15 – Contra el vicio de pedir...

Sirius se despertó con el amanecer, aún bien aferrado a la cintura de joven castaña cuya cara no podía ver en esos momentos gracias a la almohada y a la espesa mata de pelo de ella, que se había esparcido libremente por todas partes. Sonrió divertido y un tanto confuso. Divertido por la escasa elegancia de ella al dormir, ya que, si bien él la tenía abrazada, ella tenía medio cuerpo estirado en la dirección contraria, como si intentase huir. Confuso porque, cuando tenía un despertar de este tipo, tanto él como la chica con la que estuviese habrían estado en paños menores y él se habría escabullido cuanto antes. Sin embargo, esta vez ambos estaban vestidos y Sirius no tenía ninguna intención de abandonar el cuarto a hurtadillas.

No habían sido las leyes del decoro ni la falta de entusiasmo lo que le había frenado la pasada tarde, sino la propia Hermione tan pronto como empezó a notar un exceso de entusiasmo por parte del rey:

- No va a pasar - le dijo, alzando las cejas elocuentemente, entre beso y beso.

- No, claro que no - respondió él más por inercia, pero sin detenerse.

- Sirius, o paras o te atizo. Otra vez.

Esto sí logró que Su Majestad recuperase la compostura y le dio unos segundos a Hermione para pensar con coherencia. Ella se apartó el pelo del cuello, de repente hacía muchísimo calor allí dentro, seguro que tenía el cuerpo totalmente descompensado después de tantas emociones.

- La gente estará haciéndose preguntas: primero abandonas la sala tú, después me llamas a mí, después desaparecen todos tus amigos y ahora tú y yo estamos aquí encerrados a solas. Y además tu hermano y los suyos saber perfectamente lo que está pasando, estarán esperando una respuesta.

- Lily estará por ahí diciendo que te encuentras indispuesta y ellos estarán vigilando tu puerta, sospecharán más si salgo ahora.

A pesar de sus palabras, Sirius tuvo que admitir a regañadientes que quizás no era el mejor momento para abandonarse a los deseos, aunque inmediatamente lo accedió un deseo nuevo aunque no desconocido: las ganas de ir a retorcerle el pescuezo a alguien.

- Mi hermano es astuto, pero ni de lejos es tan bueno en su trabajo. Si la idea de tu matrimonio no ha sido de Draco -continuó, dejando implícito el "cosa que aún no he descartado del todo" -, sin duda es fruto de Snape. Esa víbora domina los árboles genealógicos de prácticamente toda Europa y es un experto en tirar la piedra y esconder la mano.

- Vaya - Hermione frunció el entrecejo y se revolvió entre los brazos del rey -. Si yo tuviese un poco menos de autoestima, me habrías destrozado - comentó burlona.

- No pienso dejar que se te acerquen, no quiero imaginar lo que pueden tenerte preparado - dijo él muy serio, y añadió antes de que ella pudiese replicar -: No lo digo por Draco, he visto cómo te mira: no sería capaz de hacerte daño. Lo digo por su padre y los Lestrange. Le tengo cierto aprecio a mi sobrino, pero es débil - se mantuvo pensativo unos segundos -: Les negaré tu mano.

- Ni se te ocurra - repuso Hermione con tal tono que, por un segundo, Sirius pensó que se apartaría y volverían a estar a la gresca, pero ella solo se acomodó un poco mejor el vestido y volvió a pegarse a él -. No quiero que les des el más mínimo motivo para ofenderse y empezar una guerra; no, yo daré la cara y diré que no estoy dispuesta. Conociéndote y conociéndolos, les rechinará menos que no estés por la labor de forzarme que que les digas un no rotundo tú mismo. Encógete de hombros y niégate a intervenir.

Si la chica notó cómo la mano en su cintura se tensaba ligeramente, no dijo nada respecto a ello. Sirius podía ser un hombre de acción, pero en esta ocasión le convenía mantenerse más o menos al margen, sobre todo si no querían que las murmuraciones en la corte se hiciesen mayores y sobrepasasen los territorios de los Black hacia tierras menos receptivas. Por un momento, casi pudo ver todas esas ideas siendo procesadas en la mente real, sopesadas y finalmente aceptadas con un suspiro sonoro que quedó desmentido por una media sonrisa demoledora esbozada en la penumbra del cuarto. Las ventanas se habían oscurecido poco a poco desde que ella había despertado de su desmayo sin que ninguno se diese cuenta.

- Entonces - la mano de Sirius vagó con ligereza de la cintura al cuello femenino, acarició con las yemas de los dedos uno de los tendones resaltados en la piel de la chica, desde el lóbulo de su oreja hasta su hombro, y notó a la chica estremecerse, lo cual no hizo más que alimentar su ya de por sí inflado ego -, si ellos están pendientes de nuestros movimientos, salir de aquí solo llamaría la atención.

- ¿Te estás autoinvitando a pasar la noche? - pese a lo excitante de la idea, o precisamente por ello, Hermione notó un vuelco en el estómago. No por tener que pararlo llegado el momento, sino más bien porque llegase el momento y no querer pararlo.

- Solo a dormir - respondió él al notar su escalofrío.

- ¿Solo? - se extrañó ella por semejante resignación altruista.

- Bueno, si tú quieres.

- Ya me parecía... - ella se estiró para besarle la barbilla con cariño. No tenía nada en contra de esperar un rato hasta coger el sueño.

Y allí se habían quedado los dos, disfrutando de un extraño remanso de paz al que, ambos lo sabían, no deberían acostumbrarse. En el momento en que Lily entrase para despertar a Hermione, ella podría asegurarse de que no hubiese nadie observando y Sirius podría salir del cuarto sin despertar sospechas. A cambio, solo tendrían que soportar a sus amigos en pleno arranque cotilla, un puñado de miradas indecentes, unas sonrisillas sarcásticas y puede que algún comentario fuera de lugar. Con suerte, el rechazo a la petición de matrimonio y las reacciones de la corte de los Lestrange los distraerían un poco y suavizarían cualquier tontería que se les pasase por la cabeza a sus amigos.

Sirius observó la maraña de pelo castaño unos segundos. No podía verle la cara a Hermione, pero sí su cuello suave y las curvas de su cuerpo que subían y bajaban con su pausada respiración. Todavía no estaba seguro de creerse que viniera de ningún tiempo futuro, aunque tenía que admitir que, además de ser una historia fantástica, encajaba bastante bien con todas las contradicciones que él sí había observado. Su cultura, su educación, su falta de protocolo o desconocimiento de las costumbres... Lo explicaba todo y, al mismo tiempo, resultaba increíble. A medida que la había escuchado contarlo, por su mente había cruzado la idea de que quizás la chica estaba como un cencerro y por eso la habían encontrado abandonada. Luego se había sentido un poco culpable, aunque no lo había descartado del todo.

Fuera como fuese, una cosa estaba clara: allí tumbada, silenciosa y pacífica, Hermione resultaba tremendamente aburrida. Y optó por despertarla.

- Hmmmpfh... - gimió ella de cara a la almohada. Se apartó el pelo de la cara perezosamente y tras unos segundos se dio cuenta de que el agarre que notaba en torno a su cuerpo eran unos brazos, el roce suave en su cuello, unos labios, y el calor bajo su oreja, una respiración ajena -. Hola - susurró.

- Buenos días - dijo él junto a su oreja.

Hermione miró hacia la ventana, por la que ya entraba bastante luz, y luego hacia la puerta. Se giró para quedar de cara a su invitado.

- Lily estará a punto de llegar.

Como si la hubiesen invocado, la puerta se abrió y una pelirroja que se tapaba los ojos con una mano entró al cuarto anunciando con voz queda:

- Dama entrando, por favor, tápense con decoro y detengan cualquier actividad...

- Lily... - le advirtió Sirius dejándose caer hacia atrás en la cama. Hermione soltó una risilla y le dio un inesperado beso en la mejilla.

- Lily, puedes abrir los ojos, estamos del todo decorosos - dijo con fingida formalidad.

La pelirroja se apartó la mano y esbozó una sonrisa perversa al verlos despeinados el uno junto al otro. Le resultaba de lo más tierno. También la aliviaba comprobar que habían arreglado sus diferencias, quizás incluso demasiado. Ya era hora.

- No voy a preguntar cómo habéis dormido - declaró Lily. Le hizo un gesto a Hermione para que se levantase y otro a Sirius para que se diera la vuelta -. Voy a ayudarla a cambiarse, mira para otro lado, pervertido.

Sirius se desperezó con una sonrisa desvergonzada y a quien miró fue a Hermione, para comprobar si ella era de la misma opinión. Esta le lanzó la esponja que reposaba junto a la tina de aseo para que captase la respuesta.

- La cosa está que arde ahí fuera. Anoche convencí a todo el mundo de que habíais tenido la discusión de vuestra vida por culpa de "una noticia inesperada" - empezó a explicar lady Potter -, que por tu insolencia Sirius te había mandado a tus aposentos y él estaba furioso y encerrado en los suyos, consultándolo todo con James y Remus. Regulus y los suyos no podían contener su satisfacción. Antes de que se vaciase el salón, James y Remus aparecieron con mala cara, para disimular, y esta mañana ya todo el mundo habla de que alguien ha pedido la mano de Hermione, aunque creo que nadie tiene muy claro quién en concreto.

Mientras Sirius y Hermione cruzaban una mirada de circunstancias, Lily paró para coger aire. El rey se levantó, se frotó los ojos y se aclaró la garganta.

- Va a ser un día largo.

.

Cuando, tras el desayuno, Sirius se retiró a la sala del trono y mandó llamar tanto a Draco Malfoy como a Hermione, se elevó un claro murmullo del resto de los comensales que aún permanecía en el comedor. Afortunadamente, Lily y Harry se levantaron como parte de su comitiva para acompañarla. Desafortunadamente, Lucius, Regulus y Snape hicieron lo mismo con Draco.

Hermione inspiró hondo mientras iban caminando unos junto a otros sin mirarse a la cara. Draco no había intentado hablar con ella en ningún momento, ni siquiera había tratado de cruzar una mirada: sus ojos iban fijos al frente, su rostro serio e impasible. Junto a ella, sin embargo, Harry caminaba con el ceño fruncido, no tan nervioso pero sí más enfadado que ella por la situación. Lily, en cambio, le apretaba discretamente el brazo a su hijo para que no fuese tan transparente.

Y, en apenas quince minutos, Draco y ella se situaron cara a cara con el rey, con sus acompañantes a las espaldas, y las puertas del salón se cerraron dejando fuera a cualquier otro intruso. Se hizo el silencio.

- Anoche - comenzó Su Majestad con rostro imperturbable desde el trono - recibí una interesante misiva de parte de Rodolphus Lestrange. Con mucha cordialidad me informaba de que un embajador permanente de su corte aquí solicitaba la mano de una de las damas de mi corte, algo sorprendente teniendo en cuenta que a mí no se me había informado de tales intenciones - al ver que el tono se le estaba yendo de las manos, Sirius hizo una pausa. Luego prosiguió -. Acto seguido, informé a la afectada y tras un... intercambio de opiniones, le concedí la noche para tomar una decisión. Dado que no hay un padre ni un hermano que la entregue y yo no dispongo de autoridad concreta sobre ella, considero que la decisión recae por completo sobre la dama y, por tanto, estamos aquí para que escuchar su respuesta. Hermione - la llamó, mirándola directamente; la chica pensó que se le iba a escapar el corazón del pecho por los nervios -: ¿aceptas la proposición de Draco?

Por primera vez en el día, el joven rubio la miró a la cara, expectante. Durante unos segundos, Hermione creyó leer en su rostro algo cercano a la culpabilidad; aun así, miró al rey antes de responder un firme:

- No.

A espaldas de ambos chicos se oyó una exclamación ahogada que, sin duda, pertenecía a Lucius Malfoy.

- ¡Esto es intolerable!

Sin embargo, Sirius no varió su expresión ni frente al evidente enfado de Malfoy ni a la débil sonrisa de alivio de su ahijado Harry. Alzó una mano para que todos se ahorrasen los comentarios y añadió:

- Bien, la dama ha decidido y considero zanjado el asunto. Confío en la discreción de todos los presentes e implicados para que el asunto no trascienda. Podéis retiraros.

Al darse la vuelta para salir, Hermione pudo por fin comprobar todo el efecto de su única palabra en aquella sala: Draco parecía disgustado, aunque no sorprendido y, para estupefacción suya, le dedicó una débil sonrisa resignada antes de que su padre lo agarrase por un codo y lo arrastrase fuera, no sin antes dedicarle a Hermione un mirada de profundo desprecio. Regulus, por otro lado, no parecía indignado, aunque tanto él como Snape mostraban sendas expresiones calculadoras nada reconfortantes.

Tanto Harry como Lily se apresuraron a rodearla y sacarla de allí, ocultando sus expresiones satisfechas, para reunirse con James y Remus en la biblioteca.

.

- No lo dejarán correr con tanta facilidad - aseguró James con una extraña mezcla se satisfacción por la humillación infligida y preocupación por exactamente lo mismo-. Lo ideal sería que en los próximos días no anduvieses por ahí sola, intentaremos mantenerte acompañada todo el rato.

- Al menos, hasta que se suavice un poco la cosa - terció Remus.

- Sí, nos encargaremos de rondarte - añadió Nymphadora con entusiasmo. Le sabía mal que Draco hubiese sido rechazado, pero no le gustaba nada que se hubiera dejado incluir en los tejemanejes de los Lestrange como una mera marioneta. Se colgó del brazo de Remus con una sonrisa -. Vente con nosotros a dar un paseo hasta el lago - propuso con genuina generosidad.

Los demás cruzaron unas sonrisillas muy mal disimuladas, y el pobre Remus, pese a que intentaba mantenerse sereno y sensato, se puso rojo como un pimiento.

- Ya... creo que prefiero quedarme dentro hoy - se excusó Hermione -. Iré a ver a Dumbledore, querrá saber lo que está pasando por aquí desde anoche.

- Sí, porque cuando se retiró después de cenar parecía muy interesado - Harry la miró con las cejas alzadas.

- Por cierto, ¿qué tal vas con lo tuyo? - lo increpó Hermione, harta de ser el centro de atención por algo que, francamente, ojalá pudiesen olvidar todos pronto.

El joven Potter adquirió rápidamente un tono similar al de Remus y farfulló algo por lo bajo. Sus padres se rieron.

- Nos ha puesto al día, más o menos, pero le sigue dando vergüenza, ¡qué mono es! - exclamó Lily pellizcándole una mejilla.

- ¡Mamá!

Hermione no acabó de entender del todo el ceño fruncido de James hasta que su hijo se ofreció a acompañarla a la torre de Dumbledore y pudo explicárselo a las claras:

- Ginny no deja de ser una sirvienta - soltó el chico sin paños calientes -. Por muy enamorados que estemos, todos sabemos lo que implicaría que nos casásemos: ella se convertiría en una especie de paria dentro de su nuevo círculo social, las otras mujeres no la aceptarían. Bueno, quizás Nymphadora sí, pero nadie más. Y yo, aunque no lo veo igual, me convertiría en un hazmerreír para todos los demás caballeros y sus mujeres. Tendríamos que llevar una vida muy apartada, volver al castillo de mis padres en nuestro condado y renunciar al a vida en la corte. A mí me daría igual - Harry sonrió con timidez -, sé quiénes son mis amigos, pero a ella la condenaría a una vida de aislamiento y ostracismo. No se lo merece.

Al terminar de hablar, notó un leve apretón de apoyo en el brazo del que su amiga iba cogida. Sabía que Hermione era una persona lógica, agradecería cualquier idea que ella pudiese proporcionarle, ya que lo haría sin regodearse en la miseria de la situación o dejarle a él hacerlo.

- No me da la impresión de que Ginny tenga mucho interés en la vida social que casarse contigo pueda proporcionarle, aunque entiendo lo que dices. Creo que para ella lo más importante sería saber que no tendría que alejarse por completo de su familia. Si tú pudieses garantizarle contacto con sus padres y hermanos sin censuras, estoy segura de que el resto podríais afrontarlo juntos. Tú mismo has dicho que sabes quiénes son tus amigos, no estaríais privados de vida social por completo.

- No quiero que... que Ginny tenga que enfrentarse al rechazo y las maldades de los que no nos aprueben. Una simple humillación puede resultar muy dolorosa.

Hermione asintió a la par que Harry desenlazaba sus brazos delante de la puerta de Dumbledore. No pudo evitar darle un abrazo de apoyo antes de adentrarse en el laboratorio del anciano.

.

Mi señor,

El matrimonio del joven Malfoy no se ha concretado. Su Majestad Black cedió el derecho de elección a la chica y esta lo rechazó. El rey se niega a interferir en el proceso, por lo que de momento las expectativas no son buenas. Trabajamos ya en otro modo de establecer una alianza, pero no encontramos una manera de hacer que Black ponga en nuestro terreno una de sus piezas. De momento, la única forma que se nos ocurre implicaría una confrontación ofensiva directa.

Por otro lado, Pettigrew ha hecho averiguaciones acerca de los archivos que guarda Dumbledore. Adjunta a esta misiva encontraréis una copia de las anotaciones del sabio con las que pudimos hacernos hace poco, ya que este abandonó su torre durante un día entero. Esperamos que cobren significado para vos, ya que nuestras mentes no alcanzan a comprenderlas. Si bien nos consta que este es un suceso aislado que no ha tenido lugar en la última década, creemos que solo se debe a la presencia de la forastera y la agitación provocada por la proposición de matrimonio. La chica y el viejo continúan pasando tiempo juntos y, pese a que nos esforzamos en nuestras indagaciones, aún no hemos podido dilucidar el objeto de sus experimentos.

Por último, paso a dar noticia de pequeños cambios por si alguno resultase de potencial interés. Lupin ha dado muestras de deferencia por la joven Tonks. Creemos que está a punto de hacerle una proposición. Si fuera necesario, llegado el caso, Su Majestad Bellatrix podría exigir su regreso a la corte; sin duda supondría un golpe tanto para Black como para Lupin. En adición, el hijo de los Potter se plantea unirse a una sirvienta del castillo. Usad esto como mejor os parezca.

Siempre a vuestros pies y leal,...

.

- ¿Y ya está? - Neville se llevó el trozo de pan a la boca sin dejar de mirarla.

- No se ha reído en mi cara porque está mejor educado que todo eso, pero poco le ha faltado - terminó su relato Hermione.

- Vaya con el viejo, podría haber dicho algo - Harry dio un sorbo a su vino con el ceño fruncido.

- En realidad lo dio a entender - admitió la chica, tapándose la boca llena con la mano a la vez que se encogía de hombros -, es que yo soy mala leyendo entre líneas.

- Sí que lo eres - farfulló James mirando fugazmente a Sirius, que, como siempre, presidía la mesa.

Los tres jóvenes se atragantaron, dos por la risa y una por la vergüenza. Si los viejos (¿o futuros?) merodeadores no dejaban de hacer comentarios así, pronto toda la corte tendría sus propias ideas acerca de por qué rechazaría ella a un Malfoy. Hablando de lo cual, si las miradas matasen, Lucius ya tendría que estar encarcelado junto a Narcisa. Draco, en cambio, tan solo le había lanzado una mirada más, justo al entrar al comedor, pero esta vez no había resignación en ella, sino una cierta vergüenza, como si quisiera decirle algo pero no se atreviese.

Aquella extraña emoción en unos ojos naturalmente fríos la había dejado pensativa y, mientras el resto de comensales charlaba agradablemente, se reía, discutía o tan solo comía en silencio, se planteó por primera vez si no habría nada más detrás de tan inesperada propuesta. Para su sorpresa, Draco se había portado como un caballero todo el tiempo, y le extrañaba muchísimo que hubiese siquiera planteado la posibilidad de casarse ellos dos sin involucrarla de antemano. Máxime habiendo aceptado tan bien que ella mantuviese la relación entre ambos como algo platónico.

Observó cómo el chico intercambiaba unas palabras con Pettigrew sin mucho interés. ¿Qué tendría el más ratonil de la mesa que decirle a un Malfoy y, especialmente, al más joven de ellos? Sin querer, frunció el ceño con confusión.

- ¿No te estarás arrepintiendo? - preguntó con una sonrisa sardónica Remus desde el asiento de enfrente, siguiendo la dirección de su mirada.

Hermione pegó un respingo y se rió sin poderlo evitar.

- Me estaba preguntando unas cosas - admitió ella por lo bajo. Remus arqueó las cejas, instándola a continuar -. Necesito darle una vuelta más a todo esto, llevo veinticuatro horas muy intensas, igual solo me estoy volviendo loca.

- Entonces necesitas un poco de esto - dijo él, llenándole la copa de vino.

- Harry y tú solucionáis estos problemas de la misma manera, voy a acabar pensando que tenéis un problema.

Remus alzó las manos con una sonrisa.

- No soy yo quien piensa de más.

Pese a las miradas de las damas y las expresiones torvas de los que provenían de la corte Lestrange, la velada tras la cena transcurrió con una normalidad que no se daba desde hacía ya unos días. Slughorn se durmió junto al fuego, Snape se retiró a un rincón con cara de amargura para hablar con Pettigrew y los más jóvenes se congregaron en torno a los mismos asientos de siempre mientras los más adultos intercambiaban palabras a media voz. Tan solo hubo un pequeño cambio: un libro apareció bajo su nariz cuando terminó de bostezar.

- ¿Por favor?

El propio rey le tendía el mismo cantar de gesta francés que había dejado a medias días atrás, sonriéndole.

- Eh... claro - accedió ella.

Casi de inmediato, un pequeño círculo de curiosos se congregó a su alrededor para escucharla leer. Con voz tenue, fue avanzando entre hazañas y caballeros hasta llegar a una parte que ella ya no recordaba, a pesar de que había leído aquel libro cuando aún era niña: un hechicero al que en realidad no llamaban así se enfrentaba a uno de los caballeros aparentemente desarmado, usando solo su mente y el anillo que llevaba en la mano. Cuando se dio cuenta de lo que estaba leyendo, su voz fue decayendo más y más, hasta quedar en silencio.

Un carraspeo nervioso la sacó de su ensimismamiento:

- Parece que la hemos agotado - bromeó Neville, dándole un codazo a Harry.

- Sí, es un poco tarde ya - respondió este, no tan divertido sino más bien intrigado. Con delicadeza, se estiró y le sacó el libro de las manos a su amiga, que soltó un bostezo tan auténtico como una moneda de tres knuts.

- Necesito irme a dormir - dijo ella con una sonrisa cansada. Se puso en pie, dio las buenas noches a todos y fue hacia la puerta.

Estaba ya a la puerta de sus aposentos cuando unas manos agarraron su cintura desde detrás y la empujaron suavemente hacia un rincón. Asustada, ella soltó un codazo hacia atrás y golpeó algo duro que soltó un quejido.

- Mira que eres bruta - susurró Sirius en su oreja.

- Pensé que eras otra persona. ¿Qué haces aquí? - preguntó antes de que él pudiese hacerlo.

- Darte las buenas noches. Llevo siguiéndote todo el camino. James ha tenido que enredar a la gente con una anécdota de caza para que pudiese salir sin que me vieran.

- Loable - Hermione se estiró incómoda un segundo, sin saber qué hacer con los brazos, hasta que se decidió por reposarlos sobre sus hombros.

Divertido por su tensión, Su Augusta Majestad se inclinó sobre ella, como pidiendo permiso.

- Mañana temprano tengo que reunirme con Regulus y los suyos. Van a querer a hablar de tu pequeño rechazo, me temo. No puedo quedarme - acabó explicando sin entusiasmo.

- Tampoco te había invitado - replicó ella, poniéndose de puntillas para besarlo.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Sé lo que estáis pensando: "¡Maldita! ¿Cómo se atreve? ¿Después de 8 años?"

No tengo excusa, no voy a ponerlas. La vida se abre paso y no siempre te deja dedicarte a las cosas que te gustan o te relajan. No prometo que esto sea una inmediata vuelta al redil, pero menos es nada, así que si esto os alegra un poco el día, pues con eso me basta. He de decir que he escrito este capítulo hoy mismo y lo he hecho por pura nostalgia, porque he releído el fic y me he sentido fatal por haberlo dejado colgado. Me gusta la historia, aunque tengo que admitir que no soy capaz de recordar adónde planificaba que fuera cuando lo empecé. Es bonito, podemos ir descubriéndolo todos al mismo tiempo.

Feliz 2019, gracias a todos los que lo seguís leyendo y un abrazo muy fuerte.

Kira