No me odiéis, que yo os quiero. Cada vez que recibo un review me avergüenzo de mí misma por lo muchísimo que tardo siempre en actualizar, pero la vida real a veces se vuelve realmente perturbadora y atareada. La gente no miente cuando dicen que el Erasmus es un año de locos en cualquier sentido posible, desde que llegué me ha pasado de todo, saltando de lo normal a lo surrealista en menos de un nanosegundo; Budapest es un mundo aparte (deberíais acercaros si tenéis la posibilidad).
De veras que siento tardar, por eso espero que al menos el capítulo os compense un poco. Mil millones de gracias por todos los comentarios que todavía recibo aunque haga meses que no subo nada, sois de lo mejor que se puede tener cerca =D
Añado además que el título del capítulo es un pequeño homenaje al grandísimo Constantino Romero, que nos ha dejado hace menos de un suspiro y que formará parte para siempre de la historia del cine. Será difícil volver a ver El rey León, Blade Runner, Terminator o Star Wars (las buenas, quiero decir) sin recordarle. Además, creo que la frase encaja de un modo delicioso con algunos aspectos del capítulo.
Sin más dilación, os dejo con el último bollo. Muchos abrazos para todos, de Sirius, de Hermione o de la sexy entidad que elijáis ;D
Kira
OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO
14 – "Yo he visto cosas que vosotros jamás creeríais…" (Blade Runner)
- ¿Respira?
- Deberíamos acercarla a la ventana; sin que se caiga por ella, a poder ser.
- ¡Claro que respira! ¿Cómo no va a respirar?
- Es que… ¡las noticias no se dan así! El milagro es que siga viva.
- Menos mal que las mujeres lleváis todas esas capas de ropa inútiles, si no, se habría descalabrado contra el suelo…
- Sé que estamos casados, pero ahora mismo te sacudiría una torta.
- Haya paz, enamorados. U ordenaré a la guardia que os lleve a celdas separadas.
- Uh, qué miedo me da Su Majestad, estoy temblando…
- Qué grado de madurez, mamá…
Las voces se elevaban a su alrededor pasando de murmullos a un tono normal y luego a exclamaciones cargadas de ironía. Podría haberlas reconocido todas si no se sintiese tan… somnolienta. No era que le doliese la cabeza, pero tenía una sensación de agotamiento que no experimentaba desde su pequeña aventura con el giratiempo, años atrás. O adelante. Uf, demasiado complejo para pensarlo ahora…
- Eh, se está despertando – indicó en voz baja Harry.
Hermione escuchó el revuelo ajetreado de ropas moviéndose a su alrededor y supo que probablemente la habrían rodeado. ¿Estaban velando su cama? Ni que se hubiese muerto… Mira que les gustaba ser dramáticos a veces. Bueno, Hermione, bonita, no estás para hablar, se dijo, que acabas de desmayarte por una mera frase.
- Oh, Dios – dijo en voz alta, abriendo de golpe los ojos.
Tal y como había imaginado, en torno a su cama pudo reconocer todo tipo de rostros familiares: la familia Potter al completo, Remus, Nymphadora y…
- Repítelo otra vez – le pidió al hombre de rostro indescifrable que se apoyaba en el poste de madera de la cama.
- ¿El qué? – repuso él, desconcertado.
A Hermione le hubiera encantado saber qué le pasaba por la cabeza en esos momentos; a Sirius le habría gustado… ni siquiera él sabía lo que quería. ¿Ignorarla otro poco? ¿Gritarle? ¿Echar a todo el mundo del cuarto y encerrarse con ella? Mmmm… lo último sonaba prometedor.
- ¿Estás bien? – una Lily preocupada se sentó en la cama cuando la castaña se irguió un poco, apoyándose sobre los codos.
- Sí, sí. Traumatizada, como poco, pero bien – la despachó Hermione con rapidez. Lily sabría entender su apuro. Luego, se giró de nuevo hacia el Rey -. Repíteme lo que me dijiste antes de que volase lejos de aquí, sólo para asegurarme de que no me desmayé por nada.
Sirius paseó la mirada de uno a otro de los presentes, calculando hasta que punto sería buena idea hacer popular la noticia. Tanto la pelirroja como él no habían dado mayor explicación para el desvanecimiento de Hermione, y no había sido necesario porque todos estaban demasiado ocupados preocupándose o haciendo sugerencias como para ir a la raíz del asunto. Tenía la impresión de que cuanta más gente lo supiera, más cercano a la realidad estaría; por ahora, lo sentía como una historia novelesca, no una posibilidad real. Una posibilidad real de que Hermione aceptase.
Al ver que Sirius estaba muy ocupado vacilando, Hermione se giró hacia Lily, desesperada.
- Dímelo tú.
La pelirroja también dudó, pero mucho menos y mucho más rápidamente, y acabó por soltar un suspiro antes de decir con toda la calma posible:
- Los Lestrange han escrito porque Draco Malfoy pide tu mano oficialmente.
- ¿QUÉ? – el parecido entre padre e hijo se hizo más plausible que nunca entre los Potter con su grito.
Remus comenzó a murmurar por lo bajo algo similar a No hemos rezado lo bastante, y Nymphadora se sentó al otro lado de Hermione con una sonrisa del todo menos tranquilizadora en los labios.
- ¿Así que tú y mi primo…?
- ¡NO! Dios, no… - una vez confirmadas sus sospechas y sin haber perdido la consciencia de nuevo, Hermione se sintió lo bastante fuerte como para sentarse del todo y negar su participación como si la vida le fuera en ello.
- Pues quedáis monos – repuso Nymphadora, obviamente sin percatarse del modo en que Sirius apretaba las mandíbulas. Ni tampoco de los gestos de horror del resto de hombres presentes ni de las indicaciones poco sutiles de Lily para que no siguiese por ahí -. Y no pasarías hambre, claro. Yo pensé que había algo por ahí.
- Somos… amigos. Bueno, al menos yo sí; él está claro que lo ha entendido de otra manera…
Un bufido escéptico consiguió que todos mirasen a su augusta Majestad.
- ¿Qué? – ladró Hermione, mosqueada.
- Como si no te lo hubieras visto venir, vamos – espetó él. Tras mucha meditación, ya quedaba clara la postura que iba a adoptar en lo tocante al tema.
- ¿Hola? ¿Me ves aquí tumbada? Es porque me he desmayado, y no del gusto precisamente.
- Os habéis pasado las últimas semanas flirteando por ahí, todo el mundo ha podido verlo. Era evidente que esto acabaría pasando.
- ¿Flirteando…? ¿Estás loco o qué te pasa? ¡Hablamos! ¡Y eso está bien desde que no puedo hablar contigo!
- ¡No soy yo quien me ha ignorado abiertamente durante días!
Mientras ellos se gritaban como si no hubiese un mañana, Lily, haciendo gala de toda su elegancia de dama bien criada, se levantó suavemente, indicando a los demás que fuesen saliendo. Ninguno de ellos iba a querer presenciar lo que pasaría, porque podían ser dos cosas: o bien de allí sólo iba a quedar uno o pronto serían tres. Y esta narradora no piensa dar más explicaciones.
- ¡Hoy he querido hablar contigo y ni siquiera me has mirado! – repuso Hermione, ajena al número de escapismo que protagonizaba el resto de sus amigos.
- ¡Un hombre tiene sus límites!
Bam.
Sólo el ruido de la puerta (que por mucho que Remus intentase amortiguarlo, sonó igual) consiguió llamar su atención. Al verse abandonados por sus compañeros de penurias, ambos se sonrojaron violentamente. Debían de haber dado un buen espectáculo para que incluso las personas más leales (y cotillas) del mundo hubiesen preferido largarse sin molestar.
- Bueno, sabemos cómo vaciar una habitación – refunfuñó Sirius.
Hermione se llevó la mano a la frente, exhausta. Una proposición de matrimonio, un desmayo y un tira y afloja con Sirius, todo en menos de dos horas, era demasiado para ella. La situación se le había ido por completo de las manos y eso significaba claramente algo que ella ya llevaba mucho tiempo pensando, aunque nunca tan en serio como entonces:
- Me tengo que ir – musitó.
- Este es tu cuarto, ya me voy yo – respondió Sirius, igual de agotado que ella. Estaba con la espalda apoyada contra el poste de la cama y los ojos cerrados, pero los abrió rápidamente para decir esto.
- No del cuarto. De… aquí.
Él la miró sin comprender y Hermione suspiró. Le debía unas cuantas explicaciones, así que cuando empezó a hablar, lo hizo decidida a contarle su historia completa.
OoOoOoOoOoO
- ¿Deberíamos ir llamando a un enterrador? – preguntó James nada más salir de la alcoba.
- Un par de ellos – contestó Remus.
- Ni de broma. De ahí, sólo muere mi tío. Voy con todo a favor de Hermione, cuando se enfada da más miedo que las hordas enemigas – Nymphadora intervino con tono entusiasta.
- No creas, últimamente Hermione está en baja forma – la contradijo Lily. Sacudió la cabeza con vehemencia -. ¡Aaaargh! Son un par de mostrencos. Tozudos, tozudos, tozudos.
- Como mulas – la secundó su marido.
Harry se les quedó mirando sin creerse lo que estaba oyendo.
- Mirad quiénes hablan… - dijo, dirigiéndose a nadie en particular. Sus padres le dedicaron sendas muecas de reproche.
- Por lo menos ya no gritan – Nymphadora se apartó de la puerta, su larga trenza agitándose a su espalda y golpeando sin querer a Remus. – Creo que voy a ir a mantener una agradable conversación con mi primo querido, está claro que no nos comunicamos lo suficiente. Mira que pedirle matrimonio a una chica sin pedirme consejo antes…
- Pero si casi ni os conocéis.
- ¡Y menos que nos vamos a conocer si no integramos al otro en nuestras vidas! – Nymphadora respondió al pique de Lily sin ofenderse -. Me voy a buscarlo, seguro que anda por ahí en algún rincón comiéndose las uñas y esperando a que Hermione salte a sus brazos como las demás descerebradas a las que ha pretendido antes. Lamentable… - negó con la cabeza, disgustada, y desapareció por el corredor.
- Parpadea, que te vas a quedar bizco – le recomendó Harry a un Remus obnubilado.
- Sí, Moony, no se podría ser más obvio – terció James sacando su mejor sonrisa de superioridad.
- Haznos un favor a todos y convéncete de una vez para cortejarla – añadió Lily.
Remus observó al trío Potter en conjunto y fingió un escalofrío. A veces daban auténtico miedo como equipo, por lo que recurrió a esa técnica que tanto él como James y Sirius, cuando el equipo eran ellos, habían pulido hasta casi perfeccionarla: negarlo, negarlo todo.
- No sé de qué estáis hablando.
- Oh, por favor. Sólo Sirius es más evidente que tú en lo que a asuntos del corazón se refiere ahora mismo – soltó Lily -. Y Nymphadora tampoco es ningún actor de primera.
- Es muy joven – murmuró Remus.
- Pero con lo torpe que es, su esperanza de vida está claramente limitada – respondió James y con ello se ganó un codazo en las costillas por parte de su esposa.
- No tengo tiempo para estas tonterías – Lily agitó las manos con impaciencia -. Tengo que encontrar a Dumbledore y ponerlo al día – y sin más, ella también se marchó.
James no pareció muy impresionado por el arrebato de su esposa. Para él, eso era el pan de cada día; de hecho, hoy la mujer estaba tranquila. Harry tampoco denotó gran afectación; carraspeó para llamar la atención de los dos adultos.
- Si Malfoy ha pedido la mano de Hermione por medio de los Lestrange, Regulus, Snape o incluso Pettigrew tienen que estar metidos en esto. Quizás deberíamos hablar con ellos, no creo que nada sea tan sencillo como una simple boda por encaprichamiento.
- James, tú hijo es más listo que tú – observó Remus, echando a andar hacia el comedor principal con los otros dos, claramente de acuerdo con Harry.
- Y que su madre, pero no se lo digas a ella o perderé la posibilidad de darle hermanitos.
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Tal y como había pensado, Nymphadora encontró a su primo querido sentado en un rincón del castillo, el último lugar donde ninguna de las personas (las que no estaban enzarzadas en alguna misión privada entre amigos o encerradas en una torre o contando una historia cargada de locuras a un rey) que había en el castillo en ese momento habría ido a mirar por voluntad propia. La biblioteca.
Ella misma no era ninguna ávida lectora, pero no entendía esa aversión que todo el mundo le tenía a las zonas llenas de libros: los hombres siempre estaban "muy ocupados para pasarse el día leyendo tonterías" y las mujeres consideraban la lectura una pérdida de tiempo siempre y cuando no tratase asuntos sentimentales. Por eso, la biblioteca solía estar vacía, no importaba el día ni la hora, y era la apuesta menos segura a la hora de buscar a alguien.
Siempre y cuando ese alguien no buscase, precisamente, estar solo.
- Así que…
Draco pegó un respingo al oír la voz de la chica a sus espaldas y se giró tan rápido que el cuello le crujió desagradablemente.
- Hermione, ¿uh?
Él se mantuvo impasible y silencioso, esperando a ver por dónde iban los tiros. Apenas había hablado con aquella chica en sus dieciséis años de vida; eran familia, pero también Sirius compartía parte de su sangre y no era que su lazo fuese extraordinario. Mucho menos ahora, después de lo que estaba seguro que ya todos los implicados sabían.
- ¿Qué sabes? – inquirió él.
Nymphadora puso los ojos en blanco de un modo muy poco femenino y lo empujó para tener donde sentarse en el banco.
- Todo, claro. No estaría aquí si no. ¿Cómo se te ocurre?
- ¿El qué?
- ¡Pedirle matrimonio! ¡Y encima con intermediarios! ¿Se podría ser menos caballero? Por favor, lo último que quiere una chica es que el Rey tenga que llamarla en privado para decirle eso, es como si un maestro te regañase durante el recreo.
- Es el modo correcto – respondió Draco pese a que coincidía en todo lo que acababa de oír.
- ¿Para quién?
Buena pregunta.
- ¿Sabes ya qué va a responder? – preguntó el chico, ignorando la última parte.
Nymphadora chasqueó la lengua.
- A mí no me metas en tus líos, y menos después de haber hecho todo esto sin consultarme. ¿Para qué se supone que sirven los primos o hermanos del sexo opuesto si no son para ayudarte con estas cosas? Menudo desperdicio…
- Si sólo has venido a increparme…
- He venido a increparte, pero también a ver si querías hablar. Pareces de todo menos ilusionado y se supone que estás intentando engañar a Hermione para que se case contigo.
Draco levantó la cabeza, ofendido y dispuesto a dejarle las cosas claras a aquella cotilla indeseada, pero cuando vio la sonrisa burlona de su prima comprendió que, a su manera, estaba ofreciéndole algo de compañía, una confidente o puede que hasta una amiga. Tendría que tragarse su orgullo por una vez.
- Habría estado bien hacer esto de un modo diferente – admitió el rubio en voz baja.
Nymphadora asintió. Se quedaría un ratito, por si algo más quería salir de esa boca.
OoOoOoOoOoO
- Del futuro – resumió Sirius en pocas palabras.
Hermione asintió con cautela. Había desmigajado pieza por pieza el relato de sus cuitas de las últimas semanas, por completo, incluyendo la estupidez de haber creído los comentarios de Regulus en el baile. Sirius se lo había tomado muy bien… si por muy bien entendemos que había permanecido callado y cuasi catatónico desde las primeras doce palabras.
- ¿Seguro que no te golpeaste la cabeza antes, al desmayarte?
- Sí, seguro – respondió ella, impaciente por algún otro tipo de reacción.
- Y sólo lo sabe Dumbledore, que te está ayudando a encontrar un modo de arreglarlo.
- Ajá.
Silencio.
- Y estás buscando un modo de volver. Pronto.
- Tengo que hacerlo
- Cásate conmigo.
- Vale, suficientes proposiciones para un solo día – exclamó Hermione intentando levantarse. Al ver que la historia iba para largo y que estaba en su mayoría compuesta por lo que podrían ser alucinaciones, Sirius se había sentado a su lado. Poco a poco, en los últimos veinte minutos, ese asiento se había ido reclinando y ahora ambos yacían uno junto al otro sobre la cama, apoyados de lado para poder mirarse de frente. Huelga decir que el intento de huida de la chica quedó frustrado por una mano grande que la sujetó por el hombro y la mantuvo junto a Su Majestad.
- No salgas corriendo como un conejo.
- Veo las flechas rozarme las orejas. ¿Te cuento esto y tu única reacción es pedirme que me case contigo? Bueno, perdona, no pedirme, ordenarme.
- No quiero que te vayas.
Sirius podría haberlo dicho más alto, pero no más claro, y ella dejó de intentar apartarse. Estaban poniendo las cartas sobre la mesa, ese momento que había temido desde casi el principio; una vez que lo hiciesen ya no habría marcha atrás, pero no cambiaría el hecho de que tendría que marcharse. ¿Para qué complicarlo más?
- Y yo estoy empezando a dudar de querer marcharme – admitió finalmente en voz baja.
El corazón del augusto Black dio un vuelco. Esto era lo más directo y expresivo que había logrado sacar de la chica, a pesar de que fuese capaz de ver que más allá de sus palabras quedaban más cosas que decir.
Fue un movimiento sencillo, la firma de una rendición que borboteaba en su mente como una idea peregrina, y Hermione sintió cómo Sirius sonreía bajo su caricia, raspando ligeramente las yemas de sus dedos con la barba de pocos días.
- No vamos a casarnos, lo sabes ¿no? – suspiró.
Sirius asintió un poco resignado, pero sin perder la sonrisa.
- ¿Y Malfoy?
- Tampoco voy a casarme con él – respondió Hermione, pasando el pulgar por su pómulo.
- Tendrás que darle una excusa mejor que la que me has dado a mí. Viajes en el tiempo, en fin… - el Rey puso los ojos en blanco, haciendo sonreír a la chica -. En serio, no puedes negarte a un matrimonio así simplemente porque no quieres.
- Me las arreglaré – se encogió de hombros ella.
- No les hará gracia.
- Me las arreglaré.
- Y Regulus y Snape…
- Sirius.
- ¿Qué? – oír su nombre en los labios de ella consiguió que se centrase en lo importante: que estaban juntos, con los rostros tan cerca que podría contar sus pestañas, y que a ella, por primera vez en días, le daba igual lo demás.
- Cállate – le pidió Hermione acortando la escasa distancia.
Incluso años después, Sirius recordaría aquel beso como el mejor de su vida. El único que había recibido en vez de dado a una dama y, desde luego, el más seductor que había experimentado. Sentía la mano de Hermione pequeña sobre su cara, sus labios derritiendo poco a poco cualquier hielo que pudiese quedar entre ambos, y por un instante fue incapaz de moverse. ¿Qué se hacía cuando era una mujer la que te besaba, cuando se estaba tumbado en su cama, junto a ella, y no se sabía qué hacer con las manos o dónde estaban las barreras de lo decoroso en una situación tan inesperada? Por primera vez en su vida, le preocupaba la posible reacción de ella, sobre todo tras haber experimentado en primera persona lo que implicaba un rechazo.
Hermione se separó con cuidado de él y le examinó el rostro con el ceño ligeramente fruncido.
- ¿Te vas a poner tímido ahora? – le preguntó, a caballo entre la diversión y la sospecha.
- Me da miedo ofenderte – admitió él con dramático temor.
Una sonrisa se extendió por la cara de Hermione, que tomó una de las manos de Sirius y la llevó hasta su cintura. El Rey tanteó con cuidado y la deslizó hasta su espalda, sin perder de vista la cara de la chica, pendiente de cualquier posible reacción negativa. Iba a ser verdad eso de que había conseguido asustarle cuando le había abofeteado en su momento, pensó Hermione.
Sin embargo, un Sirius vacilante era algo que iba contra natura y precisamente por eso, el susodicho no paraba de insultarse mentalmente. No parecía que esta vez nada estuviese yendo contra la voluntad de la preciosa chica que tenía al lado, más bien todo lo contrario. ¿Dónde se había escondido todo su coraje Black? Se pegó a Hermione todo lo que pudo y le acercó peligrosamente sus labios al cuello.
- Si quieres que pare, dímelo, pero no me pegues – le pidió, y su aliento le hizo cosquillas contra la piel.
Hermione asintió torpemente, aunque dudaba que eso fuera a pasar. De hecho, dejó de tener pensamientos coherentes tan pronto como Sirius y ella volvieron a besarse.
