre el suelo como un vulgar campesino) y Hermione cogió el libro de un cantar de gesta francés para leérselo al chico a petición suya.

Empezó como cualquier otra noche, recitando a un tono de voz normal para que Harry pudiese oírla por encima de la música y las voces, solo que esta vez el chico no dio muestras de adormecerse. Por el contrario, escuchaba con atención y esto resultaba tan extraño que su lectora particular aprovechó una de sus pausas para tomar aire y levantó la mirada del libro. Ahogó una exclamación.

Harry no era el único que la estaba escuchando. Regulus, en un asiento de madera, se había instalado frente a ella, con Snape a su lado. Draco Malfoy también había acercado su propia silla y, como él, otros tres o cuatro jóvenes, entre los que se contaba Zabini. Una de las damas de Narcisa escuchaba de pie, un poco más apartada, seguramente cohibida ante tanta presencia masculina.

Aquello resultaba un poco inquietante. No estaba acostumbrada a que tanta atención recayese sobre ella y ahora empezaba a ponerse nerviosa. Sin embargo, se dio cuenta de que era probable que muchos de ellos no hubiesen leído ese libro en la vida, menos aún en francés, y que, por tanto, sus fallos quedarían más o menos disimulados de alguna manera si ella sabía corregirse a tiempo.

Carraspeó y continuó leyendo con la voz más tranquila de lo que en realidad ella estaba, sin percatarse de que el rey, aunque a distancia, también la estaba escuchando.

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- Joven Malfoy, necesito hablar contigo un momento.

Draco se giró y vio que era Snape quien lo llamaba. Eso lo sobresaltó, aquel hombre tenía la facultad de llevar el silencio allí a donde iba, de helar los ambientes más cálidos con sus miradas vacías y deshacerse de cualquier importuno con una simple palabra. No le gustaba, pero su padre hablaba de él con el respeto de quien teme algo y sólo por ello estaba determinado a congraciarse con él. No quería enemigos poderosos y no cabía duda de que Snape lo era.

Por eso lo siguió hasta una pequeña habitación de decoración austera y dejó que él cerrase la puerta.

- El amo Regulus me ha pedido que hable contigo para pediros un favor – Snape torció la boca, como si el hecho de que Regulus no se considerase a su altura como para pedirle el favor en persona le pareciese algo despreciable -. Sería conveniente que mañana te ocupases de distraer a la chica Granger, sácala del castillo o entretenla fuera de nuestro alcance y asegúrate de que tu rey lo sepa.

Malfoy abrió la boca para preguntar algo, pero la mirada de Snape no incitaba a hacer preguntas, así que la volvió a cerrar.

- Partid por la mañana y regresad por la noche y no des explicaciones claras a nadie salvo a ella de lo que sea que… hagáis.

Draco asintió y Snape se marchó de allí sin añadir una sola palabra más, con un leve revoloteo de su capa negra. El chico permaneció anonadado unos segundos, de pie y solo en mitad de la fría sala.

Sabía lo que iba a hacer, lo estaban utilizando de cebo para una distracción, lo que no alcanzaba a entender era por qué.

De cualquier manera, podría haber sido peor. Tener que pasar el día con Hermione no sería ninguna ardua tarea para él. En realidad, la oportunidad que se le presentaba en bandeja de plata era perfecta.

Lo que sí podría resultar un poco más difícil sería convencerla de que le acompañase.

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Vale, lo he hecho, he actualizado antes de cumplir el mes. Me siento realizada y un poco deprimida porque, como siempre, la fecha de la próxima actualización es de futuro incierto, aunque espero no encontrarme con grandes problemas, la verdad. Mantengámonos positivos, amigos.

El último capítulo no sé si es que supuso un boom o qué, pero a lo tonto recibí unos 14 reviews y todavía estoy flipando, así que quiero agradecéroslo con toda mi alma y pienso proceder (ahora que tengo tiempo sin altercados) a responderos a todos a continuación:

Cris Granger: a ti no sé ni para qué te respondo, si estarás muy ocupada pendoneando por ahí y haciendo estadísticas y esas cosas que hacéis los economistas juerguistas, pero que no se diga, oye. A Hermione todavía le quedan muchas pipas que pelar, no sabe lo que dice con lo de tomar los hábitos, la pobre. Tiempo al tiempo, igual sí que la acabo mandando a un convento, que estoy leyendo "UN mundo sin fin" y parece que se llevaba mucho en época medieval.

Ailei-chan: me alegro mucho de que siga llegando gente nueva hasta aquí… y más aún de que no huyan despavoridos tras leer el fic. Es alentador y espero que sigas con nosotros mucho más :D

blacksoul: Dios! no lo digas ni en broma! Voldemort rey… no quedaría tierra después de eso. No, no, planeo algo más sutil, todo hay que decirlo, aunque tendrás que quedarte por aquí para descubrirlo. Sí, así me aseguro el público xD

Mary: ya lo sé, es una faena teneros esperando, como lectora de otros fics que me traen en vilo lo sé bien, de verdad, pero lo cierto es que entre unas cosas y otras, cuando me siento a escribir el tiempo es escaso y esta no es la única historia que tengo a medias, por lo que todo suele depender de la inspiración del momento. Un asco, ya, las musas son unas oportunas…

Smithblack: pero qué malos sois todos! Pobre Peter, bastante tiene con ser como es como para encima meterle más conmociones cerebrales adicionales. Espero que Regulus vaya cobrando protagonismo con cada capítulo, aunque hay tantas ramas de historias que esto es como llevar un circo de siete pistas. De todas maneras, Voldemort aparecerá en cuanto defina mi idea de cómo llevarlo como personaje y planeo que nuestros slytherins favoritos se queden durante tiempo suficiente como para complicarlo todo un poco más. Ay, qué mala soy y qué bien me siento xD

Pabaji: no sé qué te habrá parecido el capítulo, pero espero que te haya gustado y calme esas ansias que me dejas siempre en los reviews, jeje. Levanta el ánimo veros tan interesados en la historia…

mari: sip, para una mujer moderna y de armas tomar como Hermione, esta época es todo un reto, pero ahí está la gracia, ¿cierto? Me encanta meterla en apuros, ella que tan tranquila vivía siendo normalita en el siglo XX está disfrutando de una popularidad atípica del todo en el XVI.

Hermsphadora-Black: ay, qué difícil me lo pones con ese Nick, hija de mi alma. Como has podido ver, Hermione se resiste hasta cierto punto, es imposible estar enfadada con su Majestad mucho tiempo (yo tampoco me vería capaz). Remus tiene poco juego en la historia, lo sé, pero espero poder desarrollarlo un poquito más; James juega con la ventaja de que Lily es amiga cercana de Hermione y eso ya le da más cabida. De cualquier manera, creo que todos sabemos que Hermione acudirá a nuestro profe de DCAO favorito en cuanto necesite consejo maduro.

Patodizath: es un reto y estoy agotada. Me resulta muy difícil escribir sobre una época que desconozco personalmente y que, además, me pilla tan lejos, pero cada vez que subo un capítulo es toda una satisfacción. Espero no estar cargándome mucho toda la ambientación espacio-temporal. Y sobre Voldy… bueno, él está calvo en todas las épocas, eso ya te lo adelanto xD

timetravel-lover: Hermione vs Sirius es algo que merece la pena en este siglo y en cualquiera, todo hay que decirlo. Me encanta que nuestra chica lo maltrate un poco, llámame sádica.

judith178: oye, me estoy dando cuenta de que a todos os está matando de intriga lo de Voldy, no me esperaba tanta conmoción… Tiempo al tiempo.

evigtt: como diría Peter Griffin… eh eh eh eh eh eh eh eh eh eh eh… Harry no acosa a Hermione, pobre, para uno que nos sale sano y normal déjamelo no vaya a ser que también se una al montón de fans que tiene nuestra chica. Y tranquila, comprendo tus reviews. Si vieses mis obras de criptografía cuando me emociono tú también pensarías que estoy loca xD

Laira-Moesia: pues yo me paso por aquí también y te respondo :D Me alegro de que te guste el Sirius/Hermione, no es un pairing muy habitual y a la gente no suele acabar de convencerle del todo (y eso que para mí son tal para cual, la diferencia de edad no importa). Nos vemos por aquí :D

sinnombre: esto sí que es difícil, responder a un review de alguien que no tiene nombre no me había pasado nunca, pero oye, me crezco con cada nuevo reto xD Harry, como habrás podido comprobar, está por Ginny ahora y siempre. Si en realidad las épocas no cambian tanto… xD

Y esto es todo, cariñitos míos.

Os veré próximamente, en los mejores ordenadores ;D besos de su Majestad el Rey,

Kira