La luz del cuarto de Todoroki dejaba a la vista todo el interior y las pertenencias que se hallaban en aquel lugar.
Pero, lo que de verdad había sorprendido y comenzaba a preocupar a Kaminari y Kirishima, fue lo que se encontraba al fondo.
En el suelo había un círculo con rayas, marcas y dibujos extraños que parecían estar escritos con sangre; encima, un conjunto de velas que rodeaban un peluche con el aspecto de Bakugou.
Y eso no era todo.
Por toda la pared se veía decenas, incluso cientos, de fotos de Katsuki haciendo cualquier cosa.
Todoroki tenía su cuarto decorado con fotografías de Bakugou y, al parecer, estaba preparando una clase de extraño ritual satánico.
—Parece que de verdad tiene un problema —comentó Denki después de tragar saliva, cogiendo la mano de Kirishima y acercándose más a él.
—¿Hay algo ahí…? —agregó el pelirrojo señalando lo que parecía ser un baúl del que se oían gritos y murmullos.
—¡Tengo miedo! —exclamó Kaminari al comenzar a darse cuenta de que aquel cuarto parecía la guarida de un asesino en serie.
Quizás, al entrar a la habitación, cerca de la puerta no hubieran cosas extrañas, pero conforme avanzabas te podías percatar de los oscuros secretos que escondía Todoroki Shouto.
Las fotografías de Bakugou eran muy variadas; desde Katsuki desayunando, viendo la tele e insultando, hasta Katsuki duchándose, masturbándose y cagando.
Además, la cama de Todoroki estaba forrada con imágenes del rubio amargado, sin mencionar que su mapache saltaba en ella todo el rato.
También había una estantería llena de extraños libros y una nevera que desprendía un asquerosos olor.
Diversas bolsas de basura se hallaban cerca de las paredes y, al parecer, Shouto tenía un gran interés en navajas, pistolas, lanzallamas, mochilas, explosivos, motosierras y un largo etcétera de armas que estaban amontonadas.
—¿No es mejor que nos vayamos…? —sugirió Kaminari teniendo un mal presentimiento.
De repente, el mapache saltarín se bajó de la cama y, velozmente, se dirigió hacia la puerta, pegando un último brinco para alcanzar el botón de la luz que estaba cerca, consiguiendo que todo quedase a oscuras nuevamente.
Pero el nerviosismo de la situación en la que se hallaban no era el verdadero problema.
El verdadero problema estaba comenzando a abrir la puerta lentamente.
—¿Por qué estáis en mi habitación?
La voz de Todoroki sobresaltó a los jóvenes, los cuales se giraron lentamente hasta contemplar a aquel joven que llevaba una bolsa negra y gorda de la que caían gotas de color rojo.
Se suponía que Shouto iba a tardar más de cuatro horas en regresar; se suponía que no iban a ser descubiertos.
× Algunas convivencias de Todoroki Shouto ×
Debido a su intento de asesinato en llamas a su padre quemando una residencia, cierto joven de cabello bicolor se encontraba en la cárcel.
No iba a durar mucho tiempo porque tenía dinero y buenos abogados, pero se veía en la obligación de permanecer unos cuantos días.
—Te aconsejo no dejar caer el jabón en las duchas —le dio un último dato su poderosísimo abogado—. Me aseguraré de sacarte de aquí.
—Gracias, lo tendré en cuenta —respondió Shouto con serenidad—. He de irme —finalizó al ver cómo unos guardias se le acercaban para llevárselo a su nueva celda.
—¡Ten mucho cuidado! —exclamó el señor, viendo cómo su cliente tendría que soportar estar con a saber qué tipo de personas.
[...]
—Bien, esta es tu celda —comentaba el hombre que se encargó de llevar a Todoroki a su respectivo sitio—. Tendrás que compartirla con aquel otro joven —finalizó, encerrándole y marchándose.
Shouto, sin cambiar la serena expresión de su rostro, se acercó hacia el hombre que se hallaba sentado en una esquina de la celda.
—Oh… ¿tengo compañía? —se pudo oír la voz de dicha persona.
Lentamente y manteniendo la tensión e intriga, se fue levantando hasta quedar frente a frente con Todoroki, pudiendo mirarse mutuamente a los ojos.
—¿Dabi…? —dudó el de cabello bicolor.
—¿Todoroki Shouto…? —murmuró el otro sujeto.
—¿Qué haces aquí? —interrogó sintiéndose más cómodo al estar con un aliado.
—¿No recuerdas la noticia? —suspiró el de cabello negro con una leve sonrisa—. Intenté asesinar a Endeavor con una almohada colándome en su hogar por la noche, pero me pillaron.
—Oh, cierto.
—¿Y a ti qué te trae por aquí?
—Lo metí en una residencia y, al intentar quemar todo, se dieron cuenta y me atraparon —explicó con serenidad.
—Lamento la tragedia —respondió mientras miraba hacia arriba con melancolía—. ¿Recuerdas cuando planeábamos todo juntos? —comentó, sentándose nuevamente en el suelo y apoyándose en la pared.
—Sí… —murmuró Shouto por los viejos tiempos—. Pero dejamos de hacerlo cuando te hiciste mayor de edad y, en vez de llevarte al centro de menores como a mí, te llevaron a la cárcel.
—En realidad, no está nada mal. Además, ya tengo abogado —agregó recuperando algo de alegría—. En unos días vuelvo a salir de aquí.
Por unos minutos, Shouto se limitó a sentarse a su lado y quedarse en silencio.
Parecían estar recordando viejos tiempos; momentos en los que trataban de vengarse de Endeavor y casi funcionaba.
—Dabi —comenzó el de cabello bicolor con una voz algo rota—. ¿Crees que algún día lo conseguiremos?
—No pierdas la esperanza, Todoroki Shouto —alentó el mayor—. Algún día acabaremos con Endeavor, ya lo verás.
Entre momentos del pasado donde trataban de hacerle la vida imposible a Enji y otros tantos donde planeaban cualquier cosa para que pareciera un accidente, Shouto pasó un buen rato en prisión junto a su querido aliado.
Así, al cabo de unos días, fue liberado gracias al dinero y su abogado, siendo posible continuar con el plan de venganza contra su padre.
[...]
