¡Hola a todos, pequeños viajantes en el tiempo!

Como diría Dumbledore, "otro año… se va" y aunque nosotros no tengamos ningún recuento de puntos que hacer, creo que este momento es tan bueno, o incluso mejor, como cualquier otro para responder a ese montoncito de reviews que tan amablemente me dedicáis en cada capítulo. Vamos al lío:

Cristal Flowers: siempre es un placer conocer nuevos lectores, así que muchas gracias por agregar esta historia a tus que Hermione no se convierta en una versión femenina de Sirius o estarán todos perdidos XD ¡Un beso y feliz año!

Melody-Harden: Jo, me subes los colores, chica, con tanto halago. Por supuesto que me siento privilegiada, no todos los días se provoca una nueva adhesión a FF por un humilde fic. Espero verte por aquí muy a menudo y que tengas un feliz año 2011. Un beso.

Lovely' Hummingbird: jajajajaja, sé lo que es emocionarte leyendo algo y que de repente se te corte de pleno porque no quedan más capítulos. Lo de actualizar en Nochevieja es una costumbre que tengo, así que espero que sepas perdonarme la tardanza y espero que haya valido la pena. Abrazos y feliz año =D

Hermsphadora Black: mira, seré yo que soy torpe, pero siempre me hago un lío escribiendo tu nombre, oye xD Tienes razón, Sirius es adorable, pero yo también estoy empezando a pillarle el puntillo a Draco en todo esto. En este capítulo no ha salido, estará por ahí mordiéndose las uñas de puro despecho, quizás, pero no seas mala con él, que el pobrecillo en el fondo tiene su corazoncito. Un beso y feliz 2011.

Primrose Evergreen: 25 días después de que me dejes tu review, voy y actualizo. No, no soy mala persona, es que me estaba reservando para este día en concreto, que conste. Es genial que te resulte fluida mi forma de escribir, a veces tengo que leer mis propias frases un par de veces hasta acabar de comprender que me faltan comas si quiero decir lo que tengo en mente, por eso tengo la sensación de que a veces sólo escribo galimatías, pero me fiaré de tu palabra. ¡Muchas gracias!

Remus lover, duendecilla, Ayla1986 y baneknight: muchas gracias por los reviews =D el fic intento actualizarlo cada mes, más o menos, dependiendo de la época, la cantidad de trabajo que tenga y demás factores, pero así a grandes rasgos, voy a capítulo por mes. ¡Un abrazo!

paddyale: jajajaja, voy creando hombres para todas, por lo que veo… Coincido de pleno contigo, Draco es interesante y a Sirius dan ganas de apretujarlo. Ains…

Pabaji: aunque no lo demuestre, SI, Sirius se muere de celos, lo que pasa es que es muy cabezón como para demostrar emociones tan primarias, jejeje. Esperemos que todo mejore en un futuro, ¿no? No sé, lee el capítulo y averígualo. ¡Feliz año!

blacksoul: no se me ocurriría dejarlo, tranquila. De hecho, aunque lo diga con la boca pequeña por si acaso, creo que tengo cuerda para rato. Las cosas fáciles no tienen gracia, ¿no crees? En ese caso, habrá que complicárselo todo un poco más. Sí, soy mala. ¡Feliz año!

Nortia: Hermione no puede volverse loca todavía, por mucho que ella piense lo contrario, aún tiene unas cuantas reputaciones de chico malo más que destrozar. Sólo esperemos que no se le vaya de las manos… ¡Feliz año!

Smithback: gracias, gracias por tus halagos. La verdad es que me daba la sensación de que a Draco y Hermione les faltaban momentos a solas, y espero que todo el tiempo que han pasado juntos en el capítulo anterior compense la falta de contacto en este que viene. Tendré que darles más escenas compartidas, ¿no crees? Un beso y feliz 2011.

Judith178: Sirius celoso tiene más peligro que una mantícora, pero también es más adorable, jejeje. No te muerdas mucho las uñas, mujer, espero calmar tus ansias con este nuevo capítulo. Un abrazo!

trinitys: ay, ay, la magia… un tema peliagudo en este fic, todo hay que decirlo. Obviamente y dado que Hermione sigue siendo bruja, acabará por surgir de un modo u otro, pero… en fin, no voy a decir nada. Mi mente maquina más rápido de lo que escriben mis dedos. Espero que te guste el capítulo y feliz año nuevo =D

Patodizath: Black y Malfoy van a tener toda una relación a lo largo de esta historia, lo que pasa es que pienso tejerla con calma y cuidado. Muchos besos.

saku- kamiya: Snape es un manipulador de primera y sabe que el mejor modo de distraer a Sirius de sus labores como rey es que vea a Hermione con otros chicos. Los celos son muy poderosos y dejan que las serpientes ganen terreno…

Mau: qué ansia xD les queda camino que recorrer, no te voy a engañar, pero es porque soy una persona retorcida y malvada y quiero conservar enganchados a mis lectores, no es nada personal xD

Laira-Moesia: mujer, Draco es su sobrino, no puede comérselo, ni matarlo ni otras cosas que estén mal vistas por la civilización, pero sí que puede jugar todas sus encantadoras cartas sobre nuestra tozuda castaña favorita. Tiempo al tiempo.

Elsy: esa obsesión que tenéis todos con Harry os acabará pasando factura. Pobrecitos, no pueden ser amigos sin que empecéis a maquinar sobre ellos, ¿eh? Pues siento decepcionaros a todos, pero Harry no va a ser ángulo de ningún triángulo amoroso, aunque como a Hermione no paran de salirle pretendientes, acabaremos con un octógono o quién sabe qué más. Muchos besos y espero leerte por aquí pronto.

Y eso es todo, amigos. Pasad un buen fin de año y no le peguéis mucho a la botella. ¡Hasta pronto!

Kira

OoOoOoOoOoOoO

9 – Carnaval de almas

- Toc, toc – Lily asomó la cabeza por la puerta del dormitorio con una gran sonrisa.

Hermione sonrió débilmente también y le indicó con la mano que pasase; la pelirroja cerró tras de sí y fue a sentarse a su lado en la cama.

- Tienes un aspecto horrible – comentó, divertida.

- Así como me siento – musitó Hermione, tapándose hasta la barbilla con las mantas -. Odio estar enferma.

- Para eso estoy yo aquí, corazoncito mío – repuso Lily con sorna y le tendió un libro -. Entretente.

- Utopía, de Tomás Moro – la chica contuvo su expresión de me lo esperaba y le dio las gracias. Al menos tendría algo que hacer durante un par de horas y se sentía inmensamente privilegiada, ya que estaba segura de que esa copia manuscrita sería un verdadero tesoro en su tiempo auténtico.

- Harry vendrá a verte para comer contigo y asegurarse de que no mueras de inanición y James te envía sus mejores deseos.

- Dales las gracias a los dos. ¿Tu hijo ya no tiene reparos en verme en paños menores?

- O eso o su lado masculino auténtico está empezando a despertarse al fin – Lily miró al techo -. Igual hasta me hace abuela antes de que me muera.

- Ja-ja, qué graciosa.

- ¿No quieres ser la madre de mis nietos?

Hermione se revolvió incómoda y Lily estalló en carcajadas.

- Vamos, vamos, ¿no me tendrás por tan idiota, no? Ya sé que mi hijo tiene un interés por ahí, no sé quién pero sí que existe. Y estoy segura de que tú la conoces, pero no me preocupa. Tiempo al tiempo, hablará con James y conmigo cuando esté preparado. Harry siempre ha sido demasiado introvertido con este tipo de cosas, gracias a Dios la influencia de James y Sirius no le ha hecho mucha mella en este aspecto.

Entonces Lily se levantó y sacó una caja grande, de madera de roble, de debajo de la cama. La abrió y comenzó a disponer un tablero de ajedrez.

- ¿Blancas o negras? – preguntó.

- Blancas – respondió la castaña de inmediato. Su amiga enarcó una ceja -. Eh, oye, lisiados y enfermos jugaremos con ventaja – y soltó una tosecilla malamente fingida.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

James le observó de reojo y luego miró a Remus, que, tranquilamente sentado, repasaba unos mapas que Regulus les había cedido aquella misma mañana, acompañado por Frank Longbottom, que había vuelto hacía poco a instancias de Sirius. El moreno sonrió por la comisura de la boca, con suficiencia. Sirius, distraído, tamborileó los dedos sobre el reposabrazos de su propio asiento, con la mirada perdida hacia la ventana, mirando sin ver nada en realidad y dando un pésimo ejemplo. De vez en cuando, los ojos se le iban sin querer hacia la figura de su rubio sobrino y sus dedos se tensaban sobre la madera.

Snape, Pettigrew y Regulus se encontraban en la otra punta de la mesa, separados de todos ellos por casi siete metros de distancia, y se mostraban más absortos por los mapas que Sirius les había cedido en actitud conciliadora, como respuesta al gesto de su hermano, que él mismo. Habían acordado que se reunirían todos al día siguiente. Las negociaciones sobre el territorio se estaban volviendo cada vez más arduas y el monarca Black veía el movimiento que se avecinaba: Snape (sólo Snape) saldría con la proposición de una unión pacífica mediante matrimonio, conocedor de las reticencias de Sirius hacia esos enlaces y de la negativa que daría.

En la misma mesa, situados a medio camino de ambos bandos, Draco Malfoy, con cara de disgusto, Neville Longbottom y Harry, tan distraído como su padrino, se afanaban sobre las tareas que su tutor les había impuesto relegándoles a una jornada totalmente teórica recluidos en el salón. Lucius Malfoy no había aparecido por allí; de hecho, había salido del castillo hacia sus propias tierras en visita rutinaria, algo que no había pasado desapercibido a nadie.

James paseó la mirada hacia los primogénitos y, después, la posó sobre Sirius, indeciso acerca de a qué pista de circo dirigirse. Finalmente, con un suspiro, se levantó y fue a ocupar el sitio junto a su hijo.

- Deja de distraerte – le gruñó por lo bajo, ganándose una sonrisa disimulada por parte de Neville.

- Lo siento, padre.

- Sí, claro – ironizó él -. Si yo no lo sentía cuando estaba en tu lugar, menos vas a sentirlo tú.

Harry lo miró contrariado y James bajó un poco la voz, más a causa de la presencia de Draco que de la de Neville.

- ¿Pensando en Hermione?

El vástago de los Malfoy intentó no dar muestras de estar escuchando pese a no perder detalle. Neville se cuidó de no reírse.

- ¿Qué? No, ¿por qué? – contestó Harry, desconcertado.

- Entonces ¿quién es ella?

Harry enrojeció hasta las orejas y no respondió. James hizo un somero ruidito triunfal.

- Ajá, así que sí que hay una ella – musitó, feliz -. Vamos, hijo, demos un paseo y hablemos con calma.

- Tengo que terminar esto.

- Claro, claro – dijo James con tono de que no le importaba un bledo. Agarró a su cachorro por el cuello de la ropa y lo hizo levantarse.

Sirius observó a su mejor amigo arrastrar a su hijo hasta sacarlo de allí y, desinteresado, devolvió la mirada hacia la escasa lluvia que atisbaba a ver caer por la ventana. Remus gruñó algo, llamando su atención y, con desgana, volvió a ponerse la corona para entrar de nuevo a su papel de líder.

- ¿Pasa algo?

- Que eres un inútil – le espetó Remus -. No sirves de nada ahí sentado, penando como si fueses Orfeo, ¿por qué no te vas a hacer lo que sea que te tiene tan obnubilado y vuelves cuando seas capaz de centrarte en lo que estamos?

Frank Longbottom se apresuró a convertir su risa en una tos ante la mirada fulminante de su rey y bajó la cabeza, aún riendo. Despacio, como si le diese pereza obedecer a su amigo, y a regañadientes, Sirius se puso en pie y al poco rato ya había desaparecido por el mismo camino que su casi hermano y su ahijado.

Draco, molesto, se cernió de nuevo sobre sus tareas.

Snape contuvo la media sonrisa de suficiencia y volvió a la discusión con Regulus, satisfecho.

- ¿Qué? – le gruñó éste sin comprender.

- Había subestimado la influencia que una presencia femenina puede tener, Black. Eso es todo.

OoOoOoOoOoOoOoOoO

- ¿Hermione?

Nada.

- Hermione… ¿estás despierta?

Algo se movió bajo las sábanas ligeramente.

- No – gruñó el bulto animado.

La chica oyó un bufido divertido y se frotó un ojo. Se había quedado dormida leyendo el libro que ahora estaba en el suelo y ella misma estaba perdida en medio de un lío de tela de hilo blanca y tenía la cabeza enroscada en sus propios cabellos marrones. Sentía la boca seca y un trozo de varita se le estaba clavando en la pantorrilla.

- ¿Te encuentras bien? – preguntó de nuevo la voz, sonando un poco más preocupada al no verla moverse más.

Hermione suspiró por lo bajo y buscó el modo de salir de su prisión textil. Tras un par de minutos de encarnizada batalla sin resultado, el alma piadosa que aún no había reconocido se acercó y le apartó las sábanas de encima de un tirón autoritario. Ella se quitó el pelo de la cara y trató de domarlo un poco para que no se le descontrolase al más puro estilo antena parabólica.

- Gracias… - dijo y se sonrojó al ver junto a su cama al augusto Sirius Black con expresión divertida y evaluadora.

- Te veo bastante bien.

- No hace falta que mientas – replicó ella, sabedora del aspecto que debía de tener. Nunca había sido de esas chicas que estaban perfectas en cualquier situación, pero cuando estaba enferma, se convertía en zona catastrófica.

Siglo arriba, siglo abajo, eso no iba a cambiar.

- ¿Te ha visto un médico?

Hermione observó la vacilación de él, que no sabía si podría sentarse a su lado o si recibiría otro bofetón. Le hizo un gesto para decirle que se sentase; él se cuidó mucho de mantenerse a la altura de sus pies, por si acaso.

- Lily trajo a madame Pomfrey anoche, al parecer sólo es una gripe – Hermione intentó no traslucir todo el alivio que había sentido al enterarse; aquella época se caracterizaba por el foco de enfermedades que tenía lugar en las ciudades y otras poblaciones a causa de la falta de higiene, los animales y demás. Una gripe no era nada comparada con la peste o la viruela.

- Entonces estarás de vuelta en un par de días…

- No soy la única que tiene mala cara. ¿Ha pasado algo?

- No te voy a aburrir con asuntos de política que no te interesan.

- Si no me interesasen, no te preguntaría, puedes estar seguro – Hermione torció un poco la cabeza y le miró fijamente -. Ya sabes que los bordados no son lo mío, ¿por qué no probar con política?

Sirius se rió y admitió que ella tenía razón.

- Regulus ha venido en nombre de mi cuñado Lestrange para negociar pacíficamente unas tierras en mitad de ninguna parte que asegura que iban en la dote de Bellatrix. Personalmente, esas tierras no tienen mayor importancia, pero mis caballeros consideran que cederlas sería darles un hilo del que tirar más adelante, aunque he visto a Rodolphus entrar en batallas por menos. Ninguno de los míos ni yo nos creemos que toda su expedición sea sólo por esas tierras, hay algo más detrás, si no, no habría mandado a Snape en la embajada, pero no sabemos lo que es y es esa incertidumbre lo que más nerviosos nos está poniendo…

- ¿No tenéis ni idea de qué puede ser?

- Bueno, Regulus también ha traído noticias acerca de la futura esposa de mi sobrino Draco – en este punto, Sirius la miró de reojo a la espera de alguna reacción, pero sólo pudo leer atención en el rostro de la chica -, la unión del heredero de los Malfoy con la hija de los Greengrass implicará el fin de las hostilidades entre dos condados colindantes pertenecientes a dos reinos distintos. ¿Sigue interesándote la política?

- Casi tanto como a Narcisa los romances. Sigue.

- Hay otra familia en la corte de Bellatrix que también busca aliarse con nosotros, pero ellos apuntan un poco más alto… - Sirius titubeó -. Los Crouch son una de las familias más influyentes en la corte, Bartemius tiene dos hijos, Barty, que según tengo entendido es uno de los mayores adeptos que tiene Rodolphus entre los suyos, un verdadero… monstruo en el campo de batalla, y no son palabras mías… Y una hija durante cuyo parte falleció lady Crouch. Sé poco de ella, salvo que su padre y su hermano la han tenido toda su vida bien protegida y por eso su virtud es famosa en todo el país… Los Lestrange buscan que me case con ella, ya que por línea sucesoria vaga y un poco de insistencia de los que lo apoyasen, el hijo que tuviesen Bellatrix y Rodolphus se alzaría monarca de ambos tronos. Esto lo controla Remus mejor que yo – admitió el rey al final.

- De todo lo que me has dicho, deduzco que no estás por la labor que aceptar ese enlace – ironizó ella.

- Me niego un poco… desde siempre.

Los dos sonrieron y entonces Hermione bajó la mirada y se dio cuenta de lo que había sucedido mientras Sirius hablaba: él se había acercado un poco, lo suficiente, y ella tenía entre sus manos una de las de él. No sabía cómo la había tomado, en qué momento o por qué, pero había sucedido de un modo tan natural como cada una de las respiraciones que ambos habían exhalado, tanto que ninguno se había percatado. Y ella había jugado con su mano durante todo el rato.

Sirius siguió su mirada, aunque su expresión resultó más relajada que la de la chica.

- ¿Vas a pegarme? – preguntó, sardónico.

Hermione le frunció el ceño.

- No pensaba, pero si te lo ganas a pulso…

- ¿Por qué te parece tan horrible cada vez que nos acercamos?

Ella suspiró y eligió con cuidado sus palabras:

- Porque no debería dejar que esto pasase, lo va a complicar todo para los dos.

- ¿Crees que van a venir a reclamarte para esa boda inconclusa? – sonrió Sirius.

- Sinceramente, lo dudo – admitió ella -, pero no voy a estar aquí para siempre – Menos todavía desde que Dumbledore me ayuda a buscar una salida – y… encariñarnos no va a servir para nada.

- Puedes quedarte – Sirius le tomó las dos manos entre las suyas y le besó la derecha -, todo el tiempo que quieras, nadie va a echarte y tú misma has dicho que nadie vendrá a buscarte.

- Que nadie venga a buscarme no significa que no haya nadie esperando – musitó ella para su propio cuello. Sonrió al mirarle de nuevo -. ¿Cuántos años tienes?

Eso consiguió sorprender al rey, pero la curiosidad de la chica era superior a cualquier imperativo social.

- No lo sé con exactitud – contestó él, pensativo, tras unos segundos -… puede que unos treinta y cuatro o treinta y cinco, más o menos, la cuenta se hace difícil cuanto más pasa el tiempo. ¿Y tú? – contraatacó, esperando que ella reaccionase como otra mujer cualquiera y se ofendiese por su atrevimiento.

- Casi diecisiete. Son diecisiete años de diferencia, no llego a entender el interés.

- ¿El mío? – la expresión de Sirius mostraba total incredulidad, como si no concibiese esa falta de comprensión por su parte.

- En general – Hermione ya estaba centrada en sus propios razonamientos, de un talante más cultural y académico que del romántico que podía tener en la cabeza él, y por eso no se percató del pequeño desliz que acababa de cometer -. Comprendo lo de la fertilidad y la necesidad imperante de todo macho por engendrar un varón que le siga los pasos y tome el relevo de sus funciones, pero el matrimonio con esas diferencias de edad… Es inconcebible que un hombre mayor no pueda buscarse una esposa que se adecúe a su circunstancia y prefiera encontrar jovencitas – la chica estaba lanzaba y hacía caso omiso a las caras de desconcierto de su visitante, que cada vez estaba más alucinado, por perderse en sus propias reflexiones lógicas -, aunque eso también puedo entenderlo, el atractivo sexual juega un papel importante en este tipo de rituales… El problema es que la organización es mayoritariamente machista, en una sociedad igualitaria las mujeres…

Nunca se llegó a saber qué harían las mujeres en esas condiciones, ya que Sirius, sin recordar lo herido (literalmente) que había salido la última vez, había acortado distancias para besarla. Y se separó tan rápido como había llegado.

- Lo siento – se disculpó falsamente avergonzado para luego esbozar una sonrisa de niño travieso -, pero no he podido evitarlo.

Hermione lo observó como calibrando qué hacer durante unos segundos y finalmente se tumbó en la cama y se tapó con las sábanas hasta la cabeza, desesperada (aunque él creyó que se trataba de vergüenza y sonrió aún más).

- Quiero seguir durmiendo – dijo ella con voz ahogada desde debajo de las mantas.

Lo siguiente que escuchó fue una risa jadeante, casi como la de un perro y el sonido de la puerta al cerrarse. Sin poderlo evitar, ella también sonrió. Luego, al darse cuenta, frunció el ceño.

- Mierda, ¡qué estás haciendo? – gimió.

OoOoOOoOoOoOOoOoOoOOoO

Harry se sintió feliz de que llegase la hora de la cena. Su padre había pasado la tarde llevándolo de paseo de un lado a otro intentando sonsacarle algo acerca de Ginny y él había estado a punto de saltar de una torre varias veces. Quería a su padre y confiaba en su criterio (casi siempre) así que no entendía a santo de qué tenía de pronto tanto interés por su vida privada si siempre se había mostrado más o menos respetuoso en cuanto a ese tipo de cosas. Un ataque como ese se lo habría esperado más de su madre, pero de su padre…

Por suerte, Remus los interceptó mientras James le iba soltando una perorata acerca de la confianza mutua y blah, blah, blah, así que Harry se había creído salvado… La decepción fue aún mayor al comprobar que Lupin eran tan cotilla o más que su propio padre. Y, de esa manera, había pasado las horas, sintiéndose cada vez más hundido en el fango y rogando por que Hermione se pusiese bien pronto para tener a alguien con quien pasar su tiempo de nuevo.

Lo que sí le salvó fue el sentarse a la mesa con el resto de la corte y que, de inmediato, tanto sus dos acosadores particulares como su madre pasasen a interrogar a Sirius por ese brillo delatador que centelleaba en sus ojos.

- Algún día vas a tener que decirles a tus padres lo de Ginny – le murmuró Neville desde su derecha, sin dejar de mirar su plato de pollo.

- Pero no hoy.

- Supongo que no – captando el fin de la charla, y sin tomárselo a pecho, Neville cambió de tema -. Tengo ganas de conocer a la señorita Granger – comentó, tras prestar atención por unos segundos a las palabras de los adultos, que bromeaban a media voz.

- Mejor llámala Hermione – se rió Harry -. Podemos pasar luego por su habitación, seguro que agradece la visita si sigue despierta. Por lo que dicen, parece que ya está más recuperada.

- No sé si lo de colarnos en el cuarto de una chica…

- Créeme, Neville, no le importará siempre que no la despertemos. Seguro que ella también quiere conocerte.

De manera que terminaron de cenar y los dos se excusaron, diciendo únicamente a Lily a dónde iban en realidad para ahorrarse comentarios y miradas. Después, abandonaron el comedor discretamente y se encaminaron al ala oeste. A pesar de que Neville seguía sin mostrarse muy convencido por la iniciativa (él no había estado en la habitación de una mujer jamás y estaba seguro de que a ellas no les gustaban ese tipo de invasiones), caminó junto a Harry con cara de circunstancias mientras el joven Potter sonreía divertido por su inseguridad. Se detuvieron ante la puerta de Hermione y Harry la golpeó con los nudillos un par de veces.

- Pase.

Hermione estaba sentada en la cama, en camisola y con la sábana tapándola hasta la cintura. Leía el libro que Lily le había llevado y, de vez en cuando, cogía alguno de los trozos de fruta que reposaban en un plato junto a ella. Tenía buen aspecto a pesar de lucir cansada.

- ¿Qué tal? – preguntó Harry acercándose.

- Bien, gracias – sonrió Hermione -. No veo la hora de salir de aquí, es la segunda vez que leo este libro hoy – reconoció, apartándose un poco para que él pudiese sentarse al borde de la cama. Miró a Neville con interés, a la espera de que Harry efectuase una presentación innecesaria pero obligatoria.

- Hermione, él es Neville Longbottom, el hijo de lord Frank y lady Alice – cumplió Harry -. Tiene ciertos reparos con lo de colarnos en tu cuarto.

- Está bien – le aseguró la chica a su nuevo invitado, conteniendo las ganas de reírse en voz alta cada vez que se encontraba con algún personaje agradable de su vida real -, necesito que vengan a verme o me convertiré en piedra, de verdad.

- Es un placer conocerla, señorita – nervioso, Neville juntó los talones y le dedicó una inclinación de cabeza que hizo a los otros dos intercambiar sonrisas divertidas.

- Puedes ahorrarte formalidades, soy de la opinión de Lily de que el protocolo es absurdo – Hermione cerró el libro y lo dejó en la mesilla con el plato de fruta -. ¿Qué tal el día? ¿Me he perdido algo?

- Estuve a punto de venir a pedirte santuario a media tarde – confesó Harry, haciendo que Neville se riese por lo bajo, un poco más relajado.

- ¿Qué pasó?

Harry le explicó la jornada que su padre y sus amigos le habían hecho pasar. Al final de su relato, Hermione se manifestó de la misma opinión que Neville: ella también creía que el chico debería poner a sus padres en antecedentes.

- Dudo – dijo ella alegremente – que Lily y James vayan a ponerse en plan Malfoy con todo esto. Creo que sólo querrán que seas feliz.

El chico no respondió, se limitó a asentir en silencio, queriendo pensar lo mejor de sus padres pero sin poder evitar que sus sentimientos más pesimistas se hiciesen un hueco en su cabeza. Después cambió de tema para introducir a Neville en la conversación y, después de que Hermione les asegurase que al día siguiente ya estaría en plena forma y les haría compañía, los dos chicos se marcharon de nuevo.

OoOoOoOoOoOoO

A pesar de que sabía que tenía libre acceso a la sala, sus buenos modales la obligaron a llamar tres veces a la puerta y aguardar a que le abriesen. Era bastante temprano, pero los días en cama parecían haberla dotado de una energía antinatural y un exceso de horas de sueño había hecho que se despertase con el amanecer; por todo eso, no tenía ni idea de si su anfitrión seguiría durmiendo y tampoco quería molestarle.

Estaba a punto de dar media vuelta y marcharse cuando la puerta se abrió.

- ¡Has vuelto! – exclamó Dumbledore entusiasmado, dejándola entrar.

El anciano tenía todo el aspecto de quien se ha pasado la noche en vela y atareado, aunque dado que su apariencia habitual ya era un tanto excéntrica, Hermione se dijo que quizás sólo había madrugado igual que ella. Para organizar un caos como aquel, Dumbledore no necesitaba más de media hora.

- ¿Vamos a volver a trabajar juntos?

- Por supuesto – afirmó con rotundidad la chica. Había tenido una revelación esa misma mañana, nada más levantarse, y estaba decidida a solucionar aquella locura.

- ¿Qué tienes en esa cabecita que te mete tanta prisa ahora? – preguntó el anciano, dándole un golpecito en la coronilla, casi leyéndole la mente o, aún mejor, su rostro, que era como un libro abierto.

Hermione apretó los labios, pero luego se dijo que si no podía confiar en alguien plenamente, acabaría sufriendo un aneurisma.

- Sirius.

Dumbledore sonrió con cierta socarronería para nada habitual en él.

- Ya iba siendo hora.

- ¿Eh?

- El rey por fin parece dispuesto a sentar un poco la cabeza y tú eres la opción perfecta, la única mujer que conozco capaz de mantener su interés más de veinte minutos seguidos.

- Pero voy a tener que marcharme en algún momento, Albus, y cuanto más nos enredemos, peor será cuando desaparezca, porque creo que es obvio que decirle "Perdona, pero vengo del futuro, cuídate" no es una opción. Llegado el momento, desapareceré sin más, ya lo he decidido.

Dumbledore la estudió con la mirada y luego soltó una carcajada de sincera diversión.

- Un poco tarde para lo de evitar enredarse, pequeña. Si no lo hubieses hecho ya, no tendrías esa cara de culpable.

Y Hermione tuvo que darle la razón.

Salió de la torre a mediodía. Una vez más y como siempre, el tiempo se le había pasado volando mientras Dumbledore le explicaba los escasos progresos que hacía con su problema. El castillo estaba sorprendentemente silencioso, no sólo en la zona norte, sino también en las habitaciones más utilizadas, y ella recorrió varios pasillos sin toparse con nadie hasta que, finalmente y para su sorpresa, consiguió encontrar a alguien.

Regulus Black salía del comedor pequeño. Solo.

Se miraron confusos durante unos segundos, aunque rápidamente se inclinaron como exigía el protocolo y el embajador habló primero.

- Me alegra encontraros más recuperada.

- Gracias. Para mí es un alivio poder salir de nuevo, el aburrimiento empezaba a volverse tedioso.

- Es agradable saber que volvéis con nosotros, las veladas sí que se han vuelto tediosas sin vuestra compañía – aseguró él, esbozando una sonrisa deslumbrante igual a la de su hermano.

Hermione sonrió también, con timidez, sintiéndose repentinamente acorralada.

- ¿Dónde… dónde se encuentra el resto? – preguntó para cambiar de tema.

- En el exterior, preparándose para mañana.

- ¿Mañana?

- Domingo, día de justas. Un enfrentamiento amistoso, desde luego – algo en su tono dio a entender a la chica que "amistoso" no era el término más adecuado para definir lo que sucedería. Regulus le tendió un brazo -. Vayamos a buscarles, lady Potter está allí y tendrá ganas de veros.

Hermione titubeó. La idea de enlazarse del brazo cobró súbitamente todo un nuevo abanico de significados, ya que con Regulus le dio la sensación de tratarse de un gesto mucho más formal y calculado de lo que lo habría sido con Harry o James, y claramente más íntimo, casi como el que tenía con Sirius. Por otro lado, la posibilidad de ofender a un invitado tan delicado como era un enviado de los Lestrange caló más hondo en su mente y, al final, aceptó con cierto recelo y salieron al patio trasero tomados por los brazos.

Efectivamente, al menos Regulus no le había mentido: todo el mundo estaba allí, desde las damas ocupadas en dirigir la decoración hasta los hombres, concentrados en un grupo numeroso y hablando y riendo por su cuenta. Hermione se sintió mucho más aliviada.

- Espero contar mañana con vuestros ánimos cuando me toque salir a escena – comentó Regulus en voz baja, para que sólo ella pudiese oírlo.

Nuevo titubeo.

- ¿Acaso necesitaréis mis ánimos para ganar? ¿Tan poca fe tenéis en vuestras habilidades? – replicó ella mordazmente, evitando de modo deliberado tener que dar una respuesta directa.

Regulus soltó una carcajada, llamando la atención de demasiadas personas. De repente, la entrada hecha por ambos que apenas había llamado la atención se convirtió en foco de numerosas miradas y un puñado de entrecejos fruncidos. Entre otros, el entrecejo real.

- Siempre otorga más seguridad salir si se cuenta con la prenda de una dama especial – afirmó Regulus. Acto seguido, soltó su brazo, tomó su mano, la besó y fue a unirse al resto de caballeros con toda la tranquilidad del mundo.

Hermione tardó un poco más en reaccionar, pero también se apresuró por unirse a Lily y las demás, en un intento de distraer las atenciones de todos. Pronto, poco a poco, todo el mundo regresó a sus quehaceres, aunque la chica todavía tuvo durante un rato la incómoda sensación de tener los ojos de Sirius clavados en su nuca.

Lily fue mucho más directa.

- Menuda escena.

- Me pilló por sorpresa cuando te buscaba a ti y a los demás, no creí que negarle el brazo fuese la mejor idea del mundo – se defendió Hermione.

- Tranquila – se rió Lily, divertida por su agresividad -, yo habría hecho lo mismo, pero eso no significa que no vaya a pasarte factura. ¿Qué te ha dicho antes de despedirse?

- Que si mañana contaría con mi prenda, mis ánimos o algo así.

Lily escrutó al objeto de su charla con expresión molesta.

- ¿Qué pasa? – se impacientó la castaña.

- Regulus Black no es ningún idiota, y si su hermano no se entera de por dónde está intentando colarse, se merece lo que se le venga encima.

- Se podría ser más críptica…

- Hermione, te están utilizando como elemento de distracción.

- Ja.

- No, nada de ja. Es evidente para cualquiera con ojos que Sirius te ha marcado como de su propiedad, por decirlo de alguna manera, y si los Lestrange han enviado a su comitiva con intención de comerle terreno, despistarle a golpe de cortejarte es, a mi modo de ver, la mejor manera de minar toda su atención – antes de que Hermione pudiese hablar, Lily añadió -: quizás tú no te des cuenta, Hermione, pero ejerces mucho poder sobre los hombres que te rodean.

Aquella frase acabó por descolocarla del todo, dejándola sin saber qué decir.

Entre tanto, al otro lado del patio, ocupados en preparar otros detalles completamente distintos a los de las mujeres, el grupo de caballeros mantenía sus propias conversaciones. Harry, al que la escena entre Regulus y Hermione había hecho ponerse muy a la defensiva, se había aproximado hasta su padre y sus dos viejos amigos, los cuales habían tenido una reacción muy similar, por mucho que Sirius se empeñase en mantener una actitud más o menos entera.

- Tu hermano se está tomando demasiadas libertades, seguro que no te referías a esto cuando le dijiste a él y a su tropa de serpientes que estaban en su casa – observó James.

- Bueno, Hermione es libre de hacer lo que quiera – repuso Remus, para desconcierto general -. No es que me guste la idea, pero no hay nada oficial entre vosotros.

- Hermione no tenía cara de estar disfrutando, precisamente – intervino Harry -. Dudo que vaya a darle una prenda mañana.

Todos lo miraron sorprendido y el chico se sonrojó y encogió de hombros.

- Les he leído los labios – se explicó.

- Tendrás que pedirle prenda tú, hermano – dijo James, dándole una palmada en la espalda a Sirius.

El rey cambió su cara larga y esbozó una sonrisa canina.

- Supongo que no me queda más opción – admitió. Quizás Regulus, Snape y los suyos pudieran sacarle ventaja en aspectos políticos (aunque también lo dudaba sinceramente) pero él no se había ganado su fama por mera casualidad. Hermione era un hueso duro de roer, pero él estaba dispuesto a empeñarse a fondo.

Siempre lo estaba si el premio merecía la pena.


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